Mi abuela
pregunta
qué escribiré de él
de su esposo
no del padre de su esposo
ni de su hermana
sino de él
precisamente
del retrato
detrás del de Monseñor
y del de su hijo.
Poemas, respondo,
y me avergüenza.
¿Por qué no otra cosa?, dice.
Piensa en la palabra biografía
en un espejo
una firma
en hacer algo útil
como un vaso
de unicel.
Y ella sabe
que sus impuestos
ya han pagado
poemas
de su esposo,
mi abuelo.
También sabe
que esto
sólo existe
en las cenizas
en boquetes
de casas tapiadas
habitaciones
verdes de día,
con ropa funeraria
hongos
y novelas,
la colección de Time Life
"Misterios de lo desconocido"
donde se explica:
Lincoln soñó
que lo asesinaban
días antes
de ser asesinado.
Y Buenos días,
tristeza.
Mi abuela insiste en que le diga
qué escribiré de él
pero intuyo que su pregunta es
qué escribiré
de nosotras.
Fui a comprar papel para regalos
al tianguis del Refugio.
También para que las extensiones
de lucecitas que saben anidarse
en este vacío
lo llenaran un momento.
De niña siempre pensé que vivir
en un nacimiento habría sido lo ideal:
el verde rabioso del musgo
el heno y su jardín colgante
los astros como frutos
refulgiendo en el arroyo,
entre pollitos
y escarcha
Pie Pequeño
y escarcha
un burro ajado
un diablo sonriente
un ángel de yeso
nieve de cal.
Ahora incluso más lejanas
me resultan
las figuras de los pliegos de papel
que me ofrecen a cinco por veinte:
pinos con sustrato de cartón
campanas vestidas
renos con gorros
esferas hostiles
tan doradas.
De golpe se fue la luz de los puestos
el silencio se tragó las bocinas
la gente. Alguien siguió cenando
en silencio
su tostada de pata.
Así de suave era la noche.
Los puesteros miraron sus teléfonos
y los rostros se encendieron como copos
de nieve tibia.
Le pregunté a la señora del puesto
qué pasaba.
--Ha de haber habido un corto-- dijo
intentando interpretar la negra
vesícula del aire.
Su cuerpo se movió como una pausa
y pude ver en ella la memoria del incendio.
Ahora sabían qué hacer.
Estaban preparados.
O quizás los celulares
sí sirvan de algo, después de todo.
Volví a mi casa con un miedo familiar,
acolchonado, lleno de paja.
Caminaron conmigo
la penumbra de los años que acaban,
y mi modesta colección de muertos
como pastores.
Las estrellas en el papel
y los obsequios oscuros
eran lo único que iluminaba
a esa hora.
Busqué el epígrafe.
Era un poema
de Coral Bracho
sobre una casa
pero no lo hallé.
Supuse que estaría en
Ese espacio, ese jardín.
La escuché leerlo en una festival.
Antes de su lectura,
ella escuchaba
ojos de fresno
que apenas cabían en una silueta diminuta,
a Thurston Moore
en un claro de bosque,
entre otras cincuenta
personas que transitaban
el pasto nocturnal de voces:
/Patti Smith/Serge Gainsbourg/Allen Ginsberg/
vibraban
como murciélagos.
La luna,
lubina de sal
membrana de las bocinas.
Creí recordar el poema.
El video que grabé
me dice otra cosa:
no lo conozco.
¿Has creído conocer
un poema la primera vez
que te lo encuentras?
Así es como funciona: una imagen termina
por encender bachichas de cigarros a medio matar
en el cenicero de la memoria.
Y las citas
como las piedras
llaman.
Luego hay que pasarse la vida
una mañana cuando ya es tarde para ir al trabajo
buscando citas para justificar
este relleno de calcetín que soy
para decirnos
delimitarnos
completarnos: yo soy
lo que hay entre esta rayita y esta otra.
De aquí, a acá.
Este harapo que llevo por nombre.
Las citas, como las piedras,
llaman
como las piedras
esperan
escondidas
serenadas
hasta rozarnos la cabeza.
Xitlalitl Rodríguez Mendoza
Remus
Impronta, 2025
sábado, octubre 10, 2026
Tres poemas de Xitlalitl Rodríguez Mendoza
jueves, octubre 01, 2026
Un fragmento de Lászlo Krasznahorkai
... no abriga el deseo de conseguir la maravilla, y si lo tuvo en la juventud, su maestro le enseñó o, mejor dicho, su propia experiencia le enseñó cumpliendo así con las previsiones de su maestro que, cuando uno alberga ese deseo de crear una máscara maravillosa, sólo consigue crear de manera segura e inevitable la máscara más fea, de modo que hace tiempo que no existe dentro de él ese deseo, para ser exactos, dentro de él no existe ya nada, no dan vueltas en su interior los pensamientos, su mente está vacía como si algo lo hubiera aturdido, sólo sus manos saben, sólo el formón sabe qué debe ocurrir, la cabeza únicamente se despeja, alcanzando, eso sí, una enorme lucidez, cuando la mano ha de alejar la máscara que está trabajando y él ha de comprobar que las cosas vayan por buen camino, entonces está la mente despejada, pero solamente mientras contempla la máscara, que luego vuelve a apoyar en el regazo, y las manos tornan a ponerse a la obra con el formón, y entonces la cabeza no está ya despejada, sino completamente vacía, no se mezclan, no van y vienen, no serpentean aquí y allá los pensamientos que se anulan los unos a los otros, sólo reina el vacío más absoluto en la mente, el vacío más absoluto en la casa, el vacío más absoluto en el barrio, pero es que además no tiene nada en que pensar, puesto que reina el vacío en la casa, reina el vacío en el barrio, y cuando se le pregunta, como suelen hacer los alumnos que él acoge muy de vez en cuando por un breve período de tiempo, cómo surge a partir de ese leño de hinoki una máscara nō exenta, según él, de cualquier intervención mística, es decir, realizada, en su opinión, a través de una serie de operaciones escultóricas nada especiales, que luego, una vez acabada, será capaz de espantar a la gente, o cuando se le pregunta por qué es mágica la máscara y por qué no, dónde residen esas diferencias sutiles o no tan sutiles que deciden, de forma inequívoca e inmediata para cualquier mirada experta, si la obra ha resultado y ha salido magnífica o si es un vergonzoso y torpe fracaso, una dolorosa y embarazosa derrota, y, por tanto, ni siquiera digna de mención, o, en definitiva, qué pretende el teatro nō y de qué trata concretamente Aoi no ue, y así sucesivamente, cuando se le pregunta todo eso, él se siente evidentemente incómodo allí en su caja de trabajo, no sólo porque le incomode el mero hecho de las preguntas, sino porque en su cabeza completamente vacía en efecto no existe nada a lo que pueda remitirse para responder, a él no le interesa lo que es el nō ni por qué se vuelve "mágica" una máscara, solamente se interesa por producir lo mejor dentro de los límites de sus facultades y con la ayuda de las oraciones que ha dicho en secreto en los santuarios, él solo conoce los movimientos, los métodos de trabajo, cortar, tallar, pulir, es decir, los procedimientos, la secuencia práctica de los pasos legada por la tradición, pero no las llamadas "grandes cuestiones", él no tiene nada que ver con ellas, nadie nunca le enseñó qué hacer con ellas, de tal modo que la única respuesta que ha tenido al respecto ha sido y es una mente vacía, a las preguntas sin contenido una cabeza sin contenido, pero ¿cómo explicarlo?, de ninguna manera...
Lászlo Krasznahorkai
Y Seiobo descendió a la Tierra
Traducción: Adan Kovacsis
Acantilado, 2015
lunes, septiembre 21, 2026
Tres poemas de Juan Alcántara
diversisque cantibus totam se impendit
se pasa la vida entera en diferentes canciones
se pasa toda la vida cantando y cantando
Paso toda mi vida en diferentes canciones
se pasa toda la vida enfrentado a canciones
gastar todo el uno del otro en diferentes canciones
se pasa toda la vida en canciones
Pasé todo el día en diferentes canciones.
se pasa la vida entera en canciones subidas de tono
por diferentes canciones
se pasa toda la cabeza en la música
diferentes canciones una encima de la otra
y se pasa toda la vida en canciones
diferentes canciones completamente diferentes de si y
ella pasa toda su vida en la música
se pasa toda la vida en canciones
todo el S por diferentes canciones
se pasa toda la vida cantando
toda la canción por diferentes canciones
canciones totalmente diferentes
pasa todo el día
tantas canciones diferentes
se pasa toda su vida
diferentes canciones para
se pasa toda la vida en el trasero
diferentes canciones T
se pasa toda la vida en el bus
por diferentes canciones
nos gasta a todos
por diferentes cantibes
ha pasado todo el día
por diferentes canti
él pasa toda su vida
diferente y no puedo
diferente y puede
él gasta tanto
por diferentes K
estoy gastado
por diferentes C
él gasta M
por diferentes personas
Él gasta
diferentes ángulos
gesta
En maneras diferentes
gaste
diferente
hasta ahora
diverso
pesa
diversos
terminar
buzo
no
bucear
lo mismo
división
va
dí
T
D
nam si cantum volucris huius serves mente
porque si tienes en cuenta el canto de este pájaro
ahm si el canto de este pájaro sirve a la mente
porque si guardas el canto de este pájaro
M si el canto de este pájaro sirve a la mente
porque si mantienes esta canción remolino
Si el canto de este pájaro mantiene tu mente
porque si mantienes en el canto de este pájaro
me encanta la canción este pájaro sirve a la mente
porque si el canto de este pájaro me sirve
el canto de este pájaro sirve a la mente
porque si puedes quedarte con este pájaro
Nació este pájaro sirve a la mente
porque si te sirve el canto de esta ave
ten presente a este pájaro
Porque si la canción de este siervo
pues este pájaro le sirve a la mente
uhm tener este pájaro en mente
porque si haces una canción la ganas
M este pájaro le sirve a la mente
porque si la canción gira esta S
este pájaro sirve a esta mente
porque si la canción se arremolina
mantén los ojos en esta mente
porque si puedes entonces este pájaro
sirve para sacar provecho de esta intención
por si la cáncion te llama
se preocupa sirve a esta mente
porque si puedes cantar uh
cris sirve a esta mente
porque si el canto del pájaro es joya
riza sirve a esta mente
por si la cáncion remolina cris
es éstamente de servicio
porque si puedes entonces cazar
sirve a la mente del cliente
porque si el canto de un pájaro
oye nos sirve mentalmente
porque si una cáncion gira C
demostrado proteger la mente
por si quieres cantar
sirve a la mente correcta
por si quieres una cáncion
nos sirve mentalmente
porque si estás cantando
S sirve a la mente
porque si cantas
servir mente
porque si estoy cantando
alimenta la mente
porque si puedes cantar
revés la mente
porque si puedes
éstas en la mente
námsica
SM ente
por si C
para si
ser
para S
antes
nombre
Uds
n/A
mi
norte
Vox amoris flatibus tota concremata
La voz del amor fue toda quemada por las explosiones
totalmente quemado por las ráfagas de amor
La voz del amor quema todo por las explosiones
totalmente quemado por las ráfagas de amor X
La voz del amor quema todo por los respiros
como si todos estuvieran quemados por los vientos
La voz de las explosiones de amor quema
toda la costumbre fue quemada por las explosiones
La voz del amor respira
la boca quedó totalmente quemada por las explosiones
La voz de los alientos de los moros
todo quemado por los vientos
La voz del amor sopla todo el cono
fue quemado totalmente por las explosiones
La voz de las ráfagas de los páramos
totalmente quemado por las explosiones
el sonido de las explosiones habituales
todo el piso fue quemado
soy la voz de la boca
todos los lados fueron quemados
Una voz de todo tipo de explosiones
completamente quemado
La voz del amor sopla tot
todo el trasero fue quemado
La voz del amor sopla para
todo quemado con fuego
La voz del amor sopla T
todo el bus fue quemado
La voz del amor te golpea el trasero
todos nosotros quemados hasta la muerte
la voz de la boca
S quemar todo un
voz de amor flatib
totalmente quemado
voz de custom flati
ota quemado
La voz de la boca es plana.
taconfires
voz de amorfla
quemado por el fuego
la voz del amor Fl
quemado vivo
la voz de amorf
onfiremata
5 bueyes de amor
N cremata
La voz de los moribundos
quema un
voz de mor
remata
me encanta la voz
emata
voz soy
mata
voz un
ata
Vox
ejército de reserva
vo
A
V
Juan Alcántara
Philomena drumming
Matadero/Universidad Iberoamericana, 2024
lunes, septiembre 07, 2026
Diez cantos indígenas del norte de México
Nube nodriza
Feliz, feliz, feliz,
del este, de allá lejos,
viene la nube cargada de lluvia
para amamantar a las plantitas
de maíz, recién nacidas.
(Ácomas)
La avispa
Allá en lo limpio, allá en lo limpio,
la avispa despacito va arrastrando
una tarántula, una tarántula.
Muerta. Va arrastrando
a la tarántula chiquita.
Despacito, despacito,
la lleva a rastras.
Una tarántula chiquita
lleva la avispa a su cueva.
Cuando la pone en lo limpio,
da vueltas alrededor
de la tarántula chiquita.
La avispa chiquita
mató una tarántula.
(Guarijíos)
Contra los coyotes
Ustedes, que no cazan nada.
Me corretearon por todas partes.
Me corretearon dos o tres veces.
No tienen nada que comer.
Están exhaustos, se tropiezan.
Están cansados.
Ladran ruidosamente y nada.
(Kiliwas)
Atardecer
(ña oja may japu)
Cuando se mete el sol,
se esconde tras el encino.
[Se repite nueve veces].
(Kumiai)
Lluvia
Buena la lluvia.
Cayó y crecerá el río.
Las calabazas estarán maduras
a fines del verano.
Tendrán fruta los uvalamos
junto a la orilla del río.
(Mayos)
Deseos
En el sendero regado de polen, caminar.
Con chapulines a mis pies, caminar.
Con el rocío a mis pies, caminar.
Con la belleza, caminar.
Con la belleza ante mí, caminar.
Con la belleza tras de mí, caminar.
Con la belleza sobre mí, caminar.
Con la belleza a mis pies, caminar.
Con la belleza a mi alrededor, caminar.
En la vejez, vagando
por un sendero vivo de belleza, caminar.
En la vejez, vagando renacido
por un sendero vivo de belleza, caminar.
Todo termina en belleza.
(Navajos)
Canción de la pitahaya
Roja está la pitahaya
y azul la noche del amanecer.
Iremos con carrizos largos
a recolectar.
¡Roja está la pitahaya!
¡Vamos, vamos,
antes de que despierten
el carpintero, el cardenal
y las palomas torcaces!
(Pápagos)
Las Pléyades
Mira cómo suben, cómo suben
sobre la línea donde el cielo se junta con la tierra.
¡Las Pléyades!
¡Ah! Ascendiendo, vienen para guiarnos,
para ir cuidando que seamos uno.
¡Pléyades:
enséñenos a estar unidos con ustedes!
(Panis)
Canción de la cueva
A la profunda cueva de la montaña,
llega de allá,
de la luz del día,
y se sienta acuclillado
Fuma su pipa en la oscuridad.
Con la mano sobre el pecho,
sentado, pasa la noche.
La cueva está iluminada
como si fuera de día.
En el día, la cueva está oscura.
En la noche, la cueva está iluminada
como si fuera antorcha
o luminaria.
(Seris)
Gabriel Zaid
Poesía indígena del norte de México
Tusquets, 2022
Cinco poemas de Sonia Scarabelli
El pacto
Yo hice un pacto con vos, Tierrita,
que queden para otros los viajes estelares
que también soñé.
Con cada cielo tuyo hice mi pacto,
mi acuerdo del amor interminable,
y con cada día que me das,
cada mañana azul igual a esta
y dorada de plantas y de pájaros.
Hice mi pacto con vos y así me iré,
tierrita, polvo
que vuela en el camino.
Al faro
A intervalos en medio de la noche
pasan saltando nuestro techo
los grandes gatos noctámbulos,
dos o tres golpes suaves y al final
una corta carrera amortiguada
que termina en silencio.
Desveladas cada una por sus cosas,
Miyako y yo giramos la cabeza
para seguir con el oído atento
la estela de esa visita intangible
que ya se aleja y que nos deja atrás
ligeramente inquietas, envueltas
en el sereno resplandor amarillento
de la única lámpara encendida
que sostenemos como un pequeño faro
en esta orilla de la noche.
A casa!
Se aparecen de a tramos al borde de la ruta
mordiditos en oro,
muy serenos y plácidos contra el cielo azul
y no hay nada que hacer,
quedamos deslumbradas y dejamos la charla
para seguir mirándolos
mientras ellos se alejan y saludan
hermosos como el amor y como el bien.
¡Pintalos!, me dan ganas de decirte,
¡Pintalos!, llevemos esta luz a casa,
los álamos, la fila del camino,
las cosas que nos salvan.
El trabajo
Hablamos con mi hermano
de perder el trabajo
nosotros que pertenecemos
a esos y esas que tantas veces han perdido
el trabajo, los sueños, la paciencia
y miran con ojos extrañados
la incalculable pena que ata al mundo
un cuerpo con sus necesidades
de alimento, de techo, de descanso
insatisfechas y resulta
que tanta veces el mundo dice no
y da la espalda y pone
excusas que te ofenden
la inteligencia, las ganas de seguir.
Hablamos con mi hermano del trabajo
tan misterioso que es la vida, siendo
como hemos sido siempre
hijos de obreros.
La Buda nos visita
Para Leandro, Ayelén y Agnès
Conversamos en la oscuridad
sin alzar la voz
mientras la hija de nuestros amigos duerme
reclinada en su asiento con el gesto
reconcentrado de una pequeña bodhisattva
o flor de loto recostada
en el agua tan quieta de la noche que fluye
y la conversación va y viene casi sola,
como si las palabras caminaran
sobre una red de hilos invisibles
tejidos por la penumbra que ahora nos envuelve.
La sobremesa se extiende y se diría
que hasta los movimientos
hacen silencio y las palabras
viajan livianas mientras cuentan
las cargas enfrentadas en el año
y dejan traslucir una paciencia extraña,
como si en esta noche de verano
nos dijéramos: lo sé,
la vida está llena de caminos ciegos,
encrucijadas y a la vez
brilla con una luz serena como ella
que duerme mientras nos dejamos
ir a medias callados en la conversación
como esos peregrinos que se cruzan,
descansan juntos un momento y siguen
después hacia lo hondo de aquel bosque,
aquel bosque sin fin.
Sonia Scarabelli
Las cosas comunes
Bajo la luna, 2025
viernes, agosto 07, 2026
Cuatro poemas de Gaspar Peñaloza
Mientras más capas tenga la torta cuando la troce mejor
Lavo mi pelo 1 vez x semana
así al enjuagarme
siento el olor del asado del martes
y la tierra donde apoyé cabeza
en la siesta del viernes.
Escoja usted
Sobrevendí las sandías
se pudrieron los duraznos
la gente espera meses
las frutas del verano
luego él las hace durar poco
vienen familias en autos del año
caravanas de pescadores aficionados
mercenarios dados a recompensas de diverso tipo
Yo no escucho a nadie
a menos que adulen los nudos
con que suspendo en el aire
mis cajas de tomates
ahí es cuando me olvido
de anotar los pedidos
pero por qué no se llevan los duraznos!
Las distribuidoras se comen el gusto
Los locales cambian de dueño
con frases de Martin Luther King, Steve Jobs, Maturana, Usain Bolt
algunas Ted Talks, algo del ratón y el queso
motivan a sus "colaboradores"
las pizarras cambian de caligrafía
todos saben combinar los colores
porque el set de tizas combina entre sí
las distribuidoras de comida
surten con los mismos ingredientes
a todos los restaurantes de la ciudad
las notarías están llenas
se ubican a mitad de cuadra
filas hasta pasada la esquina
en todo momento hay alguien quebrando
otro con esperanza de que su negocio resulte
llega a un restorán desmantelado
compra sillas nuevas, consigue un "buen" contador
pega un sticker con su marca.
Huaqueo
En sus muelas parecen seguir
confitándose los higos
y no acabarán de hacerlo
usa la punta del tornillo para sacar los restos de comida
quizá murió de golpe
nadie lo notó
solo nosotros que desenterramos
en busca de alhajas
somos tres para evitar la maldición
uno cava, otra alumbra
el tercero avisa
si viene el diablo
entre más lejano el objeto
menos se le puede dañar
si estuviera tibio aún
entre los tres le rajaríamos la guata
para ver qué comió en su último día
la policía no buscará bolsos con reliquias diaguitas en las cajuelas
de buses, verdes o naranjas
además, recorren una sola carretera
que corta un valle flojo
sin la energía suficiente
para llenarla de baches
que esparzan olores
al hacer saltar el equipaje y soltar sus sellos
por eso los pasajeros nunca se darán cuenta de a quién tienen al lado
un comerciante de pescado y marisco
una estilista de uñas
alguien que acaba de ser madre
un chamán de cuarta
y yo
un traficante de momias que de seguro
comprará la esposa gringa del doctor.
Gaspar Peñaloza
Compraventa
Editorial Aparte, 2024
martes, julio 28, 2026
Cinco poemas de Patricia Gola
Tu corazón
es una bodega
oscura y húmeda
donde se espesa
palpita y canta
el encarnado vino
una avutarda -dijiste
¿una avutarda blanca?
sí, una avutarda
ahí parada en la punta
de un poste
en el agua
una avutarda
así nuestras vidas
silenciosas
miran
y no se cruzan
sueñan
y no se palpan
la tierna albahaca
el áspero tomillo
que sabe también ser oloroso
o el árido orégano silvestre
y su primo hermano el romero
hojas lanceoladas
secas
en agujas
penetran perfuman
se abren paso
todos los olores
todos los colores
todos los frutos se parten en dos
las semillas se derraman
en mi palma
y la nuez mariposa
y la estrella anisada
y la negra chía
el lino dorado o la linaza
dejan su aceite
su recia resina
su huella oleosa
una cama de té verde
de jengibre y lavanda
salta el diminuto ajonjolí
al calor inclemente de la llama azulada
y la cúrcuma naranja del desierto
y el dulce pimentón de la vera Vera
socavando cuerpo y alma
todos los olores se abren
a mi tacto
las arrugas sensuales
la dulce sonoridad
de un canto antiguo
penetra avanza horada
y una cama de rosas y de sándalo
de azafrán y melazas
mieles morteros
paños del cielo
lágrimas
todas las redes
agujeros sin zurcir
mosquiteros o tules de mi infancia
entre el croar agitado de las ranas
en la noche
una noche de verano
de estrellas vasta
de calandrias
se oyen voces allá afuera
desaliños
exaltadas
la persiana entreabierta deja
pasar los sonidos
las pisadas
el aire caliente de diciembre
¿o era enero?
y yo entreabierta
entre sábanas mojada
se oyen voces de otras voces
toses risas carcajadas
y yo adentro
y yo afuera
sudorosa
y en la cama
escucho atenta la vida
que como vino se acaba
entre mi cuarto
y la calle
sólo media una ventana
y yo entreabiertos los ojos
sueño despierta en la cama
por completo
derramada
pajas bravas alrededor
pajas bravas que el viento
mueve entre bañados
un rumor
una marea
una tarde de otoño
o era entrado el verano?
o era un cielo combado de estrellas
una luna una noche
de aromos
sus flores
pequeñas
destilando
un amarillo tardío
espinas
un zumbido de insectos
una fiebre de sapos arañas y culebras
entre la maleza y el fango
la arena y el polvo
y en medio
ese vacío que hoy
te nombra
de dónde todo esto?
de dónde?
sólo una vez estuve
en el paraíso
volé tan alto
una vez
bastó
una ventisca
una ventana abierta
al cielo
una vez
una promesa
una latencia
un corazón
abierto
una vez bastó
Patricia Gola
Gérmenes
Salto de Mata, 2025
jueves, mayo 14, 2026
Un poema de Carlos Gutiérrez Alfonzo
Itinerantes
éramos
hojas
del campo
ésas
las cortábamos
y
como
aretes
éramos
*
ya nos vamos
¿ya son las nueve?
*
la
miramos sus ojos
brillaban el
destino
*
a como viene
yo
lo topo
si es tiempo
de machete
de
machete
si tiempo
de matancero
de
matancero
pobre
y
libre
mejor
*
no
hay tiempo
de una vez
fresca
mitad
posada
Carlos Gutiérrez Alfonzo
Poema inédito cedido por el autor para Nueva Provenza
jueves, mayo 07, 2026
Cinco poemas de Lucas Costa
No todo está en tu contra
Me basta pensar
en que hay ramas
que se quiebran
por exceso de guía
o en el Con Con
cuando nadie lo ve
se posa en una que parecía
firme y le dobla el peso.
Contaba el Jairo, poeta innato de la cárcel de menores
Justo en el umbral
luego de forzar
la chapa
hábilmente como
un cine
en penumbra vio
un carbón
crepitar
en una esquina
el cigarro
del dueño
de casa hizo
aparecer
su cara prendió
con el pie
la lámpara
la escopeta
en su mano
cuando le dijo
tienes medio
segundo
para volver
por donde entraste
otro medio
agradecer que no
te vuelo los sesos
acá mismo y en
un pestañear rajó
por la pandereta
calle abajo
oyendo
sirenas chiflidos
balazos en el bombo
ileso y sordo
del corazón.
Hernia en la L5
Ojalá pudiera tocarme los cartílagos
y sanarme esa grieta en la columna
el disco triturado de tanto saltar
sobre la tabla
sin hacerle caso al dolor
que da azotar el cemento
la loza de hormigón o las baldosas
brillantes girando las ruedas
calientes por la ciudad
entre las piernas la piel sudada
absorbe brisas de smog
el aire hecho tiras desfigura
lo visto como en un oasis
la zona lumbar recibiendo décadas
el mismo impacto y yo
sin darme cuenta de que podía
acabar esa plenitud
preñada de instantes
menearme a mi gusto
en el martilleo jubiloso del corazón
donde me olvidaba de mí
por eso lo hice sin chistar
ahora sé que vendrán lumbagos hernias y
cuando el cuerpo quede tieso y no aguante
más impactos de todas maneras
me quedará la alegría
de ver a otros concretar un truco
después de horas que sale
en un puro parpadeo
sin nadie saber
bien cómo.
Aquí yo soy el afortunado
Siento la ambivalencia hacer
su trabajo al extrañar entrar a la cárcel
de menores invitar a los niños
mientras se depilan las cejas
unos a otros con una delicadeza
que no he visto ni en las mejores
manicuristas escribir lo que sienten
y escucharse supervivientes el poder
de un par de palabras saliendo
para volver deslumbrado a casa.
Súplica del insomne
Cálmame Señor la percepción
siento digitadores por todas partes
hay cañerías silbando
venas de la cabeza haciendo ritmos en disputa
sin parar quejidos motores amplificados por el pasillo
aguárdame un instante de seguir aquí o
sédame y pueda yo dejarme
estar en los pastos neuronales manso
sin sentirme el pensamiento de una almohada
rasgándose y el ruido sea un escape
por donde el círculo circadiano
se amalgama y vuelve a girar por último
dame levantarme fresco
sin esa pesadumbre bestial
que me afila a cortes el carácter
dame una pizca de paciencia
porfa te lo pido óyeme.
Lucas Costa
Gozo
Editorial Aparte, 2025
martes, abril 21, 2026
Cinco poetas brasileñas
que te permite entrar
en nuevas habitaciones
que te permite entrar
en un baño con tina por ejemplo
descubres que las paredes de la casa
de la patrona no son tan blancas
como creías
cuando jugabas con miedo
de ensuciar las esquinas
o la mesa de mármol –
pensabas es una gran piedra preciosa
ojalá tuviera un pedazo
de todo lo que puedo tocar
con la mano lavada
cuando llegas a la edad
que te permite
a pesar del cuerpo inexperto
el brazo aún débil
extender el edredón con el peso de dos
del patrón con el peso de dos o más sudores
descubres marcas casi invisibles
como manchas de yogurt
que ni la lavadora
ni la mano gruesa de tu madre
lograron borrar
Muchacha al tanto no paga
encarnadas fresas
naranjas suculentas cortadas por la mitad
duraznos elegantes
copoazús babasús
la nuez de la india
el útero ovalado del aguacate
la semilla espinosa del pequí
el lado de dentro del tomate italiano
cuando se retiran todas las semillas
la cáscara delicada de la mandarina
o la imponencia circunspecta del higo
el hueco del melón
la rojez interna de la granada
la pecaminosidad bíblica
de la popular manzana
& guanábanas
y ella todavía me pregunta
en cuál de los puestos
venden las mejores empanadas
del tianguis
Identidad
una vez, en el colegio marista, pidieron que trajéramos fotos de nuestros padres
llevé una foto muy graciosa de mi padre
con lentes oscuros en el corredor de la casa
y haciendo payasadas
porque así es mi padre
un hombre chistoso con lentes oscuros en el corredor de la casa haciendo payasadas
ese día, mientras estábamos todos en ronda
alba schneider, una colega de mi grupo, miró la foto de mi padre
con lentes oscuros en el corredor de la casa y le pareció muy chistosa
se reía y señalaba y preguntaba
¿por qué tu papá parece un bandido?
Curumins y cunhantãs libres de Nazaré
Los curumins y cunhantãs libres de Nazaré corren
Juegan al trompo
Saltan al agua
Arponean sus pececitos
Hacen sus parrilladas
Se pintan el pelo con urucún
Al caer la noche
Sueñan al mirar las estrellas brillando en el cielo...
En Beto Carrero vi un macaco que reía
perdóname si rompí
el protocolo de las jodas
casuales
pero regresaste
a recoger el librito amarillo
de ferlinghetti
y los pasos en el piso de arriba
se mezclaron
con filas kilométricas
de turistas y niñas con camisas
sudadas muy
escritas
–y es que tú no
eres gorda
y es que pensé en sonidos
que ya no recuerdo al volver a casa
y en objetos
pequeños como peras
rebanadas
y en la obesidad infantil
y en ti cuando niño
siendo sacado a fuerzas de un torneo de ajedrez
porque ese método de no pensar en nada
más de tres veces aún es el mejor método,
para mí
es una reflexión
para concluir
después de una película
de hal
hartley
–es horrible–
son meditations
for dummies
son siempre los mismos
lugares
pero sería mejor la película
en que descubres la pelota
que escapó de la altinha en la playa una tarde
primaveral
y la devuelve al cuerpo
espigado de adolescente
moreno con gotículas
de sal, sudor
& fuerza
tal fue mi sorpresa al encontrar
entre los edredones de una borrachera
una carta celeste y las 7 marcas
en otra,
la ciudad vacía espera
hace tres días
la carne
podrida de fukushima
–somos todos cómplices
de los mismos problemas
mecánicos
saliendo de mustios así de tarde
o temprano
o cuando
la luz del vendedor de palomitas ilumina
dramáticamente
un rostro crudo–
existe la distancia
y existe el tiempo
existen mujeres que son mujeres
y aún rocas
y paisajes
y todo aquello que se desentraña
de la tarde
como cuando comías col
y excavabas poemas
que decían que era así tal cual:
hay amor, de vez en cuando
29 poetas brasileñas
Compiladora: Heloísa Buarque de Hollanda
Traducción: Regina Crespo y Rodolfo Mata
Fondo de Cultura Económica, 2025
martes, abril 07, 2026
Tres poemas de Alkaíd Marino
Esmaltes
Siempre me gustó mamá.
Me gustaba el aroma de su bolso:
de su perfume; el tabaco; los cosméticos.
Me gustaba mirar los ademanes
que utilizaba en sus pláticas
de amor
con sus amigas.
Alguna vez fui el hombre de la casa;
me dejó pintarle las uñas:
el color vino
en sus manos blancas.
Memoricé la marca
de los esmaltes
para el día
en que me convirtiera
en ella.
Teorema de la tristeza
De niño me levantaba
por las noches
a revisar que las llaves del gas
estuvieran cerradas.
Vigilaba la calle desde la ventana
de mi cuarto; salía a la zotehuela
a alborotar con ruidos
a los perros
de los vecinos.
Soy de esas personas
que evitan las líneas divisoras
en los pasos peatonales;
que se lavan las manos
más de tres veces
cuando van al baño;
que dicen la palabra cerrar
cuando están
por apartarse
de alguna puerta.
Mi siquiatra sabía cómo llamarle
a todo esto.
No me interesa recordar
sus palabras.
Conté 65 azulejos
en aquel baño público.
Yo le llamo tristeza.
Día del nieto
Mi abuelo le llamaba día del nieto.
Toda la familia se reunía: abrazos.
Besos. Pellizcos de mejilla.
¿Cómo vas en la escuela?
¿Te has portado bien?
¿Obedeces a tu mamá?
Todos nerviosos en el patio
de esa enorme casa.
Los primos ricos y los casi ricos.
Ambos grupos muy talentosos:
ejecución de chacos. Canto.
Actos de magia.
Artistas natos.
Y los sin chiste: reprobados, sin dinero,
callados, rezongones,
los que no comíamos el jocoque
del abuelo.
En la noche era el espectáculo.
Como en un circo,
los nietos
(primos ricos y casi ricos)
preparaban sus increíbles actos.
Los sin chiste,
su humillación.
Alkaíd Marino
A las fracciones papá les llamaba quebrados, algo tenía que romperse
Liliputienses, 2025
sábado, marzo 14, 2026
Cinco poemas de Luis Eduardo García
Lepidodactylus lugubris
Durante meses
escuché su canto nocturno
imaginando sus plumas
de color amarillo cromo
agazapadas
en la oscuridad, su nido
hecho de ramitas y basura
listo para alojar
a sus polluelos todavía
faltos de brillo. Varias veces abrí la puerta
después de escucharlo
para buscar su cuerpo a medianoche
pero solo encontré silencio
y aire frío. Cuando descubrí que el sonido
jamás salió de un pájaro
sino de un pequeño reptil
de unos seis centímetros
refugiado en el hueco de una viga
un ornitólogo cayó muerto en su patio
a nueve mil novecientos
catorce kilómetros de aquí.
Tan dulces y tan frías
Lo que nunca supimos
fue que una mano recogió los huesos
del bote de basura, los rompió
con una puerta hasta extraer las semillas
y las puso en una bolsa de plástico
con un poco de tierra
dentro del refrigerador. Tras un par de meses
en ese pequeño invierno, las semillas
germinaron. La misma mano las clavó
en la tierra con una calidez
muy parecida al amor
(o a las secadoras de pelo). Dos semanas
después, un verde
brillante brotó de la oscuridad. Dos semanas
después, se apagó. A veces la dulzura se acaba
porque sí.
Monstera adansonii
Puedo imaginarme
que el primer botánico que se encontró con ella
sintió la tentación de llamarla
Cara de fantasma. También puedo imaginarme
que el segundo botánico que se encontró con ella
dijo molesto:
claramente es una Cara de fantasma. A mí me gusta
jugar a que sus huecos
son mis nuevos ojos. Entonces veo a través
el cielo, los cables, las ramas
y parecen primeros planos
de varios tipos de peces muertos. Puede sonar
estúpido, pero algún día me encontraré
con varios tipos de peces
muertos
y ahí estarán el cielo, los cables, las
ramas, relucientes.
¿Crees en la inspiración?
No, mi método de trabajo
es dejar restos
de comida en la mesa; mis hormigas llegan
en segundos y forman
sus palabras favoritas. Hoy, por ejemplo, escribieron
"coxis", "tordo", "triángulo"
y "cometa". Un día antes
hicieron "Varsovia"
y "caléndula" en una mancha de miel. Después
juego a ser Jan Heweliusz
y uno los puntos
a veces con amor, a veces
con cinta canela.
Cada día descubren treinta nuevas especies
El mejor escritor de su generación descansa
en una silla
mientras el mejor escritor de su generación
lo espía por la ventana.
Ambos ignoran
que el mejor escritor de su generación
los observa desde un auto
a veinte metros de distancia.
Mientras tanto
muy lejos de ahí
el mejor escritor de su generación
no sabe de la existencia de ninguno de los tres
y distraído prepara el desayuno.
Luis Eduardo García
Cuélgalo de la pared y espera
Ilustraciones: Serena Franco
La Carretilla Roja, 2025
sábado, marzo 07, 2026
Un fragmento en prosa de Sonia Scarabelli
¿Pero en qué consiste esa luz del poema? Tiene que ver, ante todo, con una cualidad de la mirada.
Entre las peculiaridades que, desde mi punto de vista, diferencian la escritura de un poema de otras escrituras, hay en particular una a la que quisiera prestarle especial atención. Es la siguiente: el poema nunca cierra los ojos.
Si el viajero, dispuesto a la evocación, cierra los ojos para aproximarse a su objeto –a riesgo de hacer desaparecer el objeto mismo–, el poema, por el contrario, aun cuando su fuente sea una evocación, mantiene sus ojos intensamente abiertos, consagrándose sin pestañear a la actualidad devoradora de su imagen.
Y es que la imagen, que está lejos de ser en el poema mera impresión visual, despliega su ritmo de una manera tan intensa, capta hasta tal punto la densidad material, primitiva de las cosas, demanda tal grado de atención concentrada en el detalle, que la acción de cerrar los ojos no puede sentirse más que como un obstáculo o incluso un desgarrón en el cuerpo mismo de aquello que se disponía a comparecer.
Nacido de un momento de extraña sincronía, el poema se entrega a la contigüidad del verso no para confirmar la ley de la gravedad temporal que gobierna los sintagmas, sino para intentar un salto en el tiempo mismo y rozar ese sitio inefable en donde la materia, a pesar de no ser él otra cosa que lenguaje, le hace el obsequio de una misteriosa correspondencia.
Pero hay todavía algo más, y es que esa «correspondencia», lejos de garantizarle mismidad, lo que le ofrece, aunque sea sólo por un instante, es la oportunidad de salir de sí, de experimentar, en el seno mismo de la lengua, un cambio radical de naturaleza: volverse otra cosa, a saber, un lugar real, activo y habitado; entrar a formar parte con todo su ser de aquello que alguna vez Juan José Saer llamo «la masa fangosa de lo empírico y lo imaginario».
Desde la óptica del poema, entonces, el viaje adquiere una nueva dimensión. Es devuelto a lo real; de pronto, su desaparición ya no es el único destino que le reserva la escritura. Puede que el relato de viaje sólo alcance su plenitud en la medida en que el lugar desaparece; pero el poema es, en este sentido, terminante, lejos de procurar que el lugar desaparezca, lo que hace es demandarle una extrema visibilidad. El poema pone el lugar ante sí, y en ese gesto nos deja saber, no sólo que «ha estado allí», sino que en cierto modo ese lugar le ha hablado, le ha hecho la donación de su presencia singular que él intenta ahora preservar, sostener en su misma fragilidad, igualmente expuesto al olvido y a la disgregación.
Sonia Scarabelli
La orilla más lejana
Editorial Municipal de Rosario, 2009
sábado, febrero 21, 2026
Cinco poemas de Diana Bellessi
Rayos y relámpagos
A Ingrid Proietto
Llueve como si fuera la última tormenta
aquí en Zavalla y los truenos hacen temblar
la casa mientras una oscuridad se agita
al mediodía y se acaba la yerba
así que tomo agua verde frente a los jazmines
que a la pared negra se acogen de esta
tormenta cuando suenan Los Palmeras
en la radio de pila y ahora un vallenato
llenando de alegría mi corazón
como los que viven en el cielo
después de la última tormenta
Lucy
No estuve en Afar
pero cuando vi tus huesitos, querida Lucy,
en el museo de Addis Abeba
me hicieron reír y llorar
y te vi, caminando ágil por la foresta
bajo un cielo de diamantes!
Tan pequeña y tan hermosa
con tus veinte años y el bozo suave,
dorado de tu cara, hermanita mía,
hace tres millones de años
cuando empezabas a sonreír y a cantar
por todos nosotros que veníamos
atrás de vos, mi pequeña,
tan remota como lo soy yo misma
frente a estos chicos de diecinueve
aquí en la isla cuando el medioevo
vuelve con sus pestes en masa
y yo te canto, mi Lucy in the sky
with diamonds!
Vengan al África
Me pongo para dormir
mi vieja camiseta
de jirafas y elefantes
y veo tras la ventana
esa pavita de monte
que grazna entre los sauces,
pienso entonces en aquellos
hermosos burros de Etiopía
que se prendieron gráciles
al corazón bailando
sobre el polvo abisinio
como un verso de Rimbaud
por el aire, traídos
de España o de Italia
pensé, pero no, eran
de allí estos salvajes
equinus con sus patitas
rayadas como cebras,
¡caballito africano
de color oro viejo
bañándose en el polvo!
Tan de allí como de aquí
las pavitas de monte
o los capibaras,
roedores gigantes
de los pantanos vengan
al África que casi es
como venir a América
tan rara y tan cercana
al propio corazón
Suena como un rumor
Ayer te vi
en unas fotos del celular
y estabas tan bella que no sé
cómo pude perderte
amándote tanto,
qué hice mal
porque en aquella carita
todavía me querías
y ahora ya no
Qué pasó,
cómo arruinamos
lo que más amamos
y sin saberlo por Dios,
si hablo de las lagartijas
pequeñas que se ven
en esta casa parecen
tan hermosas como vos,
aunque todo
lo repele el poema
desde que empezaste a irte
y me quedo solo
con mis huesitos viejos
que amenazan romperse
y ya no hay furia ni deseo
como en mi juventud,
decirte te quiero
suena como un rumor
lejano que escucho apenas
aunque no sé, estás aquí
con esas formas raras
de estar en el tiempo
y ya no te irás de mí,
amor del final
de mi vida
Por qué te abrazan, por qué te aplauden...
¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un poema. Como me dijo una vez alguien que amé: "No servís para nada, salvo para escribir un poema". Aunque también pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo hijos... Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero cantan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disolviéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios...
Diana Bellessi
La curva del tiempo
Fondo de Cultura Económica, 2025
sábado, febrero 07, 2026
Cuatro poemas de María Calviño
El pez
¿Por qué quise,
con la mano en el agua, traerlo
al aire?
Nada en el aire
le pertenece al pez.
Final de la lluvia
La única cuerda rota de la lira
muda; el agua la estira
y canta, y la suelta
y canta.
El humo
El viento trae olor
de maderas quemándose:
eucaliptus disueltos
mientras vemos subir, subir el humo.
Un árbol que crece sobre la luna
no se puede tocar,
pero bajo su sombra
desaparecen todos nuestros árboles.
Obra en construcción
Te diría que parecen animales
prehistóricos; las palas mecánicas
y grúas enormes cavan un foso
a dentelladas, con un ritmo propio.
Atardece en verano y brillan,
estiran sus cuellos metálicos
sobre el charco gredoso que dejó
una lluvia reciente. ¿Ves?, los parques
de diversiones de los pueblos chicos
también son así, tienen algo
de circo y algo de plaza. Ahora
esos hombres de ahí que
trabajan con los animales
comen su asado a punto
cerca del borde del foso casi terminado;
y más atrás, haciendo equilibrio
en los andamios
apenas instalados contra el muro,
otras personas con baldes
en la mano lo van cubriendo
de su mezcla gris. ¿Lo ves?, dicen
que aquí están construyendo un laberinto,
un laberinto, sí; abrí las alas.
María Calviño
Fin de semana largo
Bardos, 2022
miércoles, enero 28, 2026
Un fragmento en prosa de Beatriz Vignoli
2 de octubre de 2005
Pucha que no era tan fácil escribir sobre pájaros. Separan los indicios, estos bichos astutos. No es como en los dibujos animados de Disney, donde ves el pájaro cantando, no. En su vida semisilvestre, el pájaro canta escondido en la espesura. Si se deja ver, es que está muy alerta; y en tal caso está mudo. Los pájaros no son estrellas de rock. Los pájaros, como los analistas freudianos ortodoxos, se vuelven invisibles para decir lo suyo. O el pájaro audible, o el pájaro visible: una de dos, y que a la taxonomía te la arme Holmberg. Acá en la plaza hay unos que necesito saber cómo se llaman porque, si mis sentidos no me engañan, emiten un canto remotamente parecido al estribillo de "Yo soy la morsa" y quiero ponerlos en la nueva novela como remate del pregón del huevero. Sería una cita casi textual de los Beatles, armada cual ready-made o collage con elementos provistos por el azar objetivo. Cosa providencial, si las hay: mudarse uno al pasaje Holmberg, llamado así en honor a un injustamente olvidado escritor y naturalista argentino, y que la vida te cante un tema pop clásico...
Necesitaría una siesta.
"Dormir, tal vez soñar...".
Beatriz Vignoli
Kozmik tango
Editorial Municipal de Rosario, 2009
miércoles, enero 14, 2026
Tres poemas de Fernanda Jurado
Tuve un sueño
me tocaba jugar
la final de Roland Garros
no tenía chomba
ni pollera con tablas
usaba una remera
que decía bisexual.
Cuando hablo con alguien
que no conoce Melincué
uso las palabras de mi papá,
que es un pueblo que siempre se inunda
que la ruta es un desastre pero que la laguna
es el mejor lugar del mundo para los deportes acuáticos
que alguna vez nadamos con nutrias
ahora que puedo construir mi propia memoria
también cuento del día que salí de la escuela
y al llegar a casa me dijo
que fuera al patio en silencio
abrí el mosquitero despacio
y vi un flamenco rosado
acostado en el borde de la pileta.
A veces un lugar dentro de la ciudad
se me hace desconocido, te digo
ese restaurante parece de otro lugar
como si estuviéramos en Puerto Madryn o Córdoba
no sé si son las maderas, las mesas tipo comedor,
tampoco creo que quiera saberlo
a veces mejor extrañarse
hasta con el frente de una casa
el olor a comida, a piña
pino de la costa, ayer
fui a una biblioteca con pisos de madera
me acordé de la casa de Carola Ros
una amiga de la primaria
que tenía el mismo piso
y sentí que jugaba con los libros.
Fernanda Jurado
Ahora que no soy atleta
Editorial Municipal de Rosario, 2023
lunes, enero 05, 2026
Cinco poemas de Wang Anshi
Autorretrato
Es una mera ficción, como las pinturas de azur y cinabrio,
este mundo. Erramos un tiempo y nos hacemos polvo.
Las cosas no son más que lo que son. Es cuanto podemos saber.
No preguntes si esto que ahora soy es lo mismo que era hace mucho.
Flores de ciruelo a la orilla del canal
El sol calienta mi espalda. Me demoro cuanto puedo en el canal:
contemplo los fondos fragantes en esta estación de nieve luminosa.
Al caer la noche, ¿quién necesita un amigo? Vendré de nuevo
aquí, bajo la luna, a mirar los enredos de sombra.
Paseando en Montaña Campana
Dos cumbres de roble y pino y vides rojas. En medio de todo,
un arroyo. Perfecto como el paraíso de la Flor del Durazno.
Una nube de cantos a mediodía: hay un monasterio cerca.
A la luz del atardecer, vuelvo a casa sin haber visto a mis amigos.
Una noche de luna llena a mediados de otoño...
... impulsa las nubes sin rumbo, serenas como fajos de plumas.
Irradia ondas doradas en un vaso de vino rancio. Ha viajado
miles de millas a probar mi destreza en la poesía. Pero en este
altar de la noche, ¿quién puede igualar la gracia del viento?
enviado a Origen Vasto y mis otros hermanos
Enviado al pintor Nube de Salvia, en Río Sereno
Cuando ves en ti las ruinas del tiempo es fácil descifrar la verdad.
Quizá el pincel de Nube de Salvia conjure la esencia de mi ser verdadero,
pero trato de dejar Montaña Campana y no soy capaz. Si lo hiciera,
ese yo que aún no ha muerto se esfumaría para siempre.
Wang Anshi
Media montaña
Traducción: Ricardo Cázares
Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, 2025