Domingo 10 P.M. y quizá un libro sobre daiquiris
Para defendernos del [para nos defender do
tránsito entrabas en [trafico se mergulhava
esas vías como [nessas estradas como
quien entra por [quem entra na
su casa sola [sua casa sozinha
sin miedo [sem medo
sólo para [só à
reconocer que [reconhecer que
el sofá sigue [o sofá ficou
en su sitio [no seu lugar
arterias les dicen [arterias as chaman
en estos días y [nestes dias e
con maestría [com mestría
conducías desde [dirigias desde
un wagon de [um wagon de
pasajeros hasta [passageiros até
un carrito del [um carrinho do
supermercado [supermercado
a explorar los [a explorar os
pasillos llenos [corredores cheios
de productos [de produtos
desde sonrisas [desde sorrisos
hasta crema [até creme
para las manos [para as mãos
cremas en tu [cremes na sua
ventana para [janela para
ver salir el [ver sair o
sol de un tono [sol dum tom
diferente [diferente
crema del baño [creme para o banho
crema de la cocina [creme para a cozinha
una que sabía [um que sabia
a coco [a coco
gavetas llenas de [prateleiras cheias de
crema para [cremes para
cualquier momento [qualquer ocasião
a cualquier [a qualquer
hora por si [hora em caso
era necesario [de ser preciso
ponerse la [carregar a
mochila o [mochila ou
sonreír a las [sorrir às
paredes [paredes
ponerse al [meterse ao
volante y [volante e
sumergirse en [mergulhar
esas arterias [nessas artérias
sin ninguna [sem nenhuma
razón sólo [razão só
por el valor [pela coragem
de no saber [de não saber
y no decir [e não dizer
olvidar [o esquecimento
Después de los detectives salvajes
entonces llego al final del libro y
me quedo hojeando el índice
buscando alguna respuesta infiltrada a
la última pregunta pero no hay
nada así que regreso a la pasta
y encuentro el nombre impreso de
la universidad de New Hampshire
y pienso en el frío y en la nieve y en
algún paisano forrado hasta las orejas
caminando por los pasillos de la
biblioteca y buscando un libro con un
título medio sacado de Faulkner pero
oh desilusión sólo hay un vacío en
el estante de literatura chilena
y se pregunta cómo demonios la
base de datos indica literatura
chilena cuando su pesquisa original versaba
sonre un nombre que recordó haber
leído por ahí: Papasquiaro y
entonces la cosa parece no tener
sentido y tiene que buscar un guía chileno
para que lo dirija en su búsqueda
de lo que no es la poesía mexicana
pero al mismo tiempo es la poesía
mexicana y mientras tanto el
paisano va y viene entre México y
Chile como si los dos países fueran lo
mismo pero en momentos se interrumpe
por las peleas entre Paz y Neruda y
se acuerda que no son lo mismo y
que en México se come chile y
jamás se piensa en un país ni en
Neruda ni en poesía y que tal
vez pierde el tiempo y que de
seguro Chile no va a los mundiales
como México aunque nunca gana y
que su guía chileno nunca habrá gritado
¡Viva México! Ni vivido de verdad lo
bueno y piensa qué es lo bueno y vuelve
los ojos a la ventana y se encuentra con
el frío y la nieve y el sol que se
apaga porque el vacío del estante es
más claro que la realidad
José Molina
Juno desierta
Mangos de Hacha, 2011.
miércoles, marzo 07, 2012
Dos poemas de Rodolfo Alonso
.
Epifanía
Como luz en la luz
suena el invierno, al sol.
Serena madurez,
sabor desnudo
que suspende y sostiene
sin sospechar que sabe,
secreto, sólo en sí,
siente sin sentimiento,
a simple sed,
a simple ser,
solo y sumo en el sol
sagrado del silencio
seco, soberbio, suelto
sobre ese frío encendido.
Como luz en la luz
suena el invierno, al sol.
Serena madurez,
sabor desnudo
que suspende y sostiene
sin sospechar que sabe,
secreto, sólo en sí,
siente sin sentimiento,
a simple sed,
a simple ser,
solo y sumo en el sol
sagrado del silencio
seco, soberbio, suelto
sobre ese frío encendido.
Consecuencias
Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso.
Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso.
Rodolfo Alonso
Poemas pendientes
Alción, 2010.
martes, febrero 21, 2012
Dos poemas de Haroldo de Campos
.
poema qohelético 1 : año bueno, día uno
la vida pasó como un
murciélago
como un muerto
ciego
que desbarata
demora este despertar
cotidiano
sin memoria
desmemoria cotidiana
que naufraga
entre el exit y el éxito
liquidada
por el saberse nada:
ni trazo ni proyecto
la poesía
pensada como un punto (punctum)
ciego en la retina
bajo un sol salvaje
la poesía
una punta que revienta de esa cuerda
debilitada por el asedio del
diario trabajo de lo real:
ejecutivos jineteando en lugar eminente
de las noches de overnight
donde el latido de los duendes insomnes
ratea como un cero
cero y ratones — hechos
en este domingo de primero de año
cuarenta años de poesía son un bloque
inútil de raeduras
garbage lixo basura
oí la fuente
una vez
y el rumor de la fuente:
la mano se quemó
se desfiguró la escritura
en la quemadura se deformó el rostro
se me cerró el horizonte
oportet
preciso
es tener paciencia
decantar los vinos
releer un viejo verso que el cetrino
zumo de los limones
verdeciendo acidula
preciso
es tener ciencia
purificar del limo
el agua que se filtra en la palabra luz
el himno del muchacho rené char la voz
la voladora voz
el timbre sibilino
del mirlo de oro que clausura el alba
preciso
es tener ausencia
sutileza
tactos
amor ( el acto y los entreactos )
dolor utilidad temor querencia
para hacer de este papel
poema
de esta que mana del estilete azul
oscura tinta esferográfica
preciso es tener
demencia
obsesión
incertidumbre
certidumbre
oscuridad gozosa
gracia plena
fuego fundido
para hacer de la tinta y la madera
apisonada en pulpa
que en la corteza antes llevaba
como blasón tu nombre:
la cosa
el cuerpo
la cosa
en sí
la doble valva
el lacre bajo las pubescentes sílabas
el preciso diseño
que como al dios de adán una costilla
me deja hacer de este papel poema y de la insinuada
tinta hace
mujer
Haroldo de Campos
Crisantiempo
Traducción y prólogo: Andrés Sánchez Robayna
Acantilado, 2006.
martes, febrero 14, 2012
Una monja un poco gitana (fragmento)
.
Osvaldo Aguirre: Al leer tus poemas se ingresa en un mundo diferente, muy particular, que parece cumplirse más allá de éste. Es, podría decirse, el modo en que regresa el pasado: una infancia reinventada, ¿no?, más que el testimonio documental de la infancia.
Marosa di Giorgio: Pero la poesía, y todo el arte, ¿no es siempre una reinvención? No es una copia del mundo, porque es inapresable el mundo. Yo lo veo y lo transformo en escritura, y pongo cosas de mí. Eso queda como transmutado. Porque vemos las cosas y después aparecen como las mismas y de otro modo. Yo no creo que la infancia sea el motivo de esa poesía. Esto tiene que ver sobre todo con el lenguaje, la escritura, la poesía y con otras cosas. La naturaleza tiene un papel importante, y no es tampoco un retrato de la naturaleza. ¿Tú cómo lo ves?
OA: Para mí, brevemente, hay un núcleo de experiencia fuerte que funciona como base para la imaginación. Ahora, en Historial de las violetas, al hablarse de "la noche de las azucenas de diciembre" se dice: "aquello ocurre con sólo quererlo. Basta que se lo desee para que ya sea". Y después: "así me abro a otro paisaje y a otros seres". ¿Es ésta una explicación de tu manera de escribir?
MG: Ese tránsito, ese trance, es el que acontece siempre, el que viene para estas cosas, ¿no? Lo que cuento es de este mundo y no es de este mundo. Porque seguramente los abuelos existen, los hongos existen, las rosas existen, pero es como que están en otra zona, los voy a buscar a otra parte.
OA: ¿Ese tránsito acontece antes o durante la escritura?
MG: Es inconsciente. Los poemas, todos [señala la edición de Los papeles salvajes], muchísimos, me caen en la mente. La palabra trabajar me resulta un poco dura, pero era como que los elaboraba de alguna manera en lo interior. Empezaba a venir eso y lo ordenaba. En cambio en el último libro, de ralatos (Misales), empecé a escribir al azar. Tomaba una hoja, un papel y no sabía para dónde iba. Pero igual se tejía todo y llegaba un momento culminante.
OA: Ahora, si ocurre con sólo quererlo, hay también algo de magia, ¿no? Y justamente, en un poema de Está en llamas el jardín natal, escribís: "yo soy de aquel tiempo, los años dulces de la Magia".
MG: Si fijo la atención en esa zona que yo sé, empiezan a aparecer cosas y cosas. Si quisiera estaría continuamente en la escritura. No te puedo explicar qué mecanismo es. Pero sé que hay una manera de ponerme en situación. Ahí empieza a manar, y cesa cuando yo quiero. Es una habitación a la que tengo acceso.
OA: ¿Y cuando eso cesa el poema ya está?
MG: Yo no salgo de ahí hasta que el poema esté cuajado. No me he propuesto nunca escribir un poema. Empiezo a contar algo desde esa zona; es un llamado al que acudo. Cuando eso tiene que venir, aparece. Sea de noche o de día, no hay actividad que lo detenga. Siempre lo que provoca más es lo que tiene relación con la tierra, con el cielo, con lo agrario, pero eso está mezclado a mil cosas más, cosas como inasibles, inexpresables. Las primeras impresiones que recibí del mundo, que me siguen nutriendo: ¡la primera vez que vi la luna, las estrellas! Eso quedó ahí como un impacto. Era eso y algo más. Tomo la palabra de otra poeta, Concepción Silva Belinzon, al referirse al firmamento: "Tu misteriosa letra conocida". La letra de Dios.
OA: Sabés cómo hacer un poema...
MG: Sé cómo llegar hasta ahí.
OA: ¿Y cuándo aprendiste?
MG: Ah, no sé. Siempre hay un misterio... Es una facultad. Tú como poeta lo sabrás. Yo escribo sin rumbos, ni proyectos, ni fin alguno. Soy una princesa desnuda y descalza, una monja un poco gitana, esperando que le caiga, desde el cielo, algo a las manos. Algo, como ser, una vara de gladiolo, una rata. No necesito más.
Marosa di Giorgio
No develarás el misterio. Entrevistas 1973-2004
Compilación: Nidia di Giorgio/ Selección: Edgardo Russo
Edición y prólogo: Osvaldo Aguirre
Este fragmento pertenece a una entrevista publicada originalmente en el Diario de Poesía, número 34, en julio de 1995.
martes, febrero 07, 2012
1 de marzo / Casa Refugio Citlaltépetl
La editorial Aldus
invita a la presentación del libro
NUNCA CAMBIES. POEMAS 2000-2010
de Inti García Santamaría
Comentan:
Ricardo Cázares,
Verónica Gerber Bicecci
y Daniel Saldaña París
Ricardo Cázares,
Verónica Gerber Bicecci
y Daniel Saldaña París
JUEVES 1 DE MARZO
19:30 hrs
Casa Refugio Citlaltépetl
Citlatépetl 25 (entre Campeche y Ámsterdam),
col. Hipódromo Condesa.
:::::::::::::::::::::::
sábado, enero 28, 2012
Colores de otoño (fragmentos)
.
El arce rojo (fragmento)
Mientras cruzo el prado y me dirijo directamente a una elevación baja en esta tarde esplendorosa, veo a unos doscientos cincuenta metros hacia el sol, el follaje de un conjunto de arces que aparecen sobre el borde rojizo brillante de la colina, una franja de unos cien metros de largo por tres de profundidad, del más intenso escarlata, naranja y amarillo, igual a cualquier flor o fruto, o a cualquier matiz jamás pintado. A medida que avanzo, bajando por el borde de la colina que hace de primer plano o de borde inferior de este cuadro, aumenta la profundidad de este brillante bosquecillo, que se revela poco a poco y sugiere que todo el valle rodeado de montañas está pintado de este color. Uno se pregunta si los prohombres y los padres de nuestro pueblo no han salido a ver lo que los árboles quieren decir con sus espléndidos colores y su exuberancia por miedo a que tramen alguna travesura. No comprendo qué hacían los puritanos en esta estación, cuando los arces llamean de carmín. Sin duda no rezaban en estos bosques. Quizá por eso construyeron sus templos y los cercaron rodeándolos de caballerizas.
Hojas caídas (fragmento)
¡Qué saludables tisanas habrá ahora en los pantanos! ¡Qué generosos aromas medicinales de las hojas en descomposición! La lluvia que cae sobre las hierbas y las hojas recién secadas que llenan las charcas y las zanjas en las que han caído limpias y rígidas pronto se convertirá en una infusión –tés verdes, negros, marrones y amarillos, de todos los grados de intensidad–, con fuerza suficiente para poner a toda la naturaleza a cotillear. Las bebamos o no, estas hojas, antes de que se extraiga toda su sustancia, secadas en la gran tetera de la naturaleza, tienen unos tonos tan delicados y puros como los que han hecho famosos a los tés orientales.
Henry David Thoreau
Colores de otoño
Traducción: Silvia Komet
Torre de viento, 2002.
sábado, enero 21, 2012
Estilo (fragmentos)
.
“9.- La imagen negra para ti que duermes. Un vicio transparente. Sé la racha de pájaros. Una racha de pájaros caliente. Sé el zumbido hirviendo. Sé encima de nosotras al final de ese vuelo. Que se estrellen los picos. Que terminen y duelan terminando.”
“9.- La imagen negra para ti que duermes. Un vicio transparente. Sé la racha de pájaros. Una racha de pájaros caliente. Sé el zumbido hirviendo. Sé encima de nosotras al final de ese vuelo. Que se estrellen los picos. Que terminen y duelan terminando.”
“14.- Danos una botella y acabaremos con tu mundo. Préndenos y el fuego correrá como plaga. Llegamos hasta tu oficina. Hasta tu máquina. Llegamos hasta tu silla de maestro. Hasta ese mundo que ya no es el mundo. Donde nada se toca y nos besamos. Unimos nuestros labios de niñas mojadas con algún combustible. Danos un bosque. Danos la presidencia.”
“19.- Para dormir sobre tu sangre queremos que nos tapes los ojos y nos pongas lo desconocido en la lengua. Llévanos donde nace el fervor y el cielo pierde. Queremos internarnos en lo más caliente. En lo más caliente, fervor. Todas queremos retozar sobre el combustible como si fuera un campo de lobelias. Queremos que nos tapes los ojos y probar. Probar el golpe frío de los sabores que nos hinchan los labios y levantan la guerra. Probar sin ver la pólvora que nos enciende. Recibir sin saber cuántas cabezas están rodando en la ciudad. Ofrécenos.”
“25.- Este libro no existe. Es sólo un monitor plagado por los códigos para que nos entiendas. Queremos que quieras abrazarnos. Este libro no existe. Es un organismo que camina. Ya sabes quiénes somos, País. Somos la negación y el tránsito que construye tu trama. Somos la lengua de animal y máscara de niña. Las piernas de muñeca. La luz del monitor. Queremos que nos quieras calientes.”
“2.- No nos encontrarán pero estaremos saludando desde el monitor. Hablándote a la cara. Transmitiremos desde la fosa detenida hasta tu desayuno. No habrá más que descomposición. Beberás de ahí. Trabajarás de ahí. Construirás estrellas y levantarás reyes y reinos. Le besarás los pies a la grosería. La pondrás en altares y le dedicarás tu pensamiento. Tiempo sin sol. Tiempo sin tiempo.”
Dolores Dorantes
Estilo
Mano Santa, 2011.
Lectura en línea del libro completo:
http://issuu.com/luisfernandoortega/docs/dolores_dorantes
sábado, enero 14, 2012
Poesía, etcétera: puesta a punto
.
Odio a la poesía
. . . . —La pérdida de rumbo del verso tradicional, el fracaso de su «mantenimiento», el fracaso de sus «modificaciones», el fracaso de su destrucción a manos del verso libre, el de la posterior destrucción del verso libre, la «época de la variedad», el agotamiento de las formas de contar la destrucción de la tradición mediante diferentes formas de memorizar la tradición, cuanto las matemáticas del ritmo ayudan a desentrañar de la poesía llamada «moderna», todas esas cosas están acabando por llevar a una crisis que no es ya sólo crisis de versos: es odio a la poesía, tentación de negar la poesía, de eliminar la poesía.
. . . . Hay un vínculo natural entre, de un lado, la disolución de las relaciones privilegiadas que hace tiempo mantenían verso, prosa y lengua y, de otro, la angustia que reina en lo que respecta a la posibilidad misma de escribir y, ante todo, de escribir poesía.
. . . . El «odio a la poesía», el requerimiento por el que se intima a la poesía a que desaparezca, nacen, en primer lugar, del hundimiento de un sistema de referencias largo tiempo admitido de manera implícita por todo el mundo; en segundo lugar, de la imposibilidad, ya innegable después de más de un siglo de esfuerzos en tal sentido, de encontrar a cambio otro dotado de idéntico rango de muda universalidad, es decir, uno en el que la gente se reconociera sin tener conciencia de estarse reconociendo en él.
. . . . Al poeta, ha escrito el doctor Lacan en algún sitio con desdén, «se lo comen los versos (“les vers: versos/gusanos”)». Es cierto. Aunque no sólo a él. Y lo sabe. Pero ha cometido un pecado imperdonable. No ha guardado intacta «la vieja manera de decir» que no todo puede ser dicho. Por tal razón ha sido si no reducido al ostracismo, por lo menos condenado al silencio, puesto en ridículo. Y os echáis ciegamente en brazos de las «métricas de sustitución»: en los del psicoanálisis, por ejemplo.
. . . . —Yo no.
. . . . —No estaba hablando con usted.
Desaparición (comercial) de la poesía
. . . . —Con todo y eso.
. . . .—Es imposible que un libro de poesía tenga de inmediato muchos lectores. Se necesita tiempo para leerlo. Cada voz de poesía es singular, no es posible que sea completamente aceptable para muchos de manera simultánea, a menos que
. . . . a) se haya convertido en voz del pasado
. . . . b) se haya interpretado mal su sentido
. . . . c) lo sea porque transmite alguna otra cosa (algo que no puede ser dicho en ningún otro sitio, por estar prohibido).
. . . . De lo que resulta que aun cuando el conjunto de libros de poesía estuviera haciendo, globalmente, un buen papel comercial, cada poeta no podría hacerlo de manera individual y la poesía, en consecuencia, seguiría sin adaptarse ala situación actual.
Que la poesía es difícil (fragmento)
[...] La poesía ultracontemporánea presenta aún otra característica, que da origen a una dificultad real, muy distinta de lo que corrientemente se entiende por dificultad (vocabulario, construcciones, formas, presentación, ideas,…): si se toma en consideración lo que representa la memoria, la hipótesis de la memoria implica que la poesía se adelanta a los cambios que se dan en la lengua (el tiempo de la poesía es también un futuro anterior), los anuncia, incluso es posible que participe en su eclosión.
. . . . Puesto que la poesía contiene el futuro de la lengua, la lengua parece rara, insólita, difícil, en la poesía del presente.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra ciertos rasgos propios de su futuro.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra rasgos olvidados de su pasado.
. . . . La poesía preserva el pasado de la lengua en su presente. Da una imagen agustiniana de la lengua.
. . . . La poesía devuelve un sentido olvidado a las palabras de la tribu.
. . . . —Muy elocuente se nos pone usted, así de repente.
Jacques Roubaud
Poesía, etcétera: puesta a punto
Traducción: José Luis del Castillo Jiménez
Hiperión, 1999.
. . . . —La pérdida de rumbo del verso tradicional, el fracaso de su «mantenimiento», el fracaso de sus «modificaciones», el fracaso de su destrucción a manos del verso libre, el de la posterior destrucción del verso libre, la «época de la variedad», el agotamiento de las formas de contar la destrucción de la tradición mediante diferentes formas de memorizar la tradición, cuanto las matemáticas del ritmo ayudan a desentrañar de la poesía llamada «moderna», todas esas cosas están acabando por llevar a una crisis que no es ya sólo crisis de versos: es odio a la poesía, tentación de negar la poesía, de eliminar la poesía.
. . . . Hay un vínculo natural entre, de un lado, la disolución de las relaciones privilegiadas que hace tiempo mantenían verso, prosa y lengua y, de otro, la angustia que reina en lo que respecta a la posibilidad misma de escribir y, ante todo, de escribir poesía.
. . . . El «odio a la poesía», el requerimiento por el que se intima a la poesía a que desaparezca, nacen, en primer lugar, del hundimiento de un sistema de referencias largo tiempo admitido de manera implícita por todo el mundo; en segundo lugar, de la imposibilidad, ya innegable después de más de un siglo de esfuerzos en tal sentido, de encontrar a cambio otro dotado de idéntico rango de muda universalidad, es decir, uno en el que la gente se reconociera sin tener conciencia de estarse reconociendo en él.
. . . . Al poeta, ha escrito el doctor Lacan en algún sitio con desdén, «se lo comen los versos (“les vers: versos/gusanos”)». Es cierto. Aunque no sólo a él. Y lo sabe. Pero ha cometido un pecado imperdonable. No ha guardado intacta «la vieja manera de decir» que no todo puede ser dicho. Por tal razón ha sido si no reducido al ostracismo, por lo menos condenado al silencio, puesto en ridículo. Y os echáis ciegamente en brazos de las «métricas de sustitución»: en los del psicoanálisis, por ejemplo.
. . . . —Yo no.
. . . . —No estaba hablando con usted.
Desaparición (comercial) de la poesía
. . . . —Con todo y eso.
. . . .—Es imposible que un libro de poesía tenga de inmediato muchos lectores. Se necesita tiempo para leerlo. Cada voz de poesía es singular, no es posible que sea completamente aceptable para muchos de manera simultánea, a menos que
. . . . a) se haya convertido en voz del pasado
. . . . b) se haya interpretado mal su sentido
. . . . c) lo sea porque transmite alguna otra cosa (algo que no puede ser dicho en ningún otro sitio, por estar prohibido).
. . . . De lo que resulta que aun cuando el conjunto de libros de poesía estuviera haciendo, globalmente, un buen papel comercial, cada poeta no podría hacerlo de manera individual y la poesía, en consecuencia, seguiría sin adaptarse ala situación actual.
Que la poesía es difícil (fragmento)
[...] La poesía ultracontemporánea presenta aún otra característica, que da origen a una dificultad real, muy distinta de lo que corrientemente se entiende por dificultad (vocabulario, construcciones, formas, presentación, ideas,…): si se toma en consideración lo que representa la memoria, la hipótesis de la memoria implica que la poesía se adelanta a los cambios que se dan en la lengua (el tiempo de la poesía es también un futuro anterior), los anuncia, incluso es posible que participe en su eclosión.
. . . . Puesto que la poesía contiene el futuro de la lengua, la lengua parece rara, insólita, difícil, en la poesía del presente.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra ciertos rasgos propios de su futuro.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra rasgos olvidados de su pasado.
. . . . La poesía preserva el pasado de la lengua en su presente. Da una imagen agustiniana de la lengua.
. . . . La poesía devuelve un sentido olvidado a las palabras de la tribu.
. . . . —Muy elocuente se nos pone usted, así de repente.
Jacques Roubaud
Poesía, etcétera: puesta a punto
Traducción: José Luis del Castillo Jiménez
Hiperión, 1999.
miércoles, diciembre 28, 2011
Clásicos selecta (2000-2010)
Clásicos selecta (2000-2010)
Inti García Santamaría
Montevideo, Uruguay:
La Propia Cartonera, 2011.
Descarga el PDF aquí:
http://es.scribd.com/doc/168380146/Cla%CC%81sicos-selecta
miércoles, diciembre 21, 2011
Dos poemas de Alfonso D'Aquino
.
El cosmógrafo
...y esto, en cambio, sucede por una acentuación
del pensamiento...
G. M. Hopkins
Estaba viendo las estrellas la otra noche
y era como si estuviera viendo las estrellas otra noche
mentalmente me veía mirarlas
y también podía verme mirándome verlas
Me recuerdo mirando las estrellas me decía
y ya recordaba que otra vez las veía
Desde un vidrio me veo y en otro me reflejo
y miro que me miro
y también imagino que una estrella distinta
de pronto se refleja de este lado del libro
Y en cada vidrio que veo un reflejo distinto
de mí mismo se parte y me extravía...
(blue sapphire)
Piedra de las cuatro casas
cada una dentro de la otra a la distancia
en la perspectiva que se prolonga de un cuarto a otro
a lo largo de distintas ventanas
Una casa de tierra una casa lejana una casa de piedra
con el techo de cielo y una casa de aire suspendida en las ramas
o simplemente las distintas caras del azul
si la piedra se mueve o cambia la luz
La blanquísima casa entre las nubes
Xochicaltitla número cincuenta oculta en Coyoacán
el lugar donde abundan las flores
la casa llena de muchachas descalzas
En el callejón empedrado como un sueño
cada casa con su árbol y su loco encadenado
azul bajo cualquier luz
cada perro su fantasma como un hueso
Ya mi primer recuerdo fue verme viendo flores
una maceta de geranios enfrente de los ojos
la circulación de las formas en los reflejos del ventanal
la húmeda huella de unos pies en los mosaicos rojos
Vidrio nublado en el silencio añil
mientras en un rincón del jardín el trueno se cubría de gusanos
en el muro de la yerba santa
unas enormes manchas de humedad me llenaban de desasosiego
Prismas perfectos de una claridad que me ciega
la turbia y al mismo tiempo pura
intensidad de las luces interiores de la piedra
–como niebla azulosa tras un vidrio sin nadie
Frente a la opacidad de los cuerpos enfermos
la música como una forma casi tangible de la felicidad
el jardín con todos sus encantos abiertos y velados
y los libros siempre tantos iluminados y secretos
En su cuarto en penumbra al mediodía
me veo leerle a Pita moribunda
ininteligibles fragmentos del Inferno
que ella en su lúcida somnolencia escuchaba en silencio
Signos producidos por el tacto que recorre la piedra
audibles signos toco sus colores internos
sordas notas huecas la pureza del rojo la profundidad del verde
terciopelo del tacto enamorado de una gema
Hay una casa alojada en mi cabeza
hay una casa a la que sólo vuelvo en sueños
hay una casa a la que nunca he vuelto en sueños
hay una casa de la que no he salido
Carretera Federal a Cuernavaca seis cero seis cero
en el jardín abandonado el liquidámbar siempre verde
lo regué durante trece años cada día
porque entre sus raíces crecía un muerto
Sombras en los vidrios de Tlalpan a mi paso
sombras en San Fernando y sus calles cubiertas de flores de jacaranda
sombras sin principio ni fin dando vuelta en las esquinas de mi mente
sombras por flores en el mercado de las flores
Y gatos infinidad de gatos en los árboles y las escaleras
abejas y tortugas y aquel ave de azoro que soltamos
y una perra tras otra
y varios otros animales bajo tierra
La imaginaba pintada de un azul tan tenue
que en las tardes se confundiera con el color del cielo
lluvia hasta dentro de los libros de la ropa y de los huesos
y por momentos azulosa simplemente desapareciera
Ácida lucidez de mi letrada soledad
iba gestando entre las húmedas paredes y los vidrios ardientes
debajo de las piedras y los forros amarillos
un hongo negro
El azul se descubre por sí solo
como la estrella que oculta el cuerpo fragmentado y repartido
una parte en cada pieza de la casa
y una parte que siempre está perdida
Paso un dedo por la pulida superficie de la piedra
y no puedo dejar de sentir que me acaricia
como una carne tibia con todas las tonalidades del azul
la tersura de su tacto sube por mi mano sin prisa
Y entre las huellas de mis dedos y la piel del cristal
despierta otro sentido
como la música silenciosa que brota de mi mano
al contacto de este fragmento de cuerpo azul endrino
Cesó la lluvia brilla el aire
si no fuera imposible hablar de la divina claridad de la casa de espejos
que al menos mis palabras transparenten
esta tinta inconcebible que corre por mis dedos
Líneas de interferencia cristalina
muestran cada vez una estrella distinta
plaque tournante de las otras casas vividas
series de corredores escaleras tejados y vitrinas
Aquí en los Montes aprendí finalmente a deletrear los astros
a palpar la mínima distancia entre una cara y sus reflejos
en el bosque de niebla los árboles se esfuman en el aire
y a dejar de saludar al fin aun a aquellos que conocí de lejos
Frente al cuarto vacío
el fondo de la alberca se ha cubierto de hojas de encino
y en sus paredes deslavadas crecen inquietantes manchas
como si todo hablara de la extinción del bosque en cada signo
Acechante pupila montada en oro viejo verdecido
intensamente azul genciana sigue desde la mesa mis gestos y sigilos
entre copas vacías y espirales de polvo
imagen previa de la luz en los otros sentidos
Cuerpo de gloria desmembrado en gemas
a partir del mínimo fragmento me deja vislumbrar
desde el centro de la asteria que me guía
hacia adentro de la piedra todo el cuerpo repartido
Hay una casa que desaloja mi cabeza
hay otra casa a la que nunca he vuelto en sueños
hay otra casa a la que aún no he entrado
hay otra casa de la que nunca habré salido
Constelación de objetos a la espera
de la oscuridad en la que se despojarán de su apariencia
y ya sólo el tacto quedará para reconocerlos
las huellas aptas para tocar la música de las piedras
A través del ventanal me veo desde el jardín
reflejado en las ventanas de mis ojos entrar en otra casa
profunda y luminosa como son las casas en los sueños
donde siempre se abre inesperadamente un cuarto nuevo
Y en la huella que se desvanecía sobre el mosaico rojo
me vi dejar la merada huella de mis labios en el sueño
y al fondo de la gema brillar en el reflejo de mi frente
como un volcán diminuto otro triángulo luminoso
El lento movimiento circular del dedo en el zafiro
expande la sensación del roce hasta las circunvoluciones de mi cerebro
y cada giro me acerca al mismo tiempo que enerva cada surco
al punto iluminado que se desprende de mi mano más allá de mí mismo
Ven... entra... ven... no hay nadie dentro...
entra... y no habrá nadie...
Alfonso D'Aquino
Astro labio
Libros Magenta, 2011.
Etiquetas:
Alfonso D'Aquino,
México
miércoles, diciembre 14, 2011
Cuatro poemas de Hugo Padeletti
.
YA NO VOY A OCUPARME
de la flor del ciruelo,
de la lluvia que cae en el jardín,
de las hojas de jade que palpitan
en el agua de jade.
Me quedo con la impávida ventura
de la taza de té,
con la fresca humedad
de la camelia dibujada.
Ayer es un ciruelo lancinante,
una lluvia que cala el corazón,
un deslumbramiento de jade
que fluye, irreparable,
por el río de jade.
Me vuelvo hacia las formas impasibles
de las flores antiguas del papel,
al amor temperado del laúd,
a la rama de incienso de los clásicos.
SE DICE QUE LAS SOMBRAS DEL HINOJO
cuando se ven de pronto, sobre un lecho
de lajas, figuran el futuro.
La lectura es oscura. Sólo el ojo
que nada espera
ve lo que le espera. Ve la primavera
salpicada de rojo, ve el verano
del piojo y el ratón
–sin goce y sin enojo–, ve el otoño
que desnuda su hueso y, en el beso
de mármol del invierno,
su epitafio, su infierno.
EL ARBOL DE LA CULPA
5
¿Nadie sabe qué es
. . . . el helecho,
este milagro que respira?
¿Nadie sabe qué es
. . . . el gorrión,
que salta en el suelo y se va,
. . . . que vuela en el cielo?
¿Nadie sabe qué es este momento
. . . . de aire como miel,
que ya no es este momento?
Nadie sabe qué es
. . . . el corazón que late,
el tiempo que late y combate
. . . . y los grandes espacios
abiertos, que palpitan.
7
. . De escogidas, profundas, solitarias
. . . . . palabras he vivido. De los bardos
. . . . . . . . . . . del mundo, las movientes
palabras solitarias.
. . . . . . . . ¿Así podría morir?
Cuando cae la carne de las grandes
. . . . . palabras solitarias,
. . . . . . . . . . . cuando cae la carne
de los frutos –oh carne–
. . . . . . . . estoy adentro.
Hugo Padeletti
El Andariego. Poemas 1944 1980
Fondo de Cultura Económica, 2007.
YA NO VOY A OCUPARME
de la flor del ciruelo,
de la lluvia que cae en el jardín,
de las hojas de jade que palpitan
en el agua de jade.
Me quedo con la impávida ventura
de la taza de té,
con la fresca humedad
de la camelia dibujada.
Ayer es un ciruelo lancinante,
una lluvia que cala el corazón,
un deslumbramiento de jade
que fluye, irreparable,
por el río de jade.
Me vuelvo hacia las formas impasibles
de las flores antiguas del papel,
al amor temperado del laúd,
a la rama de incienso de los clásicos.
SE DICE QUE LAS SOMBRAS DEL HINOJO
cuando se ven de pronto, sobre un lecho
de lajas, figuran el futuro.
La lectura es oscura. Sólo el ojo
que nada espera
ve lo que le espera. Ve la primavera
salpicada de rojo, ve el verano
del piojo y el ratón
–sin goce y sin enojo–, ve el otoño
que desnuda su hueso y, en el beso
de mármol del invierno,
su epitafio, su infierno.
EL ARBOL DE LA CULPA
5
¿Nadie sabe qué es
. . . . el helecho,
este milagro que respira?
¿Nadie sabe qué es
. . . . el gorrión,
que salta en el suelo y se va,
. . . . que vuela en el cielo?
¿Nadie sabe qué es este momento
. . . . de aire como miel,
que ya no es este momento?
Nadie sabe qué es
. . . . el corazón que late,
el tiempo que late y combate
. . . . y los grandes espacios
abiertos, que palpitan.
7
. . De escogidas, profundas, solitarias
. . . . . palabras he vivido. De los bardos
. . . . . . . . . . . del mundo, las movientes
palabras solitarias.
. . . . . . . . ¿Así podría morir?
Cuando cae la carne de las grandes
. . . . . palabras solitarias,
. . . . . . . . . . . cuando cae la carne
de los frutos –oh carne–
. . . . . . . . estoy adentro.
Hugo Padeletti
El Andariego. Poemas 1944 1980
Fondo de Cultura Económica, 2007.
miércoles, diciembre 07, 2011
Tres poemas de Ángel Ortuño
.
CelajeUso ciertas palabras
por prescripción
médica.
Sufrí envenenamiento con magnesio.
Pero otras, en cambio, las profiero sin tener ni siquiera
la sombra de un objeto, de un árbol.
Cipreses, por ejemplo, hacia los cementerios
enlosados de mármol
donde los muertos vivos
juegan a ser banqueros y no comen paté
sino cerebros.
Luego termina todo sin motivo ninguno.
El ulular, el ruido de los radios
pleno de interferencia.
In anima vili
Altos estudios, pipas
de kif, tambores
para el empalamiento. La antropóloga
era tan solo eso. Lo sabíamos
todos,
incluso quien nos dijo que en Japón
se filmaban películas
donde se hería la lengua de las protagonistas.
Aunque aquí no podíamos
saber si la antropóloga seguía teniendo lengua.
No era
ni remotamente
japonesa.
Robert Johnson
Una mujer de corazón tan tierno.
Un whisky envenenado.
Nadie dijo: ahí
como un perro rabioso vendrá mi Redentor
a reírse de mí:
¿Aceptó que vendieras
lo que nunca tuviste?
¿Dónde queda ese cruce de caminos?
Tú escupías espuma.
Él era alto y blanco.
Ángel Ortuño
Mecanismos discretos
Mano Santa, 2011.
Lectura en línea del libro completo:
http://issuu.com/luisfernandoortega/docs/ortuno
lunes, noviembre 28, 2011
Patria mía (fragmentos)
Las enfermedades de las letras norteamericanas son, principalmente, la podredumbre y la revistitis.
. . . Hay enfermedades menores; en poesía, por ejemplo, existen ciertas viruelas:
. . . Hay la «escuela de la virilidad», o «sangre roja»; parece imaginar que el hombre se diferencia de los animales inferiores por la posesión del falo. Sus obras parecen folletos de Sandow.
. . . Hay la «escuela despampanante» que sigue lo peor de las obras de Kipling y Swinburne. Parecería que sus metas son nombrar el mayor número posible de constelaciones, abrumándolas con el mayor número posible de adjetivos polisílabos, apropiados o impropios.
. . . Está la escuela sociológica, que utiliza versos débiles para repetir las ideas que expresó la prosa de las revistas del año pasado.
. . . Bajo un estandarte similiar se encuentran los post-whitmanianos.
. . . Pero Whitman no era un artista, sino un reflejo; en una época de letras parecidas al papier-maché, el primer reflejo honesto. Representó a la época y a la gente (de 1860-80); esto es –tal vez– lo más ofensivo que puede decirse de ambos.
. . . Sus «seguidores» no van más allá del plagio de sus defectos estilísticos. No tienen presente que un reflejo honesto en 1912 arrojará destellos radicalmente diferentes de los que lanzó el reflejo de 1865.
. . . Los pies de estos chapoteadores nadan en la escuela de la «producción normal», es decir, todos aquellos que fatigan las páginas con sentimientos domésticos, agradables e inofensivamente versificados.
. . . Y sobre todo esto se encarama el abultado moho de nuestras «mejores revistas».
. . . No se trata aquí de la ignorancia o la indiferencia popular, sino de los pseudo-artistas y del sistema de control editorial. Las artes pueden prosperar aun en los tiempos de más densa ignorancia popular. Pueden prosperar, supongo, a pesar de todos los falsos sacerdotes y productores de imitaciones comerciales, pero en este último caso la nación no será conciente de la existencia del arte vivo, y la estafa proseguirá.
. . . El artista serio no juega con la ley de la oferta y la demanda. Es como el químico que experimenta, con 40 resultados inútiles, una impagada pérdida de tiempo, y cuyo experimento número cuarenta y uno, o cuatrocientos uno, produce la maravilla susceptible de pasar a la posteridad. El comerciante debe dejar sus experimentos y descubrimientos, limitándose a la producción de aquello que tiene una demanda, o a la venta de sus chapucerías; ambas posibilidades son tan nocivas para el artista como lo serían para el hombre de ciencia.
. . . Hay enfermedades menores; en poesía, por ejemplo, existen ciertas viruelas:
. . . Hay la «escuela de la virilidad», o «sangre roja»; parece imaginar que el hombre se diferencia de los animales inferiores por la posesión del falo. Sus obras parecen folletos de Sandow.
. . . Hay la «escuela despampanante» que sigue lo peor de las obras de Kipling y Swinburne. Parecería que sus metas son nombrar el mayor número posible de constelaciones, abrumándolas con el mayor número posible de adjetivos polisílabos, apropiados o impropios.
. . . Está la escuela sociológica, que utiliza versos débiles para repetir las ideas que expresó la prosa de las revistas del año pasado.
. . . Bajo un estandarte similiar se encuentran los post-whitmanianos.
. . . Pero Whitman no era un artista, sino un reflejo; en una época de letras parecidas al papier-maché, el primer reflejo honesto. Representó a la época y a la gente (de 1860-80); esto es –tal vez– lo más ofensivo que puede decirse de ambos.
. . . Sus «seguidores» no van más allá del plagio de sus defectos estilísticos. No tienen presente que un reflejo honesto en 1912 arrojará destellos radicalmente diferentes de los que lanzó el reflejo de 1865.
. . . Los pies de estos chapoteadores nadan en la escuela de la «producción normal», es decir, todos aquellos que fatigan las páginas con sentimientos domésticos, agradables e inofensivamente versificados.
. . . Y sobre todo esto se encarama el abultado moho de nuestras «mejores revistas».
. . . No se trata aquí de la ignorancia o la indiferencia popular, sino de los pseudo-artistas y del sistema de control editorial. Las artes pueden prosperar aun en los tiempos de más densa ignorancia popular. Pueden prosperar, supongo, a pesar de todos los falsos sacerdotes y productores de imitaciones comerciales, pero en este último caso la nación no será conciente de la existencia del arte vivo, y la estafa proseguirá.
. . . El artista serio no juega con la ley de la oferta y la demanda. Es como el químico que experimenta, con 40 resultados inútiles, una impagada pérdida de tiempo, y cuyo experimento número cuarenta y uno, o cuatrocientos uno, produce la maravilla susceptible de pasar a la posteridad. El comerciante debe dejar sus experimentos y descubrimientos, limitándose a la producción de aquello que tiene una demanda, o a la venta de sus chapucerías; ambas posibilidades son tan nocivas para el artista como lo serían para el hombre de ciencia.
[...]
Es verdad conocida que el año de gracia de 1870 Jehová se les apareció a los señores Harper & Co. y a los editores de The Century, The Atlantic, y ciertas otras revistas, diciendo: «El estilo de 1870 es la revelación divina y final. Mantengan siempre las cosas en el estado en que se encuentran ahora.»
. . . Y ellos, como hombres temerosos de Dios que eran, obedecieron las palabras del Todopoderoso, con lo que un gran honor y crédito descendió sobre ellos, pues tenían una garantía divina. Y si no me creen, abran un número Harpers, correspondiente a 1888 y otro de 1908. Les desafío a encontrar más diferencia que la fecha.
[...]
Cuando un joven norteamericano, con instinto y entraña de poeta, empieza a escribir, no hay quien le diga: «¡Escribe exactamente aquello que sientes y quieres decir! Dilo con la mayor concisión y evita toda trampa ornamental. Aprende todo el oficio posible a través de un contacto directo con los maestros, y no hagas caso a las sugerencias de aquellos que no hayan producido una obra poética notable. De vez en cuando ponte a pensar (como los aconsejara Longino) sobre lo que tal o cual maestro hubiera pensado de tus versos.»
. . . Por el contrario, el joven recibe de los editores misivas como la siguiente: «Estimado señor..., su obra, etc., es muy interesante, etc., pero deberá usted mostrar mayor preocupación por la forma convencional, si es que quiere llegar a ser un éxito comercial.»
. . . Esto llega del señor Tiddlekins, que siente afecto por uno. Ha sido enviado de buena fe. Y nada celestial o terreno logrará que el señor T. vea el asunto desde un ángulo que no sea el suyo. Fue formado en el respeto por las modas del siglo XVIII. Nunca ha meditado sobre un aspecto fundamental del arte o de la estética. Se le ha enseñado que hay una moda buena. Es ubicuo. (Hay un hombre que aprendió 1890 en vez de 1870, pero está igualmente estancado.)
[...]
No basta que el artista sea impetuoso, debe saber qué es lo que ya ha sido hecho y qué queda por hacer. No debe ser como el muchacho campesino que pasó su juventud inventando maquinaria agrícola, y al salir de su tierra descubrió que sus máquinas habían sido inventadas y patentadas mucho antes que el naciera.
Ezra Pound
Patria mía
Traducción: Mirko Lauer
Tusquets, 1971.
Etiquetas:
Estados Unidos,
Ezra Pound
lunes, noviembre 21, 2011
Un bárbaro en China (fragmento)
.
La poesía china es tan delicada que no encuentra jamás una idea (en el sentido europeo de la palabra).
. . . .Un poema chino es intraducible. Ni en la pintura, ni en la poesía, ni en el teatro, hay esa voluptuosidad cálida, espesa, de los europeos. En un poema, indica, y los rasgos que indica no son los más importantes, no tienen una evidencia alucinante, la evitan, y ni siquiera la sugieren, como suele decirse. Más bien, se deduce de ellos el paisaje y su atmósfera.
. . . .Cuando Li Po nos dice cosas aparentemente fáciles como esto, que es un tercio del poema:
. . . . . . . . . ..Azul es el agua y clara la luna de otoño
. . . . . . . . . ..Recogemos en el lago del sur lirios blancos
. . . . . . . . . ..Parecen suspirar de amor
. . . . . . . . . ..y llenan de melancolía el corazón del hombre en la barca.
hay que empezar diciendo que el golpe de vista del pintor es tan común en China que, sin ninguna otra indicación, el lector ve de manera satisfactoria, se regocija, y con toda naturalidad puede dibujar con el pincel el cuadro en cuestión. Un ejemplo antiguo de esa facultad es el siguiente:
. . . .Hacia el siglo XVI, no sé bajo qué emperador, la policía china ordenaba a sus inspectores que dibujaran subrepticiamente el retrato de cada extranjero que entraba en el Imperio. Diez años después de haber visto ese único retrato el policía lo reconocía. Más aun, si se cometía un crimen y el asesino huía, había siempre alguien en la vecindad que podía hacer de memoria el retrato del cual se tiraban muchos ejemplares, que se enviaban a la carrera por las grandes rutas del Imperio. Acorralado por sus retratos, el asesino acababa por entregarse al juez.
. . . .Y después de todo, ¿qué contienen en francés esos cuatro versos de Li Po? Una escena.
. . . .Pero en chino, contienen unas treinta: son un bazar, son un cinematógrafo, son un gran cuadro. Cada palabra es un paisaje, un conjunto de signos cuyos elementos, hasta en el poema más breve, promueven un sin fin de alusiones. Un poema chino es siempre demasiado largo, es tan repleto, tan realmente halagador y tan erizado de comparaciones.
. . . .En la palabra azul (Spirit of Chinese Poetry, de V.W.W. S. Purcell), está el signo de partir leña y el del agua, sin contar el de la seda. En la palabra claro, la luna y el sol a la vez. En la palabra otoño, el fuego y el trigo, etcétera.
. . . .De modo que al cabo de tres versos, hay una afluencia tal de aproximaciones y de refinamientos que uno queda maravillado.
. . . .Este encanto se produce por equilibrio y armonía, estado que el chino gusta por sobre todas las cosas, y en el que encuentra una especia de paraíso.
. . . .Este sentimiento, más opuesto a la paz exaltada de los hindúes que a la nerviosidad y a la acción europeas, sólo se encuentra en las razas amarillas.
Henri Michaux
Un bárbaro en Asia
Traducción: Jorge Luis Borges
Tusquets, 2001.
lunes, noviembre 14, 2011
Viva voz de vida (fragmentos)
.
La pasión que Maximilián Voloshin sentía por la creación de mitos se extendió hasta mí.
. . . . —¡Marina! ¡A ti te perjudica tu abundancia! Tienes material para más de diez poetas – y todos – ¡extraordinarios!... ¿No te gustaría (voz zalamera), por ejemplo, publicar con pseudónimo tus poemas sobre Rusia, aunque el pseudónimo fuera, digamos... Petujov? Verías como (encendiéndose) al cabo de diez días toda Moscú y todo Petersburgo los conocerían de memoria. Briúsov escribiría un artículo. Yablonovski escribiría un artículo. Y yo escribiría el prólogo. Pero tú nunca (el dedo levantado, los ojos encendidos), nunca dirás que eres tú, Marina (suplicante), ¡si supieras cuán formidable será! Briúsov, por ejemplo, no parará de chincharte con los versos de Petujov: «Si usted, señora Tsvietáieva, en vez de cantarle a sus propios ojos verdes, se volviera a los verdes campos de su país como hace el señor Petujov que también tiene diecisiete años...» Petujov se convertiría en tu bête noire, Marina, te atormentarán con él, Marina, pero tú ya nunca – ¿entiendes? ¡Nunca! – podrás volver a escribir nada sobre Rusia con tu nombre, de Rusia sólo escribirá Petujov, – Marina, ¡acabarás por odiar a Petujov! Y después (ya de plano atragantándose) – ¡no! ¿por qué después? Ahora mismo, junto con Petujov, crearemos otro poeta – ¿poetisa o poeta? – una poetisa y un poeta, serán gemelos, los Kriúkovy, digamos, un hermano y una hermana. Crearemos algo que no ha existido todavía, unos gemelos geniales. Serán ellos los autores de tus poesías románticas.
. . . . —¡Max! – ¿y a mí qué me quedará?
. . . . —¿A ti? Todo, Marina. ¡Todo lo que todavía serás!
. . . . ¡Cómo me rogaba! ¡Cómo me seducía! ¡De qué manera tan cautivadora pintaba el anonimato de esa gloria, la gloria de ese anonimato!
. . . . —Tú serás como aquel monarca, Marina, en cuyos dominios nunca se ponía el sol. En la poesía rusa no quedará nadie que no seas tú. Con tu Petujov y tus gemelos les sobrevivirás a todos, Marina, a Ajmátova, a Gumiliov, a Kuzmín...
. . . . —¡Y a ti, Max!
. . . . —Y a mí, por supuesto. De nosotros no quedará nada.
. . . . Tú serás – todos, tú serás – todo. Y (los ojos en blanco, en la voz – la sordina) tampoco quedarás tú. Tú serás – esos.
. . . .Pero la pasión mitocreadora de Max se estrelló de forma funesta contra la roca de mi germana honestidad protestante, con ese nefasto orgullo que me hace firmar cuanto escribo. Y... ¡qué buen poeta habría sido Petujov! Y... ¡hasta el día de hoy lloro aquellos gemelos poéticos!
[...]
Coexistencia de dos poetas – igualdad de un ilustre con un desconocido. Yo misma soy un ejemplo vivo, ya que nadie nunca tuvo una actitud de tanta atención y culto hacia mis poesías llamadas maduras, como Maximilán Voloshin a sus treinta y seis años, por mí a mis dieciséis. La gente sólo se comporta así con lo patentado, que para ellos es – por la mayoría de voces por la fama – incuestionable. Nunca y en nada M.V. me hizo sentir las prerrogativas de su experiencia, por no hablar de su nombre. Me amaba también por mis fracasos. Como a quien había sido alguien. Nada de un maître (¡y eran tiempos de maestrear!), y todo de un igual. Puedo decir que amaba la poesía como yo – como si él nunca la hubiera escrito, con toda la fuerza de un amor desesperado por una fuerza inaccesible. Y, al mismo tiempo, escuchaba cualquier buen poema como si fuera suyo. Cualquier buen verso era para él un regalo personal, como para quien ama la naturaleza – un rayo de sol. («Todo eso fue, fue, fue» – y a qué punto ese fue es más grande que el es, ¡más significativo! ¡A qué punto es – es para siempre! ¡A qué punto punto fue – ¡ha dejado de ser!) Me acuerdo sólo de una, de una sola correción, intento de corrección – en todo el voluminoso Álbum vespertino al mero principio de nuestra amistad:
. . . . . . . . . . . . . . . Y con un suspiro, entre negras patas,
. . . . . . . . . . . . . . . quemaremos, tristes, nuestras naves...
. . . . —¿No le parece, Marina (una pausa, los ojos expectantes)... Ivánovna, que es un poco difícil – y retorcido – eso de quemar las naves – entre negras patas? ¿Que para eso – entre las patas – hay poco espacio? Aunque, no cabe duda de que son de oso, es decir, fuertes, apretadoras. Digamos que las naves se acostumbra a quemarlas en el mar, y aquí – unas patas de oso – es obvio – el bosque, espeso. Es difícil suponer que un oso se hubiera instalado con usted a la orilla del mar donde – justo en ese momento – estuvieran ardiendo sus naves.
. . . . Así se me quedó grabado: la orilla desierta de Koktebel, en ella un oso, es decir, Max, está conmigo, y justo en ese momento, en la playa – para que sea más cómodo –, una flotilla en llamas.
Marina Tsvietáieva
Viva voz de vida
Traducción: Selma Ancira
Editorial Minúscula, 2008.
lunes, noviembre 07, 2011
Sobre la lectura (fragmento)
.
El año pasado conocí a un joven analfabeta de unos veinte años; hay más analfabetas en Kentucky que en cualquier otra parte del mundo, con la posible excepción de Filipinas y Haití. El horror de este predicamento fue lo primero que me impresionó, porque era su analfabetismo lo que le impedía conseguir trabajo, y en segundo lugar por la venda que éste le imponía a su imaginación. También comprendí mejor que nunca lo que es un texto y cómo un texto puede cumplirse sólo en la imaginación, cómo meras palabras, que se han usado una y otra vez con otros propósitos y en otros contextos, pueden ser ordenadas por, digamos, un Julio Verne, hasta el punto de ser descifradas como una narración de intricada textura y color espléndidos, de significados y valores precisos. En la época en que se sucedieron las visitas inoportunas del analfabeta (estaba tratando de ayudarlo a encontrar trabajo) estaba leyendo Les enfants du capitaine Grant de Verne, un libro de geografía ingeniosamente disfrazado de cuento de aventuras para niños franceses, una obra en dos fornidos volúmenes. Nunca antes he sentido cuán afortunado y privilegiado soy, no tanto por saber leer, un estado de gracia que bajo diferentes circunstancias podría desperdiciarse en la interpretación de formularios fiscales o manuales jurídicos, sino por estar en condiciones, de vez en vez, de salir de mí mismo por completo, de estar en otro lado, entre otras mentes, y regresar (al poner mi libro a un lado) renovado y fresco.
. . . . Porque para lo que sirve realmente la lectura imaginativa es para supender los trabajos de la propia mente y darle paso a otra sensibilidad; en un sentido literal, rendirse uno mismo a Henry James o Conrad o Ausonio, a Yuri Olyesha, Basho y Plutarco.
. . . . La mente es un órgano que se autoconsume y es presa de sí mismo. Es un órgano para poner adentro lo que está afuera. Una avispa tiene un ganglio nervioso muy simple por cerebro, un receptor para el color, el olor y las distancias. Es muy probable que una avispa no piense para nada, y si pudiera escribir, todo lo que tendría que decir estaría relacionado con el delicioso olor de las avispas hembras y las peras fermentadas, las hexagonalidades de varios materiales (la fibra de la madera, el papel) en la arquitectura de los nidos, con algunas observaciones tal vez sobre los azimuts (para los jóvenes). Los ángeles, para desplazarnos al otro polo del ser, escribirían de historia y acusaciones solamente, y si Satán hubiera escrito sus memorias, éstas se parecerían a las de Frank Harris, ¿y quién querría leerlas?
Guy Davenport
¿Qué son las revoluciones? Y otros ensayos sobre arte y literatura
Traducción y prefacio: Gabriel Bernal Granados
Libros Magenta, 2008.
viernes, octubre 28, 2011
Cuatro poetas indígenas de Estados Unidos
.
Sin título
Para mi padre, que vivía sin ceremonias
Es difícil, sabes, sin los bisontes,
el chamán, la flecha,
pero mi padre salía todos los días a cazar
como si los tuviera.
Trabajaba en los corrales de ganado,
toda su vida nos traía carne.
Nadie marcó su primera matanza,
nadie cantó su canción del bisonte.
Sin ilusión había migrado a la ciudad
y fue a trabajar en la empresa empacadora.
Cuando traía a casa tarros y cueros
mi madre le decía, bótalos.
Recuerdo las huellas de animales que dejaba su viejo coche
que retrocedía por la entrada de la casa con nieve y lodo,
la antena que ondulaba como una cuerda de arco.
Recuerdo el silencio de su poder perdido,
el bisonte rojo pintado en el pecho.
Oh, no podía verlo pero estaba allí,
y por la noche escuchaba
como un ronquido sus gemidos de bisonte.
Salvaje
Esto no es el caballo. Es el poema,
aunque vocifere a su hermana,
aunque camine por la tierra
queriendo alfalfa y otras hierbas crecidas
y sea salvaje con su rebaño,
hable de una forma que la mente
no puede oír
para que otra parte del ser humano
traduzca este animal en América,
la deseada pareja de una mujer
o un hombre, que conozca las manadas de bisontes,
la pérdida de la creación, los desaparecidos
que no pueden volver,
y así anhele ser esta
traducción
de la vida a la primera luz de la mañana
en las hierbas crecidas de la pradera,
las cimas desde donde ve
que no hay libertad aquí, ya no
más en la historia del mustang,
en el idioma que inquiere, ¿qué sabes
de este mundo, te acuerdas
de lo salvaje, el idioma olvidado?
¿Puedes invocarlo todavía?
La falla de ciertos encantos
La oscuridad surge de la memoria
de los cuervos, boquea hacia el oeste,
el violeta otoñal al atardecer.
Piedra ama a Muchacha de las Fresas.
Escucho su voz cuando la
recoge en la moto detrás
de la casa roja, así que conoce mi
sueño de su aroma
en el viento de White Earth.
También sabe que llevo demasiadas
memorias musicales
a las puertas del cementerio
bajo los pinos.
Soy así.
Estoy detrás de Piedra,
una flauta distante entre los gestos
y las sombras.
Muchacha de las Fresas ama a Piedra
y la noche hace girar
una canción, un aroma
tras otro.
Las cascadas Whatcom
Hace cuatro años que no veo a mi padre
y aquí estamos, asimilando el caos
como un par de turistas que más adelante
comprarán espléndidas postales con salmones
boca arriba y destripados a lo largo del muelle.
Es todavía bien parecido, mi padre, todavía fuma
cigarros sin filtro, año tras año
el alquitrán florece como malos chistes
en sus pulmones oscuros. Yo rezaba por él
antes de que el rezo se volviera inútil como esos pescados
cuyos cuerpos jugosos son echados en tumbas
imprecisas. Dentro de un año querré
más tiempo. Desearé la redención,
pero, me imagino, sólo los fantasmas se alzarán.
En esa roja nación. Poesía indígena estadounidense contemporánea
Selección y traducción: Katherina M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
La Cabra, 2011.
el chamán, la flecha,
pero mi padre salía todos los días a cazar
como si los tuviera.
Trabajaba en los corrales de ganado,
toda su vida nos traía carne.
Nadie marcó su primera matanza,
nadie cantó su canción del bisonte.
Sin ilusión había migrado a la ciudad
y fue a trabajar en la empresa empacadora.
Cuando traía a casa tarros y cueros
mi madre le decía, bótalos.
Recuerdo las huellas de animales que dejaba su viejo coche
que retrocedía por la entrada de la casa con nieve y lodo,
la antena que ondulaba como una cuerda de arco.
Recuerdo el silencio de su poder perdido,
el bisonte rojo pintado en el pecho.
Oh, no podía verlo pero estaba allí,
y por la noche escuchaba
como un ronquido sus gemidos de bisonte.
(Diane Glancy)
Salvaje
Esto no es el caballo. Es el poema,
aunque vocifere a su hermana,
aunque camine por la tierra
queriendo alfalfa y otras hierbas crecidas
y sea salvaje con su rebaño,
hable de una forma que la mente
no puede oír
para que otra parte del ser humano
traduzca este animal en América,
la deseada pareja de una mujer
o un hombre, que conozca las manadas de bisontes,
la pérdida de la creación, los desaparecidos
que no pueden volver,
y así anhele ser esta
traducción
de la vida a la primera luz de la mañana
en las hierbas crecidas de la pradera,
las cimas desde donde ve
que no hay libertad aquí, ya no
más en la historia del mustang,
en el idioma que inquiere, ¿qué sabes
de este mundo, te acuerdas
de lo salvaje, el idioma olvidado?
¿Puedes invocarlo todavía?
(Linda Hogan)
La falla de ciertos encantos
La oscuridad surge de la memoria
de los cuervos, boquea hacia el oeste,
el violeta otoñal al atardecer.
Piedra ama a Muchacha de las Fresas.
Escucho su voz cuando la
recoge en la moto detrás
de la casa roja, así que conoce mi
sueño de su aroma
en el viento de White Earth.
También sabe que llevo demasiadas
memorias musicales
a las puertas del cementerio
bajo los pinos.
Soy así.
Estoy detrás de Piedra,
una flauta distante entre los gestos
y las sombras.
Muchacha de las Fresas ama a Piedra
y la noche hace girar
una canción, un aroma
tras otro.
(Gordon Henry Jr.)
Las cascadas Whatcom
Hace cuatro años que no veo a mi padre
y aquí estamos, asimilando el caos
como un par de turistas que más adelante
comprarán espléndidas postales con salmones
boca arriba y destripados a lo largo del muelle.
Es todavía bien parecido, mi padre, todavía fuma
cigarros sin filtro, año tras año
el alquitrán florece como malos chistes
en sus pulmones oscuros. Yo rezaba por él
antes de que el rezo se volviera inútil como esos pescados
cuyos cuerpos jugosos son echados en tumbas
imprecisas. Dentro de un año querré
más tiempo. Desearé la redención,
pero, me imagino, sólo los fantasmas se alzarán.
(Tiffany Midge)
En esa roja nación. Poesía indígena estadounidense contemporánea
Selección y traducción: Katherina M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
La Cabra, 2011.
viernes, octubre 21, 2011
Dos poemas de Jacques Prévert
.
Paris at night
Tres cerillas de una en una encendidas en la noche
La primera para ver tu rostro entero
La segunda para ver tus ojos
La última para ver tu boca
Y la oscuridad total para recordar todo eso
Al estrecharte entre mis brazos.
Canción del carcelero
Adónde vas buen carcelero
Con esa llave manchada de sangre
Voy a liberar a mi amada
Si todavía hay tiempo
La misma que yo encerré
Tiernamente cruelmente
En lo más recóndito de mi deseo
En lo más profundo de mi tormento
En las mentiras del futuro
En las tonterías de los juramentos
Quiero liberarla
Quiero que sea libre
Aun para olvidarme
Aun para marcharse
Y aun para volver
Y volver a amarme
O para amar a otro
Si otro le gusta
Y si me quedo solo
Y ella se va
Conservaré tan solo
Siempre conservaré
En el hueco de mis manos
Hasta el fin de los días
La dulzura de sus senos por el amor modelados.
Jacques Prévert
Traducción: Federico Gorbea
Love
Varios autores.
Lumen, 2005.
Paris at night
Tres cerillas de una en una encendidas en la noche
La primera para ver tu rostro entero
La segunda para ver tus ojos
La última para ver tu boca
Y la oscuridad total para recordar todo eso
Al estrecharte entre mis brazos.
Canción del carcelero
Adónde vas buen carcelero
Con esa llave manchada de sangre
Voy a liberar a mi amada
Si todavía hay tiempo
La misma que yo encerré
Tiernamente cruelmente
En lo más recóndito de mi deseo
En lo más profundo de mi tormento
En las mentiras del futuro
En las tonterías de los juramentos
Quiero liberarla
Quiero que sea libre
Aun para olvidarme
Aun para marcharse
Y aun para volver
Y volver a amarme
O para amar a otro
Si otro le gusta
Y si me quedo solo
Y ella se va
Conservaré tan solo
Siempre conservaré
En el hueco de mis manos
Hasta el fin de los días
La dulzura de sus senos por el amor modelados.
Jacques Prévert
Traducción: Federico Gorbea
Love
Varios autores.
Lumen, 2005.
viernes, octubre 14, 2011
Profunda fe religiosa
.
Si no nos lleva
. . . . . . más allá de la muerte,
. . . . . . . . . . . . más allá de los días de lluvia,
de la distracción de las plateadas cardaminas;
. . . . . . más allá de sus propias remotas
. . . . . . . . . . . . fronteras
la poesía
. . . . . . es inútil.
. . . . . . . . . . . . Con todo,
ella fue la que hizo que El Greco
. . . . . . pintara sus verdes y deformes santos
. . . . . . . . . . . . y viviera
pobremente.
. . . . . . Nos hace apreciar
. . . . . . . . . . . . la música
y lo antiguo
. . . . . . o sentarnos al costado
. . . . . . . . . . . . del amigo que agoniza.
Hace madurar las peras,
. . . . . . ¡y hace realidad
. . . . . . . . . . . . los versos!
Su fundamento es la invención:
sin sus meandros
. . . . . . y sus rarezas,
. . . . . . . . . . . . el paralítico estaría
condenado a su parálisis,
. . . . . . en un país boreal
. . . . . . . . . . . . y medio salvaje
donde el odio
. . . . . . es religión.
. . . . . . . . . . . . Donde
los hombres viven presos,
. . . . . . y nadie
. . . . . . . . . . . . rinde culto a la rosa
y los poetas no pueden
. . . . . . usarla en su beneficio.
De noche una
. . . . . . tormenta enorme se ha
. . . . . . desatado
. . . . . . . . . . . . ¡Y no hubo quien imaginara
un prado de margaritas!
. . . . . . Hubo bramidos
. . . . . . . . . . . . y rugidos
dignos de un libro
. . . . . . de cuentos de hadas,
. . . . . . . . . . . . zumbaba
una bomba, lejos
. . . . . . --¡o una abeja!
. . . . . . . . . . . . Nuestros poetas debieran
avergonzarse: han contraído la fiebre de moda;
. . . . . . impresionados
. . . . . . . . . . . . por el "laboratorio",
han olvidado
. . . . . . las flores,
. . . . . . . . . . . . ¡y estas superan cualquier
laboratorio!
. . . . . . Han renunciado al oficio
. . . . . . . . . . . . de la invención, y
su imaginación dormita
. . . . . . en un jarrón de amapolas.
William Carlos Williams
La música del desierto
Traducción y prólogo: Juan Antonio Montiel
Lumen, 2010.
Si no nos lleva
. . . . . . más allá de la muerte,
. . . . . . . . . . . . más allá de los días de lluvia,
de la distracción de las plateadas cardaminas;
. . . . . . más allá de sus propias remotas
. . . . . . . . . . . . fronteras
la poesía
. . . . . . es inútil.
. . . . . . . . . . . . Con todo,
ella fue la que hizo que El Greco
. . . . . . pintara sus verdes y deformes santos
. . . . . . . . . . . . y viviera
pobremente.
. . . . . . Nos hace apreciar
. . . . . . . . . . . . la música
y lo antiguo
. . . . . . o sentarnos al costado
. . . . . . . . . . . . del amigo que agoniza.
Hace madurar las peras,
. . . . . . ¡y hace realidad
. . . . . . . . . . . . los versos!
Su fundamento es la invención:
sin sus meandros
. . . . . . y sus rarezas,
. . . . . . . . . . . . el paralítico estaría
condenado a su parálisis,
. . . . . . en un país boreal
. . . . . . . . . . . . y medio salvaje
donde el odio
. . . . . . es religión.
. . . . . . . . . . . . Donde
los hombres viven presos,
. . . . . . y nadie
. . . . . . . . . . . . rinde culto a la rosa
y los poetas no pueden
. . . . . . usarla en su beneficio.
De noche una
. . . . . . tormenta enorme se ha
. . . . . . desatado
. . . . . . . . . . . . ¡Y no hubo quien imaginara
un prado de margaritas!
. . . . . . Hubo bramidos
. . . . . . . . . . . . y rugidos
dignos de un libro
. . . . . . de cuentos de hadas,
. . . . . . . . . . . . zumbaba
una bomba, lejos
. . . . . . --¡o una abeja!
. . . . . . . . . . . . Nuestros poetas debieran
avergonzarse: han contraído la fiebre de moda;
. . . . . . impresionados
. . . . . . . . . . . . por el "laboratorio",
han olvidado
. . . . . . las flores,
. . . . . . . . . . . . ¡y estas superan cualquier
laboratorio!
. . . . . . Han renunciado al oficio
. . . . . . . . . . . . de la invención, y
su imaginación dormita
. . . . . . en un jarrón de amapolas.
William Carlos Williams
La música del desierto
Traducción y prólogo: Juan Antonio Montiel
Lumen, 2010.
Etiquetas:
Estados Unidos,
William Carlos Williams
viernes, octubre 07, 2011
Tres poemas de Leandro Llull
.
EN EL CONFÍN un azul sin nubesy tu pecho estremece
en pozo tan hondo.
Hay la espesura que le habla al alma
y el sol más lejos del día.
A las cosas,
. . . . . . . . . . ¿para qué mirar?
¿A qué abrir
abismos?
¿Por qué no
. . . . . . . . . . los ojos del cuis
cuando en dos patas se para
y hacia el cielo mira?
***
¿PUEDE EL GRITO DE LA TIJERETA
solitario cruzar el cielo
y tejer esta camisa en llamas
que arde en el pecho sin motivo?
Es tu corazón al acecho, los oídos de la liebre
que el paisaje te ha prestado,
la cacería del alma que lee
donde nunca nadie ha podido.
***
PENSAR QUE UN DÍA TODO ESTO ESTUVO EN OTRO LADO.
Entre dos manos
una alianza tramó el exterminio.
"Gran-Macá" le decían al hombre que defendió la tierra.
Murió enrollado como un tatú
por aguantar el palo.
Hubo un tiempo en que se acariciaban los pastos
como el primer pelo en la cabeza de un niño.
Pensarlo ahora.
Hacerse la imagen.
Leandro Llull
La lengua en soledad
Incluido en el libro colectivo Prueba de soledad en el paisaje.
Mansalva, 2011.
http://www.estacionpringles.org.ar/novedades.html
Etiquetas:
Argentina,
Leandro Llull
miércoles, septiembre 28, 2011
La reacción estilística
puros en la lengua... naturalmente:
señal de que el alma está sucia.
Ha sido siempre
así. Para mentir no hace falta ser oscuros.
Se creen, monstruos, que la muerte
iguala. No saben que es justo la muerte
(su coartada de católicos siervos)
la que disgrega, corroe, desvía, distingue:
también la lengua.
La muerte no es orden, soberbios
monopolizadores de la muerte,
su silencio es una lengua demasiado distinta
para que vosotros podáis haceros fuertes en ella:
precisamente a su alrededor gira el torbellino.
de la vida. Y vosotros tenéis miedo
de vuestra santa muerte, del caos que supone:
vuestro unilingüismo es una defensa.
La Lengua es oscura,
no límpida –y la Razón es límpida,
no oscura. Vuestro Estado, vuestra Iglesia,
lo quieren al revés, con vuestro asentimiento.
Son infinitos los dialectos, las jergas,
los acentos, porque es infinita
la forma de la vida:
no hay que acallarlos, hay que poseerlos:
pero vosotros no los queréis
porque no queréis la historia, soberbios
monopolizadores de la muerte: los poetas
hablan como curas, y, proféticas,
gritan victoria, en torno,
las Casandras. El tiempo de las esperanzas ya pasó.
Tenían razón ellas, escondidas
en las parroquias.
Ahora resurgen a la luz del día,
cornejas de las angustias privilegiadas,
de las libres esperanzas impuestas
por la fuerza del capital que no se extingue.
¡Gadda! Tú que eres lengua oscura,
y razón oscura,
refuta sus interesadas lisonjas
con tu límpido razonar.
Moravia, tú que eres límpida lengua
y límpida razón, rechaza su perverso
utilizarte, con la oscura obstinación
de tu energía... Estoy solo,
estáis solos. En esta lucha que es la lucha
suprema, porque resume cualquier otra,
nadie nos oye.
Querrían reducir el hombre a la pureza, ellos
que son el caos. Ojalá se abra
bajo sus pies la tierra y hablen
su esperanto en el infierno.
Y, sin embargo, también quien valoro y amo,
con quien tengo en común gran parte
del alma, sólo conoce de la lengua su externo
valor de historia, como si la historia
llevase a la unidad, a un punto
supremo que nivela
toda pasión, como si su fin fuese
la homologación de las almas. No, la historia
que será no es como la que ha sido.
No tolera juicios, no admite órdenes,
es realidad irrealizada.
Y la lengua, por ser fruto de siglos contradictorios,
contradictoria –por ser fruto de orígenes
tenebrosos, se integra, nadie lo olvide
con lo que será y todavía no es.
Y este ser suyo –libre misterio, riqueza
infinita– quiebra ahora
cada límite logrado, cada forma permitida.
Quemar las instituciones,
magnífica esperanza de quien ahora gime,
es una esperanza que no puede prever las reales
pasiones que nacerán, ni los sonidos
nuevos de sus palabras.
Que no pregonen los católicos la grandeza
del pasado, chantajistas: la Desesperación.
Pero que los comunistas no habitúen
los corazones al esquema y a la renuncia
con la esperanza: con la grandeza de la Revolución.
La reacción se refleja en la lengua.
Y la lengua de sus palabras es la lengua
de los señores y sus masas de siervos.
Incluso aunque sea vívida y ferviente
cuando juzga o acusa –ensayo,
arenga–, si es fruto
del hombre burgués –que se arroja
a las nuevas conquistas, viejo e indigno
de corazón– no puede expresar más que al hombre
entero, en su histórica miseria.
No hay salida, incluso quien disiente
es también ese hombre miserable, desalmado,
estúpido, frío, irónico,
que vuelve sectaria su más seria
pasión, y no cree en las pasiones de los otros...
Y en esto comparten los días de la distensión
enemigos y amigos: vuelve a empezar la guerra ruin
del descrédito, de la malicia,
de la ofuscación de célula
o sacristía: y vuelve el estilo
de otro tiempo, en los corazones
como en los versos: y es mejor morir:
...........................................................
Pier Paolo Pasolini
La religión de mi tiempo
Traducción: Olvido García Valdés
Icaria, 1997.
miércoles, septiembre 21, 2011
Juego de fotos
.
Con el mazo de fotografíasque guardo amorosamente
voy a jugar un solitario. Empiezo,
pongo sobre la mesa a mi hermana Margarita
y al lado a dos amigos muertos,
debajo al Loco Desiderio (el que creía ser caballo
y trotaba azotándose a dos verijas). Pongo
a mi tío Teodoro junto a su automóvil 1920
y enseguida yo, montado en un burro,
cuando de niño salí a conquistar el mundo.
Toa la mesa ocupo y descarto, saco y pongo
hasta que de pronto me detengo.
Respaldado en la silla cierro los ojos
y pienso en lo que ha barrido el tiempo:
tanto pariente al hoyo, tanto sobreviviente
gastado como por erosión eólica.
Barajo nuevamente y corto,
destapo la foto de mi madre
y entonces ella dice hijo mío
recuerdo las primaveras, dame un beso. Se lo doy
y ahí se me nublan los ojos y abandono el juego.
Jorge Leónidas Escudero
Caballazo a la sombra
Libros de Tierra Firme, 1998.
miércoles, septiembre 14, 2011
Habla el escultor (fragmento)
.
El violento enfrentamiento entre abstraccionistas y surrealistas me parece absolutamente innecesario. Todo arte de calidad ha incluido siempre elementos surrealistas y abstractos, como ha incluido también elementos clásicos y románticos, de orden y sorpresa, de intelecto e imaginación, de consciencia y de inconsciencia. Ambos aspectos de la personalidad del artista deben participar. Y pienso que el inicio de una pintura o de una escultura puede producirse por cualquiera de estos puntos. Por mi parte, a veces empiezo un dibujo sin haberme planteado ningún problema particular, con el solo deseo de emplear el lápiz sobre el papel, y hacer líneas, tonos y formas sin ningún propósito deliberado; pero a medida que mi mente aprehende lo que va apareciendo, llega un momento en que una idea se hace consciente, cristaliza, y entonces comienza un control y un ordenamiento.
. . . .O a veces empiezo a dibujar con un tema definido, o con el ánimo de resolver un problema escultórico en un bloque de piedra de dimensiones dadas, y entonces busco construir y ordenar conscientemente la relación de formas que deberá expresar esa idea. Pero si el resultado ha de ser algo más que un ejercicio escultórico, inexplicablemente se producen saltos en el proceso del pensamiento, y la imaginación hace su parte.
El violento enfrentamiento entre abstraccionistas y surrealistas me parece absolutamente innecesario. Todo arte de calidad ha incluido siempre elementos surrealistas y abstractos, como ha incluido también elementos clásicos y románticos, de orden y sorpresa, de intelecto e imaginación, de consciencia y de inconsciencia. Ambos aspectos de la personalidad del artista deben participar. Y pienso que el inicio de una pintura o de una escultura puede producirse por cualquiera de estos puntos. Por mi parte, a veces empiezo un dibujo sin haberme planteado ningún problema particular, con el solo deseo de emplear el lápiz sobre el papel, y hacer líneas, tonos y formas sin ningún propósito deliberado; pero a medida que mi mente aprehende lo que va apareciendo, llega un momento en que una idea se hace consciente, cristaliza, y entonces comienza un control y un ordenamiento.
. . . .O a veces empiezo a dibujar con un tema definido, o con el ánimo de resolver un problema escultórico en un bloque de piedra de dimensiones dadas, y entonces busco construir y ordenar conscientemente la relación de formas que deberá expresar esa idea. Pero si el resultado ha de ser algo más que un ejercicio escultórico, inexplicablemente se producen saltos en el proceso del pensamiento, y la imaginación hace su parte.
Henry Moore
Traducción: Martha Block
Poesía y poética, no. 10, verano 1992.
miércoles, septiembre 07, 2011
Cuatro poemas de Edgardo Dobry
.
Mandado
Tendría unos nueve años
la tarde en que mi madre
me dijo andá a la frutería
y traeme medio quilo
de esas peras que Agustín
robó en Tagaste en el año 370.
Fue mamá ella misma esa vez
la que dijo quedate con el vuelto.
La cuestión del chocolate
En la pastelería de la vuelta de mi casa
venden baldosas de Gaudí de chocolate blanco
y bolitas de chocolate veteado y caganers
del más negro chocolate y un Pikachu con ojos de confite
y el Rarchur, que es su evolución,
con espiras como pelo de caramelo esmaltado.
De tallas bestiales pintan huevos
de cacao en las pascuales fechas
y en acercándose la Navidad turrones en forma de molino
con aspas de mazapán en merengue ribeteadas.
Ahora bien: este delicuescente escaparate
estase precisamente en la parada de autobús de calle Balmes
donde mi Luca y yo asomamos glaucos labios
por entre unas graciosas espirales de bufanda
que sin pretensiones se parecen, bien miradas,
a las chimeneas de mosaico de esos edificios
que dan su gracia al epónimo Paseo.
A Luca se le quedan los ojos estofados
al tiempo que yo me contracago en el 17 que no llega
y me digo para mi coturno que si le compro chocolate
qué desastre de padre fuera y si no le compro
qué padre severo
encima de desastre y sin remedio.
Luca se enjuga con una manopla al 50% de acrílico
la humedad que devenida no se sabe
si de fosa o lagrimal, mientras pasa el 16
que no nos sirve pero siempre
pasa antes pues el 17, al ser el nuestro,
viene en mucho retrasado.
Después, haciendo humito del aliento,
Luca emite un murmullo acerca
de la evolución de los Pokemons
que repta bajo las orejeras de mi gorro de aviador.
Pokemons de fuego y de agua, de piedra y de planta,
y ataques de energía insoportable
e involuciones defensivas.
La mitad del Rarchur, que es un Pokemon de rayo,
me la como de un mordisco para buscar consuelo
amargo en el concepto
de que Luca no hayase ingerido chocolate tanto.
Amarronados están los bordes de mi tarjeta de autobús
y pasa otra vez el 16...
Preguntas a Rilke en moto
para Nora y Jorge
Qué sabe usted de lo que no me pasa,
del "estoy cansado" a la mañana,
del "ahí va el chinchudo" que mascullan
mis desahogados vecinos del sobreático: ahí va
el del ceño fruncido como el último
durazno en el fuentón. Quise llorar
pero no encontré motivo, victimizarme
pero no había
pastel de culpa a repartir.
Y llegó el ocaso,
vino el Rilke y le dijo
al simplón ése del poeta joven:
"¡no escriba usted poemas de amor!"
Entonces agarro mis romas líneas venéreas
y las hiervo, las redoro, las devengo
una factura triangular como una aljaba,
una golosina para la autoridad del Rilke.
Son una mentira sin malicia, señor,
una pura compulsión mitómana.
Todo en pensando cuánta lástima me da
que el joven poeta apostrofado
no hubiere sido el transandino de los cien falsos
sonetos. Yo por mi parte soy el viudo
de una moto recién sacrificada:
el escape desprendiósele en un pozo
y una multa me pusieron por el ruido.
Y es que la pobre estaba ya tan vieja
y tanto merecía, por lo mucho que felices
fuimos juntos, una digna defunción,
un vender sus órganos aún sanos
bajo el acrílico sol de los desguaces.
Señor Rainer María que estás
en las Librerías del Centro:
¿puedo escribir los versos tristes
para mi pobre moto blanca, para mi moto
blanca? ¿Por esta única
vez licencia tú me dieras?
Muchos barrios visitamos juntos,
era mi María Kodama. Era mi Dama
de las Kamelias: tosía si la pateaba,
sabía
bizquear en las esquinas como la Dulce Irma,
hollar senderos como agraria Proserpina.
Señor Rainer María
usted qué sabe
de lo que no me pasa, del estar cansado,
del conversar con los taxistas en la amarga
noche catalana. Dispense por esta vez
mi declamar el poema del amor y muerte
y écheme un consejo, en todo caso:
¿debería pensarlo más bien como elegía?
Retentiva
Con lo bien que la habíamos pasado:
las cenizas en el vaso,
el porrón de cerveza que estaba
en la heladera desde abril,
sobre el mármol cinco cajas
de pizza en escalera, el verso
azul y la canción profana.
Ayer nomás y ahora una resaca
como otra especie de poesía:
esta jaqueca dulce, sin persona,
que podrá sobrevivirnos.
Edgardo Dobry
Pizza Margarita
Mangos de Hacha, 2011.
domingo, agosto 28, 2011
Poesía nueva
.
Poesía nueva ha dado en llamarse a los versos cuyo léxico está formado de las palabras "cinema, motor, caballos de fuerza, avión, jazz-band, telegrafía sin hilos", y en general, de todas las voces de las ciencias e industrias contemporáneas, no importa que el léxico corresponda o no a una sensibilidad auténticamente nueva. Lo importante son las palabras.
. . . Pero no hay que olvidar que esto no es poesía nueva ni antigua, ni nada. Los materiales artísticos que ofrece la vida moderna han de ser asimilados por el espíritu y convertidos en sensibilidad. El telégrafo sin hilos, por ejemplo, está destinado, más que a hacernos decir "telégrafo sin hilos", a despertar nuevos temples nerviosos, profundas perspicacias sentimentales, amplificando videncias y comprensiones y densificando el amor; la inquietud entonces crece y se exaspera, y el soplo de la vida se aviva. Ésta es la cultura verdadera que da el progreso; éste es su único sentido estético, y no el de llenarnos la boca con palabras flamantes. Muchas veces las voces nuevas pueden faltar. Muchas veces un poema no dice "cinema", poseyendo, no obstante, la emoción cinemática, de manera oscura y tácita, pero efectiva y humana. Tal es la verdadera poesía nueva.
. . . En otras ocasiones el poeta apenas alcanza a cambiar hábilmente los nuevos materiales artísticos y logra así una imagen o un rapport más o menos hermoso y perfecto. En este caso, ya no se trata de una poesía nueva a base de palabras nuevas como en el caso anterior, sino de una poesía nueva a base de metáforas nuevas. Mas también en este caso hay error. En la poesía verdaderamente nueva pueden faltar imágenes o rapports –función ésta de ingenio y no de genio–, pero el creador goza o padece allí una vida en que las nuevas relaciones y ritmos de las cosas se han hecho sangre, célula, algo, en fin, que ha sido incorporado vitalmente en la sensibilidad.
. . . La poesía nueva a base de palabras o de metáforas nuevas se distingue por su pedantería de novedad y, en consecuencia, por su complicación y barroquismo. La poesía nueva a base de sensibilidad nueva es, al contrario, simple y humana y a primera vista se la tomaría por antigua o no atrae la atención sobre si es o no moderna.
. . . Es muy importante tomar nota de estas diferencias.
César Vallejo
Amauta, no. 3, 1926.
Tomado de Las vanguardias latinoamericanas. Textos programáticos y críticos, de Jorge Schwartz, Fondo de Cultura Económica, 2002.
. . . Pero no hay que olvidar que esto no es poesía nueva ni antigua, ni nada. Los materiales artísticos que ofrece la vida moderna han de ser asimilados por el espíritu y convertidos en sensibilidad. El telégrafo sin hilos, por ejemplo, está destinado, más que a hacernos decir "telégrafo sin hilos", a despertar nuevos temples nerviosos, profundas perspicacias sentimentales, amplificando videncias y comprensiones y densificando el amor; la inquietud entonces crece y se exaspera, y el soplo de la vida se aviva. Ésta es la cultura verdadera que da el progreso; éste es su único sentido estético, y no el de llenarnos la boca con palabras flamantes. Muchas veces las voces nuevas pueden faltar. Muchas veces un poema no dice "cinema", poseyendo, no obstante, la emoción cinemática, de manera oscura y tácita, pero efectiva y humana. Tal es la verdadera poesía nueva.
. . . En otras ocasiones el poeta apenas alcanza a cambiar hábilmente los nuevos materiales artísticos y logra así una imagen o un rapport más o menos hermoso y perfecto. En este caso, ya no se trata de una poesía nueva a base de palabras nuevas como en el caso anterior, sino de una poesía nueva a base de metáforas nuevas. Mas también en este caso hay error. En la poesía verdaderamente nueva pueden faltar imágenes o rapports –función ésta de ingenio y no de genio–, pero el creador goza o padece allí una vida en que las nuevas relaciones y ritmos de las cosas se han hecho sangre, célula, algo, en fin, que ha sido incorporado vitalmente en la sensibilidad.
. . . La poesía nueva a base de palabras o de metáforas nuevas se distingue por su pedantería de novedad y, en consecuencia, por su complicación y barroquismo. La poesía nueva a base de sensibilidad nueva es, al contrario, simple y humana y a primera vista se la tomaría por antigua o no atrae la atención sobre si es o no moderna.
. . . Es muy importante tomar nota de estas diferencias.
César Vallejo
Amauta, no. 3, 1926.
Tomado de Las vanguardias latinoamericanas. Textos programáticos y críticos, de Jorge Schwartz, Fondo de Cultura Económica, 2002.
domingo, agosto 21, 2011
Un hijo con síndrome de Down
.
Si tuviéramos un hijo con síndrome de Down sé que pondríamos una silla sobre el techo para que subiera a ser la bandera de nuestra patria.
Nada era borracho en ti / hasta que llegué yo rompiéndome. Ahora no parece importante la alfombra que tuve que botar por las manchas de vino / ahora brillo en tu rubor, así como slogan de maquillaje para señoritas adineradas, así como queriéndote en una desgracia tan linda.
En este cielo todo es diminuto como una estrella / te quería invitar a mi rabia para que la convirtiéramos en ropa / pero ni te imaginas MI amor. Es cierto, me viste llorar sin sentir asco de un fluido que no va a ninguna parte / anoche chocamos contra el vidrio como polillas creyéndose piedras / guardo todos tus movimientos como postales rotas / ni te imaginas MI amor.
Si tuviéramos un hijo con síndrome de Down yo le enseñaría a suicidarse sin morirse.
Anoche gastaste todo tu dinero en alcohol y todo eso fue para que yo durmiera a tu lado y soñara con arañas blancas que va pariendo el viento. Si tuviéramos un hijo con síndrome de Down me gustaría que soñara ese sueño.
Si tuviéramos un hijo con síndrome de Down le enseñaría a bailar mal y tú le peinarías los cabellos dorados con sus autos de juguete / Tenemos tanta tierra en los ojos / Tenemos tanta sed ahora que todo se nos quema y nos invertimos en lo que nos deja la noche. Sin embargo, mira cómo brillan las lágrimas de alcohol evaporándose rápido como angelitos transparentes.
Si tuviéramos un hijo con síndrome de Down no podríamos dejar de amarnos ni aunque muriésemos masacrados por la pobreza.
Si tuviéramos un hijo con síndrome de Down tú le comprarías una ropa tan linda que yo no podría dejar de llorar y besarte / pero ni te imaginas MI amor / ahora piensas en que el sexo de toda cosa es un infierno sin darte cuenta de que saltan diablitos bolivianos de tu pecho al mío y el resto me importa un carajo / ahora piensas en nuestro hijo Down / piensas en su nombre de hombre y en el agüita bautismal que regurgitarás sobre su pecho.
Tenemos que dejar de dolernos así como si nos gustara mucho esa sospechosa categorización del amor. Si tuviéramos un hijo con síndrome de Down no podríamos dejar de amarnos ni aunque muriésemos masacrados por el aburguesamiento.
Mírale la carita a nuestro hijo / se parece tanto a nosotros que nos hemos convertido en Down y somos felices para siempre.
Pablo Paredes
Mi hijo Down
Black & Vermelho, 2008.
domingo, agosto 14, 2011
La fe son los objetos
.
Una muñeca de amarillo y unas flores
poco trabajo te dará conseguirlas.
Y no hay que desvelarse
(cuando tratas con dioses tan antiguos)
por la fe que le pongas.
Más viejos que Jehová,
ellos no exigen fe, sino unas contundencias:
las flores en el vaso,
la muñeca en la sala.
Ofrendas,
y recibes a cambio.
Al modo de las tribus,
anterior al dinero.
La fe son los objetos.
Yo colgué en la ventana
un mono de peluche
(para que dejen de monearme,
me advirtieron)
y ahí lo zarandea el viento.
Antonio José Ponte
Diario de Cuba
2 de febrero de 2011
www.ddcuba.com/de-leer/la-fe-son-los-objetos
Una muñeca de amarillo y unas flores
poco trabajo te dará conseguirlas.
Y no hay que desvelarse
(cuando tratas con dioses tan antiguos)
por la fe que le pongas.
Más viejos que Jehová,
ellos no exigen fe, sino unas contundencias:
las flores en el vaso,
la muñeca en la sala.
Ofrendas,
y recibes a cambio.
Al modo de las tribus,
anterior al dinero.
La fe son los objetos.
Yo colgué en la ventana
un mono de peluche
(para que dejen de monearme,
me advirtieron)
y ahí lo zarandea el viento.
Antonio José Ponte
Diario de Cuba
2 de febrero de 2011
www.ddcuba.com/de-leer/la-fe-son-los-objetos
domingo, agosto 07, 2011
Petróleo
.
Antes pensaba que ahora los poemas
simplemente brotarían.
Como un proceso natural, dormir e invernar en invierno,
sin expectativas, y luego la lengua, que estuvo cargando
sol & aire y que ahora está toda caliente y rebosante, minaría la tristeza.
Somos melancólicos, es un hecho. Somos melancólicos
porque nos queda bien y porque luce mucho
y porque pensamos que así es como más les gustamos a las mujeres.
Que es lo único que cuenta.
El asentimiento, las sonrisas y el calor de estos seres;
de todos modos, cuando entran en un lugar,
todas las creaciones inmortales del espíritu palidecen de inmediato.
Además de ellas, que siempre están de moda, hoy día está de moda Toscana.
Sobre todo queda bien ser un poeta yanqui en Toscana.
Primero llegó Goethe, después los Lake Poets e
Izidor Cankar y tras él todos los demás para
cobijarse bajo el ala de Dante.
De paso, uno hace una breve visita a Venecia
y toca las tumbas de Pound y Brodsky.
Y una visita a Rapallo donde, en nombre de la pureza
de la raza, levanta el brazo al aire y firma
algún tratado. Y después, al regresar a casa,
los poemas están llenos de palabras italianas
que son tan suaves y refinadas, llenas de cultura y ruinas.
Y los editores las aceptan asintiendo con aprobación.
Y los críticos escriben: Qué belleza, qué erudición.
Ha regresado a la cuna, a la tradición. Qué recursos
estilísticos. Qué superación del propio talento.
Ha trasplantado a San Gimigniano y al Duomo de Florencia
al Valle de la Muerte.
Pero yo sigo aquí. Clavado en un lugar.
Consagrando este pedazo de tierra que ocupo.
Mido 188 cm, peso 78 kg y tengo 37 años.
No tengo ningún maravilloso De Kooning que pudiese
anhelar. No tengo ni siquiera un maravilloso Jakse.
Pero tengo el maravilloso equipo de fútbol
Girondins Bordeaux. Cristophe Dugary, nº
26. En cuanto se me cure la pierna, mi regreso
a la cancha está garantizado. Los pibes
del barrio estarán encantados.
Se acerca el primero de mayo. La fogata será alta, seguro.
Y el habla de la gente alrededor de ella
desesperará incluso al lingüista menos serio.
Hay algo cosmopolita en el provincialismo,
en el aislamiento, la posibilidad de un nuevo descubrimiento del fuego
que arde de arriba hacia abajo, de un nuevo descubrimiento
de la rueda que gira en los dos sentidos al mismo tiempo.
Al día siguiente, la marcha tradicional al monte de Mrzlica.
Volveremos a llevar las remeras con la inscripción:
"Proletarios del mundo, únanse."
Desde distintos puntos acudiremos otra vez
a los refugios de montaña, tiritando de frío, con una mirada sombría,
pero con fanatismo y fe por dentro. Como durante todo el siglo veinte,
volveremos a leer El Capital durante el día
y la Biblia durante la noche. En lugar de drogas,
alcohol y mujeres livianas buscaremos detonadores para
colocarles una bomba a los capitalistas
o al menos minar una letrina abandonada
en el campo. Volveremos a juntar las cabezas
para organizar una huelga,
tramar un complot, escribir alguna tesis
porque la revolución es algo permanente y los poetas
serios tienen que estar en las primeras líneas de combate.
Uros Zupan
Poesía eslovena contemporánea
Selección y traducción: Marco Jensterle
Gog y Magog, 2006.
Antes pensaba que ahora los poemas
simplemente brotarían.
Como un proceso natural, dormir e invernar en invierno,
sin expectativas, y luego la lengua, que estuvo cargando
sol & aire y que ahora está toda caliente y rebosante, minaría la tristeza.
Somos melancólicos, es un hecho. Somos melancólicos
porque nos queda bien y porque luce mucho
y porque pensamos que así es como más les gustamos a las mujeres.
Que es lo único que cuenta.
El asentimiento, las sonrisas y el calor de estos seres;
de todos modos, cuando entran en un lugar,
todas las creaciones inmortales del espíritu palidecen de inmediato.
Además de ellas, que siempre están de moda, hoy día está de moda Toscana.
Sobre todo queda bien ser un poeta yanqui en Toscana.
Primero llegó Goethe, después los Lake Poets e
Izidor Cankar y tras él todos los demás para
cobijarse bajo el ala de Dante.
De paso, uno hace una breve visita a Venecia
y toca las tumbas de Pound y Brodsky.
Y una visita a Rapallo donde, en nombre de la pureza
de la raza, levanta el brazo al aire y firma
algún tratado. Y después, al regresar a casa,
los poemas están llenos de palabras italianas
que son tan suaves y refinadas, llenas de cultura y ruinas.
Y los editores las aceptan asintiendo con aprobación.
Y los críticos escriben: Qué belleza, qué erudición.
Ha regresado a la cuna, a la tradición. Qué recursos
estilísticos. Qué superación del propio talento.
Ha trasplantado a San Gimigniano y al Duomo de Florencia
al Valle de la Muerte.
Pero yo sigo aquí. Clavado en un lugar.
Consagrando este pedazo de tierra que ocupo.
Mido 188 cm, peso 78 kg y tengo 37 años.
No tengo ningún maravilloso De Kooning que pudiese
anhelar. No tengo ni siquiera un maravilloso Jakse.
Pero tengo el maravilloso equipo de fútbol
Girondins Bordeaux. Cristophe Dugary, nº
26. En cuanto se me cure la pierna, mi regreso
a la cancha está garantizado. Los pibes
del barrio estarán encantados.
Se acerca el primero de mayo. La fogata será alta, seguro.
Y el habla de la gente alrededor de ella
desesperará incluso al lingüista menos serio.
Hay algo cosmopolita en el provincialismo,
en el aislamiento, la posibilidad de un nuevo descubrimiento del fuego
que arde de arriba hacia abajo, de un nuevo descubrimiento
de la rueda que gira en los dos sentidos al mismo tiempo.
Al día siguiente, la marcha tradicional al monte de Mrzlica.
Volveremos a llevar las remeras con la inscripción:
"Proletarios del mundo, únanse."
Desde distintos puntos acudiremos otra vez
a los refugios de montaña, tiritando de frío, con una mirada sombría,
pero con fanatismo y fe por dentro. Como durante todo el siglo veinte,
volveremos a leer El Capital durante el día
y la Biblia durante la noche. En lugar de drogas,
alcohol y mujeres livianas buscaremos detonadores para
colocarles una bomba a los capitalistas
o al menos minar una letrina abandonada
en el campo. Volveremos a juntar las cabezas
para organizar una huelga,
tramar un complot, escribir alguna tesis
porque la revolución es algo permanente y los poetas
serios tienen que estar en las primeras líneas de combate.
Uros Zupan
Poesía eslovena contemporánea
Selección y traducción: Marco Jensterle
Gog y Magog, 2006.
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