sábado, febrero 07, 2026

Cuatro poemas de María Calviño

El pez

¿Por qué quise,
con la mano en el agua, traerlo
al aire?

Nada en el aire
le pertenece al pez.





Final de la lluvia

La única cuerda rota de la lira
muda; el agua la estira
y canta, y la suelta
y canta.





El humo

El viento trae olor
de maderas quemándose:
eucaliptus disueltos
mientras vemos subir, subir el humo.

Un árbol que crece sobre la luna
no se puede tocar,
pero bajo su sombra
desaparecen todos nuestros árboles.





Obra en construcción

Te diría que parecen animales
prehistóricos; las palas mecánicas
y grúas enormes cavan un foso
a dentelladas, con un ritmo propio.
Atardece en verano y brillan,
estiran sus cuellos metálicos
sobre el charco gredoso que dejó
una lluvia reciente. ¿Ves?, los parques
de diversiones de los pueblos chicos
también son así, tienen algo
de circo y algo de plaza. Ahora
esos hombres de ahí que
trabajan con los animales
comen su asado a punto
cerca del borde del foso casi terminado;
y más atrás, haciendo equilibrio
en los andamios
apenas instalados contra el muro,
otras personas con baldes
en la mano lo van cubriendo
de su mezcla gris. ¿Lo ves?, dicen
que aquí están construyendo un laberinto,
un laberinto, sí; abrí las alas.





María Calviño
Fin de semana largo
Bardos, 2022

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