jueves, agosto 14, 2014

Tres poemas de Raciel Quirino


el barco frente al que hicimos la promesa de pasar toda la tarde en el mar
avanza con un grupo de cumbia en cubierta
el mar es una bebida
inventada por el dueño de un hotel llamado Verano Beat
la tonada que recuerdas al quedarte de pie
inmóvil mientras sientes arena entre el elástico del traje de baño y la ingle

intento grabarme el sonido de la playa y el sonido de la avenida
que circunda la playa
al mismo tiempo
cuánta concentración se requiere para mirar
el desplazamiento de un buque de una punta a otra de la bahía
cuánta del muelle a la desaparición




nunca sonríe mi padre cuando me ve
a cuadro en la cámara de video

ahora descubro un alce miniatura en mi huevo kínder

ahora le quito las chispas de luz a una pelota de goma

mi padre llora en el baño

se moja la cara

le baja al retrete
sale con expresión tranquila




queridos padres de familia
Copperfield está sujeto por dos pares de cuerdas

hechas de múltiples hilos de kevlar
que permanecen invisibles
contra el fondo del escenario celeste

al final del sorprendente vuelo
la audiencia sospecha que
puede estar sujetado por alambres

no tenemos de qué preocuparnos




Raciel Quirino
Poemas inéditos cedidos por el autor para Nueva Provenza.

jueves, agosto 07, 2014

Llamado a algunos doctores


Dicen que no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.

Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos, que está lleno de temores, de lágrimas, como el de la calandria, como el de un toro grande al que se degüella, que por eso es impertinente.

Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros, doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí engordan o que se vuelven amarillos.

Que estén hablando, pues: que estén cotorreando si eso les gusta.

¿De qué están hechos mis sesos? ¿De qué está hecha la carne de mi corazón?

Saca tu larga vista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes.

Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan. Esas quinientas flores son mis sesos, mi carne.

¿Por qué se ha detenido un instante el sol, por qué ha desaparecido la sombra en todas partes, doctor?

Pon en marcha tu helicóptero y sube aquí, si puedes. Las plumas de los cóndores, de los pequeños pájaros se han convertido en arcoíris y alumbran.

Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores, en flor se ha convertido la negra ala del cóndor uy de las aves pequeñas.

Es el mediodía; estoy junto a las montañas sagradas: la gran nieve con lampos amarillos, con manchas rojizas, lanza su luz a los cielos.

En esta fría tierra, siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infaltables ojos.

Yo, aleteando amor, sacaré de tus sesos las piedras idiotas que te han hundido. El sonido de los precipicios que nadie alcanza, la luz de la nieve rojiza, de espantado, brilla en las cumbres. El jugo feliz de los millares de yerba, de millares de raíces que piensan y saben, derramaré tu sangre, en la niña de tus ojos.

El latido de miradas de gusanos que guardan tierra y luz; el vocerío de los insectos voladores te los enseñaré hermano, haré que los entiendas. Las lágrimas de las aves que cantan, su pecho que acaricia igual que la aurora, haré que las sientas y las oigas.

Ninguna máquina difícil hizo lo que sé, lo que sufro, lo que gozar del mundo gozo. Sobre la tierra, desde la nieve que rompe los huesos hasta el fuego de las quebradas, delante del cielo, con su voluntad y con mis fuerzas hicimos todo eso.

No huyas de mí, doctor, acércate. Mírame bien, reconóceme. ¿Hasta cuándo he de esperarte? Acércate a mí; levántame hasta la cabina de tu helicóptero, yo te invitaré el licor de mil savias diferentes.

Curaré tu fatiga que a veces te nubla como bala de plomo, te recrearé con la luz de las cien flores de quinua, con la imagen de su danza al soplo de los vientos; con el pequeño corazón de la calandria en que se retrata el mundo, te refrescaré con el agua limpia que canta y que yo arranco de la pared de los abismos que templan con su sombra a nuestras criaturas.

¿Trabajaré siglos de años y meses para que alguien que no me conoce y a quien no conozco me corte la cabeza con una máquina pequeña?

No, hermanito mío. No ayudes a afilar esa máquina contra mí, acércate, deja que te conozca, mira detenidamente mi rostro, mis venas, el viento que va de mi tierra a la tuya es el mismo; el mismo viento que respiramos; la tierra en que tus máquinas, tus libros y tus flores cuentas, baja de la mía, mejorada, amansada.

Que afilen cuchillos, que hagan tronar zurriagos; que amasen barro para desfigurar nuestros rostros; que todo eso hagan.

No tememos a la muerte, durante siglos hemos ahogado a la muerte en nuestra sangre, la hemos hecho danzar en caminos conocidos y no conocidos.

Sabemos que pretenden desfigurar nuestros rostros con barro; mostrarnos así, desfigurados, ante nuestros hijos para que ellos nos maten.

O sabemos bien qué ha de suceder. Que camine la muerte hacia nosotros; que vengan esos hombres a quienes no conocemos. Los esperaremos en guardia, somos hijos del padre de todos los ríos, del padre de todas las montañas. ¿Es que ya no vale nada el mundo, hermanito doctor?

No contestes que no vale. Más grande que mi fuerza en miles de años aprendida, que los músculos de mi cuello en miles de meses, en miles de años fortalecidos, es la vida, la eterna vida mía, el mundo que no descansa, que crea sin fatiga; que pare y forma como el tiempo, sin fin, y sin principio.



José María Arguedas
Katatay
Instituto Nacional de Cultura, 1972.

lunes, julio 21, 2014

Un poema de Sergio Loo


Aquí
el agua de la playa es fría
aunque caucásicos turistas nadando para imitar
     a paradisiacas postales
Aquí     Barcelona o mi voz
conectada a mis ojos y mis ojos a mis manos o
el blanco de la página desde donde ensamblas mi voz
y me escuchas a partir de signos     hermana
     hermanita     el agua del mar
está helada (no la niñez de recoger
     conchitas rotas) (no la niñez exacta donde
     anclamos las razones para querernos)
Te hablo de la playa porque no puedo decirte lo
     que aquí está pasando
Te describo la playa con anagramas detallados
     para que entiendas lo que no te puedo
decir (estoy leyendo el Infierno
de la Divina Comedia en una edición barata) (los
     turistas
caucásicos forman anagramas que no logro
     traducir) (pasé
la mañana vomitando) (no he desempacado todavía) (al llegar saqué la cámara fotográfica y la reventé contra el piso) (no rescaté la memoria) (pisoteé la cámara hasta lograr los pedacitos de plástico) (descargué toda la ira exacta de niñez de conchitas de quedarme amarrado a la silla durante las tardes hasta que regresara del trabajo mi madre) (de mis problemas con el tiempo florece un resentimiento contra la fotografía) (o no regresar) (o no regresar jamás) (o quedarme aquí es ningún lado) (o jamás volverlo a mencionar para que el pasado una vil mentira) (desanclar desmitificar el afecto) (aniquilar a la gente que quedó atrás) (cerrar las ventanas y quedarme dentro) (no decir los nombres de los muertos) (cerrar los ojos hasta olvidar cada nombre) (borrar mi nombre escrito en la playa de nuestra niñez ahora toda tuya) (las fotos de paisajes me conducen a experiencias ajenas / reconfortantes / de plástico) (decir de mi pasado un nuevo plástico) (decir de mí una playa artificial --llena de bosques de bondad-- y ejecutarla) (fui feliz) (destruí la cámara como a la amenaza de un futuro álbum fotográfico) (no más recuerdos) (decir fui feliz y sonreír como una playa recién inventada) (abolir la construcción de un nuevo pasado) (enterrar nuestra niñez de conchas rotas destrozadas para siempre junto al cadáver de nuestro padre) (tuve que hacerlo) (enmarcada la foto de mi padre en un muro al que no pienso volver) (romper el marco o llegar aquí) (no regresar)

Hermanita
pienso mucho en nosotros



Sergio Loo
Postales desde mi cabeza
Universidad Autónoma de Nuevo León, 2014.

lunes, julio 07, 2014

Tres poemas de Rafael-José Díaz


La lluvia, ayer

Un sueño de luz, la lluvia, ayer,
tocó los nidos nuevos
que aún guardaba la noche.

El alborozo
de los picos, los ojos dislocados
que bebían las gotas,
el temblor de las alas que se abrían
no ya para volar, no ya en la fiesta
del alimento cotidiano:

alas abiertas para el agua
que llegaba de un sueño
hasta los nidos nuevos, ayer, antes del alba.



Escena

Sentados en el borde
de la piscina junto al mar: dos cuerpos.
Uno moreno, el otro rubio.
Hablan, sonríen, a veces se tocan,
pero con disimulo. Mueven
sus piernas en el agua. Entonces se levantan,
se zambullen, bracean hasta
llegar al otro extremo,
salen, bordean la piscina
hasta que alcanzan la baranda
frente al mar, continúan
hablando, a veces
una mano se apoya sobre un hombro,
pero con disimulo. Luego
regresan a la hamaca
donde tienen sus bolsos, sacan
las toallas, se secan, el moreno
enciende un cigarrillo, hablan,
sonríen, se contemplan
con deleite los cuerpos
y alguna vez se tocan, pero
con disimulo.



El árbol blanco

Aún no he encontrado, madre,
el árbol que te salve de la muerte.

Recorrí esta mañana, hasta extraviarme,
los senderos suspendidos
del jardín botánico, vi,
para que tú los vieras con mis ojos,
árboles de copas altísimas,
flores exóticas que me miraban,
extrañadas, desde la tierra
de su herida, de su destierro,
hojas que arrastraban mis pies
silenciosos, alzados lentamente
y con esfuerzo, como si caminaran
por un sueño vacío.
Y no vi, madre, el árbol que buscaba,
el árbol vivo, luminoso,
el árbol que ha de tender sus ramas
para que no te toque la muerte.

Y como no lo hallé,
como no me deslumbraron
su cuerpo vivo, su presencia,
ahora estas palabras me traen
tu infancia, y eres una niña
que corre infatigable, por el parque
de su ciudad natal,
y llama a sus amigas, y alza ramas
y cañas, y ve siempre a su madre
asomada a la ventana que da al parque,
sonriendo, esperando que su hija regrese
para que la casa esté llena.

Y ahora eres tú esa madre que espera
y tu hijo está mucho más lejos, buscando
un árbol que te salve de la muerte.
Como no lo halla,
ha encendido un poco de incienso,
ha abierto un cuaderno
y ha empezado a escribir, en la noche.
Y ahora que está llegando ya al final
de su ciego camino, de repente,
sobre el cuaderno, ha caído una tromba
de ceniza que ha manchado de blanco
las figuras de tinta.
Enseguida he soplado, y se ha formado
un árbol aéreo, de blancas
cenizas, y sus ramas
han alzado estas palabras, madre,
para que nunca te toque la muerte.

(Madrid, otoño de 1994)



Rafael-José Díaz
La crepitación. Poesía reunida (1991-2006)
La Garúa Libros, 2012.

sábado, junio 28, 2014

Cuatro poemas de Juan Manuel Portillo


La enorme luna roja de solsticio de invierno
cernida sobre la ciudad

en el eclipse
¿todos los animales se supieron mortales?

en esa larga noche de huesos en el frío
bajo delgadas pieles -insisto-
¿se supieron mortales?





Del álbum fotográfico me detengo
en un jardín

ajusto márgenes

una flor amarilla, daffodil

por semanas inmóvil y de pronto, un día cualquiera
se extendió por el pueblo

luego vinieron otros colores





Caminatas nocturnas
un parque, un conejo

conejos en el campo de algodón huyendo de los reflectores
(tiene que ser un campo de algodón para entregarme suave ese recuerdo)

Fingir la lejanía
cuando todo se aleja, ¿es arte?

ajusto la forma de la frase a ese alejamiento





En un cuaderno rojo de costuras muy finas dibujé un cardenal, escribí
rojo sobre rojo

figuritas de luz que se filtraban en el duermevela

panoramas enteros, carreteras, colinas
sólo alcanzables en el umbral del sueño

entrar o salir:

detrás el árbol detrás el bosque detrás

unos ojos azules, otro cielo: vuelo del cardenal

Escribí
la vista más hermosa de aquel pueblo del este
desde las altas piedras de un cementerio
el río que duplicaba árboles y edificios

escribí
¿un pueblo es una polis?
¿el lenguaje político se contempla mejor desde los muertos?





Juan Manuel Portillo
Bla
Vena Cava Books, 2012.

sábado, junio 21, 2014

Cinco poemas de Yoko Ono


La conexión III

En la tarde, antes del crepúsculo,
aléjate lo más que puedas de tu casa
sin perderla de vista.
Obsérvala un tiempo.
Piensa en todas las cosas que han sucedido ahí
y en las millas que has recorrido en sus cuartos.
Un día, tal vez te mudes.
Un día, tal vez pases junto a ella.

Sé amable contigo esta tarde:
a) cómprate algo.
b) llévate a comer.
c) mira al espejo y date una sonrisa.



La observación III

Sal de ti.
Obsérvate caminando en la calle.
Haz que tropieces con una piedra y caigas.
Observa.
Observa cómo mira la otra gente.
Observa con cuidado cómo caes,
cuánto tardas y con qué ritmo caes.
Observa como si fuera una película en blanco y negro.

Observa cómo te levantas de la caída.
Ve cuánto tardas en levantarte, cómo te paras
y qué haces después.
Observa como si fuera una película en tecnicolor.



La limpieza II

Haz una lista numerada de tristezas en tu vida.
Apila piedras que correspondan con esos números.
Con cada nueva tristeza, agrega una piedra.
Quema la lista y aprecia el montón de piedras por su belleza.

Haz una lista numerada de tus alegrías.
Apila piedras que correspondan con esos números.
Con cada nueva alegría, agrega una piedra.
Compara ese montón de piedras con el de la tristeza.



El baile V

Camina de una habitación a otra
abriendo y cerrando puertas.
Hazlo muy lentamente.

a) imagina que abres y cierras
tu cerebro cuando lo hagas.
b) imagina que abres y cierras
tu corazón cuando lo hagas.
c) imagina que abres y cierras
la mente de la gente cuando lo hagas.



La ciudad IV

Imagina que amarras globos en el techo
de cada edificio de la ciudad.
Deja que los globos ondeen con la brisa.
Fíjate si los edificios son más ligeros gracias a eso.



Yoko Ono
Acorn
Traducción: Julio Trujillo.
Aguilar, 2014.

sábado, junio 14, 2014

Tres poemas de Enrique Verástegui


El arte de la yerbaluisa

Beber un sorbo, después otro sorbo y después otro sorbo, como si probara suspiros limeños. El primer sorbo, no muy caliente, llena todo el paladar, impregnándolo de un sabor delicado mientras se escurre por la garganta hacia el estómago. Ese primer sorbo, definitivo, como el big-bang, llena de excelsitud al ser y ayuda a comprender la estetización mental de la biología. El segundo sorbo, probado cuando se ha llegado a la excelsitud del ser, rememora el sabor del primero y ayuda a comprender la infinitud del universo. El tercer sorbo, y los siguientes, hasta agotar la taza de porcelana oriental, sitúan la mente en el mundo y al cuerpo en su máximo de comodidad. Esta planta se puede recortar y, colocada bajo los rayos del sol, ponerse a secar para utilizar luego en la infusión. Un puñado de trozos de oro en la mano. Si se desea, se puede echar en la taza de yerbaluisa tres cucharaditas de azúcar.



Simetría

Tan bello como hacer el amor es pensar simétricamente al mover las piezas del ajedrez: 64 cuadros fundan la variación infinita de la mente, tanto como el placer causado por las 64 posturas fundamentales del Kamasutra. Tanto el perfume francés Chanel como el pachulí hindú, convenientemente usados, constituyen un despertar espléndido de la poderosa sexualidad armonizada en todas las chakras del cuerpo humano. Si mis trabajos filosóficos son superiores a Platón y Aristóteles no es por otra cosa más que por la invención magnánima de mis matemáticas que expresa la riqueza hecha universo.



A ti te gusta la poesía

Nada más claro en estos días como esas palabras
                          con sabor a yerba fresca que tú y yo,
                por detenernos delante del mar
                          en Barranco
deseé apoderarme de ti o mejor, toqué tus cabellos,
                          esa soledad maldita en la que estuvimos
metidos antes y después de noviembre.

Esta vida no es lo que es ni lo fue y ahora mismo,
           con todo lo dura que es para mí,
                          un ángel volando a ninguna parte
en el centro del gran enredo en que todos,
                algunas veces,
cuando equivocamos la página,
                volvemos a caer en lo mismo: un sándwich
                          barato higos secos
                                        y Mozart es apenas
                una sonata que ningún aprendiz
estudiante de piano puede limpiar sobre las teclas
                          como antes o siempre
                alcanzamos a gustar de este idioma perdido:
                                        sinrazón
que aparece como el día y la noche
                porque en nuestra lengua el sueño
aún no tiene nombre ni forma ni punto de partida.

Hoy es un día más de todos los que hasta ahora hemos
conocido -- hoy es el día
o sencillamente una palabra ha reventado en nuestra mente
fugándose lejos de la esfera de acción de estas líneas,
de este deseo.

Te queda muy hermosa esa cabellera -- te lo dije una vez
y te lo vuelvo a repetir.
                          Recuérdalo, estoy en ti en tu manera
                de arrancar los geranios más tiernos
esta primavera mientras todo,
                el viento, la angustia, rompían tu serenidad
                                        y no éramos
sino restos del naufragio de estos días,
                un rastro solitario en la playa.

A ti te gusta la poesía
                pero no tanto como un pastel de fresa.
                                        Esa poesía
hecha a la exacta medida de un brassier
que pueda resistir a tus senos.
                ¡Cúbrete, está lloviendo fuerte aquí!
A ti te gusta la poesía y ya no hay pastel de fresa.




Enrique Verástegui

Tratado sobre la yerbaluisa
Caja negra, 2012.

En los extramuros del mundo
Caja negra, 2012.

sábado, junio 07, 2014

Dos poemas de Jorge de Sena

«Ser un gran poeta»

Ser un gran poeta
muerto y nacional
es atraer a las moscas
como idiotas y
a los idiotas como
moscas.

Ser un poeta mediocre
vivo y universal
es atraer a los catedráticos
de literatura como
idiotas y moscas.

Ser apenas un poeta
ni vivo ni muerto
o nacional o universal
es apenas atraer a los poetas
como moscas idiotas.

Moraleja: no hay salida.

5/1970





Camões se dirige a sus contemporáneos

Podrán plagiarme todo:
las ideas, las palabras, las imágenes,
y también las metáforas, los temas, los motivos,
los símbolos, y la maestría
en los dolores de un idioma nuevo,
en la comprensión de otros, en el coraje
de combatir, juzgar, de entrar
en calles de amor a las que están negados.
Y podrán después no citarme,
suprimirme, ignorarme, ovacionar incluso
a otros plagiarios más alegres.
Nada importa: el castigo
será enorme. No sólo cuando
sus nietos ya no sepan quiénes son,
habrán de conocerme
mejor de lo que ustedes fingen ignorarme,
y todo, todo lo que trabajosamente roban,
regresará a mi nombre. Incluso será mío,
tenido por mío, contado como mío,
también aquello poco y miserable
que, sólo por ustedes, sin plagio, hayan hecho.
Nada tendrán, nada de nada: ni los huesos,
un esqueleto suyo tendrá que ser buscado
para pasar por mío. Y para que otros ladrones,
iguales a ustedes, de rodillas, le lleven flores a la tumba.

Assis, 11/6/1961




Jorge de Sena
A perspectiva da morte: 20 (-2) poetas portugueses do século XX
Selección y prefacio: Manuel de Freitas
Assírio & Alvim, 2009.
Traducción del portugués para Nueva Provenza: Inti García Santamaría

miércoles, mayo 28, 2014

Dos poemas de Juliana Spahr


20 de enero, 2003

Alguno dice caballería multitudinaria, algunos dicen soldados a pie, otros lo llaman flota.

Alguno dice un ejército de caballería, otros de infantería, otros naves.

Alguno dice jinetes o soldados a pie o remeros.

O una tropa de caballos, el marcado rango de los marchantes, una noble flotilla, alguno dice.

Alguno dice ciento veinte tanques Challenger Two, de infantería, o una flota de naves.

Hay aquellos que dicen un montón de caballería, tanques M1A2 Abrams y, otros de naves, y otros Howitzer de 155 mm.

Alguno dice vehículos de combate Warrior atestados, algunos dicen soldados de a pie, otros lo llaman una flotilla de las más bellas vistas que la oscura tierra ofrece.

Alguno dice que la más linda cosa sobre la tierra oscura es un montón de helicópteros de ataque AH-64 antiblindaje, y, otros, de nuevo, una flota de naves.

Alguno dice que la más bella cosa sobre la tierra oscura es un ejército de tanques de artillería AS90; otros, infantería; aun otros, naves.

Sobre esta tierra oscura, alguno dice que la cosa más adorable, son las treinta mil tropas de asalto de Bretaña que se unen hoy a las sesenta y dos mil estadounidenses movilizadas en los diez días pasados y un estimado de sesenta mil de los EU que van en camino.

En esta tierra oscura, sobre la tierra oscuro carbón, alguno dice todo esto y más.

Pero yo digo es lo que más amas.

Yo digo que eso son las personas que amas.

Digo que son esas cosas, cualquiera que sean, que uno ama y desea.

Digo que es lo que uno ama.

Es lo que uno ama, la más bella cosa es quien uno ama.

Digo es quien quiera que una persona ame.

Digo que para mí son mis amados.

Para mí, y nadie más, son mis amados, eso es la más adorable vista.

Digo la visión de los que amas.

Lo digo de nuevo, la visión de los que amas, aquellos que has conocido y aquellos que no.

Lo digo de nuevo y de nuevo.

De nuevo y de nuevo.

Trato de seguir diciéndolo para que siga pasando.

Lo digo de nuevo, la visión de los que amas, aquellos que has conocido y aquellos que no.




30 de noviembre, 2002

Amados, nos levantamos en la mañana a la oscuridad y la vemos volverse claridad con esperanza.

Cada mañana la esperamos en nuestra cama escuchando a los loros y su alharaca.

Amados, las ramas de los árboles se bifurcan sobre nuestro techo, sobre nuestra cama, y sepan que cuando hablo de los loros hablo del amor y de sus colores verdes, del amor y de sus graznidos, del amor y de la discordia que traen a la tranquilidad de la mañana, que es la discordia del despertar.

Cuando hablo de los loros, hablo de todo aquello a lo que despertamos esta mañana, de la caída del índice Dow, aun cuando ayer terminó en un ánimo positivo, Contro de la Misión, el transporte espacial, el testamento enorme de George Harrison, los hare krishna, la ciudad de Man, la ciudad de Danané y el Movimiento por la Paz y la Justicia y el Movimiento Marfileño Popular del Oeste, desplazados y golpes fallidos, algunas pistas sobre el atentado en Kenia

Hoy aún hablo de los catorce que han muerto en Kenia al inicio de esta semana, algunos por su propia decisión, algunos por la decisión de otros, mientras hablo de los loros.

Y como hablo de los loros, hablo del clima del día aquí, la suave brisa y la sábana que pongo sobre mí esta mañana en el subtrópico y luego hablo de África del Este, aquellos detenidos para interrogarlos, fronteras porosas, sobre la fácil disponibilidad de pasaportes fraudulentos.

Hablo de largas líneas costeras y del cuerpo y del cuerpo de Alejandro Dumas cubierto por un paño azul con las palabras "todos para uno, uno para todos".

Hablo de los nietos de los esclavos haitianos negros que se van y de lo que significa ser francés.

Hablo de la Jihad global, de clérigos radicales, planetas gigantes, Júpiter, gas y polvo de estrellas, aumento gravitacional, dinámica de los fluidos, evolución protoplanetaria, la imparable diseminación global del sida.

Cuando hablo de los loros hablo del par de mascotas liberadas en algún momento entre 1986 y 1987 que ahora suman por lo menos treinta.

Hablo de cómo empiezan su día al amanecer, y vuelan a las copas de los árboles mirando al sur para descansar en las ramas cercanas a nuestra cama, amados, donde reposan por cerca de una hora para comer, acicalarse y socializar antes de moverse en busca de frutos y semillas de ciruela silvestre, baya de Navidad, papaya, guayaba roja, y otros arbustos y árboles que han sido, como ellos, como nosotros, traídos desde algún otro lugar.

Hablo de nuestra mañana por venir, cotidiana, con las noticias de todo ello, con su hora para alimentarse, acicalarse y socializar restringido antes de volver a nuestras computadoras individuales y a la amplitud de sus conexiones y al probable cambio de temperatura cada hora entre los 26 y algo por debajo de los 27 grados que tendrá el día, con vientos que empiezan con 19 y lo finalizan con 12 km/h.

Cuando hablo del verde de los loros, hablo de ustedes y de mí, y de nuestras raíces al fondo del cráter una vez llamado Le'ahí, ahora llamado Cabeza de Diamante, y hablo de aquellos que nos animan a pensarlos como instalados con nosotros, Mariah Carey, Jermaine Dupri, Jimmy Jam y Terry Lewis, Jay-Z, Cam'ron, Justin Timberlake, Nick Carter, Rod Stewart y Shania Twain.

Y hablo del aleteo de los loros mientras llegan hasta el árbol que se extiende hasta la cama y del aleteo indefenso de nuestras alas en nuestra mente, nuestras alas aleteando mientras yacemos sobre nuestras espaldas en nuestra cama por la noche, incapaces de volver o alejarnos, el banco de tres patas, con su parte política, la militar, y la del desarrollo, que ha entrado a nuestra cama por la noche manteniéndonos sin sueño como los loros han entrado en este hábitat muy lejos de su origen porque alguien los liberó, alguien los liberó, y vuelan de un lugar a otro, ruidosamente, para recordarnos que es de mañana y aun cuando, atascados de espaldas en la cama, las alas agitándose, es bienvenida cualquier distracción de las partes del banco de tres patas.




Juliana Spahr
Esta conexión de todo aquello con pulmones
Traducción: Benjamín Moreno y Minerva Reynosa
Mantis Editores, 2012.

miércoles, mayo 21, 2014

Tres poemas de Gregory Corso


Sobre las paredes de un cuarto amueblado y cursi

Colgué fotos viejas de las chicas de mi niñez;
con el corazón roto me siento, codo sobre la mesa,
mentón en la mano, y estudio
       los orgullosos ojos de Helen,
       la débil boca de Jane,
       el cabello dorado de Susan.



Hola...

Es desastroso ser un ciervo herido.
Soy el más herido, los lobos merodean,
y también tengo mis fallas.
¡Mi carne está atrapada en el Gancho Inevitable!
De niño vi muchas cosas que no quería ver.
¿Soy la persona que no quería ser?
¿Esa persona que habla consigo misma?
¿Esa persona de la que los vecinos se burlan?
¿Soy quien, sobre escalones del museo, duerme de costado?
¿Visto las ropas de alguien que falló?
¿Soy el tipo loco?
En la gran serenata de las cosas,
       ¿soy el pasaje omitido?



Anoche manejé un auto...

Anoche manejé un auto
       sin saber manejar
       sin tener un auto
Manejé y noqueé
       a gente que amaba
       ...iba a 120 por el pueblo.

Me detuve en Hedgeville
       y dormí en el asiento trasero
       ...emocionado por mi nueva vida.



Gregory Corso
Gasolina
Traducción: Aurelio Meza
Palacio de la fatalidad, 2014.

miércoles, mayo 14, 2014

Aubade


Trabajo todo el día y me embriago en la noche.
Despierto a las cuatro en la oscuridad sorda, miro.
Con el tiempo, las orillas de la cortina se iluminarán.
Hasta entonces, veo lo que en realidad ha estado allí siempre:
la muerte infatigable, cada día más cerca,
anulando todo pensamiento salvo cómo
y dónde y cuándo moriré.
La pregunta es difícil. Sin embargo, el temor
de agonizar, y a estar muerto,
destella otra vez para quedarse y horrorizar.

La mente se queda en blanco. No por el remordimiento:
el bien no realizado, el amor no ofrecido,
el tiempo desperdiciado; ni tampoco por la desdicha
porque una vida puede tardar tanto en enmendar
sus primeros pasos, y puede que nunca lo logre;
sino por el vacío total, eterno,
el inevitable final hacia el que vamos
y en el que nos perderemos para siempre. No estar aquí,
ni en otra parte,
nada más terrible, nada más cierto.

Esta es una manera peculiar de tener miedo
que ningún truco ahuyenta. La religión solía intentarlo,
ese vasto brocado de música apolillada,
inventada para hacernos creer que nunca morimos,
con el argumento engañoso de: ningún ser racional
puede temer algo que no sentirá, sin darse cuenta
que eso es lo que tememos: sin ver, en silencio,
sin tocar o degustar u oler, nada en qué pensar,
nada con qué amar o con qué vincularse,
la anestesia de la que nadie despierta.

Así, justo al filo de la mirada, permanece, como una pequeña
mancha desenfocada, un persistente escalofrío
que adormece cada impulso hasta la incertidumbre.
La mayoría de las cosas nunca sucederán, esta sí,
y darse cuenta de ello aviva
el temor cuando nos encuentra sin gente
o sin tragos. Ser valiente no sirve,
no significa asustar a otros. Tener agallas
no ha salvado a nadie de la tumba.
La muerte no es distinta si se le llora o se le enfrenta.

Lentamente amanece, el cuarto toma forma.
Está ahí como un ropero: lo que sabemos,
lo hemos sabido siempre, sabemos que
no podemos escapar de ella, ni tampoco
aceptarla. Un día tendremos que decidirnos.
Mientras tanto los teléfonos se agazapan,
listos para sonar en oficinas cerradas y todo el indiferente,
intrincado y provisional mundo empieza a levantarse.
El cielo es blanco como la arcilla, sin sol.
El trabajo debe hacerse.
Los carteros como los médicos van de casa en casa.



Philip Larkin
Aubade
Traducción: Argel Corpus y Evelio Rojas
Ditoria Hormiga, 2013.

miércoles, mayo 07, 2014

Tres poemas de José María Eguren


Las niñas de luz

Las niñas de luz
que al sol rodean,
centellean
y sonríen;
como cambiante pedrería,
van por la nube harmonía.
Las niñas del sol,
de albinos cabellos
y purpúrea tez
nadan en ígneos destellos.
Desde un arrebol
su vuelo aseguran,
aterrizar procuran;
y, cual coloridas notas,
mueren en las nublas remotas.
Las niñas de luz
que al sol rodean,
centellean
y sonríen.



Marginal

En la orilla contemplo
suaves, ligeras,
con sus penachos finos,
las cañaveras.

Las totoras caídas,
de ocre pintadas,
el verde musgo adornan,
iluminadas.

Campanillas presentan
su dulce poma
que licores destila,
de fino aroma.

En parejas discurren
verdes alciones,
que descienden y buscan
los camarones.

Allí, gratos se aduermen
los guarangales,
y por la sombra juegan
los recentales.

Ora ves largas alas,
cabezas brunas
de las garzas que vienen
de las lagunas.

Y las almas campestres,
con grande anhelo,
en la espuma rosada
miran su cielo.

Mientras oyen que cunde
tras los cañares,
la canción fugitiva
de esos lugares.



La noche de las alegorías

Es la noche; celosías,
fondo oscuro, alegorías.

Caperuzas y oropeles,
mariposas moscateles.

La falena y el fantoche
de la caja de la noche.

Se ha sentido la avionera,
de las sombras pasajeras.

Se percibe de hora en hora
la mantide rezadora.

Se ven sombras capuchinas
en el hall de las neblinas.

Al panteón de la ladera
vuelve el ánima enfermera.

No es violeta de los faros
es la noche de ojos claros.

Con figuras encendida
la pantalla de la vida.



José María Eguren
Antología poética
Comunidad Latinoamericana de Escritores, 1974.

lunes, abril 21, 2014

Tres poemas de Clayton Eshleman


Para Caryl

Lespinasse, 1974: Salimos con nuestra cena a la mesa de piedra
en el descanso junto a nuestro departamento en el segundo piso en
[Bouyssou.
La granja sobre una loma que descendía entre un huerto de manzanas.
Sentados a comer, mucho antes del atardecer, fue nuestro el espectáculo
de un cielo extraordinario. Las nubes flotaban llegando sobre las
arboledas, dilatadas sobre nosotros. Colisión de masas, orejas de Mickey
[Mouse,
gárgolas desgarradas, torretas, valles, apariciones de mamuts que se
[adensaban
y se destrozaban. Tantas nos recordaban a las imágenes
que buscábamos discernir en los muros de la cueva. Sentados a la mesa
de piedra --qué experiencia-- enamorados, ahí, uno de los momentos más
vitales de nuestros años juntos. Tanto de lo ocurrido
--los "aspectos de los eventos"-- en nuestra primera primavera y verano
[en la
Dordoña se dispersó como esas nubes que solíamos observar--
y aún se inflama en nosotros, nube envolvente, cuyo corazón es nuestro.




Los auriñaciences tienen la palabra

Para Gary Snyder

La nutria sin garras de Camerún, su gama entera
en peligro, avanza contoneándose
llevando un pedazo del arco de MacDonald.

Todo se debe a todos.
Nada se debe a nadie.
Mucho se debe a la mayoría

y algo horrendo se debe a
cierta dominación que no
peligra en Shah o un campesino

--claro, yo sé que hay una diferencia,
pero la nutria no coincidiría con eso
y es esa nutria la que me preocupa,

preguntándome qué es lo que recuerda mientras pasa,
como especie, fuera de la existencia.
Me pregunto si pasará a través

del ensamblaje auriñacience.
Me gustaría escuchar los discursos
defendiendo su inteligencia de ogro

con sonidos afianzados con el susurro del agua.
¿Hablará del tronco negro que
arde sin llama en este "nuevo páramo",

¿la negatividad inherente en haber olvidado
extinciones del final del Pleistoceno?
Es hora de dejar que los auriñaciences tengan

la palabra. Sus formas de cúpula
talladas en losas funerarias
sugieren un pileus que en la muerte

un tallo crece hasta ser estalagmita,
filtrándose en las quebraduras de nuestro
escaneo subliminal.

En el nudo flojo de senderos sobre senderos,
aceptaré la propuesta auriñacience
de que el abismo puede grabarse

y termina en cuevas manifestando
la separación homínida. El yo muerto bajo
el yo hago. Mi vertical se apoya en mi cero.

Es posible ahora despostillar
el centro vivo del objetivo,
el bisonte esbozado por cuyo cuello

de manganeso yo pinto a la nutria sin garras
con la plata oxidada
de la estaca de Drácula.




Como violetas, dijo él

Jacques Marsal (1925-1988), con sus pulcras zapatillas de gamuza, nos conducía a la oscuridad de Lascaux. Fue necesaria su ausencia, en nuestra cuarta visita, para hacer evidente hasta qué punto su presencia determinaba qué es Lascaux. Siendo uno de sus descubridores, Marsal permaneció rodeado por la pasmosa frescura de ese enebro caído y colapsado bajo el cual cuatro niños se retorcían buscando entrar. El hecho de que Marsal continuara, por casi cincuenta años, fue un florecimiento más en el tallo de la cueva, y me conmueve la diferencia que una sola persona puede hacer en la personalidad de un lugar, no por mera declaración o información sino por estar envuelta, oblicuamente, por llevar consigo a Lascaux, haciendo su gracia florecer y permitiéndonos a nosotros, conscientes apenas de sus movimientos, leer a través de su luz.

                                         Los hombres retoñan como violetas
                                         cuando hace falta, dijo Olson,

        Blackburn, al final de su vida,
        lamentaba la desaparición de un mesero
        de Barcelona, un hombre viejo
        que se movía con tal precisión y gracia
        entre la clientela. Paul escribió:
        "No hace falta saber
        el nombre de alguien para poder amarlo."

Es por Marsal que conozco Lascaux de memoria
igual a un niño livianísimo
enmarcado por el trueno y el cielo disgregado y lívido,
un niño de pie sobre la sensación de eternidad,
eternidad decible, apenas por debajo del polvo.


[Hotel Cro-Magnon, septiembre, 1990]




Clayton Eshleman
Mecha de enebros
Traducción: Hugo García Manríquez
Aldus, 2013.

lunes, abril 07, 2014

Tres poemas de Yaki Setton


Blues & roots


¿Soy Rosa Parks el 1o de diciembre
de 1955 en Montgomery negándome
a ceder el asiento a un hombre blanco
o Emmet Till muerto a los golpes
en Mississippi por haber saludado
a una chica blanca? ¿Qué fui antes de ser
esclavo? ¿Viola Liuzzo muerta a tiros
por el Ku Klux Klan? ¿Harriette Moore
asesinada al explotar su casa en la navidad
de 1951? ¿Qué fui antes de ser mulato
negro, sueco, inglés o chino? ¿Louis Armstrong
obligado a divertir a los blancos?
¿Y qué antes de ser Charles Mingus?
¿El mulato al que desangran
a latigazos por ser negro? ¿El negro
al que cuelgan desnudo por ser blanco?
Estoy abrazado a un campo de algodón
lleno de hermanos encadenados en medio
de esta oscuridad engañosa y el mango
del contrabajo cruje con sus cuerdas
que vibran bajo mi cuerpo sudoroso
mientras la boca canturrea freedom
for your daddy freedom for your mama
freedom for your brother freedom
for your sister ¿Por quién más debo
pedir? ¿Por quién tengo que escapar?
(but no freedom for me).



Locche


¿Se gana una pelea sin pegar?
La ceja no sangra ni tiembla
mientras tu cuerpo se adelanta
milimétrico hacia el adversario
que quiere golpearte sin cesar.
¿Ves la mano que asoma
por la derecha? ¿Y el gancho
de izquierda? Tu boca
con el protector parece furiosa
la frente apenas se agita
y los guantes te rozan o pasan
de largo en tanto Kid Pambelé
con su figura brillosa y negra
te abraza y se esfuerza por herirte
pero es inútil. ¿Cómo se mueve,
Nicolino, tu cuerpo en el ring?
Levantás la cabeza con cuidado
erguís la columna y los brazos
se relajan al costado de tu cintura:
eso es bajar la guardia y esperar
a que alguien se canse de darle
al aire para encontrar tu humanidad.



Museo


I
El edificio está vacío. Es el Casino de Oficiales
y no hay nadie ya que entre por su explanada
o sea recibido por un oficial que lo invite a comer.
Ni siquiera un Falcon de donde se baje a golpes
algún prisionero encapuchado. Se han ido
pero no dejan de resonar sus tacos contra el piso
al mismo tiempo que ponen su mano derecha
rígida sobre la sien y gritan ¡Buenos días almirante!

II
Sólo hay silencio en esta planta en ele.
A la derecha reconozco las pequeñas celdas
de "capucha" y sus ventiluces. Avanzo y un techo
de chapa gris en declive con sus finas vigas
me obliga a bajar la cabeza y mirar al piso.
Ya no hay nada: no hay secuestrados,
no hay picana, no hay grilletes ni Pentonaval.
Del campo de concentración sólo quedan
estas paredes peladas.

III
¿Qué es la ESMA sin los marinos que tiraron
a sus secuestrados vivos desde un avión
sobre el Río de la Plata? Qué es la Escuela
de Mecánica de la Armada sin los jóvenes
estudiantes de marina haciendo guardia
frente a los engrillados. Quién sabe dónde estarán.



Yaki Setton
Nombres propios
Bajo la luna, 2010.

viernes, marzo 28, 2014

Tres poemas de José Eugenio Sánchez


sentado en una pila de heno
tomando vino re-escribiendo haikus


un momento extraño -el muchacho
           y la luna llena
se miran a través del telescopio


                              (y la luna clara
                                           y callada
                              es un haiku)


la luna
           llena el silencio
de la pupila


                              y la luna en el telescopio
                                           y en el ooo
                              que exclama el muchacho al verla




the only cure for morphine
poisoning is more morphine


este es el río hudson emblema del ancestro que acabó con los bisontes
lugar para encender la radio del oldsmobile
recargarse en el hombro del atardecer y el peor merlot y tirar la ropa
[al agua
lugar donde jack y allen observan a matt
meando en el río
que repara ante el chorro con un leve crujir de rocas
la verga es larga cual cola de gato y se ve muy dura
en comparación con las piedras que parecen de plastilina
allen ve en esa carne un huerto de manzanas abandonado
en algún pedazo del panorama
y se le antoja la sidra
la tarta             la jalea
las incontables unidades de vitamina c que hay en su pulpa
: matt tiene esa risilla que tienen los tontos
y a jack le encanta
le pregunta si escucha coltrane
si conoce el oscuro bar sin anuncio del village
y después de un silencio
si le apetece que le muerdan el glande ya
y el cauce del hudson suena
como si sus dedos acariciaran la espalda de los estados unidos




how can people be so furious
in this metaphysical void
(testimonio de michael)


a la verga la política la fe el corporativismo
y cualquier pendejada que permita vivir en paz a los poderosos
a la verga la estrategia: puntualicé

y allen propuso unilateralmente: ahora todos nos vamos a méxico
[y bla bla bla
yo reiteré: robert duncan es el poeta más importante de la costa oeste
y bla bla bla
y entonces gregory saltó sulfurado y me tomó del cuello y dijo entre
[dientes: michael eres un bla bla bla
lo empujé tirándolo al suelo
inmediatamente me envolví la bufanda
e indignado me dirigí a la puerta
neal me miró y bostezó
y antes de salir jack me dijo
: eres el mejor espectáculo en millas a la redonda
la clave de todo aquello fue el aburrimiento
a la verga el aburrimiento

jack insiste en ser una sombra en las aceras
donde la verdad no es viable
porque la humanidad no la merece

a la verga los scat readers & cocksuckers & beatnicks
que discuten irascibles al repartir
un montón de marihuana en partes exactamente iguale
para repartirla en partes exactamente iguales

a la verga esos putos campesinos
que querían llenar su cabeza de filosofía
para no enlistarse en el ejército

y a la verga el ejército
preferimos morir escuchando una buena canción
o evadiendo al fisco con drogas duras chamánicas
o asfixiados en carcajadas secreciones sangre y mierda
o con la próstata del tamaño de un plato
o desangrados en la taza del baño
o hermosos en las vías del tren
etcétera
que por las firmas de un montón de burócratas




José Eugenio Sánchez
jack boner and the rebellion
Almadía, 2014.

viernes, marzo 21, 2014

Cuatro poetas españolas


Las niñas juegan

Las niñas juegan a la plastilina
y dicen
en esta casa hay muchos cerrojos.
En esta casa no pueden entrar papás.
Sólo niñas y niños y mamás.
En esta casa no puede pasar nada malo.
Y no tenemos miedo.
Yo tengo miedo, por las noches.
Anda claro, por las noches todas tenemos miedo.
Y pesadillas.
Mira qué bonito lo que estoy haciendo.
Qué bonito.

Mada Alderete Vicent (Madrid, 1959)




F.P.

Fernando Pessoa, miope, dibujado a dos tintas
en el billete arrugado con que compro la prensa.
Cien escudos su alma,
no más que cien escudos, lo justo
para un café y un bollo,
algunos cigarrillos o un billete eléctrico.

Fernando Pessoa, sé que sonríes
cuando saco tu billete y lo beso
como novia que despide a su amado.
Tu cabeza vale hoy cien escudos
y mañana quién sabe.
Todos los poetas debieran nacer en Wall Street,
ser moneda fuerte en el mercado bursátil.

De nuevo he traicionado tu amor.
Te he vendido como un judas cualquiera
por un café caliente. Esta tarde
besé tu mejilla
antes de darte al enemigo.

Mercedes Escolano (Cádiz, 1964)




Perdóname que ahora juegue

Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Wislawa Szymborska

Cuando veo fútbol, tenis
carreras de fórmula 1
no olvido que en otras cadenas
siguen los telediarios.
Mientras gritamos gol
otro coche bomba explota
en un mercado; antes
de que acabe el set
habrá diez palestinos menos;
se apaga el semáforo
y una vida más en Guantánamo.

Mis padres llamaban
partes a los telediarios.
Ellos sabían que la guerra
no había terminado:
mientras en el salón la tele
vomitaba metralla,
la radio en la cocina
escupía recuentos de muertos.

Perdonadme que ahora juegue:
el dolor fue una institutriz severa.

Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968)




Escocia

Un camión cargado
de güisqui Glenffidich
nos adelanta por la derecha
en una carretera
atestada de ciervos
y de vacas con flequillo.

Suena el himno de Escocia
en la furgoneta.

Algunos dormitan,
otros miran por la ventanilla
y limpian con la manga del jersey
el vaho adherido a los cristales.

Algunos mosquitos enanos
se han pegado a su trampa
de alientos cálidos
y de gargantas heladas.

Un caza americano F-16
sobrevuela el lago
como un moscardón insolente.

Dicen que aquí repostan
para ir al Líbano
a seguir con sus asuntos.

Una niña ríe y no me molesta.

Es una novedad estar en paz
con este cuerpo que me envuelve.

Algo me sonríe entre las tripas
y me conecta a la moqueta verde
de antiguos glaciares,
a la turba que destila cascadas
de cerveza negra
y que calentará el hogar
en el invierno.

Algo me tira del centro del ombligo
y me obliga a expandirme
entre valles infinitos,
entre piedras tan viejas
como el mismo Dios.

Quizás vine a buscarle a Él
a estos parajes
donde los hombres
son más hombres
si llevan falda,
donde la tierra se cultiva
con un mimo antiguo,
donde el clan familiar
da el cobijo necesario
a los hijos que vienen.

Quién sabe si,
después de todo,
Dios no es sino
ver pastar a los ciervos
entre una fina lluvia de alfileres,
la soledad de las islas
entre el viento del norte
llamando a la ventana,
la manta de cuadros
que abriga tus tristezas,
la cerveza cremosa
en buena compañía,
las risas de los tuyos
y el corazón en calma.

Sonia San Román Villamediana de Iregua (Logroño, 1976)




Mujeres en su tinta. Poetas españolas en el siglo XXI
Compilador: Uberto Stabile
Atemporia/UNAM, 2009.

viernes, marzo 14, 2014

Tres cantos indios

Canto de Hombre-que-no-está-del-todo-bien a la Princesa Thom
(Tlingit)

Aun de la casa del trago fuerte
escapan los hombres,
pero nunca de ti,
Mujer Cuervo.



Canción de un niño asustado de un búho
(Chippewa)

Temo mucho
también al búho
cuando me quedo
a solas
en mi casa.



Canción de despedida
(Havasupai. Canta Dan Hanna)

Lugar del manantial donde el agua gotea
que he recorrido.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Creí que siempre viviría
creí que siempre viajaría, así había sido.
Creí que siempre sería así
pero las fuerzas ya me han abandonado
              ja nja.

Creí que siempre sería
como fue, así fui
pero las fuerzas ya me han abandonado.
Tierra que he recorrido
lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Animales de cuerno
solía cazar.
Creí que siempre sería así,
sería así siempre
pero las fuerzas ya me han abandonado
              ja nja.

Así es como fui
así,
así.
Matorral espinoso,
lugar
              ja nja.

Corrí y corrí
a tu alrededor.
Olvídame
olvídame
              ja nja.

Troncos caídos
que salté.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Lugar de rocas firmes
donde tropecé.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Lugar con caminos,
que seguí
alguna vez.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Lugar del arroyo
que chapoteé al cruzar.
Lugar, óyeme,
óyeme: olvídame
              ja nja.

Lugar del Cerro Picudo,
Cerro Picudo
donde trepé corriendo.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Hasta la cima llegaba
y me detenía
a mirar la lejanía.
Lugar, óyeme:
olvídame
              ja nja.

Hasta la cima llegaba
y me detenía
a mirar la lejanía.
Lugar, óyeme:
olvídame
olvídame
              ja nja.

Conejo grande
y lejano,
joven, pardo
brincaba a esconderse
a esconderse
y perseguí
perseguí
              ja nja.

Lo alcancé
le di alcance, lo logré
y con la vara de caza
lo enganché
lo enganché
              ja nja.

Lo asé
y lo comí
creí que siempre viviría
creí que siempre viajaría.
Eso me pareció
pero las fuerzas ya me han abandonado
me han abandonado
              ja nja.

Antílope lejano
antílope lejano y joven
que brincó a esconderse
salió,
corrió, lo perseguí
              ja nja.

Lo alcancé,
llegué a su lado
con mi palo de caza lo enganché
lo agarré.
Lo asé
lo comí
              ja nja.

Creí que siempre viviría.
Creí que siempre viajaría
que siempre sería así,
así fue.
Creí que siempre sería así.
No es cierto.
Creí que siempre sería así
pero las fuerzas me han abandonado
              ja nja.

Pieles de venado
me pertenecieron
y colgué en los enebros.
Cubrí todo el árbol
y con orgullo las miraba:
tan orgulloso estuve
              ja nja.

Pieles de venado
me pertenecieron
y colgué de los enebros,
dos árboles
tres árboles cubrí.
Con orgullo las miraba
creí que siempre sería así
creí que siempre sería así
              ja nja.

Creí que siempre sería así
pero las fuerzas ya me han abandonado.
Creí que siempre sería así
como fue
como fue
              ja nja.

Creí que siempre viviría.
Creí que siempre viajaría
pues eso había hecho.
Así fue
parecía
que sería igual siempre
pero ya no tengo fuerzas
              ja nja.

El cielo sobre mi cabeza
me hacía creer
que siempre estaría allí
me hacía creer
que siempre estaría allí
pero ya no tengo fuerza
              ja nja.

Óyeme
olvídame
olvídame
ya no tengo fuerza
creía que la tendría siempre
pues así fue
así fue
              ja nja.

Aguaje a donde siempre llegué
me hinqué
lugar donde bebí
siempre.
Lugar, óyeme:
olvídame
olvídame
              ja nja.

Aguaje de agua pintada
en la roca
donde me hinqué.
Lugar, olvídame,
olvídame
              ja nja.

Sol, sobre la colina
te vi hundirte
y me eché a correr
me eché a correr.
Así fue
nunca fui lento
no fui así
              ja nja.

No hice tal, no fui
así
corrí veloz
corrí veloz
pronto llegaba a mi casa
llegaba pronto
              ja nja.

Corría más que el Sol
corría más que el Sol
Así fue antes
así fui yo
era así
              ja nja.

No me quedaba dormido
no esperaba al Sol
no lo hacía
no fue así
así no fue
              ja nja.

Al llegar el alba
lo miraba
me levantaba
me levantaba
y hacia el alba
corría
              ja nja.

Creí que siempre sería así
así viajé
creí que duraría siempre
pero ya no tengo fuerza
creí que sería así siempre
como fue
óyeme
              ja nja.

Lugar y tierra que recorrí
lugar, óyeme:
olvídame,
olvídame
eso quiero
eso quiero
              ja nja.

Ya no tengo fuerza
creí que siempre sería así
y así fue
creí que viviría para siempre
creí que viviría para siempre
que siempre estaría con la tierra
me pareció
              ja nja.

Que siempre estaría con las montañas
me pareció
así era,
eso creí
con tal orgullo
creí que siempre sería así
pero ya no tengo fuerza.
La tuve
así fue
fue así
              ja nja.




He llegado al centro de la tierra.
Poesía de los indios de Estados Unidos y Canadá
Traducción, recopilación e introducción: Elisa Ramírez Castañeda
Conaculta, 2013.

viernes, marzo 07, 2014

Tres poemas de Jerome Rothenberg


Conversación quince

Yo quería algo de comer.
(Yo no quería nada.)
Yo quería un lugar para descansar & otro lugar para el placer de dormir.
(Yo quería las alegrías de la caridad.)
Yo quería el tiempo.
(Yo te quería a ti.)
¿Tenías hambre?
(No.)
¿Tenías talento?
(Tenía talento pero nunca tuve hambre.)
Yo quería manos.
(Yo quería estar libre de todo roce.)
Yo quería tener las manos amarradas a los costados de tu cuerpo.
(Yo quería tu cuerpo amarrado a un costado de mi casa.)
Yo era un animal & nunca fui libre.
(Yo quería la vindicación de los justos.)





"visiones de fantasmas"

. . . . . . .
oyéndolos hablar de fantasmas

luces azules (dice ella) vienen del campo santo
y van de casa en casa
los muertos
no advertidos de exilios aún por venir
por el Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos
atestados como moscas en los corredores
se retuercen
de miedo ante las ramas de los pinos
que allí penden
& otros, de los interruptores
para mantenerlos alejados

*

& ella dijo que Ross había visto un esqueleto & había
pensado que debía de ser una bruja, de tan largos que
tenía el cabello y las uñas





Los tesoros de Dunghuang
2000 budas

un buda sin rostro

*

un buda negro

*

budas con bigotes
y barbilla de plata

*

tres budas travestis

*

buda con cabezas
alrededor de la cabeza
-docenas de cabezas girando

*

2000 budas

*

buda acurrucado
-una hendidura por ojos-
somnoliento

*

un buda de doce rostros
& mil manos con ojos

*

un buda que sostiene un helecho
-lleva una vaina
y de la vaina sale una mano

*

salen manos de los ojos del buda
-o lágrimas

*

con el terror en los ojos,
la boca abierta y tortuosa, con colmillos,
sostiene un disco con ojos llameantes
pero lo rodea un halo

¿este también puede ser buda?

*

buda delgado
buda famélico

sentado con la mano en el mentón
sonriendo

noviembre/diciembre 1996




Jerome Rothenberg
El trabajo del sueño. Antología
Traducción: Mercedes Roffé
Hilos Editora, 2013.

viernes, febrero 28, 2014

Dos poemas de Daiana Henderson


Roedor

El niño sacó la dentadura postiza
y llenó de monedas
el vaso de agua, a la orilla
de la mesa de luz de su abuelo.
Estaban más doradas que
ninguna, como pulidas.
Miento. Yo no lo vi,
solamente me lo contaron
y estoy segura de que, además,
la anécdota es mentira.
Pero dejen que me quede
con la filmación mental
de las monedas expulsando
finos hilos de luz
que se atan a las puntas del sol.
No me quiten eso.




El arte de contener la respiración

Mi hermano desmayado en el fondo
de la pileta olímpica del club
es un recuerdo sordo.
El Colo lo descubre y sale,
cargándolo a la manera de Superman;
sólo que en vez de llegar la prensa
llega la ambulancia.
Mi mamá le sostiene la cabeza,
llora, de rodillas, ante la lástima
de las demás familias.
Tengo cinco años.
Veo la boca de mi madre
gesticular el nombre de mi hermano
pero no escucho nada.
Nos llevan a mí y a mi hermana
a la oficina del presidente
del club y nos dan seven up.
Mi hermano sobrevive y, habiendo
obtenido el título de campeón argentino,
deja de nadar.
Ya en casa, lo veo en la cucheta
tan débil que ni ganas me dan de pelearlo.
Con un tubo de papel higiénico y cartulina
le hago un globo aerostático.
Adentro del canasto estamos nosotros,
decimos algo.




Daiana Henderson
Un foquito en medio del campo
Editorial Municipal de Rosario, 2013.

viernes, febrero 21, 2014

Cuatro plegarias psicodélicas de Timothy Leary


El chakra coronario

¿Puedes flotar por el universo de tu cuerpo sin extraviarte?
¿Y concentrar tu atención en ese entramado de diamantes
formado por miles de millones de células?
¿Puedes hacer converger las corrientes sensoriales en tu cerebro
creando una erupción solar incandescente?
¿Un loto luminoso
de mil pétalos?



El guía

En
 las grandes sesiones
el guía pasa inadvertido

A éstas suceden aquellas
en las que se le elogia

Las peores son aquellas
en las que se le teme
o se le paga

Si el guía no confía en la gente
ésta sólo le devolverá desconfianza

El buen guía mide sus palabras
y permanece sereno

Cuando una gran sesión concluye
la gente observará:
"Todo ocurrió naturalmente"
"Fue muy sencillo, lo hicimos nosotros mismos".



La paradoja perfecta

Lo perfecto
incluye
lo imperfecto

El gran diseño
contiene
el fallo intencionado

El error
es el arquitecto
de la evolución

La vida entera
no es más que una serie infinita
de accidentes oportunos

Y cada metida de pata,
la perfecta fracción
de un todo perfecto

[Atención lector: Si logra detectar tres errores
en este poema ganará un pony blanco y negro]



Cómo escapar a la trampa de lo bello y lo bueno

A tu regreso
recuerda:

al escoger lo bello definirás la fealdad;
al seleccionar lo bueno definirás el mal
La moneda que has de troquelar tiene dos caras

Mejor es regresar según el flujo del Tao

Ya que los opuestos
ciertamente no existen más que para ti;
más allá de tus caras y tus cruces
baila la unidad

Todos los sonidos armonizan,
todas las partidas acaban en empate

Tu Dios sube el montículo del lanzador,
     le hace señas a su compañero, el receptor,
     reúne fuerza y lanza una bola rápida demasiado alta
     --una falta en tu opinión de bateador--

pero que aterriza de lleno en el guante de tu Diablo.



Timothy Leary
Devocionario psicodélico
Traducción: Claudio Molinari
Ruido blanco, 2003.