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miércoles, agosto 07, 2024

Cuatro poemas de Marco Martos

Croar

Existe todo para tus ojos asombrados.
Tu pensamiento viaja
con las nubes fugitivas.
¿Por qué lo blanco hace más hermoso
el azul de las alturas?
Mientras hablas y detienes tus palabras,
el cielo se torna púrpura
y esa sangre se hace noche
y tú recoges los bártulos
al tiempo que titilan las estrellas
y una rana croa en las aguas del estanque.





Casa del ser

La pureza del espíritu
consiste en buscar lo diferente.
Diez mil colores tienen las cosas,
las personas, los animales y las plantas.
La vida no alcanzaría para nombrar
a todos los seres y reconocer
sus detalles maravillosos.
Busca lo que desees,
sigue numerosos caminos,
allégate a la casa del ser.
esa única verdad,
antes de que fine tu vida
y toda la hermosura que conoces.





Pinturas de Claude Monet

Permanece Claude Monet entre flores,
nenúfares, los duendes de las aguas,
relámpagos de luz en lo que nace,
festín de los colores del otoño.
Camina lento en propios vericuetos
haciendo la pintura de mañana,
en todo Monet se les adelanta
a los que mucho saben de las artes.
Dueño de los encuentros de lo intenso
con la profundidad de los torrentes,
todo lo que nos dice es movimiento
del fulgor de la luna en la ventana.
Sus ojos de pantera en la noche
imaginan colores que regala.





Guatemala

Tirado en la soledad de Guatemala,
en el vestíbulo de un hotel,
no hay pieza para mi sueño,
ni amigo que me espere,
ni verde palmera, ni rosas en el huerto,
ni pluma de quetzal, ni laurel.
Dama telefonista del Perú,
dime algo amable de lo lejos
en tu boca de miel.





Marco Martos
Vértigo
Vicio Perpetuo Vicio Perfecto, 2013

viernes, junio 21, 2013

Cuatro poemas de Marco Martos


Carpe diem

Betarraga escancia té jazmín
y mientras escancia té jazmín
el frío empieza a irse
de su cara. Es invierno
sobre Lima y la sombra chinesca
se inclina y parpadea.
Así belleza gana.
En un día y otro día numerosas muchachas
harán lo mismo y será invierno
o verano será o noche cuando un aroma
de jazmín nazca de diversas manos
y distinta taza. Así será.
Pero este instante es irrepetible.
Recuérdalo y escríbelo:
nunca nadie vio a Betarraga
tan sabrosa tomando té jazmín
con tanta gracia.



Rito

Hoy, ayer y mañana, hoy, en este instante,
en el punto inmóvil donde todo y nada sucede,
para purificar el dialecto de la tribu
colocando cada palabra en su lugar,
habla la poesía, habla poco, cumpliendo
su obligación, y sin que nadie la invente,
esparza o desordene, evidencia el orden
y desorden de la vida, orden y desorden y furor.
Y para que la tribu quede contenta
usa palabras del lenguaje de hoy
pues las palabras del año pasado
pertenecen al lenguaje del año pasado
y la palabras del próximo año
esperan otra voz. Y en el punto inmóvil
donde todo y nada sucede, esa voz es esta voz.



Casti connubi

Cada mañana, marido y mujer, sentados y limpios,
comiendo tostadas, ruido de rata,
leyendo los diarios, matando las moscas,
hablando del clima, cada mañana,
esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, marido y mujer,
van al trabajo, regresan, se acuestan,
gordos, lustrosos, años de años,
esperan la noche, matando tostadas,
matando las moscas, matando los diarios,
matando los climas, cada mañana, gordos,
payasos, esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, rata y rata, rata y rata.



Llanto de Marcel Proust

Me consideraba
incapaz de respirar sin ella,
desarmado ante todos los aspectos
de la vida.
Sabía a ciencia cierta
que iba a dejarme para siempre
y que su ausencia
sería un horrible suplicio.
Y no se equivocaba.
Mis días en lo sucesivo
han perdido su único objeto,
su única dulzura,
su único consuelo.
Escribir es como estar muerto.
Ando por el mundo
como un trompo con agujeros
que sigue en el combate
por inercia.
Paz, ternura, miel,
esos antiguos paladeos,
no los conozco.
Solo el horror en mi sueño,
el acceso de tos,
los barbitúricos
y mis cuencos hundidos
en la lividez de la muerte.
No se me ha perdonado
ningún dolor:
la he perdido,
la he visto sufrir,
me ha sentido desconsolado,
mi mala salud era la pesadumbre,
la preocupación de su vida.
Sus grandes ojos,
sus labios mudos,
debieron comprender
la prudencia de los padres
que antes de finar
matan a sus pequeñuelos.
Siempre tuve para ella cuatro años.
Y ahora que la envuelve
la eternidad,
esa desconocida caverna lóbrega,
noto que es verdad,
que soy un niño,
que estoy solo en el mundo,
que nada,
absolutamente nada
tiene sentido.



Marco Martos
El jazmín y la mandrágora
Tierra Nueva, 2012.

miércoles, julio 07, 2010

Dos poemas de Marco Martos

.
La separación de los amantes

Fue lo máximo sentirme tu familia,
delicioso y delicado llegar a tu casa
con un poco de queso, una botella de vino
o simplemente alegría en el rostro,
y desplazarme en tu espacio, en tu cuerpo y en tu mente
con la soltura de un rey en su patria,
mientras los demás, gentiles y antiguos,
con sus camisas de cuadros
y sus modales ceremoniosos,
se acomodaban en la mesa
para dejarme, como correspondía,
el sitio más vecino a tu corazón.
Fue un cielo claro de primavera.
Ningún nubarrón.
Y, súbito, el rayo oscuro de la muerte.
Tú no sabes nada.
Yo no sé nada.
Nadie sabe nada.
¿Quiénes son estos amantes?
¿Quiénes fueron?
No los conozco,
porque si en el mundo sólo existe dolor,
como bien sentimos, es imposible
que en la vigilia haya habido
cosas tan intensas, hermosas y verdaderas.


En lo más difícil

La mujer que me alucina
está en el otro lado del mundo.
Si acaso tengo voz,
si acaso me sostengo,
es porque ella existe
en medio de la neblina,
en el otro lado del mundo,
y si mi mano algo escribe
y cruza los cielos plomos
en forma de caricia
y de frío y de calor
que la envuelven dulcemente,
es porque ella vive y habla,
me sostiene, me da fuerzas,
cruza los cielos grises
y me toca con sus ojos
en la noche soledosa,
así tan lejos.
La mujer que me alucina,
me ama, me dice.
Pero estoy solo,
terriblemente solo,
muerdo mis días.
Soy sólo sombra
de un fantasma melancólico
que cuida a una mujer
allá en el Perú,
en lo más difícil.

Grenoble, 20 de mayo de 1988.
Marco Martos
Cabellera de Berenice
Colmillo Blanco, 1994.