sábado, febrero 21, 2026

Cinco poemas de Diana Bellessi

Rayos y relámpagos

A Ingrid Proietto


Llueve como si fuera la última tormenta
aquí en Zavalla y los truenos hacen temblar
la casa mientras una oscuridad se agita
al mediodía y se acaba la yerba
así que tomo agua verde frente a los jazmines
que a la pared negra se acogen de esta
tormenta cuando suenan Los Palmeras
en la radio de pila y ahora un vallenato
llenando de alegría mi corazón
como los que viven en el cielo
después de la última tormenta





Lucy

No estuve en Afar
pero cuando vi tus huesitos, querida Lucy,
en el museo de Addis Abeba
me hicieron reír y llorar
y te vi, caminando ágil por la foresta
bajo un cielo de diamantes!
Tan pequeña y tan hermosa
con tus veinte años y el bozo suave,
dorado de tu cara, hermanita mía,
hace tres millones de años
cuando empezabas a sonreír y a cantar
por todos nosotros que veníamos
atrás de vos, mi pequeña,
tan remota como lo soy yo misma
frente a estos chicos de diecinueve
aquí en la isla cuando el medioevo
vuelve con sus pestes en masa
y yo te canto, mi Lucy in the sky
with diamonds!





Vengan al África

Me pongo para dormir
mi vieja camiseta
de jirafas y elefantes
y veo tras la ventana
esa pavita de monte
que grazna entre los sauces,
pienso entonces en aquellos
hermosos burros de Etiopía
que se prendieron gráciles
al corazón bailando
sobre el polvo abisinio
como un verso de Rimbaud
por el aire, traídos
de España o de Italia
pensé, pero no, eran
de allí estos salvajes
equinus con sus patitas
rayadas como cebras,
¡caballito africano
de color oro viejo
bañándose en el polvo!
Tan de allí como de aquí
las pavitas de monte
o los capibaras,
roedores gigantes
de los pantanos vengan
al África que casi es
como venir a América
tan rara y tan cercana
al propio corazón





Suena como un rumor

Ayer te vi
en unas fotos del celular
y estabas tan bella que no sé
cómo pude perderte
amándote tanto,
qué hice mal
porque en aquella carita
todavía me querías
y ahora ya no

Qué pasó,
cómo arruinamos
lo que más amamos
y sin saberlo por Dios,
si hablo de las lagartijas
pequeñas que se ven
en esta casa parecen
tan hermosas como vos,

aunque todo
lo repele el poema
desde que empezaste a irte
y me quedo solo
con mis huesitos viejos
que amenazan romperse
y ya no hay furia ni deseo
como en mi juventud,
decirte te quiero
suena como un rumor
lejano que escucho apenas
aunque no sé, estás aquí

con esas formas raras
de estar en el tiempo
y ya no te irás de mí,
amor del final
de mi vida





Por qué te abrazan, por qué te aplauden...

¿Dónde me leo a mí misma? En un poema, siempre en un poema. Como me dijo una vez alguien que amé: "No servís para nada, salvo para escribir un poema". Aunque también pueda hablar con los pájaros, los yuyos y los árboles. Solo que eso era nada para ella, porque no plancho ni coso ni tengo hijos... Los que llegan al poema no sirven para nada, salvo treparse en una nube o nadar en las aguas bravas. Casi fuera del lenguaje, ¿qué podríamos hacer, vida mía?, si no vivir con todas nuestras ganas fundidas en los que no hablan pero cantan hasta morir. La gente no sabe por qué te abraza, por qué te aplaude, quizás porque en lo hondo sos igual a ellos disolviéndote con los otros reinos del Príncipe o de Dios...





Diana Bellessi
La curva del tiempo
Fondo de Cultura Económica, 2025

sábado, febrero 07, 2026

Cuatro poemas de María Calviño

El pez

¿Por qué quise,
con la mano en el agua, traerlo
al aire?

Nada en el aire
le pertenece al pez.





Final de la lluvia

La única cuerda rota de la lira
muda; el agua la estira
y canta, y la suelta
y canta.





El humo

El viento trae olor
de maderas quemándose:
eucaliptus disueltos
mientras vemos subir, subir el humo.

Un árbol que crece sobre la luna
no se puede tocar,
pero bajo su sombra
desaparecen todos nuestros árboles.





Obra en construcción

Te diría que parecen animales
prehistóricos; las palas mecánicas
y grúas enormes cavan un foso
a dentelladas, con un ritmo propio.
Atardece en verano y brillan,
estiran sus cuellos metálicos
sobre el charco gredoso que dejó
una lluvia reciente. ¿Ves?, los parques
de diversiones de los pueblos chicos
también son así, tienen algo
de circo y algo de plaza. Ahora
esos hombres de ahí que
trabajan con los animales
comen su asado a punto
cerca del borde del foso casi terminado;
y más atrás, haciendo equilibrio
en los andamios
apenas instalados contra el muro,
otras personas con baldes
en la mano lo van cubriendo
de su mezcla gris. ¿Lo ves?, dicen
que aquí están construyendo un laberinto,
un laberinto, sí; abrí las alas.





María Calviño
Fin de semana largo
Bardos, 2022

miércoles, enero 28, 2026

2 de octubre de 2005

Pucha que no era tan fácil escribir sobre pájaros. Separan los indicios, estos bichos astutos. No es como en los dibujos animados de Disney, donde ves el pájaro cantando, no. En su vida semisilvestre, el pájaro canta escondido en la espesura. Si se deja ver, es que está muy alerta; y en tal caso está mudo. Los pájaros no son estrellas de rock. Los pájaros, como los analistas freudianos ortodoxos, se vuelven invisibles para decir lo suyo. O el pájaro audible, o el pájaro visible: una de dos, y que a la taxonomía te la arme Holmberg. Acá en la plaza hay unos que necesito saber cómo se llaman porque, si mis sentidos no me engañan, emiten un canto remotamente parecido al estribillo de "Yo soy la morsa" y quiero ponerlos en la nueva novela como remate del pregón del huevero. Sería una cita casi textual de los Beatles, armada cual ready-made o collage con elementos provistos por el azar objetivo. Cosa providencial, si las hay: mudarse uno al pasaje Holmberg, llamado así en honor a un injustamente olvidado escritor y naturalista argentino, y que la vida te cante un tema pop clásico...


Necesitaría una siesta.

"Dormir, tal vez soñar...".





Beatriz Vignoli
Kozmik tango
Editorial Municipal de Rosario, 2009 

miércoles, enero 14, 2026

Tres poemas de Fernanda Jurado

Tuve un sueño
me tocaba jugar
la final de Roland Garros
no tenía chomba
ni pollera con tablas
usaba una remera
que decía bisexual.





Cuando hablo con alguien
que no conoce Melincué
uso las palabras de mi papá,
que es un pueblo que siempre se inunda
que la ruta es un desastre pero que la laguna
es el mejor lugar del mundo para los deportes acuáticos
que alguna vez nadamos con nutrias

ahora que puedo construir mi propia memoria
también cuento del día que salí de la escuela
y al llegar a casa me dijo
que fuera al patio en silencio
abrí el mosquitero despacio
y vi un flamenco rosado
acostado en el borde de la pileta.





A veces un lugar dentro de la ciudad
se me hace desconocido, te digo
ese restaurante parece de otro lugar
como si estuviéramos en Puerto Madryn o Córdoba
no sé si son las maderas, las mesas tipo comedor,
tampoco creo que quiera saberlo
a veces mejor extrañarse
hasta con el frente de una casa
el olor a comida, a piña
pino de la costa, ayer
fui a una biblioteca con pisos de madera
me acordé de la casa de Carola Ros
una amiga de la primaria
que tenía el mismo piso
y sentí que jugaba con los libros.





Fernanda Jurado
Ahora que no soy atleta
Editorial Municipal de Rosario, 2023

lunes, enero 05, 2026

Cinco poemas de Wang Anshi

Autorretrato

Es una mera ficción, como las pinturas de azur y cinabrio,
este mundo. Erramos un tiempo y nos hacemos polvo.

Las cosas no son más que lo que son. Es cuanto podemos saber.
No preguntes si esto que ahora soy es lo mismo que era hace mucho.






Flores de ciruelo a la orilla del canal

El sol calienta mi espalda. Me demoro cuanto puedo en el canal:
contemplo los fondos fragantes en esta estación de nieve luminosa.

Al caer la noche, ¿quién necesita un amigo? Vendré de nuevo
aquí, bajo la luna, a mirar los enredos de sombra.




Paseando en Montaña Campana

Dos cumbres de roble y pino y vides rojas. En medio de todo,
un arroyo. Perfecto como el paraíso de la Flor del Durazno.

Una nube de cantos a mediodía: hay un monasterio cerca.
A la luz del atardecer, vuelvo a casa sin haber visto a mis amigos.





Una noche de luna llena a mediados de otoño...

... impulsa las nubes sin rumbo, serenas como fajos de plumas.
Irradia ondas doradas en un vaso de vino rancio. Ha viajado

miles de millas a probar mi destreza en la poesía. Pero en este
altar de la noche, ¿quién puede igualar la gracia del viento?

enviado a Origen Vasto y mis otros hermanos



Enviado al pintor Nube de Salvia, en Río Sereno

Cuando ves en ti las ruinas del tiempo es fácil descifrar la verdad.
Quizá el pincel de Nube de Salvia conjure la esencia de mi ser verdadero,

pero trato de dejar Montaña Campana y no soy capaz. Si lo hiciera,
ese yo que aún no ha muerto se esfumaría para siempre.





Wang Anshi
Media montaña
Traducción: Ricardo Cázares
Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, 2025