El pacto
Yo hice un pacto con vos, Tierrita,
que queden para otros los viajes estelares
que también soñé.
Con cada cielo tuyo hice mi pacto,
mi acuerdo del amor interminable,
y con cada día que me das,
cada mañana azul igual a esta
y dorada de plantas y de pájaros.
Hice mi pacto con vos y así me iré,
tierrita, polvo
que vuela en el camino.
Al faro
A intervalos en medio de la noche
pasan saltando nuestro techo
los grandes gatos noctámbulos,
dos o tres golpes suaves y al final
una corta carrera amortiguada
que termina en silencio.
Desveladas cada una por sus cosas,
Miyako y yo giramos la cabeza
para seguir con el oído atento
la estela de esa visita intangible
que ya se aleja y que nos deja atrás
ligeramente inquietas, envueltas
en el sereno resplandor amarillento
de la única lámpara encendida
que sostenemos como un pequeño faro
en esta orilla de la noche.
A casa!
Se aparecen de a tramos al borde de la ruta
mordiditos en oro,
muy serenos y plácidos contra el cielo azul
y no hay nada que hacer,
quedamos deslumbradas y dejamos la charla
para seguir mirándolos
mientras ellos se alejan y saludan
hermosos como el amor y como el bien.
¡Píntalos!, me dan ganas de decirte,
¡Píntalos!, llevemos esta luz a casa,
los álamos, la fila del camino,
las cosas que nos salvan.
El poema de las contradicciones
Algunas veces
me da tranquilidad que seremos olvidadas,
que nuestros huesos no sabrán de quién fueron,
¡qué cobijo la mala memoria!,
¡digamos adiós al amor y al odio,
nos borraremos como una huella en la arena
y nadie nunca encontrará nuestros nombres!
Pero otras veces no dejo de pensar,
¿y si en verdad, como dicen, llega el día
en que todas las cosas se reúnan?
Entonces, querida, ¡veámonos ahí!
La Buda nos visita
Para Leandro, Ayelén y Agnés
Conversamos en la oscuridad
sin alzar la voz
mientras la hija de nuestros amigos duerme
reclinada en su asiento con el gesto
reconcentrado de una pequeña bodhisattva
o flor de loto recostada
en el agua tan quieta de la noche que fluye
y la conversación va y viene casi sola,
como si las palabras caminaran
sobre una red de hilos invisibles
tejidos por la penumbra que ahora nos envuelve.
La sobremesa se extiende y se diría
que hasta los movimientos
hacen silencio y las palabras
viajan livianas mientras cuentan
las cargas enfrentadas en el año
y dejan traslucir una paciencia extraña,
como si en esta noche de verano
nos dijéramos: lo sé,
la vida está llena de caminos ciegos,
encrucijadas y a la vez
brilla con una luz serena como ella
que duerme mientras nos dejamos
ir a medias callados en la conversación
como esos peregrinos que se cruzan,
descansan juntos un momento y siguen
después hacia lo hondo de aquel bosque,
aquel bosque sin fin.
Sonia Scarabelli
Las cosas comunes
Bajo la luna, 2025