jueves, octubre 01, 2026

Un fragmento de Lászlo Krasznahorkai

... no abriga el deseo de conseguir la maravilla, y si lo tuvo en la juventud, su maestro le enseñó o, mejor dicho, su propia experiencia le enseñó cumpliendo así con las previsiones de su maestro que, cuando uno alberga ese deseo de crear una máscara maravillosa, sólo consigue crear de manera segura e inevitable la máscara más fea, de modo que hace tiempo que no existe dentro de él ese deseo, para ser exactos, dentro de él no existe ya nada, no dan vueltas en su interior los pensamientos, su mente está vacía como si algo lo hubiera aturdido, sólo sus manos saben, sólo el formón sabe qué debe ocurrir, la cabeza únicamente se despeja, alcanzando, eso sí, una enorme lucidez, cuando la mano ha de alejar la máscara que está trabajando y él ha de comprobar que las cosas vayan por buen camino, entonces está la mente despejada, pero solamente mientras contempla la máscara, que luego vuelve a apoyar en el regazo, y las manos tornan a ponerse a la obra con el formón, y entonces la cabeza no está ya despejada, sino completamente vacía, no se mezclan, no van y vienen, no serpentean aquí y allá los pensamientos que se anulan los unos a los otros, sólo reina el vacío más absoluto en la mente, el vacío más absoluto en la casa, el vacío más absoluto en el barrio, pero es que además no tiene nada en que pensar, puesto que reina el vacío en la casa, reina el vacío en el barrio, y cuando se le pregunta, como suelen hacer los alumnos que él acoge muy de vez en cuando por un breve período de tiempo, cómo surge a partir de ese leño de hinoki una máscara nō exenta, según él, de cualquier intervención mística, es decir, realizada, en su opinión, a través de una serie de operaciones escultóricas nada especiales, que luego, una vez acabada, será capaz de espantar a la gente, o cuando se le pregunta por qué es mágica la máscara y por qué no, dónde residen esas diferencias sutiles o no tan sutiles que deciden, de forma inequívoca e inmediata para cualquier mirada experta, si la obra ha resultado y ha salido magnífica o si es un vergonzoso y torpe fracaso, una dolorosa y embarazosa derrota, y, por tanto, ni siquiera digna de mención, o, en definitiva, qué pretende el teatro nō y de qué trata concretamente Aoi no ue, y así sucesivamente, cuando se le pregunta todo eso, él se siente evidentemente incómodo allí en su caja de trabajo, no sólo porque le incomode el mero hecho de las preguntas, sino porque en su cabeza completamente vacía en efecto no existe nada a lo que pueda remitirse para responder, a él no le interesa lo que es el nō ni por qué se vuelve "mágica" una máscara, solamente se interesa por producir lo mejor dentro de los límites de sus facultades y con la ayuda de las oraciones que ha dicho en secreto en los santuarios, él solo conoce los movimientos, los métodos de trabajo, cortar, tallar, pulir, es decir, los procedimientos, la secuencia práctica de los pasos legada por la tradición, pero no las llamadas "grandes cuestiones", él no tiene nada que ver con ellas, nadie nunca le enseñó qué hacer con ellas, de tal modo que la única respuesta que ha tenido al respecto ha sido y es una mente vacía, a las preguntas sin contenido una cabeza sin contenido, pero ¿cómo explicarlo?, de ninguna manera...



Lászlo Krasznahorkai
Y Seiobo descendió a la Tierra
Traducción: Adan Kovacsis
Acantilado, 2015