.
I
El firme anhelo que en el pecho me entra
no pueden arrancarlo pico ni uña
del hablador, que así perderá el alma;
no le voy a pegar con rama o vara,
aun a escondidas, donde no haya un tío;
de gozo gozaré, en jardín o alcoba.
II
Cada vez que me acuerdo de la alcoba
donde, para mi mal, sé que nadie entra
pero todos vigilan, primo o tío,
me tiembla todo el cuerpo, incluso la uña,
igualito que un niño ante la vara:
temo suyo no ser, con toda el alma.
III
¡Con el cuerpo será, no con el alma
si consintiera que entre yo en su alcoba!
Más me lastima que un golpe de vara,
que allí donde ella está, su siervo no entra.
Con ella seré siempre carne y uña,
y no voy a escuchar a amigo o tío.
IV
Jamás amé a la hermana de mi tío
tanto ni más, ¡lo juro por mi alma!
Tan cerca como está el dedo de la uña,
si acepta, estar quisiera de su alcoba;
hará de mí el Amor, que en el ser me entra,
mejor que el fortachón de débil vara.
V
Desde que floreció la seca vara
y nacieron de Adán sobrinos, tíos,
amor como éste, que en el pecho me entra
no creo que existiera, en cuerpo ni alma;
dondequiera que esté, plaza o alcoba,
no me separo de ella ni media uña.
VI
Así mi corazón se une y se aúña
a ella, cual la corteza hace en la vara;
me es torre de placer, palacio, alcoba,
y no amo más a hermano, primo o tío:
tendrá en el cielo doble gozo mi alma
si hay alguien que por bien amar ahí entra.
VII
Arnaut envía su canción de uña y tío
con la venia del alma de su vara,
a Aquel cuya virtud en la alcoba entra.
Arnaut Daniel
Traducción: Francisco Serrano
Tomado de Traslaciones. Poetas traductores 1939-1959
Tedi López Mills (Compiladora)
Fondo de Cultura Económica, 2012.
jueves, junio 07, 2012
lunes, mayo 28, 2012
Seis poemas de poetas prostitutas chinas
.
En Xiyan
Apoyada en la barandilla,
recuerdo al gran poeta Li Bai.
Copa en mano, ante el viento,
le agito la mano.
Entre la llovizna se detiene el caballo
que se iba alejando.
Bajo la luz del sol poniente,
chillan alborotadas cigarras.
En la Mansión de Golondrina
Mausoleo Colina del Norte,
entre pinos y cipreses,
envueltos en tristes nieblas.
Han pasado diez años
desde que te enterraron
con tu espada y tus pertenencias.
Nadie ha vuelto a oír mis canciones,
ver mi cara pintada,
ni oler el perfume de mis mangas rojas.
Vestimentas de hilos de oro
Aunque sean bordadas con hilos de oro,
no des tanta importancia a tus vestimentas.
Pero sí a cada hora y momento
de tu lozana adolescencia.
Las flores hay que cogerlas a tiempo.
Si no, te quedarás sólo con las ramas secas.
Despedida
Me decepciona todo lo que ocurre:
Va contra la voluntad nuestra.
Venimos los dos y ahora regresa una.
Odio las aguas que fluyen
ante el Pabellón de Espera:
impasibles, reflejan cómo se separa
la amorosa pareja de patos mandarines.
Esperando el regreso de mi marido
No te cases con comerciante:
tendrás que vender tus joyas
para pagar a adivinos.
En la ribera, todas las mañanas,
miras los barcos que llegan.
Crees ver a tu marido una y otra vez.
Pero una y otra vez te quedas decepcionada.
¿Se abren ya las flores del ciruelo?
Al despedirnos, él me ha citado
para cuando se abran flores del ciruelo.
Anoche le eché de menos.
Me levanté y salí al patio a ver el árbol.
Antología de poetas prostitutas chinas (siglo V-siglo XXI)
Guojian Chen
Visor, 2010.
En Xiyan
Apoyada en la barandilla,
recuerdo al gran poeta Li Bai.
Copa en mano, ante el viento,
le agito la mano.
Entre la llovizna se detiene el caballo
que se iba alejando.
Bajo la luz del sol poniente,
chillan alborotadas cigarras.
Xue Tao (770-832)
En la Mansión de Golondrina
En memoria de mi difunto esposo
Mausoleo Colina del Norte,
entre pinos y cipreses,
envueltos en tristes nieblas.
Han pasado diez años
desde que te enterraron
con tu espada y tus pertenencias.
Nadie ha vuelto a oír mis canciones,
ver mi cara pintada,
ni oler el perfume de mis mangas rojas.
Guan Panpan (siglo VIII)
Vestimentas de hilos de oro
Aunque sean bordadas con hilos de oro,
no des tanta importancia a tus vestimentas.
Pero sí a cada hora y momento
de tu lozana adolescencia.
Las flores hay que cogerlas a tiempo.
Si no, te quedarás sólo con las ramas secas.
Du Qiuliang (siglo IX)
Despedida
Me decepciona todo lo que ocurre:
Va contra la voluntad nuestra.
Venimos los dos y ahora regresa una.
Odio las aguas que fluyen
ante el Pabellón de Espera:
impasibles, reflejan cómo se separa
la amorosa pareja de patos mandarines.
Xu Yueying (siglo IX)
Esperando el regreso de mi marido
Según la melodía Luohongqu
No te cases con comerciante:
tendrás que vender tus joyas
para pagar a adivinos.
En la ribera, todas las mañanas,
miras los barcos que llegan.
Crees ver a tu marido una y otra vez.
Pero una y otra vez te quedas decepcionada.
Liu Chaichun (siglo IX)
¿Se abren ya las flores del ciruelo?
Al despedirnos, él me ha citado
para cuando se abran flores del ciruelo.
Anoche le eché de menos.
Me levanté y salí al patio a ver el árbol.
Wang Wei (siglo XVII)
Antología de poetas prostitutas chinas (siglo V-siglo XXI)
Guojian Chen
Visor, 2010.
lunes, mayo 14, 2012
Tres poemas de Amy Lowell
.
Una década
Eras cuando viniste, cual vino tinto y miel,
y tu sabor quemaba mi boca de dulzura.
Eres ya como el pan de la mañana,
simple y sabroso.
Ya casi no te pruebo porque sé tu sabor.
Pero estoy ya del todo nutrida.
Día de sol
El viento ha metido la punta de tu chal
dentro de la fuente,
donde se ha quedado flotando
entre los nenúfares
como un tisú de zafiros.
Pero a ti no te importa,
tus dedos están arrancando los líquenes
en el borde de piedra de la taza,
y tus ojos siguen las altas nubes
que van pasando sobre las encinas.
Plantas marinas
La luna es fría sobre las dunas,
y las matas de hierbas marinas ondean y fulguran;
el débil repique de mi reloj dice que es un cuarto pasado la medianoche;
y todavía no oigo nada
sino el ventoso retumbar del mar.
Una década
Eras cuando viniste, cual vino tinto y miel,
y tu sabor quemaba mi boca de dulzura.
Eres ya como el pan de la mañana,
simple y sabroso.
Ya casi no te pruebo porque sé tu sabor.
Pero estoy ya del todo nutrida.
Día de sol
El viento ha metido la punta de tu chal
dentro de la fuente,
donde se ha quedado flotando
entre los nenúfares
como un tisú de zafiros.
Pero a ti no te importa,
tus dedos están arrancando los líquenes
en el borde de piedra de la taza,
y tus ojos siguen las altas nubes
que van pasando sobre las encinas.
Plantas marinas
La luna es fría sobre las dunas,
y las matas de hierbas marinas ondean y fulguran;
el débil repique de mi reloj dice que es un cuarto pasado la medianoche;
y todavía no oigo nada
sino el ventoso retumbar del mar.
Amy Lowell
Antología de la poesía norteamericana
Selección y prólogo: Ernesto Cardenal
Traducción: José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal
El perro y la rana, 2007.
lunes, mayo 07, 2012
Mi experiencia
.
Nací como Mastronardi y Villanueva en Gualeguay, pero la "vergüenza política" que pueda sentir como este último no me impide que sienta por mi pueblo un especial cariño y que me sienta muy profudamente ligado a este paisaje. Muy profundamente. Creo, además, que la circunstancia de ser la cuna de los poetas nombrados, alza tan alto el honor de una ciudad que no pueden alcanzarle los apresuramientos adquisitivos de algunos de sus políticos.
. . . . ¿Referencias concretas de mi vida? Permítaseme que no les dé ninguna importancia. Apenas si los años y el estudio y la experiencia humana, la experiencia íntima, me han permitido dar algún esbozo de forma a mis reacciones frente al mundo, frente a las cosas, frente al paisaje con todos los elementos que lo constituyen, ambicionando para la poesía la mayor flexibilidad de movimientos y la mayor amplitud de sentido, sin desmedro, claro está, del necesario ritmo y de la necesaria ligereza.
. . . . Pienso que apenas si somos agentes de una voluntad de expresión y de ritmo que está en la vida, en la vida de todos, en la vida dle mundo y de las cosas y que, si conforme a ello, aumenta nuestra responsabilidad, no cuenta en cambio, no debe contar, todo lo que atañe a nuestros éxitos, bien pequeños, por cierto, con respecto a las posibilidades infinitas y de varia índole que existen. La poesía no pertenece a nadie o es de todos. De aquí que debamos hacer todo lo posible para crear las condiciones necesarias para que todos la sientan, o mejor, para que todos puedan vivirla en todos los momentos, como que todos los momentos tienen su ritmo. Lo que significa colaborar en la transformación del mundo, en el cambio de la vida. Creo con Cassou que el destino de la poesía está ligado a este cambio.
. . . . Esto, desde luego, sin cerrar la sensibilidad a ningún mensaje poético, venga de donde venga, siempre que haya respondido a una íntima necesidad, que sea auténtico, en una palabra.
Juan. L. Ortiz
Una poesía del futuro. Conversaciones con Juan L. Ortiz
Mansalva, 2008.
sábado, abril 28, 2012
Dos poemas de Tania Favela
.
frágil, fugaz y pequeño
mi pensamiento nace
como esas flores lilas
llamadas pensamientos
y se marchita
al terminar el día
no se apega a nada
no crece
ni da forma
no crea grandes conceptos
ni guerras
ni utopías
no hay bosque
en mi pensamiento
ni selva
ni ciudades
ni desierto
su espacio
se reduce
a una pequeña
flor
bello pensamiento
para mirarse
frente a mi puerta
el venerable
sensei Kyoshi
sonríe
agradecido
vestido con hakama
y geta alta
lleva sobre su espalda
un tansaku
. . . . . . .la
. . . . . .larga
. . . . . .hoja
. . . . . . de
. . . . . .papel
. . . . . . se
. . . . despliega
. . . .mostrando
. . . . .el dibujo
. . . . . de un
. . . . . haiku
ofrenda
que pone
entre mis manos
por mi escrito
(hace tiempo)
dedicado
a su cuento
Kyoshi
sonríe agradecido
su haiku
renueva
la vieja
tradición
de los haijin
dar y recibir
un mismo gesto
el círculo
se cierra
se revela
el misterio
Tania Favela
Poemas inéditos cedidos por la autora para Nueva Provenza.
…retomando las palabras de Carlos Martínez Rivas
frágil, fugaz y pequeño
mi pensamiento nace
como esas flores lilas
llamadas pensamientos
y se marchita
al terminar el día
no se apega a nada
no crece
ni da forma
no crea grandes conceptos
ni guerras
ni utopías
no hay bosque
en mi pensamiento
ni selva
ni ciudades
ni desierto
su espacio
se reduce
a una pequeña
flor
bello pensamiento
para mirarse
(Palabras de Yasunari Kawabata)
frente a mi puerta
el venerable
sensei Kyoshi
sonríe
agradecido
vestido con hakama
y geta alta
lleva sobre su espalda
un tansaku
. . . . . . .la
. . . . . .larga
. . . . . .hoja
. . . . . . de
. . . . . .papel
. . . . . . se
. . . . despliega
. . . .mostrando
. . . . .el dibujo
. . . . . de un
. . . . . haiku
ofrenda
que pone
entre mis manos
por mi escrito
(hace tiempo)
dedicado
a su cuento
Kyoshi
sonríe agradecido
su haiku
renueva
la vieja
tradición
de los haijin
dar y recibir
un mismo gesto
el círculo
se cierra
se revela
el misterio
Tania Favela
Poemas inéditos cedidos por la autora para Nueva Provenza.
sábado, abril 21, 2012
Cinco poemas de Olvido García Valdés
.
El pez asoma y escucho la preguntapor si duele vivir. Si pesa
una pena tanto
como otra pena, si arrastrar los pies
durante un día requiere la misma resistencia
que otro arrastrar de pies. Porque han vuelto
estos grumos, estos gusanos
pura luz de tan verdes, tan violentos
y dulces, y la brisa riza el agua
ahora que sube la marea.
qué largo el tiempo
para la niña que peina a su hermana
mientras la madre hace
la cena de fin de año; luego
ella misma se lava los cabellos
y su hermana la peina; casi
como si fuera su nochevieja primera
todo va muy despacio y pide
con uvas los deseos
Halcón, halcón, qué sabes, dime,
de la afilada ternura que se aleja, adónde
va. Viene de dónde este cerrarse
del pulso intransigente. Cielo
y tierra rasos, como objeto tuyo
me miras, cernido y alto, culebrilla
de agua la que casi es de arena. Desde
los eucaliptos vienes, desde el silbo
transparente de febrero que te llama
y yo, dime, me he ido dónde.
La turquesa persa en un dedo corazón
de campesino; vi la mano, el aire
de trabajar duro que algunos artistas
tienen; de sol a sol tocar el rubat, escribir
un poema. Eran músicos, salían a la calle
delante de nosotros, hablaban y reían,
sólo en su mano el anillo turquesa, de noche,
salían a la calle en Madrid como quien sale
al mundo, a la carretera estrecha por la que alguien
pasará hacia el pueblo; tangentes el ojo y el anillo,
la curva del ojo y la curva del anillo, deseé
ir tras ellos; no me veían, si me miraran
tampoco me verían, campesinos
de mi niñez que produjeran
exquisita, melancólica música; ir tras ellos
a un mundo cálido, al frío de la noche.
A veces falta cierta ordenada
manera. Si se ignora en qué sentido
giran las agujas, se abre abrupto el hueco,
sume los ojos el caracol.
Si, en cambio, se lee que la artista —Agnes Martin— en sus cincuenta últimos años no miraba la prensa, o que el artista —Anselm Kiefer—construyó siete torres, siete altos palacios celestiales y grises moldeados en cemento, erizados de hierro y lastrados con plomo —para que puedan al inclinarse temblar—en una inmensa factoría abandonada,
uno respira esaburbuja calma o aire
o luz del cielo.
Olvido García Valdés
Y todos estábamos vivos
Tusquets, 2006.
Etiquetas:
España,
Olvido García Valdés
miércoles, marzo 28, 2012
Tres poemas de Diana Bellessi
.
Lo que nos queda
Un rato antes de salir de Cuba
voy a despedirme de esos pájaros
como locos gorjeando entre los árboles
del hotel Nacional, y ahí, la mejor
conversa de estos días tiene lugar
cuando le pregunto al jardinero
cómo se llaman ésos, los negritos
que cantan lindo entre las ramas y él,
negritos, dice despacio, parando
de cortar el pasto y después de mirarlos
bien, grajos les llaman los europeos
y son limpitos mire usted, bañándose
en la fuente y ahí nomás empieza
a silbar dialogando hasta que su silbo
cambia tras un silencio por otro
de qué belleza ¡señor! y sus ojos
se mueven a las ramas de un majagua,
sinsonte, dice, fino y delicado
en sus plumas y en su canto, vaya ahí,
bajo esos árboles a verlo y yo
obedecí, con los pitirre chiflando
y la tojosita en su dulce cucú
de torcaz, el mar enfrente y los turistas
detrás en el tumulto de las hojas
desaparecen, en el verde donde
busco la voz del sinsonte y me arrulla
la cortadora de pasto que de a ratos
se opaca por el silbo del jardinero
llamando a su compadre y que cante
para mí, el mejor poeta cubano
un rato antes de salir, negritos, sí
eso me dijo, y el resto es canto
Hilos
Buscando un alfiler abro esta cajita
de lata redonda y rosada
que me acompaña por las islas
de casa en casa y encuentro
un sin fin de hilos de colores,
los hilos que mamá me regalara,
su mano protectora dispuesta
a prever necesidades y acaricio
los hilitos como si así pudiera
rozar su mano en los detalles
del infinito abanico que aparecen
igual a un collar de perlas día a día
desasidas rodando con fulgor
y agradecida pena en mi corazón
por lo vivido como si fueran
algo natural esos gestos
que recibimos sin prestarles
la atención debida y se consagre
el instante que advertimos
mucho después frente a estos hilos,
azul perlé y sedativas rojas,
hilván blanco y fuerte el cadena
negro con botoncitos para posibles
arreglos en una casa que hoy
tu hija, vieja ya, y huérfana
aprecia con lágrimas en los ojos
La luz infinita
¡Mirá Elda! exclamó mi padre abriendo
el hueco de sus manos donde yacía
un milagro de plumas verdiazules
quieto y reverberando bajo el sol
del verano, mi madre lo tomó
como a un pequeño hijo delicado
y mojando sus dedos dejó caer
unas gomitas de agua sobre el pico
mientras le acariciaba dulcemente
la cabeza y le decía despertate
al colibrí parado ahí en sus dos
patas alzando el vuelo ante los ojos
de María y José, que iluminados,
no pensaron en la resurrección
y me contaron una y otra vez
que el agua lo salvó de su desmayo
Diana Bellessi
Variaciones de la luz
Visor, 2011.
Lo que nos queda
Un rato antes de salir de Cuba
voy a despedirme de esos pájaros
como locos gorjeando entre los árboles
del hotel Nacional, y ahí, la mejor
conversa de estos días tiene lugar
cuando le pregunto al jardinero
cómo se llaman ésos, los negritos
que cantan lindo entre las ramas y él,
negritos, dice despacio, parando
de cortar el pasto y después de mirarlos
bien, grajos les llaman los europeos
y son limpitos mire usted, bañándose
en la fuente y ahí nomás empieza
a silbar dialogando hasta que su silbo
cambia tras un silencio por otro
de qué belleza ¡señor! y sus ojos
se mueven a las ramas de un majagua,
sinsonte, dice, fino y delicado
en sus plumas y en su canto, vaya ahí,
bajo esos árboles a verlo y yo
obedecí, con los pitirre chiflando
y la tojosita en su dulce cucú
de torcaz, el mar enfrente y los turistas
detrás en el tumulto de las hojas
desaparecen, en el verde donde
busco la voz del sinsonte y me arrulla
la cortadora de pasto que de a ratos
se opaca por el silbo del jardinero
llamando a su compadre y que cante
para mí, el mejor poeta cubano
un rato antes de salir, negritos, sí
eso me dijo, y el resto es canto
Hilos
Buscando un alfiler abro esta cajita
de lata redonda y rosada
que me acompaña por las islas
de casa en casa y encuentro
un sin fin de hilos de colores,
los hilos que mamá me regalara,
su mano protectora dispuesta
a prever necesidades y acaricio
los hilitos como si así pudiera
rozar su mano en los detalles
del infinito abanico que aparecen
igual a un collar de perlas día a día
desasidas rodando con fulgor
y agradecida pena en mi corazón
por lo vivido como si fueran
algo natural esos gestos
que recibimos sin prestarles
la atención debida y se consagre
el instante que advertimos
mucho después frente a estos hilos,
azul perlé y sedativas rojas,
hilván blanco y fuerte el cadena
negro con botoncitos para posibles
arreglos en una casa que hoy
tu hija, vieja ya, y huérfana
aprecia con lágrimas en los ojos
La luz infinita
¡Mirá Elda! exclamó mi padre abriendo
el hueco de sus manos donde yacía
un milagro de plumas verdiazules
quieto y reverberando bajo el sol
del verano, mi madre lo tomó
como a un pequeño hijo delicado
y mojando sus dedos dejó caer
unas gomitas de agua sobre el pico
mientras le acariciaba dulcemente
la cabeza y le decía despertate
al colibrí parado ahí en sus dos
patas alzando el vuelo ante los ojos
de María y José, que iluminados,
no pensaron en la resurrección
y me contaron una y otra vez
que el agua lo salvó de su desmayo
Diana Bellessi
Variaciones de la luz
Visor, 2011.
miércoles, marzo 21, 2012
Nunca cambies. Poemas 2000-2010
Inti García Santamaría
México: Aldus, 2011.
Haz clic aquí para comprar en línea.
miércoles, marzo 14, 2012
Autorretrato (fragmentos)
.
Y llegados a este punto, debo repetir que, según mi opinión, la poesía es ante todo un incoercible deseo de alabar la realidad, de alabar el mundo "como existente". La poesía es una especie de elogio de la vida como tal, justo porque es la vida misma que habla de sí (de algún modo) a un oído que la entiende (de algún modo); habla a su manera, quizás de manera equívoca; de todas formas, la vida, la realidad, "crecen" en la alabanza, generándola y esperándola conjuntamente. Pero a través de la poesía no se adelanta sólo una alabanza (sentimiento y concepto que encontramos en toda una tradicón poética); se experimenta una verdadera "verificación" de la realidad. ¿En qué sentido? La realidad se manifiesta muy temprano, incluso al niño, en la tragedia de sus contradicciones; deja incluso entrever su nulidad final; pero siempre tiene instantes (que no son de hecho "raros" o "privilegiados" porque pueden sorprendernos en cualquier momento, incluso en lo más profundo del estancamiento depresivo) en los cuales revela la propia dignidad absoluta, o mejor, la propia "dignidad" de existir, que tiene razones únicamente en sí misma, todas por evidenciar y nunca del todo evidenciables. La poesía, en cierto sentido, verifica la realidad, juntándose a la alabanza de la realidad, que se hace tan fuerte que se convierte en prueba de resistencia, en prueba de valor. Naturalmente, todo esto puede parecer relacionado también con una forma de narcisismo y de "consuelo" autístico, puesto que alguien colocado en una posición parecida frente a la realidad, no tomaría en cuenta la interioridad y las situaciones de otros hombres, de aquellos que están a su alrededor. Pero si bien es cierto que Narciso es el primer modo de aparición de la existencia a sí misma, luego tiende a superarse fundando algo diverso. Y sobre este primordial autoconsuelo habría "mucho" que decir: ella es el "mucho", el abundar.
[...]
Hoy me siento en la posición de uno que todavía no ha dicho casi nada de aquello que debería haber dicho. Y es una impresión que siempre me ha acompañado: incluso si lo que he hecho, acumulándose, me da la sensación de haber cumplido cierto deber. Quod potui fecit; faciant meliora potentes, he hecho lo que he podido, quien pueda que haga, como debe, algo mejor, y me dará alegría leer ese algo mejor. Porque no veo ninguna rivalidad posible entre aquellos que escriben poesía, si escriben "para" la poesía. Cada presencia es una planta y una flor, un diamante o también una simple piedra coloreada, o un simple terrón de tierra, pero que no podrían no haber llegado, y "con razón", a existir.
Andrea Zanzotto
Del paisaje al idioma. Antología poética
Universidad Iberoamericana. Col. Poesía y poética, 1996.
miércoles, marzo 07, 2012
Dos poemas de José Molina
Domingo 10 P.M. y quizá un libro sobre daiquiris
Para defendernos del [para nos defender do
tránsito entrabas en [trafico se mergulhava
esas vías como [nessas estradas como
quien entra por [quem entra na
su casa sola [sua casa sozinha
sin miedo [sem medo
sólo para [só à
reconocer que [reconhecer que
el sofá sigue [o sofá ficou
en su sitio [no seu lugar
arterias les dicen [arterias as chaman
en estos días y [nestes dias e
con maestría [com mestría
conducías desde [dirigias desde
un wagon de [um wagon de
pasajeros hasta [passageiros até
un carrito del [um carrinho do
supermercado [supermercado
a explorar los [a explorar os
pasillos llenos [corredores cheios
de productos [de produtos
desde sonrisas [desde sorrisos
hasta crema [até creme
para las manos [para as mãos
cremas en tu [cremes na sua
ventana para [janela para
ver salir el [ver sair o
sol de un tono [sol dum tom
diferente [diferente
crema del baño [creme para o banho
crema de la cocina [creme para a cozinha
una que sabía [um que sabia
a coco [a coco
gavetas llenas de [prateleiras cheias de
crema para [cremes para
cualquier momento [qualquer ocasião
a cualquier [a qualquer
hora por si [hora em caso
era necesario [de ser preciso
ponerse la [carregar a
mochila o [mochila ou
sonreír a las [sorrir às
paredes [paredes
ponerse al [meterse ao
volante y [volante e
sumergirse en [mergulhar
esas arterias [nessas artérias
sin ninguna [sem nenhuma
razón sólo [razão só
por el valor [pela coragem
de no saber [de não saber
y no decir [e não dizer
olvidar [o esquecimento
Después de los detectives salvajes
entonces llego al final del libro y
me quedo hojeando el índice
buscando alguna respuesta infiltrada a
la última pregunta pero no hay
nada así que regreso a la pasta
y encuentro el nombre impreso de
la universidad de New Hampshire
y pienso en el frío y en la nieve y en
algún paisano forrado hasta las orejas
caminando por los pasillos de la
biblioteca y buscando un libro con un
título medio sacado de Faulkner pero
oh desilusión sólo hay un vacío en
el estante de literatura chilena
y se pregunta cómo demonios la
base de datos indica literatura
chilena cuando su pesquisa original versaba
sonre un nombre que recordó haber
leído por ahí: Papasquiaro y
entonces la cosa parece no tener
sentido y tiene que buscar un guía chileno
para que lo dirija en su búsqueda
de lo que no es la poesía mexicana
pero al mismo tiempo es la poesía
mexicana y mientras tanto el
paisano va y viene entre México y
Chile como si los dos países fueran lo
mismo pero en momentos se interrumpe
por las peleas entre Paz y Neruda y
se acuerda que no son lo mismo y
que en México se come chile y
jamás se piensa en un país ni en
Neruda ni en poesía y que tal
vez pierde el tiempo y que de
seguro Chile no va a los mundiales
como México aunque nunca gana y
que su guía chileno nunca habrá gritado
¡Viva México! Ni vivido de verdad lo
bueno y piensa qué es lo bueno y vuelve
los ojos a la ventana y se encuentra con
el frío y la nieve y el sol que se
apaga porque el vacío del estante es
más claro que la realidad
José Molina
Juno desierta
Mangos de Hacha, 2011.
Para defendernos del [para nos defender do
tránsito entrabas en [trafico se mergulhava
esas vías como [nessas estradas como
quien entra por [quem entra na
su casa sola [sua casa sozinha
sin miedo [sem medo
sólo para [só à
reconocer que [reconhecer que
el sofá sigue [o sofá ficou
en su sitio [no seu lugar
arterias les dicen [arterias as chaman
en estos días y [nestes dias e
con maestría [com mestría
conducías desde [dirigias desde
un wagon de [um wagon de
pasajeros hasta [passageiros até
un carrito del [um carrinho do
supermercado [supermercado
a explorar los [a explorar os
pasillos llenos [corredores cheios
de productos [de produtos
desde sonrisas [desde sorrisos
hasta crema [até creme
para las manos [para as mãos
cremas en tu [cremes na sua
ventana para [janela para
ver salir el [ver sair o
sol de un tono [sol dum tom
diferente [diferente
crema del baño [creme para o banho
crema de la cocina [creme para a cozinha
una que sabía [um que sabia
a coco [a coco
gavetas llenas de [prateleiras cheias de
crema para [cremes para
cualquier momento [qualquer ocasião
a cualquier [a qualquer
hora por si [hora em caso
era necesario [de ser preciso
ponerse la [carregar a
mochila o [mochila ou
sonreír a las [sorrir às
paredes [paredes
ponerse al [meterse ao
volante y [volante e
sumergirse en [mergulhar
esas arterias [nessas artérias
sin ninguna [sem nenhuma
razón sólo [razão só
por el valor [pela coragem
de no saber [de não saber
y no decir [e não dizer
olvidar [o esquecimento
Después de los detectives salvajes
entonces llego al final del libro y
me quedo hojeando el índice
buscando alguna respuesta infiltrada a
la última pregunta pero no hay
nada así que regreso a la pasta
y encuentro el nombre impreso de
la universidad de New Hampshire
y pienso en el frío y en la nieve y en
algún paisano forrado hasta las orejas
caminando por los pasillos de la
biblioteca y buscando un libro con un
título medio sacado de Faulkner pero
oh desilusión sólo hay un vacío en
el estante de literatura chilena
y se pregunta cómo demonios la
base de datos indica literatura
chilena cuando su pesquisa original versaba
sonre un nombre que recordó haber
leído por ahí: Papasquiaro y
entonces la cosa parece no tener
sentido y tiene que buscar un guía chileno
para que lo dirija en su búsqueda
de lo que no es la poesía mexicana
pero al mismo tiempo es la poesía
mexicana y mientras tanto el
paisano va y viene entre México y
Chile como si los dos países fueran lo
mismo pero en momentos se interrumpe
por las peleas entre Paz y Neruda y
se acuerda que no son lo mismo y
que en México se come chile y
jamás se piensa en un país ni en
Neruda ni en poesía y que tal
vez pierde el tiempo y que de
seguro Chile no va a los mundiales
como México aunque nunca gana y
que su guía chileno nunca habrá gritado
¡Viva México! Ni vivido de verdad lo
bueno y piensa qué es lo bueno y vuelve
los ojos a la ventana y se encuentra con
el frío y la nieve y el sol que se
apaga porque el vacío del estante es
más claro que la realidad
José Molina
Juno desierta
Mangos de Hacha, 2011.
Dos poemas de Rodolfo Alonso
.
Epifanía
Como luz en la luz
suena el invierno, al sol.
Serena madurez,
sabor desnudo
que suspende y sostiene
sin sospechar que sabe,
secreto, sólo en sí,
siente sin sentimiento,
a simple sed,
a simple ser,
solo y sumo en el sol
sagrado del silencio
seco, soberbio, suelto
sobre ese frío encendido.
Como luz en la luz
suena el invierno, al sol.
Serena madurez,
sabor desnudo
que suspende y sostiene
sin sospechar que sabe,
secreto, sólo en sí,
siente sin sentimiento,
a simple sed,
a simple ser,
solo y sumo en el sol
sagrado del silencio
seco, soberbio, suelto
sobre ese frío encendido.
Consecuencias
Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso.
Un día, mirando sin haberlo previsto el hueco entre el pulgar y el índice de mi mano derecha, yo me he visto latir. Es decir, me he sorprendido vivo, he visto a la vida haciendo su trabajo, a mi cuerpo haciendo su trabajo, por su cuenta, sin que yo tuviera nada que ver en todo eso.
Rodolfo Alonso
Poemas pendientes
Alción, 2010.
martes, febrero 21, 2012
Dos poemas de Haroldo de Campos
.
poema qohelético 1 : año bueno, día uno
la vida pasó como un
murciélago
como un muerto
ciego
que desbarata
demora este despertar
cotidiano
sin memoria
desmemoria cotidiana
que naufraga
entre el exit y el éxito
liquidada
por el saberse nada:
ni trazo ni proyecto
la poesía
pensada como un punto (punctum)
ciego en la retina
bajo un sol salvaje
la poesía
una punta que revienta de esa cuerda
debilitada por el asedio del
diario trabajo de lo real:
ejecutivos jineteando en lugar eminente
de las noches de overnight
donde el latido de los duendes insomnes
ratea como un cero
cero y ratones — hechos
en este domingo de primero de año
cuarenta años de poesía son un bloque
inútil de raeduras
garbage lixo basura
oí la fuente
una vez
y el rumor de la fuente:
la mano se quemó
se desfiguró la escritura
en la quemadura se deformó el rostro
se me cerró el horizonte
oportet
preciso
es tener paciencia
decantar los vinos
releer un viejo verso que el cetrino
zumo de los limones
verdeciendo acidula
preciso
es tener ciencia
purificar del limo
el agua que se filtra en la palabra luz
el himno del muchacho rené char la voz
la voladora voz
el timbre sibilino
del mirlo de oro que clausura el alba
preciso
es tener ausencia
sutileza
tactos
amor ( el acto y los entreactos )
dolor utilidad temor querencia
para hacer de este papel
poema
de esta que mana del estilete azul
oscura tinta esferográfica
preciso es tener
demencia
obsesión
incertidumbre
certidumbre
oscuridad gozosa
gracia plena
fuego fundido
para hacer de la tinta y la madera
apisonada en pulpa
que en la corteza antes llevaba
como blasón tu nombre:
la cosa
el cuerpo
la cosa
en sí
la doble valva
el lacre bajo las pubescentes sílabas
el preciso diseño
que como al dios de adán una costilla
me deja hacer de este papel poema y de la insinuada
tinta hace
mujer
Haroldo de Campos
Crisantiempo
Traducción y prólogo: Andrés Sánchez Robayna
Acantilado, 2006.
martes, febrero 14, 2012
Una monja un poco gitana (fragmento)
.
Osvaldo Aguirre: Al leer tus poemas se ingresa en un mundo diferente, muy particular, que parece cumplirse más allá de éste. Es, podría decirse, el modo en que regresa el pasado: una infancia reinventada, ¿no?, más que el testimonio documental de la infancia.
Marosa di Giorgio: Pero la poesía, y todo el arte, ¿no es siempre una reinvención? No es una copia del mundo, porque es inapresable el mundo. Yo lo veo y lo transformo en escritura, y pongo cosas de mí. Eso queda como transmutado. Porque vemos las cosas y después aparecen como las mismas y de otro modo. Yo no creo que la infancia sea el motivo de esa poesía. Esto tiene que ver sobre todo con el lenguaje, la escritura, la poesía y con otras cosas. La naturaleza tiene un papel importante, y no es tampoco un retrato de la naturaleza. ¿Tú cómo lo ves?
OA: Para mí, brevemente, hay un núcleo de experiencia fuerte que funciona como base para la imaginación. Ahora, en Historial de las violetas, al hablarse de "la noche de las azucenas de diciembre" se dice: "aquello ocurre con sólo quererlo. Basta que se lo desee para que ya sea". Y después: "así me abro a otro paisaje y a otros seres". ¿Es ésta una explicación de tu manera de escribir?
MG: Ese tránsito, ese trance, es el que acontece siempre, el que viene para estas cosas, ¿no? Lo que cuento es de este mundo y no es de este mundo. Porque seguramente los abuelos existen, los hongos existen, las rosas existen, pero es como que están en otra zona, los voy a buscar a otra parte.
OA: ¿Ese tránsito acontece antes o durante la escritura?
MG: Es inconsciente. Los poemas, todos [señala la edición de Los papeles salvajes], muchísimos, me caen en la mente. La palabra trabajar me resulta un poco dura, pero era como que los elaboraba de alguna manera en lo interior. Empezaba a venir eso y lo ordenaba. En cambio en el último libro, de ralatos (Misales), empecé a escribir al azar. Tomaba una hoja, un papel y no sabía para dónde iba. Pero igual se tejía todo y llegaba un momento culminante.
OA: Ahora, si ocurre con sólo quererlo, hay también algo de magia, ¿no? Y justamente, en un poema de Está en llamas el jardín natal, escribís: "yo soy de aquel tiempo, los años dulces de la Magia".
MG: Si fijo la atención en esa zona que yo sé, empiezan a aparecer cosas y cosas. Si quisiera estaría continuamente en la escritura. No te puedo explicar qué mecanismo es. Pero sé que hay una manera de ponerme en situación. Ahí empieza a manar, y cesa cuando yo quiero. Es una habitación a la que tengo acceso.
OA: ¿Y cuando eso cesa el poema ya está?
MG: Yo no salgo de ahí hasta que el poema esté cuajado. No me he propuesto nunca escribir un poema. Empiezo a contar algo desde esa zona; es un llamado al que acudo. Cuando eso tiene que venir, aparece. Sea de noche o de día, no hay actividad que lo detenga. Siempre lo que provoca más es lo que tiene relación con la tierra, con el cielo, con lo agrario, pero eso está mezclado a mil cosas más, cosas como inasibles, inexpresables. Las primeras impresiones que recibí del mundo, que me siguen nutriendo: ¡la primera vez que vi la luna, las estrellas! Eso quedó ahí como un impacto. Era eso y algo más. Tomo la palabra de otra poeta, Concepción Silva Belinzon, al referirse al firmamento: "Tu misteriosa letra conocida". La letra de Dios.
OA: Sabés cómo hacer un poema...
MG: Sé cómo llegar hasta ahí.
OA: ¿Y cuándo aprendiste?
MG: Ah, no sé. Siempre hay un misterio... Es una facultad. Tú como poeta lo sabrás. Yo escribo sin rumbos, ni proyectos, ni fin alguno. Soy una princesa desnuda y descalza, una monja un poco gitana, esperando que le caiga, desde el cielo, algo a las manos. Algo, como ser, una vara de gladiolo, una rata. No necesito más.
Marosa di Giorgio
No develarás el misterio. Entrevistas 1973-2004
Compilación: Nidia di Giorgio/ Selección: Edgardo Russo
Edición y prólogo: Osvaldo Aguirre
Este fragmento pertenece a una entrevista publicada originalmente en el Diario de Poesía, número 34, en julio de 1995.
martes, febrero 07, 2012
1 de marzo / Casa Refugio Citlaltépetl
La editorial Aldus
invita a la presentación del libro
NUNCA CAMBIES. POEMAS 2000-2010
de Inti García Santamaría
Comentan:
Ricardo Cázares,
Verónica Gerber Bicecci
y Daniel Saldaña París
Ricardo Cázares,
Verónica Gerber Bicecci
y Daniel Saldaña París
JUEVES 1 DE MARZO
19:30 hrs
Casa Refugio Citlaltépetl
Citlatépetl 25 (entre Campeche y Ámsterdam),
col. Hipódromo Condesa.
:::::::::::::::::::::::
sábado, enero 28, 2012
Colores de otoño (fragmentos)
.
El arce rojo (fragmento)
Mientras cruzo el prado y me dirijo directamente a una elevación baja en esta tarde esplendorosa, veo a unos doscientos cincuenta metros hacia el sol, el follaje de un conjunto de arces que aparecen sobre el borde rojizo brillante de la colina, una franja de unos cien metros de largo por tres de profundidad, del más intenso escarlata, naranja y amarillo, igual a cualquier flor o fruto, o a cualquier matiz jamás pintado. A medida que avanzo, bajando por el borde de la colina que hace de primer plano o de borde inferior de este cuadro, aumenta la profundidad de este brillante bosquecillo, que se revela poco a poco y sugiere que todo el valle rodeado de montañas está pintado de este color. Uno se pregunta si los prohombres y los padres de nuestro pueblo no han salido a ver lo que los árboles quieren decir con sus espléndidos colores y su exuberancia por miedo a que tramen alguna travesura. No comprendo qué hacían los puritanos en esta estación, cuando los arces llamean de carmín. Sin duda no rezaban en estos bosques. Quizá por eso construyeron sus templos y los cercaron rodeándolos de caballerizas.
Hojas caídas (fragmento)
¡Qué saludables tisanas habrá ahora en los pantanos! ¡Qué generosos aromas medicinales de las hojas en descomposición! La lluvia que cae sobre las hierbas y las hojas recién secadas que llenan las charcas y las zanjas en las que han caído limpias y rígidas pronto se convertirá en una infusión –tés verdes, negros, marrones y amarillos, de todos los grados de intensidad–, con fuerza suficiente para poner a toda la naturaleza a cotillear. Las bebamos o no, estas hojas, antes de que se extraiga toda su sustancia, secadas en la gran tetera de la naturaleza, tienen unos tonos tan delicados y puros como los que han hecho famosos a los tés orientales.
Henry David Thoreau
Colores de otoño
Traducción: Silvia Komet
Torre de viento, 2002.
sábado, enero 21, 2012
Estilo (fragmentos)
.
“9.- La imagen negra para ti que duermes. Un vicio transparente. Sé la racha de pájaros. Una racha de pájaros caliente. Sé el zumbido hirviendo. Sé encima de nosotras al final de ese vuelo. Que se estrellen los picos. Que terminen y duelan terminando.”
“9.- La imagen negra para ti que duermes. Un vicio transparente. Sé la racha de pájaros. Una racha de pájaros caliente. Sé el zumbido hirviendo. Sé encima de nosotras al final de ese vuelo. Que se estrellen los picos. Que terminen y duelan terminando.”
“14.- Danos una botella y acabaremos con tu mundo. Préndenos y el fuego correrá como plaga. Llegamos hasta tu oficina. Hasta tu máquina. Llegamos hasta tu silla de maestro. Hasta ese mundo que ya no es el mundo. Donde nada se toca y nos besamos. Unimos nuestros labios de niñas mojadas con algún combustible. Danos un bosque. Danos la presidencia.”
“19.- Para dormir sobre tu sangre queremos que nos tapes los ojos y nos pongas lo desconocido en la lengua. Llévanos donde nace el fervor y el cielo pierde. Queremos internarnos en lo más caliente. En lo más caliente, fervor. Todas queremos retozar sobre el combustible como si fuera un campo de lobelias. Queremos que nos tapes los ojos y probar. Probar el golpe frío de los sabores que nos hinchan los labios y levantan la guerra. Probar sin ver la pólvora que nos enciende. Recibir sin saber cuántas cabezas están rodando en la ciudad. Ofrécenos.”
“25.- Este libro no existe. Es sólo un monitor plagado por los códigos para que nos entiendas. Queremos que quieras abrazarnos. Este libro no existe. Es un organismo que camina. Ya sabes quiénes somos, País. Somos la negación y el tránsito que construye tu trama. Somos la lengua de animal y máscara de niña. Las piernas de muñeca. La luz del monitor. Queremos que nos quieras calientes.”
“2.- No nos encontrarán pero estaremos saludando desde el monitor. Hablándote a la cara. Transmitiremos desde la fosa detenida hasta tu desayuno. No habrá más que descomposición. Beberás de ahí. Trabajarás de ahí. Construirás estrellas y levantarás reyes y reinos. Le besarás los pies a la grosería. La pondrás en altares y le dedicarás tu pensamiento. Tiempo sin sol. Tiempo sin tiempo.”
Dolores Dorantes
Estilo
Mano Santa, 2011.
Lectura en línea del libro completo:
http://issuu.com/luisfernandoortega/docs/dolores_dorantes
sábado, enero 14, 2012
Poesía, etcétera: puesta a punto
.
Odio a la poesía
. . . . —La pérdida de rumbo del verso tradicional, el fracaso de su «mantenimiento», el fracaso de sus «modificaciones», el fracaso de su destrucción a manos del verso libre, el de la posterior destrucción del verso libre, la «época de la variedad», el agotamiento de las formas de contar la destrucción de la tradición mediante diferentes formas de memorizar la tradición, cuanto las matemáticas del ritmo ayudan a desentrañar de la poesía llamada «moderna», todas esas cosas están acabando por llevar a una crisis que no es ya sólo crisis de versos: es odio a la poesía, tentación de negar la poesía, de eliminar la poesía.
. . . . Hay un vínculo natural entre, de un lado, la disolución de las relaciones privilegiadas que hace tiempo mantenían verso, prosa y lengua y, de otro, la angustia que reina en lo que respecta a la posibilidad misma de escribir y, ante todo, de escribir poesía.
. . . . El «odio a la poesía», el requerimiento por el que se intima a la poesía a que desaparezca, nacen, en primer lugar, del hundimiento de un sistema de referencias largo tiempo admitido de manera implícita por todo el mundo; en segundo lugar, de la imposibilidad, ya innegable después de más de un siglo de esfuerzos en tal sentido, de encontrar a cambio otro dotado de idéntico rango de muda universalidad, es decir, uno en el que la gente se reconociera sin tener conciencia de estarse reconociendo en él.
. . . . Al poeta, ha escrito el doctor Lacan en algún sitio con desdén, «se lo comen los versos (“les vers: versos/gusanos”)». Es cierto. Aunque no sólo a él. Y lo sabe. Pero ha cometido un pecado imperdonable. No ha guardado intacta «la vieja manera de decir» que no todo puede ser dicho. Por tal razón ha sido si no reducido al ostracismo, por lo menos condenado al silencio, puesto en ridículo. Y os echáis ciegamente en brazos de las «métricas de sustitución»: en los del psicoanálisis, por ejemplo.
. . . . —Yo no.
. . . . —No estaba hablando con usted.
Desaparición (comercial) de la poesía
. . . . —Con todo y eso.
. . . .—Es imposible que un libro de poesía tenga de inmediato muchos lectores. Se necesita tiempo para leerlo. Cada voz de poesía es singular, no es posible que sea completamente aceptable para muchos de manera simultánea, a menos que
. . . . a) se haya convertido en voz del pasado
. . . . b) se haya interpretado mal su sentido
. . . . c) lo sea porque transmite alguna otra cosa (algo que no puede ser dicho en ningún otro sitio, por estar prohibido).
. . . . De lo que resulta que aun cuando el conjunto de libros de poesía estuviera haciendo, globalmente, un buen papel comercial, cada poeta no podría hacerlo de manera individual y la poesía, en consecuencia, seguiría sin adaptarse ala situación actual.
Que la poesía es difícil (fragmento)
[...] La poesía ultracontemporánea presenta aún otra característica, que da origen a una dificultad real, muy distinta de lo que corrientemente se entiende por dificultad (vocabulario, construcciones, formas, presentación, ideas,…): si se toma en consideración lo que representa la memoria, la hipótesis de la memoria implica que la poesía se adelanta a los cambios que se dan en la lengua (el tiempo de la poesía es también un futuro anterior), los anuncia, incluso es posible que participe en su eclosión.
. . . . Puesto que la poesía contiene el futuro de la lengua, la lengua parece rara, insólita, difícil, en la poesía del presente.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra ciertos rasgos propios de su futuro.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra rasgos olvidados de su pasado.
. . . . La poesía preserva el pasado de la lengua en su presente. Da una imagen agustiniana de la lengua.
. . . . La poesía devuelve un sentido olvidado a las palabras de la tribu.
. . . . —Muy elocuente se nos pone usted, así de repente.
Jacques Roubaud
Poesía, etcétera: puesta a punto
Traducción: José Luis del Castillo Jiménez
Hiperión, 1999.
. . . . —La pérdida de rumbo del verso tradicional, el fracaso de su «mantenimiento», el fracaso de sus «modificaciones», el fracaso de su destrucción a manos del verso libre, el de la posterior destrucción del verso libre, la «época de la variedad», el agotamiento de las formas de contar la destrucción de la tradición mediante diferentes formas de memorizar la tradición, cuanto las matemáticas del ritmo ayudan a desentrañar de la poesía llamada «moderna», todas esas cosas están acabando por llevar a una crisis que no es ya sólo crisis de versos: es odio a la poesía, tentación de negar la poesía, de eliminar la poesía.
. . . . Hay un vínculo natural entre, de un lado, la disolución de las relaciones privilegiadas que hace tiempo mantenían verso, prosa y lengua y, de otro, la angustia que reina en lo que respecta a la posibilidad misma de escribir y, ante todo, de escribir poesía.
. . . . El «odio a la poesía», el requerimiento por el que se intima a la poesía a que desaparezca, nacen, en primer lugar, del hundimiento de un sistema de referencias largo tiempo admitido de manera implícita por todo el mundo; en segundo lugar, de la imposibilidad, ya innegable después de más de un siglo de esfuerzos en tal sentido, de encontrar a cambio otro dotado de idéntico rango de muda universalidad, es decir, uno en el que la gente se reconociera sin tener conciencia de estarse reconociendo en él.
. . . . Al poeta, ha escrito el doctor Lacan en algún sitio con desdén, «se lo comen los versos (“les vers: versos/gusanos”)». Es cierto. Aunque no sólo a él. Y lo sabe. Pero ha cometido un pecado imperdonable. No ha guardado intacta «la vieja manera de decir» que no todo puede ser dicho. Por tal razón ha sido si no reducido al ostracismo, por lo menos condenado al silencio, puesto en ridículo. Y os echáis ciegamente en brazos de las «métricas de sustitución»: en los del psicoanálisis, por ejemplo.
. . . . —Yo no.
. . . . —No estaba hablando con usted.
Desaparición (comercial) de la poesía
. . . . —Con todo y eso.
. . . .—Es imposible que un libro de poesía tenga de inmediato muchos lectores. Se necesita tiempo para leerlo. Cada voz de poesía es singular, no es posible que sea completamente aceptable para muchos de manera simultánea, a menos que
. . . . a) se haya convertido en voz del pasado
. . . . b) se haya interpretado mal su sentido
. . . . c) lo sea porque transmite alguna otra cosa (algo que no puede ser dicho en ningún otro sitio, por estar prohibido).
. . . . De lo que resulta que aun cuando el conjunto de libros de poesía estuviera haciendo, globalmente, un buen papel comercial, cada poeta no podría hacerlo de manera individual y la poesía, en consecuencia, seguiría sin adaptarse ala situación actual.
Que la poesía es difícil (fragmento)
[...] La poesía ultracontemporánea presenta aún otra característica, que da origen a una dificultad real, muy distinta de lo que corrientemente se entiende por dificultad (vocabulario, construcciones, formas, presentación, ideas,…): si se toma en consideración lo que representa la memoria, la hipótesis de la memoria implica que la poesía se adelanta a los cambios que se dan en la lengua (el tiempo de la poesía es también un futuro anterior), los anuncia, incluso es posible que participe en su eclosión.
. . . . Puesto que la poesía contiene el futuro de la lengua, la lengua parece rara, insólita, difícil, en la poesía del presente.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra ciertos rasgos propios de su futuro.
. . . . La lengua parece rara en la poesía ultracontemporánea porque en ella muestra rasgos olvidados de su pasado.
. . . . La poesía preserva el pasado de la lengua en su presente. Da una imagen agustiniana de la lengua.
. . . . La poesía devuelve un sentido olvidado a las palabras de la tribu.
. . . . —Muy elocuente se nos pone usted, así de repente.
Jacques Roubaud
Poesía, etcétera: puesta a punto
Traducción: José Luis del Castillo Jiménez
Hiperión, 1999.
miércoles, diciembre 28, 2011
Clásicos selecta (2000-2010)
Clásicos selecta (2000-2010)
Inti García Santamaría
Montevideo, Uruguay:
La Propia Cartonera, 2011.
Descarga el PDF aquí:
http://es.scribd.com/doc/168380146/Cla%CC%81sicos-selecta
miércoles, diciembre 21, 2011
Dos poemas de Alfonso D'Aquino
.
El cosmógrafo
...y esto, en cambio, sucede por una acentuación
del pensamiento...
G. M. Hopkins
Estaba viendo las estrellas la otra noche
y era como si estuviera viendo las estrellas otra noche
mentalmente me veía mirarlas
y también podía verme mirándome verlas
Me recuerdo mirando las estrellas me decía
y ya recordaba que otra vez las veía
Desde un vidrio me veo y en otro me reflejo
y miro que me miro
y también imagino que una estrella distinta
de pronto se refleja de este lado del libro
Y en cada vidrio que veo un reflejo distinto
de mí mismo se parte y me extravía...
(blue sapphire)
Piedra de las cuatro casas
cada una dentro de la otra a la distancia
en la perspectiva que se prolonga de un cuarto a otro
a lo largo de distintas ventanas
Una casa de tierra una casa lejana una casa de piedra
con el techo de cielo y una casa de aire suspendida en las ramas
o simplemente las distintas caras del azul
si la piedra se mueve o cambia la luz
La blanquísima casa entre las nubes
Xochicaltitla número cincuenta oculta en Coyoacán
el lugar donde abundan las flores
la casa llena de muchachas descalzas
En el callejón empedrado como un sueño
cada casa con su árbol y su loco encadenado
azul bajo cualquier luz
cada perro su fantasma como un hueso
Ya mi primer recuerdo fue verme viendo flores
una maceta de geranios enfrente de los ojos
la circulación de las formas en los reflejos del ventanal
la húmeda huella de unos pies en los mosaicos rojos
Vidrio nublado en el silencio añil
mientras en un rincón del jardín el trueno se cubría de gusanos
en el muro de la yerba santa
unas enormes manchas de humedad me llenaban de desasosiego
Prismas perfectos de una claridad que me ciega
la turbia y al mismo tiempo pura
intensidad de las luces interiores de la piedra
–como niebla azulosa tras un vidrio sin nadie
Frente a la opacidad de los cuerpos enfermos
la música como una forma casi tangible de la felicidad
el jardín con todos sus encantos abiertos y velados
y los libros siempre tantos iluminados y secretos
En su cuarto en penumbra al mediodía
me veo leerle a Pita moribunda
ininteligibles fragmentos del Inferno
que ella en su lúcida somnolencia escuchaba en silencio
Signos producidos por el tacto que recorre la piedra
audibles signos toco sus colores internos
sordas notas huecas la pureza del rojo la profundidad del verde
terciopelo del tacto enamorado de una gema
Hay una casa alojada en mi cabeza
hay una casa a la que sólo vuelvo en sueños
hay una casa a la que nunca he vuelto en sueños
hay una casa de la que no he salido
Carretera Federal a Cuernavaca seis cero seis cero
en el jardín abandonado el liquidámbar siempre verde
lo regué durante trece años cada día
porque entre sus raíces crecía un muerto
Sombras en los vidrios de Tlalpan a mi paso
sombras en San Fernando y sus calles cubiertas de flores de jacaranda
sombras sin principio ni fin dando vuelta en las esquinas de mi mente
sombras por flores en el mercado de las flores
Y gatos infinidad de gatos en los árboles y las escaleras
abejas y tortugas y aquel ave de azoro que soltamos
y una perra tras otra
y varios otros animales bajo tierra
La imaginaba pintada de un azul tan tenue
que en las tardes se confundiera con el color del cielo
lluvia hasta dentro de los libros de la ropa y de los huesos
y por momentos azulosa simplemente desapareciera
Ácida lucidez de mi letrada soledad
iba gestando entre las húmedas paredes y los vidrios ardientes
debajo de las piedras y los forros amarillos
un hongo negro
El azul se descubre por sí solo
como la estrella que oculta el cuerpo fragmentado y repartido
una parte en cada pieza de la casa
y una parte que siempre está perdida
Paso un dedo por la pulida superficie de la piedra
y no puedo dejar de sentir que me acaricia
como una carne tibia con todas las tonalidades del azul
la tersura de su tacto sube por mi mano sin prisa
Y entre las huellas de mis dedos y la piel del cristal
despierta otro sentido
como la música silenciosa que brota de mi mano
al contacto de este fragmento de cuerpo azul endrino
Cesó la lluvia brilla el aire
si no fuera imposible hablar de la divina claridad de la casa de espejos
que al menos mis palabras transparenten
esta tinta inconcebible que corre por mis dedos
Líneas de interferencia cristalina
muestran cada vez una estrella distinta
plaque tournante de las otras casas vividas
series de corredores escaleras tejados y vitrinas
Aquí en los Montes aprendí finalmente a deletrear los astros
a palpar la mínima distancia entre una cara y sus reflejos
en el bosque de niebla los árboles se esfuman en el aire
y a dejar de saludar al fin aun a aquellos que conocí de lejos
Frente al cuarto vacío
el fondo de la alberca se ha cubierto de hojas de encino
y en sus paredes deslavadas crecen inquietantes manchas
como si todo hablara de la extinción del bosque en cada signo
Acechante pupila montada en oro viejo verdecido
intensamente azul genciana sigue desde la mesa mis gestos y sigilos
entre copas vacías y espirales de polvo
imagen previa de la luz en los otros sentidos
Cuerpo de gloria desmembrado en gemas
a partir del mínimo fragmento me deja vislumbrar
desde el centro de la asteria que me guía
hacia adentro de la piedra todo el cuerpo repartido
Hay una casa que desaloja mi cabeza
hay otra casa a la que nunca he vuelto en sueños
hay otra casa a la que aún no he entrado
hay otra casa de la que nunca habré salido
Constelación de objetos a la espera
de la oscuridad en la que se despojarán de su apariencia
y ya sólo el tacto quedará para reconocerlos
las huellas aptas para tocar la música de las piedras
A través del ventanal me veo desde el jardín
reflejado en las ventanas de mis ojos entrar en otra casa
profunda y luminosa como son las casas en los sueños
donde siempre se abre inesperadamente un cuarto nuevo
Y en la huella que se desvanecía sobre el mosaico rojo
me vi dejar la merada huella de mis labios en el sueño
y al fondo de la gema brillar en el reflejo de mi frente
como un volcán diminuto otro triángulo luminoso
El lento movimiento circular del dedo en el zafiro
expande la sensación del roce hasta las circunvoluciones de mi cerebro
y cada giro me acerca al mismo tiempo que enerva cada surco
al punto iluminado que se desprende de mi mano más allá de mí mismo
Ven... entra... ven... no hay nadie dentro...
entra... y no habrá nadie...
Alfonso D'Aquino
Astro labio
Libros Magenta, 2011.
Etiquetas:
Alfonso D'Aquino,
México
miércoles, diciembre 14, 2011
Cuatro poemas de Hugo Padeletti
.
YA NO VOY A OCUPARME
de la flor del ciruelo,
de la lluvia que cae en el jardín,
de las hojas de jade que palpitan
en el agua de jade.
Me quedo con la impávida ventura
de la taza de té,
con la fresca humedad
de la camelia dibujada.
Ayer es un ciruelo lancinante,
una lluvia que cala el corazón,
un deslumbramiento de jade
que fluye, irreparable,
por el río de jade.
Me vuelvo hacia las formas impasibles
de las flores antiguas del papel,
al amor temperado del laúd,
a la rama de incienso de los clásicos.
SE DICE QUE LAS SOMBRAS DEL HINOJO
cuando se ven de pronto, sobre un lecho
de lajas, figuran el futuro.
La lectura es oscura. Sólo el ojo
que nada espera
ve lo que le espera. Ve la primavera
salpicada de rojo, ve el verano
del piojo y el ratón
–sin goce y sin enojo–, ve el otoño
que desnuda su hueso y, en el beso
de mármol del invierno,
su epitafio, su infierno.
EL ARBOL DE LA CULPA
5
¿Nadie sabe qué es
. . . . el helecho,
este milagro que respira?
¿Nadie sabe qué es
. . . . el gorrión,
que salta en el suelo y se va,
. . . . que vuela en el cielo?
¿Nadie sabe qué es este momento
. . . . de aire como miel,
que ya no es este momento?
Nadie sabe qué es
. . . . el corazón que late,
el tiempo que late y combate
. . . . y los grandes espacios
abiertos, que palpitan.
7
. . De escogidas, profundas, solitarias
. . . . . palabras he vivido. De los bardos
. . . . . . . . . . . del mundo, las movientes
palabras solitarias.
. . . . . . . . ¿Así podría morir?
Cuando cae la carne de las grandes
. . . . . palabras solitarias,
. . . . . . . . . . . cuando cae la carne
de los frutos –oh carne–
. . . . . . . . estoy adentro.
Hugo Padeletti
El Andariego. Poemas 1944 1980
Fondo de Cultura Económica, 2007.
YA NO VOY A OCUPARME
de la flor del ciruelo,
de la lluvia que cae en el jardín,
de las hojas de jade que palpitan
en el agua de jade.
Me quedo con la impávida ventura
de la taza de té,
con la fresca humedad
de la camelia dibujada.
Ayer es un ciruelo lancinante,
una lluvia que cala el corazón,
un deslumbramiento de jade
que fluye, irreparable,
por el río de jade.
Me vuelvo hacia las formas impasibles
de las flores antiguas del papel,
al amor temperado del laúd,
a la rama de incienso de los clásicos.
SE DICE QUE LAS SOMBRAS DEL HINOJO
cuando se ven de pronto, sobre un lecho
de lajas, figuran el futuro.
La lectura es oscura. Sólo el ojo
que nada espera
ve lo que le espera. Ve la primavera
salpicada de rojo, ve el verano
del piojo y el ratón
–sin goce y sin enojo–, ve el otoño
que desnuda su hueso y, en el beso
de mármol del invierno,
su epitafio, su infierno.
EL ARBOL DE LA CULPA
5
¿Nadie sabe qué es
. . . . el helecho,
este milagro que respira?
¿Nadie sabe qué es
. . . . el gorrión,
que salta en el suelo y se va,
. . . . que vuela en el cielo?
¿Nadie sabe qué es este momento
. . . . de aire como miel,
que ya no es este momento?
Nadie sabe qué es
. . . . el corazón que late,
el tiempo que late y combate
. . . . y los grandes espacios
abiertos, que palpitan.
7
. . De escogidas, profundas, solitarias
. . . . . palabras he vivido. De los bardos
. . . . . . . . . . . del mundo, las movientes
palabras solitarias.
. . . . . . . . ¿Así podría morir?
Cuando cae la carne de las grandes
. . . . . palabras solitarias,
. . . . . . . . . . . cuando cae la carne
de los frutos –oh carne–
. . . . . . . . estoy adentro.
Hugo Padeletti
El Andariego. Poemas 1944 1980
Fondo de Cultura Económica, 2007.
miércoles, diciembre 07, 2011
Tres poemas de Ángel Ortuño
.
CelajeUso ciertas palabras
por prescripción
médica.
Sufrí envenenamiento con magnesio.
Pero otras, en cambio, las profiero sin tener ni siquiera
la sombra de un objeto, de un árbol.
Cipreses, por ejemplo, hacia los cementerios
enlosados de mármol
donde los muertos vivos
juegan a ser banqueros y no comen paté
sino cerebros.
Luego termina todo sin motivo ninguno.
El ulular, el ruido de los radios
pleno de interferencia.
In anima vili
Altos estudios, pipas
de kif, tambores
para el empalamiento. La antropóloga
era tan solo eso. Lo sabíamos
todos,
incluso quien nos dijo que en Japón
se filmaban películas
donde se hería la lengua de las protagonistas.
Aunque aquí no podíamos
saber si la antropóloga seguía teniendo lengua.
No era
ni remotamente
japonesa.
Robert Johnson
Una mujer de corazón tan tierno.
Un whisky envenenado.
Nadie dijo: ahí
como un perro rabioso vendrá mi Redentor
a reírse de mí:
¿Aceptó que vendieras
lo que nunca tuviste?
¿Dónde queda ese cruce de caminos?
Tú escupías espuma.
Él era alto y blanco.
Ángel Ortuño
Mecanismos discretos
Mano Santa, 2011.
Lectura en línea del libro completo:
http://issuu.com/luisfernandoortega/docs/ortuno
lunes, noviembre 28, 2011
Patria mía (fragmentos)
Las enfermedades de las letras norteamericanas son, principalmente, la podredumbre y la revistitis.
. . . Hay enfermedades menores; en poesía, por ejemplo, existen ciertas viruelas:
. . . Hay la «escuela de la virilidad», o «sangre roja»; parece imaginar que el hombre se diferencia de los animales inferiores por la posesión del falo. Sus obras parecen folletos de Sandow.
. . . Hay la «escuela despampanante» que sigue lo peor de las obras de Kipling y Swinburne. Parecería que sus metas son nombrar el mayor número posible de constelaciones, abrumándolas con el mayor número posible de adjetivos polisílabos, apropiados o impropios.
. . . Está la escuela sociológica, que utiliza versos débiles para repetir las ideas que expresó la prosa de las revistas del año pasado.
. . . Bajo un estandarte similiar se encuentran los post-whitmanianos.
. . . Pero Whitman no era un artista, sino un reflejo; en una época de letras parecidas al papier-maché, el primer reflejo honesto. Representó a la época y a la gente (de 1860-80); esto es –tal vez– lo más ofensivo que puede decirse de ambos.
. . . Sus «seguidores» no van más allá del plagio de sus defectos estilísticos. No tienen presente que un reflejo honesto en 1912 arrojará destellos radicalmente diferentes de los que lanzó el reflejo de 1865.
. . . Los pies de estos chapoteadores nadan en la escuela de la «producción normal», es decir, todos aquellos que fatigan las páginas con sentimientos domésticos, agradables e inofensivamente versificados.
. . . Y sobre todo esto se encarama el abultado moho de nuestras «mejores revistas».
. . . No se trata aquí de la ignorancia o la indiferencia popular, sino de los pseudo-artistas y del sistema de control editorial. Las artes pueden prosperar aun en los tiempos de más densa ignorancia popular. Pueden prosperar, supongo, a pesar de todos los falsos sacerdotes y productores de imitaciones comerciales, pero en este último caso la nación no será conciente de la existencia del arte vivo, y la estafa proseguirá.
. . . El artista serio no juega con la ley de la oferta y la demanda. Es como el químico que experimenta, con 40 resultados inútiles, una impagada pérdida de tiempo, y cuyo experimento número cuarenta y uno, o cuatrocientos uno, produce la maravilla susceptible de pasar a la posteridad. El comerciante debe dejar sus experimentos y descubrimientos, limitándose a la producción de aquello que tiene una demanda, o a la venta de sus chapucerías; ambas posibilidades son tan nocivas para el artista como lo serían para el hombre de ciencia.
. . . Hay enfermedades menores; en poesía, por ejemplo, existen ciertas viruelas:
. . . Hay la «escuela de la virilidad», o «sangre roja»; parece imaginar que el hombre se diferencia de los animales inferiores por la posesión del falo. Sus obras parecen folletos de Sandow.
. . . Hay la «escuela despampanante» que sigue lo peor de las obras de Kipling y Swinburne. Parecería que sus metas son nombrar el mayor número posible de constelaciones, abrumándolas con el mayor número posible de adjetivos polisílabos, apropiados o impropios.
. . . Está la escuela sociológica, que utiliza versos débiles para repetir las ideas que expresó la prosa de las revistas del año pasado.
. . . Bajo un estandarte similiar se encuentran los post-whitmanianos.
. . . Pero Whitman no era un artista, sino un reflejo; en una época de letras parecidas al papier-maché, el primer reflejo honesto. Representó a la época y a la gente (de 1860-80); esto es –tal vez– lo más ofensivo que puede decirse de ambos.
. . . Sus «seguidores» no van más allá del plagio de sus defectos estilísticos. No tienen presente que un reflejo honesto en 1912 arrojará destellos radicalmente diferentes de los que lanzó el reflejo de 1865.
. . . Los pies de estos chapoteadores nadan en la escuela de la «producción normal», es decir, todos aquellos que fatigan las páginas con sentimientos domésticos, agradables e inofensivamente versificados.
. . . Y sobre todo esto se encarama el abultado moho de nuestras «mejores revistas».
. . . No se trata aquí de la ignorancia o la indiferencia popular, sino de los pseudo-artistas y del sistema de control editorial. Las artes pueden prosperar aun en los tiempos de más densa ignorancia popular. Pueden prosperar, supongo, a pesar de todos los falsos sacerdotes y productores de imitaciones comerciales, pero en este último caso la nación no será conciente de la existencia del arte vivo, y la estafa proseguirá.
. . . El artista serio no juega con la ley de la oferta y la demanda. Es como el químico que experimenta, con 40 resultados inútiles, una impagada pérdida de tiempo, y cuyo experimento número cuarenta y uno, o cuatrocientos uno, produce la maravilla susceptible de pasar a la posteridad. El comerciante debe dejar sus experimentos y descubrimientos, limitándose a la producción de aquello que tiene una demanda, o a la venta de sus chapucerías; ambas posibilidades son tan nocivas para el artista como lo serían para el hombre de ciencia.
[...]
Es verdad conocida que el año de gracia de 1870 Jehová se les apareció a los señores Harper & Co. y a los editores de The Century, The Atlantic, y ciertas otras revistas, diciendo: «El estilo de 1870 es la revelación divina y final. Mantengan siempre las cosas en el estado en que se encuentran ahora.»
. . . Y ellos, como hombres temerosos de Dios que eran, obedecieron las palabras del Todopoderoso, con lo que un gran honor y crédito descendió sobre ellos, pues tenían una garantía divina. Y si no me creen, abran un número Harpers, correspondiente a 1888 y otro de 1908. Les desafío a encontrar más diferencia que la fecha.
[...]
Cuando un joven norteamericano, con instinto y entraña de poeta, empieza a escribir, no hay quien le diga: «¡Escribe exactamente aquello que sientes y quieres decir! Dilo con la mayor concisión y evita toda trampa ornamental. Aprende todo el oficio posible a través de un contacto directo con los maestros, y no hagas caso a las sugerencias de aquellos que no hayan producido una obra poética notable. De vez en cuando ponte a pensar (como los aconsejara Longino) sobre lo que tal o cual maestro hubiera pensado de tus versos.»
. . . Por el contrario, el joven recibe de los editores misivas como la siguiente: «Estimado señor..., su obra, etc., es muy interesante, etc., pero deberá usted mostrar mayor preocupación por la forma convencional, si es que quiere llegar a ser un éxito comercial.»
. . . Esto llega del señor Tiddlekins, que siente afecto por uno. Ha sido enviado de buena fe. Y nada celestial o terreno logrará que el señor T. vea el asunto desde un ángulo que no sea el suyo. Fue formado en el respeto por las modas del siglo XVIII. Nunca ha meditado sobre un aspecto fundamental del arte o de la estética. Se le ha enseñado que hay una moda buena. Es ubicuo. (Hay un hombre que aprendió 1890 en vez de 1870, pero está igualmente estancado.)
[...]
No basta que el artista sea impetuoso, debe saber qué es lo que ya ha sido hecho y qué queda por hacer. No debe ser como el muchacho campesino que pasó su juventud inventando maquinaria agrícola, y al salir de su tierra descubrió que sus máquinas habían sido inventadas y patentadas mucho antes que el naciera.
Ezra Pound
Patria mía
Traducción: Mirko Lauer
Tusquets, 1971.
Etiquetas:
Estados Unidos,
Ezra Pound
lunes, noviembre 21, 2011
Un bárbaro en China (fragmento)
.
La poesía china es tan delicada que no encuentra jamás una idea (en el sentido europeo de la palabra).
. . . .Un poema chino es intraducible. Ni en la pintura, ni en la poesía, ni en el teatro, hay esa voluptuosidad cálida, espesa, de los europeos. En un poema, indica, y los rasgos que indica no son los más importantes, no tienen una evidencia alucinante, la evitan, y ni siquiera la sugieren, como suele decirse. Más bien, se deduce de ellos el paisaje y su atmósfera.
. . . .Cuando Li Po nos dice cosas aparentemente fáciles como esto, que es un tercio del poema:
. . . . . . . . . ..Azul es el agua y clara la luna de otoño
. . . . . . . . . ..Recogemos en el lago del sur lirios blancos
. . . . . . . . . ..Parecen suspirar de amor
. . . . . . . . . ..y llenan de melancolía el corazón del hombre en la barca.
hay que empezar diciendo que el golpe de vista del pintor es tan común en China que, sin ninguna otra indicación, el lector ve de manera satisfactoria, se regocija, y con toda naturalidad puede dibujar con el pincel el cuadro en cuestión. Un ejemplo antiguo de esa facultad es el siguiente:
. . . .Hacia el siglo XVI, no sé bajo qué emperador, la policía china ordenaba a sus inspectores que dibujaran subrepticiamente el retrato de cada extranjero que entraba en el Imperio. Diez años después de haber visto ese único retrato el policía lo reconocía. Más aun, si se cometía un crimen y el asesino huía, había siempre alguien en la vecindad que podía hacer de memoria el retrato del cual se tiraban muchos ejemplares, que se enviaban a la carrera por las grandes rutas del Imperio. Acorralado por sus retratos, el asesino acababa por entregarse al juez.
. . . .Y después de todo, ¿qué contienen en francés esos cuatro versos de Li Po? Una escena.
. . . .Pero en chino, contienen unas treinta: son un bazar, son un cinematógrafo, son un gran cuadro. Cada palabra es un paisaje, un conjunto de signos cuyos elementos, hasta en el poema más breve, promueven un sin fin de alusiones. Un poema chino es siempre demasiado largo, es tan repleto, tan realmente halagador y tan erizado de comparaciones.
. . . .En la palabra azul (Spirit of Chinese Poetry, de V.W.W. S. Purcell), está el signo de partir leña y el del agua, sin contar el de la seda. En la palabra claro, la luna y el sol a la vez. En la palabra otoño, el fuego y el trigo, etcétera.
. . . .De modo que al cabo de tres versos, hay una afluencia tal de aproximaciones y de refinamientos que uno queda maravillado.
. . . .Este encanto se produce por equilibrio y armonía, estado que el chino gusta por sobre todas las cosas, y en el que encuentra una especia de paraíso.
. . . .Este sentimiento, más opuesto a la paz exaltada de los hindúes que a la nerviosidad y a la acción europeas, sólo se encuentra en las razas amarillas.
Henri Michaux
Un bárbaro en Asia
Traducción: Jorge Luis Borges
Tusquets, 2001.
lunes, noviembre 14, 2011
Viva voz de vida (fragmentos)
.
La pasión que Maximilián Voloshin sentía por la creación de mitos se extendió hasta mí.
. . . . —¡Marina! ¡A ti te perjudica tu abundancia! Tienes material para más de diez poetas – y todos – ¡extraordinarios!... ¿No te gustaría (voz zalamera), por ejemplo, publicar con pseudónimo tus poemas sobre Rusia, aunque el pseudónimo fuera, digamos... Petujov? Verías como (encendiéndose) al cabo de diez días toda Moscú y todo Petersburgo los conocerían de memoria. Briúsov escribiría un artículo. Yablonovski escribiría un artículo. Y yo escribiría el prólogo. Pero tú nunca (el dedo levantado, los ojos encendidos), nunca dirás que eres tú, Marina (suplicante), ¡si supieras cuán formidable será! Briúsov, por ejemplo, no parará de chincharte con los versos de Petujov: «Si usted, señora Tsvietáieva, en vez de cantarle a sus propios ojos verdes, se volviera a los verdes campos de su país como hace el señor Petujov que también tiene diecisiete años...» Petujov se convertiría en tu bête noire, Marina, te atormentarán con él, Marina, pero tú ya nunca – ¿entiendes? ¡Nunca! – podrás volver a escribir nada sobre Rusia con tu nombre, de Rusia sólo escribirá Petujov, – Marina, ¡acabarás por odiar a Petujov! Y después (ya de plano atragantándose) – ¡no! ¿por qué después? Ahora mismo, junto con Petujov, crearemos otro poeta – ¿poetisa o poeta? – una poetisa y un poeta, serán gemelos, los Kriúkovy, digamos, un hermano y una hermana. Crearemos algo que no ha existido todavía, unos gemelos geniales. Serán ellos los autores de tus poesías románticas.
. . . . —¡Max! – ¿y a mí qué me quedará?
. . . . —¿A ti? Todo, Marina. ¡Todo lo que todavía serás!
. . . . ¡Cómo me rogaba! ¡Cómo me seducía! ¡De qué manera tan cautivadora pintaba el anonimato de esa gloria, la gloria de ese anonimato!
. . . . —Tú serás como aquel monarca, Marina, en cuyos dominios nunca se ponía el sol. En la poesía rusa no quedará nadie que no seas tú. Con tu Petujov y tus gemelos les sobrevivirás a todos, Marina, a Ajmátova, a Gumiliov, a Kuzmín...
. . . . —¡Y a ti, Max!
. . . . —Y a mí, por supuesto. De nosotros no quedará nada.
. . . . Tú serás – todos, tú serás – todo. Y (los ojos en blanco, en la voz – la sordina) tampoco quedarás tú. Tú serás – esos.
. . . .Pero la pasión mitocreadora de Max se estrelló de forma funesta contra la roca de mi germana honestidad protestante, con ese nefasto orgullo que me hace firmar cuanto escribo. Y... ¡qué buen poeta habría sido Petujov! Y... ¡hasta el día de hoy lloro aquellos gemelos poéticos!
[...]
Coexistencia de dos poetas – igualdad de un ilustre con un desconocido. Yo misma soy un ejemplo vivo, ya que nadie nunca tuvo una actitud de tanta atención y culto hacia mis poesías llamadas maduras, como Maximilán Voloshin a sus treinta y seis años, por mí a mis dieciséis. La gente sólo se comporta así con lo patentado, que para ellos es – por la mayoría de voces por la fama – incuestionable. Nunca y en nada M.V. me hizo sentir las prerrogativas de su experiencia, por no hablar de su nombre. Me amaba también por mis fracasos. Como a quien había sido alguien. Nada de un maître (¡y eran tiempos de maestrear!), y todo de un igual. Puedo decir que amaba la poesía como yo – como si él nunca la hubiera escrito, con toda la fuerza de un amor desesperado por una fuerza inaccesible. Y, al mismo tiempo, escuchaba cualquier buen poema como si fuera suyo. Cualquier buen verso era para él un regalo personal, como para quien ama la naturaleza – un rayo de sol. («Todo eso fue, fue, fue» – y a qué punto ese fue es más grande que el es, ¡más significativo! ¡A qué punto es – es para siempre! ¡A qué punto punto fue – ¡ha dejado de ser!) Me acuerdo sólo de una, de una sola correción, intento de corrección – en todo el voluminoso Álbum vespertino al mero principio de nuestra amistad:
. . . . . . . . . . . . . . . Y con un suspiro, entre negras patas,
. . . . . . . . . . . . . . . quemaremos, tristes, nuestras naves...
. . . . —¿No le parece, Marina (una pausa, los ojos expectantes)... Ivánovna, que es un poco difícil – y retorcido – eso de quemar las naves – entre negras patas? ¿Que para eso – entre las patas – hay poco espacio? Aunque, no cabe duda de que son de oso, es decir, fuertes, apretadoras. Digamos que las naves se acostumbra a quemarlas en el mar, y aquí – unas patas de oso – es obvio – el bosque, espeso. Es difícil suponer que un oso se hubiera instalado con usted a la orilla del mar donde – justo en ese momento – estuvieran ardiendo sus naves.
. . . . Así se me quedó grabado: la orilla desierta de Koktebel, en ella un oso, es decir, Max, está conmigo, y justo en ese momento, en la playa – para que sea más cómodo –, una flotilla en llamas.
Marina Tsvietáieva
Viva voz de vida
Traducción: Selma Ancira
Editorial Minúscula, 2008.
lunes, noviembre 07, 2011
Sobre la lectura (fragmento)
.
El año pasado conocí a un joven analfabeta de unos veinte años; hay más analfabetas en Kentucky que en cualquier otra parte del mundo, con la posible excepción de Filipinas y Haití. El horror de este predicamento fue lo primero que me impresionó, porque era su analfabetismo lo que le impedía conseguir trabajo, y en segundo lugar por la venda que éste le imponía a su imaginación. También comprendí mejor que nunca lo que es un texto y cómo un texto puede cumplirse sólo en la imaginación, cómo meras palabras, que se han usado una y otra vez con otros propósitos y en otros contextos, pueden ser ordenadas por, digamos, un Julio Verne, hasta el punto de ser descifradas como una narración de intricada textura y color espléndidos, de significados y valores precisos. En la época en que se sucedieron las visitas inoportunas del analfabeta (estaba tratando de ayudarlo a encontrar trabajo) estaba leyendo Les enfants du capitaine Grant de Verne, un libro de geografía ingeniosamente disfrazado de cuento de aventuras para niños franceses, una obra en dos fornidos volúmenes. Nunca antes he sentido cuán afortunado y privilegiado soy, no tanto por saber leer, un estado de gracia que bajo diferentes circunstancias podría desperdiciarse en la interpretación de formularios fiscales o manuales jurídicos, sino por estar en condiciones, de vez en vez, de salir de mí mismo por completo, de estar en otro lado, entre otras mentes, y regresar (al poner mi libro a un lado) renovado y fresco.
. . . . Porque para lo que sirve realmente la lectura imaginativa es para supender los trabajos de la propia mente y darle paso a otra sensibilidad; en un sentido literal, rendirse uno mismo a Henry James o Conrad o Ausonio, a Yuri Olyesha, Basho y Plutarco.
. . . . La mente es un órgano que se autoconsume y es presa de sí mismo. Es un órgano para poner adentro lo que está afuera. Una avispa tiene un ganglio nervioso muy simple por cerebro, un receptor para el color, el olor y las distancias. Es muy probable que una avispa no piense para nada, y si pudiera escribir, todo lo que tendría que decir estaría relacionado con el delicioso olor de las avispas hembras y las peras fermentadas, las hexagonalidades de varios materiales (la fibra de la madera, el papel) en la arquitectura de los nidos, con algunas observaciones tal vez sobre los azimuts (para los jóvenes). Los ángeles, para desplazarnos al otro polo del ser, escribirían de historia y acusaciones solamente, y si Satán hubiera escrito sus memorias, éstas se parecerían a las de Frank Harris, ¿y quién querría leerlas?
Guy Davenport
¿Qué son las revoluciones? Y otros ensayos sobre arte y literatura
Traducción y prefacio: Gabriel Bernal Granados
Libros Magenta, 2008.
viernes, octubre 28, 2011
Cuatro poetas indígenas de Estados Unidos
.
Sin título
Para mi padre, que vivía sin ceremonias
Es difícil, sabes, sin los bisontes,
el chamán, la flecha,
pero mi padre salía todos los días a cazar
como si los tuviera.
Trabajaba en los corrales de ganado,
toda su vida nos traía carne.
Nadie marcó su primera matanza,
nadie cantó su canción del bisonte.
Sin ilusión había migrado a la ciudad
y fue a trabajar en la empresa empacadora.
Cuando traía a casa tarros y cueros
mi madre le decía, bótalos.
Recuerdo las huellas de animales que dejaba su viejo coche
que retrocedía por la entrada de la casa con nieve y lodo,
la antena que ondulaba como una cuerda de arco.
Recuerdo el silencio de su poder perdido,
el bisonte rojo pintado en el pecho.
Oh, no podía verlo pero estaba allí,
y por la noche escuchaba
como un ronquido sus gemidos de bisonte.
Salvaje
Esto no es el caballo. Es el poema,
aunque vocifere a su hermana,
aunque camine por la tierra
queriendo alfalfa y otras hierbas crecidas
y sea salvaje con su rebaño,
hable de una forma que la mente
no puede oír
para que otra parte del ser humano
traduzca este animal en América,
la deseada pareja de una mujer
o un hombre, que conozca las manadas de bisontes,
la pérdida de la creación, los desaparecidos
que no pueden volver,
y así anhele ser esta
traducción
de la vida a la primera luz de la mañana
en las hierbas crecidas de la pradera,
las cimas desde donde ve
que no hay libertad aquí, ya no
más en la historia del mustang,
en el idioma que inquiere, ¿qué sabes
de este mundo, te acuerdas
de lo salvaje, el idioma olvidado?
¿Puedes invocarlo todavía?
La falla de ciertos encantos
La oscuridad surge de la memoria
de los cuervos, boquea hacia el oeste,
el violeta otoñal al atardecer.
Piedra ama a Muchacha de las Fresas.
Escucho su voz cuando la
recoge en la moto detrás
de la casa roja, así que conoce mi
sueño de su aroma
en el viento de White Earth.
También sabe que llevo demasiadas
memorias musicales
a las puertas del cementerio
bajo los pinos.
Soy así.
Estoy detrás de Piedra,
una flauta distante entre los gestos
y las sombras.
Muchacha de las Fresas ama a Piedra
y la noche hace girar
una canción, un aroma
tras otro.
Las cascadas Whatcom
Hace cuatro años que no veo a mi padre
y aquí estamos, asimilando el caos
como un par de turistas que más adelante
comprarán espléndidas postales con salmones
boca arriba y destripados a lo largo del muelle.
Es todavía bien parecido, mi padre, todavía fuma
cigarros sin filtro, año tras año
el alquitrán florece como malos chistes
en sus pulmones oscuros. Yo rezaba por él
antes de que el rezo se volviera inútil como esos pescados
cuyos cuerpos jugosos son echados en tumbas
imprecisas. Dentro de un año querré
más tiempo. Desearé la redención,
pero, me imagino, sólo los fantasmas se alzarán.
En esa roja nación. Poesía indígena estadounidense contemporánea
Selección y traducción: Katherina M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
La Cabra, 2011.
el chamán, la flecha,
pero mi padre salía todos los días a cazar
como si los tuviera.
Trabajaba en los corrales de ganado,
toda su vida nos traía carne.
Nadie marcó su primera matanza,
nadie cantó su canción del bisonte.
Sin ilusión había migrado a la ciudad
y fue a trabajar en la empresa empacadora.
Cuando traía a casa tarros y cueros
mi madre le decía, bótalos.
Recuerdo las huellas de animales que dejaba su viejo coche
que retrocedía por la entrada de la casa con nieve y lodo,
la antena que ondulaba como una cuerda de arco.
Recuerdo el silencio de su poder perdido,
el bisonte rojo pintado en el pecho.
Oh, no podía verlo pero estaba allí,
y por la noche escuchaba
como un ronquido sus gemidos de bisonte.
(Diane Glancy)
Salvaje
Esto no es el caballo. Es el poema,
aunque vocifere a su hermana,
aunque camine por la tierra
queriendo alfalfa y otras hierbas crecidas
y sea salvaje con su rebaño,
hable de una forma que la mente
no puede oír
para que otra parte del ser humano
traduzca este animal en América,
la deseada pareja de una mujer
o un hombre, que conozca las manadas de bisontes,
la pérdida de la creación, los desaparecidos
que no pueden volver,
y así anhele ser esta
traducción
de la vida a la primera luz de la mañana
en las hierbas crecidas de la pradera,
las cimas desde donde ve
que no hay libertad aquí, ya no
más en la historia del mustang,
en el idioma que inquiere, ¿qué sabes
de este mundo, te acuerdas
de lo salvaje, el idioma olvidado?
¿Puedes invocarlo todavía?
(Linda Hogan)
La falla de ciertos encantos
La oscuridad surge de la memoria
de los cuervos, boquea hacia el oeste,
el violeta otoñal al atardecer.
Piedra ama a Muchacha de las Fresas.
Escucho su voz cuando la
recoge en la moto detrás
de la casa roja, así que conoce mi
sueño de su aroma
en el viento de White Earth.
También sabe que llevo demasiadas
memorias musicales
a las puertas del cementerio
bajo los pinos.
Soy así.
Estoy detrás de Piedra,
una flauta distante entre los gestos
y las sombras.
Muchacha de las Fresas ama a Piedra
y la noche hace girar
una canción, un aroma
tras otro.
(Gordon Henry Jr.)
Las cascadas Whatcom
Hace cuatro años que no veo a mi padre
y aquí estamos, asimilando el caos
como un par de turistas que más adelante
comprarán espléndidas postales con salmones
boca arriba y destripados a lo largo del muelle.
Es todavía bien parecido, mi padre, todavía fuma
cigarros sin filtro, año tras año
el alquitrán florece como malos chistes
en sus pulmones oscuros. Yo rezaba por él
antes de que el rezo se volviera inútil como esos pescados
cuyos cuerpos jugosos son echados en tumbas
imprecisas. Dentro de un año querré
más tiempo. Desearé la redención,
pero, me imagino, sólo los fantasmas se alzarán.
(Tiffany Midge)
En esa roja nación. Poesía indígena estadounidense contemporánea
Selección y traducción: Katherina M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez
La Cabra, 2011.
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