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martes, noviembre 21, 2023

Cinco poemas de Berta García Faet


Niños que roban / situacionismo teen

Cuando eras pre-adolescente
tu alias para el Messenger era NOVALIS
(el poeta alemán del primer romanticismo,
el de En las húmedas fresas que brotan de lo oscuro).

Cuando yo tenía trece cadetes años
me hacía llamar KENZA
(Kenza: la muchacha marroquí que me gustó un verano).

Ya adultos, ya tenebrosamente adultos,
nos hemos confesado lo que en su día fue inconfesable,

y nos hemos reído fantaseando con un encuentro transhistórico
entre un Novalis que se escapa de casa para ver a una novia
y una Kenza que salva al mundo con pancartas en árabe
gracias a diccionarios online que no conjugan.

Diez años después, ya mal que bien adultos,
decimos por primera vez que somos mal que bien adultos,
y nos hemos confesado lo que en su día fue inconfesable:

abrazamos al Yo del Ser-Amado-Cuando-Era-Tierno-Púber
De-Hombros-Desiguales-Y-Exaltación-Dramática,
tan lejos de sí que se siente su Tú:
¡con qué facilidad tan inconsciente
--casi dan ganas de insultarnos--
nos exponíamos!

Abrazamos al Yo-Tú, sin embargo, de cerca:
un destello
simétrico, y otro, y otro, asimétrico.

La idea es que esto no ha acabado:
diez años después de este poema,
quién sabe qué nombres habremos usurpado
para nombrar lo mismito.







Gatito vámonos pa'el siglo trece
pa'que mi bokella rece

pa'que se despierte
el brazo del santito y me peine

los cabellos pa'bajarme
de los cerros de mis penas
y me vengue


gatito vámonos pa'el siglo trece
pa'que mi bokella rece

pa'que su diente le pida a la virgencita
de las ratoncelas
un salto de gata
una torre pa'tirarme
los cabellos pa'bajarme
y por ellos deslizarme
como niebla
y relente


gatito vámonos pa'el siglo trece
trece maravedíes
trece gatitos
trece preguntas pa'que mi bokella rece
y por la girola veo que se mece
el deambuleo
de mi ronroneo
y veó que mi bokella crece

pa'que se despierte
una fe y su crisis y me peine

pa'que se despierte
una fe y su crisis y me lleve

de la mano
aún sangrando del santito y me peine

los cabellos pa'bajarme
los cabellos pa'bajarme
no sé a dónde
y me vengue


gatito vámonos pa'el siglo trece
pa'que mi bokella rece un blús

pa'que se despierte el tú
de la sangre de mi hambre y me peine

un salto de gata
una ratoncela pa'mi alma
una torre pa'tirar por áhi mis cabelluelos
y bajarme y deslizarme en los colores déllos
blús
como niebla y relente y que me vengue
ya sin aire
no sé adónde
quién o qué no lo sé p'ro que me vengue

el blús sabrá

dios proveerá

niebla o quizás


el blús sabrá

dios volverá

pa'que mi bokella rece
su rocío de una noche
y que undíaunsiglohoy me encuentre

dios volverá
pa'que mi bokella rece







Oye qué edad tienes? Pareces una mujer

oye qué edad tienes? pareces una mujer

soy una o dos mujeres
de pinchosas piruetas

deseas cuerpos? cabellos negros? renglones
esbeltos
suculentos?
frutas
redundantemente sexuales?

la excursionista
festecha a mi llevadadelamano cruz
que, por estrecheces que han sufrido sus exuberancias
y por rara y por nerd,
quiere ser atea y los domingos
habla de los sábados
             porque el tiempo, que preocupaba a ricoeur,
es más raro que un perro verde,
que un perro verde chartreuse

mis saludos holaaa eooo holaaa ilusionados
ventanamente como la felicidad
se encaraman al derrame;
porque siempre digo "holaaa" cuando nazco
y siempre digo "a pasar buena noche, familia"

oye qué edad tienes? pareces un corcel

soy uno o dos corceles
y una centaurea

soy la excursión soy la fiesta

deseas movimiento?

what can you do with your own historicity
baby
and what can you do with mine?

sí, deseo

la menta piperita
mar rosa
el cauro, que el cauro hincha mi corazón

señoritas divinas
siempre con novio...!
y hombres con pecas y un suéter...!

palabras claroscuras

huir por (a causa de) la lluvia
por (a través de) la lluvia







Casa giratoria

en el mundo normal
para girar
necesitarías
un eje

pero en el mundo de paul klee y del color coral
las casas giratorias
no tienen eje
tienen perfume

tienen razón los perfumes y yo soy la chica de las pitayas
recorro la ciudad buscando pitayas
no tengo eje

cazo pitayas acumulo pitayas
las almaceno en el zaquizamí de la casa giratoria
del mundo de paul klee
no tengo eje
tengo añicos de perfume

vivo como bandida
salteadora de caminos
no giro sobre mi eje
giro sobre mi limbo
giro
sobre mi filo
vivo
en el zaquizamí
de la casa giratoria en el mundo de paul klee
y de la fe

tienen razón los perfumes y yo soy la chica de las pitayas
y el giro es un amago de magia
el color es una puerta

el sol parnasiano de paul klee
que es el sol impresionista de claude monet
es el sol que vine a ver
y me quedé

amanezco, existo y anochezco en el zaquizamí
de la casa giratoria
en el mundo de paul klee
acabo exhausta después de rodar por la ciudad
como esférica sed
buscando puertas

en el mundo normal
para girar
necesitarías
un eje

pero yo soy una bandida de ejes
y vosotros salteáis los caminos
y yo soy una ladrona de ejes
y vosotros sois bellos: abrid las puertas

tienen razón los perfumes y yo soy la chica de las pitayas
no sé si tengo alma

y no sé qué hago
en el zaquizamí acaparando pitayas
espolvoreando pitayas con añicos de perfume

y no sé qué hago
y no sé qué hago en el mundo normal
y no sé qué hago
y no sé qué hago en el mundo







Novela del cura y la señorita (fragmento)

8

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
"estoy en el centro" y que qué pena

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no sé regatear un balón sólo encalarlo
en la iglesia adyacente
al patio
del recreo y que qué pena

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no logro sostener entre mis manos
el largo aliento de la perla y que qué pena

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no soy lo suficientemente sufí
ni maleante
no me aceptan
en el grupito esos niños
porque no hago trizas ni las perlas ni las vidrieras

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no soy una trompeta ojalá lo fuera y fuera
comparada
a la risa de los niños
malos después de armar alguna
metáfora o armar alguna
buena
. . . .
. . . .







Berta García Faet
Corazonada
La Bella Versovia, 2023

martes, noviembre 07, 2023

Seis poemas de Rafael-José Díaz

No sueles llevar zapatos adecuados, pues nunca sales a nada en concreto, y cuando, sin querer, a medida que la visión se reduce con el anochecer, hundes el mocasín o el náutico en el fango, sientes cómo te sube por el cuerpo una sensación viscosa, como si no fueran únicamente el pie y el zapato lo que se te ha hundido en el fango, sino el cuerpo entero, incluso las partes medulares del cuerpo, que se estremecen entonces con una mezcla de gozo y repugnancia, dando paso a un estado de ánimo idóneo para el proceso de seguir avanzando hacia el interior del bosque a través de los surcos dejados en el suelo encharcado por un vehículo que salió acaso huyendo de una emboscada, un derrumbe, una alucinación.





La tarde colgaba allí de las ramas como si fuera un juego de abalorios. Abalorios de color esmeralda, bisutería de moho que se retorcía entre los aparatosos ramajes y que tintineaba cuando pasaba una de esas ráfagas que nos estremecían y nos hacían subirnos los cuellos de los suéteres. Era una tarde de fantasía, una tarde dentro de un cofre, una tarde que había sido sacada de un cofre escondido dentro de un baúl, bajo un juego limpísimo de sábanas, un baúl arrinconado en un trastero al que nadie subía, y allí estábamos nosotros, flotando entre los ramajes que, como colgajos de la tarde, brillaban de un modo casi imperceptible, pues eran tantas las capas y los cierres y las puertas que los habían preservado desde hacía tanto tiempo que llegar hasta el corazón de todo aquello resultaba casi imposible.





En este paisaje mental podrías deshacerte de gran parte de lo que fuiste. Lo que fuiste y no necesitas. Lo que fuiste y no sabes. Lo que fuiste y no cede. Lo que fuiste y no fuiste. Podrías traer a este vertedero situado en lo alto de una montaña los cachivaches que abarrotan una memoria abrumadoramente desintegrada. En cada partícula, en cada fragmento de partícula, se acumulan piezas inservibles que fueron depositadas allí quizá con la esperanza de reconstruir algún día una armazón que sostuviera el nuevo cuerpo que nunca se formó, la memoria futura de lo que ibas a ser y no necesitabas. Lo que ibas a ser y no sabías. Lo que ibas a ser y no cedió. Lo que ibas a ser y no fuiste. Este paisaje mental es el lugar perfecto para abandonarlo todo. Aquí pueden pudrirse juntos, irrecuperables, lo que fuiste y lo que ibas a ser.





Desciende, a lo lejos, un avión hacia la pista de aterrizaje. Lo miramos un momento entre las aberturas que dejan los árboles entre las partes más altas de sus copas y creemos poder tocarlo con las manos. Pero las manos están ocupadas. Mientras la mirada se despliega un instante en dirección al cielo atravesado por el aeroplano, las manos trabajan silenciosas en rebajar tensiones, anudar nudillos, tejer lazos fugaces, excitar zonas erógenas. En el barro y en el cielo todo es igual de efímero, y lo mismo que una vez que el avión pose sus ruedas en la pista el vuelo habrá terminado, las manos obrarán el final del deseo en cuanto el orgasmo deposite sus fluidos excitantes en la piel tersa del vientre o de los muslos.





Los troncos cortados surgen como setas gigantescas en medio del bosque. No es fácil imaginar por qué los cortan, casi a ras del suelo. Por qué esos árboles ya no están y otros muchos sí. Son como huellas de pisadas, pero al revés: como si alguien pisara desde el interior de la tierra y esas plataformas fueran la revelación de un mundo sumergido e inverso al nuestro. Son los rastros del vértigo de quien camina debajo de nosotros y se hunde en el barro dócil y se tambalea. Pisadas de gigantes ctónicos que afloran en el bosque por el que nosotros, seres minúsculos, revoloteamos como mariposas sin alas. Entre las grietas de esos troncos cortados anidan los milpiés y, si nos limpiamos el barro del calzado en el filo de la corteza, se enroscan histéricos en una espiral. Al cabo de unos segundos, se desenroscan y surcan el barro dejado sobre el tronco.





Todas las veces que fuiste recordaste aquella primera, cuando aún no conocías la montaña y llegaste a ella como se llega a los sitios que de verdad importan, por un golpe de azar, en una compañía fortuita, una noche cuyo recuerdo apenas dibuja el vaho de unos cuerpos en el cristal de un coche y las luces repartidas por la llanura allá abajo. Desde ese día, sin saberlo, algo te vinculó a la montaña, pero, como si supieras que el futuro te depararía momentos no siempre tan gratificantes como aquel, te alejaste de ella, la olvidaste, encapsulaste aquel instante de comunión con el vaho y el cristal, igual que otros muchos recuerdos encapsulados e inservibles, como si lo arrojaras a un vertedero. Sin embargo, conservó algún tipo de luz invisible que irradiaba a lo lejos, cuando pasabas por la carretera que bordea la montaña y, al mirar hacia arriba, sentías la punzada de un nombre borrado, un cuerpo olvidado, el vaho en el cristal.





Rafael-José Díaz
La montaña de barro
El sastre de Apollinaire, 2023

viernes, julio 28, 2023

Cuatro poemas de Berta García Faet

Etzibo

iba yo en el siglo XVII
canturreando popular unas andolas
cuando me vi cercada por mentirijillas

mentirijillas de los hombres
mentirijillas de las mujeres
mentirijillas mías maguer
al principio no lo columbrara!

y qué hice? etzibar suspiros
y etzibo mi canción

remacho castros trapisondas
y mi verdad íntima

y no tengo más
que seguir con mi vía

iba yo en el siglo XXI
etzibando suspiros
cuando me vi cercada por mentirijillas

y qué hice?

etzibando suspiros
estudié de qué sueños están hechas o a lo menos farcidas
las mentirijillas metomentodo
estudié mis sueños estudié el "mis" del "estudié mis sueños"
estudié cómo no voyme a estudiar

he farcido mi silabario
con los pasados remotos de la humanidad y de mis vuelcos

que yo voy masticando
como lascas de viáticos
he farcido mi silabario
con lo que no me columbro con lo que me pescudo
he farcido mi silabario
con apetito de belleza y adelante
he farcido mi silabario
con un afán: belleza verdad y mi destino!
he farcido mi silabario
con lo que me supera
en fuerzas
y se sale
del propio silabario porque es mucho!

y qué hago?

etzibando suspiros

me etzibo y vivo y compongo esta canción
que sabe más que yo

que sabe más que yo!







La tarde canta
pitayas a las doñas.

mi midons va lirando:
quiero una laranja!

yo decidora de amor:
yo quiero ser la laranja!

--se puede tal vez --me dice
el lomo de la montaña
salt & pepper, no tarde--
trocar pitaya en laranja.

si comes, mi om, los limones
de los peligros
y las granzas.

y sin las lástimas!

limoncito del vedado.
de la escarpa.
y lo cantas.

liras para mi doña
si se pone la rosada.

liras para mi doña,
si raudalada.

si se pone la rosada,

mi doña,

encaprichada.

mi doña que es tan lindera
y yo la arrojada.

si se pone la rosada.







(transcribo la letra de mi canto
en esta hoja de arce para los que vengan cras

la transcribo puesto que pienso para mí
que habla una verdad

no porque mi canto sea mío

tal vez lo sea

se avino a mí
se avino solo

solo desde su región

y al nadie estar solo
muchas largas veces me he dicho que no cabe
sino creer que el canto viene de lo que ignoro
para estar conmigo

los que vengan la podrán hablar y será una verdad
o un acompañamiento

musical

sin más la transcribo junto a una conversación
con una hierbadelasno

hierbadelsasno que era mitad dibujo amarillo de flor

mitad hamadríade
de un chopo que amo que vive

más otra conversación
de esta con una luciérnaga
junto a lo que hice yo mientras

conversaciones lentas que dan cuenta
de cómo creció mi canto

por si place a los que gustan
de escuchar historias ciertas

y entreabiertas)







Mi vida es mágica
voy a morirme y es mágico

canción visible
que te pinchas con la rueca de la noche pero soy yo
quien sangra

quemar terciopelo

darle la vuelta al eco

soy mágica







Berta García Faet
Una pequeña personalidad linda
La Bella Varsovia, 2021

viernes, abril 21, 2023

Fragmentos de conversaciones con Olvido García Valdés


... hay un momento en que se hace evidente, y hasta entonces no se me había hecho (no sé por qué se hace evidente en un momento, muy tarde, y no antes), se hace evidente que uno es escritor cuando dice que es escritor. Así de sencillo. No hay más misterio. Tú dices que eres escritora y eres escritora. Y mientras no dices que eres escritora, no eres escritora.


*


Yo lo que escribo son esos cuadernos a los que nos referíamos antes, y lo que acaba saliendo de esos cuadernos son poemas. Entonces, la escritura de un poema, la escritura de poesía, efectivamente, requiere, supone un trabajo que puedes llamar filosófico, de pensamiento crítico sobre la lengua, o de adopción de determinadas posiciones respecto a ella y respecto a la tradición literaria, de conciencia crítica, que excluye la ingenuidad, y que va desarrollando una determinada poética, en fin. Pero, en todo caso, ese es un trabajo implícito para mí. Es decir, es un trabajo implícito, que es en realidad el verdadero trabajo. La poesía tiene su propio carril; trabaja con una química y una física que produce cristalizaciones, que hace que determinadas cosas cuajen, tiene sus raicillas raras.


*


Y en cuanto a la literatura, la historia de la literatura tal como se concibe, o concebía, en la universidad española, no me interesa casi nada.

Entonces, una escritura que saliera de ahí, de esa formación, creo que tendría mucho que ver con el conocimiento de las tradiciones, de la propia tradición literaria; conoces bien el siglo XIX, y entonces tú te puedes formar efectivamente como poeta partiendo de eso. Es interesante y creo que es lo que ha hecho muchísima gente. Pero me siguen pareciendo las ramas, quiero decir que no hay... Creo que no hay lo que tiene que haber, que es algo que te pilla a ti como de raíz; y que el conocer la tradición no es suficiente, no te lo da...


*


... realmente de la escritura lo que más te interesa es a dónde vas llegando, no de dónde partes. Es decir, tú partes de lo que sea, pero lo que te interesa es lo que eso va trayendo y hacia dónde te va llevando, conduciendo. En ese sentido, de conocimiento, o de reconocimiento. Es decir, la escritura no es el lugar de lo que ya sabes, sino el lugar hacia el que vas. De reconocimiento en ese aspecto, de lo que te da de ti que no sabías de ti. No benigno, porque creo que la vida no lo es y todo lo que da cuenta de eso, de ella, no suele ser benigno. En cierto modo la escritura consuela, pero luego te deja donde estabas, a la intemperie.


*


... el asunto de la belleza y de lo estetizante no tuvo valor nunca para mí. Lo que ocurre es que eso no es, claro, una garantía de nada. Quiero decir que el apostar por la raíz de la vida o por una supuesta verdad, se entienda por esto lo que se entienda, y que se perciba en la escritura... esa actitud no es garantía de nada a la hora de escribir. De hecho, puede ser bastante pero que la actitud estetizante, que por lo menos tiene un barniz que lleva las cosas a otro sitio.


*


... la asociación siempre digo que es el mecanismo natural con el que para mí funciona el poema, y después viene la segunda parte o el otro mecanismo esencial, que es lo que llamo desprendimiento. Se va desprendiendo de lo que no hace falta. Con esas dos cosas --asociación y desprendimiento--, y con el tiempo, acaba cuajando lo que sea. Bueno, entonces, pon que pasan tres años, que pasan cuatro años, depende en cada caso de los años que sean. Hay ahí bastantes materiales y hay un momento --tampoco sé cuándo ocurre, pero ha ocurrido así hasta ahora-- en que tienes la sensación de que ahí seguramente hay un libro.


*


... ese poema determinado, de quien quiera que sea, en ese momento que lo leo es mío y no... y me da igual, o sea, me da igual cómo haya sido para quien lo escribió; o que haya otro tipo de lecturas posibles, etc. En la lectura yo creo que se entra a saco, absolutamente, y eso hace que seamos, en efecto, dueños de lo que leemos, es decir, que te apropies tranquilamente de palabras, de versos, que te apropies sabiéndolo o sin saberlo. Es decir, que llega un momento en que eso forme parte de ti; es lo más que puede pasarle a alguien que escribe, que se apropien de él. Eso por una parte. Pero eso es, digamos, como la relación con lo que ya está. Y ahí el autor o autora es pura obra, el autor no existe, el autor en realidad hace tiempo que no puede tener nada que ver con eso.


*


Entonces, publicar tarde, aunque no te salva tampoco de lo que con el tiempo puede dejar de interesarte poéticamente, tiene la ventaja, diríamos, de que si hubieras publicado primero, la metedura de pata habría sido mayor. O sea, simplemente amplía esa banda inicial de protección contra la metedura de pata.


*


Éramos poquísimas personas en la sala, quince o así, no había más, y entonces esa mujer --ya muy mayor--, a la que nunca había oído, la había leído pero nunca la había oído, se sentó allí, ante la mesa, con aquel público. Llevaba unos folios grandotes con letra también grande que tomaba y de los que leía un fragmento; era una especie de poética que iba entreverando con los poemas. Un poema, un fragmento de los folios y otro poema. No levantó la vista ni una vez. En realidad leía para sí misma. Era impresionante. Y lo sentí como una especie de confirmación. O sea, la gente que está ahí, sea mucha, poca o la que sea, a ti, ¿qué más te da?, ¿qué tiene que ver contigo? Puede que los conozcas, hasta puede que algunos sean amigos tuyos, pero eso va por otro camino y en otro momento. Ahí, en ese momento es como... aquella señora leía como quien se tira a un pozo.




Los fragmentos de esta entrada son parte de las intervenciones de Olvido García Valdés en su conversación con Miguel Marinas publicada como libro con el título Un lugar donde no se miente por la editorial Libros de la Resistencia en el año 2014.

domingo, mayo 21, 2017

Siete poemas de Olvido García Valdés


Algunas piedras
se vuelven transparentes
con el sol, casi
transparentes. A veces,
al caminar,
me siento y las miro.
Algunas almacenan luz,
pulidas y cerradas,
como si fueran vivas. Las cojo,
están llenas de tierra
por debajo, tienen un tacto
áspero y fresco.





Umbrío el naranjo y aterida
la casa, así nombras aquello, su contigua
presencia, lugar
al que no vas. Ella sustituía
a un profesor que se suicidó luego
y siguió trabajando todo el curso
gracias a eso. Asientes,
no lo conociste tampoco,
y te quedas pensando, el suicidio
es real y carece de afectos, una decisión
y una puesta en práctica, un estado
de ánimo. Ahora, de esto
me preocupa el ritmo.





Sube el ruido de quienes asisten
a la boda, mientras la brisa mueve
ramas y hojas frente a los sillares.
Si en vez de verlo, y ver
el sol dorando bajo
las piedras y las hojas, viera solo
una foto -sillares, pináculos y un trocito
de árbol, todo bajo la luz-, me perdería,
además de la brisa, la móvil levedad
de las hojas, los vencejos chillando, las voces
que me excluyen, la sombra
que casi imperceptible se desplaza, la vida,
cómo suena, su fugitivo ojo.





a Francisco Fernández Buey

Los cuatro árboles rojos, el cielo
rojo, el sol rojo sobre la tierra
oscura. Schiele, 1917. Cómo
las fechas hablan. Sólo un año
de vida para él; para nosotros
un nuevo mundo que hemos visto
cerrarse. Ahora el siglo acaba,
año 95, 29 de junio,
amenaza tormenta, el cielo
es gris, una paloma afuera
adormilada y quieta como un gato
emite su zureo. Todo es casual,
parece melancólico probablemente
por la luz, por un ánimo
sombrío de la luz.





la choza de las calabazas
cenador de poetas
que lo efímero nombra
de ellos hace constar la noche
en que a causa del ahogo no pudo
dormir, 25 de agosto
1650, hubo
de sentarse en el lecho y encender una vela
hasta el amanecer





Sólo lo que hagas y digas
eres, incierto lo que piensas, invisible
lo que sientes dentro de ti.
¿Qué significa
dentro de ti? Nada eres si, como dicen,
no es intersubjetivamente comprobado
(al menos comprobable). Juan de la Cruz no es
más que unos poemas, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe, sólo palabras.
¿Qué significa
intersubjetivamente? ¿Cuántos sujetos
hacen falta? ¿Cuántos que digan
a la vez: Juan de la Cruz, Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe son cimas
de la vida humana, cimas
de la miseria humana en este hermoso
mundo?





dice que no pudo entrar porque la hierba
había cerrado
dice que no volverá, arroz
con leche y rojas guindas,
vivimos ahora
por entero en otro sitio





Olvido García Valdés
Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008)
Galaxia Gutenberg, 2008.

jueves, julio 21, 2016

Escribir (fragmentos)


El poema es siempre retrospectivo, pero la dilación lírica se adhiere a la respiración; el pensamiento del poema no procede por análisis sino condensándose, condensándose en asociaciones, en ritmos y montaje. Se trata de un pensamiento perceptivo, intuitivo y lacónico, sensorial.

Algunas prácticas, trabajo de taller: 1) suprimir: suprimir imágenes o nexos innecesarios, decir lo menos posible: con frecuencia la fuerza de un poema no está en lo que dice sino en lo que calla y que lo alimenta (en las máscaras de algunas tribus de Mali, cuanto más peligrosa es la máscara, más pequeña es la boca); 2) ahondar en lo rítmico, buscar que se resuelva en lo de verdad respiratorio; 3) vigilar contra los hallazgos, contra lo redondo, contra lo agradecido y esperable.


*


Mis libros se hacen un poco a ciegas, quiero decir sin un proyecto inicial que la escritura vaya cubriendo. Cada poema nace de modo independiente, uno a uno se escriben a lo largo de los años. Después, en algún momento, empiezo a trabajar el libro como tal,  lo que significa ir haciéndome con él. El libro está ahí, en las líneas que se transitan, en la red de recurrencias que se van tejiendo, en los hilos que le tienden los libros anteriores.


*


El ritmo viene. El ritmo viene con la imagen, fluye; pero se entrecorta o vira en la sintaxis. O lo que es lo mismo: el ritmo no es de la medida, sino de los latidos y la respiración, de la aspereza y el titubeo, de la levedad y la fatiga. El ritmo viene en el poema, con viento en contra y corrientes a favor. El poema va siguiéndolo, ganándoselo.


*


El poema, como el paisaje, es lugar donde se nos permite hablar con los muertos; también donde se nos permite sentir el dolor. Ambos se traman de duración, el tiempo ensimismado en la contemplación de la cosa perdida. Así caracterizaba Benjamin el luto.

(En qué consiste la emoción nos lo muestra a veces la falta de emoción. Cuando al oír o leer una frase sentimos que le falta emoción, percibimos que esa ausencia tiene que ver con algo del tiempo; la falta de emoción va unida a alguna falla o excesiva claridad en el sentimiento del tiempo; como si la muerte no hubiera imprimido su huella.)


*


La poesía, como la filosofía, trabaja a la contra; por ejemplo, contra la cultura, contra la lengua de la cultura, contra el método, contra lo que se sabe hacer; y contra la idea de musicalidad que parece perseguirla, idea que actúa con frecuencia diluyendo la precisión, esa cualidad irrenunciable de lo poético -y el llamado rigor formal es sólo el modo de alcanzar la precisión-.


*


El poema no viene de la mano de la voluntad o la consciencia, se toma su tiempo, espera, aparece o no aparece, fluye a través de lo periférico, lo periférico conforma lo central. En esa fase, el trabajo es subterráneo, algo de lo inconsciente o lo preconsciente cuaja y ello ocurre no cuando uno quiere sino cuando ello quiere. Por ejemplo, durante mucho tiempo supe que para caza nocturna me faltaba un poema que respondiese a lo que yo llamaba pastoral (Pastoral era también el título de un cuadro de Arshile Gorky); ese poema tenía que ver con cierta memoria mía de la infancia, pero no supe escribirlo hasta que no cuajó en la forma de un sueño.

En una entrevista, Gary Snyder se refería a la meditación con estas palabras: "De hecho, como sabe cualquiera que haya practicado suficientemente la meditación, aquello a lo que se apunta no es nunca lo que se alcanza. Aquello a lo que se apunta no es, curiosamente, lo que se obtiene; la voluntad consciente no puede alcanzarlo. Hay que practicar una especie de distracción cuidadosa, pero en verdad relajada, que permita al inconsciente hacer su propio trabajo de ascenso y manifestación. Sin embargo, en el momento en que uno, alerta, se dispone a apresarlo, se escapa, se desliza hacia el fondo. Es algo muy semejante a lo que ocurre en la caza estática: te detienes en algún lugar en el bosque y permaneces inmóvil hasta que las cosas comienzan a vivir, empiezan a aparecer ardillas, gorriones y conejos que estaban ahí desde el principio, pero que se zambullen en algún rincón cuando se los mira de cerca. También la meditación es así". Como la poesía.




Olvido García Valdés
Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008)
Galaxia Gutenberg, 2008.

sábado, abril 21, 2012

Cinco poemas de Olvido García Valdés

.
El pez asoma y escucho la pregunta
por si duele vivir. Si pesa
una pena tanto
como otra pena, si arrastrar los pies
durante un día requiere la misma resistencia
que otro arrastrar de pies. Porque han vuelto
estos grumos, estos gusanos
pura luz de tan verdes, tan violentos
y dulces, y la brisa riza el agua
ahora que sube la marea.



qué largo el tiempo
para la niña que peina a su hermana
mientras la madre hace
la cena de fin de año; luego
ella misma se lava los cabellos
y su hermana la peina; casi
como si fuera su nochevieja primera
todo va muy despacio y pide
con uvas los deseos



Halcón, halcón, qué sabes, dime,
de la afilada ternura que se aleja, adónde
va. Viene de dónde este cerrarse
del pulso intransigente. Cielo
y tierra rasos, como objeto tuyo
me miras, cernido y alto, culebrilla
de agua la que casi es de arena. Desde
los eucaliptos vienes, desde el silbo
transparente de febrero que te llama
y yo, dime, me he ido dónde.



La turquesa persa en un dedo corazón
de campesino; vi la mano, el aire
de trabajar duro que algunos artistas
tienen; de sol a sol tocar el rubat, escribir
un poema. Eran músicos, salían a la calle
delante de nosotros, hablaban y reían,
sólo en su mano el anillo turquesa, de noche,
salían a la calle en Madrid como quien sale
al mundo, a la carretera estrecha por la que alguien
pasará hacia el pueblo; tangentes el ojo y el anillo,
la curva del ojo y la curva del anillo, deseé
ir tras ellos; no me veían, si me miraran
tampoco me verían, campesinos
de mi niñez que produjeran
exquisita, melancólica música; ir tras ellos
a un mundo cálido, al frío de la noche.



A veces falta cierta ordenada
manera. Si se ignora en qué sentido
giran las agujas, se abre abrupto el hueco,
sume los ojos el caracol.
Si, en cambio, se lee que la artista —Agnes Martin— en sus cincuenta últimos años no miraba la prensa, o que el artista —Anselm Kiefer—construyó siete torres, siete altos palacios celestiales y grises moldeados en cemento, erizados de hierro y lastrados con plomo —para que puedan al inclinarse temblar—en una inmensa factoría abandonada,
uno respira esa
burbuja calma o aire
o luz del cielo.



Olvido García Valdés
Y todos estábamos vivos
Tusquets, 2006.