miércoles, marzo 28, 2012

Tres poemas de Diana Bellessi

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Lo que nos queda 


Un rato antes de salir de Cuba
voy a despedirme de esos pájaros
como locos gorjeando entre los árboles
del hotel Nacional, y ahí, la mejor
conversa de estos días tiene lugar
cuando le pregunto al jardinero
cómo se llaman ésos, los negritos
que cantan lindo entre las ramas y él,
negritos, dice despacio, parando
de cortar el pasto y después de mirarlos
bien, grajos les llaman los europeos
y son limpitos mire usted, bañándose
en la fuente y ahí nomás empieza
a silbar dialogando hasta que su silbo
cambia tras un silencio por otro
de qué belleza ¡señor! y sus ojos
se mueven a las ramas de un majagua,
sinsonte, dice, fino y delicado
en sus plumas y en su canto, vaya ahí,
bajo esos árboles a verlo y yo
obedecí, con los pitirre chiflando
y la tojosita en su dulce cucú
de torcaz, el mar enfrente y los turistas
detrás en el tumulto de las hojas
desaparecen, en el verde donde
busco la voz del sinsonte y me arrulla
la cortadora de pasto que de a ratos
se opaca por el silbo del jardinero
llamando a su compadre y que cante
para mí, el mejor poeta cubano
un rato antes de salir, negritos, sí
eso me dijo, y el resto es canto



Hilos

Buscando un alfiler abro esta cajita
de lata redonda y rosada
que me acompaña por las islas
de casa en casa y encuentro
un sin fin de hilos de colores,

los hilos que mamá me regalara,
su mano protectora dispuesta
a prever necesidades y acaricio
los hilitos como si así pudiera
rozar su mano en los detalles


del infinito abanico que aparecen
igual a un collar de perlas día a día
desasidas rodando con fulgor
y agradecida pena en mi corazón
por lo vivido como si fueran

algo natural esos gestos
que recibimos sin prestarles
la atención debida y se consagre
el instante que advertimos
mucho después frente a estos hilos,

azul perlé y sedativas rojas,
hilván blanco y fuerte el cadena
negro con botoncitos para posibles
arreglos en una casa que hoy
tu hija, vieja ya, y huérfana

aprecia con lágrimas en los ojos



La luz infinita

¡Mirá Elda! exclamó mi padre abriendo
el hueco de sus manos donde yacía
un milagro de plumas verdiazules
quieto y reverberando bajo el sol
del verano, mi madre lo tomó
como a un pequeño hijo delicado
y mojando sus dedos dejó caer
unas gomitas de agua sobre el pico
mientras le acariciaba dulcemente
la cabeza y le decía despertate
al colibrí parado ahí en sus dos
patas alzando el vuelo ante los ojos
de María y José, que iluminados,
no pensaron en la resurrección
y me contaron una y otra vez
que el agua lo salvó de su desmayo





Diana Bellessi

Variaciones de la luz
Visor, 2011.

miércoles, marzo 21, 2012





Nunca cambies. Poemas 2000-2010
Inti García Santamaría
México: Aldus, 2011.


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miércoles, marzo 14, 2012

Autorretrato (fragmentos)

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Y llegados a este punto, debo repetir que, según mi opinión, la poesía es ante todo un incoercible deseo de alabar la realidad, de alabar el mundo "como existente". La poesía es una especie de elogio de la vida como tal, justo porque es la vida misma que habla de sí (de algún modo) a un oído que la entiende (de algún modo); habla a su manera, quizás de manera equívoca; de todas formas, la vida, la realidad, "crecen" en la alabanza, generándola y esperándola conjuntamente. Pero a través de la poesía no se adelanta sólo una alabanza (sentimiento y concepto que encontramos en toda una tradicón poética); se experimenta una verdadera "verificación" de la realidad. ¿En qué sentido? La realidad se manifiesta muy temprano, incluso al niño, en la tragedia de sus contradicciones; deja incluso entrever su nulidad final; pero siempre tiene instantes (que no son de hecho "raros" o "privilegiados" porque pueden sorprendernos en cualquier momento, incluso en lo más profundo del estancamiento depresivo) en los cuales revela la propia dignidad absoluta, o mejor, la propia "dignidad" de existir, que tiene razones únicamente en sí misma, todas por evidenciar y nunca del todo evidenciables. La poesía, en cierto sentido, verifica la realidad, juntándose a la alabanza de la realidad, que se hace tan fuerte que se convierte en prueba de resistencia, en prueba de valor. Naturalmente, todo esto puede parecer relacionado también con una forma de narcisismo y de "consuelo" autístico, puesto que alguien  colocado en una posición parecida frente a la realidad, no tomaría en cuenta la interioridad y las situaciones de otros hombres, de aquellos que están a su alrededor. Pero si bien es cierto que Narciso es el primer modo de aparición de la existencia a sí misma, luego tiende a superarse fundando algo diverso. Y sobre este primordial autoconsuelo habría "mucho" que decir: ella es el "mucho", el abundar.

[...]

Hoy me siento en la posición de uno que todavía no ha dicho casi nada de aquello que debería haber dicho. Y es una impresión que siempre me ha acompañado: incluso si lo que he hecho, acumulándose, me da la sensación de haber cumplido cierto deber.  Quod potui fecit; faciant meliora potentes, he hecho lo que he podido, quien pueda que haga, como debe, algo mejor, y me dará alegría leer ese algo mejor. Porque no veo ninguna rivalidad posible entre aquellos que escriben poesía, si escriben "para" la poesía. Cada presencia es una planta y una flor, un diamante o también una simple piedra coloreada, o un simple terrón de tierra, pero que no podrían no haber llegado, y "con razón", a existir.


Andrea Zanzotto
Del paisaje al idioma. Antología poética
Universidad Iberoamericana. Col. Poesía y poética, 1996.

miércoles, marzo 07, 2012

Dos poemas de Rodolfo Alonso

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Epifanía

Como luz en la luz
suena el invierno, al sol.
Serena madurez,
sabor desnudo
que suspende y sostiene
sin sospechar que sabe,
secreto, sólo en sí,
siente sin sentimiento,
a simple sed,
a simple ser,
solo y sumo en el sol
sagrado del silencio
seco, soberbio, suelto
sobre ese frío encendido. 



Consecuencias

Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso.



Rodolfo Alonso
Poemas pendientes
Alción, 2010.