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sábado, mayo 07, 2022

Cuatro poemas de Jack Spicer

Poema sin un solo pájaro

¿Qué quieres que te diga
Cuando me pides ayuda, cariño?
No conozco el futuro
Ni el poema que
Vamos a escribir.
Suicídate. Enloquece. Personas más buenas
Que tú o yo lo han intentado.
Alguna vez te amé pero
No conozco el futuro.
Pero sé que amo la fortaleza en mis amigos
Y la nobleza
Y detesto cómo sus cuerpos se agrietan cuando mueren
Y se los comen las imágenes.
Se acabó la fiesta. Se acabó el picnic.
Enloquece. Suicídate. Nada quedará
Cuando mueras o enloquezcas,
Solo la calma de la poesía.





"Sé valiente ante las cosas..."

Sé valiente ante las cosas con tal de que
Con tal de que
Con tal de que la trama se complique
Con tal de que sostengas un universo pequeñito entre tus
                 manos: hecho con hebras de aceite, pelos de gato,
                 tabaco, restos
De lo que una vez fue vasto.
Como lo fue una vez con tal de que, la trama se complique.
                 Sé valiente ante los filósofos nocturnos, las cajas
                 oxidadas, todo
Lo que posea dimensión.
Como si tuviera un pie de ancho
Alto, cuadrado, tan largo como las cajas

Eran.





Quince propuestas falsas contra dios (fragmento)

V.

Cuando la casa cae te preguntas
Si alguna vez habrá poesía
Y tiemblas entre maderones pensando
Si habrá alguna vez poesía
Cuando la casa cae tiemblas
En los maderos huecos de tu poesía.
La belleza es algo tan escaso, cantó Pound.
Muy pocos beben de mi fuente.





Elegías imaginarias (fragmento)

1.

Poesía, ciega como una cámara
Viva sólo por un segundo. Click,
El temblor del párpado antes del movimiento
Casi simultáneo con la palabra.
Nadie elige el parpadeo y la ceguera
Tras el instante. Nadie elige
Ver el patrón platónico de pájaros en vuelo continuo
Mucho después de que la corriente de pájaros ha caído o anidado.
Por fortuna para nosotros existen cosas visibles como los océanos
Que nos rodean siempre,
Continuos próximos y disciplinados
Hasta percibir
Percibir
Pero no tan visto
Como hemos previsto
Cuando alabo al sol o algún dios de bronce derivado de él
No creas que no preferiría alabar al alto chico rubio
Que se comió mis papas fritas en el Red Lizard.
Ocurre que no lo veré al abrir los ojos
Y veré el sol.
Cosas como el sol siempre están ahí al abrir los ojos
Insisten como la respiración.
                            Uno solo puede adorar
Estas frías oraciones por sostener
Lo que es absolutamente temporal.
Pero no tan dulce.
Lo temporal tienta a la poesía
Tienta a las fotografías, tienta a los ojos.
Desde las fotografías
Conjuro a los pájaros
El niño
La habitación en la que comencé a escribir este poema
Todo
Lo que mis ojos han visto o podrían haber visto
Amo
Amo el movimiento de los párpados
Veo
La fría poesía
Al borde de su imagen.
Es como si conjuramos a los muertos y ellos solo hablan
A través de nuestras malditas trompetas, a través de nuestra maldita médium:
"Soy la pequeña Eva, una princesa negra del cielo soleado".
La voz suena rubia y alta.
"Soy la tía Minnie. El amor es dulce como la luz de la luna aquí en el cielo".
La voz suena rubia y alta.
"Soy Barnacle Bill. Me hundí con el Titanic. Me levanté en el cielo salado".
La voz suena rubia, suena alta, suena rubia y alta.
"Nuestro adiós desde la tierra del espíritu, desde la dulce tierra
platónica del espíritu. No puedes vernos en la tierra del espíritu, y
nosotros no podemos ver nada".





Jack Spicer
After Lorca y otros poemas
Selección y traducción: Hugo García Manríquez
Matadero/Universidad Iberoamericana, 2022.

martes, julio 07, 2020

Cuatro poemas de Jack Spicer


Berkeley en tiempos de la peste

La peste se apoderó de nosotros y de la tierra bajo nuestros pies,
Crecía como un hervor, envolviéndonos en su interior.
Aguardamos, el cielo azul estremecido por un segundo
Se volvió negro con tanta muerte.

La peste se apoderó de nosotros y de nuestras sillas,
Con paso cauteloso entró en la habitación
(discutíamos a Yeats); se detuvo por un segundo
Sonrió luego y nos hizo morir.

La peste se apoderó de nosotros, reía, nos daba otras proporciones,
Nos hinchaba hasta el delirio.
Sucumbimos portentosamente; sufrimos por un segundo
Pero nos dejó una cierta calma en los ojos.





Cualquier tonto puede meterse al océano

Cualquier tonto puede meterse al océano.
Pero hace falta una diosa
Para salir de uno.
Lo que es verdad de los océanos es verdad, claro,
De laberintos y poemas. Cuando empiezas a nadar
entre las corrientes del ritmo y el alga de la metáfora
Hay que ser buen nadador o haber nacido diosa
Para volver de ellas
Mira esas nutrias marinas meciéndose rabiosas
En la mitad del poema
Inquietas y dóciles juegan donde
el agua apenas tiembla
Podrás abrirte paso entre olas y rocas
Hasta la mitad del poema y tocarlas
Pero probar el agua bendita
Despierta el deseo del regreso
El inicio del gozo.
A menos que seas un poeta o una nutria o algo sobrenatural.
Te ahogarás, querida. Te ahogarás
Cualquier griego puede meterse a un laberinto
Pero hace falta un héroe para salir de uno.
Lo que es verdad de los laberintos es verdad, claro,
Del amor y la memoria. Cuando empiezas a recordar.





Improvisaciones a una frase de Poe

"La indefinición es un elemento de la música verdadera".
La concordia inmensa de lo que
No se presta a definiciones. La gaviota
Solitaria en el muelle se revienta la cabeza a graznidos
Por ningún pez, ninguna gaviota,
Ningún océano. Como absolutamente despojada de significado
Como un corno francés.
Ni siquiera una orquesta. La concordia
Solitaria en un muelle. La concordia inmensa de lo que
No se presta a definiciones. Sin peces
Sin gaviotas, sin océano: la verdadera
Música.





Psicoanálisis: una elegía

¿En qué estás pensando?

Pienso en los inicios del verano
Pienso en las lomas mojadas bajo la lluvia
Anegadas. Derramándose
por hectáreas vacías de encinos y manzanitas
sobre viejas matas verdes enroscadas bajo el sol,
el chamiso, la salvia, y la mostaza de primavera.
O el viento caliente que baja de Santa Ana,
enloqueciendo las colinas
como racha de aire con un poco de arena
hiriéndolo todo y haciendo dulce a la semilla.
O en la ciudad donde los árboles de durazno
son extraños como los potros jóvenes,
y hay papalotes atrapados en los cables
de las lámparas de la calle,
y las alcantarillas ahogas con ramas muertas

¿En qué estás pensando?

Pienso que me gustaría escribir un poema tan lento como un verano
que se demora y no empieza
como un 4 de julio en algún lugar en la mitad de la segunda estrofa
después de una lluvia inusual
California parece ensancharse en el verano.
Me gustaría escribir un poema tan largo como California
y lento como el verano.
¿Me entiende, doctor? Tendría que ser tan lento
Como la punta del verano.
Lento como el verano
En un día de calor tomando cervezas cerca de Riverside
O en medio de algún camino al rojo vivo
Entre Bakersfield y el Infierno
Esperando a Santa Claus

¿En qué estás pensando ahora?

Pienso en que ella se parece mucho a California.
Cuando no se mueve su cuerpo es como un mapa. Por su piel
Cruzan carreteras vacías
Enormes carreteras vacías
Por las que cruza la luna buscando liebres
En las noches calientes de verano.
Pienso en que su cuerpo podría ser California
Y yo un triste turista rico del Este
Perdido en algún lugar entre el Infierno y Texas
Viendo el mapa de una California ancha, húmeda y que danza
Una que jamás he conocido.
Envíame algunas postales baratas, mujer,
Envíalas.
Una con la foto de cada uno de tus pechos evocando
Extraños monumentos nacionales,
Una de tu cuerpo vasto como una carretera de tres carriles
A veintisiete millas de una habitación
En el hotel más viejo del mundo.

¿En qué estás pensando?

Pienso en cuántas veces este poema
Se repetirá. Cuántos veranos
Torturarán a California
Antes que los malditos mapas ardan
Antes que el cartógrafo desquiciado
Caiga al suelo para poseer a
La dulce y espesa tierra de la que se ha estado escondiendo.

¿En qué estás pensando?

Pienso en que un poema puede continuar para siempre.





Jack Spicer
My Vocabulary Did This to Me: The Collected Poetry of Jack Spicer
Wesleyan University Press, 2010.
Traducción: Hugo García Manríquez
Estas versiones son parte de un libro próximo a publicarse por la editorial Matadero y la Universidad Iberoamericana.

martes, octubre 28, 2014

De After Lorca

Querido Lorca:

Cuando has terminado un poema, ¿qué habría querido éste que le hicieras? ¿Era suficiente que existiera o exigía imperiosamente que lo compartieras, como la belleza de una persona bella la obliga a buscar en el mundo a alguien a quien pueda manifestarle esa belleza? ¿Y dónde buscan tus poemas a la gente?

Algunos pueden darse con facilidad. Se entregan a quien sea y quien quiera que sea apto físicamente puede recibirlos. Pueden ser bellos (ambos hemos escrito algunos así) pero son unos farsantes. Desde el momento de su concepción te notifican, con voz melosa, que gracias, que ellos pueden valerse por sí mismos. Juro que si uno de ellos estuviera escondido debajo de la alfombra, se pondría a vociferar y seduciría a alguien. Los poemas tranquilos son los que me preocupan, aquellos que deben seducirse. Durante años pueden viajar conmigo y nadie los advierte. Y aun así, debidamente unidos, son más bellos que sus primos promiscuos.

Pero estoy hablando de la primera noche, cuando salgo de mi departamento casi sin aliento, buscando a alguien a quien mostrarle el poema. A menudo no hay nadie. Mis colegas poetas (aquellos a quienes mostraba mis poesía hace diez años) están tan poco interesados en mi poesía como yo en la de ellos. Ambos comparamos nuestros poemas (desfavorablemente, desde luego) con los poemas que escribíamos hace diez años cuando podíamos aprender uno del otro. Somos amables pero como si estuviéramos intercambiando instantáneas de nuestros hijos, viejas relaciones que desaprueban a sus esposas respectivas. ¿O tú eras más generoso, García Lorca?

Por supuesto, se trata de los jóvenes. Últimamente he sido reducido a ellos (o al menos mis poemas). La ventaja que tienen es que no saben exactamente qué clase de poesía escribirán y siempre están buscando qué recurso tuyo pueden aprovechar. El problema es que es tuyo. Es tuyo y no del poema. Leen el poema una y otra vez para pescar las huellas de tu estilo. Y si son muy sutiles, para buscar si existe una referencia a ellos en el poema. Eso es todo. Lo sé. Solía hacerlo.

Cuando estás enamorado no hay ningún problema verdadero. La persona a la que amas está siempre interesada porque sabe que los poemas siempre tratan de ella, aunque sólo sea porque alguna vez se dirá que cada poema pertenece al período Sutanita o la etapa Perenganito en la vida del poeta. Es posible que no sea mejor poeta cuando estoy enamorado, pero al menos soy uno con menos frustraciones. Mis poemas tienen una audiencia.

Por último, están los amigos. Únicamente ha habido un par en mi vida que podían leer mis poemas y uno de ellos prefiere imprimirlos para poder verlos mejor. El otro está muy lejos.

Todo esto es para explicar por qué siempre dedico mis poemas a alguien.

Con cariño,
Jack



Jack Spicer
My vocabulary did this to me. The collected poetry of Jack Spicer
Wesleyan University Press, 2008.
Versión del traductor para Nueva Provenza: Rodrigo Flores Sánchez