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martes, julio 28, 2026

Cinco poemas de Patricia Gola

        Tu corazón
           es una bodega 
     oscura y húmeda
donde se espesa
     palpita y canta
           el encarnado vino






una avutarda -dijiste
¿una avutarda blanca?
sí, una avutarda
ahí parada en la punta
de un poste
en el agua
una avutarda
así nuestras vidas
silenciosas
miran
y no se cruzan
sueñan
y no se palpan






          la tierna albahaca
                 el áspero tomillo
  que sabe también ser oloroso
                 o el árido orégano silvestre
  y su primo hermano el romero
    hojas lanceoladas
               secas
           en agujas
  penetran perfuman
       se abren paso
  todos los olores
        todos los colores
     todos los frutos se parten en dos
  las semillas se derraman
        en mi palma
       y la nuez mariposa
           y la estrella anisada
               y la negra chía
el lino dorado o la linaza
  dejan su aceite
          su recia resina
  su huella oleosa
          una cama de té verde
  de jengibre y lavanda
       salta el diminuto ajonjolí
  al calor inclemente de la llama azulada
  y la cúrcuma naranja del desierto
  y el dulce pimentón de la vera Vera
       socavando cuerpo y alma
  todos los olores se abren
             a mi tacto
  las arrugas sensuales
       la dulce sonoridad
  de un canto antiguo
     penetra avanza horada
  y una cama de rosas y de sándalo
          de azafrán y melazas
           mieles morteros
     paños del cielo
             lágrimas
        todas las redes
          agujeros sin zurcir
  mosquiteros o tules de mi infancia
  entre el croar agitado de las ranas
           en la noche
     una noche de verano
          de estrellas vasta
             de calandrias
  se oyen voces allá afuera
                desaliños
                        exaltadas
  la persiana entreabierta deja
      pasar los sonidos
             las pisadas
  el aire caliente de diciembre
         ¿o era enero?
       y yo entreabierta
                 entre sábanas mojada
  se oyen voces de otras voces
        toses risas carcajadas
            y yo adentro
             y yo afuera
              sudorosa
          y en la cama
      escucho atenta la vida
  que como vino se acaba
          entre mi cuarto
             y la calle
  sólo media una ventana
  y yo entreabiertos los ojos
  sueño despierta en la cama
           por completo
             derramada







pajas bravas alrededor
pajas bravas que el viento
mueve entre bañados
un rumor
una marea
una tarde de otoño
o era entrado el verano?
o era un cielo combado de estrellas
una luna una noche
de aromos
sus flores
pequeñas
destilando
un amarillo tardío
espinas
un zumbido de insectos
una fiebre de sapos arañas y culebras
entre la maleza y el fango
la arena y el polvo
y en medio
ese vacío que hoy
te nombra

de dónde todo esto?
de dónde?







sólo una vez estuve
en el paraíso
volé tan alto
una vez
bastó
una ventisca
una ventana abierta
al cielo
una vez
una promesa
una latencia
un corazón
abierto
una vez bastó







Patricia Gola
Gérmenes
Salto de Mata, 2025

sábado, marzo 07, 2026

Un fragmento en prosa de Sonia Scarabelli

¿Pero en qué consiste esa luz del poema? Tiene que ver, ante todo, con una cualidad de la mirada.

Entre las peculiaridades que, desde mi punto de vista, diferencian la escritura de un poema de otras escrituras, hay en particular una a la que quisiera prestarle especial atención. Es la siguiente: el poema nunca cierra los ojos.

Si el viajero, dispuesto a la evocación, cierra los ojos para aproximarse a su objeto –a riesgo de hacer desaparecer el objeto mismo–, el poema, por el contrario, aun cuando su fuente sea una evocación, mantiene sus ojos intensamente abiertos, consagrándose sin pestañear a la actualidad devoradora de su imagen.

Y es que la imagen, que está lejos de ser en el poema mera impresión visual, despliega su ritmo de una manera tan intensa, capta hasta tal punto la densidad material, primitiva de las cosas, demanda tal grado de atención concentrada en el detalle, que la acción de cerrar los ojos no puede sentirse más que como un obstáculo o incluso un desgarrón en el cuerpo mismo de aquello que se disponía a comparecer.

Nacido de un momento de extraña sincronía, el poema se entrega a la contigüidad del verso no para confirmar la ley de la gravedad temporal que gobierna los sintagmas, sino para intentar un salto en el tiempo mismo y rozar ese sitio inefable en donde la materia, a pesar de no ser él otra cosa que lenguaje, le hace el obsequio de una misteriosa correspondencia.

Pero hay todavía algo más, y es que esa «correspondencia», lejos de garantizarle mismidad, lo que le ofrece, aunque sea sólo por un instante, es la oportunidad de salir de sí, de experimentar, en el seno mismo de la lengua, un cambio radical de naturaleza: volverse otra cosa, a saber, un lugar real, activo y habitado; entrar a formar parte con todo su ser de aquello que alguna vez Juan José Saer llamo «la masa fangosa de lo empírico y lo imaginario».

Desde la óptica del poema, entonces, el viaje adquiere una nueva dimensión. Es devuelto a lo real; de pronto, su desaparición ya no es el único destino que le reserva la escritura. Puede que el relato de viaje sólo alcance su plenitud en la medida en que el lugar desaparece; pero el poema es, en este sentido, terminante, lejos de procurar que el lugar desaparezca, lo que hace es demandarle una extrema visibilidad. El poema pone el lugar ante sí, y en ese gesto nos deja saber, no sólo que «ha estado allí», sino que en cierto modo ese lugar le ha hablado, le ha hecho la donación de su presencia singular que él intenta ahora preservar, sostener en su misma fragilidad, igualmente expuesto al olvido y a la disgregación.





Sonia Scarabelli
La orilla más lejana
Editorial Municipal de Rosario, 2009

sábado, febrero 21, 2026

Cinco poemas de Diana Bellessi

Rayos y relámpagos

A Ingrid Proietto


Llueve como si fuera la última tormenta
aquí en Zavalla y los truenos hacen temblar
la casa mientras una oscuridad se agita
al mediodía y se acaba la yerba
así que tomo agua verde frente a los jazmines
que a la pared negra se acogen de esta
tormenta cuando suenan Los Palmeras
en la radio de pila y ahora un vallenato
llenando de alegría mi corazón
como los que viven en el cielo
después de la última tormenta





Lucy

No estuve en Afar
pero cuando vi tus huesitos, querida Lucy,
en el museo de Addis Abeba
me hicieron reír y llorar
y te vi, caminando ágil por la foresta
bajo un cielo de diamantes!
Tan pequeña y tan hermosa
con tus veinte años y el bozo suave,
dorado de tu cara, hermanita mía,
hace tres millones de años
cuando empezabas a sonreír y a cantar
por todos nosotros que veníamos
atrás de vos, mi pequeña,
tan remota como lo soy yo misma
frente a estos chicos de diecinueve
aquí en la isla cuando el medioevo
vuelve con sus pestes en masa
y yo te canto, mi Lucy in the sky
with diamonds!





Vengan al África

Me pongo para dormir
mi vieja camiseta
de jirafas y elefantes
y veo tras la ventana
esa pavita de monte
que grazna entre los sauces,
pienso entonces en aquellos
hermosos burros de Etiopía
que se prendieron gráciles
al corazón bailando
sobre el polvo abisinio
como un verso de Rimbaud
por el aire, traídos
de España o de Italia
pensé, pero no, eran
de allí estos salvajes
equinus con sus patitas
rayadas como cebras,
¡caballito africano
de color oro viejo
bañándose en el polvo!
Tan de allí como de aquí
las pavitas de monte
o los capibaras,
roedores gigantes
de los pantanos vengan
al África que casi es
como venir a América
tan rara y tan cercana
al propio corazón





Suena como un rumor

Ayer te vi
en unas fotos del celular
y estabas tan bella que no sé
cómo pude perderte
amándote tanto,
qué hice mal
porque en aquella carita
todavía me querías
y ahora ya no

Qué pasó,
cómo arruinamos
lo que más amamos
y sin saberlo por Dios,
si hablo de las lagartijas
pequeñas que se ven
en esta casa parecen
tan hermosas como vos,

aunque todo
lo repele el poema
desde que empezaste a irte
y me quedo solo
con mis huesitos viejos
que amenazan romperse
y ya no hay furia ni deseo
como en mi juventud,
decirte te quiero
suena como un rumor
lejano que escucho apenas
aunque no sé, estás aquí

con esas formas raras
de estar en el tiempo
y ya no te irás de mí,
amor del final
de mi vida





Por qué te abrazan, por qué te aplauden...

¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un poema. Como me dijo una vez alguien que amé: "No servís para nada, salvo para escribir un poema". Aunque también pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo hijos... Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero cantan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disolviéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios...





Diana Bellessi
La curva del tiempo
Fondo de Cultura Económica, 2025

sábado, febrero 07, 2026

Cuatro poemas de María Calviño

El pez

¿Por qué quise,
con la mano en el agua, traerlo
al aire?

Nada en el aire
le pertenece al pez.





Final de la lluvia

La única cuerda rota de la lira
muda; el agua la estira
y canta, y la suelta
y canta.





El humo

El viento trae olor
de maderas quemándose:
eucaliptus disueltos
mientras vemos subir, subir el humo.

Un árbol que crece sobre la luna
no se puede tocar,
pero bajo su sombra
desaparecen todos nuestros árboles.





Obra en construcción

Te diría que parecen animales
prehistóricos; las palas mecánicas
y grúas enormes cavan un foso
a dentelladas, con un ritmo propio.
Atardece en verano y brillan,
estiran sus cuellos metálicos
sobre el charco gredoso que dejó
una lluvia reciente. ¿Ves?, los parques
de diversiones de los pueblos chicos
también son así, tienen algo
de circo y algo de plaza. Ahora
esos hombres de ahí que
trabajan con los animales
comen su asado a punto
cerca del borde del foso casi terminado;
y más atrás, haciendo equilibrio
en los andamios
apenas instalados contra el muro,
otras personas con baldes
en la mano lo van cubriendo
de su mezcla gris. ¿Lo ves?, dicen
que aquí están construyendo un laberinto,
un laberinto, sí; abrí las alas.





María Calviño
Fin de semana largo
Bardos, 2022

miércoles, enero 28, 2026

Un fragmento en prosa de Beatriz Vignoli

2 de octubre de 2005

Pucha que no era tan fácil escribir sobre pájaros. Separan los indicios, estos bichos astutos. No es como en los dibujos animados de Disney, donde ves el pájaro cantando, no. En su vida semisilvestre, el pájaro canta escondido en la espesura. Si se deja ver, es que está muy alerta; y en tal caso está mudo. Los pájaros no son estrellas de rock. Los pájaros, como los analistas freudianos ortodoxos, se vuelven invisibles para decir lo suyo. O el pájaro audible, o el pájaro visible: una de dos, y que a la taxonomía te la arme Holmberg. Acá en la plaza hay unos que necesito saber cómo se llaman porque, si mis sentidos no me engañan, emiten un canto remotamente parecido al estribillo de "Yo soy la morsa" y quiero ponerlos en la nueva novela como remate del pregón del huevero. Sería una cita casi textual de los Beatles, armada cual ready-made o collage con elementos provistos por el azar objetivo. Cosa providencial, si las hay: mudarse uno al pasaje Holmberg, llamado así en honor a un injustamente olvidado escritor y naturalista argentino, y que la vida te cante un tema pop clásico...


Necesitaría una siesta.

"Dormir, tal vez soñar...".





Beatriz Vignoli
Kozmik tango
Editorial Municipal de Rosario, 2009 

miércoles, enero 14, 2026

Tres poemas de Fernanda Jurado

Tuve un sueño
me tocaba jugar
la final de Roland Garros
no tenía chomba
ni pollera con tablas
usaba una remera
que decía bisexual.





Cuando hablo con alguien
que no conoce Melincué
uso las palabras de mi papá,
que es un pueblo que siempre se inunda
que la ruta es un desastre pero que la laguna
es el mejor lugar del mundo para los deportes acuáticos
que alguna vez nadamos con nutrias

ahora que puedo construir mi propia memoria
también cuento del día que salí de la escuela
y al llegar a casa me dijo
que fuera al patio en silencio
abrí el mosquitero despacio
y vi un flamenco rosado
acostado en el borde de la pileta.





A veces un lugar dentro de la ciudad
se me hace desconocido, te digo
ese restaurante parece de otro lugar
como si estuviéramos en Puerto Madryn o Córdoba
no sé si son las maderas, las mesas tipo comedor,
tampoco creo que quiera saberlo
a veces mejor extrañarse
hasta con el frente de una casa
el olor a comida, a piña
pino de la costa, ayer
fui a una biblioteca con pisos de madera
me acordé de la casa de Carola Ros
una amiga de la primaria
que tenía el mismo piso
y sentí que jugaba con los libros.





Fernanda Jurado
Ahora que no soy atleta
Editorial Municipal de Rosario, 2023

viernes, noviembre 07, 2025

Tres poemas de Florencia Giusti

Es invierno ya en las fotos
de las chicas que tengo en instagram


Algunas son ilustradoras
otras poetas
otras no sé.
Están sonriendo frente a playas o parques
hay viento
y tienen pequeños sweaters abrochados un poco.
Posan con sus perros junto a sus novias, novios, amigas
o hermanos, desde un atardecer
en medio algunas montañas
otras junto a sus libros
cafés recién hechos
y apuntes del segundo semestre.
Parece que está llegando el invierno en las fotos de las chicas
que tengo en instagram
con el pelo suelto
usan remeras mangas largas
con encima vestidos brillantes.
Algunas deben mirar mis fotos de primavera
envueltas en bufandas,
abajo de sus cobijas
de lana mullida
despiertan a la madrugada con ganas de tomarse un ice cream,
miran desde su ventana la nevada con chocolate caliente,
la noche de navidad tienen el instagram abierto para
contarle cosas lindas al mundo
ponen stickers temporales
y #merrychristmas.
Las chicas suben fotos de sus novias
recién salidas de la ducha
con batas blancas
encima de su pelo
un toallón enrollado color rojo
fotos de batidos y pajitas de dos colores.





Hay una fuerza en lo que se dice
que equilibra el peso de lo que se hace


Todas tus cosas las sacaste de un estante
pusiste dos libros encima de una mesa
viajaste conmigo por el cielo abierto de la costanera.
Usaste mi canasto para llevar tu ropa
era un día de mucho viento
y jugábamos a viajar en bicicleta.
Todo es más completo cuando es más simple.
Las respuestas no están
en hacer yoga ni decir
de qué color es el amor.
No tengo una estrategia que me permita mentir en este poema.
No quiero desaparecer
haciendo ambigua
la primera persona.
Alguien dice que las palabras son como llaves.
Y eso está
en un poema que leímos las dos.





Ya nadie lee poemas en Facebook

Quizás, chica, no lo sabés
pero en el fondo de una tarjeta SD
hay una foto tuya
que nunca consentiste.
Una foto de hace muchos años que un desconocido guardó
para hacer quién sabe qué.
Un video bailando
entre la oscuridad húmeda de algún bar.
En un celular viejo
hay una foto
de nuestras tetas
¿si la vieras reconocerías tu cuerpo fragmentado?
En el submundo de alguna máquina vieja
está descansando esa foto
de la que nunca sabrás su autor ni el lugar ni la hora,
capaz que estabas caminando
y alguien la sacó,
ese destello
se confundió con algún loop de luces
de esas que hacen de una canción punchi punchi
un stop motion de nosotras mismas.





Florencia Giusti
perros estrellas canciones
Editorial Municipal de Rosario, 2023

martes, enero 28, 2025

Cinco poemas de Mercedes Roffé

A veces

Se dice cuando
no siempre se puede algo
un hábito o costumbre
no muy frecuente
no de todos los días
–tampoco nunca
Se dice cuando de vez en cuando algo
como sentirse triste o solo o feliz o hermosa
sucede como decir cada tanto
un día sí dos no
un día sí tres no
pero no regularmente
no cada dos días
ni cada tres
ni todos los sábados
ni los jueves
ni dos de cada cuatro viernes
sino por ejemplo un viernes
y luego no
y luego, dos semanas o tres más tarde
otra vez
y luego no –cinco días o seis o quince
y luego sí

Suele también suceder
que llegamos a olvidar por un tiempo algo
a alguien
y de pronto lo vemos, pensamos, lo tenemos o recordamos
o echamos
otra vez de menos
después de un tiempo
y después de un tiempo otra vez
y otra vez después de cierto tiempo

O se dice a propósito
de algo que sucede
por lo general en el alma
como un ritmo
o con un cierto ritmo
que por lo general ignoramos
que, más bien, reconocemos
cada vez
y cuando recordamos que cada tanto aparece
que ya van varias veces que aparece y lo reconocemos
entonces decimos que sucede
cada cierto tiempo
cada cierta medida
de un tiempo que desconocemos
como querer cantar o enamorarse
como sucede la lluvia

a veces





Situación con teléfonos

Alguien habla por teléfono. Otra persona lo/la mira con admiración, embobamiento. La persona habla por teléfono para quien la mira. En el otro lado de la línea no hay nadie.





Situación para romper un hechizo

Acuéstate
               –boca arriba
como si fueras a morir
o a darte a luz.

Remonta
la cuesta de los años
en lo oscuro.

Llega al umbral
        traspásalo / sumérgete
en la honda, estrecha, escala del olvido.

Dime qué ves.
Enfréntalo / enfréntate
a quien eras antes aun de la memoria.

¿Te reconoces?
Continúa.
Sí, reconoces ahora el camino
que te ha traído hasta aquí.
Su nitidez lo delata
       –un sueño azul que se proyecta en la pantalla
       azul del tiempo
       y va cobrando sentido.

¿Te ves?
Pregúntale por qué y acéptala
–cualquiera sea la respuesta.

–He venido a decirte adiós –responde.
No digas más que eso
sin saña
sin violencia
sin rencor alguno.

Intentará retenerte
volver a responder lo que ya sabes
lo que ya le has oído
quizás de otra manera.

Baja los ojos y crea
–con la mirada solo–
un reguero en el suelo
–un surco de tierra húmeda y cenizas.

Verás alzarse un fuego
una pared de fuego
–un fuego frío–
entre tú y tu fracaso.
Despídete.
Dale la espalda.
Vuelve a tomar el camino
      –el mismo:
      el sueño azul sobre el azul del tiempo.

Remonta los peldaños de la escala honda, estrecha.
Llega al umbral
traspásalo y desciende
la pendiente oscura de los años.

Vuelve a tu cuerpo
¿sientes? –un dolor en el vientre o en el pecho
como si algo de ti te hubiese sido arrancado
te anuncia que has vencido.

El dolor se irá
tú quedarás contigo.

(La memoria del hueco
te seguirá adonde vayas.)





Canción de las niñas bobas
(Codex Calixtinus)

una ronda
una ronda de niñas
               cansadas
               desaliñadas
una ronda de niñas tristes

*

un recreo de niñas juiciosas
               hacendosas
un canto de obediencia y buena
               educación
               buenas
               maneras

*

las niñas repiten la letra
     iiiiiii
las niñas repiten la
     ooooooo
luego unas sostienen la
     mmmmm
como el pedal de un harmonio
mientras las otras pasean

*

parece que les dijeron
                         que se callen
                         que canten
                         muy bajito

como en enaguas

*

–me gusta la libertad
        –dice una, poniendo cara de pájaro
y abriendo mucho los brazos

–a mí también
        –dice otra
y se encierra en su cuarto

*

hay dos insoportables
y su voz es más aguda
que las otras

*

–¿te acuerdas de la copista?
la que derramó la tinta
sobre tu vestido
–no

*
una ronda
una ronda de niñas exhaustas
        desangradas

un recreo de sombras
deslizándose
                  en ángulo
por la pared





La Conférence des oiseaux
(M. Levinas)

ópera
como agua
como pulirse de rocas
pebbles : cailloux :
unas con otras
–contra otras

y un
narrador
como aquel cuando chicos
        –Pedro y el lobo
que tanto miedo nos daba
        –no el lobo:
el narrador





Mercedes Roffé
La ópera fantasma
Vaso Roto, 2012

sábado, septiembre 28, 2024

Tres poemas de Yaki Setton

Langosta (fragmentos)

Se ríe sin saber por qué y se relame
en la alfombra de la arena
en la que se revuelca
una y otra vez,
una y otra vez, hasta morir.





Gregaria, hacés vuelos solitarios
por este desierto que nada promete
salvo el silencio, el blanco vapor
de la arena blanca e infinita.
¡Ahí flotás! y te dejás llevar.
Adónde.





Sí, tus antenas tiemblan
ante todo lo que vibra.
Mirás al cielo,
¡oh, cúmulo de nubes!
Esperando qué.





Ahora de nuevo inmóvil.
¿Estás viva? Nada se altera
en tu delgado cuerpo mientras
el viento desértico lo atraviesa
y se mete entre las nervaduras
de tus alas. Pesan.





Soy ella. Soy vos
y mi cuerpo se enerva
y tengo abdomen, coxal,
tibia, fémur, tarso.





Muda

Es un momento exacto.
Cuando ya el esqueleto tan rígido
asfixia y ninfa ya no podés ser. ¡Sí!,
necesitás salir y nada de alimento.
No respirás. Segregás líquido de muda.
Las alas comienzan a desplegarse,
salen por fuera del tegumento,
y se desgarra lo que te une a ellas.
Tus largas patas traseras con sus fémures
aún blandos se doblan para facilitar
la liberación de las tibias. Luego, estiradas
empujan y abandonás la antigua cutícula ninfal
–ningún quejido, ningún grito–; cae el inútil
pesado manto. Quedás frágil, desnuda,
dejás de ser joven para ser adulta.
Empezás a bombear tanta hemolinfa
por las nervaduras que al fin devorás
de vos misma todo lo viejo que sobra.





Extravío

Y aunque no quiero estoy aquí.
Estoy porque no existe otro lugar
en el que puedas vivir sin respirar
a cielo abierto. ¿Sentís el olor de la grama
y de la sangre seca tan lejana a pie
y tan cercana en vuelo? Somos una nube
extranjera y perseguida, una bandada migrante
sin rumbo. Yo soy esa. Miro a un costado
y veo nuestras alas largas con su halo pardo,
con sus tibias azules. Ellas se extienden,
vibran mientras volamos y desde abajo
se adivinan los dibujos oscuros del abdomen,
¡parecemos, pero no somos pájaros!
Porque soy una langosta entre las otras
doy vuelta de a poco mi rostro de lado a lado
miles, miles y miles; ya no habrá descanso,
tampoco habrá cansancio.
Kilómetros y kilómetros planeamos sobre el desierto
sin prisa ni pausa, raudas, hasta tapar el sol,
oscurecemos la tierra. Octava plaga tras el fuego
y el granizo. ¡No dejemos nada!





Yaki Setton
Langosta
Bajo la Luna, 2023

sábado, septiembre 07, 2024

Tres poemas de Alicia Genovese

Simetrías (las improvisaciones)

Una simetría radial perfecta,
una proporción áurea
la del nautilus
visto en la quietud
de una vitrina.
Pero al bajar buceando
al mar profundo
las cámaras de su caparazón
se dilatan, el descenso
pone a prueba
su ser proporcionado.
Exactas
se reproducen al abrirse
las alas de una mariposa
pero sucede
el vuelo a contraviento,
las posiciones inseguras
en la arritmia que hace
saltar el corazón.
La regularidad, la equidistancia
fueron dadas quizás
para enfrentar a diario los accidentes,
esos otros equilibrios a inventar.
Aunque la forma se mantenga a escala
irrumpe
la materia súbita del mundo,
la ráfaga que desafía
la armonía estática,
la corriente que altera
la perfección de la fijeza.
El movimiento es el tema
me digo esta mañana
mientras ordeno la casa
como los casilleros del nautilus
mientras miro hacia el hueco de salida
oliendo un néctar.
Repito notas
como en la melodía de un standard
que tantea su fuga:
su inmersión, su viento cambiante.
Hay un pentagrama en blanco
en las improvisaciones
una felicidad aún informe
en la vía venturosa
hacia ninguna parte.





Simetrías (emparejamientos)

Podría hacer una colección
con todos los aros
de los que perdí el par.
Uno estilo andino, otro árabe
de Granada, uno largo con semillas
del monte chaqueño.
Perfectos, con esa belleza hierática
de los solos.
Perdí un aro de plata
engarzado en el centro a un lapislázuli
y el mismo artesano me hizo otro igual.
Tiempo después saltó
el aro perdido de una hendija
en el baúl del auto.
Tres aros iguales
tengo ahora y siempre un faltante,
un pendiente solo que me observa enigmático.
Caminaba hacia el subte
y pensaba en el poema
que podría escribir
a partir de los aros inútiles que guardo,
pares ausentes, emparejamientos erróneos.
No podía detenerme a tomar notas
y pensé que no sería igual
escribir a mi regreso,
habría cosas que no recordaría,
pormenores bajo la humedad dulce
de los árboles en otoño, asociaciones
ligeras como gotas que salpican al caer.
La falta deviene inevitable,
la tarea pertinaz por la armonía
choca con la evanescencia de las cosas.
En su puerta a futuro abren
la morada de lo asimétrico.





El círculo del equilibrio (lo que se abre y contiene)

Llegué asoleada
bajé de la lancha
en medio de un calor sofocante
que me hacía estallar la cabeza.
Me cambié, busqué un muelle
no había nadie, el agua
estaba alta, quieta
y me sumergí.
El río se abrió en un círculo
con la frescura y el silencio
que solo un río contiene.
En la orilla gastada
por el golpe de las marejadas
un plátano gigante
mostraba sus raíces,
las estiraba hacia el agua
mientras yo,
semisumergida también,
extendía los brazos al nadar.
Su tronco robusto y manchado
parecía la cara de un tótem
y agradecí
ese rincón resguardado,
en esa hora en la que había olvidado
de dónde venía, cuánto amaba flotar.
En esa hora en la que fui
tocada por el río
y por los peces
que lo habían atravesado
con la vida sensitiva de sus escamas;
tocado el cuerpo desde un río
por las alas transparentes de los insectos
posados entre los reflejos de la superficie,
tocada por los juncos
que se balanceaban en la costa
en el ida y vuelta del oleaje.
Agradecí estar en ese círculo
tener un lugar entre las mareas.
Agradecí ese lazo anudado
que desaparece y aparece
para volver a abrazar.
Después subí
por los escalones del muelle,
resucitada
entre el frescor del agua
y mis huellas se tornaron visibles,
por un momento húmedas
sobre las maderas resecas.





Alicia Genovese
La invención del equilibrio
Fondo de Cultura Económica, 2024

martes, mayo 28, 2024

Tres poemas de Pablo Koss

Hoy recordé una heladería
Peatonal, oscura y vieja
Vasos verde azulejo de baño, el rosa fluo que dice
Helado
No hay un solo recuerdo que me abandone
La fuente de inoxidable
Cucharitas de colores censuran los gustos
Ojalá supiera leer
Había espejos en los que nunca me encontré
Se fueron por el mismo resumidero
que tragó la ubicación exacta
de la heladería
Hay baños de chocolate
Hay patios pequeños en una casa que lo contiene todo
Tengo la edad para saber que es un
mostrador de mármol y sobre él
mi vieja pasa el helado
Rezuma el resumidero
Aguas
Todo es un poco negro cuando te quiero encontrar
Hay peatonales que crecen y desaparecen
Heladerías
Algo se derrite y mi viejo siempre trae servilletas
Algo se pega
Otro cono que cruje en el recuerdo
Otro límite que no se extraña en la habitación
Otro día que pasaba sin extrañar esa heladería







Un churrinche que vuela en un día nublado
Un truco de magia de mi viejo
Mi vieja y la sopa de avena
El desierto de Atacama iluminado por la luna
Mi abuela cantando "... todo todo se olvida"
El primer gato que me adoptó parado afuera de la ventana
Enterrar las formas de una abuela que todavía se puede abrazar
Cuando me levanté y me sentí en paz
Las tardes con discos en la casa
Las tardes con bandas en la casa
La máquina de escribir
El primer colectivo de la pandemia
Un pasillo que tiene un espejo
Un hombre parado dentro de un archivo
Un hombre que mira las moscas
Una mosca que se descompone en el banco
Llamen una ambulancia, sus amigas la socorren
Le muestran los fundamentos del vuelo
La zamarrean, la protegen, la reaniman
En este archivo sólo se repiten momentos felices







El tiempo está detenido, lo agarraron robando
Pide perdón, el mostrador del chino dice que ese señor roba conservas
Reza, reza, el cartel muestra el tiempo y su botín
El frasco de los deseos
Dice que lo consuman preferentemente antes de
Vencer ¿Eso quise decir?
Qué caro coctel, todos cuadraditos
Supuestamente es pera
Quizá sea piña
Mucho durazno, una cereza
El líquido saturado de azúcar y restos
Todo sabe igual cuando se guarda en latas
Deseos conservados
Fruta guardada







Pablo Koss
Poemas inéditos cedidos por el autor para Nueva Provenza

jueves, marzo 14, 2024

Siete postales de Leandro Llull


Sobre la Rambla

Baja la vista,
se concentra en el café:
sabe que la luz sigue ahí,
brillante y feliz,
aunque no la mire.





Les Nabis

No fueron escuela ni movimiento. Tampoco generación. Pintaron como niños cuando se les da en la clase la felicidad del tema libre.





The mist

En la base del Vesubio nos dicen que en la cima no se ve nada, pero ya estamos aquí y subimos. A los pocos metros, la blancura lo borra todo. No hay paisaje, solo nuestros pasos en la grava. Agua, vapor y viento; todavía escucho mis pies entre las nubes.





Lo supuesto

En la tarde oscura y húmeda de León, sorprendimos a un pavo real junto a los patos. Ni abrió su cola ni agitó las alas, lo único que hizo fue quedarse parado sobre el travesaño de la cerca. No necesitó mostrar los mil ojos del plumaje: le bastó con estar ahí, sabiendo que nosotros conocíamos su hermosura y no deseábamos conquistarla.





Rachmaninov

Desde los asientos que pudimos pagar no se veía a los músicos. Estábamos justo arriba del escenario, en una especie de balcón, y la obra subía hasta nosotros como un perfume. Su humo atravesaba las fibras de nuestra imaginación.





Juventud

Hay un punto en el que nos damos cuenta de que, cuanto más grandes somos, más nuevos nos volvemos. No solo en retrospectiva cronológica, sino en evolución de espíritu. Mientras estamos cerca del nacimiento, más herencia que rechazar. En cambio, el hueco de la muerte nos obliga al despojo y al olvido. Es ante el borde negro que la propia lengua aparece, sus balbuceos amnésicos de toda gramática. Todo canto joven es fruto del añejamiento de su boca.





La gratitud infinita

En el jardín del museo Thyssen hay una bandera con un cuadro de Magritte. Son dos de sus famosos hombres con bombín. Están de espaldas y caminan suspendidos en el aire. Mientras conversan, andan livianos, como recordándonos que las palabras nos despegan de la tierra.





Leandro Llull
Otra luz
Bardos, 2023

domingo, enero 28, 2024

Un poema de Julia Díaz, Mayra Giménez y Gisella Rivas

Kartoner@s

Hoy te voy a dejar momentos
por los q pasamos lxs kartonerxs
hoy voy más kon la pura y cruda realidad
de esos momentos de mierda
q tenemos q aguantar
Uno labura de lo q puede
y hay veces en las q no hay elección
Me ha tokado kartonear
en un auto enganchado a un tráiler
y tracción a sangre
(karro y kaballo)
exigiendo a un pobre animal
a q kada vez q veo algo amenazante
q korra
y pareciera q lo hace
por nuestras vidas
Y pienso así por pensar
si será q se da kuenta de q algo sí o sí
tenemos q kargar...
Otros van
en kamiones y kamionetas
kolgados komo monos de un árbol
por q no hay lugar
y las prioridad es laburar...
Otros tiran de un karro a mano imaginando
q korren la maratón caminando kilómetros y kilómetros
todos kon ojos de alkón
poniendo a full todos los sentidos
cruzando de provincia a kapital
y volviendo de kapital a provincia
haciendo lo mismo una y otra vez
komo si fuese
un církulo vicioso
del cual no podés salir
Y no
la verdad
la mayoría de las veces no podés salir
una vez q arrankás
ya está, listo, fue
sos un ciruja
no importa q tanto te esfuerces
siempre vas a terminar donde empezaste
Te mentiría si te digo
q el cien por ciento
de la gente
nos trata bien
kuando nos cruza.
No, ni ahí!
Es komo si lleváramos una marka de nacimiento en la frente
q dice "putiame q aká estoy kartonero soy"
Ahí es donde todo me deskoncierta.
Digo
pero la puta madre
si laburo es por q laburo
es laburo
no jodamos.
Q me preferís drogada
en una eskina? Choriando
y rompiéndote la kabeza para ir al tranza?
Dejándote deskalzo
y sin celu
por q no se me kanta el orto ir a laburar y es más fácil robar?
NO... parece joda
pero no lo es...
Las kosas q nos gritan...
Negro de mierda
¡Andá a laburar!
Kabeza y la koncha de tu madre,
dejá de revolver la basura, gil...
La kulpa de q estés cirujiando
es de la konchuda de tu mamá
q no te mandó a estudiar
seguro debe estar chupando pijas por ahí,
metiéndole los kuernos a tu papá
Eso es lo más suave
q recuerdo
El diccionario no me alkanza para seguir.
Y si sos mina
mucho peor
nunka falta el pelotudo
q pasa ofreciéndote diez mangos
para q le chupes la pija
literal
y los porteros de los edificios igual
nunka falta
el q te kiere dar
kartón a kambio de algo
¿Y los kabecitas
y negros de mierda
somos nosotros?
No sé... tendríamos q volver a repensar
todo de nuevo
Ojo...
tampoco nunka falta
la gente buena
esa q te llama kon buena onda
y hasta te ayuda a kargar las kosas
O esa q te dice
q aká la vuelta
tiraron un kolchón
fijate si te sirve kapo
La q te invita
un vaso de agua
o un par de galletitas
O esa q pasa y te deja una bolsita kon un jugo
y un sanguchito
O esa q tan solo te saluda kon un
buenos días
buenas tardes
buenas noches
Esa gente
te llena el korazón
Te hace dar kuenta
q no sos invisible
Te hace entender
q tenés q seguir
sin importar qué.





Julia Díaz, Gisella Rivas y Mayra Giménez
Orgullo kartonerx
Belleza y Felicidad Fiorito, 2022

sábado, octubre 28, 2023

Tres poemas de Paula Jiménez España

El viaje

En la selva, esa noche
había tomado el jugo de una planta
más amargo que el vino y concentrado
como una medicina o un veneno
y al rato de beber, supe
que era yo la que trepaba ante mis ojos
mientras otros cantaban
que era yo
la que subía como una enredadera
por el tronco de un árbol
y era yo la que después bajaba
y más tarde subía
todas las veces necesarias, o sea
durante el tiempo total de mi vida.
Es difícil contarles
el empeño con que abrazaba esa corteza
clavándole las uñas que la descascaraban.
Mis garras eran fuertes como las de los gatos
pero al caer me hice liviana, y repté
sedosa por la tierra.
Era la madrugada
cuando cedió su efecto esa bebida
y me dormí.
Por muchos días
las imágenes de aquella noche
quedaron en mi corazón
lo hicieron dulce como los duraznos
que brotan en la rama y se deshacen
en la boca sagrada de la vida
después de cada invierno.





Música

En un cartón pintado
hacía sonar las negras
y las blancas del piano
bajo la sombra
de un olivo, por un rato
olvidado
del estruondoso cielo
de la guerra. En las cajas
de los parlantes viejos
del cine de mi pueblo
vibraba la canción
de los dos gallos que decía
si es que yo miento
que el cantar que yo canto
lo borre el viento.
Del otro lado
de sus párpados fruncidos
el camarada
imaginaba un teatro lleno,
la emoción en las caras
de la gente, el calor
de los aplausos.
Tu milagro
se le parece, hija.
Para mí también sos ese pianista
que en estos días amargos
del claustro me hace libre
con un pequeño, extraordinario
xilofón de juguete.





Librería El sol

¿Quién, además de mí,
te está extrañando?
Si Franchko ahora con vos
baila la polka en el salón
de los ancestros varsovianos.
¿Te habrá llamado
Vilma? ¿Te habrá dicho
cuando te vio llegar Hermana
no lamentes el mundo que dejaste?
En medio de la guerra, partisanos
como peces pegados a la proa
huyeron de las orcas del Atlántico
y en el vaivén del agua,
respiraron
una marca de lápiz
en el mapa. Se llamaba Caseros
la tierra prometida, en honor
a la batalla que acabó
en el exilio de Juan Manuel de Rosas
(se fue derecho
al continente donde ustedes
nacieron en los años
de la desgracia ardiente, como estos).
Pero era un barrio: un barrio.
Una esquina estratégica
donde ofertar cuadernos
a los chicos que entraban a la escuela.
Yo te recuerdo a vos, muñeca eslava
y lo recuerdo a Franchko, con su gesto
de mesura y simultánea simpatía
hablando en voz bajita del trazado
de un Faber o un Staedtler
con la paciencia lunga de la gente
que se la pasa
bien con su trabajo. Del otro lado
del mostrador vidriado de Librería El sol
un universo vasto de compases, escuadras,
portaminas y un microscopio negro
que me hizo dudar la vocación
cuando junté moneda tras moneda
y lo llevé a mi casa.
¿Y quién de ustedes dos
sera que me vendió la pluma Scheaffer
esa tarde de muerte de tan fría
para que asome
su rayito de tinta en el renglón
una poesía?





Paula Jiménez España
El cielo de Tushita
Salta el Pez, 2022

sábado, octubre 14, 2023

Cinco poemas de Leandro Llull

Azul, fugaz, marina

Y si tuvieras que elegir
entre la mariposa y su sombra,
¿a cuál atraparías?

La primera
blanda y pesada, de seda
se desliza entre las olas del limonero,

la otra
nada en las paredes,
azul, fugaz, marina;

son alas de dos mundos,
planos agitados ante vos al mediodía

como si la noche
pudiera estar y no verse.





Bandada

Había llovido.

Yo miraba la bandada
retorcerse y expandirse
como una bandera
en las cintas de azul profundo.

Veía, negras, las palabras
volar desde tu voz
en el silencio.





Calistemo

Era primavera. Yo leía
bajo el calistemo y él
soltaba sobre mí
una cascada de semillas.

Todo ocurría tan rápido
dentro de esa lluvia,
que me sentía latiendo
en el cuerpo de un haiku.

Las largas cortinas del árbol
todavía velan la sombra
del hombre-pájaro en su jaula.





Derrumbe en el club de pescadores

Íbamos a ver los atardeceres, la luna blanca
como una madonna en el cielo celeste,
el humo ascendiendo con su velo.

Vi las mesas, los bancos partidos
como una campana, escuché tu voz.

Todo eso
que se había perdido entre los años
y ya era irremediable.





Baño de luna

Fue salir al patio con la perra
y ver detrás de la pared
la sombra blanca inundando
el damero de baldosas.

Podríamos haber dicho «es la luna»,
su gran círculo encaramado en el cielo,
pero lo que había era una sábana
liviana como la de los cuerpos que se salvan

y no queríamos pisarla.





Leandro Llull
Luna del cazador
Bajo la Luna, 2023

lunes, agosto 07, 2023

Cuatro improvisaciones de Arturo Carrera y Gerardo Jorge


"Con las manos vacías"

El trabajo de la historia y la gestión de la cultura adocenan, borran los desvíos, otorgan títulos e incluyen en la "marranada", jerarquizan incluso a suicidas, marginales y desertores, presentan como estrategia lo que no lo era; pero Williams escribió en una notita para Paterson que su libro era

     "una contestación al Griego y al Latín con las manos vacías".

     Presentar un poema con una expresión así, propia de una comida o de una chanza, "con las manos vacías" como quien dice "¡no vengan con las manos vacías, eh!" o "¡de acá no se va nadie con las manos vacías!", es ya un reverso de aquella política. El médico de pueblo se quejaba de las exhibiciones eruditas, del culto a la antigüedad en la poesía moderna cosmopolita, y quería más bien penetrar en qué era ser "americanos", evocar una presencia, recrear la inteligencia de una tierra brotada de poemas-flores, de asfódelos, crisantemos y cosas concretas como botellas y carretillas arrojadas sobre el campo o en el fondo de una casa.

     Como si dijéramos: plantear una concepción del poema desde la desposesión. Flores que rápido mueren, la imagen de las manos, su vacancia, nos recuerda el comienzo y también la reacción frente a algo que amamos, pero se escapa.

     Y sin embargo, más allá de todo tesoro, de toda acumulación, esas manos vacías también son capaces de incluir el mundo y la historia. Porque los cargan en los callos, en las líneas, porque lo soportan, es cierto: pero sobre todo por su franca disponibilidad:

     contestar con las manos vacías, como quien da una poesía-mano, es ser capaz por eso mismo de ir al encuentro, de asir lo que haya, de abrazar algo ignorado.





"Estética de momento límite"

Hay poemas que ofrecen su estética de momento límite; de a momentos, como sucede ahora, advertimos que estamos escribiendo en un momento límite; y que los poemas tienen algo que le falta a la lengua; tienen esa mínima parte de acción que refuerza a tientas nuestro apoderamiento de la realidad en este mundo. De manera que, con un mismo movimiento de helicoide que sube o baja o se deshace, entrega en la luz, ciegamente, imagen por imagen, eso que nos retira a cada instante del mundo: esa parte de la lengua que se exilia en el misterio de las hablas y que le falta al misterio de cada uno. Pero también nos estrella contra otro dominio del lenguaje. Ya no la "poesía" entre comillas sino su pérdida; ya no el saber sino los incontables sujetos; ya no la palabra sino su rumor en el agua:

     poética de quien disuelve su cuerpo en la lucha ultrapolítica, en el sitio poco esperanzado de la revolución y el compromiso.

     ...en un tiempo de amortajamientos, el poema nos quita las mordazas;

     en un tiempo de vendettareivindica para la poesía ese aspecto que debería volver a situarla en los fundamentos de la humanidad:

     único vínculo crítico entre el ser humano y su entorno.

     Poesía más en su acción, en su Arte de la Vida, que en su inacción de vida poética en incierta potencia: la de la literatura que se jacta de sí misma, vanidosa.

     Para cada lector, para cada adolescente de provincia, para cada perdido prójimo, ubicuo y sin embargo siempre presente, la lectura de poemas ofrece un "antes" y un "después", o lo que es más misterioso: efectos que preceden a las causas.





"Apoyar el oído,"

estar atento, disponible: pero apoyar incluso como auscultando algo, en ese punto donde la escucha deviene tacto, de tan cercana. Donde el código se pierde y a la vez se encuentra.

     De apoyar el oído se trataba. Eso decía Leónidas. Otro poeta de su galaxia, Zelarayán, decía que "salían cositas" al hacerlo: gritos, ridiculeces, creaciones del habla, objetos encontrados, condensaciones de vida en el lenguaje que son una y otra vez el material y recuerdan la relación del poema con la lengua viva, su operación sobre ella. Incluso un poeta alejado de los bares, de las calles, del idioma y del ánimo de estos, escribió que debía "conocer el habla del lugar", hablando del poeta moderno.

     Pero no la simple copia, no la imitación de rasgos característicos, no el coloquialismo ni el costumbrismo ni ningún otro "ismo", sino la atención para la maravilla del hecho social, del genio anónimo del "inventalenguas", como llamó Haroldo al pueblo. Invención sólo accesible en la mixtura, en la distorsión, en la escucha amoral y desprejuiciada.

     Apoyar, apoyar el oído, pero para escuchar ruido también, el lado vedado de la materia verbal y sonora, negado por el control y la significación, por los diques del uso y del impacto. Escuchar un tiempo, una época, un "río subterráneo", pero escuchar también el eco, el cuerpo de las palabras, su vacilar entre sentido y sonido: lo que sobra en lo que se dice y pasa.

     Y abrirse a la multiplicidad de las escuchas, a un arte de la escucha, a un repertorio de maneras de escuchar: una escucha atenta y otra "profunda" (como la que teorizó Pauline Oliveros), una escucha casual o distraída, y otra minuciosa, casi de investigación:

     oteo y entrevista, noticia y confidencia: nombres, técnicas para una recolección que responde a una pasión insistente: la curiosidad por el tesoro siempre esquivo de la historia y los sentidos.

     Y una señal más, de alerta y liberación: que no se trata sólo de hablar o decir, que no siempre se trata de las palabras "propias"; que palabras y sonidos son "segundos" y los ruidos vienen bajando por una cascada de clases, de ciudades, de migrantes, de acontecimientos y también de sílabas e historias a los que atender, por los que dejarse atravesar, para darles y darse un nuevo aliento.





"Útiles, quiero decir,

fuera de los museos", escribe John Cage sobre las obras de Joyce, Duchamp y Satie que lo han acompañado a lo largo de su vida, que no quedaron con el tiempo reducidas a la condición de "arte". "Todo el resto se ha convertido en arte", insiste, y el arte --en tanto esfera, institución o mundo separado-- no importa, porque pertenece a una mentalidad superada, a una vivencia que le ha quitado influencia y sentido.

     Quiere decir Cage que es útil el arte, o que el arte es un útil, una herramienta, porque cambia la percepción y enseña a estar atentos, y empuja a experiencias de la verdad. Es cierto: hay que abandonar la persecución de un efecto para eso, habitar un desencuadre constitutivo, que equivale a libertad para imaginar. ¿Pero no es acaso esa gratuidad, esa "suspensión" que le corresponde como al sueño, no es su operación irreductible a lo inmediato lo que permite que acciones llamadas "poesía" devengan --eventual, duraderamente-- mapas, cartas de navegación, puntos de referencia para un comportamiento, estructuras de la mirada, o incluso entretenimiento, juego en un sentido arcaico y social? En una época que parece desgarrar nuestros cuerpos, su misma inserción en el espacio, ¿no es una técnica que insiste en la presencia?

     Poema útil, entonces, poema utensilio, sacado poema de contexto para un uso "no permitido", como gran parte de nuestros géneros y técnicas del saber precisan hoy ese movimiento; poema asa, poema ariete, poema muestra pedestre de un idioma para hablar, de una sintaxis, inalámbrica técnica para reponer lo lejano. Lugar de trámite para asuntos que ningún método puede abordar, poema no igual a su condición de cosa, poema sin identidad, poema resistente a la genuina reducción instrumental del fetiche y la "autonomía", poema vehículo de un proyecto de ser.





Arturo Carrera y Gerardo Jorge
Polvera de las enciclopedias
Mansalva, 2023

viernes, julio 14, 2023

Un poema de Fernanda Laguna

 Yoga

En la clase de Yoga
todos usan ropa blanca.
Lo fundamental son las medias
que también deben ser blancas
o muy claritas.

Las mantas deben ser blancas
o claritas
y aún nadie sabe si se puede usar o no una toalla.

La profesora viste de rosa,
y debe ser
porque ella es la profesora.
El salón es hermosísimo, enorme.
El piso es blando y los alumnos
no precisan usar colchonetas.
¿Para qué usarlas si el piso es blando?
Y no es que sea mullido
pero no duele al hacer los ejercicios.

Los horarios son flexibles
y la cuota es accesible.

Hay cinco puertas ventanas
que comunican al salón
con un jardín de pinos y enredaderas.
Los pájaros no entran
y cantan desde la puerta
o desde la rama.
Todo es un bello paisaje de pinos, piernas y brazos.
De cabezas relajadas que caen hacia adelante
y se deslizan por encima de los hombros hacia atrás,
y luego hacia adelante.

La voz de la profesora es
clara y modulada
porque así todos pueden hacer los ejercicios sin mirar
y si alguien no entiende
sólo mira hacia el costado
para ver lo que lo hacen los demás compañeros
y una vez entendido,
se vuelve a cerrar los ojos.

De la posición de sentados
se pasa a la de acostados
curvando la columna,
apoyando vértebra por vértebra sobre la manta
y así se llega
a la fase de la relajación,
que es la parte más difícil,
según la profesora.
Los ojos deben estar cerrados
pero algunos los abren un poquito
y los vuelven a cerrar.

La tristeza y la felicidad
se funden en una sola invocación,
Ooooooooooommmmmmmm,
tres veces
cada vez más profundo y más largo.
La o vibra en el corazón
y la m sacude todos los pensamientos
vibrando a la altura de la hipófisis.

Los bolsos esperan a cada dueño contra la pared
y se dejan llevar
más livianos que nunca.
Lo blanco resplandece sin hacer doler a los ojos
porque ahora es el reflejo de una luz que sale de los ojos.
Las mantas están secas,
los cuerpos frescos
y más descansados que antes de comenzar la clase.
Las medias están secas y limpias también...





Fernanda Laguna
Yoga
Belleza y Felicidad, 2000

viernes, abril 07, 2023

Tres poemas de Hugo Gola


el tema del poema
        es el poema
  en los días
          nublados
    en las mañanas
           grisáceas
del verano
  vuelve
        arrastrándose
aquella
             indecisión
        llega
             otra vez
aquel asombro
    aquel resplandor
          que arrasa
               y sigue
el tema
          es siempre
             el poema
aunque hables
               de los árboles
  o del destino
            incierto
   o del pesar
          y el peso
        de los días
  es aquel tanteo
           imprevisible
      el que descubre
       aunque del fresno
              diga su luminosa
                    vibración
o de sus hojas
  su gracia tierna
        es el fervor
          el que descubre
               puro y total
y cuando llegan
           las palabras
     nada te dicen
        sólo habla
             el fervor
       que deja atrás
          todas las
                  cosas 
      y los nombres






  me altera
     y paraliza
        leer esta mañana
  las versiones
    de Pictures from Brueghel
esos poemas
  que sin pausa
    Williams
          fue hilvanando
al borde de la muerte
  tan simples
     y exactos
  vuelven
             una
       y otra
         y otra vez

Brueghel
     entró en su
            adentro
  para salir de él
       transfigurado

    otra vuelta
      quisiera dar
          que suba
              otro escalón
      esa marea
              ahora
    que suba ahora
       hacia este cielo
         y dé otro paso
   hasta nosotros





       me hubiera
gustado
          a mí también
  como aquel viejo
          de Wallace Stevens
en China sentado
     bajo un pino
  refugiarme
   bajo un árbol
         cualquiera
       bajo
       un sauce
  o un fresno
     a reposar
y repasar
         momentos
                       vívidos
  mirar de paso
           pasar
    como aquel viejo
      no las alondras
     que no he visto
            nunca
sino las bandadas
     de patos
           y bandurrias
             renovadas
          sobre ríos y
            lagunas
  en un cielo
          total
  sin una nube

    reposar
mientras el viento
   trae sus voces
     y un silbido
        tenue
acompaña intervalos
        luminosos
u oscuros

           el reposo
  recupera
mas el reposo es
             también
     un salto

estar sentado
      bajo un sauce
  y sentir correr
   el río
aunque no lo veas
   y sentir volar
                 bandadas
            de cuervos
       o caranchos
        alejarse
              alejarse
    sumergirse
        en la imprecisa
               sombra
    dejar
          que vuelen
                las aves
        en círculos
            muy altos
    y que vuelvan
       aquellos
           círculos

      atrapar
         ahora
    aunque desde otro
                  extremo
       como aquel viejo
             de China
         el vuelo de las
               alondras
       o el grito agudo
     de los pavorreales
    desde los
         bordes que asoman
   en las orillas

  estaban allí
        en reposo
y vuelven
  perfectos
        soberanos
         imborrables






Hugo Gola
Retomas
Aldvs, 2010

martes, febrero 21, 2023

Cuatro poemas de Patricia Gola


se hunde el remo
en aguas apacibles
vuela la grulla
en un cielo combado
sola en el lago sereno
de la vida mía







un lapacho
un lapacho
un lapacho
y una hondonada
una hondonada
una hondonada
y un río
detrás del lapacho
de la hondonada
         del camino
un camino recorrido en días de infancia
un lapacho
               un tronco oscuro
un río al fondo
         y una isla al fondo de ese río
y un camino desandado
una bajada
     una bajada
               al final del camino








tengo una planta
que florea en la primavera

pero no sé muy bien
cómo cuidarla

busca la luz
el aire frío la tierra húmeda

pero no sé muy bien
cómo cuidarla

sus hojas púrpuras
se abren
como pañuelos
con la insistente luz de la mañana

pero no sé muy bien
cómo cuidarla

tengo una oxalis regnellii atropurpurea
         sus bulbos tiernos
                         duermen tres
                         cuatro semanas

pero no sé muy bien
   cómo cuidarla







lo gutural en ti
alud
lo oscuro
lo pantano en ti
lo remoto
ese hervidero
de renacuajos
un deslizarse de víboras
bajo la tierra trémula
esa lengua
viperina en ti
dúctil
esa lengua que escarbo en mí
a través tuyo
escarabajo
de otras edades
esporas
de otras eras geológicas
yo habité la tierra
entre marasmos
y glaciares
vi nacer montañas
islas
cometas
en un deambular
por parajes vacíos
y por fuegos
unos a punto de extinción
otros volcanes
derramando en mí sus lavas
saliéndose de madre
y volviendo a su cauce
como la carne de un río

hablé lenguas
y me acerqué a otros cuerpos
geografías
humus llagas de la tierra
cicatrices

oh danza feliz
tamborileos
encuentros súbitos
fugaces
en que fui rodeada y rodeé
asediada y asedié
fagocitada y fagocité
y vuelta al fango
a la mezcla
la argamasa
masa madre
y habiendo accedido al uno
volví acaso a la dura división







Patricia Gola
secreta matriz
Alción, 2021

miércoles, diciembre 07, 2022

Seis poetas mapuche

Una bandada de miles de diucas,
tencas y ñankues
surca el cielo
esparciendo el llamado
del kull kull.

La melodía penetra
como un suave silbido del sur
en los desnudos cuerpos
de Caupolicán y sus hermanos.

(Rayen Kvyeh)






Zvgun

Aquí en la tierra
hablamos todos:
las aves
los animales
las aguas.
Silba como el viento la culebra
cuando viene el tiempo de lluvia
y el silbar es su palabra.

Hay tiempo en que las ziukas
hablan cantando al amanecer
CHOLLPIZ, CHOLLPIW!
Es el tiempo en que el MAPU brota
rayo a rayo hacia el Sol...
y hay que levantarse para saludarlo.

En el mismo tiempo de reproducción
las ranas cantan en coro de noche
y la luna en menguante
abre cascarones
en los escasos pajonales
que van quedando.

Hay otros que siempre hablan llorando
como el MAYKOÑO
KUKU, KUKU EM...
así es su idioma.
Para conversar con su abuela paterna.

Los gakiñ dicen:
GAK GAK
GAK GAK
como recién nacidos llorando.
Daban ganas de escarbar
en el barro del pantano
pero cuando se buscan
se meten más adentro de la tierra
o se cambian de lugar.

Cuando niñas lo intentamos con mi hermana.
Y mis pewmas en la noche
fueron solo pesadillas
SE ENOJARON...
ESO NO SE HACE!
dijo mi madre.
Si se dejaran ver
sería PERIMONTUN.

También hay animales
que se ríen en su idioma
como los perros
y caballos.
Mi Guardián salta y corre
agarra su olla o un palo
se ríe
nos habla en su propio zugun
cuando volvemos a la casa
o si llega algún conocido.
Pero llora
cuando ve al WEKUFV EN LAS NOCHES
y cuando siente que viene el Nvyvn
con grado a terremoto;
entonces la gente se levanta y sale,
se sienta en el suelo agarrada a la tierra
le habla al temblor
IÑCHE TA FANEN,
FANEN
FANEN
FANEN
FANEN
FANEN
yo soy pesada
pesada
pesada
pesada
pesada
pesada.

¿Y el AGUA?
¡Oh el agua!
Tiene un idioma único
habla cantadito
una melodía en las mañanas
al mediodía otra
y en las tardes
otra diferente
hay que escucharla no más
para saber qué dice.

Así es la vida en mi MAPU.
En la lógica occidental
cualquiera me diría eso se llama Sonido.
Pero desde que somos CHE
siempre fue así y será
ZVGUN.

(María Teresa Panchillo)






A las salmoneras de Futa Wapi Chilwe

Se apagaron
las velas de la ciudad
y se descolgaron de sus paredes
la gran dama... la muerte
mientras en el aire estallaron
una bala
dos balas
tres balas
y así
las playas de Chilwe
recibirán en su vientre
a los lobos marinos
más allá del sol
más allá de la luna
los otros deberán refugiarse
en el corazón indomable.

(Karla Guaquín)






Todos los ancianos
ya se han dormido
pero en mis sueños
hoy, yo los despierto.

(María Huenuñir Antihuala)






Atardecer en el río

Una garza blanca
desafía la tarde.
Su figura inmóvil
desborda el horizonte.
El último rayo de luz
huye sigiloso por el río.
La tierra respira hondo
para seguir viviendo.

(Maribel Mora Curriao)






Ruka

Aquí en medio de los fierros
crece la totora.

Crece, se empina
cual águila buscando su carne
en este bosque de polvo
sin miedo y con epew en los labios.

Aquí el círculo azul guarda su espíritu
y se aprecia la planicie gris de la ciudad.

Los choique vuelven a nidar
el pangue a su manada.
Nacen nuestros hijos.

Santiago de Chile
habitado por mapuche desde siempre.

Antiguamente el Mapocho sonreía
y la ruka descansaba en sus orillas.

(Eliana Pulquillanca Nahuelpán)






Kümedungun/Kümewirin. Antología poética de mujeres mapuche (siglos XX-XXI)
Maribel Mora Curriao y Fernanda Moraga García (editoras)
LOM Ediciones, 2016.