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jueves, mayo 14, 2026

Un poema de Carlos Gutiérrez Alfonzo

Itinerantes



éramos
                  hojas
                                del campo
ésas
            las cortábamos
      y
               como
aretes
             éramos



*



ya nos vamos
                            ¿ya son las nueve?



*



la
       miramos      sus ojos
brillaban      el
destino



*



a como viene
                            yo
                                                 lo topo
si es tiempo
                           de machete
                                                 de

machete
si tiempo
de matancero
                           de
matancero
                       pobre
                                    y
                                            libre

mejor



*



no
            hay tiempo
                                      de una vez
                                                           fresca
mitad
posada



Carlos Gutiérrez Alfonzo
Poema inédito cedido por el autor para Nueva Provenza

martes, abril 07, 2026

Tres poemas de Alkaíd Marino

Esmaltes

Siempre me gustó mamá.

Me gustaba el aroma de su bolso:
de su perfume; el tabaco; los cosméticos.

Me gustaba mirar los ademanes
que utilizaba en sus pláticas
de amor
con sus amigas.

Alguna vez fui el hombre de la casa;
me dejó pintarle las uñas:
el color vino
en sus manos blancas.

Memoricé la marca
de los esmaltes

para el día
en que me convirtiera
en ella.




Teorema de la tristeza

De niño me levantaba
por las noches
a revisar que las llaves del gas
estuvieran cerradas.
Vigilaba la calle desde la ventana
de mi cuarto; salía a la zotehuela
a alborotar con ruidos
a los perros
de los vecinos.

Soy de esas personas
que evitan las líneas divisoras
en los pasos peatonales;

que se lavan las manos
más de tres veces
cuando van al baño;

que dicen la palabra cerrar
cuando están
por apartarse
de alguna puerta.

Mi siquiatra sabía cómo llamarle
a todo esto.
No me interesa recordar
sus palabras.

Conté 65 azulejos
en aquel baño público.

Yo le llamo tristeza.




Día del nieto

Mi abuelo le llamaba día del nieto.
Toda la familia se reunía: abrazos.
Besos. Pellizcos de mejilla.

¿Cómo vas en la escuela?
¿Te has portado bien?
¿Obedeces a tu mamá?

Todos nerviosos en el patio
de esa enorme casa.

Los primos ricos y los casi ricos.

Ambos grupos muy talentosos:
ejecución de chacos. Canto.
Actos de magia.

Artistas natos.

Y los sin chiste: reprobados, sin dinero,
callados, rezongones,
los que no comíamos el jocoque
del abuelo.

En la noche era el espectáculo.
Como en un circo,
los nietos
(primos ricos y casi ricos)
preparaban sus increíbles actos.

Los sin chiste,
su humillación.




Alkaíd Marino
A las fracciones papá les llamaba quebrados, algo tenía que romperse
Liliputienses, 2025

sábado, marzo 14, 2026

Cinco poemas de Luis Eduardo García

Lepidodactylus lugubris

Durante meses
escuché su canto nocturno
imaginando sus plumas
de color amarillo cromo
agazapadas
en la oscuridad, su nido
hecho de ramitas y basura
listo para alojar
a sus polluelos todavía
faltos de brillo. Varias veces abrí la puerta
después de escucharlo
para buscar su cuerpo a medianoche
pero solo encontré silencio
y aire frío. Cuando descubrí que el sonido
jamás salió de un pájaro
sino de un pequeño reptil
de unos seis centímetros
refugiado en el hueco de una viga
un ornitólogo cayó muerto en su patio
a nueve mil novecientos
catorce kilómetros de aquí.





Tan dulces y tan frías

Lo que nunca supimos
fue que una mano recogió los huesos
del bote de basura, los rompió
con una puerta hasta extraer las semillas
y las puso en una bolsa de plástico
con un poco de tierra
dentro del refrigerador. Tras un par de meses
en ese pequeño invierno, las semillas
germinaron. La misma mano las clavó
en la tierra con una calidez
muy parecida al amor
(o a las secadoras de pelo). Dos semanas
después, un verde
brillante brotó de la oscuridad. Dos semanas
después, se apagó. A veces la dulzura se acaba
porque sí.





Monstera adansonii

Puedo imaginarme
que el primer botánico que se encontró con ella
sintió la tentación de llamarla
Cara de fantasma. También puedo imaginarme
que el segundo botánico que se encontró con ella
dijo molesto:
claramente es una Cara de fantasma. A mí me gusta
jugar a que sus huecos
son mis nuevos ojos. Entonces veo a través
el cielo, los cables, las ramas
y parecen primeros planos
de varios tipos de peces muertos. Puede sonar
estúpido, pero algún día me encontraré
con varios tipos de peces
muertos
y ahí estarán el cielo, los cables, las
ramas, relucientes.





¿Crees en la inspiración?

No, mi método de trabajo
es dejar restos
de comida en la mesa; mis hormigas llegan
en segundos y forman
sus palabras favoritas. Hoy, por ejemplo, escribieron
"coxis", "tordo", "triángulo"
y "cometa". Un día antes
hicieron "Varsovia"
y "caléndula" en una mancha de miel. Después
juego a ser Jan Heweliusz
y uno los puntos
a veces con amor, a veces
con cinta canela.





Cada día descubren treinta nuevas especies

El mejor escritor de su generación descansa
en una silla
mientras el mejor escritor de su generación
lo espía por la ventana.
Ambos ignoran
que el mejor escritor de su generación
los observa desde un auto
a veinte metros de distancia.
Mientras tanto
muy lejos de ahí
el mejor escritor de su generación
no sabe de la existencia de ninguno de los tres
y distraído prepara el desayuno.





Luis Eduardo García
Cuélgalo de la pared y espera
Ilustraciones: Serena Franco
La Carretilla Roja, 2025

viernes, noviembre 21, 2025

Cinco poemas de Jessica Díaz

Entre

gotas de lluvia golpean lentamente el patio

afuera
   el perro
      se moja

mientras tanto

   no puedo
dormir





Preocupación

No me preocupa haber pasado la noche contigo
ni me preocupa que escribas historias de ovnis y abducciones
ni que comas fritangas y fast food
ni que veas televisión antes de dormir o cuando te levantas
ni que ronques
ni que midas metro y medio
lo que más me preocupa
es
que en vez de trabajar
te esté escribiendo un poema





Domingo

Me puse el zapato     luego el otro
amarré las agujetas

subí el volumen
              Gonna have to face that you're addicted to love

bajó la temperatura
tomé una chamarra

el humo del cigarro
en todas partes

seguía sin pasar nada





A veces

A veces ni el mar con tanta agua, tantas olas, tanto ruido,
tantos azules regados
te saca

un poema

(pero sí te revuelca...)





9 monsters: revisitados

Esta noche     creo
que los nueve monstruos vendrán a visitarme

me quedo sentada y
recuerdo
que de pequeña

    los payasos me daban miedo

        la lluvia no me gustaba

            el amor tampoco...
            todavía...

prendo un cigarro y pienso
que Vallejo murió en una cama
aunque hay otros
que mueren en un coche, en una sala, en un bosque
o en la banqueta

siento frío
   pasa algo
      no sé
        qué

a lo mejor la
ventana de abajo está abierta

tal vez por ahí entrarán

por suerte
   mi perro
      duerme junto a la puerta





Jessica Díaz
Problemas (cosas)
Compañía, 2005

viernes, noviembre 14, 2025

Cuatro poemas de Jorge Orlando Correa

Hubo castigos por llegar noche,
pero un botín con insectos en frascos.

Prosopopeya,
                      mariposas palidecieron.

El cuento de un ocaso mínimo entre zacates.







Saber todo era
                         permanecer quietos
el tiempo suficiente
                                 hasta que las libélulas,
de una en una,
                        zumbando,
                                           podían acercarse
para rodearnos
                         con la confianza
que guardan
                      a los arbustos.







Lo que haría con un arma

imaginar
que no la tengo
que no me tiene
con las manos al volante
toda la noche
por el resto de mi vida
hasta llegar
al final de un país
que fue una promesa
tras miles
de kilómetros
solo para sentir
al detener el coche
que esa es la primera
y única ocasión
que en el mundo
amanece







Informe para un niño que fue mi amigo
por un día cuando yo era niño


A veces imagino
que nos reencontramos
en una panadería.

Del puente solo quedan
recuerdos de tablas rotas.

Todavía llueve.

Aún no sé conducir
a pesar de todo lo que hablamos
de tripular un cohete.

Recolecto nubes
a las 17:45.

Las palabras siguen oxidadas.

Vivo de las sobras
de mi tiempo en el trabajo.

Le temo a los bares.

Si conoces la cura para el insomnio
mándame señales con luciérnagas.

miércoles, mayo 28, 2025

Cuatro poemas de Augusto Sonrics


Detrás del crush hay otro crush
que también disloca ilusiones
y rompe relojes bajo el sol
para hacerle ojitos a tus traumas.

Su piel también está marcada
por los suaves filos de los sueños.
Y en su boca hay un cementerio
que suena a discoteca.

Hay que hacer una narrativa
con las piezas que sobraron
la última vez que compartimos algo
en redes sociales.





¿Cómo le digo al algoritmo
que no me muestre tus historias
a menos que las subas pensando en mí?
Me derrito como hielo afuera de una hielera
en un lugar donde llega a 40 grados
y no hay calentamiento global.
Si dios no hubiera querido que me crushara,
no te hubiera puesto en mi camino.
Ni modo de no seguirle el rollo.
Eres poesía literalmente pero todos también.
Aun así me divierto escribiéndote poemas,
como un adolescente que mira flores en su teléfono.
Soy ese encendedor que te llevaste sin querer
y no piensas regresar. No pasa nada.
Puedo encender una fogata con mi corazón:
pronto habrá luna llena.





De cuando caminaba a lecturas de poesía
con la cabeza llena de máquinas descompuestas
y sobre mis ojos aterrizaban ovnis
abduciendo mis ganas de besar a la vida.
En mi mochila un jarabe
y folletos para engrandecer el universo.
Poseído por submarinos que implosionan
como noches ante el peso de la memoria.
Una oda a las personas que dejaron de seguirme
y a las tortas de tamal afuera del metro.
Inhalábamos versos, no líneas
y sus ecos corrompían nuestros sentimientos,
como un televisor descompuesto
en la década de los noventa
cuando las nubes se nos presentaban
como malvaviscos envenenados
y mi corazón era una bola de disco
en una discoteca embrujada.
Mis amigos bailando con los ojos en blanco
a punto de ser atropellados
por un tren cuya estación no pudimos demoler.
Nuestros restos en el fondo del mar
resguardados por pandillas de pulpos
dispuestos a acuchillar la esperanza.





Veo cómo te sumerges en una tina de four loko
y se antoja
rodearme de auroras boreales
cambiar de lugar con mi sombra,
quemar un invernadero y mover las antenas,
espantar los visuales
que traen la música al templo.
Hay flores subliminales en tus ojos.
Las luces cambian de color sin razón.
Nieva en mi interior y he aprendido
a no salir de mi cuerpo sin pagar la renta.
Ahorro para aburrirme dignamente.
Hay brillos que se quedaron en mi visión
y combinan con tus tatuajes.
La luna llena se detiene,
la noche se desplaza.
Eres un imán de naufragios.
No quiero volver a casa.





Augusto Sonrics
Mentiras de poetas
Juan Malasuerte, 2025

lunes, abril 14, 2025

Cinco poemas de Mikeas Sánchez

Deposito tres granos de maíz sobre la tierra
Kujkiki
camino en dirección al sol
y pido clemencia por mis ofensas
a los otros habitantes de la tierra
Kujkiki
Hubo días en que blasfemé contra la lluvia
que la ira de Tujbät no caiga el día de mi entierro
Kujkiki
Muchas veces cacé jabalíes sin anuencia
que el dueño del monte olvide mi desvergüenza
y mi cuerpo no pague en el inframundo
Kujkiki
Cierto es que maldije a mis enemigos
y pedí su desventura
que el Gran tribunal no me persiga nunca jamás





Soy el sembrador
protector de esta tierra
la flor del maíz
Observo con mis ojos antiguos
elijo con el corazón cada semilla
no es en balde mi conocimiento del mundo
Converso con el dueño del cerro
riño con las plantas malignas
Soy el provocador de los seres invisibles
mi voz se escucha hasta los confines de las montañas
porque nadie podrá negar mi paso por el universo





Bienvenido el nuevo danzante
ya le fue revelado el secreto
ya tuvo el regalo de las flores
fue visitado su sueño
fue ungido su nahual corazón de cigarra
Ahora estará en todas las fiestas
le fue mostrada la palabra
le ha dado poder el Señor del viento
le ha dado licencia el Señor del fuego
bienvenido el nuevo danzante





Sentado bajo la ceiba más colosal
árbol protector de voces antiguas
el sembrador apaga su silencio
Ahí Dios susurra a su oído
esa palabra invocada
lenguaje secreto de los peces
las plantas
y los animales pequeños
Sentado bajo la ceiba más colosal
Dios es una nube en forma de flor
contemplando el atardecer
con los ojos vendados





Este es el día sagrado del pitero
hoy conocerá la memoria de su sangre
hoy caminará lado a lado con su nahual venado
Y dejará a su padre y a su madre
y a su esposa y a sus hijos
para enlazarse con la eufonía del viento
Ahora ya no será llamado hijo
ni esposo ni padre
sino Pitero
conocedor del lenguaje del tucán
medidor del tiempo
el que tiene la llave para caminar en los sueños





Mikeas Sánchez
Mojk´jäyä-mokaya
Pluralia, 2013

sábado, diciembre 07, 2024

Tres poemas de Ileana Garma

El domingo en el supermercado
un militar jugaba a sacar un peluche
de la máquina de monedas
las garras de la máquina
sujetaron algo oscuro y sin forma
el militar sonrió

las garras se abrieron y el peluche
cayó sobre ese montón de objetos
inalcanzables

el militar y yo nos miramos por un segundo él
se fue con su uniforme y yo me quedé ahí las
máquinas de monedas gobiernan el mundo
nos uniforman
y algunas veces
nos hacen creer que tenemos el control







Obsesionado con ventiladores
mi hijo los encuentra en todas partes
en los últimos rayos de sol
en las palmeras que nos rodean

recoge flores de todos los colores
las hace girar en sus manos

los ventiladores se encienden
respiramos ese perfume
de aspas veloces que revuelven al mundo

repetidos
en ciertas horas de la tarde
en la piel del ciempiés naranja
mi hijo encuentra ventiladores
a la orilla del mar
a la orilla de la selva

v e n t i l a d o r
me dice lentamente
para que pueda escucharlo
y no me equivoque

v e n t i l a d o r
le respondo
porque ya aprendí a leer
los fractales







Nadie quiere hablar
de las mujeres que checan
su hora de entrada
a una cápsula brillante
de aire acondicionado

una mezcla de perfumes
entorpece el sueño

          objetos inútiles brillan
     como brillan las estrellas

yo vi a una mujer dulce
     atravesar ese lugar
          hasta llenarse de sombras
salían en tropel
hacia una ciudad lluviosa
donde otras luces permanecían
amenazantes

yo vi a una mujer mirar
33 televisores encendidos
observaba en ellos
el transcurso de su vida







Ileana Garma
Uniformis
Libros del Marqués, 2024

jueves, noviembre 07, 2024

Cinco poemas de Iván Ortega


Pequeño libro, sin mí, y no te envidio, irás al pasado
Pues ir, a quien conecta tus partes, no le es lícito.
Lleva, infeliz, inatento, los rasgos epocales que permitirán fecharte.
Revisita, reconsidera, reelabora. Ve y dile hola a todo el mundo.
Procura regresar para reconstruir tu propia historia y,
Ante los que te aborden de modo crítico, cede, no te resistas
Y permite que se contradigan.
No te deprimas si te juzgan innecesario
y no te envanezcas si se te considera de provecho.
Quien te comprenda pasará de largo, sin emitir juicios.
Y pasarán los días y los días.
Escucharemos sólo música "fresca".







Dije: "las líneas de tus manos fueron planos usados en la construcción del cielo". Y mentía.
Regresamos a casa hablando sobre el orden musical y pictórico que a veces siguen las cosas en este bajo mundo. Cuando llegamos, tu hermana practicaba su primer diálogo con Orsino en voz alta y su silueta se veía detrás de la cortina de cuentas. Prendimos la televisión y anunciaron que comenzaba la semana de los tiburones. Súper tú, súper somos, súper vamos, súper mentía.







Qué bien está todo: preciso, expresivo, alucinante.
Qué increíble y gracias por el azúcar y por todo el café
y por los cigarros del desayuno y las pastillas para el mareo,
si hoy puedo señalar un platillo volador en el cielo
seré Frank O'Hara y
¿cómo registrarán nuestras lluvias
los practicantes de las artes notariales de este periodo?
¿Con números, como si fuera posible establecer una relación
entre un trazo y las líneas que dejan las bicicletas al pasar por el suelo mojado?







Sin tu presencia en la tierra, todas mis contraseñas son incorrectas.
Sin tu presencia en la tierra, todo me parece signo de tu presencia en la tierra.







Magia blanca y mal rock & roll.
Te llamaré nieve y neón.
Te llamaré Italo Disco.
Sacapuntas de corazón.
Lentes de corazón.
Diadema de corazones.
Artificios mini, ritos simétricos.
El corazón como los árboles como
Las raíces: retórico, retórico, retórico.
Objetos de amor en el cielo.
El extremo cuidado que pones en el cabello
Cuando te dibujas.
El incidente de la luz rosada.







Iván Ortega
Glásnost
Juan Malasuerte, 2023

sábado, septiembre 21, 2024

Tres fragmentos de un poema de Luis Felipe Fabre

Medusa (fragmentos)





VII
(Coro)

Oh Medusa, aterradora como la verdad:

advierten los sofistas que si algo es como
la verdad

es porque no es

la verdad,
pero es poesía
que sobre la verdad y la mentira se eleva
incomprensible como los designios de los dioses:

¡oh Medusa, aterradora como la belleza!





XVIII
(Coro)

Desanda tu camino, Perseo, vuelve
sobre tus pasos, regresa
a tu vida

sin otro trofeo que tu vida
y del sueño de la gloria
desiste:

más estatuas que Medusa
forja la aún más
feroz

Niké,

que a los hombres transforma en héroes
y a los héroes en broncíneos
simulacros:

véncela con tu fracaso,

oh,
Perseo,
y resígnate a la dicha:

mientras
resuene una flauta, baila;
mientras no se quiebre la cratera, bebe;
mientras perdure la flor de tu juventud, ama y amado seas.

Y brilla simple en el esplendor del día.





XXII
(Coro)

¿Brazo de quién, rodilla
de quién,
músculo

de qué
dios
o semidiós o

de qué

atleta
este

solitario dorso de mármol?

¿Qué

héroe
esta

belleza dispersa
como
un

reino arrasado?

¿Ala de qué

vuelo

esta
piedra

rota tras qué
caída?

¿Sujetaba
una
lanza
en

los juegos o

en

la orgía blandía un tirso esta
mano

cuyo
aferrado
gesto de bronce
ahora empuña un secreto?





Luis Felipe Fabre
Poeta griego arcaico
Sexto Piso, 2024

domingo, julio 21, 2024

Cinco poemas de Tania Favela


para Luis Verdejo

el silencio lo despertó (dijo) – así como se oye –
el silencio tan hondo    tan fuerte    sonó    (dijo)
adentro / afuera sonó el silencio después de tanto ruido
sonó tan fuerte (dijo) el silencio
– de pronto – en medio de la noche casi al amanecer
    nada ni una sola voz
               la fiesta (al parecer) había terminado







                 dejar que entre el error
dejar que entre (error y todo junto)    ahí
dejar errar la letra
la palabrabrirla    dejar que entre
                                 adentro, adentro
la letra (error y todo)
                            semilla y todo sin virtud







Si oscura es la luz
si ciega    ¿qué ilumina
la oscuridad?    qué murciélago
anda veloz en su ceguera
qué cielo se abre    se cierra
afuera dices    murciélago ciego
ave de verano adentro
adentro ciego el murciélago vuela
                       afuera ¿el ave ve?







Es como caminar o correr o incluso saltar
pero sin caminar ni correr ni saltar
pura simulación    (las patas a toda velocidad
del cuadro de Carrà)    espacio y tiempo
trastocados    (afuera adentro)
                y nadie sabe a dónde ir o qué
oír    ¿huir?    salir del cuadro    saltar
hacia la vida o de la vida a una foto
blanco y negro      movimiento
estático        (detenido el gesto)
ya nadie entiende nada      aunque se hable
o diga        el sinsentido pesa
hunde toda certidumbre    "la vida    (escribiste)
tiene el sentido que nosotros logremos añadirle, no tiene otro"
y cerré el libro Prosas (Alción Editora, 2007) y salí
                                                                                a respirar.







a Kenzaburo Oé, por sus Cartas a los años de nostalgia

Borrar las huellas    los pasos    con largas ramas
borrar las huellas    caminar de espaldas
y con largas ramas borrar las huellas
borrarlas    como los indios de América del Norte
con largas ramas    borrarlas    caminando de espaldas
borrarlas    borrar lo hecho o deshecho
o tratar de dejar alguna huella    tratar de dejar
– aunque sólo sean marcas de uñas –
aunque sólo sean marcas de pies o uñas
aunque sólo sea una plataforma vacía para contemplar el mundo
    marcas de pies o uñas            o buscar un nicho
para contemplar el mundo    ahí sobre la tierra
una plataforma vacía para contemplar el mundo
              un nicho para recostarse
– aunque sólo sea una marca de pie o uña –    borrar
borrar con largas ramas el camino
                                      con largas ramas las huellas
caminar de espaldas sobre el campo
caminar sobre calles y avenidas    de espaldas
buscar un nicho    una plataforma vacía
                                y ahí – por fin – recostar la cabeza.







Tania Favela
La imagen rueda
Libros de la Resistencia, 2022

viernes, junio 21, 2024

Cinco poemas de Ana Belén López

Una muchacha
se recarga en el barandal
no mira el horizonte
no despide ningún barco
a nadie
no sueña con cruzar océanos
descansa un pie sobre otro
luego el otro





Gira
entre las olas
que se forman en la orilla
se confunde con una
burbuja grande, café,
redonda, brillosa
se confunde
también con la cabeza
de una foca

gira con más rapidez
el coco
tratando de volver
a la playa que lo
arrojó al mar





La cubeta se estrelló
en la calle
a las seis de la mañana
a las dos de la mañana

otra cubeta se estrella
(en la calle)

y allá las estrellas
sí se ven
y había estrellas
que se ven
y las cubetas se estrellaron
y las estrellas se vieron
y retumbaron

las cubetas
estrelladas
retumbaron





La sierra
se cubre de frío

y huele a leña

se extiende la neblina fría

y huele a leña

la casa cierra sus ventanas

y huele a leña

el olor a leña
se escapa
por un vidrio roto





Las noches
suenan

a grillo

y a cachoras
que se burlan
de los grillos
toda la noche





Ana Belén López
Del barandal
Ediciones Sin Nombre, 2001

viernes, junio 07, 2024

Siete haikus de Luis Téllez Tejeda

Maíz, lentejas
Al llenar los costales
Suenan a lluvia.





Manta en la acera
Con viejas herramientas
Y un GI Joe.





Humo picante
Entre pencas de maguey
La barbacoa.





Crema Nivea
Una gorrita del PRI
En las chácharas.





Hongos de lluvia
Los acoyotes nuevos
Manjar de campo.





Con mil colores
Son charcos de plástico
Las palanganas.





De chía y limón
Hielo en los vitroleros
Las aguas frescas.





Luiz Téllez Tejeda a.k.a. Pávido Návido
Haikus del tianguis
Pitzilein Books, 2023

martes, mayo 21, 2024

Cinco poemas de Alejandra Arreola


¿dónde nos van a sentar hoy?
dijo el señor palero
en la feria de la cultura y el libro
luego, le propinó a su nieta:
anda, súbete hija
recítales algo
y ese fue el mejor poema que escuchamos
durante el flaco y pobre programa
de la capital mundial del libro







como los pepenadores
que cuelgan pedaceras de cosas
en carritos del supermercado
cadenas
pañuelos rotos
partes de un peluche
un día, sentado en tu silla de ruedas
sereno, dijiste: mira
ese insecto tiene un rombo rojo en la espalda
el insecto era minúsculo
y yo no sabía ver
a ti te gustaba coleccionar baratijas
bajo tu cama encontramos
jarritos, juguetes, silbatos
que anudabas en cordeles
y cosías, por dentro del saco
mi madre y yo te inspeccionábamos antes de salir
para arrancarte todo eso
así como te arrancamos
tantas otras cosas
estabas hecho todo un coleccionista: un performer
de la pedacera conservo
una mini muñeca tarahumara
que me mira con su pañuelito en la cabeza
y un anillo muy gastado y muy opaco
que podría ser de plata
a mí también me encantan las cosas de segunda
y las miniaturas
anoche anudé con hilo dental
un botón de concha de nácar a un anillo de plástico
avanza el día y me parece
tan coleccionable







la madre de Allen Ginsberg era distinta
la madre de Allen ingresó
al neuropsiquiátrico
cuando él tenía doce años
yo tenía dieciocho
cuando llevamos a mi padre al psiquiátrico
el día del secuestro del sentido
del lenguaje
mamá papá poeta
idilio, en la naturaleza
desde entonces hablo sin sentido
para desterrar algo
sin esconderme
y voy al tuntún
treinta y ocho años
de paso tuntún







conservo el ticket del día
que comimos pastel de miel
poesía y crema dulce
en las tripas
a Francis Grasso
dj de música soul
se le atribuye
la sincronización del ritmo
en las tornamesas
capas de libros:
componen la biblioteca
capas de discos: la discoteca
capas de estupidez
y capas de crueldad
en la pista de baile
capas de placer
al señalar al otre y denigrarle
las juventudes hitlerianas se unen
a la revolución del desencanto
pero hace días
comimos pastel de miel
te vi bailar desnuda y comprendí
el sentido de la estética
la sincronización del ritmo
antepasado, antefuturo
y bailamos música
elegida por nosotras







            sin poesía: piden las máqui-
            nas de voz pregrabada: y pon
            atención, todo lo que hacen es
            político, manifiesto, selfie, ma-
            nifiesto, se tiran un pedo: acto
            político, espacios políticos para
            sujetos políticos, las máquinas
            de voz pregrabada tienen princi-
            pios, te señalan y se autoprocla-
            man insurrectas, expiden grasa
            requemada: manifiesto, selfie,
            manifiesto

por eso el demonio es mejor
él no hace llamamientos,
camina libre, sensual
y caído en la tierra: goza







Alejandra Arreola
pegamento y solvente
Pitzilein Books, 2024

domingo, abril 14, 2024

Dos poemas de Roberto Cruz Arzabal

La inminencia de un dios

No pintes el cuerpo,
pinta lo que el cuerpo mueve,
la mano del hombre que sostiene un mundo,
una rama a sus espaldas,
un brote de naturaleza muerta, un bodegón sonoro.

No pintes el cuerpo,
pinta su respiración,
su alveolo comprimido,
pinta la fuerza del aire en la burbuja,
lo que se ve también se oye
el choque del aire
contra el aire
ritual
     molecular.

Lo molar es otra cosa (un cuerpo ajeno).

No pintes las manos
ni la ropa desgarrada, burbuja de interior,
traza la nervadura,
traza la cauda del jabón, su golpe circular.

La inminencia de un dios en su quietud.

[Jean-Siméon Chardin, Les Bulles de savon]





Piensa Don Draper mientras lee a Frank O'Hara

a Irene Artigas

No soy nunca lo que pienso, lo que escribo
o lo que firmo, soy, acaso,
y si se me permite,
un instante en el recuento.

–No hace falta un verbo
que exista o que frecuente
para inventar o definir lo que hago,
como no existe nombre para lo que me hace;
no existe, ni debiera, ni siquiera si se piensa,
un verbo acertado para ser en la palabra
invención, o claustrofobia en un vaso de tormenta.–

Una nube me rodea, un vaso en posavasos y las cosas
que caen bajo su propio peso
–llamarse como amantes en un vaso–
y siguen cayendo entre el sonido de los hielos

sí, siempre, una vuelta
de tuerca a la nostalgia,
sí, siempre,
un motivo que revuelva, sí,
siempre, una idea que firma
y me construye, sí,
siempre,

siempre en disminución, no tan graciosos,
no sólo más oscuros, no solamente grises,
el cielo es un whisky entre las piedras
o una estación entre las ruinas.

Nunca soy lo que pienso, lo que escribo o lo que vendo,
soy, acaso, una anunciación, un milagro de la espera,
puedo ser, también, a veces, una firma, que te piensa

ecce homo el patriarcado
que rueda por las escaleras
o que flota en la piscina
al iniciar la proyección
–cuánto melodrama en nuestras vidas–

a veces, lo sé, soy yo mismo entre la lluvia.
A veces soy un alto río que
se mira en un espejo irregular.

El campo es gris
y también café y blanco por sus árboles,
pero el buzón es rojo e infinito
y traga en su panza de metal

–¿he dicho panza,
existe algo
más vulgar que los nombres de las cosas?–

el deseo de una generación perdida entre la guerra
y la opulencia. El crecimiento
no fue tal sino la pátina
en el anuncio espectacular
de nuestras vidas
–orgasmos fingidos para creer en ellos–.

Nunca soy lo que pienso, lo que amo o lo que vendo,
soy, acaso, un nombre robado en el vagón del tren,
soy, también, 
una creación circunstancial,
un aparato para volver al lugar en que no fuimos
amados, ni seremos nunca lo que somos:
el mundo no se detiene en nuestra ausencia
(no hay que tomarlo personal)

–la guerra nos circunda y circuncida,
la guerra es más hermosa que la Victoria de Samotracia
es más hermosa incluso que una campaña
de guerra
o de publicidad–

espero
que el drama de mi personalidad
luzca de nuevo hermoso,
interesante y, además, moderno,
que sea mi madre en un burdel
con tipografía clásica, moderna o modernista
y un deseo de diseño;

espero que mi nombre lo sea todo
porque yo no soy sino mi nombre
robado a un extranjero

y un vaso de licor en medio de las náuseas matutinas;
si lo pienso bien, en medio de la nieve que no llega
o a la mitad de la caída, quizá
no soy un nombre

sino una colección de escapatorias,
una mujer rubia que espera en casa
a que descienda un ángel,
o una letra al final de la escritura
a tinta y pulso firme
–también mi padre, un hombre que escribía con mayúsculas–
o un modo del mercurio, una hora pegajosa
o un nombre en la memoria:
quizá pueda ser yo de nueva cuenta.

[Mad Men T02E01, "For Those Who Think Young"]





Roberto Cruz Arrabal
Hasta que el musgo
Universidad Veracruzana, 2023

jueves, marzo 28, 2024

Cuatro poemas de Raciel Quirino


Real de Catorce

180 beats por minuto
merodearon entre los mezquites.

Ritmos fosforescentes
corretearon gallinas y burros,

en pleno rush
se encendieron cada vez más
a medida que avanzaba la noche.

Fosfenos entre nopales y polvo
movieron la cabecita en trance.

Yo buscaba en vano la revelación de mi ser.

Apretaba los ojos con desesperación
tratando de concentrarme,

mientras ellos me murmuraban al oído:

pum tsss pum tsss pum tsss pum tsss
pum tsss pum tsss pum tsss pum tsss





Crítica

Después de Pedro Páramo, nadie es el mismo. Unos profundos, otros beligerantes, otros melancólicos, Juan Rulfo los transforma a todos. Hay quienes después de "Luvina" se manifiestan en grupo, rodeando a ocasionales lectores con chillidos coléricos. Unos aparecen de noche, a baja altura, y tienen la forma clásica lenticular y resplandeciente. Algunos se manifiestan con citas y largas letanías de memoria --a estos se debe que se erijan santuarios y se hagan procesiones a los lugares donde se tuvo un encuentro cercano--. De los más minuciosos existen registros menos nítidos, más pixelados, con encuadres titubeantes.

A medida que profundizo en el estudio del fenómeno, me convenzo cada vez más que es muy probable que al mismo Rulfo le diera por inventar algunos y se divirtiera mirando cómo nos enloquecen. Chirriantes y suspensos por horas en la lejanía, esas criaturas de Dios desconciertan apareciendo a mitad de los caminos y en las conversaciones mas intrascendentes. A menudo se los ve pasar persiguiendo jaurías de perros por los camellones. Hay temporadas en que la gente reporta avistamientos más insólitos. Se trata de esos que por años la gente ha llamado "el misterio" o simplemente "brujas", pero, ahora sabemos, sólo son rencores vivos, juguetones, como esos instantes en que Rulfo se quedaba en silencio más de la cuenta.




Nike1

En sus inicios
la hermandad Heaven's Gate
se llamaba Iglesia Célibe
para Erotómanos Anónimos.

Vestimenta, corte de pelo,
porciones de comida,
se procuraba que todo
fuera exactamente igual
en la comunidad.2

La naturaleza, sin embargo,
no respeta uniformidad y equilibrio,
por eso propusieron la castración.
Pero al final se decidieron por algo más efectivo:
el suicidio en masa.

El objetivo era alcanzar
la nave nodriza que viajaba
en la cauda del cometa Hale-Bopp.

39 Puertas del Cielo calzadas con 39 pares
de tenis nuevos Nike Decade3,
negro con blanco, fueron halladas
muertas en Rancho Santa Fe, California,
el 26 de marzo de 1997.

________________________________
1
Les contaré de un reino más allá...
Si quieren ir, deben seguirme,
porque yo soy quien tiene la llave
por el momento.

2
Yo creo que nuestro líder es el Jesucristo del siglo XX.
Muchos creen que tiene desórdenes mentales.
Bueno, muchos pensaron que Jesús tenía problemas mentales.
No creo que nuestro líder tenga más problemas mentales
que los que haya tenido Jesús.

3
Los tenis que escogió nuestro líder para
abandonar el planeta son súper cómodos.





Problema lógico1

Al partido México vs. Alemania en Rusia 2018, asistieron 20 mil mexicanos. Cada mexicano o bien no lloró o bien lloró al cantar "Cielito lindo". Se dan los datos:

a) Al menos uno de los mexicanos no lloró al cantar "Cielito lindo".

b) Dado cualquier par de mexicanos, al menos uno de los dos lloró al cantar "Cielito lindo".

¿Puede determinarse partiendo de estos dos datos cuántos mexicanos no lloraron y cuántos lloraron al cantar "Cielito lindo"?

________________________________
1
Even where horrible green parrots call and swing.
W.B. Yeats





Raciel Quirino
Ovnis mexicanos
Liliputienses, 2023.

jueves, marzo 21, 2024

Siete poemas de un encuentro de haijines


Hoja de plátano.
Un verde más brillante
el de la oruga.

(Alejandro Sánchez Vigil)





En claro cielo
tuna de xoconostle
enrojeciendo.

(Rosa Maqueda)





La jacaranda:
surimi morado
bajo su copa.

(María Elena Solórzano)





En la laguna
¿Qué brilla más la luna
o el cisne quieto?

(Elías Dávila Silva)





Llenas de tierra
Salen las zanahorias
Para ensalada

(Marco Antonio Miramón Vilchis)





grillo en la sala
hoy te devuelvo al frío
en una taza

(Jesús Campos Salgado)





Vago murmullo
sobre las hojas secas:
las gotas de agua.

(Alicia Cuevas)





Antología de haijines. Viento que florece
Coordinadores: Ivonne Murillo, Ezequiel Maldonado y Fernando Martínez
Universidad Autónoma Metropolitana, col. Bajel de Letras, 2020

miércoles, febrero 21, 2024

Cinco poemas de Martín Rangel


anoche soñé que me convertía en un murciélago
después trepaba al batimóvil y salía a combatir a los poemas
ellos me atacaban con su mejor artillería:

piramidalfunestamente sacaban mis ojos
sus frentes armadas de medias lunas y
sus chopos de agua a presión
sitiaban mi epidermis
hasta casi acabar conmigo

después desperté
bajé a la cocina
tomé cereal con la cara inexpresiva
y me quedé viendo la pared durante aprox 1 hora







estoy sentado junto a ti mientras produces chillstep en una aplicación para ipad y usas calcetas de hello kitty y tu codo izquierdo está sobre tu rodilla izquierda y tu mano izquierda sostiene tu frente y tu cabello cubre tu cara casi por completo

quiero caminar el centro de todas las ciudades contigo
quiero beber café y oír a mariah carey cantando villancicos en
todos los cafés del mundo contigo
escucharte producir chillstep a mi lado
hasta morir hipnotizados
quiero destruir el mundo y volver a crearlo contigo
por todas la calles de nuestro nuevo mundo sonaría tu chillstep
la gente bailaría todo el tiempo
la gente caminaría todo el tiempo como bailando
haría falta una nueva palabra para eso
la inventaríamos también
'bailinando'
tal vez
hasta que llegara mariah carey con sus villancicos a arruinarlo todo
ni aun destruyendo el mundo y volviéndolo a crear
podríamos evitar la navidad
ni a mariah carey cantando por todos lados
igual no importaría
porque estaríamos juntos
el resto del año
en todas las calles
de todos los centros
de todas las ciudades del mundo
bailando al ritmo de tu chillstep
hasta morir hipnotizados







dime si te sientes avergonzada o no de mi aparente inexistencia
estar en un sitio hacer
las veces de mueble las veces
que sean necesarias
hacer las veces de bulto
personaje película de culto
por favor ya no tienes 87 años
dime todas las cosas color rojo que recuerdes
el próximo 5 de noviembre no es viernes
te pregunto si crees en los mensajes del cielo
el día que nos juntamos a tomar café
en el cielo había luna hiena
y los rayos quebraban la noche
pero la noche enseguida se volvía a ensamblar
porque es la noche y las noches hacen cosas
de noches
espaciotemporalmente bebíamos café
y mientras hablabas de arte
comenzó a llover
la quietud inquietante
el acto performativo como
manifestación de la resistencia
no inventes no inviertas tu tiempo en responder
hay cosas que es mejor no conocer
vivir desafinadamente
en todo caso quién soy yo
para juzgarlos
crucificaremos peores cosas
evitando
en la medida de lo posible
cualquier tipo de contacto sexual
errores ligados a una incapacidad
de sentir arrepentimiento
de sentir
pasado el tiempo
aburrimiento
si puedes pronunciar pregabalina
eso sólo significa que la sustancia no ha
surtido efecto
si puedes escribir un poema y al
terminarlo eres capaz de leerlo todavía
entonces no ha
surtido efecto







"el tiempo pasa más lento cuando no puedes dormir" confirmó la ciencia

y nunca terminamos de mirar al sol marcharse
y nunca estuvimos muriendo todo se trataba de un performance
cerramos los ojos y pudimos ver flores pero no pudimos olerlas
recuerdo un rastro interminable de sudor y glitter
y música que sonaba muy fuerte       ser solamente
cuerpo       recuerdo que atravesé el espejo y no había nada
del otro lado de las cosas       no te pierdes de mucho
cosas comunes como el insomnio o los eclipses
o fracturas en el pecho o diagnósticos médicos poco alentadores
o el miedo al insomnio
                                     (que a veces es peor)
de todas las cosas que he ido olvidando con el tiempo
cómo vivir es la que más echo de menos
pero seguro que alguien ya subió
un tutorial en youtube al respecto
que difícilmente me enseñará a vivir
pero seguro me entretendrá el insomnio







XII

haz una lista de todos los milagros que conoces
y cuenta esta noche por favor
un mezcal después todas las cosas son posibles
habla de la lluvia y del
refugio imposible que inventamos
para poder seguir
habla de la pregabalina la cerveza y todos
los favores que le hicimos a la oscuridad
armada de dulces
desapareciste bajo la ciudad
y su tormentosa sed
de ser nube vuelve
el aire sobre mi pecho es más dulce te lo juro
las gotas no pueden rozarte así
no en verdad no quiero un dulce
nada hace la diferencia si no cargas tu cartera jajaj
al final sólo se trataba de ser real ¿no?
hacer lo que te gusta y no pedir nada a cambio
¿dónde estás? yo te haría toda la noche sin embargo
los relojes y las camas vacías
el hielo vuelto agua y el recuerdo
al fondo de todos
los vasos vacíos







Martín Rangel
Emoji (deluxe). Poesía reunida (2015-2021)
Libros Malviaje, 2023

miércoles, febrero 14, 2024

Cuatro poemas de Silvia Tomasa Rivera


La semana pasada
subimos a Tetela del Volcán,
había luna llena y vimos
cómo reverberaban los campos
desde las faldas del Popocatépetl.

Hay un grupo de zapatistas
en los límites montañosos con Puebla
que bajan a reunirse a Jumiltepec.

Los campesinos se sienten seguros
porque en ese pueblo de Morelos,
templado por el frío del volcán,
fue redactado el Plan de Ayala
por el maestro Otilio Montaño,
brazo intelectual de la revolución
y consejero del general Emiliano Zapata,
a quien después fusilaron
sembrándole una andanada de mentiras.
¿Qué me espera a mí, que solamente
soy un luchador social
sin protección alguna?







Vienen de madrugada
como los coyotes,
pero a diferencia de ellos
no conocen la montaña
                   por eso luego
se andan desbarrancando
en los filos.

El otro día dijeron
que les tendimos una emboscada,
la verdad es que estaban borrachos
y nosotros los vimos desde aquí,
rayando los caballos y cantando
canciones de la revolución
como si deveras creyeran en ella,
después se pelearon y lanzaron
                                  balazos al aire.

Entonces nos resguardamos
y vimos por la boca de la cueva
cómo descargaban los rifles
a diestra y siniestra.

Por el periódico nos enteramos
que habían tenido un enfrentamiento
con nosotros y el general les creyó.
Iban golpeados y heridos
por el cruce de balas
en su borrachera.







Hoy es 8 de septiembre
día en que baja el Dios Tepozteco
a saludar a su madre
la Virgen de la Natividad,
con él viene un grupo
                   de feligreses
que desciende
        de la piedra quebrada
                   con velas y estandartes.

Tepoztlán es un pueblo combativo
que se defiende solo.
En una orilla está
                   el Cerro del Tesoro,
llamado así por la creencia
de que los plateados zapatistas
escondían en sus entrañas
                       los centenarios
extraídos de las haciendas.

Desde el Tesoro, Tepoztlán
semeja un manto de luces,
y la banda se escucha
                       en lo más alto.







El toro negro
             es el diablo,
cuando regresamos de noche
                       por la carretera
se escuchan los bramidos
desde el fondo de las cunetas,
a doscientos metros del alambrado.

No sólo nosotros,
los que vamos de pesca
                       en la madrugada
a la laguna de Coatetelco,
también lo vieron
                       los de Coatlán,
alumbrando el camino
con sus ojos enrojecidos.

Se vislumbra a altas horas
en un tramo ventoso
entre El Tesoro y Miacatlán,
tantas veces lo han visto
pastando bajo la luna
             que ya nadie le teme.







Silvia Tomasa Rivera
La tierra oscura. Poemas sobre Rubén Jaramillo
Fondo de Cultura Económica, 2023

domingo, enero 21, 2024

Tres poemas de Abigael Bohórquez

Oh travestis casi perfectos de los carnavalitos,
oh vedettes culimpinados de los gimnasios,
oh locorronas de las sacristías,
oh pobrecitos de aldea
apedreados por el vecindario,
cercados por los perros,
ahorcados y quemados en la noche sin tregua;
oh Rubén de la eterna noche de mi desconsuelo
bebiendo, tronándotelas, de a soledad,
soportando una esposa que no pediste,
echando paliacate con el lechero,
en sartén con el velador, pinicuchado,
de a rápido;
oh Alejandro malvada
vistiéndote de madrota
porque estabas re feo,
oh damas caballeros de la fosa común:
por ellos supe, de niño
lo que quiere decir ese mote quemante,
palabra lapidaria
que escuché muchas veces por la vida
y que aún zumba el tímpano:
entremedio,
lucisombra,
cachagranizo,
leandro;
por eso sé que
ahora sé
qué canto.





Slogan

Y, fue que, un día, el BUEN vecino
estrenó la película, como un trigal en llamas:
AIDS IS COMING / AIDS IS HERE;
y uno ya no volvió a poder ser
la familia de hierba de Walt Whitman:
--¿me celebro a mí mismo y me canto a
mí mismo?--
because to die for AIDS is different
from what any supposed.
Sobrevino el terror,
the happy birthday of dear DEATH TRACY;
uno
entonces,
enamorado todavía de las cosas oscuras
tornó a mirar a su izquierda, a su derecha,
detrás, al frente,
queriendo ver espejos donde tocar un rostro fértil;
pero llegó algo que vino enemistando,
desapartando y no es igual la vida:
because to die for AIDS is different
from what any supposed;
y devino el horror impenitente
de que éramos muriendo o vamos a morir
o estamos muertos
y obstinados: dead-drunk
rock,
dead-end
rock,
deadfall
rock,
deadly gone world
rock,
o yeah,
but to die for AIDS is different
y ai'nos vamos, carnal
haciéndonos poquitos,
esfúmate, pass bye
no chingues, puta muerte,
but to die for AIDS is different,
like to spit to olden olden God,
rock
rock
rock'n rolling
a pesar de aquel día.

Porque hubo días hasta la desvergüenza,
donde fuimos tan lúbricos
                       tan móviles
                       tan fértiles
                       tan plácidos
                       tan flácidos
                       tan sórdidos,
presuntos dueños del amor intemporal;
porque hubo días en los que fuimos
aquella mano que buscaba,
y aquella otra mano que daba sobresaltos,
y aquella breve mirada solándula y promiscua,
porque todo estaba tiempo de la pasión,
y convivimos la cintura del canto,
y no conocíamos piedras en el camino;
pero hubo días en los que fuimos
los únicos culpables
de esta vieja batalla
recientemente concluida,
en la que no diré que te he perdido
para siempre,
sino que yo te amaba
y he muerto.





Retratos

Este era Lesbia Roberto.
Quería ser estrella como Lola Beltrán.
Era muy jovencito cuando le revelaron
que estaba muerto de
"qué vergüenza de la familia";
fue cuando vivió para ya no contarlo
y se hizo rico sintiéndose Mae West
en su bar de Los Ángeles,
asediado de pochos, de negros,
de narcos salvadoreños,
de muerte.
Hasta que dio con Ella.

Este era Pájara Gustavo.
Fue profesor de educación primaria
y tuvo el alma de cristal (soplado),
por eso lo corrieron de trabajar;
hizo versitos, coronas para muertos,
valses para quinceaños;
rezaba novenarios,
hablaba solo con la Virgen María,
se le apareció El Diablo,
y una mañana
lo descubrieron tieso, con el alma trizada,
en libertad de alcohol y de tabaco,
amoratada pájara tucana,
alma de Dios,
salvada de sin amor, de sin calor
humano. Ni divino.

Este era Daniel L'amour:
trabajaba el grabado con escasa fortuna;
padeció bajo el poder terrible de Olga Guillot
y Concha de Villarreal, dos ángeles hermanos;
como amiguísimo era un padre, Tatena,
se las partía por uno
o con uno cuando no había más.
Compró un lote silvestre
porque siempre anheló levantar una casa,
para que los amigos fuéramos a seguirla
el sinfín de semana;
leal a su muerte, frustrado,
ahora ocupa un lote bajo tierra,
y sus amigos, en pleno seguimiento
sin Tatena La Morgue,
muerto en la peda augusta,
de rabia,
un sinfín de semana.

Esta era Sarito:
no el criado de Rosalina
la novia puertorriqueña de Juan Ramón,
sino esta hombrembra de picapleitos
y promotora de "vencidas",
mujer de pelo en pecho,
cantante de ranchero
que a las mujeres más bonitas se llevaba,
y éstas, sus compinches:
Odilón, Isabel de los Ángeles,
Mi General Zeta, Feyamira,
la fanfarronería, el splendor
de old mexican movie,
con señas muy visibles de varones,
con ostentosos entrecejos de soldados rasos,
con cicatrices de haber ido a trabajos forzados,
con alebrestos de Juan Tenorio de jaripeo,
ásperas oropéndolas de la "madriza"
nacidas para perder.
Se les dijo bien claro: Pelotón, marcha atrás;
pero tomaron sus mazos, sus cascos,
sus cadenas, sus bragueros,
sus áspides,
y partieron al Frente,
dejando novias llorando,
llorando
la despedísima.

Este fue Braulio Ayeres
que, de noche a la mañana,
contrajo, de raíz,
magnolias de consunción,
que consiguió ver despojos
de haber dado fragancia,
impávidos rescoldos de haber pasado por el fuego
y de no haberse hecho santo,
constancia de no haber sido
como pudo ser
su personaje inolvidable,
pavesas de haberse dado holgadamente
a la desventurada,
indicios de que una vez probó,
delicuescentemente,
la miel sobrada del amor,
pruebas irrefutables de mala suerte
y mala muerte
en la tenebra del hospital.

Estos eran Bartolito, don Chuy, Lolo,
Estrellita de Enero,
decadentes mariquitas de lonchería,
chapeaditos de escarnio,
viejérrimos,
siseando de placer
a los hombres que venían del mar
de las pizcas.

Estos eran Leticia, Salomón, la Yetis,
alebrestados jotitos de prostíbulo,
añorando la muerte piernasarriba
de las putas,
mordisqueando sus sombras,
sus curvas, sus cosméticos,
imitando sus zafios cadereos,
copiando en los espejos
sus miradas afroides,
espiando por las rendijas de los muros de Jericó
la brutal ceremonia,
desafanándose de calentura y extorsión
en las braguetas de la policía.

Estos eran Chiquita y Juan Manuel,
modelitos de oficina,
acicalándose en el baño de damas;
y Apolonia: la chic,
Pola Negri de arrabal, atragantada
de morder su nariz donde atracaba
el velero mayor de la comarca.

Este era Jesús, el revelado:
tuvo diez hijos a la luz pública
era pastor de evangelizaciones,
pero de noche
era Herodías, Dalila, Semínaris, Artarté,
y danzaba entre velos y címbalos y coros de mancebos
que palmeaban mucha ropa pelos pelos
aleluya aleluya
en la iglesia sodómica.
Este era yo, perplejo:
zurcía, bordaba, jugaba con muñecas,
cantaba, amargo, descreído de Dios.





Abigael Bohórquez
Poesida y otros poemas homoeróticos
Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2019