Mientras más capas tenga la torta cuando la troce mejor
Lavo mi pelo 1 vez x semana
así al enjuagarme
siento el olor del asado del martes
y la tierra donde apoyé cabeza
en la siesta del viernes.
Escoja usted
Sobrevendí las sandías
se pudrieron los duraznos
la gente espera meses
las frutas del verano
luego él las hace durar poco
vienen familias en autos del año
caravanas de pescadores aficionados
mercenarios dados a recompensas de diverso tipo
Yo no escucho a nadie
a menos que adulen los nudos
con que suspendo en el aire
mis cajas de tomates
ahí es cuando me olvido
de anotar los pedidos
pero por qué no se llevan los duraznos!
Las distribuidoras se comen el gusto
Los locales cambian de dueño
con frases de Martin Luther King, Steve Jobs, Maturana, Usain Bolt
algunas Ted Talks, algo del ratón y el queso
motivan a sus "colaboradores"
las pizarras cambian de caligrafía
todos saben combinar los colores
porque el set de tizas combina entre sí
las distribuidoras de comida
surten con los mismos ingredientes
a todos los restaurantes de la ciudad
las notarías están llenas
se ubican a mitad de cuadra
filas hasta pasada la esquina
en todo momento hay alguien quebrando
otro con esperanza de que su negocio resulte
llega a un restorán desmantelado
compra sillas nuevas, consigue un "buen" contador
pega un sticker con su marca.
Huaqueo
En sus muelas parecen seguir
confitándose los higos
y no acabarán de hacerlo
usa la punta del tornillo para sacar los restos de comida
quizá murió de golpe
nadie lo notó
solo nosotros que desenterramos
en busca de alhajas
somos tres para evitar la maldición
uno cava, otra alumbra
el tercero avisa
si viene el diablo
entre más lejano el objeto
menos se le puede dañar
si estuviera tibio aún
entre los tres le rajaríamos la guata
para ver qué comió en su último día
la policía no buscará bolsos con reliquias diaguitas en las cajuelas
de buses, verdes o naranjas
además, recorren una sola carretera
que corta un valle flojo
sin la energía suficiente
para llenarla de baches
que esparzan olores
al hacer saltar el equipaje y soltar sus sellos
por eso los pasajeros nunca se darán cuenta de a quién tienen al lado
un comerciante de pescado y marisco
una estilista de uñas
alguien que acaba de ser madre
un chamán de cuarta
y yo
un traficante de momias que de seguro
comprará la esposa gringa del doctor.
Gaspar Peñaloza
Compraventa
Editorial Aparte, 2024
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viernes, agosto 07, 2026
Cuatro poemas de Gaspar Peñaloza
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Gaspar Peñaloza
jueves, mayo 07, 2026
Cinco poemas de Lucas Costa
No todo está en tu contra
Me basta pensar
en que hay ramas
que se quiebran
por exceso de guía
o en el Con Con
cuando nadie lo ve
se posa en una que parecía
firme y le dobla el peso.
Contaba el Jairo, poeta innato de la cárcel de menores
Justo en el umbral
luego de forzar
la chapa
hábilmente como
un cine
en penumbra vio
un carbón
crepitar
en una esquina
el cigarro
del dueño
de casa hizo
aparecer
su cara prendió
con el pie
la lámpara
la escopeta
en su mano
cuando le dijo
tienes medio
segundo
para volver
por donde entraste
otro medio
agradecer que no
te vuelo los sesos
acá mismo y en
un pestañear rajó
por la pandereta
calle abajo
oyendo
sirenas chiflidos
balazos en el bombo
ileso y sordo
del corazón.
Hernia en la L5
Ojalá pudiera tocarme los cartílagos
y sanarme esa grieta en la columna
el disco triturado de tanto saltar
sobre la tabla
sin hacerle caso al dolor
que da azotar el cemento
la loza de hormigón o las baldosas
brillantes girando las ruedas
calientes por la ciudad
entre las piernas la piel sudada
absorbe brisas de smog
el aire hecho tiras desfigura
lo visto como en un oasis
la zona lumbar recibiendo décadas
el mismo impacto y yo
sin darme cuenta de que podía
acabar esa plenitud
preñada de instantes
menearme a mi gusto
en el martilleo jubiloso del corazón
donde me olvidaba de mí
por eso lo hice sin chistar
ahora sé que vendrán lumbagos hernias y
cuando el cuerpo quede tieso y no aguante
más impactos de todas maneras
me quedará la alegría
de ver a otros concretar un truco
después de horas que sale
en un puro parpadeo
sin nadie saber
bien cómo.
Aquí yo soy el afortunado
Siento la ambivalencia hacer
su trabajo al extrañar entrar a la cárcel
de menores invitar a los niños
mientras se depilan las cejas
unos a otros con una delicadeza
que no he visto ni en las mejores
manicuristas escribir lo que sienten
y escucharse supervivientes el poder
de un par de palabras saliendo
para volver deslumbrado a casa.
Súplica del insomne
Cálmame Señor la percepción
siento digitadores por todas partes
hay cañerías silbando
venas de la cabeza haciendo ritmos en disputa
sin parar quejidos motores amplificados por el pasillo
aguárdame un instante de seguir aquí o
sédame y pueda yo dejarme
estar en los pastos neuronales manso
sin sentirme el pensamiento de una almohada
rasgándose y el ruido sea un escape
por donde el círculo circadiano
se amalgama y vuelve a girar por último
dame levantarme fresco
sin esa pesadumbre bestial
que me afila a cortes el carácter
dame una pizca de paciencia
porfa te lo pido óyeme.
Lucas Costa
Gozo
Editorial Aparte, 2025
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Lucas Costa
jueves, diciembre 21, 2023
Cuatro poemas de Gladys González
Mi abuelo nos contaba que cuando era niño vio al diablo
Dice que lo vio cuando iba caminando con su hermana por un potrero, cuando Santiago era mitad ciudad y mitad chacra.
Un hombre alto,
muy blanco,
con sombrero de copa,
la voz grave
y los ojos rojos.
Les sonreía.
Mi abuelo soñó con el diablo hasta su vejez.
Peleaba con él, gritaba y se despertaba de pie, lleno de sudor.
El diablo quería llevárselo.
El diablo merodeaba por la casa.
Con el pasar de los años
todas lo vimos.
Mi abuela nos gritó horrorizada y nos pusimos a llorar asustadas,
mirando las naranjas vacías. Culpables de algo desconocido y prohibido.
Entendí, muchos años después,
que eran el postre para siete personas de toda una semana.
Una naranja por día.
Nunca pude dejar de imaginar en esa cáscara porosa
y fragante toda la pobreza que conllevaba.
Todo el sacrificio.
Lo triste que debió haber estado al ver las naranjas partidas,
el aroma tan dulce en el comedor.
Las naranjas y lo esquivo de nuestra pobreza.
Mientras nosotras jugábamos a ponernos esas mitades
huecas y blancas en la boca
como una sonrisa falsa.
Una mueca, una dictadura.
Mi bisabuelo materno murió atragantado con un trozo de carne caliente durante una Navidad
Comenzó a hincharse, a ponerse azul, las luces intermitentes del árbol de Pascua se reflejaban pálidas en su rostro. Le golpeaban la espalda, le apretaban el esternón, como un último abrazo, que fracturaba las costillas, mientras rezaban el Credo, el Ave María.
Mandaron al hijo del vecino para que corriera a la panadería y llamara a una ambulancia. Lo sacaron con una sábana en camilla.
En el pasaje, las niñas mostraban sus muñecas de lana y trapo, hacían círculos con una estrellita encendida que tiraba chispas, y los muchachos mayores reventaban petardos, saltarinas de colores, encendían bengalas.
Era la historia clásica de las fiestas familiares, en las que siempre hubo discusiones, gestos de desagrado, intentos por mantener una unidad sanguínea, llantos, culpa, cinismo, entre los cubiertos pulidos, las gaseosas y el vino.
Nunca pude dejar de imaginar esa escena al tragar pastillas para el asma, para poder respirar, al pasar por una carnicería, al comer carne guisada.
Alcohol, secretos, alta tensión, odio, asfixia, desaparición y muerte.
Cosas de familia.
Mi abuelo nos contaba en las vacaciones que durante el golpe militar, al irse de la imprenta del Congreso, que estaba en el subterráneo, no comprendió el paisaje que veía
No había vereda, o calle, el suelo era un mosaico de muertos, puestos en diversas posiciones como un rompecabezas de coágulos, vísceras, manos atadas a la espalda, piernas sobre piernas.
Dice que se acordó de cuando era niño y trabajaba como cargador y limpiador en el matadero de Franklin.
Tomó la decisión de caminar entre los muertos,
saltándolos,
de puntillas,
hasta llegar a su casa de noche.
En el río Mapocho flotaban los cuerpos.
Sangre y militares.
Sangre y balazos.
Sangre y gritos.
Tantos gritos que no entendía de dónde provenían.
Gritos que ya no eran humanos,
gritos que quedaron para siempre en su cabeza,
en el río, en el agua, en la calle,
en la piedra de los edificios,
en la corteza de los árboles,
en las escamas de la piel,
que pasan de generación en generación.
Un aullido,
un tinnitus,
voces que se legaron en las células,
una muerte prematura.
Sangre y llanto.
Sangre y ventanas que se cerraban con postigos. Los cuerpos agachados en el piso esquivando las balas.
Todo olía a yodo, pasaron meses para que dejara de sentir ese olor.
Gladys González
Ruido blanco
Ediciones Libros del Cardo, 2022
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miércoles, diciembre 07, 2022
Seis poetas mapuche
Una bandada de miles de diucas,
tencas y ñankues
surca el cielo
esparciendo el llamado
del kull kull.
La melodía penetra
como un suave silbido del sur
en los desnudos cuerpos
de Caupolicán y sus hermanos.
(Rayen Kvyeh)
Zvgun
Aquí en la tierra
hablamos todos:
las aves
los animales
las aguas.
Silba como el viento la culebra
cuando viene el tiempo de lluvia
y el silbar es su palabra.
Hay tiempo en que las ziukas
hablan cantando al amanecer
CHOLLPIZ, CHOLLPIW!
Es el tiempo en que el MAPU brota
rayo a rayo hacia el Sol...
y hay que levantarse para saludarlo.
En el mismo tiempo de reproducción
las ranas cantan en coro de noche
y la luna en menguante
abre cascarones
en los escasos pajonales
que van quedando.
Hay otros que siempre hablan llorando
como el MAYKOÑO
KUKU, KUKU EM...
así es su idioma.
Para conversar con su abuela paterna.
Los gakiñ dicen:
GAK GAK
GAK GAK
como recién nacidos llorando.
Daban ganas de escarbar
en el barro del pantano
pero cuando se buscan
se meten más adentro de la tierra
o se cambian de lugar.
Cuando niñas lo intentamos con mi hermana.
Y mis pewmas en la noche
fueron solo pesadillas
SE ENOJARON...
ESO NO SE HACE!
dijo mi madre.
Si se dejaran ver
sería PERIMONTUN.
También hay animales
que se ríen en su idioma
como los perros
y caballos.
Mi Guardián salta y corre
agarra su olla o un palo
se ríe
nos habla en su propio zugun
cuando volvemos a la casa
o si llega algún conocido.
Pero llora
cuando ve al WEKUFV EN LAS NOCHES
y cuando siente que viene el Nvyvn
con grado a terremoto;
entonces la gente se levanta y sale,
se sienta en el suelo agarrada a la tierra
le habla al temblor
IÑCHE TA FANEN,
FANEN
FANEN
FANEN
FANEN
FANEN
yo soy pesada
pesada
pesada
pesada
pesada
pesada.
¿Y el AGUA?
¡Oh el agua!
Tiene un idioma único
habla cantadito
una melodía en las mañanas
al mediodía otra
y en las tardes
otra diferente
hay que escucharla no más
para saber qué dice.
Así es la vida en mi MAPU.
En la lógica occidental
cualquiera me diría eso se llama Sonido.
Pero desde que somos CHE
siempre fue así y será
ZVGUN.
(María Teresa Panchillo)
A las salmoneras de Futa Wapi Chilwe
Se apagaron
las velas de la ciudad
y se descolgaron de sus paredes
la gran dama... la muerte
mientras en el aire estallaron
una bala
dos balas
tres balas
y así
las playas de Chilwe
recibirán en su vientre
a los lobos marinos
más allá del sol
más allá de la luna
los otros deberán refugiarse
en el corazón indomable.
(Karla Guaquín)
Todos los ancianos
ya se han dormido
pero en mis sueños
hoy, yo los despierto.
(María Huenuñir Antihuala)
Atardecer en el río
Una garza blanca
desafía la tarde.
Su figura inmóvil
desborda el horizonte.
El último rayo de luz
huye sigiloso por el río.
La tierra respira hondo
para seguir viviendo.
(Maribel Mora Curriao)
Ruka
Aquí en medio de los fierros
crece la totora.
Crece, se empina
cual águila buscando su carne
en este bosque de polvo
sin miedo y con epew en los labios.
Aquí el círculo azul guarda su espíritu
y se aprecia la planicie gris de la ciudad.
Los choique vuelven a nidar
el pangue a su manada.
Nacen nuestros hijos.
Santiago de Chile
habitado por mapuche desde siempre.
Antiguamente el Mapocho sonreía
y la ruka descansaba en sus orillas.
(Eliana Pulquillanca Nahuelpán)
Kümedungun/Kümewirin. Antología poética de mujeres mapuche (siglos XX-XXI)
Maribel Mora Curriao y Fernanda Moraga García (editoras)
LOM Ediciones, 2016.
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martes, noviembre 01, 2022
Tres poemas de Gladys González
Encuadre
detener la mirada
y ver
por la ventana
del bus
una brizna de hierba
creciendo
en una canaleta blanca
de plástico
fijar esa imagen
y sentirse dichoso
un rayo de sol
y el viento leve
iluminan el encuadre
Confidencias
tengo por escritorio
el esqueleto de una cama de madera
duermo en un colchón viejo
sobre las tablas del piso
y despierto en las mañanas
con deseos de que el invierno
pase pronto
para recostarme en la playa
bajo el sol
con los ojos cerrados
sintiendo el calor de la brisa
esta semana
solo hubo dinero
para comprar leche en polvo
avena y café
esta semana
hubo tiempo
para mirar por horas
el mar golpeando el cemento de la costanera
a los perros ladrar a los autos
que cruzan la calle del hospital
para regresar
a la habitación que arriendo
y lavar un poco de ropa
ordenar el pequeño escritorio
junto al sonido de la gotera
cayendo en el tarro de pintura
Fuente de soda Chile
servilletas troqueladas
con la palabra bienvenidos
en una caja abollada
de lata roja
una máquina registradora
sin aceitar
las sandalias
de la mesera haitiana
en invierno
las monedas que caen
en el tarro del ciego
que canta
y toca la guitarra
con el rostro quemado
por el sol
la cadena hechiza del baño
la gotera
de la cañería
una toalla vieja
como trapero
seca el agua
que cae
sobre la baldosa
una carcajada
el olor de las frituras
como una nube
gris y pasajera
sobre los rostros concentrados
en el partido de fútbol
de provincia
el paño húmedo
sobre los espejos
que deja de memoria
una estela de hebras amarillas
una aldea y un huracán
en Ca-Ira
una pelea en la calle
una prostituta y un cliente ansioso
un traficante
y un auto que espera en la calle
con el motor encendido
una mujer cae de su silla
y se golpea la cabeza
con un cenicero
de concha de mar
lleno de colillas
un buzo
con el pómulo sangrante
carga un saco de malla
con juguetes
para venderlos en la feria
los privados
completos
y cerrados
con una cortina
un voluntario del Ejército de Salvación
pide donaciones para el albergue
mirando el futuro
de la imagen
de la fuente de soda
con distancia
una niña vendedora de flores
toma una gaseosa
un anciano
se la lleva de la mano
mientras todos observan
mordiéndose el labio
y mirando en el suelo
el reflejo de su raíz arrancada
hasta que se pierden
en el callejón
las luces
de los hoteles
se reflejan
sobre la vitrina
de la comida
de apariencia plástica
un perro duerme bajo la mesa
alguien deja unas monedas
de propina
sobre la barra
Gladys González
Pequeñas cosas. Poesía reunida (2004-2018)
Libros del Cardo, 2019
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martes, septiembre 21, 2021
Tres poemas de Carmen Berenguer
Santiago Punk
1.
Punk, Punk
War, war. Der Krieg, Der Krieg
Bailecito color obispo
La libertad pechitos al aire
Jeans, sweaters de cachemira
Punk artesanal made in Chile
Punk de paz
La democracia de pelito corto
Punk, Punk, Der Krieg, Der Krieg
Beau monde. Jet-set rightists
Jet-set leftists
Pantaloncitos bomba
Pañuelito hindú
Chaquetitas negras, Carlotitos
Liberalismo Taiwan
Balitas trazadoras para mantenerte
Cafiche marihuanero.
2.
FMI, la horca chillido en prietas
Tanguito revolucionario
Punk, Punk, paz Der Krieg
Whiskicito arrabalero
Un autito por cabeza
Y una cabeza por un autito
(BMW, Toyota, Corolla Japan)
Japonés en onda
La onda provi on the rocks
Rapaditos Hare Krishna Hare Hare
Sudoroso mormón en bicicleta Aleluya la paz
Patitas de chancho
Caldo de Cabeza.
3.
Footing, footing a los cerros
Unemployment, 42d street
La cultura viene de Occidente
La Alameda Bernardo O'Higgins en el exilio
Alameda las delicias, caramelos candy
Nylon, nylon made in Hong-Kong
Parque Arauco
Lonconao
Top-less cuchufletos, silicona
Rapa-nui en botellas
Colchones de agua en la cúpula
Coito colectivo.
4.
Pacos macumberos, lumeros
Cucas, guanacos, loros soplones
Der Krieg, Der Krieg, Punk, Punk
La raza old england toffee
Zampoñita lagrimera
Huayñito hard-rock
Police, Police, Punk, Punk
Guitarrita beatle
Virgencita del Carmen
Patroncita del ejército.
Lengua osa verba
La moza lengua osa verba
El ojo rumoroso oja loba
El monte rojo verbo mozo
La turbolenta rosa agua
Tiembla el lengua labios
Labia fino oído la mieda
Fiero ojo acecha loba malva
Turba el ojo salado las aguas
Rocosa fiel piel loba mar
Amarilla espuma suave pelaje olas
El ojo artificial espuma puma gaviota
Temblorosa verba lengua dulce palabra
Tronco dulce ramaje hoja fina lengua
Flota pluma del ojo ciervo
Lengüita trino
Rosa espina sangra lengua
Palabra trunca acecha labio
Fiel anodina temblorosa moza
Efímera la rosa verba
Presiona labio furioso presa
El lodo atunes y colores
Según aguas verdosas rosas espinas
Ojo malva salva y rito
La fuente verba lengua ojo salva malva
Palabra retina de los aullidos lengua
Espina corona ardiente fuente lasciva
Marchito penacho verba de mis ardores.
Todo lo he perdido si es que alguna vez lo tuve
nunca una voz fue tan poca mía
Siempre habló por los demás y se le encendían
los labios cada vez que palpitaba a su lado
sólo cuando le vio supo de quién era esa voz
tiene ese aire ese algo ese párpado ese
no sé qué ese que le llamas en cen di do
como el labio torcido cuando me lo rom pis te
se hizo algo morado al día siguiente y no lo
dije a nadie por soberbia por vergüenza otra
vez soñaba que te maldecía y que me dejaras
solo pero él quiso que lo besara en el cuello
dejándole una marca igual que la marca que él
me dejó esclavo del deseo
Para recuperarte te hablé con el crucifijo
en él se lo puse yo lo quise así te
tuve toda la noche era el conjuro el un
güento tú querías de otro modo pero te lo
hice jurar –maldita gritaba– los gritos me
confunden –decía–
quiero confundirte siempre cruzo la calle
para que no me veas dos pasos a la deriva
y te tengo una palabra
una sola y quedo escrito
manchado
Carmen Berenguer
La gran hablada
Libros de la resistencia, 2019.
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martes, agosto 04, 2020
Cinco poemas de Jaime Luis Huenún
Purrún
Yo la miro
danza
canelo florecido lleva en sus manos
danza
sus pequeños pies llenos de tierra
danza
flores de ulmo y miel en su cabello
danza
ríe y danza
bebe su muday
Yo la miro
yo no danzo
y el polvo que levanta el baile
me oculta
ante sus ojos
Purrún: baile colectivo usado en el "nguillatún" y otros ceremoniales.
Envío a Anahí
Era madrugada y yo
cortaba flores para ti en mis libros de poesía.
Llovió largo sobre el mundo y en mi sueño
se abrieron los primeros rojos brotes de poroto.
Hacia el bosque volaron los güairaos,
y el tue-tue cantó tres veces
sólo para confundirme.
Amanecí después: mariposa era el cielo,
liebre era la tierra corriendo tras el sol.
Te vi luego zumbando en las celdillas de la miel,
haciendo olas en la blanca
placenta de tu madre.
La muerte es lo que escribe
el agua sobre el agua, me dije contemplando
el rocío de las hojas.
Lloré, entonces lloré,
sólo por el delirio de respirar tu aire.
Forrahue
...alzaban sus manos
ensangrentando al cielo...
(Diario El Progreso de Osorno,
21 de octubre de 1912)
No hablábamos chileno, mi paisano,
castellano que lo dicen.
Copihue sí, blanco y rojo,
flor de michay,
chilco nuevo.
No sabíamos de Virgen ni de Cristo, padrecito,
ni del Dios en las Alturas.
Jugábamos tirándonos estiércol de caballo en los
potreros;
robábamos panales a los ulmos y a los moscos,
y pinatras a los hualles de la pampa;
mirábamos desnudas bañarse a las hermanas
con manojos de quillay en el arroyo.
Malo era.
Sí.
Por eso vino envidia y litigio y carabina;
por eso se volvieron lobos los venados y los peces.
Malo era, paisanito, malo era.
Comíamos caliente el crudo corazón de un cordero
en el lepún;
rezábamos huilliche al ramo del laurel
junto a la machi;
matábamos con fuego al que mete huecuve
contra el cuerpo y el alma.
¡Brujo diablo, anda vete! decíamos escupiendo,
y el bosque más espeso
escondía a la lechuza.
Malo era, malo era.
No sabía vivir el natural antes amigo, no
sabía.
Las mujeres se preñaban en lo oscuro y en lo claro,
y los hijos se criaban a la buena
de los bosques y los ríos.
Así era, mamita, así fue:
las estrellas dejaron de alumbrarnos
la sangre de repente,
y tuvimos que ocultarnos como zorros
en montañas y barrancos.
Campamento Pampa Schilling
Aquí, henos aquí,
ya viudos de nuestros dioses,
viudos del sol, del agua
y de la luna llena.
Adentro,
frente al brasero,
quemamos lengua y memoria.
Afuera
florece el ulmo, la lluvia moja al laurel
que brilla en mitad del monte.
¿Para quién brilla el laurel?
¿Para quién moja sus ramas?
De lejos se escucha el mar,
y el graznido del güairao.
Dormimos, viudos del sueño,
soñamos cosas que arden:
cometas entre las rocas,
aguas donde quema el oro.
¡Es arte de brujos! —grito—
¡Escupan esas visiones!
Nadie
me responde, nadie. Solo
estoy ante la noche.
Afuera brilla el laurel
a relámpagos y a sangre.
El monte es una neblina,
y el agua del mar se arde.
Víctor Llanquilef empuja el bote ebrio al río de las canoas
Un coipo nada en el sol
y tú te recoges en el agua, silencioso.
Son tus orillas el berro y el junco,
y la ancha sombra de los sauces
el destino de tu sombra bajo el agua.
Un pez alza la luz sobre el remanso.
El destello es tu espíritu
que se hunde en lo profundo
nuevamente.
Jaime Luis Huenún
Ceremonias
Editorial Universidad de Santiago, 1999.
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domingo, marzo 05, 2017
Siete poemas de Jaime Luis Huenún
Bandadas de sicarios
rodearon mi edificio.
Bajaron en sus motos
del Cerro de la Cruz.
Miré yo la llovizna,
los autos, los caminos,
las ávidas pupilas
de un pálido gorrión.
No le pidan más dinero a la poesía,
no más viajes y subsidios, no más luces;
ya la pobre se ha quedado en bancarrota,
ni una papa encontrarán en su alacena.
Déjenla que se vaya por el mundo,
toda coja, toda enclenque, toda seca,
vieja, sola y afirmada en su bastón.
Se acabó la bonanza, proxenetas,
oh, malditos desleales, azulosos
y barbudos palabreros del montón.
En sellada vasija de formol
enviamos la cabeza de Atahualpa
a tu nuevo domicilio.
La robamos al clan de Montesinos
que mercaba en la frontera
las reliquias del imperio.
¡Pobre diablo, loca y triste
sabandija de altiplano!
Un marrano de la selva vale más
que sus viles palabras
y sus pactos.
Ahora es tuya la cabeza del inca degollado.
Ahora es tuya su mirada,
su vencida y larga cabellera
sin afeites ni cintillos
que delaten su abolengo.
No la vendas a los yanquis
o a los ávidos huaqueros colombianos.
Ese cráneo es más valioso
que la ampolla de morfina
que te inyectas por las noches.
Guárdala de los rateros y las moscas
que hacen nata en la choza donde vives.
Un gobierno carnal en el exilio
crecerá sin fin de esa cabeza.
Vivir en Ciudad Fanon no era más
que vaciarnos de sudor y de memoria.
Era ir los viernes por la noche
a los tambos cuzqueños olvidados
y mercar allí, sin dios ni ley,
los poderes infinitos de la coca.
Con los chasquis bebíamos cachaza
de favelas sitiadas por la DEA.
Escribíamos después en las murallas:
"Your name is puta$, your name is OKAZO".
Seguimos el Sendero Luminoso
convocados por los apus
de los cerros de Ayacucho.
Nos armamos con los rifles de Guzmán
y huaracas que tejimos
con pulido cuero andino.
En la sierra se unieron a nosotros
tribus campas, gente quechua
y unos vagos morenos amazónicos
que debían varias cuentas a la ley.
Nos barrieron en El Yuro sin piedad,
y dejaron nuestros cuerpos
al arbitrio de las moscas,
al regalo de los buitres.
Desde entonces caminamos sin destino
por los guetos y las ferias
de los zambos cimarrones.
Y en las noches robamos las monedas
a la sucia y fea fuente
de las viejas utopías.
No hay quizá nada peor
que el que busca fama y gloria
escribiendo poesía.
Superado sea tal vez por petimetres
que se excitan con la destrucción del mundo,
contemplándolo gozosos
en modernas obras de arte.
Pero no, no hay quien alcance
al rapsoda insatisfecho
que nos lee en alta voz
sus ardientes manuscritos.
Convencido de su tono,
del olímpico fulgor de sus palabras,
se diría que está listo
para un sitio distinguido
en la morgue luminosa
de la eternidad.
Los árboles y los poemas pasarán
sin una pizca de pena,
sin ni un asomo de gloria,
así como pasan ahora
las muertas, veloces estrellas
en la noche infalible
de un desierto polar.
Jaime Luis Huenún
La calle Mandelstam y otros territorios apócrifos
Fondo de Cultura Económica, 2016.
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