viernes, febrero 28, 2014

Dos poemas de Daiana Henderson


Roedor

El niño sacó la dentadura postiza
y llenó de monedas
el vaso de agua, a la orilla
de la mesa de luz de su abuelo.
Estaban más doradas que
ninguna, como pulidas.
Miento. Yo no lo vi,
solamente me lo contaron
y estoy segura de que, además,
la anécdota es mentira.
Pero dejen que me quede
con la filmación mental
de las monedas expulsando
finos hilos de luz
que se atan a las puntas del sol.
No me quiten eso.




El arte de contener la respiración

Mi hermano desmayado en el fondo
de la pileta olímpica del club
es un recuerdo sordo.
El Colo lo descubre y sale,
cargándolo a la manera de Superman;
sólo que en vez de llegar la prensa
llega la ambulancia.
Mi mamá le sostiene la cabeza,
llora, de rodillas, ante la lástima
de las demás familias.
Tengo cinco años.
Veo la boca de mi madre
gesticular el nombre de mi hermano
pero no escucho nada.
Nos llevan a mí y a mi hermana
a la oficina del presidente
del club y nos dan seven up.
Mi hermano sobrevive y, habiendo
obtenido el título de campeón argentino,
deja de nadar.
Ya en casa, lo veo en la cucheta
tan débil que ni ganas me dan de pelearlo.
Con un tubo de papel higiénico y cartulina
le hago un globo aerostático.
Adentro del canasto estamos nosotros,
decimos algo.




Daiana Henderson
Un foquito en medio del campo
Editorial Municipal de Rosario, 2013.

viernes, febrero 21, 2014

Cuatro plegarias psicodélicas de Timothy Leary


El chakra coronario

¿Puedes flotar por el universo de tu cuerpo sin extraviarte?
¿Y concentrar tu atención en ese entramado de diamantes
formado por miles de millones de células?
¿Puedes hacer converger las corrientes sensoriales en tu cerebro
creando una erupción solar incandescente?
¿Un loto luminoso
de mil pétalos?



El guía

En
 las grandes sesiones
el guía pasa inadvertido

A éstas suceden aquellas
en las que se le elogia

Las peores son aquellas
en las que se le teme
o se le paga

Si el guía no confía en la gente
ésta sólo le devolverá desconfianza

El buen guía mide sus palabras
y permanece sereno

Cuando una gran sesión concluye
la gente observará:
"Todo ocurrió naturalmente"
"Fue muy sencillo, lo hicimos nosotros mismos".



La paradoja perfecta

Lo perfecto
incluye
lo imperfecto

El gran diseño
contiene
el fallo intencionado

El error
es el arquitecto
de la evolución

La vida entera
no es más que una serie infinita
de accidentes oportunos

Y cada metida de pata,
la perfecta fracción
de un todo perfecto

[Atención lector: Si logra detectar tres errores
en este poema ganará un pony blanco y negro]



Cómo escapar a la trampa de lo bello y lo bueno

A tu regreso
recuerda:

al escoger lo bello definirás la fealdad;
al seleccionar lo bueno definirás el mal
La moneda que has de troquelar tiene dos caras

Mejor es regresar según el flujo del Tao

Ya que los opuestos
ciertamente no existen más que para ti;
más allá de tus caras y tus cruces
baila la unidad

Todos los sonidos armonizan,
todas las partidas acaban en empate

Tu Dios sube el montículo del lanzador,
     le hace señas a su compañero, el receptor,
     reúne fuerza y lanza una bola rápida demasiado alta
     --una falta en tu opinión de bateador--

pero que aterriza de lleno en el guante de tu Diablo.



Timothy Leary
Devocionario psicodélico
Traducción: Claudio Molinari
Ruido blanco, 2003.

viernes, febrero 14, 2014

Cuatro poemas de Eduardo Milán


Una economía de mercado no necesita lo que hago
una economía que desea, desea
me obliga al qué, si no
se me ha vuelto un sino, qué sino
vivir diciendo para qué sirve
lo que no sirve a una economía de mercado que serviría al más tonto

si me fuera con mi canción a otra parte
si mi canción fuera a las formas que preceden a la producción capitalista
el genio alemán pasó por allí diciendo "tiene un valor en sí mismo"
claro que mi canción no coincide con lo que se entiende por canción

no hay moneda que coincida
de ahí esas monedas en el suelo






--No odies tanto las palabras, vives de ellas
--no odio las palabras, aunque encubren
capaces de llevar a la cumbre al que no era
--no hay ningún rey real
más que el deseo de hacerse amigo del rey--
ciertas aves rapaces distraídas, tontas, no el águila
una inminencia de nido, unos gritos de pichón de nido
que se hace con saliva, ramas, barro, musgo, se deshace luego
ese equivocarse de presa
en cuanto a vivir de ellas no sé si no son ellas las que viven de mí

hablaban entre sí con el otro y el otro entre sí hablaba con el otro
se apoyaban los codos en la mesa casi sin peso
en la taberna, sobre el césped, en el tú a tú amante





Qué quieres
sé de memoria lo que no quieres
puedes dar el paso siguiente
sé de memoria lo que quieres
luego el siguiente --cuidado con el acantilado--
sé lo que quieres luego de su memoria
un caballo se sacude la memoria del caballo
crin mojada por la lluvia avienta gotas
eso en que se transforma un poema cuando ya no
memoria del poema
el fluido se derrama por la página en un plasma ahora líquido
así abandona el flujo
lo que emana ya no emana, lo que irradia ya no irradia

sé lo que quieres
dando vuelta a la manzana ves la manzana de atrás
ya no sirve lo mismo desde distinta mirada
las campanitas del convento allá sobre la montaña
sólo de cerca campanitas nítidas
mugidos de vacas
el riachuelo que murmura entre piedras, entre peces
marcas de campana, murmurar grabado





Si yo no tuviera esta historia que tengo
si tú no tuvieras esa historia que tienes
si ellos no tuvieran esa historia que tienen
te seguiría hasta el fin del mundo, contigo me hundo
me seguirías hasta no sé donde el sol se esconde
se seguirían seseando --haciendo eses-- hasta el fin

la tienen, ellos, la tienen, él, ella
todo fue de una belleza viva, transparente
--se los podía ver del otro lado, ebrios de ellos--
así hace la memoria realmente, hace visible, empareja
silla, cita





Eduardo Milán
Tres días para completar un gesto
Filodecaballos, 2013.

viernes, febrero 07, 2014

Tres poemas de Eros Alesi


Mi padre ha muerto

Que mi padre ha muerto. Que yo estoy muerto. Que los huéspedes de la cueva están todos muertos. Que los muertos están vivos. Que los vivos están muertos. Que las lágrimas son engañosas. Que mi padre es Arthur Rimbaud. Que yo soy su hijo Eros Rimbaud. Que el tren de la demencia, de la drogadicción, de la alucinación, del alcoholismo realiza tres paradas obligatorias. Que puede realizar una. Que puede no realizarlas. Que pueden ser un millón. Que la terminal es la estación de estiércol, ceniza, polvo, sujeta a las metamorfosis de formas y órdenes de vida. Que me amo. Que amo a Eros Rimbaud, hijo de Arthur Rimbaud. Que irradio amor universal. Que hoy mi nombre es Arthur Rimbaud gracias sólo a la resaca de hace pocos minutos. Que estoy en el puff de la situacional lucidez narcótica. Que yo. Que yo. Que puff. Que puff.



El monstruo

Que el monstruo. Que el gran monstruo. Que los monstruos. Que hace tanto calor. Que me estoy percatando del alucinado sueño que vivo. Que los sueños no son sólo nocturnos. Que un chorrito de aire fresco sopla en el sueño. Que está llegando la paranoica alucinación de lo extraño o quizá del extraño personaje. O acaso sea solamente el hombre. Que mil ojos fijos en mí. Que mil cerebros construyen castillos de pensamientos sobre mi ser. Que mil sombras tratando de oscurecerme la necesidad vital. Que mil murmullos. Que mil golpes. Que mil y mil vibraciones. Que mil sonidos de arpa. Que estruendos. Que chillidos Que pedos. Que apariciones mágicas de interesantes objetos. Que la gran bruja obsesión lo cubre todo con el guante del miedo.  Que asustan parte de mi ser. Que aterrorizan parte de mi viaje ilusorio y alucinadamente figurado. Que mil policías irrumpen, violentando mi situación psicológica. Que rostros de mil policías se incrustaron en mi cráneo como un clavo. Que mil palabras se unen mágicamente sobre la hoja blanca de líneas horizontales. Que el viaje. Que el viaje loco. Que el viaje loco loco loco. Que el viaje irremediablemente loco. Que quizá yo loco. Que todo es alucinado. Que todo es alucinación. Que mil resacas alucinadas. Que mil discursos con doble sentido corren con la tarea de aterrorizar el ser. Que no surge el amor. Que no surgirán flores. Que no surgirán prados verdes. El caos ha mordido mi cráneo. Que los colores giran sobre un molino de viento que gira fuerte. Que los espacios blancos. Que tengo miedo y corro. Que corro hacia las cuevas. Que corro a la búsqueda de anfetaminas. Que corro detrás de mi sombra. Que la línea azul de tres milímetros. Que el calor de mis vocales. Que las acciones de mi puff son un mandala. Que tal vez el puff puff puff. Que el monstruo. Que el gran monstruo. Que el gran monstruo prolífico crea un suceso. Que un suceso más grande. Que un suceso más grande aun. Que la cadena de sucesos podría tener la continuidad de los números. Que 101 más 1 igual a 102. Que 102 más 1 igual a 103. Que 103 más 1 igual a 104. Que 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8.
     Que hierbas, flores, árboles, Tierra, Luna, Marte, miles de rosas, mujeres de amor, amor homosexual. Ciencias naturales. Orina, matemáticas, sol, yo, el suceso, el pequeño suceso el gran suceso. Y tantas cosas. Que todo asume un valor relativo. Que puedo renunciar a todo. Que nada me es indispensable. Que quizá he creado un punto celeste y naranja que estaba clavado en la pared. Que el ser vibra. Que el hombre y el puff. Que el puff y el hombre del 68. 1-2-3-4-5-6-7-8.






***

Que puff. Que puff. Que puff. Que puff. Que puff. Que puff. Que puff puff. Que pufffffffff. Que puff. Que putupuff. Que putututupuff. Que ffffff. Que crack. Que deng. Que tsitstststs.tsitststs. Que spt.spt. Que prrrru. Que miauuuu. Que quiquiriqui. Que umm-umm-umm-umm. Que la gran jeringa. Que la grandísima jeringa. Que la mastodóntica jeringa. Que la colosal jeringa. Que la inmensa jeringa. Te agradezco jeringa. Que la jeringa materna. Que el olor a jeringa. Que el fruto acerbo de la jeringa. Que el prado de jeringas. Que un monumento de jeringas. Que un altar de jeringas. Que un jardín de jeringas. Que un zoológico de jeringas. Que un brazalete de jeringas. Que un restaurante de jeringas. Que una perrera de jeringas.




Eros Alesi
Voces paranoicas (Bitácora inédita)
Traducción: Hiram Barrios
Cuadrivio, 2013.

martes, enero 21, 2014

Tres cantos de visión de Serge Pey


Poema de protección de los huaraches ante el coyote Tsamirawi

Tengo unos huaraches
cortados de
llantas de camión
y sé que no
podré caminar
mucho tiempo al sol
entre
mis compañeros
de Extremidad

Te lo ruego
dame otros
huaraches
Dame unos
huaraches
de cuero verdadero
porque las
llantas atadas a mis pies
no entrarán en el
vientre del sol

Fuego-Abuelo-Fuego
el día nos
deslumbra con la
luna
bebe primero
y nosotros
beberemos después
de ti

Mira
también puse mis ojos
en la leña
para que bebas
Mis ojos que ven
y que llevan un rostro
sobre el esqueleto de madera

Mira mis ojos
arden en tus
ojos
e inundan la sombra de
millones de piedras

Bebe antes que
bebamos
el agua de la tierra
que pone nuestros pies
en el aire

Wirikuta
Wirikuta

El arco-iris tiene los ojos del
fuego y le doy de beber
a su lluvia
La mariposa incendia la
fuente y le doy de beber
a su color

Y ustedes también todos ustedes
denle sus huaraches
para que Él los bendiga

para que aparten a
escorpiones y serpientes
todos los demonios del
camino

para que nos lleven
a la velocidad del águila
a la tierra de Wirikuta
hacia la sangre verde y
la Estrella

Somos los hermanos
del coyote Samuravi

Quemamos mucho
viento y el camino
es el seguir infinito
de nuestros huaraches

Así lo hicimos
al comienzo
del Mundo
y quemamos mucha
leña

Benditos por el fuego
nuestros huaraches que van
por el camino

Aquí está mi huarache derecho
Aquí está mi huarache izquierdo

Escucha la canción del
coyote
Samuravi
que reza toda la noche y se
salva en el viento

Yo sé enumerar
el color

Camino sobre la punta de
mis ojos
Canto con la lengua de
mis pies

Las estrellas en el cielo son los
ojos visibles del rostro
invisible que nos devora

Escucha al que respira la
visión Samuravi

Canto ritual de la bendición de los huaraches de los peyoteros
y poema personal. Noviembre de 1985.




Poema de los nombres

A veces se encuentran
niños huérfanos
wixárikas
que los maestros de escuela bautizan Pancho Villa o Lázaro
Cárdenas
o Víctor Hugo
o Insurgentes
como un nombre de calle

Cuando nací me bautizaron dos veces

La primera por el padre
de mi padre que me llamó
´Etsíekame
"Maíz-sembrado-cuando-llueve"

La segunda por el padre de mi madre
que me llamó
Hairtsi Matsiwa
"El Rocío"

En mi primer
viaje a la Tierra del Peyote
fui investido con el nombre de Tutumakuyane
"Flor-espinosa-que-crece-en-el-Cerro-Quemado"

Luego otra vez aún
durante mi segundo peregrinaje
cuando me llamaron
Hiri Manakuxaure
"Cerro-de-color-que-se-ve-a-lo-lejos"

Cuando la policía me arrestó
en mis papeles escribieron
mi nombre público
Guadalupe González Carrillo

Así que ya conoces
todos mis nombres

Pero ahora que estoy muerto
si quieres venir a rezar a mi tumba
llámame como quieras
o escoge entre los nombres
que vinieron y los que vendrán
porque el sol en que habito
me bautiza todos los días
con su fuego
y en las grandes tierras donde cazo
mis compañeros
no tienen que hablar para hallarme

Soy un wixárika del Tercer Valle
del Sol

Palabras escuchadas y puestas en escena. 1979.




Canto visión de los desmembrados

De sus quijadas
nacieron las sandías y el nanche
-sí lo sé

De su lengua
nacieron el maíz amarillo y el maíz azul
-sí lo sé

De su cerebro
nacieron la calabaza y el xepái
-sí lo sé

De sus ojos
nacieron el tuxú y el tsaakuxa
-sí lo sé

De su piel
nacieron los mangos y los chabacanos
-sí lo sé

De sus nervios
nacieron el chile y el catamuchi
-sí lo sé

De sus ijares
nacieron los tomates y las nueces
-sí lo sé

De su corazón
nacieron la caña de azúcar y el camote
-sí lo sé

De su hígado
nacieron los higos el maye tapiri y el tetuí
-sí lo sé

De sus pulmones
nacieron el tabaco y el chicle
-sí lo sé

De su vejiga
nacieron el teu y el cuyaute
-sí lo sé

De sus riñones
nacieron las manzanas y el gualamo
-sí lo sé

De su médula
nacieron las ciruelas las peras y el xiu
-sí lo sé

De sus genitales
nacieron la piña y la papaya
-sí lo sé

De su colon
nacieron el mamey y el pepino
-sí lo sé

De su aparato digestivo
nacieron los hongos y los muitles
-sí lo sé

De sus dientes
nacieron el ecotal y el pimiento verde
-sí lo sé

De sus cejas
nacieron el limón y la naranja
-sí lo sé

De su bazo
nacieron la pitahaya y la guayaba
-sí lo sé

De sus senos
nacieron el durazno y el zapote
-sí lo sé

De sus nalgas
nacieron las tunas y el aguacate
-sí lo sé

De sus piernas
nacieron el chilacayote y la huwaixa
-sí lo sé

Takutsi
Nakawé
Nuestra Bisabuela
Crecimiento
creó el Mundo
-sí lo sé

Después su cuerpo
cayó en pedazos
-sí lo sé

Y cada
pedazo de su cuerpo
se volvió
una nueva
especie de flor y
de árbol
-sí lo sé

Llamamos a
Takutsi Nakawé
la Desmembrada
-sí, sí lo sé

Todos los días
nos comemos su
cuerpo
con el Watákame
-sí, sí lo sé

Canto-cuento para Takutsi Nakawé y Watákame. Las Latas, 1989.




Serge Pey
Nierika. Cantos de visión de la contramontaña
Traducción: Enrique Flores y Adán Medellín
UNAM/Conaculta, 2012.

martes, enero 07, 2014

Tres poemas de Tomás Harris


Que William Blake no se levante de su tumba

He orado para que William Blake no se levante de su tumba.
He oído noticias, de boca en boca, de trueno en trueno,
las noches de este crudo invierno, acá en Ciudad Gótica.
Todas dicen que William Blake se levantará de su tumba.
Dicen que los años de muerte borran las huellas del lenguaje.
Cómo no, si los gusanos han corroído el cerebro
que alojaba las palabras y sus visiones.
No todo hombre es capaz de aguzar sus visiones hasta producirlas
en un estado que podríamos llamar iluminaciones negras.
No, que William Blake no se levante de su tumba,
como se anda corriendo la voz.
¿Qué sería de Ciudad Gótica con esa sombra atroz arrastrándose
por los muros?
Yo tengo mujer, o una loba, no importa, que cuidar,
por eso no quiero que un tipo capaz de matar a un inocente
con tal de no apagar sus deseos se levante de su tumba.
Poseo una hermosa gruta ornada de estalagmitas
y estalactitas fluorescentes,
un jardín donde deslumbran los fuegos fatuos.
¿Cómo permitir entonces que ocurra este rumor,
este demasiado rumor, que William Blake se levantará
de la tumba al séptimo día del séptimo mes del séptimo siglo?
Anatema sea: The cut worm forgives the pow.



Edipo medita sobre algunos onomásticos de Colono, la ciudad blanca

En Colono, todos los sitios llevan el nombre de la ciudad.
La taberna donde recalan los desterrados, se llama Bar Colono.
Los galpones donde se cobijan los excluidos, Posada Colono.
Las encrucijadas fatales, Cruce Colono.
Los arrecifes, sirenas del suicida, Fiordo Colono.
Las desamparadas chozas de farolas rojas, Burdel Colono.
La caverna postplatónica de sueños de marfil, Cine Colono.
El muro de los lamentos, Memorial Colono.
El vado donde anclan las negras cóncavas naves, Puerto Colono.
La jaula para los rayados, Manicomio Colono.
Las grutas de Eolo, Colono Telephon Company.
También existen diseminados por la blanca ciudad,
un Bazar Colono, un Cibercafé Colono, un Laberinto Colono,
una Estación Colono, la ardiente Boite Colono,
y el perro vagabundo supurante y baboso,
al que todos los habitantes de la ciudad le dicen
Colono, Colono, y cuando se acerca, algunos le patean
el hocico y otros le tiran hogazas de pan duro;
y el Circo Colono, con sus tragafuegos asirios
y écuyers esclavas de Asia Menor
y para que todos recordemos
que aunque creamos ser caminantes en Colono,
pasajeros de una temporada imprecisa y fugaz,
viajeros de una noche de verano y cigarras,
desterrados que después de 7 lunas y 7 soles pardos,
atravesaremos, como si no hubiese alambradas
y focos potentísimos, sus fronteras,
más blanco que toda la ciudad, el Cementerio General de Colono.



Fenomenología del villano de estos poemas

Tengo sexo.
Todos los crepúsculos los ofrendo al sexo.
Mi mente es un cenicero de boite manchado de sexo.
De cenizas amargas de sexo.
Copulo con lo que me ponen por delante.
Lo que venga de los Reinos que configuran el Cosmos:
Animal, Vegetal, Mineral, Onírico, Barro o Sal.
Tengo tanto sexo: por las calles del puerto, en las ruinas
de Palacio, en las ciénagas con las salamandras,
sexo, en los museos de mis dominios, sexo,
bajo los Caspar David Friedrich, los Giger, los Goya
y sus brujas untadas y todos los cabrones de la Landa.
Me revuelco y hozo en las brumas ocres
como el viajero en el mar de nieblas,
y los cuerpos y las rocas mutan en niebla sobre mi cuerpo.
Tengo demasiado sexo. ¡Uf!
Por delante, por detrás, cunnilingus o
por las rendijas de la mente.
Mi glande es una Gigante Roja.
Y fumo mucho, tanto, y bebo alcohol y canto cuando
fornico sobre el dosel de nieblas de Caspar David Friedrich.
Y bebo, chupo como cochero cósmico,
como el auriga de Baco,
el más curagüilla de todos los dioses,
y me inflo como Zeppelin, Led Zeppelin y vuelo
Escalera al cielo y busco al mejor de mi marranitos,
macerado en sangre,
y le paso la lengua y lo destapo
como un odre para que me inunde su sangre púrpura.
Me ducho con su sangre púrpura
y abro la boca bajo esa ducha orgánica y tibia,
y tengo la lengua pesada de sangre,
y todo mi corazón es una boca llena de sangre,
no, unas fauces acechando
en los altares de Caspar David Friedrich,
unas fauces llenas de colmillos rojos de sangre y muescas
de los que he bebido, cerditos o marranitas,
me da lo mismo, porque también mamo como condenado.
Le chupo las tetas a la muerte. ¡Uf! ¡Glup! Dan tiritones.



Tomás Harris
Los sentidos del viaje (Antología)
Selección: Cristián Gómez y José Molina
Filodecaballos, 2013.

sábado, diciembre 21, 2013

Cinco poetas armenios


varón, llorá tranquilo
si alguien te toma el pelo te protegeré

no soy más un enigma para vos
soy simple, soy como vos

no temas perder tu virilidad
no me golpees

¿no tenés calor así?
ponete la pollera tranquilo

podés equivocarte
es normal

sentate vos primero en el minibús
yo me quedo parada

mi cuerpo se parece al tuyo
y no es más lindo que el tuyo

y si te falta fuerza
decilo en voz alta

Nanor Petrosyan (Teherán, 1984)




Con una nueva línea

Nací por la mañana,
en una pobre mañana de Gyumrí.
Mi hermana, que nació conmigo, murió unas cuantas horas después,
cuando el sol de agosto hacía rato que había salido
y miraba indiferente a nuestra familia desconcertada
que se reía y lloraba a rabiar;
hoy nadie la recuerda en nuestra casa,
a mi hermana, a la que habían visto ¿cuánto? Sólo algunas horas
en una mañana medio hambrienta de postguerra...
Sólo yo no puedo olvidarla, y a veces
el dolor del pecho me despierta temprano en la mañana,
y tirado en la oscuridad, con los ojos húmedos
día tras día recuerdo de nuevo aquellos nueve meses
que vivimos juntos
el mejor período de nuestra vida...

Hovhannes Grigoryan (Gyumrí, 1945)




¡Ay!

¡ay!
qué sensación tan rara
como si los edificios se balancearan
pero no da miedo
al contrario, es divertido
todo se puso lindo
lo más triste se convirtió en lo más bello
y lo que se había perdido para siempre
resulta que ni siquiera se ha perdido
lo que se había perdido para siempre
te enfrenta y te dice hola
dice ¿acaso te habías creído que yo me había perdido para siempre?
¿ves que he regresado?
luego mira tus lágrimas y dice
¿creíste, entonces, que yo me había perdido para siempre?
no tenías que creerlo
luego se da vuelta y se va
esta vez, de veras, para siempre,
y los edificios paran de balancearse
y ni siquiera es alegre
y ni siquiera es lindo
y queda aquella sensación
que tu corazón ya detuvo
para siempre.

Mariné Petrossian (Ereván, 1960)




Quiero poesía

Quiero escribir versos
Quiero hacer versos
Ahora mismo
Quiero tanto
Tanto

Quiero tanto escribir versos
Que salvo querer escribir versos
No quiero nada
NADA DE NADA
Tanto que no quiero escribir versos
A lo largo de los años escribí tantos versos diferentes
Pero ninguno de ellos me reveló tantas ganas de escribir
Como ahora
Como ahora

Tanto
Tanto quiero escribir versos
Quiero quiero quiero
Con tanta fuerza quiero escribir versos
Además de las ganas enormes de escribir versos
No sé otra cosa

Por eso sólo escribo
Acerca de cómo
Insatisfecho
Ilimitable
Irresistiblemente
Sin cesar
Hasta morirme
Con un deseo bestial
Malsanamente
Perdiendo la mente
A perpetuidad
Simplemente
Quiero escribir versos

Karen Karslyan (Ereván, 1979)




Pancita

A la mañana muy temprano
con el olor de las sábanas
con el dolor interminable de mis piernas
con el cerebro totalmente nuevo y vacío
y ella durmiendo impasiblemente todavía
me levanto me asomo al balcón como una sonámbula
desnuda
completamente desnuda

las barrenderas limpian las aceras cantando
no sé qué canción antigua
balcón terraza
si alguien decidiera mirar hacia arriba
yo con la panza grande
con las tetas grandes
donde ya se acumula leche
cubiertas de estrías rojas
a causa de estirarse tanto
con los pezones que se muestran
más allá de mi voluntad.

¡Me da lo mismo!
Mis amigas
siempre lo hacen
pechos al aire en la playa
en casa
en el balcón
en la vida
y hasta con la ropa puesta
yo sentía sus pechos

se sacude dentro de mi panza
palpo y adivino piernas manitos
mamá te quiere, gatita,
mamá te adora
quiere que nazcas
para jugar juntas
hace mucho que no juego

mi panza
ordenándola entre mis piernas de alguna manera
me siento frente a la computadora
llantos
amargos
con los pensamientos colgados de las orejas
de mis labios
entre mis manos
trato de escribir el poema de siempre.

Anahit Hayrapetyan (Khtsaberd, 1981)




Un idioma también es un incendio. 20 poetas de Armenia
Compilación: Mariné Petrossian
Traducción: Alice Ter-Ghevondian
Versión poética y prólogo: Ana Arzoumanian
Alción Editora, 2013.

sábado, diciembre 14, 2013

Dos poemas de Julián Herbert


Cristo no te ama

They shoot horses, dont they?
Horace McCoy

Entonces abre la ventana y tírate.
Los Tres


Te estás poniendo fea y Cristo no te ama,
gorda,
lo gritan las paredes del gimnasio,
musa gorda,
no bajes (se refieren
a la caminadora), no bajes
que así bajarás mejor (Cf.
Juan de Yepes; qué
creías, también yo
cursé licenciatura).
No bajes que así bajarás mejor:
están hablando
de ti
diciendo: Cristo
no te ama.
Cristo no te ama. Todavía
te invita a pasear
a solas:
te lleva a las afueras,
te tumba en cobertizos,
la mete a tus espaldas,
murmura entre los grillos
la cantinela esa de los años 80:
"Ya no te quiero, pequeña,
ahora amo a los caballos",
engolfando la voz
con calculado aprendizaje de
Misterios; inundación: un
circo de pulgas castálidas.
No te ama.
Cristo no te ama. Persigue
en las inauguraciones
a las entecas novias
de los raperos
y los diseñadores
y los ciberotómanos
y los aduladores-
niñas que tienen todo el look
pero jamás se dejarían
sacar un ojo por el goce;
pergeña números
que son Su Nombre
en las comandas de los
Vips con la esperanza
de que las nietas del dinero
le manden un sms; patea botes (oscuro
bajo la noche sola) con tal
de no llamarte, de no
saltar borracho a tu piscina
tan sucia de hojas secas:
tan égloga en asilo.
Te estás poniendo fea,
fétida, malsana, pretenciosa,
musa gorda,
y Cristo no te ama:
ahora ama a los caballos.
Escúchame: ¿acaso no
matan a los caballos...?
No luches.
No me escupas.
Te estoy haciendo un favor.



Splendor in the Wrap

Deseoso es aquel que huye de su madre.
José Lezama Lima


Anoche el Espíritu de las Navidades Futuras me hablaba
sin hacer pausas para respirar
como si lo hubiera poseído el espíritu de mi madre. Decía:
"una limosina en la alfalfa / mira cómo la perra
se desnuda / posesionarios
de terrenos federales / tímidas, sedentarias, solitarias, caníbales
y nocturnas /
Tóxico Sólido No Peligroso / agujeritos
que hace la muerte en el muro del kindergarten / el
amor de mi vida has sido tú /
el amor de mi vida sigues siendo tú". Era un
baldío y lo llamábamos
la alfalfa: ahora han puesto un Soriana y quinceañeras
cruzan el estacionamiento saludando
desde sosos quemacocos
a la gente y los carritos
en sus nubosas ropas
las quinceañeras: acarreo
de mortadela: acarreo
de votantes: acarreo
de pensionados a la fiesta. Queda (pero dónde) lo que no
se compara la metáfora de
sí.
"La pobre: cinco meses de salario tirados en una noche
y el marido la engaña, el amante la engaña, la mujer
con la que tiene cibersexo la engaña", decía (el voto, la pensión, la
mortadela: olor a muerto sin bañar) el Espíritu de las
Navidades Futuras poseído por
el espíritu de mi madre: "Habrase visto: una
limosina en la alfalfa,
una limosina en la alfalfa, una
limosina en la alfalfa".



Julián Herbert
Álbum Iscariote
Era, 2013.

sábado, diciembre 07, 2013

Cinco poetas argentinas


1989

Mi hermana y yo
dos inquietas frente a la mata
en vestido de jean con apliques
de mariposas blancas,
zapatos guillermina y cintas
en el pelo brillante,
dos inquietas esperando la foto
que mamá intenta una y otra vez
con el fondo de la mata y un jardín
lleno de granadas violetas.
De la serie quedó una sola:
mi hermana se ríe y yo la miro
como diciéndole compañera.
Años más tarde saqueamos los álbumes
con chinches para nuestros
cuartos.

Alguien acota: otro vestido de jean
y mamá,

una hermanita más.

Javiera Pérez Salerno (Tandil, 1981)





Mantoux

Me leyeron
el brazo con una regla.
Me dijeron
que la prueba era negativa.

El bioquímico tomó una regla
y me dijo que mi
brazo estaba bien,
me leyó el brazo
como quien se mira un moretón
y se acuerda de cuando se cayó.

Mi brazo es una prueba de Mantoux,
me miden la herida con una regla,
si la hinchazón tiene más de ciertos centímetros
es positiva.
El bioquímico me dice: -Es negativo.
Mi brazo no tiene más que una
picazón como si fuera de mosquito,
pero
me sigo mirando a ver si la herida se hincha de una vez,
revienta la ampolla.
La prueba de Mantoux es
un proceso artesanal para leer las heridas de la gente.

No hay ninguna
computadora ni sistema que lo haga,
sólo está
mi brazo siendo leído
por el bioquímico que me
dice: -Es negativo,
nos vemos la semana que viene.

Florencia Giusti (Rosario, 1989)





Los caballos

Esa tarde tenían el pelo brillante y los dientes enormes
ocupaban la extensión de la tierra amablemente
con las herraduras apoyadas sobre la superficie
se movían por el monte con la sangre tibia
gobernados por una fuerza invisible
que los hacía alejarse poco a poco de la noria

empezaron rápido a poblar el horizonte
y a lo lejos para nosotras
sus cabezas gigantes
ya se habían convertido en monolitos

un bicho de luz apareció sobre tu mano
me lo mostraste mientras nos alejábamos del paisaje
las dos perdidas en el terreno como los caballos
dejando atrás el pasto pisado,
volviéndonos eco.

Mariana Suozzo (San Justo, 1982)






Todos somos el polak de alguien,
la Rack de alguien,
el chofer del tuning que llora
después de un portazo
en la rotonda frente al cementerio
(no va a contarle nada
ni a su mejor amigo en el chat,
así y todo sabe que los otros saben
y hacen bromas poco escandalosas),
pobre chico del tuning, miren cómo llora.
Todos somos el borracho de alguien,
la mosquita muerta de muchas
que caminan por las sendas peatonales
vestidas de negro y zapatillas flúo;
hay una misma senda peatonal
en toda la provincia de Buenos Aires,
empieza al borde de una vía
y termina cerca de alguna estación
de servicio,
dicen que puede verse desde la luna,
una misma senda peatonal
por donde pasan unos mismos
caminantes diagnosticados.
Todos somos el paciente diagnosticado
de alguien,
el paciente comentado
con una frase que baja el tono al final
y responden algunos monosílabos.
Todos somos el chiste de alguien,
le ayudamos a vivir al del chiste,
lo repite y la sangre se mueve más rápido,
repite el chiste,
ese que todos somos de alguien,
y con el chiste hizo un amigo
después el amigo del amigo
que llora arriba del tuning,
viene para acá con su escape libre,
nos pasa a buscar, subimos,
elogiamos sus luces, sugerimos un lugar
a donde ir para pasar el sábado.

Carolina Rack (Coronel Suárez, 1981)





Mirá toda esa gente feliz

Mirá toda esa gente feliz en Disney, Japón o Rumania
turistas, somos turistas en la vida de otros
captamos momentos, los guardamos
pero no vivimos ahí
a cierta hora la gente saca la basura
los pájaros cantan una canción
son modos de despedir la noche
es la segunda vez que veo una paloma muerta
el cuerpo sólido todavía, sobre la vereda
retumban mis pasos
sola en una ciudad que duerme
en este momento
no sé si me sirve
pegar etiquetas en las cosas y escribir con letra clara
los nombres.

Meli Depetris (Coronel Rosales, 1985)






Poemas inéditos cedidos por sus autoras para Nueva Provenza.

jueves, noviembre 28, 2013

Dos poemas de Luis Felipe Fabre


(Opening song)

Hey, sweetheart, no vayas
de picnic al cementerio:
no vayas
a beber al cementerio:
no vayas a drogarte al cementerio:
no te hagas la gótica
esta noche.

Porque las cosas
se están poniendo raras; encontraron
un brazo
y el resto de ese cuerpo es un misterio;
porque encontraron
la oreja
de otro misterio
y los dientes de sepa el diablo qué sonrisa;

porque las cosas se están poniendo hardcore:
hey, honey, escucha
esta cancioncita idiota: no vayas
a bailar al cementerio:
no vayas a bailar

al cementerio: no vayas
a bailar al cementerio: quédate conmigo
esta noche.



El poema de mi amiga

Cuando leo mi poema
la gente llora, me confiesa. Pero tú no,
me recrimina: yo te he visto, me señala,
tú no lloras, me subraya, tú no lloras
cuando leo mi poema, me recalca.

Me pregunta: ¿Qué a ti
no te importa lo que pasa en este país? ¿No
te duelen los muertos? ¿Las mujeres
violadas? ¿Los migrantes
masacrados? ¿Los secuestrados? ¿Los desaparecidos,
los acallados,  los silenciados por la violencia,
por los criminales, por el gobierno, por los militares,
por los medios? Todos
a los que yo doy voz
en mi poema, ¿no te importan?, me pregunta,
me cuestiona, me recrimina, me reclama.

Pero a la gente sí, me explica, me aclara: la gente
aplaude, aplaude,
mucho cuando leo mi poema,
la gente llora y aplaude y luego
la gente se me acerca, me dice cosas.
Me susurra: la gente me dice que le gusta mucho
mi poema. Pero tú

no aplaudes, me confronta, o aplaudes poco,
me describe, porque a ti no te importa, me dice, a ti
no te importa, me repite, a ti no te importa,
me insiste, a ti no te importa lo que pasa.

Lo que pasa es que me tienes envidia: me descubre.
Lo que pasa

es que a ti
te hubiera gustado escribir mi poema: me acorrala.
Lo que pasa es que tú no podrías escribirlo:
me vence:

me aplasta:
no podrías escribirlo
porque a ti no te importa lo que pasa.



Luis Felipe Fabre
Poemas de terror y de misterio
Almadía, 2013.

jueves, noviembre 21, 2013

Dos poemas de Ángel Ortuño


Dónde y cómo comprar tigres

Si no les gusta el clima del lugar donde vives
no tires tu dinero:

en 400 años se han comido un millón de personas
y no todos han sido
aldeanos desnudos,

incluso coroneles británicos que van sobre elefantes
y prefieren la jungla
a sus esposas
han terminado siendo apenas mal aliento
para los treinta dientes que ahora

puedes comprar en línea.



Estas excusas se repiten de una manera predecible

¿Has tenido
sexo sin condón?
¿Has tenido
sexo
estando drogado o borracho?
Ya no hay excusa para estar solo.
Cuando la gente apenas se conoce y aún no sabe si va
como dice el letrero
en la ruta
hacia el mejor trato o la señora obesa que sonríe
sueña con que te mueres porque la ilustración
de tu playera
ofende esos sentimientos religiosos que tú
tal vez perdieras en esa linda fiesta donde todos
te trataron tan bien.
¿Has tenido
recuerdos
de lo que sueñas después de tener sexo
sin condón,
drogado
y
borracho? Ya no hay
-óyelo bien, repite y voltea a ver
sin mostrarle los dientes a la anciana-,
ya no hay
te decía
excusas para estar solo cuando por 15 pesos el minuto
conocerás a gente divertida por teléfono en Japón.



Ángel Ortuño
1331
Práctica Mortal, 2013.

jueves, noviembre 14, 2013

El efecto


[uno]
en el jardín
hay
(me levanto a contarlos)
28 hongos maduros
pálidos
manchados de café
reunidos en un semicírculo
mágico
entre el pasto crecido
y los excrementos



[dos]
más allá puede
verse otro
grupo de hongos
pequeños
(como clavos)
ocho en total
reunidos
bajo el naranjo



[tres]
hace quinces días
habían salido
también
tantos
como



[cuatro]
junto a los hongos
grandes
(y esponjosos)
(recientes)
las esferas amarillas
de las naranjas
caídas del árbol
apenas
ayer u hoy
entre el pasto



[cinco]
arriba
en la maraña
ahí donde la mano se lastima
allí hay muchas más esferas
verdes y amarillas
lavadas



[seis]
l a   l l u v i a   l o   h a   l a v a d o
t o d o
t o d o   l o   h a   l a v a d o
l a   l l u v i a
l a   l l u v i a   t o d o
l o   h a



[siete]
l a   l l u v i a   s e   l o   h a   l l e v a d o
t o d o
t o d o   l o   h a   s e c a d o
l a   l l u v i a
l a   l l u v i a   t o d o
t o d o   l o   h a   a m a d o   /   l o   h a



[ocho]
(olvidaba decir que a-
quella vez
cuando salvamos los hongos
de la podadora
los pusimos
sobre la mesa
en hileras
casi un kilo de una
gran familia
jamás fotografiada
ni comida)



[nueve y]
no hay necesidad de dar culto a lo N
basta aislar un poco de esas cosas, en las zonas
o aunque sea un solo ser, una parte de lo N
para que de inmediato se instale una positividad, un
motivo, un-
a experiencia para habitar
activada por las formas de ver el mundo
que todavía nos gobiernan



[...]
hongos, los

hay que aprovecharse
de ese efecto



Juan Alcántara
Botella. Poemas 2000-2003
Universidad Iberoamericana, 2013.

jueves, noviembre 07, 2013

Todas las cosas profundas son canto (fragmento)


Lo que uno ha visto y ha amado en la vida



                               un hombre que habla a otro hombre
                                           una voz
                                                        una voz no humana


                               en Turquía
                                   pensaba en un hombre
                               en forma de árbol


          un caballo jalaba el carro
                                     -carruaje-
          nos llevaron a ruinas abandonadas
                                secas
          en una tierra fértil
          la tierra es fértil

Ruinas
   Ruinas
      Ruinas

los Griegos fueron hombres
los Romanos fueron hombres

                                 Somos hombres

las ruinas también son hombres
los hombres también son hombres

un amigo me dijo
      que ya nadie se interesa en las grandes empresas
                                                                       y detrás de las palabras
imaginamos las grandes empresas



                    Abrir los brazos no es cerrar los brazos
                              una tierra dominada por caballos

                                              avanzar tirando de caballos
                                              -ser tirado por caballos-

                              los caballos no vuelan

                    es el polvo
                        el polvo que hace volar
                                                  el camino

                                                                          no ser olvidado
                                                      ser paseado por caballos
                                                      ser llevado por caballos

                              hay hombres que ven luz
                    hay hombres que sólo ven
                              un camino tirado por caballos
                    hay caballos que ven caballos
                              y hombres que ven caballos
                    hombres que son vistos por caballos
                              hombres que no son vistos

                                                                          el camino es
                                                                                       caliente

                    los caballos tienen sed
                    los hombres tienen sed
                    y las fresas crecen en el
                                                     camino

                    una tierra fértil
                    una luz fértil
                    un caballo fértil
                    un hombre fértil
                    en una tierra fértil

                              el hombre estiró la mano
                              y jaló el olivo
                        y señaló los olivos
                    los olivos más viejos

                    un viejo es un hombre
                    jalando con sus manos
                    la cuerda de su caballo

                         la gente no habla español
                                    no habla inglés

                    nos muestra una revista de las ruinas
                    el camino hacia las ruinas

                    el camino es el camino

                    me pregunto si el camino es
                    siempre el camino

     un camino que lleva caballos
     un camino que lleva hombres
     un camino hacia las ruinas
     hombres en las ruinas
     hombres en ruinas
     ruinas que hablan de hombres
     hombres que hablan de
     caballos todo el tiempo

el polvo       el polvo
                    el polvo

el polvo y los olivos

                                    los ojos de los niños cantan
                         los niños cantan
             cantan                    cantan                    cantan
                                    sólo yo sé que cantan
                                        aunque no sé qué cantan

                                    el camino

                         el camino

                         el camino

los caballos cantan
los ojos de los caballos cantan

los hombres cantan o no cantan



-Todas las cosas profundas son canto-



nos tiramos debajo de un árbol
en un campo de Turquía
donde los caballos
           no volaban
donde los caballos tenían
                              sed
donde los caballos abrían
                              los ojos
                           y cantaban

el viejo del caballo que era un hombre
también se tiró en el pasto

                                    -era la tierra fértil lo que veía-
                                    -pero- pensaba en llegar a las ruinas
                                    en dar agua a su caballo
                                    y seguir siendo niño mientras cantaba

                                                      y

cantar                                                                          cantar
                                              cantar

                                                                                    cantar
                                    mientras alzaba su mano
                                    para jalar las fresas
                                    para jalar los olivos
                                    para jalar la cuerda de su caballo

                                                      en un campo
                                          con un hombre que hablaba
                                                      de campos
                                                      de campos donde los campos
                                                      no podían ser caballos

                                                      no podían ser niños
                                                      no podían ser hombres
                                                      sólo podían ser campos

                                                      campos iluminados por
                                                      los ojos de los hombres
                                                      que cantaban
                                                   



Nadia Mondragón
Poema inédito cedido por su autora para Nueva Provenza.

lunes, octubre 28, 2013

Tres poemas de Silvio Mattoni


Esa flor que repite allá en el borde
del bosque: no te olvidés de mí, no
tiene colores más leves, más claros
que el espacio creciendo entre nosotros.
¿Cómo un yuyito puede
producir tales miniaturas
de perfecta belleza? Acaso,
como lo que hicimos, sea
una compensación por sus espinas,
o acaso su florcita
azul, brillando sobre el verde
húmedo, esconda
secretas fallas, ínfimos
dolores de pétalos incompletos.
Pero aun así repite:
no me olvidés, no dejés
de protegerme con tu sombra esbelta.



¿Dónde estoy?

¿Dónde estoy? ¿Ya está aquí el anochecer?
¿O pronto llega el final de la noche?
Yo vine, limpia, a que me perdonaras,
vos, diminuta madre de niños sabios
que te eligieron para aprender tu canto
con nombres nuevos. Ahora sé porqué
podemos extrañar a los que nunca
llegaron a existir. Crucé el umbral
de tu puerta, di vueltas enloquecidas
para ver detrás mío las tenebrosas
bolsas, los ríos lentos de barro, pero
adentro vi el resplandor que dormía
en tu cándida, lívida sorpresa
con que escuchabas mi llegada
hasta el dolor, negado en mi secreto.
Me escapé del silencio tan cercano
para quienes no pueden salir de sí mismos,
y subí liviana hasta ese arroyo brusco,
me apoyé en el ciprés que decía:
"No esperés más, te elegí, de vos
yo escucharé mi voz, en tu nombre
leeré ese dibujo de mis gestos
que todos señalarán como algo nuevo."
Y bajé más que liviana, huyendo
de la corona que me dabas, por la escalera
de tu departamento, donde retumbaban
el luto de mis pasos, la verdad que dije.
Ya entonces, invisible, en otro cielo
la estrella polar de mi deseo indicó
el lugar en que el azar concebiría
su afirmación conmigo, la primogénita.



Vemos la espuma de las piedras lisas

Vemos la espuma de las piedras lisas
bajo la corriente. No pienso
en los casuales remolinos, cuando escucho
su conclusión: un hipopótamo
se esconde en la oscuridad del río. Ella
cabalga lejos mientras sus dedos
palpan la dureza húmeda de la arena
a pesar de su inasible volumen.
Invento juegos para que nuestras manos
olviden lo que quisieran tener. ¿Qué
la atrae aquí, como si conociera
cada secreto disperso en lo que mira
desde antes de su nacimiento? ¿Sabe
ya que su alegría ha existido
dos veces? Y su padre es un pez
que boquea agotado sin poder
superar las cascadas. Pero insisto
buscando tras los arbustos calados
por insectos desaparecidos, en bordes
barrosos de senderos donde se pudren
hojas que desconozco, en charcos
que la lluvia dejó para un mosquito
otoñal y suicida. Ella me dice:
todo lo blanco viene de allá arriba.
Su cuerpo diminuto y sentado indica
que proviene de mi ausencia, su voz
agudamente adiestra mi torpeza
para que sus acentos lleguen
como en un intervalo que no deja
de ensancharse. Nunca hubiese logrado
tolerar estos ritmos extinguidos
sin haber venerado como a un dios
esa voz que será mi naturaleza.
Por favor, aliviá para mí
la gravedad de un rumor tan abundante
que no me deja oír en el silencio
el ruido de tus sentidos divagando
sobre el idioma líquido recién
aprendido. ¿Podés ver ahí,
donde el hipopótamo se agacha
tímidamente, cómo la tarde
cae luminosa y registra los brillos
de las gotas que maduran y saltan?
Ambos nacimos de esa espuma
que ya nadie venera, aunque venérea
sea quizás nuestra única esperanza.




Silvio Mattoni
La división del día. Poemas 1992-2000
Mansalva, 2008.

lunes, octubre 21, 2013

Seis poemas de Alejandro Crotto


Mediodía

Bajo el cielo sin nubes, ahí están:
tallarines con salsa de tomates,
un pan quebrado y agua, vino.

Ahí está la harina con el huevo y las manos.
Ahí está el trigo, las uvas que tomaron sol y noche,
y los tomates destruidos, salpicados de queso,
el agua limpia.

Ahí están:
mirá y olé y masticá feliz, devotamente.



Con un hijo en el cuerpo de una mujer que no vive conmigo

Pido la última cerveza de la noche, que amanece.
En los ojos el frío transparente de la calle,
voy abrazado a Lucas, va cantando, veo
las cosas llenas en su luz: un árbol,
el portero que moja la vereda mientras pasa
un taxi, un colectivo blanco y verde,
el viejo y nuevo sol de cada día.



Sobre el efecto mariposa

Cómo se arranca súbita del tallo
y mientras lejos
relampaguea
mueve
las alas tormentosas
como piedra
en el agua
y crecen frías ráfagas
de su moverse y truena
y vuela pareciendo subir
mientras
desciende
parpadeante
a los yuyos
y llueve.



La primavera que viví con animales

Me acuerdo bien del ruido que hacían juntas al pastar.
Cada una en lo suyo, y sin embargo todas vinculadas,
avanzaban de a poco, el ojo tenso, abajo,
ávidas arrancando todo el pasto que pudieran,
y luego alzada la cabeza masticaban largamente, tranquilas.

Me acuerdo de calor, del viento al mediodía, el cielo.
Me acuerdo bien cómo era que empezaba a amanecer.

Me acuerdo cómo olían.

Me acuerdo de las veces que llovió.



Así como la lluvia cae del cielo

Así como la lluvia cae del cielo y se filtra
fecunda y no regresa sin haber empapado
a fondo el suelo para que nazca trigo, harina
espesa y pan; así como la brasa viva
en la ceniza yace oculta y luego al dársele
por fin lugar se activa con creciente fulgor
y enciende el fuego; así como la savia tras
la espera del invierno por vasos diminutos
despierta a los sarmientos y genera con íntimo
cuidado flores, frutos... Así el verbo que sale
de su boca hace nuevas las cosas si las toca.



Una canción tan fría y tan apasionada como el alba

Latas; vasos de plástico tirados al azar. Arranca
el día; arranca y muestra drástico en la playa
vacía el final de la fiesta. En la luz fría,
tapado con arena a nuestros pies, el resto
carcomido de un tronco humea apenas.

Detrás el mar, el ruido
opaco de las olas repetido.




Alejandro Crotto

Abejas
Bajo la luna, 2009.

Chesterton
Bajo la luna, 2013.

lunes, octubre 14, 2013

Tres poemas de Martín Prieto


Otra tarde de calor

Era tirar la línea al agua y sacarla
con un golpe de muñeca para que el balde se fuera
llenando de mojarras; después
era ingresar en la modesta mitología de lo exagerado:
87, 153, 350.
Pero antes, entre una cosa y la otra, era
la poderosa sensación de que un ser desprovisto de conciencia,
insensible al dolor, había, flap
mordido la lombriz que como un experto
habías enhebrado en la agujita doblada. Allá
una, embarazada como un corcho de sidra,
tomaba el sol con los pies en el agua y otro
contaba cuánto cobraba el cura del pueblo por celebrar una boda.



Los temas de peso

Después de varios años dedicados a la minucia,
al enfermante relevamiento de los detalles,
decidí abocarme a los temas de peso:
el amor, la política, la trascendencia, la gloria.
Finalmente convencido de que el mundo
era más amplio que mi departamento
compré una pila de tarjetas magnéticas
y salí a recorrer la ciudad en colectivo
atento al paisaje y al rumor sordo
en el que se convertía la parla simultánea
de mis contemporáneos. La bruma gris
que se levanta en los barrios de la quema
y la otra, prístina, que emerge rosa del agua
del río león, envolvían mis paseos en un aura
de ensueño y todo se aparecía corrido
de su justa dimensión.



El campo

Fue el viento el que corrió la tierra
depositándola en las concavidades
de las llantas resecas de un Farlaine abandonado,
ahora cuatro macetas
donde crecen unas plantitas de soja
que más atrás y después de los alambrados son,
en ordenada multitud,
los esclavos de un ejército cuyos generales,
con un ojo clavado en la Bolsa
y el otro en las mal pagadas elucubraciones
de los investigadores del Conicet,
toman agua mineral en los mismos vasos
en los que sus abuelos tomaban whiskie sin hielo
amarillo como el trigo de marzo,
cuando ahí atrás había un trigo dócil
al que el viento convertía en un océano de oro que
fue, como el esmeralda brillante que se mece ahora,
finca de pocos e ilusión de millones.



Martín Prieto
Los temas de peso
Ediciones Vox, 2009.