lunes, abril 21, 2014

Tres poemas de Clayton Eshleman


Para Caryl

Lespinasse, 1974: Salimos con nuestra cena a la mesa de piedra
en el descanso junto a nuestro departamento en el segundo piso en
[Bouyssou.
La granja sobre una loma que descendía entre un huerto de manzanas.
Sentados a comer, mucho antes del atardecer, fue nuestro el espectáculo
de un cielo extraordinario. Las nubes flotaban llegando sobre las
arboledas, dilatadas sobre nosotros. Colisión de masas, orejas de Mickey
[Mouse,
gárgolas desgarradas, torretas, valles, apariciones de mamuts que se
[adensaban
y se destrozaban. Tantas nos recordaban a las imágenes
que buscábamos discernir en los muros de la cueva. Sentados a la mesa
de piedra --qué experiencia-- enamorados, ahí, uno de los momentos más
vitales de nuestros años juntos. Tanto de lo ocurrido
--los "aspectos de los eventos"-- en nuestra primera primavera y verano
[en la
Dordoña se dispersó como esas nubes que solíamos observar--
y aún se inflama en nosotros, nube envolvente, cuyo corazón es nuestro.




Los auriñaciences tienen la palabra

Para Gary Snyder

La nutria sin garras de Camerún, su gama entera
en peligro, avanza contoneándose
llevando un pedazo del arco de MacDonald.

Todo se debe a todos.
Nada se debe a nadie.
Mucho se debe a la mayoría

y algo horrendo se debe a
cierta dominación que no
peligra en Shah o un campesino

--claro, yo sé que hay una diferencia,
pero la nutria no coincidiría con eso
y es esa nutria la que me preocupa,

preguntándome qué es lo que recuerda mientras pasa,
como especie, fuera de la existencia.
Me pregunto si pasará a través

del ensamblaje auriñacience.
Me gustaría escuchar los discursos
defendiendo su inteligencia de ogro

con sonidos afianzados con el susurro del agua.
¿Hablará del tronco negro que
arde sin llama en este "nuevo páramo",

¿la negatividad inherente en haber olvidado
extinciones del final del Pleistoceno?
Es hora de dejar que los auriñaciences tengan

la palabra. Sus formas de cúpula
talladas en losas funerarias
sugieren un pileus que en la muerte

un tallo crece hasta ser estalagmita,
filtrándose en las quebraduras de nuestro
escaneo subliminal.

En el nudo flojo de senderos sobre senderos,
aceptaré la propuesta auriñacience
de que el abismo puede grabarse

y termina en cuevas manifestando
la separación homínida. El yo muerto bajo
el yo hago. Mi vertical se apoya en mi cero.

Es posible ahora despostillar
el centro vivo del objetivo,
el bisonte esbozado por cuyo cuello

de manganeso yo pinto a la nutria sin garras
con la plata oxidada
de la estaca de Drácula.




Como violetas, dijo él

Jacques Marsal (1925-1988), con sus pulcras zapatillas de gamuza, nos conducía a la oscuridad de Lascaux. Fue necesaria su ausencia, en nuestra cuarta visita, para hacer evidente hasta qué punto su presencia determinaba qué es Lascaux. Siendo uno de sus descubridores, Marsal permaneció rodeado por la pasmosa frescura de ese enebro caído y colapsado bajo el cual cuatro niños se retorcían buscando entrar. El hecho de que Marsal continuara, por casi cincuenta años, fue un florecimiento más en el tallo de la cueva, y me conmueve la diferencia que una sola persona puede hacer en la personalidad de un lugar, no por mera declaración o información sino por estar envuelta, oblicuamente, por llevar consigo a Lascaux, haciendo su gracia florecer y permitiéndonos a nosotros, conscientes apenas de sus movimientos, leer a través de su luz.

                                         Los hombres retoñan como violetas
                                         cuando hace falta, dijo Olson,

        Blackburn, al final de su vida,
        lamentaba la desaparición de un mesero
        de Barcelona, un hombre viejo
        que se movía con tal precisión y gracia
        entre la clientela. Paul escribió:
        "No hace falta saber
        el nombre de alguien para poder amarlo."

Es por Marsal que conozco Lascaux de memoria
igual a un niño livianísimo
enmarcado por el trueno y el cielo disgregado y lívido,
un niño de pie sobre la sensación de eternidad,
eternidad decible, apenas por debajo del polvo.


[Hotel Cro-Magnon, septiembre, 1990]




Clayton Eshleman
Mecha de enebros
Traducción: Hugo García Manríquez
Aldus, 2013.

lunes, abril 07, 2014

Tres poemas de Yaki Setton


Blues & roots


¿Soy Rosa Parks el 1o de diciembre
de 1955 en Montgomery negándome
a ceder el asiento a un hombre blanco
o Emmet Till muerto a los golpes
en Mississippi por haber saludado
a una chica blanca? ¿Qué fui antes de ser
esclavo? ¿Viola Liuzzo muerta a tiros
por el Ku Klux Klan? ¿Harriette Moore
asesinada al explotar su casa en la navidad
de 1951? ¿Qué fui antes de ser mulato
negro, sueco, inglés o chino? ¿Louis Armstrong
obligado a divertir a los blancos?
¿Y qué antes de ser Charles Mingus?
¿El mulato al que desangran
a latigazos por ser negro? ¿El negro
al que cuelgan desnudo por ser blanco?
Estoy abrazado a un campo de algodón
lleno de hermanos encadenados en medio
de esta oscuridad engañosa y el mango
del contrabajo cruje con sus cuerdas
que vibran bajo mi cuerpo sudoroso
mientras la boca canturrea freedom
for your daddy freedom for your mama
freedom for your brother freedom
for your sister ¿Por quién más debo
pedir? ¿Por quién tengo que escapar?
(but no freedom for me).



Locche


¿Se gana una pelea sin pegar?
La ceja no sangra ni tiembla
mientras tu cuerpo se adelanta
milimétrico hacia el adversario
que quiere golpearte sin cesar.
¿Ves la mano que asoma
por la derecha? ¿Y el gancho
de izquierda? Tu boca
con el protector parece furiosa
la frente apenas se agita
y los guantes te rozan o pasan
de largo en tanto Kid Pambelé
con su figura brillosa y negra
te abraza y se esfuerza por herirte
pero es inútil. ¿Cómo se mueve,
Nicolino, tu cuerpo en el ring?
Levantás la cabeza con cuidado
erguís la columna y los brazos
se relajan al costado de tu cintura:
eso es bajar la guardia y esperar
a que alguien se canse de darle
al aire para encontrar tu humanidad.



Museo


I
El edificio está vacío. Es el Casino de Oficiales
y no hay nadie ya que entre por su explanada
o sea recibido por un oficial que lo invite a comer.
Ni siquiera un Falcon de donde se baje a golpes
algún prisionero encapuchado. Se han ido
pero no dejan de resonar sus tacos contra el piso
al mismo tiempo que ponen su mano derecha
rígida sobre la sien y gritan ¡Buenos días almirante!

II
Sólo hay silencio en esta planta en ele.
A la derecha reconozco las pequeñas celdas
de "capucha" y sus ventiluces. Avanzo y un techo
de chapa gris en declive con sus finas vigas
me obliga a bajar la cabeza y mirar al piso.
Ya no hay nada: no hay secuestrados,
no hay picana, no hay grilletes ni Pentonaval.
Del campo de concentración sólo quedan
estas paredes peladas.

III
¿Qué es la ESMA sin los marinos que tiraron
a sus secuestrados vivos desde un avión
sobre el Río de la Plata? Qué es la Escuela
de Mecánica de la Armada sin los jóvenes
estudiantes de marina haciendo guardia
frente a los engrillados. Quién sabe dónde estarán.



Yaki Setton
Nombres propios
Bajo la luna, 2010.

viernes, marzo 28, 2014

Tres poemas de José Eugenio Sánchez


sentado en una pila de heno
tomando vino re-escribiendo haikus


un momento extraño -el muchacho
           y la luna llena
se miran a través del telescopio


                              (y la luna clara
                                           y callada
                              es un haiku)


la luna
           llena el silencio
de la pupila


                              y la luna en el telescopio
                                           y en el ooo
                              que exclama el muchacho al verla




the only cure for morphine
poisoning is more morphine


este es el río hudson emblema del ancestro que acabó con los bisontes
lugar para encender la radio del oldsmobile
recargarse en el hombro del atardecer y el peor merlot y tirar la ropa
[al agua
lugar donde jack y allen observan a matt
meando en el río
que repara ante el chorro con un leve crujir de rocas
la verga es larga cual cola de gato y se ve muy dura
en comparación con las piedras que parecen de plastilina
allen ve en esa carne un huerto de manzanas abandonado
en algún pedazo del panorama
y se le antoja la sidra
la tarta             la jalea
las incontables unidades de vitamina c que hay en su pulpa
: matt tiene esa risilla que tienen los tontos
y a jack le encanta
le pregunta si escucha coltrane
si conoce el oscuro bar sin anuncio del village
y después de un silencio
si le apetece que le muerdan el glande ya
y el cauce del hudson suena
como si sus dedos acariciaran la espalda de los estados unidos




how can people be so furious
in this metaphysical void
(testimonio de michael)


a la verga la política la fe el corporativismo
y cualquier pendejada que permita vivir en paz a los poderosos
a la verga la estrategia: puntualicé

y allen propuso unilateralmente: ahora todos nos vamos a méxico
[y bla bla bla
yo reiteré: robert duncan es el poeta más importante de la costa oeste
y bla bla bla
y entonces gregory saltó sulfurado y me tomó del cuello y dijo entre
[dientes: michael eres un bla bla bla
lo empujé tirándolo al suelo
inmediatamente me envolví la bufanda
e indignado me dirigí a la puerta
neal me miró y bostezó
y antes de salir jack me dijo
: eres el mejor espectáculo en millas a la redonda
la clave de todo aquello fue el aburrimiento
a la verga el aburrimiento

jack insiste en ser una sombra en las aceras
donde la verdad no es viable
porque la humanidad no la merece

a la verga los scat readers & cocksuckers & beatnicks
que discuten irascibles al repartir
un montón de marihuana en partes exactamente iguale
para repartirla en partes exactamente iguales

a la verga esos putos campesinos
que querían llenar su cabeza de filosofía
para no enlistarse en el ejército

y a la verga el ejército
preferimos morir escuchando una buena canción
o evadiendo al fisco con drogas duras chamánicas
o asfixiados en carcajadas secreciones sangre y mierda
o con la próstata del tamaño de un plato
o desangrados en la taza del baño
o hermosos en las vías del tren
etcétera
que por las firmas de un montón de burócratas




José Eugenio Sánchez
jack boner and the rebellion
Almadía, 2014.

viernes, marzo 21, 2014

Cuatro poetas españolas


Las niñas juegan

Las niñas juegan a la plastilina
y dicen
en esta casa hay muchos cerrojos.
En esta casa no pueden entrar papás.
Sólo niñas y niños y mamás.
En esta casa no puede pasar nada malo.
Y no tenemos miedo.
Yo tengo miedo, por las noches.
Anda claro, por las noches todas tenemos miedo.
Y pesadillas.
Mira qué bonito lo que estoy haciendo.
Qué bonito.

Mada Alderete Vicent (Madrid, 1959)




F.P.

Fernando Pessoa, miope, dibujado a dos tintas
en el billete arrugado con que compro la prensa.
Cien escudos su alma,
no más que cien escudos, lo justo
para un café y un bollo,
algunos cigarrillos o un billete eléctrico.

Fernando Pessoa, sé que sonríes
cuando saco tu billete y lo beso
como novia que despide a su amado.
Tu cabeza vale hoy cien escudos
y mañana quién sabe.
Todos los poetas debieran nacer en Wall Street,
ser moneda fuerte en el mercado bursátil.

De nuevo he traicionado tu amor.
Te he vendido como un judas cualquiera
por un café caliente. Esta tarde
besé tu mejilla
antes de darte al enemigo.

Mercedes Escolano (Cádiz, 1964)




Perdóname que ahora juegue

Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Wislawa Szymborska

Cuando veo fútbol, tenis
carreras de fórmula 1
no olvido que en otras cadenas
siguen los telediarios.
Mientras gritamos gol
otro coche bomba explota
en un mercado; antes
de que acabe el set
habrá diez palestinos menos;
se apaga el semáforo
y una vida más en Guantánamo.

Mis padres llamaban
partes a los telediarios.
Ellos sabían que la guerra
no había terminado:
mientras en el salón la tele
vomitaba metralla,
la radio en la cocina
escupía recuentos de muertos.

Perdonadme que ahora juegue:
el dolor fue una institutriz severa.

Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968)




Escocia

Un camión cargado
de güisqui Glenffidich
nos adelanta por la derecha
en una carretera
atestada de ciervos
y de vacas con flequillo.

Suena el himno de Escocia
en la furgoneta.

Algunos dormitan,
otros miran por la ventanilla
y limpian con la manga del jersey
el vaho adherido a los cristales.

Algunos mosquitos enanos
se han pegado a su trampa
de alientos cálidos
y de gargantas heladas.

Un caza americano F-16
sobrevuela el lago
como un moscardón insolente.

Dicen que aquí repostan
para ir al Líbano
a seguir con sus asuntos.

Una niña ríe y no me molesta.

Es una novedad estar en paz
con este cuerpo que me envuelve.

Algo me sonríe entre las tripas
y me conecta a la moqueta verde
de antiguos glaciares,
a la turba que destila cascadas
de cerveza negra
y que calentará el hogar
en el invierno.

Algo me tira del centro del ombligo
y me obliga a expandirme
entre valles infinitos,
entre piedras tan viejas
como el mismo Dios.

Quizás vine a buscarle a Él
a estos parajes
donde los hombres
son más hombres
si llevan falda,
donde la tierra se cultiva
con un mimo antiguo,
donde el clan familiar
da el cobijo necesario
a los hijos que vienen.

Quién sabe si,
después de todo,
Dios no es sino
ver pastar a los ciervos
entre una fina lluvia de alfileres,
la soledad de las islas
entre el viento del norte
llamando a la ventana,
la manta de cuadros
que abriga tus tristezas,
la cerveza cremosa
en buena compañía,
las risas de los tuyos
y el corazón en calma.

Sonia San Román Villamediana de Iregua (Logroño, 1976)




Mujeres en su tinta. Poetas españolas en el siglo XXI
Compilador: Uberto Stabile
Atemporia/UNAM, 2009.

viernes, marzo 14, 2014

Tres cantos indios

Canto de Hombre-que-no-está-del-todo-bien a la Princesa Thom
(Tlingit)

Aun de la casa del trago fuerte
escapan los hombres,
pero nunca de ti,
Mujer Cuervo.



Canción de un niño asustado de un búho
(Chippewa)

Temo mucho
también al búho
cuando me quedo
a solas
en mi casa.



Canción de despedida
(Havasupai. Canta Dan Hanna)

Lugar del manantial donde el agua gotea
que he recorrido.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Creí que siempre viviría
creí que siempre viajaría, así había sido.
Creí que siempre sería así
pero las fuerzas ya me han abandonado
              ja nja.

Creí que siempre sería
como fue, así fui
pero las fuerzas ya me han abandonado.
Tierra que he recorrido
lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Animales de cuerno
solía cazar.
Creí que siempre sería así,
sería así siempre
pero las fuerzas ya me han abandonado
              ja nja.

Así es como fui
así,
así.
Matorral espinoso,
lugar
              ja nja.

Corrí y corrí
a tu alrededor.
Olvídame
olvídame
              ja nja.

Troncos caídos
que salté.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Lugar de rocas firmes
donde tropecé.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Lugar con caminos,
que seguí
alguna vez.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Lugar del arroyo
que chapoteé al cruzar.
Lugar, óyeme,
óyeme: olvídame
              ja nja.

Lugar del Cerro Picudo,
Cerro Picudo
donde trepé corriendo.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Hasta la cima llegaba
y me detenía
a mirar la lejanía.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Hasta la cima llegaba
y me detenía
a mirar la lejanía.
Lugar, óyeme:
olvídame
olvídame
              ja nja.

Conejo grande
y lejano,
joven, pardo
brincaba a esconderse
a esconderse
y perseguí
perseguí
              ja nja.

Lo alcancé
le di alcance, lo logré
y con la vara de caza
lo enganché
lo enganché
              ja nja.

Lo asé
y lo comí
creí que siempre viviría
creí que siempre viajaría.
Eso me pareció
pero las fuerzas ya me han abandonado
me han abandonado
              ja nja.

Antílope lejano
antílope lejano y joven
que brincó a esconderse
salió,
corrió, lo perseguí
              ja nja.

Lo alcancé,
llegué a su lado
con mi palo de caza lo enganché
lo agarré.
Lo asé
lo comí
              ja nja.

Creí que siempre viviría.
Creí que siempre viajaría
que siempre sería así,
así fue.
Creí que siempre sería así.
No es cierto.
Creí que siempre sería así
pero las fuerzas me han abandonado
              ja nja.

Pieles de venado
me pertenecieron
y colgué en los enebros.
Cubrí todo el árbol
y con orgullo las miraba:
tan orgulloso estuve
              ja nja.

Pieles de venado
me pertenecieron
y colgué de los enebros,
dos árboles
tres árboles cubrí.
Con orgullo las miraba
creí que siempre sería así
creí que siempre sería así
              ja nja.

Creí que siempre sería así
pero las fuerzas ya me han abandonado.
Creí que siempre sería así
como fue
como fue
              ja nja.

Creí que siempre viviría.
Creí que siempre viajaría
pues eso había hecho.
Así fue
parecía
que sería igual siempre
pero ya no tengo fuerzas
              ja nja.

El cielo sobre mi cabeza
me hacía creer
que siempre estaría allí
me hacía creer
que siempre estaría allí
pero ya no tengo fuerza
              ja nja.

Óyeme
olvídame
olvídame
ya no tengo fuerza
creía que la tendría siempre
pues así fue
así fue
              ja nja.

Aguaje a donde siempre llegué
me hinqué
lugar donde bebí
siempre.
Lugar, óyeme:
olvídame
olvídame
              ja nja.

Aguaje de agua pintada
en la roca
donde me hinqué.
Lugar, olvídame,
olvídame
              ja nja.

Sol, sobre la colina
te vi hundirte
y me eché a correr
me eché a correr.
Así fue
nunca fui lento
no fui así
              ja nja.

No hice tal, no fui
así
corrí veloz
corrí veloz
pronto llegaba a mi casa
llegaba pronto
              ja nja.

Corría más que el Sol
corría más que el Sol
Así fue antes
así fui yo
era así
              ja nja.

No me quedaba dormido
no esperaba al Sol
no lo hacía
no fue así
así no fue
              ja nja.

Al llegar el alba
lo miraba
me levantaba
me levantaba
y hacia el alba
corría
              ja nja.

Creí que siempre sería así
así viajé
creí que duraría siempre
pero ya no tengo fuerza
creí que sería así siempre
como fue
óyeme
              ja nja.

Lugar y tierra que recorrí
lugar, óyeme:
olvídame,
olvídame
eso quiero
eso quiero
              ja nja.

Ya no tengo fuerza
creí que siempre sería así
y así fue
creí que viviría para siempre
creí que viviría para siempre
que siempre estaría con la tierra
me pareció
              ja nja.

Que siempre estaría con las montañas
me pareció
así era,
eso creí
con tal orgullo
creí que siempre sería así
pero ya no tengo fuerza.
La tuve
así fue
fue así
              ja nja.




He llegado al centro de la tierra.
Poesía de los indios de Estados Unidos y Canadá
Traducción, recopilación e introducción: Elisa Ramírez Castañeda
Conaculta, 2013.

viernes, marzo 07, 2014

Tres poemas de Jerome Rothenberg


Conversación quince

Yo quería algo de comer.
(Yo no quería nada.)
Yo quería un lugar para descansar & otro lugar para el placer de dormir.
(Yo quería las alegrías de la caridad.)
Yo quería el tiempo.
(Yo te quería a ti.)
¿Tenías hambre?
(No.)
¿Tenías talento?
(Tenía talento pero nunca tuve hambre.)
Yo quería manos.
(Yo quería estar libre de todo roce.)
Yo quería tener las manos amarradas a los costados de tu cuerpo.
(Yo quería tu cuerpo amarrado a un costado de mi casa.)
Yo era un animal & nunca fui libre.
(Yo quería la vindicación de los justos.)





"visiones de fantasmas"

. . . . . . .
oyéndolos hablar de fantasmas

luces azules (dice ella) vienen del campo santo
y van de casa en casa
los muertos
no advertidos de exilios aún por venir
por el Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos
atestados como moscas en los corredores
se retuercen
de miedo ante las ramas de los pinos
que allí penden
& otros, de los interruptores
para mantenerlos alejados

*

& ella dijo que Ross había visto un esqueleto & había
pensado que debía de ser una bruja, de tan largos que
tenía el cabello y las uñas





Los tesoros de Dunghuang
2000 budas

un buda sin rostro

*

un buda negro

*

budas con bigotes
y barbilla de plata

*

tres budas travestis

*

buda con cabezas
alrededor de la cabeza
-docenas de cabezas girando

*

2000 budas

*

buda acurrucado
-una hendidura por ojos-
somnoliento

*

un buda de doce rostros
& mil manos con ojos

*

un buda que sostiene un helecho
-lleva una vaina
y de la vaina sale una mano

*

salen manos de los ojos del buda
-o lágrimas

*

con el terror en los ojos,
la boca abierta y tortuosa, con colmillos,
sostiene un disco con ojos llameantes
pero lo rodea un halo

¿este también puede ser buda?

*

buda delgado
buda famélico

sentado con la mano en el mentón
sonriendo

noviembre/diciembre 1996




Jerome Rothenberg
El trabajo del sueño. Antología
Traducción: Mercedes Roffé
Hilos Editora, 2013.

viernes, febrero 28, 2014

Dos poemas de Daiana Henderson


Roedor

El niño sacó la dentadura postiza
y llenó de monedas
el vaso de agua, a la orilla
de la mesa de luz de su abuelo.
Estaban más doradas que
ninguna, como pulidas.
Miento. Yo no lo vi,
solamente me lo contaron
y estoy segura de que, además,
la anécdota es mentira.
Pero dejen que me quede
con la filmación mental
de las monedas expulsando
finos hilos de luz
que se atan a las puntas del sol.
No me quiten eso.




El arte de contener la respiración

Mi hermano desmayado en el fondo
de la pileta olímpica del club
es un recuerdo sordo.
El Colo lo descubre y sale,
cargándolo a la manera de Superman;
sólo que en vez de llegar la prensa
llega la ambulancia.
Mi mamá le sostiene la cabeza,
llora, de rodillas, ante la lástima
de las demás familias.
Tengo cinco años.
Veo la boca de mi madre
gesticular el nombre de mi hermano
pero no escucho nada.
Nos llevan a mí y a mi hermana
a la oficina del presidente
del club y nos dan seven up.
Mi hermano sobrevive y, habiendo
obtenido el título de campeón argentino,
deja de nadar.
Ya en casa, lo veo en la cucheta
tan débil que ni ganas me dan de pelearlo.
Con un tubo de papel higiénico y cartulina
le hago un globo aerostático.
Adentro del canasto estamos nosotros,
decimos algo.




Daiana Henderson
Un foquito en medio del campo
Editorial Municipal de Rosario, 2013.

viernes, febrero 21, 2014

Cuatro plegarias psicodélicas de Timothy Leary


El chakra coronario

¿Puedes flotar por el universo de tu cuerpo sin extraviarte?
¿Y concentrar tu atención en ese entramado de diamantes
formado por miles de millones de células?
¿Puedes hacer converger las corrientes sensoriales en tu cerebro
creando una erupción solar incandescente?
¿Un loto luminoso
de mil pétalos?



El guía

En
 las grandes sesiones
el guía pasa inadvertido

A éstas suceden aquellas
en las que se le elogia

Las peores son aquellas
en las que se le teme
o se le paga

Si el guía no confía en la gente
ésta sólo le devolverá desconfianza

El buen guía mide sus palabras
y permanece sereno

Cuando una gran sesión concluye
la gente observará:
"Todo ocurrió naturalmente"
"Fue muy sencillo, lo hicimos nosotros mismos".



La paradoja perfecta

Lo perfecto
incluye
lo imperfecto

El gran diseño
contiene
el fallo intencionado

El error
es el arquitecto
de la evolución

La vida entera
no es más que una serie infinita
de accidentes oportunos

Y cada metida de pata,
la perfecta fracción
de un todo perfecto

[Atención lector: Si logra detectar tres errores
en este poema ganará un pony blanco y negro]



Cómo escapar a la trampa de lo bello y lo bueno

A tu regreso
recuerda:

al escoger lo bello definirás la fealdad;
al seleccionar lo bueno definirás el mal
La moneda que has de troquelar tiene dos caras

Mejor es regresar según el flujo del Tao

Ya que los opuestos
ciertamente no existen más que para ti;
más allá de tus caras y tus cruces
baila la unidad

Todos los sonidos armonizan,
todas las partidas acaban en empate

Tu Dios sube el montículo del lanzador,
     le hace señas a su compañero, el receptor,
     reúne fuerza y lanza una bola rápida demasiado alta
     --una falta en tu opinión de bateador--

pero que aterriza de lleno en el guante de tu Diablo.



Timothy Leary
Devocionario psicodélico
Traducción: Claudio Molinari
Ruido blanco, 2003.

viernes, febrero 14, 2014

Cuatro poemas de Eduardo Milán


Una economía de mercado no necesita lo que hago
una economía que desea, desea
me obliga al qué, si no
se me ha vuelto un sino, qué sino
vivir diciendo para qué sirve
lo que no sirve a una economía de mercado que serviría al más tonto

si me fuera con mi canción a otra parte
si mi canción fuera a las formas que preceden a la producción capitalista
el genio alemán pasó por allí diciendo "tiene un valor en sí mismo"
claro que mi canción no coincide con lo que se entiende por canción

no hay moneda que coincida
de ahí esas monedas en el suelo






--No odies tanto las palabras, vives de ellas
--no odio las palabras, aunque encubren
capaces de llevar a la cumbre al que no era
--no hay ningún rey real
más que el deseo de hacerse amigo del rey--
ciertas aves rapaces distraídas, tontas, no el águila
una inminencia de nido, unos gritos de pichón de nido
que se hace con saliva, ramas, barro, musgo, se deshace luego
ese equivocarse de presa
en cuanto a vivir de ellas no sé si no son ellas las que viven de mí

hablaban entre sí con el otro y el otro entre sí hablaba con el otro
se apoyaban los codos en la mesa casi sin peso
en la taberna, sobre el césped, en el tú a tú amante





Qué quieres
sé de memoria lo que no quieres
puedes dar el paso siguiente
sé de memoria lo que quieres
luego el siguiente --cuidado con el acantilado--
sé lo que quieres luego de su memoria
un caballo se sacude la memoria del caballo
crin mojada por la lluvia avienta gotas
eso en que se transforma un poema cuando ya no
memoria del poema
el fluido se derrama por la página en un plasma ahora líquido
así abandona el flujo
lo que emana ya no emana, lo que irradia ya no irradia

sé lo que quieres
dando vuelta a la manzana ves la manzana de atrás
ya no sirve lo mismo desde distinta mirada
las campanitas del convento allá sobre la montaña
sólo de cerca campanitas nítidas
mugidos de vacas
el riachuelo que murmura entre piedras, entre peces
marcas de campana, murmurar grabado





Si yo no tuviera esta historia que tengo
si tú no tuvieras esa historia que tienes
si ellos no tuvieran esa historia que tienen
te seguiría hasta el fin del mundo, contigo me hundo
me seguirías hasta no sé donde el sol se esconde
se seguirían seseando --haciendo eses-- hasta el fin

la tienen, ellos, la tienen, él, ella
todo fue de una belleza viva, transparente
--se los podía ver del otro lado, ebrios de ellos--
así hace la memoria realmente, hace visible, empareja
silla, cita





Eduardo Milán
Tres días para completar un gesto
Filodecaballos, 2013.

viernes, febrero 07, 2014

Tres poemas de Eros Alesi


Mi padre ha muerto

Que mi padre ha muerto. Que yo estoy muerto. Que los huéspedes de la cueva están todos muertos. Que los muertos están vivos. Que los vivos están muertos. Que las lágrimas son engañosas. Que mi padre es Arthur Rimbaud. Que yo soy su hijo Eros Rimbaud. Que el tren de la demencia, de la drogadicción, de la alucinación, del alcoholismo realiza tres paradas obligatorias. Que puede realizar una. Que puede no realizarlas. Que pueden ser un millón. Que la terminal es la estación de estiércol, ceniza, polvo, sujeta a las metamorfosis de formas y órdenes de vida. Que me amo. Que amo a Eros Rimbaud, hijo de Arthur Rimbaud. Que irradio amor universal. Que hoy mi nombre es Arthur Rimbaud gracias sólo a la resaca de hace pocos minutos. Que estoy en el puff de la situacional lucidez narcótica. Que yo. Que yo. Que puff. Que puff.



El monstruo

Que el monstruo. Que el gran monstruo. Que los monstruos. Que hace tanto calor. Que me estoy percatando del alucinado sueño que vivo. Que los sueños no son sólo nocturnos. Que un chorrito de aire fresco sopla en el sueño. Que está llegando la paranoica alucinación de lo extraño o quizá del extraño personaje. O acaso sea solamente el hombre. Que mil ojos fijos en mí. Que mil cerebros construyen castillos de pensamientos sobre mi ser. Que mil sombras tratando de oscurecerme la necesidad vital. Que mil murmullos. Que mil golpes. Que mil y mil vibraciones. Que mil sonidos de arpa. Que estruendos. Que chillidos Que pedos. Que apariciones mágicas de interesantes objetos. Que la gran bruja obsesión lo cubre todo con el guante del miedo.  Que asustan parte de mi ser. Que aterrorizan parte de mi viaje ilusorio y alucinadamente figurado. Que mil policías irrumpen, violentando mi situación psicológica. Que rostros de mil policías se incrustaron en mi cráneo como un clavo. Que mil palabras se unen mágicamente sobre la hoja blanca de líneas horizontales. Que el viaje. Que el viaje loco. Que el viaje loco loco loco. Que el viaje irremediablemente loco. Que quizá yo loco. Que todo es alucinado. Que todo es alucinación. Que mil resacas alucinadas. Que mil discursos con doble sentido corren con la tarea de aterrorizar el ser. Que no surge el amor. Que no surgirán flores. Que no surgirán prados verdes. El caos ha mordido mi cráneo. Que los colores giran sobre un molino de viento que gira fuerte. Que los espacios blancos. Que tengo miedo y corro. Que corro hacia las cuevas. Que corro a la búsqueda de anfetaminas. Que corro detrás de mi sombra. Que la línea azul de tres milímetros. Que el calor de mis vocales. Que las acciones de mi puff son un mandala. Que tal vez el puff puff puff. Que el monstruo. Que el gran monstruo. Que el gran monstruo prolífico crea un suceso. Que un suceso más grande. Que un suceso más grande aun. Que la cadena de sucesos podría tener la continuidad de los números. Que 101 más 1 igual a 102. Que 102 más 1 igual a 103. Que 103 más 1 igual a 104. Que 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8.
     Que hierbas, flores, árboles, Tierra, Luna, Marte, miles de rosas, mujeres de amor, amor homosexual. Ciencias naturales. Orina, matemáticas, sol, yo, el suceso, el pequeño suceso el gran suceso. Y tantas cosas. Que todo asume un valor relativo. Que puedo renunciar a todo. Que nada me es indispensable. Que quizá he creado un punto celeste y naranja que estaba clavado en la pared. Que el ser vibra. Que el hombre y el puff. Que el puff y el hombre del 68. 1-2-3-4-5-6-7-8.






***

Que puff. Que puff. Que puff. Que puff. Que puff. Que puff. Que puff puff. Que pufffffffff. Que puff. Que putupuff. Que putututupuff. Que ffffff. Que crack. Que deng. Que tsitstststs.tsitststs. Que spt.spt. Que prrrru. Que miauuuu. Que quiquiriqui. Que umm-umm-umm-umm. Que la gran jeringa. Que la grandísima jeringa. Que la mastodóntica jeringa. Que la colosal jeringa. Que la inmensa jeringa. Te agradezco jeringa. Que la jeringa materna. Que el olor a jeringa. Que el fruto acerbo de la jeringa. Que el prado de jeringas. Que un monumento de jeringas. Que un altar de jeringas. Que un jardín de jeringas. Que un zoológico de jeringas. Que un brazalete de jeringas. Que un restaurante de jeringas. Que una perrera de jeringas.




Eros Alesi
Voces paranoicas (Bitácora inédita)
Traducción: Hiram Barrios
Cuadrivio, 2013.

martes, enero 21, 2014

Tres cantos de visión de Serge Pey


Poema de protección de los huaraches ante el coyote Tsamirawi

Tengo unos huaraches
cortados de
llantas de camión
y sé que no
podré caminar
mucho tiempo al sol
entre
mis compañeros
de Extremidad

Te lo ruego
dame otros
huaraches
Dame unos
huaraches
de cuero verdadero
porque las
llantas atadas a mis pies
no entrarán en el
vientre del sol

Fuego-Abuelo-Fuego
el día nos
deslumbra con la
luna
bebe primero
y nosotros
beberemos después
de ti

Mira
también puse mis ojos
en la leña
para que bebas
Mis ojos que ven
y que llevan un rostro
sobre el esqueleto de madera

Mira mis ojos
arden en tus
ojos
e inundan la sombra de
millones de piedras

Bebe antes que
bebamos
el agua de la tierra
que pone nuestros pies
en el aire

Wirikuta
Wirikuta

El arco-iris tiene los ojos del
fuego y le doy de beber
a su lluvia
La mariposa incendia la
fuente y le doy de beber
a su color

Y ustedes también todos ustedes
denle sus huaraches
para que Él los bendiga

para que aparten a
escorpiones y serpientes
todos los demonios del
camino

para que nos lleven
a la velocidad del águila
a la tierra de Wirikuta
hacia la sangre verde y
la Estrella

Somos los hermanos
del coyote Samuravi

Quemamos mucho
viento y el camino
es el seguir infinito
de nuestros huaraches

Así lo hicimos
al comienzo
del Mundo
y quemamos mucha
leña

Benditos por el fuego
nuestros huaraches que van
por el camino

Aquí está mi huarache derecho
Aquí está mi huarache izquierdo

Escucha la canción del
coyote
Samuravi
que reza toda la noche y se
salva en el viento

Yo sé enumerar
el color

Camino sobre la punta de
mis ojos
Canto con la lengua de
mis pies

Las estrellas en el cielo son los
ojos visibles del rostro
invisible que nos devora

Escucha al que respira la
visión Samuravi

Canto ritual de la bendición de los huaraches de los peyoteros
y poema personal. Noviembre de 1985.




Poema de los nombres

A veces se encuentran
niños huérfanos
wixárikas
que los maestros de escuela bautizan Pancho Villa o Lázaro
Cárdenas
o Víctor Hugo
o Insurgentes
como un nombre de calle

Cuando nací me bautizaron dos veces

La primera por el padre
de mi padre que me llamó
´Etsíekame
"Maíz-sembrado-cuando-llueve"

La segunda por el padre de mi madre
que me llamó
Hairtsi Matsiwa
"El Rocío"

En mi primer
viaje a la Tierra del Peyote
fui investido con el nombre de Tutumakuyane
"Flor-espinosa-que-crece-en-el-Cerro-Quemado"

Luego otra vez aún
durante mi segundo peregrinaje
cuando me llamaron
Hiri Manakuxaure
"Cerro-de-color-que-se-ve-a-lo-lejos"

Cuando la policía me arrestó
en mis papeles escribieron
mi nombre público
Guadalupe González Carrillo

Así que ya conoces
todos mis nombres

Pero ahora que estoy muerto
si quieres venir a rezar a mi tumba
llámame como quieras
o escoge entre los nombres
que vinieron y los que vendrán
porque el sol en que habito
me bautiza todos los días
con su fuego
y en las grandes tierras donde cazo
mis compañeros
no tienen que hablar para hallarme

Soy un wixárika del Tercer Valle
del Sol

Palabras escuchadas y puestas en escena. 1979.




Canto visión de los desmembrados

De sus quijadas
nacieron las sandías y el nanche
-sí lo sé

De su lengua
nacieron el maíz amarillo y el maíz azul
-sí lo sé

De su cerebro
nacieron la calabaza y el xepái
-sí lo sé

De sus ojos
nacieron el tuxú y el tsaakuxa
-sí lo sé

De su piel
nacieron los mangos y los chabacanos
-sí lo sé

De sus nervios
nacieron el chile y el catamuchi
-sí lo sé

De sus ijares
nacieron los tomates y las nueces
-sí lo sé

De su corazón
nacieron la caña de azúcar y el camote
-sí lo sé

De su hígado
nacieron los higos el maye tapiri y el tetuí
-sí lo sé

De sus pulmones
nacieron el tabaco y el chicle
-sí lo sé

De su vejiga
nacieron el teu y el cuyaute
-sí lo sé

De sus riñones
nacieron las manzanas y el gualamo
-sí lo sé

De su médula
nacieron las ciruelas las peras y el xiu
-sí lo sé

De sus genitales
nacieron la piña y la papaya
-sí lo sé

De su colon
nacieron el mamey y el pepino
-sí lo sé

De su aparato digestivo
nacieron los hongos y los muitles
-sí lo sé

De sus dientes
nacieron el ecotal y el pimiento verde
-sí lo sé

De sus cejas
nacieron el limón y la naranja
-sí lo sé

De su bazo
nacieron la pitahaya y la guayaba
-sí lo sé

De sus senos
nacieron el durazno y el zapote
-sí lo sé

De sus nalgas
nacieron las tunas y el aguacate
-sí lo sé

De sus piernas
nacieron el chilacayote y la huwaixa
-sí lo sé

Takutsi
Nakawé
Nuestra Bisabuela
Crecimiento
creó el Mundo
-sí lo sé

Después su cuerpo
cayó en pedazos
-sí lo sé

Y cada
pedazo de su cuerpo
se volvió
una nueva
especie de flor y
de árbol
-sí lo sé

Llamamos a
Takutsi Nakawé
la Desmembrada
-sí, sí lo sé

Todos los días
nos comemos su
cuerpo
con el Watákame
-sí, sí lo sé

Canto-cuento para Takutsi Nakawé y Watákame. Las Latas, 1989.




Serge Pey
Nierika. Cantos de visión de la contramontaña
Traducción: Enrique Flores y Adán Medellín
UNAM/Conaculta, 2012.

martes, enero 07, 2014

Tres poemas de Tomás Harris


Que William Blake no se levante de su tumba

He orado para que William Blake no se levante de su tumba.
He oído noticias, de boca en boca, de trueno en trueno,
las noches de este crudo invierno, acá en Ciudad Gótica.
Todas dicen que William Blake se levantará de su tumba.
Dicen que los años de muerte borran las huellas del lenguaje.
Cómo no, si los gusanos han corroído el cerebro
que alojaba las palabras y sus visiones.
No todo hombre es capaz de aguzar sus visiones hasta producirlas
en un estado que podríamos llamar iluminaciones negras.
No, que William Blake no se levante de su tumba,
como se anda corriendo la voz.
¿Qué sería de Ciudad Gótica con esa sombra atroz arrastrándose
por los muros?
Yo tengo mujer, o una loba, no importa, que cuidar,
por eso no quiero que un tipo capaz de matar a un inocente
con tal de no apagar sus deseos se levante de su tumba.
Poseo una hermosa gruta ornada de estalagmitas
y estalactitas fluorescentes,
un jardín donde deslumbran los fuegos fatuos.
¿Cómo permitir entonces que ocurra este rumor,
este demasiado rumor, que William Blake se levantará
de la tumba al séptimo día del séptimo mes del séptimo siglo?
Anatema sea: The cut worm forgives the pow.



Edipo medita sobre algunos onomásticos de Colono, la ciudad blanca

En Colono, todos los sitios llevan el nombre de la ciudad.
La taberna donde recalan los desterrados, se llama Bar Colono.
Los galpones donde se cobijan los excluidos, Posada Colono.
Las encrucijadas fatales, Cruce Colono.
Los arrecifes, sirenas del suicida, Fiordo Colono.
Las desamparadas chozas de farolas rojas, Burdel Colono.
La caverna postplatónica de sueños de marfil, Cine Colono.
El muro de los lamentos, Memorial Colono.
El vado donde anclan las negras cóncavas naves, Puerto Colono.
La jaula para los rayados, Manicomio Colono.
Las grutas de Eolo, Colono Telephon Company.
También existen diseminados por la blanca ciudad,
un Bazar Colono, un Cibercafé Colono, un Laberinto Colono,
una Estación Colono, la ardiente Boite Colono,
y el perro vagabundo supurante y baboso,
al que todos los habitantes de la ciudad le dicen
Colono, Colono, y cuando se acerca, algunos le patean
el hocico y otros le tiran hogazas de pan duro;
y el Circo Colono, con sus tragafuegos asirios
y écuyers esclavas de Asia Menor
y para que todos recordemos
que aunque creamos ser caminantes en Colono,
pasajeros de una temporada imprecisa y fugaz,
viajeros de una noche de verano y cigarras,
desterrados que después de 7 lunas y 7 soles pardos,
atravesaremos, como si no hubiese alambradas
y focos potentísimos, sus fronteras,
más blanco que toda la ciudad, el Cementerio General de Colono.



Fenomenología del villano de estos poemas

Tengo sexo.
Todos los crepúsculos los ofrendo al sexo.
Mi mente es un cenicero de boite manchado de sexo.
De cenizas amargas de sexo.
Copulo con lo que me ponen por delante.
Lo que venga de los Reinos que configuran el Cosmos:
Animal, Vegetal, Mineral, Onírico, Barro o Sal.
Tengo tanto sexo: por las calles del puerto, en las ruinas
de Palacio, en las ciénagas con las salamandras,
sexo, en los museos de mis dominios, sexo,
bajo los Caspar David Friedrich, los Giger, los Goya
y sus brujas untadas y todos los cabrones de la Landa.
Me revuelco y hozo en las brumas ocres
como el viajero en el mar de nieblas,
y los cuerpos y las rocas mutan en niebla sobre mi cuerpo.
Tengo demasiado sexo. ¡Uf!
Por delante, por detrás, cunnilingus o
por las rendijas de la mente.
Mi glande es una Gigante Roja.
Y fumo mucho, tanto, y bebo alcohol y canto cuando
fornico sobre el dosel de nieblas de Caspar David Friedrich.
Y bebo, chupo como cochero cósmico,
como el auriga de Baco,
el más curagüilla de todos los dioses,
y me inflo como Zeppelin, Led Zeppelin y vuelo
Escalera al cielo y busco al mejor de mi marranitos,
macerado en sangre,
y le paso la lengua y lo destapo
como un odre para que me inunde su sangre púrpura.
Me ducho con su sangre púrpura
y abro la boca bajo esa ducha orgánica y tibia,
y tengo la lengua pesada de sangre,
y todo mi corazón es una boca llena de sangre,
no, unas fauces acechando
en los altares de Caspar David Friedrich,
unas fauces llenas de colmillos rojos de sangre y muescas
de los que he bebido, cerditos o marranitas,
me da lo mismo, porque también mamo como condenado.
Le chupo las tetas a la muerte. ¡Uf! ¡Glup! Dan tiritones.



Tomás Harris
Los sentidos del viaje (Antología)
Selección: Cristián Gómez y José Molina
Filodecaballos, 2013.

sábado, diciembre 21, 2013

Cinco poetas armenios


varón, llorá tranquilo
si alguien te toma el pelo te protegeré

no soy más un enigma para vos
soy simple, soy como vos

no temas perder tu virilidad
no me golpees

¿no tenés calor así?
ponete la pollera tranquilo

podés equivocarte
es normal

sentate vos primero en el minibús
yo me quedo parada

mi cuerpo se parece al tuyo
y no es más lindo que el tuyo

y si te falta fuerza
decilo en voz alta

Nanor Petrosyan (Teherán, 1984)




Con una nueva línea

Nací por la mañana,
en una pobre mañana de Gyumrí.
Mi hermana, que nació conmigo, murió unas cuantas horas después,
cuando el sol de agosto hacía rato que había salido
y miraba indiferente a nuestra familia desconcertada
que se reía y lloraba a rabiar;
hoy nadie la recuerda en nuestra casa,
a mi hermana, a la que habían visto ¿cuánto? Sólo algunas horas
en una mañana medio hambrienta de postguerra...
Sólo yo no puedo olvidarla, y a veces
el dolor del pecho me despierta temprano en la mañana,
y tirado en la oscuridad, con los ojos húmedos
día tras día recuerdo de nuevo aquellos nueve meses
que vivimos juntos
el mejor período de nuestra vida...

Hovhannes Grigoryan (Gyumrí, 1945)




¡Ay!

¡ay!
qué sensación tan rara
como si los edificios se balancearan
pero no da miedo
al contrario, es divertido
todo se puso lindo
lo más triste se convirtió en lo más bello
y lo que se había perdido para siempre
resulta que ni siquiera se ha perdido
lo que se había perdido para siempre
te enfrenta y te dice hola
dice ¿acaso te habías creído que yo me había perdido para siempre?
¿ves que he regresado?
luego mira tus lágrimas y dice
¿creíste, entonces, que yo me había perdido para siempre?
no tenías que creerlo
luego se da vuelta y se va
esta vez, de veras, para siempre,
y los edificios paran de balancearse
y ni siquiera es alegre
y ni siquiera es lindo
y queda aquella sensación
que tu corazón ya detuvo
para siempre.

Mariné Petrossian (Ereván, 1960)




Quiero poesía

Quiero escribir versos
Quiero hacer versos
Ahora mismo
Quiero tanto
Tanto

Quiero tanto escribir versos
Que salvo querer escribir versos
No quiero nada
NADA DE NADA
Tanto que no quiero escribir versos
A lo largo de los años escribí tantos versos diferentes
Pero ninguno de ellos me reveló tantas ganas de escribir
Como ahora
Como ahora

Tanto
Tanto quiero escribir versos
Quiero quiero quiero
Con tanta fuerza quiero escribir versos
Además de las ganas enormes de escribir versos
No sé otra cosa

Por eso sólo escribo
Acerca de cómo
Insatisfecho
Ilimitable
Irresistiblemente
Sin cesar
Hasta morirme
Con un deseo bestial
Malsanamente
Perdiendo la mente
A perpetuidad
Simplemente
Quiero escribir versos

Karen Karslyan (Ereván, 1979)




Pancita

A la mañana muy temprano
con el olor de las sábanas
con el dolor interminable de mis piernas
con el cerebro totalmente nuevo y vacío
y ella durmiendo impasiblemente todavía
me levanto me asomo al balcón como una sonámbula
desnuda
completamente desnuda

las barrenderas limpian las aceras cantando
no sé qué canción antigua
balcón terraza
si alguien decidiera mirar hacia arriba
yo con la panza grande
con las tetas grandes
donde ya se acumula leche
cubiertas de estrías rojas
a causa de estirarse tanto
con los pezones que se muestran
más allá de mi voluntad.

¡Me da lo mismo!
Mis amigas
siempre lo hacen
pechos al aire en la playa
en casa
en el balcón
en la vida
y hasta con la ropa puesta
yo sentía sus pechos

se sacude dentro de mi panza
palpo y adivino piernas manitos
mamá te quiere, gatita,
mamá te adora
quiere que nazcas
para jugar juntas
hace mucho que no juego

mi panza
ordenándola entre mis piernas de alguna manera
me siento frente a la computadora
llantos
amargos
con los pensamientos colgados de las orejas
de mis labios
entre mis manos
trato de escribir el poema de siempre.

Anahit Hayrapetyan (Khtsaberd, 1981)




Un idioma también es un incendio. 20 poetas de Armenia
Compilación: Mariné Petrossian
Traducción: Alice Ter-Ghevondian
Versión poética y prólogo: Ana Arzoumanian
Alción Editora, 2013.

sábado, diciembre 14, 2013

Dos poemas de Julián Herbert


Cristo no te ama

They shoot horses, dont they?
Horace McCoy

Entonces abre la ventana y tírate.
Los Tres


Te estás poniendo fea y Cristo no te ama,
gorda,
lo gritan las paredes del gimnasio,
musa gorda,
no bajes (se refieren
a la caminadora), no bajes
que así bajarás mejor (Cf.
Juan de Yepes; qué
creías, también yo
cursé licenciatura).
No bajes que así bajarás mejor:
están hablando
de ti
diciendo: Cristo
no te ama.
Cristo no te ama. Todavía
te invita a pasear
a solas:
te lleva a las afueras,
te tumba en cobertizos,
la mete a tus espaldas,
murmura entre los grillos
la cantinela esa de los años 80:
"Ya no te quiero, pequeña,
ahora amo a los caballos",
engolfando la voz
con calculado aprendizaje de
Misterios; inundación: un
circo de pulgas castálidas.
No te ama.
Cristo no te ama. Persigue
en las inauguraciones
a las entecas novias
de los raperos
y los diseñadores
y los ciberotómanos
y los aduladores-
niñas que tienen todo el look
pero jamás se dejarían
sacar un ojo por el goce;
pergeña números
que son Su Nombre
en las comandas de los
Vips con la esperanza
de que las nietas del dinero
le manden un sms; patea botes (oscuro
bajo la noche sola) con tal
de no llamarte, de no
saltar borracho a tu piscina
tan sucia de hojas secas:
tan égloga en asilo.
Te estás poniendo fea,
fétida, malsana, pretenciosa,
musa gorda,
y Cristo no te ama:
ahora ama a los caballos.
Escúchame: ¿acaso no
matan a los caballos...?
No luches.
No me escupas.
Te estoy haciendo un favor.



Splendor in the Wrap

Deseoso es aquel que huye de su madre.
José Lezama Lima


Anoche el Espíritu de las Navidades Futuras me hablaba
sin hacer pausas para respirar
como si lo hubiera poseído el espíritu de mi madre. Decía:
"una limosina en la alfalfa / mira cómo la perra
se desnuda / posesionarios
de terrenos federales / tímidas, sedentarias, solitarias, caníbales
y nocturnas /
Tóxico Sólido No Peligroso / agujeritos
que hace la muerte en el muro del kindergarten / el
amor de mi vida has sido tú /
el amor de mi vida sigues siendo tú". Era un
baldío y lo llamábamos
la alfalfa: ahora han puesto un Soriana y quinceañeras
cruzan el estacionamiento saludando
desde sosos quemacocos
a la gente y los carritos
en sus nubosas ropas
las quinceañeras: acarreo
de mortadela: acarreo
de votantes: acarreo
de pensionados a la fiesta. Queda (pero dónde) lo que no
se compara la metáfora de
sí.
"La pobre: cinco meses de salario tirados en una noche
y el marido la engaña, el amante la engaña, la mujer
con la que tiene cibersexo la engaña", decía (el voto, la pensión, la
mortadela: olor a muerto sin bañar) el Espíritu de las
Navidades Futuras poseído por
el espíritu de mi madre: "Habrase visto: una
limosina en la alfalfa,
una limosina en la alfalfa, una
limosina en la alfalfa".



Julián Herbert
Álbum Iscariote
Era, 2013.

sábado, diciembre 07, 2013

Cinco poetas argentinas


1989

Mi hermana y yo
dos inquietas frente a la mata
en vestido de jean con apliques
de mariposas blancas,
zapatos guillermina y cintas
en el pelo brillante,
dos inquietas esperando la foto
que mamá intenta una y otra vez
con el fondo de la mata y un jardín
lleno de granadas violetas.
De la serie quedó una sola:
mi hermana se ríe y yo la miro
como diciéndole compañera.
Años más tarde saqueamos los álbumes
con chinches para nuestros
cuartos.

Alguien acota: otro vestido de jean
y mamá,

una hermanita más.

Javiera Pérez Salerno (Tandil, 1981)





Mantoux

Me leyeron
el brazo con una regla.
Me dijeron
que la prueba era negativa.

El bioquímico tomó una regla
y me dijo que mi
brazo estaba bien,
me leyó el brazo
como quien se mira un moretón
y se acuerda de cuando se cayó.

Mi brazo es una prueba de Mantoux,
me miden la herida con una regla,
si la hinchazón tiene más de ciertos centímetros
es positiva.
El bioquímico me dice: -Es negativo.
Mi brazo no tiene más que una
picazón como si fuera de mosquito,
pero
me sigo mirando a ver si la herida se hincha de una vez,
revienta la ampolla.
La prueba de Mantoux es
un proceso artesanal para leer las heridas de la gente.

No hay ninguna
computadora ni sistema que lo haga,
sólo está
mi brazo siendo leído
por el bioquímico que me
dice: -Es negativo,
nos vemos la semana que viene.

Florencia Giusti (Rosario, 1989)





Los caballos

Esa tarde tenían el pelo brillante y los dientes enormes
ocupaban la extensión de la tierra amablemente
con las herraduras apoyadas sobre la superficie
se movían por el monte con la sangre tibia
gobernados por una fuerza invisible
que los hacía alejarse poco a poco de la noria

empezaron rápido a poblar el horizonte
y a lo lejos para nosotras
sus cabezas gigantes
ya se habían convertido en monolitos

un bicho de luz apareció sobre tu mano
me lo mostraste mientras nos alejábamos del paisaje
las dos perdidas en el terreno como los caballos
dejando atrás el pasto pisado,
volviéndonos eco.

Mariana Suozzo (San Justo, 1982)






Todos somos el polak de alguien,
la Rack de alguien,
el chofer del tuning que llora
después de un portazo
en la rotonda frente al cementerio
(no va a contarle nada
ni a su mejor amigo en el chat,
así y todo sabe que los otros saben
y hacen bromas poco escandalosas),
pobre chico del tuning, miren cómo llora.
Todos somos el borracho de alguien,
la mosquita muerta de muchas
que caminan por las sendas peatonales
vestidas de negro y zapatillas flúo;
hay una misma senda peatonal
en toda la provincia de Buenos Aires,
empieza al borde de una vía
y termina cerca de alguna estación
de servicio,
dicen que puede verse desde la luna,
una misma senda peatonal
por donde pasan unos mismos
caminantes diagnosticados.
Todos somos el paciente diagnosticado
de alguien,
el paciente comentado
con una frase que baja el tono al final
y responden algunos monosílabos.
Todos somos el chiste de alguien,
le ayudamos a vivir al del chiste,
lo repite y la sangre se mueve más rápido,
repite el chiste,
ese que todos somos de alguien,
y con el chiste hizo un amigo
después el amigo del amigo
que llora arriba del tuning,
viene para acá con su escape libre,
nos pasa a buscar, subimos,
elogiamos sus luces, sugerimos un lugar
a donde ir para pasar el sábado.

Carolina Rack (Coronel Suárez, 1981)





Mirá toda esa gente feliz

Mirá toda esa gente feliz en Disney, Japón o Rumania
turistas, somos turistas en la vida de otros
captamos momentos, los guardamos
pero no vivimos ahí
a cierta hora la gente saca la basura
los pájaros cantan una canción
son modos de despedir la noche
es la segunda vez que veo una paloma muerta
el cuerpo sólido todavía, sobre la vereda
retumban mis pasos
sola en una ciudad que duerme
en este momento
no sé si me sirve
pegar etiquetas en las cosas y escribir con letra clara
los nombres.

Meli Depetris (Coronel Rosales, 1985)






Poemas inéditos cedidos por sus autoras para Nueva Provenza.