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viernes, abril 21, 2023

Fragmentos de conversaciones con Olvido García Valdés


... hay un momento en que se hace evidente, y hasta entonces no se me había hecho (no sé por qué se hace evidente en un momento, muy tarde, y no antes), se hace evidente que uno es escritor cuando dice que es escritor. Así de sencillo. No hay más misterio. Tú dices que eres escritora y eres escritora. Y mientras no dices que eres escritora, no eres escritora.


*


Yo lo que escribo son esos cuadernos a los que nos referíamos antes, y lo que acaba saliendo de esos cuadernos son poemas. Entonces, la escritura de un poema, la escritura de poesía, efectivamente, requiere, supone un trabajo que puedes llamar filosófico, de pensamiento crítico sobre la lengua, o de adopción de determinadas posiciones respecto a ella y respecto a la tradición literaria, de conciencia crítica, que excluye la ingenuidad, y que va desarrollando una determinada poética, en fin. Pero, en todo caso, ese es un trabajo implícito para mí. Es decir, es un trabajo implícito, que es en realidad el verdadero trabajo. La poesía tiene su propio carril; trabaja con una química y una física que produce cristalizaciones, que hace que determinadas cosas cuajen, tiene sus raicillas raras.


*


Y en cuanto a la literatura, la historia de la literatura tal como se concibe, o concebía, en la universidad española, no me interesa casi nada.

Entonces, una escritura que saliera de ahí, de esa formación, creo que tendría mucho que ver con el conocimiento de las tradiciones, de la propia tradición literaria; conoces bien el siglo XIX, y entonces tú te puedes formar efectivamente como poeta partiendo de eso. Es interesante y creo que es lo que ha hecho muchísima gente. Pero me siguen pareciendo las ramas, quiero decir que no hay... Creo que no hay lo que tiene que haber, que es algo que te pilla a ti como de raíz; y que el conocer la tradición no es suficiente, no te lo da...


*


... realmente de la escritura lo que más te interesa es a dónde vas llegando, no de dónde partes. Es decir, tú partes de lo que sea, pero lo que te interesa es lo que eso va trayendo y hacia dónde te va llevando, conduciendo. En ese sentido, de conocimiento, o de reconocimiento. Es decir, la escritura no es el lugar de lo que ya sabes, sino el lugar hacia el que vas. De reconocimiento en ese aspecto, de lo que te da de ti que no sabías de ti. No benigno, porque creo que la vida no lo es y todo lo que da cuenta de eso, de ella, no suele ser benigno. En cierto modo la escritura consuela, pero luego te deja donde estabas, a la intemperie.


*


... el asunto de la belleza y de lo estetizante no tuvo valor nunca para mí. Lo que ocurre es que eso no es, claro, una garantía de nada. Quiero decir que el apostar por la raíz de la vida o por una supuesta verdad, se entienda por esto lo que se entienda, y que se perciba en la escritura... esa actitud no es garantía de nada a la hora de escribir. De hecho, puede ser bastante pero que la actitud estetizante, que por lo menos tiene un barniz que lleva las cosas a otro sitio.


*


... la asociación siempre digo que es el mecanismo natural con el que para mí funciona el poema, y después viene la segunda parte o el otro mecanismo esencial, que es lo que llamo desprendimiento. Se va desprendiendo de lo que no hace falta. Con esas dos cosas --asociación y desprendimiento--, y con el tiempo, acaba cuajando lo que sea. Bueno, entonces, pon que pasan tres años, que pasan cuatro años, depende en cada caso de los años que sean. Hay ahí bastantes materiales y hay un momento --tampoco sé cuándo ocurre, pero ha ocurrido así hasta ahora-- en que tienes la sensación de que ahí seguramente hay un libro.


*


... ese poema determinado, de quien quiera que sea, en ese momento que lo leo es mío y no... y me da igual, o sea, me da igual cómo haya sido para quien lo escribió; o que haya otro tipo de lecturas posibles, etc. En la lectura yo creo que se entra a saco, absolutamente, y eso hace que seamos, en efecto, dueños de lo que leemos, es decir, que te apropies tranquilamente de palabras, de versos, que te apropies sabiéndolo o sin saberlo. Es decir, que llega un momento en que eso forme parte de ti; es lo más que puede pasarle a alguien que escribe, que se apropien de él. Eso por una parte. Pero eso es, digamos, como la relación con lo que ya está. Y ahí el autor o autora es pura obra, el autor no existe, el autor en realidad hace tiempo que no puede tener nada que ver con eso.


*


Entonces, publicar tarde, aunque no te salva tampoco de lo que con el tiempo puede dejar de interesarte poéticamente, tiene la ventaja, diríamos, de que si hubieras publicado primero, la metedura de pata habría sido mayor. O sea, simplemente amplía esa banda inicial de protección contra la metedura de pata.


*


Éramos poquísimas personas en la sala, quince o así, no había más, y entonces esa mujer --ya muy mayor--, a la que nunca había oído, la había leído pero nunca la había oído, se sentó allí, ante la mesa, con aquel público. Llevaba unos folios grandotes con letra también grande que tomaba y de los que leía un fragmento; era una especie de poética que iba entreverando con los poemas. Un poema, un fragmento de los folios y otro poema. No levantó la vista ni una vez. En realidad leía para sí misma. Era impresionante. Y lo sentí como una especie de confirmación. O sea, la gente que está ahí, sea mucha, poca o la que sea, a ti, ¿qué más te da?, ¿qué tiene que ver contigo? Puede que los conozcas, hasta puede que algunos sean amigos tuyos, pero eso va por otro camino y en otro momento. Ahí, en ese momento es como... aquella señora leía como quien se tira a un pozo.




Los fragmentos de esta entrada son parte de las intervenciones de Olvido García Valdés en su conversación con Miguel Marinas publicada como libro con el título Un lugar donde no se miente por la editorial Libros de la Resistencia en el año 2014.

domingo, mayo 21, 2017

Siete poemas de Olvido García Valdés


Algunas piedras
se vuelven transparentes
con el sol, casi
transparentes. A veces,
al caminar,
me siento y las miro.
Algunas almacenan luz,
pulidas y cerradas,
como si fueran vivas. Las cojo,
están llenas de tierra
por debajo, tienen un tacto
áspero y fresco.





Umbrío el naranjo y aterida
la casa, así nombras aquello, su contigua
presencia, lugar
al que no vas. Ella sustituía
a un profesor que se suicidó luego
y siguió trabajando todo el curso
gracias a eso. Asientes,
no lo conociste tampoco,
y te quedas pensando, el suicidio
es real y carece de afectos, una decisión
y una puesta en práctica, un estado
de ánimo. Ahora, de esto
me preocupa el ritmo.





Sube el ruido de quienes asisten
a la boda, mientras la brisa mueve
ramas y hojas frente a los sillares.
Si en vez de verlo, y ver
el sol dorando bajo
las piedras y las hojas, viera solo
una foto -sillares, pináculos y un trocito
de árbol, todo bajo la luz-, me perdería,
además de la brisa, la móvil levedad
de las hojas, los vencejos chillando, las voces
que me excluyen, la sombra
que casi imperceptible se desplaza, la vida,
cómo suena, su fugitivo ojo.





a Francisco Fernández Buey

Los cuatro árboles rojos, el cielo
rojo, el sol rojo sobre la tierra
oscura. Schiele, 1917. Cómo
las fechas hablan. Sólo un año
de vida para él; para nosotros
un nuevo mundo que hemos visto
cerrarse. Ahora el siglo acaba,
año 95, 29 de junio,
amenaza tormenta, el cielo
es gris, una paloma afuera
adormilada y quieta como un gato
emite su zureo. Todo es casual,
parece melancólico probablemente
por la luz, por un ánimo
sombrío de la luz.





la choza de las calabazas
cenador de poetas
que lo efímero nombra
de ellos hace constar la noche
en que a causa del ahogo no pudo
dormir, 25 de agosto
1650, hubo
de sentarse en el lecho y encender una vela
hasta el amanecer





Sólo lo que hagas y digas
eres, incierto lo que piensas, invisible
lo que sientes dentro de ti.
¿Qué significa
dentro de ti? Nada eres si, como dicen,
no es intersubjetivamente comprobado
(al menos comprobable). Juan de la Cruz no es
más que unos poemas, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe, sólo palabras.
¿Qué significa
intersubjetivamente? ¿Cuántos sujetos
hacen falta? ¿Cuántos que digan
a la vez: Juan de la Cruz, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe son cimas
de la vida humana, cimas
de la miseria humana en este hermoso
mundo?





dice que no pudo entrar porque la hierba
había cerrado
dice que no volverá, arroz
con leche y rojas guindas,
vivimos ahora
por entero en otro sitio





Olvido García Valdés
Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008)
Galaxia Gutenberg, 2008.

jueves, julio 21, 2016

Escribir (fragmentos)


El poema es siempre retrospectivo, pero la dilación lírica se adhiere a la respiración; el pensamiento del poema no procede por análisis sino condensándose, condensándose en asociaciones, en ritmos y montaje. Se trata de un pensamiento perceptivo, intuitivo y lacónico, sensorial.

Algunas prácticas, trabajo de taller: 1) suprimir: suprimir imágenes o nexos innecesarios, decir lo menos posible: con frecuencia la fuerza de un poema no está en lo que dice sino en lo que calla y que lo alimenta (en las máscaras de algunas tribus de Mali, cuanto más peligrosa es la máscara, más pequeña es la boca); 2) ahondar en lo rítmico, buscar que se resuelva en lo de verdad respiratorio; 3) vigilar contra los hallazgos, contra lo redondo, contra lo agradecido y esperable.


*


Mis libros se hacen un poco a ciegas, quiero decir sin un proyecto inicial que la escritura vaya cubriendo. Cada poema nace de modo independiente, uno a uno se escriben a lo largo de los años. Después, en algún momento, empiezo a trabajar el libro como tal,  lo que significa ir haciéndome con él. El libro está ahí, en las líneas que se transitan, en la red de recurrencias que se van tejiendo, en los hilos que le tienden los libros anteriores.


*


El ritmo viene. El ritmo viene con la imagen, fluye; pero se entrecorta o vira en la sintaxis. O lo que es lo mismo: el ritmo no es de la medida, sino de los latidos y la respiración, de la aspereza y el titubeo, de la levedad y la fatiga. El ritmo viene en el poema, con viento en contra y corrientes a favor. El poema va siguiéndolo, ganándoselo.


*


El poema, como el paisaje, es lugar donde se nos permite hablar con los muertos; también donde se nos permite sentir el dolor. Ambos se traman de duración, el tiempo ensimismado en la contemplación de la cosa perdida. Así caracterizaba Benjamin el luto.

(En qué consiste la emoción nos lo muestra a veces la falta de emoción. Cuando al oír o leer una frase sentimos que le falta emoción, percibimos que esa ausencia tiene que ver con algo del tiempo; la falta de emoción va unida a alguna falla o excesiva claridad en el sentimiento del tiempo; como si la muerte no hubiera imprimido su huella.)


*


La poesía, como la filosofía, trabaja a la contra; por ejemplo, contra la cultura, contra la lengua de la cultura, contra el método, contra lo que se sabe hacer; y contra la idea de musicalidad que parece perseguirla, idea que actúa con frecuencia diluyendo la precisión, esa cualidad irrenunciable de lo poético -y el llamado rigor formal es sólo el modo de alcanzar la precisión-.


*


El poema no viene de la mano de la voluntad o la consciencia, se toma su tiempo, espera, aparece o no aparece, fluye a través de lo periférico, lo periférico conforma lo central. En esa fase, el trabajo es subterráneo, algo de lo inconsciente o lo preconsciente cuaja y ello ocurre no cuando uno quiere sino cuando ello quiere. Por ejemplo, durante mucho tiempo supe que para caza nocturna me faltaba un poema que respondiese a lo que yo llamaba pastoral (Pastoral era también el título de un cuadro de Arshile Gorky); ese poema tenía que ver con cierta memoria mía de la infancia, pero no supe escribirlo hasta que no cuajó en la forma de un sueño.

En una entrevista, Gary Snyder se refería a la meditación con estas palabras: "De hecho, como sabe cualquiera que haya practicado suficientemente la meditación, aquello a lo que se apunta no es nunca lo que se alcanza. Aquello a lo que se apunta no es, curiosamente, lo que se obtiene; la voluntad consciente no puede alcanzarlo. Hay que practicar una especie de distracción cuidadosa, pero en verdad relajada, que permita al inconsciente hacer su propio trabajo de ascenso y manifestación. Sin embargo, en el momento en que uno, alerta, se dispone a apresarlo, se escapa, se desliza hacia el fondo. Es algo muy semejante a lo que ocurre en la caza estática: te detienes en algún lugar en el bosque y permaneces inmóvil hasta que las cosas comienzan a vivir, empiezan a aparecer ardillas, gorriones y conejos que estaban ahí desde el principio, pero que se zambullen en algún rincón cuando se los mira de cerca. También la meditación es así". Como la poesía.




Olvido García Valdés
Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008)
Galaxia Gutenberg, 2008.

sábado, abril 21, 2012

Cinco poemas de Olvido García Valdés

.
El pez asoma y escucho la pregunta
por si duele vivir. Si pesa
una pena tanto
como otra pena, si arrastrar los pies
durante un día requiere la misma resistencia
que otro arrastrar de pies. Porque han vuelto
estos grumos, estos gusanos
pura luz de tan verdes, tan violentos
y dulces, y la brisa riza el agua
ahora que sube la marea.



qué largo el tiempo
para la niña que peina a su hermana
mientras la madre hace
la cena de fin de año; luego
ella misma se lava los cabellos
y su hermana la peina; casi
como si fuera su nochevieja primera
todo va muy despacio y pide
con uvas los deseos



Halcón, halcón, qué sabes, dime,
de la afilada ternura que se aleja, adónde
va. Viene de dónde este cerrarse
del pulso intransigente. Cielo
y tierra rasos, como objeto tuyo
me miras, cernido y alto, culebrilla
de agua la que casi es de arena. Desde
los eucaliptos vienes, desde el silbo
transparente de febrero que te llama
y yo, dime, me he ido dónde.



La turquesa persa en un dedo corazón
de campesino; vi la mano, el aire
de trabajar duro que algunos artistas
tienen; de sol a sol tocar el rubat, escribir
un poema. Eran músicos, salían a la calle
delante de nosotros, hablaban y reían,
sólo en su mano el anillo turquesa, de noche,
salían a la calle en Madrid como quien sale
al mundo, a la carretera estrecha por la que alguien
pasará hacia el pueblo; tangentes el ojo y el anillo,
la curva del ojo y la curva del anillo, deseé
ir tras ellos; no me veían, si me miraran
tampoco me verían, campesinos
de mi niñez que produjeran
exquisita, melancólica música; ir tras ellos
a un mundo cálido, al frío de la noche.



A veces falta cierta ordenada
manera. Si se ignora en qué sentido
giran las agujas, se abre abrupto el hueco,
sume los ojos el caracol.
Si, en cambio, se lee que la artista —Agnes Martin— en sus cincuenta últimos años no miraba la prensa, o que el artista —Anselm Kiefer—construyó siete torres, siete altos palacios celestiales y grises moldeados en cemento, erizados de hierro y lastrados con plomo —para que puedan al inclinarse temblar—en una inmensa factoría abandonada,
uno respira esa
burbuja calma o aire
o luz del cielo.



Olvido García Valdés
Y todos estábamos vivos
Tusquets, 2006.