Lepidodactylus lugubris
Durante meses
escuché su canto nocturno
imaginando sus plumas
de color amarillo cromo
agazapadas
en la oscuridad, su nido
hecho de ramitas y basura
listo para alojar
a sus polluelos todavía
faltos de brillo. Varias veces abrí la puerta
después de escucharlo
para buscar su cuerpo a medianoche
pero solo encontré silencio
y aire frío. Cuando descubrí que el sonido
jamás salió de un pájaro
sino de un pequeño reptil
de unos seis centímetros
refugiado en el hueco de una viga
un ornitólogo cayó muerto en su patio
a nueve mil novecientos
catorce kilómetros de aquí.
Tan dulces y tan frías
Lo que nunca supimos
fue que una mano recogió los huesos
del bote de basura, los rompió
con una puerta hasta extraer las semillas
y las puso en una bolsa de plástico
con un poco de tierra
dentro del refrigerador. Tras un par de meses
en ese pequeño invierno, las semillas
germinaron. La misma mano las clavó
en la tierra con una calidez
muy parecida al amor
(o a las secadoras de pelo). Dos semanas
después, un verde
brillante brotó de la oscuridad. Dos semanas
después, se apagó. A veces la dulzura se acaba
porque sí.
Monstera adansonii
Puedo imaginarme
que el primer botánico que se encontró con ella
sintió la tentación de llamarla
Cara de fantasma. También puedo imaginarme
que el segundo botánico que se encontró con ella
dijo molesto:
claramente es una Cara de fantasma. A mí me gusta
jugar a que sus huecos
son mis nuevos ojos. Entonces veo a través
el cielo, los cables, las ramas
y parecen primeros planos
de varios tipos de peces muertos. Puede sonar
estúpido, pero algún día me encontraré
con varios tipos de peces
muertos
y ahí estarán el cielo, los cables, las
ramas, relucientes.
¿Crees en la inspiración?
No, mi método de trabajo
es dejar restos
de comida en la mesa; mis hormigas llegan
en segundos y forman
sus palabras favoritas. Hoy, por ejemplo, escribieron
"coxis", "tordo", "triángulo"
y "cometa". Un día antes
hicieron "Varsovia"
y "caléndula" en una mancha de miel. Después
juego a ser Jan Heweliusz
y uno los puntos
a veces con amor, a veces
con cinta canela.
Cada día descubren treinta nuevas especies
El mejor escritor de su generación descansa
en una silla
mientras el mejor escritor de su generación
lo espía por la ventana.
Ambos ignoran
que el mejor escritor de su generación
los observa desde un auto
a veinte metros de distancia.
Mientras tanto
muy lejos de ahí
el mejor escritor de su generación
no sabe de la existencia de ninguno de los tres
y distraído prepara el desayuno.
Luis Eduardo García
Cuélgalo de la pared y espera
Ilustraciones: Serena Franco
La Carretilla Roja, 2025
martes, marzo 10, 2026
Cinco poemas de Luis Eduardo García
sábado, marzo 07, 2026
Un fragmento en prosa de Sonia Scarabelli
¿Pero en qué consiste esa luz del poema? Tiene que ver, ante todo, con una cualidad de la mirada.
Entre las peculiaridades que, desde mi punto de vista, diferencian la escritura de un poema de otras escrituras, hay en particular una a la que quisiera prestarle especial atención. Es la siguiente: el poema nunca cierra los ojos.
Si el viajero, dispuesto a la evocación, cierra los ojos para aproximarse a su objeto –a riesgo de hacer desaparecer el objeto mismo–, el poema, por el contrario, aun cuando su fuente sea una evocación, mantiene sus ojos intensamente abiertos, consagrándose sin pestañear a la actualidad devoradora de su imagen.
Y es que la imagen, que está lejos de ser en el poema mera impresión visual, despliega su ritmo de una manera tan intensa, capta hasta tal punto la densidad material, primitiva de las cosas, demanda tal grado de atención concentrada en el detalle, que la acción de cerrar los ojos no puede sentirse más que como un obstáculo o incluso un desgarrón en el cuerpo mismo de aquello que se disponía a comparecer.
Nacido de un momento de extraña sincronía, el poema se entrega a la contigüidad del verso no para confirmar la ley de la gravedad temporal que gobierna los sintagmas, sino para intentar un salto en el tiempo mismo y rozar ese sitio inefable en donde la materia, a pesar de no ser él otra cosa que lenguaje, le hace el obsequio de una misteriosa correspondencia.
Pero hay todavía algo más, y es que esa «correspondencia», lejos de garantizarle mismidad, lo que le ofrece, aunque sea sólo por un instante, es la oportunidad de salir de sí, de experimentar, en el seno mismo de la lengua, un cambio radical de naturaleza: volverse otra cosa, a saber, un lugar real, activo y habitado; entrar a formar parte con todo su ser de aquello que alguna vez Juan José Saer llamo «la masa fangosa de lo empírico y lo imaginario».
Desde la óptica del poema, entonces, el viaje adquiere una nueva dimensión. Es devuelto a lo real; de pronto, su desaparición ya no es el único destino que le reserva la escritura. Puede que el relato de viaje sólo alcance su plenitud en la medida en que el lugar desaparece; pero el poema es, en este sentido, terminante, lejos de procurar que el lugar desaparezca, lo que hace es demandarle una extrema visibilidad. El poema pone el lugar ante sí, y en ese gesto nos deja saber, no sólo que «ha estado allí», sino que en cierto modo ese lugar le ha hablado, le ha hecho la donación de su presencia singular que él intenta ahora preservar, sostener en su misma fragilidad, igualmente expuesto al olvido y a la disgregación.
Sonia Scarabelli
La orilla más lejana
Editorial Municipal de Rosario, 2009
sábado, febrero 21, 2026
Cinco poemas de Diana Bellessi
Rayos y relámpagos
A Ingrid Proietto
Llueve como si fuera la última tormenta
aquí en Zavalla y los truenos hacen temblar
la casa mientras una oscuridad se agita
al mediodía y se acaba la yerba
así que tomo agua verde frente a los jazmines
que a la pared negra se acogen de esta
tormenta cuando suenan Los Palmeras
en la radio de pila y ahora un vallenato
llenando de alegría mi corazón
como los que viven en el cielo
después de la última tormenta
Lucy
No estuve en Afar
pero cuando vi tus huesitos, querida Lucy,
en el museo de Addis Abeba
me hicieron reír y llorar
y te vi, caminando ágil por la foresta
bajo un cielo de diamantes!
Tan pequeña y tan hermosa
con tus veinte años y el bozo suave,
dorado de tu cara, hermanita mía,
hace tres millones de años
cuando empezabas a sonreír y a cantar
por todos nosotros que veníamos
atrás de vos, mi pequeña,
tan remota como lo soy yo misma
frente a estos chicos de diecinueve
aquí en la isla cuando el medioevo
vuelve con sus pestes en masa
y yo te canto, mi Lucy in the sky
with diamonds!
Vengan al África
Me pongo para dormir
mi vieja camiseta
de jirafas y elefantes
y veo tras la ventana
esa pavita de monte
que grazna entre los sauces,
pienso entonces en aquellos
hermosos burros de Etiopía
que se prendieron gráciles
al corazón bailando
sobre el polvo abisinio
como un verso de Rimbaud
por el aire, traídos
de España o de Italia
pensé, pero no, eran
de allí estos salvajes
equinus con sus patitas
rayadas como cebras,
¡caballito africano
de color oro viejo
bañándose en el polvo!
Tan de allí como de aquí
las pavitas de monte
o los capibaras,
roedores gigantes
de los pantanos vengan
al África que casi es
como venir a América
tan rara y tan cercana
al propio corazón
Suena como un rumor
Ayer te vi
en unas fotos del celular
y estabas tan bella que no sé
cómo pude perderte
amándote tanto,
qué hice mal
porque en aquella carita
todavía me querías
y ahora ya no
Qué pasó,
cómo arruinamos
lo que más amamos
y sin saberlo por Dios,
si hablo de las lagartijas
pequeñas que se ven
en esta casa parecen
tan hermosas como vos,
aunque todo
lo repele el poema
desde que empezaste a irte
y me quedo solo
con mis huesitos viejos
que amenazan romperse
y ya no hay furia ni deseo
como en mi juventud,
decirte te quiero
suena como un rumor
lejano que escucho apenas
aunque no sé, estás aquí
con esas formas raras
de estar en el tiempo
y ya no te irás de mí,
amor del final
de mi vida
Por qué te abrazan, por qué te aplauden...
¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un poema. Como me dijo una vez alguien que amé: "No servís para nada, salvo para escribir un poema". Aunque también pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo hijos... Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero cantan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disolviéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios...
Diana Bellessi
La curva del tiempo
Fondo de Cultura Económica, 2025
sábado, febrero 07, 2026
Cuatro poemas de María Calviño
El pez
¿Por qué quise,
con la mano en el agua, traerlo
al aire?
Nada en el aire
le pertenece al pez.
Final de la lluvia
La única cuerda rota de la lira
muda; el agua la estira
y canta, y la suelta
y canta.
El humo
El viento trae olor
de maderas quemándose:
eucaliptus disueltos
mientras vemos subir, subir el humo.
Un árbol que crece sobre la luna
no se puede tocar,
pero bajo su sombra
desaparecen todos nuestros árboles.
Obra en construcción
Te diría que parecen animales
prehistóricos; las palas mecánicas
y grúas enormes cavan un foso
a dentelladas, con un ritmo propio.
Atardece en verano y brillan,
estiran sus cuellos metálicos
sobre el charco gredoso que dejó
una lluvia reciente. ¿Ves?, los parques
de diversiones de los pueblos chicos
también son así, tienen algo
de circo y algo de plaza. Ahora
esos hombres de ahí que
trabajan con los animales
comen su asado a punto
cerca del borde del foso casi terminado;
y más atrás, haciendo equilibrio
en los andamios
apenas instalados contra el muro,
otras personas con baldes
en la mano lo van cubriendo
de su mezcla gris. ¿Lo ves?, dicen
que aquí están construyendo un laberinto,
un laberinto, sí; abrí las alas.
María Calviño
Fin de semana largo
Bardos, 2022
miércoles, enero 28, 2026
Un fragmento en prosa de Beatriz Vignoli
2 de octubre de 2005
Pucha que no era tan fácil escribir sobre pájaros. Separan los indicios, estos bichos astutos. No es como en los dibujos animados de Disney, donde ves el pájaro cantando, no. En su vida semisilvestre, el pájaro canta escondido en la espesura. Si se deja ver, es que está muy alerta; y en tal caso está mudo. Los pájaros no son estrellas de rock. Los pájaros, como los analistas freudianos ortodoxos, se vuelven invisibles para decir lo suyo. O el pájaro audible, o el pájaro visible: una de dos, y que a la taxonomía te la arme Holmberg. Acá en la plaza hay unos que necesito saber cómo se llaman porque, si mis sentidos no me engañan, emiten un canto remotamente parecido al estribillo de "Yo soy la morsa" y quiero ponerlos en la nueva novela como remate del pregón del huevero. Sería una cita casi textual de los Beatles, armada cual ready-made o collage con elementos provistos por el azar objetivo. Cosa providencial, si las hay: mudarse uno al pasaje Holmberg, llamado así en honor a un injustamente olvidado escritor y naturalista argentino, y que la vida te cante un tema pop clásico...
Necesitaría una siesta.
"Dormir, tal vez soñar...".
Beatriz Vignoli
Kozmik tango
Editorial Municipal de Rosario, 2009
miércoles, enero 14, 2026
Tres poemas de Fernanda Jurado
Tuve un sueño
me tocaba jugar
la final de Roland Garros
no tenía chomba
ni pollera con tablas
usaba una remera
que decía bisexual.
Cuando hablo con alguien
que no conoce Melincué
uso las palabras de mi papá,
que es un pueblo que siempre se inunda
que la ruta es un desastre pero que la laguna
es el mejor lugar del mundo para los deportes acuáticos
que alguna vez nadamos con nutrias
ahora que puedo construir mi propia memoria
también cuento del día que salí de la escuela
y al llegar a casa me dijo
que fuera al patio en silencio
abrí el mosquitero despacio
y vi un flamenco rosado
acostado en el borde de la pileta.
A veces un lugar dentro de la ciudad
se me hace desconocido, te digo
ese restaurante parece de otro lugar
como si estuviéramos en Puerto Madryn o Córdoba
no sé si son las maderas, las mesas tipo comedor,
tampoco creo que quiera saberlo
a veces mejor extrañarse
hasta con el frente de una casa
el olor a comida, a piña
pino de la costa, ayer
fui a una biblioteca con pisos de madera
me acordé de la casa de Carola Ros
una amiga de la primaria
que tenía el mismo piso
y sentí que jugaba con los libros.
Fernanda Jurado
Ahora que no soy atleta
Editorial Municipal de Rosario, 2023
lunes, enero 05, 2026
Cinco poemas de Wang Anshi
Autorretrato
Es una mera ficción, como las pinturas de azur y cinabrio,
este mundo. Erramos un tiempo y nos hacemos polvo.
Las cosas no son más que lo que son. Es cuanto podemos saber.
No preguntes si esto que ahora soy es lo mismo que era hace mucho.
Flores de ciruelo a la orilla del canal
El sol calienta mi espalda. Me demoro cuanto puedo en el canal:
contemplo los fondos fragantes en esta estación de nieve luminosa.
Al caer la noche, ¿quién necesita un amigo? Vendré de nuevo
aquí, bajo la luna, a mirar los enredos de sombra.
Paseando en Montaña Campana
Dos cumbres de roble y pino y vides rojas. En medio de todo,
un arroyo. Perfecto como el paraíso de la Flor del Durazno.
Una nube de cantos a mediodía: hay un monasterio cerca.
A la luz del atardecer, vuelvo a casa sin haber visto a mis amigos.
Una noche de luna llena a mediados de otoño...
... impulsa las nubes sin rumbo, serenas como fajos de plumas.
Irradia ondas doradas en un vaso de vino rancio. Ha viajado
miles de millas a probar mi destreza en la poesía. Pero en este
altar de la noche, ¿quién puede igualar la gracia del viento?
enviado a Origen Vasto y mis otros hermanos
Enviado al pintor Nube de Salvia, en Río Sereno
Cuando ves en ti las ruinas del tiempo es fácil descifrar la verdad.
Quizá el pincel de Nube de Salvia conjure la esencia de mi ser verdadero,
pero trato de dejar Montaña Campana y no soy capaz. Si lo hiciera,
ese yo que aún no ha muerto se esfumaría para siempre.
Wang Anshi
Media montaña
Traducción: Ricardo Cázares
Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, 2025