domingo, julio 28, 2013

Tres poemas de Gary Snyder


Hacemos nuestros votos junto con todos los seres

Comiendo un bocadillo
durante el trabajo, en el bosque

mientras una cierva mordisquea hierba en la nieve
mirándonos el uno al otro,
masticando juntos.

Un bombardero de Beale
sobre las nubes,
cruza el cielo con un rugido.

Levanta la cabeza, escucha,
espera a que el fragor haya pasado.

Y yo también.




Los muertos al lado de la carretera

¿Cómo un gran halcón de cola roja
       vino a yacer --todo rígido y seco--
            en un trecho
                 de la interestatal 5?

Sus alas para abanicos de danza.

Zac quitó la piel a una mofeta
       con la cabeza aplastada
            lavó la piel con gasolina; cuelga,
                 curtida, en su tienda.

Estofado de cierva en Halloween
       arrollada por un camión en la autopista 49
            ofrece maíz por su boca;
                 sin piel ahora.

Camiones madereros corren con combustible fósil.

Nunca vi un mapache
       hasta que encontré uno en la carretera:
            saqué su piel sin desprender las uñas,
                 las almohadillas de sus patas, la nariz y los bigotes;
                       empapado de agua, sal
                            y ácido sulfúrico;

será una bolsita para herramientas de magia.

La corza fue aparentemente disparada
       desde un flanco --atravesado
            su hombro y su costado
                 el vientre lleno de sangre

Podría salvar el otro hombro acaso,
       si no estuviera mucho tiempo apoyado--

Rezad a sus espíritus. Pedidles que nos bendigan:
       los caminos de nuestros antiguos hermanos
            las carreteras fueron tendidas cruzándolos y los matan:
                 ojos brillando en la noche.

Los muertos al lado de la carretera.




Dillingham, Alaska, bar del Sauce

Los taladros charlan llenos de barro y aire comprimido
por todo el globo,
      en bares de techo bajo oímos las mismas nuevas canciones.

Todas las nuevas canciones,
en las cantinas del mundo.
Después de conducir la oruga. Cuando el camión
      volvió a casa.
      Caribú resbaló,
      las patas delanteras se doblaron primero
      bajo la cálida tubería petrolífera
      instalada a un metro del suelo.

Sobre el piso de madera, vaso en mano,
      reír y blasfemar con
      la mujer de otro.
      Tejanos, hawaianos, esquimales,
      filipinos, trabajadores, siempre
      al filo de una bronca,
      en los bares del mundo.
      Oyendo esas nuevas canciones de siempre en Abadan,
      Naples, Galveston, Darwin, Fairbanks,
      blancos o cobrizos,
bebiéndolo todo,

el dolor
del trabajo
de destruir el mundo.




Gary Snyder
La mente salvaje (poemas y ensayos)
Árdora Exprés, 2000.

domingo, julio 21, 2013

Dos poemas de Al Berto

Visitatione

los huesos se hinchan de lodo
yo me compré un albatros de paja
para vigilar tu alma -al anochecer

es con dedos incendiados que entierro
los días -ese polvo luminoso
que se desprende de los cedros y cae
en la fisura entre la máscara y el rostro

un fulgor maligno se libera luego de las aguas
la piel adquiere el sabor del estuco del moho
no hay muerte ni pasión
que esta ciudad no conozca -mas el cuerpo

no lo recuerda todo -la noche ardiente
despierta al corazón -ese palacio de plancton
y fantasmas de alas de sombra

después
tal vez se oiga el canto casi límpido
del mundo -las cenizas donde me sumerjo
para abrir el tiempo y visitar esas manos tuyas
que la lucidez del amor oscureció



Oficio de amar

ya no necesito de ti
tengo la compañía nocturna de los animales y la peste
tengo el grano doliente de las ciudades erguidas sobre el principio de otras
                                                                [galaxias, y el remordimiento

un día presentí la música estelar de las piedras, me abandoné al silencio
es lentísimo este amor creciendo en cada batir del corazón
no, no preciso más de mí,
poseo la dolencia de los espacios inconmesurables
y los secretos pozos de los nómadas

asciendo al conocimiento pleno de mi desierto
dejé de estar disponible, perdóname
si cultivo regularmente la saudade de mi propio cuerpo




Al Berto
Traducción del portugués para Nueva Provenza: Hugo García Manríquez

martes, julio 16, 2013

Cuatro poemas de Edgar O'Hara


Aladierna

Perdure el brillo de la tela de araña
lo que arde el rocío en disiparse

en mínimas celadas

así por la maestría

de un rapto de luz que a duras penas
ejecute entre pétalos su fugaz testamento.



Procesión (Greenlake)

Los más respetuosos (destos)
       caminantes

que educadamente mondan
      su tiempo

alrededor (del charcazo)

cuatro patas tienen y una
      cola.



Encargos del sábado

Mi hija escoge una lechuga
     discreta como el ombligo
     de un donut.

Pero no hemos venido a la tienda
     esta tarde por una lechuga

ni por una caja de spaguetti

ni una botella de vinagre

ni un pan francés (ya frío)
     de la mañana.

A la salida
                 después
de pagar estas cosas
recordamos:
                 vinimos a la tienda

a comprar el periódico
     del domingo.



Rapto campestre en Cieneguilla (Lima, agosto 1992)

Para Luis Miguel, que compartió esta visión

El restorán-recreo se llama La Dulzura
en la luz y el aire limpio
de Cieneguilla:
                         3 Sapos,
canchas de volley o badminton
y un golfito.
                     Cerveza helada, platos
criollos, atención exclusiva y los domingos
tamalitos verdes (piqueo).
                                           Lo proclama el cartel.

No hay camarones a la piedra:
el río Lurín hace dos años
es con las justas un cabello de ángel.

Entramos por una chela.
                                        Familiones
bajo toldos del jardín.

(Ingenuotes. Ni se les ocurre
que esta compaña, a lo sumo,
durará un semestre.)

Quizá la respuesta esté
en ese chasquido sonoro que casi
la desfigura,
                    un eco labial
de platina y chocolate.
                                     Castañeteo
impúdico.
                Aunque más temprano que tarde
--lo intuimos-- la diosa recelará
su voz.
            En cambio la manada
ni por aquí adivina
el sabor a lo sacro.
                               Apuestan ahora
que Alianza le ganará a Cristal.

(Fiebre de manganzones, caso perdido.)

La hemos hecho muy larga. Terminamos
no una sino varias chelas.
Las familias se fueron yendo
como el sol de Cieneguilla.

                                             Pero
la Brasa sigue
en su hornacina, sonriente,
mientras los torpes delfines
del pensamiento

lanzan las fichas y nunca
le embocan al sapo. (La suerte
ya está echada.)

La hora de retirarse coincide
con el frío de la tarde
en Cieneguilla.
                       Le decimos adiós
a qué Dulzura.
                       Sin saberlo
nos hincamos.
                       Pero nada nos responde,
ni el más leve
gesto.



Edgar O'Hara
En una casa prestada
Jaime Campodónico Editor, 1995.

domingo, julio 07, 2013

Cuatro poemas de D.G. Helder


Peluquería de extramuros

Era, nomás, por pasar cerca del puente
--y ver que el puente seguía estando
aunque el tren ya no pasara-- y enseguida
ir bordeando, del brazo, el Atlético Sparta,
cruzar después la zanja donde, dele sacar
caracoles del agua con una media,
un día, intacta, descubrí entre los yuyos
la cabeza de perro, que a los treinta años
--más un hermano, ahora, que un hijo--
me ofrecí, por calles de tierra,
a ir con mamá hasta la peluquería.



CASA FUNDADA EN EL ANO 898

y que ahora, comidos el uno y la tilde
por la lepra de casi un siglo,
desaparece en una ráfaga. Las gotas
oscuras estallan en el parabrisas
y nace arriba, entre los árboles y molduras,
un prematuro anochecer. En otra vida
quién sabe si el taxista y yo
no fuimos cuñados, él el padre
yo el hijo que soñaba con matarlo,
donante y receptor de un órgano,
socios en una sastrería, un pub, en fin.
La medalla que cuelga de un hilo
atado al espejo retrovisor
hipnótica oscila como el péndulo
de este cuarto de hora acorralados
por obra de la lluvia.



Philishave

Hace un rato, descalzo, en ayunas,
cumpliendo con un rito que hasta hoy
no inspiró una sola idea positiva a nadie
sino más bien la náusea y la fobia tempranas
que llevan a decir frente a un espejo
"ese soy yo, esos dientes son míos,
la lengua una sardina amarga, esos pocos
pelos de ángel van en vías de extinción",
me sorprendí pensando que la afeitadora
podía darme una descarga, que la descarga
bien podía ser fatal, y me vi en el piso,
seco, negro como una tostada, y el cuerpo
todo se me estremeció de algo así como
apego a la vida / aprensión de la muerte,
por lo que intuyo que hay o debe haber
en la raíz de esta planta negativa
que abre sus flores negras a la mañana,
tierra y abono de la misma,
un ciego impulso vital.



Madrigal

A los treinta, todavía con
briznas y agujas de pino en el pelo
y ya con bolsas debajo de los ojos,
el lirón traba con piedras y barro
la entrada de la madriguera.
Habiendo saltado toda
la primavera en una pata,
el verano en dos, ya ni puede caminar.
Los ojos de su madre,
para quien ahora es un extraño,
brillan sobre la hierba un instante
en su rudimento de memoria.
La vigilia duró bastante tiempo
pero el sueño puede no tener fin.




D. G. Helder
El guadal
Libros de Tierra Firme, 1994.

viernes, junio 28, 2013

[y qué amigos se llama un camino]


¿Y qué, amigos, se llama un camino? Si existe, amigos, una isla, semejante a un río, parecida a un cerco, utilizada para mover rápidamente cuerpos y bienes, un pasillo flanqueado por nombres, un corredor a través de provincias, un conducto en redes, una pasarela hacia semillas, un desplazamiento de seres, un río compuesto de islas, un lugar de atracción y repugnancia simultáneas, un lugar para el descubrimiento del lugar, un área de intercambio como un inmenso ábaco. Esto, amigos, se llama un camino.

¿Y qué, amigos, es un auto? Si existe, amigos, un corpúsculo metálico, una sala pequeña en la cual uno no puede caminar, una especie de sala peregrina, un corpúsculo metálico sujetado a ruedas, con un interior arreglado con instrumentos para controlar sus movimientos, con el fin de transportar cuerpos de un lugar a otro con el más mínimo esfuerzo de la musculatura de aquellos cuerpos, siendo así una pequeña sala sobre ruedas que metaliza al cuerpo humano, siendo un pequeño edificio movilizado, una casucha portátil, llevando a estilos de peinado, niños, monedas, bebidas y combustibles a través del aire y hacia la superficie de cerros y cruzando ríos viejos y blandos y relucientes. Esto, amigos, se llama un auto.

¿Y qué, amigos, se llama una hija? Si existe, amigos, una pequeña niña, impresionable, preciosa, compleja, necesitada de amor, que desea seguridad, calidez, bondad, que da bondad, que es valiente, que mira tormentas con asombro y temor, que disfruta de los árboles grandes, ha visto a sus padres pelear, tiene un oso de peluche, anda con su peluche, lleva un blanco peluche de oso polar a través de su infancia, que tiene cinco, que tiene seis, que tiene nueve años, que construye pequeños campamentos en los livings, o en los asientos traseros de grandes autos, que es un abrazo de alegría y cuya vida, a pesar de los esfuerzo de sus padres, aún está rodeada por las causas de la muerte, que tiene diez años, que aún encuentra pena, cuyas manos pequeñas crecen alejándose, cuyos ojos grandes crecen alejándose, cuya manera particular de hablar crece alejándose. Esto, amigos, se llama una hija.

¿Y qué, para nosotros, se llama una relación a distancia? Si existen amigos, o algunas dos personas que están separadas intencionalmente por una distancia, cuya historia de interacción se caracteriza por el malentendido, peleas frecuentes y dolor interpersonal, hasta tal punto que los factores de la diferencia en sus edades, culturas, sus estilos de temperamento y los guiones que les enseñaron (en los cuales pueden parecer cautivos) los han empujado a una distancia, digamos de dieciocho mil kilómetros, y que, a pesar de compatibilidades, y por incompatibilidades, se encuentran frustrados pero dispuestos a intentarlo. Esto, amigos, se llama una relación a larga distancia.

¿Y qué, amigos, se llama un cuaderno? Si, amigos, existe un camino que atraviesa el vacío, un mar cosido a una columna vertebral, dejado sobre mesas, rodillas, o sobre el asiento del volante del auto, usado para aliviar en un lavado de desapariciones, en un registro caótico de minucias, las condiciones del camino, el registro de la condición del camino y los conjuntos de pensamientos que ocurren al manejar por una condición, la invitación de emoción y radio, la anotación de señales, un poner por escrito una nota lacónica o incidental, en la gramática del ir y venir, el viajar de punto en punto, el venir desde el oeste al oeste, una correspondencia entre lugares, un andar entre climas, si entre Illinois y Rhode Island, si Normal y Providence, o entre cualquier serie de lugares normales o providenciales, por las razones de tratar de ser feliz, o de salvar la relación de uno, con la antigua pareja de uno, o de ver la pequeña hija de uno, durante una separación, o de verla durante un divorcio,  o de verla, durante su veloz juventud después de un divorcio, o de manejar para participar, aún brevemente, en la vida de una hija más triste y menos optimista, una hija pequeña, que es valiente, que levanta su mentón, que es gentil, que sólo desea ser feliz, a quien uno no logra encontrar un trabajo cerca, para el registro de cualquier tiempo elemental de alienación, para documentar cualquier dolor emocional, evocado por cualquier distancia no natural, de una hija pequeña, que podría amar, con toda la comprensión de uno, de tal manera que, de una colección de garabatos, en una acumulación de perspicacia, algún uso es invitado, para recolectar cosas dolorosas, que no se transformen en miseria, y el rechazo, de estar dirigido por el dolor, o de recordar, y de hecho insistir en, el vivir, con la consciencia, al gozo, para recordar esa manera, para una hija, cuando esté crecida, o para uno mismo, o para cualquier otra persona, que quizás haya encontrado, a cualquier grado, en este lugar para huérfanos, esta humildad sin fin, en nuestra pena por los hogares perdidos. Esto, amigos, se llama un cuaderno.


Gabriel Gudding
La alteración del silencio. Poesía norteamericana reciente
Compilación: William Allegrezza
Traducción: Thomas Rothe/Galo Ghigliotto
Editorial Cuneta/La Calabaza del Diablo, 2011.

viernes, junio 21, 2013

Cuatro poemas de Marco Martos


Carpe diem

Betarraga escancia té jazmín
y mientras escancia té jazmín
el frío empieza a irse
de su cara. Es invierno
sobre Lima y la sombra chinesca
se inclina y parpadea.
Así belleza gana.
En un día y otro día numerosas muchachas
harán lo mismo y será invierno
o verano será o noche cuando un aroma
de jazmín nazca de diversas manos
y distinta taza. Así será.
Pero este instante es irrepetible.
Recuérdalo y escríbelo:
nunca nadie vio a Betarraga
tan sabrosa tomando té jazmín
con tanta gracia.



Rito

Hoy, ayer y mañana, hoy, en este instante,
en el punto inmóvil donde todo y nada sucede,
para purificar el dialecto de la tribu
colocando cada palabra en su lugar,
habla la poesía, habla poco, cumpliendo
su obligación, y sin que nadie la invente,
esparza o desordene, evidencia el orden
y desorden de la vida, orden y desorden y furor.
Y para que la tribu quede contenta
usa palabras del lenguaje de hoy
pues las palabras del año pasado
pertenecen al lenguaje del año pasado
y la palabras del próximo año
esperan otra voz. Y en el punto inmóvil
donde todo y nada sucede, esa voz es esta voz.



Casti connubi

Cada mañana, marido y mujer, sentados y limpios,
comiendo tostadas, ruido de rata,
leyendo los diarios, matando las moscas,
hablando del clima, cada mañana,
esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, marido y mujer,
van al trabajo, regresan, se acuestan,
gordos, lustrosos, años de años,
esperan la noche, matando tostadas,
matando las moscas, matando los diarios,
matando los climas, cada mañana, gordos,
payasos, esperan la noche, el hastío sexual:
fingirse dormidos, fingirse despiertos,
decirse palabras de libros de amor,
cada mañana, rata y rata, rata y rata.



Llanto de Marcel Proust

Me consideraba
incapaz de respirar sin ella,
desarmado ante todos los aspectos
de la vida.
Sabía a ciencia cierta
que iba a dejarme para siempre
y que su ausencia
sería un horrible suplicio.
Y no se equivocaba.
Mis días en lo sucesivo
han perdido su único objeto,
su única dulzura,
su único consuelo.
Escribir es como estar muerto.
Ando por el mundo
como un trompo con agujeros
que sigue en el combate
por inercia.
Paz, ternura, miel,
esos antiguos paladeos,
no los conozco.
Solo el horror en mi sueño,
el acceso de tos,
los barbitúricos
y mis cuencos hundidos
en la lividez de la muerte.
No se me ha perdonado
ningún dolor:
la he perdido,
la he visto sufrir,
me ha sentido desconsolado,
mi mala salud era la pesadumbre,
la preocupación de su vida.
Sus grandes ojos,
sus labios mudos,
debieron comprender
la prudencia de los padres
que antes de finar
matan a sus pequeñuelos.
Siempre tuve para ella cuatro años.
Y ahora que la envuelve
la eternidad,
esa desconocida caverna lóbrega,
noto que es verdad,
que soy un niño,
que estoy solo en el mundo,
que nada,
absolutamente nada
tiene sentido.



Marco Martos
El jazmín y la mandrágora
Tierra Nueva, 2012.

viernes, junio 14, 2013

Tres poemas de Carolina Rack


Cuando gana Independiente llevan chorizos al bar,
pagan la ronda a los hinchas,
hay uno al que le dicen panqueque, es del club que gana,
no se merece el chorizo, pero se le da,
ayuda en los festejos, lo gastan, eh, vos, panqueque.
Lo contaba mi tío en alemán,
la palabra panqueque resonaba
el sonido del charango en el medio de la estepa rusa:
kafjaskdfhskadfjkas PANQUEQUE dfasfjksafksañfdjkaseuiaewui



Du bist net schön

Cómo pueden unos pies bailenteros
trasladar por toda la pista
a esa boca dura
de labios apretados
de dónde salen esos pies
se preguntan algunos
yo sé:
salen del calor ruso alemán
ensayado en los zaguanes
bailando entre mujeres
con la prima o la vecina más grande
para ir al baile
la Madre sólo permite ir al baile acompañada de Irma
que es más grande y no la deja volver sola,
no la deja hacer huellas en la calle de tierra
con sus taquitos chupete
ni mezclarlas con los pasos de un hombre.
La Madre descansa imaginando
una vuelta de chicas que caminan
con los brazos entrelazados
como parejas
van de cuatro o cinco,
con tapados y lanas,
algunas usan medias de nylon,
cuidadas por Irma
riendo nada más, algo excitadas
todavía por el baile y la humedad
del galpón.
No sabe que
para ponerle coraje a la helada
hay que bailar en ronda y copita de licor
apretar los cuerpos un poco
los ojos entrecerrados para bajar las luces.
De todo eso sale
el calor ruso alemán
que se comunica con pies y caderas
suelta el recuerdo, agitada en el pasado
y la boca todavía muy quieta
de señora grande,
como debe ser
(hacia donde las lleva la ronda del baile
van las chicas
se mueven rápido
bailan entre ellas,
pasean escotes
estraples, minis,
algunas corean
las canciones en alemán,
suben el volumen de su sonrisa
con la cumbia,
ellas sonríen
las chicas serias pasaron de moda).




La remera animal print
todavía marca una cintura
célebre. Sus ojos giran
mira sin parar en todas direcciones
quiere saber qué pasa
los pies van guiados por la multitud
llevan el compás,
pero una zona de su cuerpo,
tal vez los hombros,
parte de la espalda
se mantiene indiferente
al ritmo. Esa es una marca
de familia: la rectitud
y además
el nudo que explica
por qué la polca está más cerca
de una guitarra punk
que de la cumbia colombiana.




Carolina Rack
Rubios naturales
Ediciones Vox, 2012.

viernes, junio 07, 2013

El arte literario y las preocupaciones mercantiles


Monsieur Emile Fabregue ha iniciado en la Nouvelle Revue una información sobrado interesante:

"¿Creéis --pregunta-- que el arte y la literatura atraviesan en este momento una crisis, en razón del desenfrenado triunfo del dinero? ¿No es cierto que las preocupaciones mercantiles oscurecen y rebajan el ideal de los trabajadores intelectuales?"

Entre las respuestas dadas, es digna de notarse, por lo concisa, clara y ejemplificada, la del popular humorista del Matin, H. Harduin:

"Dos poetas muy grandes --dice-- han brillado en el siglo XIX: uno de ellos, Víctor Hugo, fue administrador vigilante, cuidadoso, de su patrimonio intelectual, y extrajo de su producción literaria todo lo que ella podía dar.

"El otro, Lamartine, no tuvo preocupación mercantil alguna. Pródigo, sin cuidarse ni mucho ni poco de sus intereses materiales, Lamartine fue también un poeta de genio. De suerte que ni las preocupaciones mercantiles, ni la ausencia de ellas, parecen tener una influencia sobe el ideal de los trabajadores intelectuales.

"Remontándonos un poco, encontramos a Beaumarchais, hombre de negocios, sobre todo mañoso y sin escrúpulos. No obstante eso, dejó dos obras maestras. Voltaire estimaba que el dinero era cosa muy necesaria y se ocupó siempre de ganarlo.  No por eso dejó de ser Voltaire.

"Si Corneille hubiese tenido los medios modernos de sacar partido comercialmente de sus obras, nada indica que hubiese dejado de componer el Cid. ¡En cambio, ya viejo, se hubiese abstenido probablemente de escribir Pulchérie, Surena y también Agélisas!

"Conclusión: Se puede con preocupaciones mercantiles ser un grande hombre. Se puede sin preocupaciones mercantiles ser un imbécil".


___________________


Estas ideas se esfuerzan justamente por romper un cliché absurdo: el de que todo trabajo intelectual debe estar reñido con el negocio; cliché que condena al hombre de genio a la incapacidad de ganar dinero, sin tener en cuenta los nombres que cita Harduin y otros que no cita: el de Shakespeare, por ejemplo.

Las juzgo, pues muy loables, y de tal manera se parecen a las mías, que encuentro entre mis más recientes notas a propósito de la muerte de un americano poeta y banquero, míster Edmundo Stedmann, presidente del Instituto Nacional de Artes y Letras, los párrafos siguientes, que copio, entre otros, por lo que tienen de oportuno y de actual:

"El poeta, como respondió muy bien uno, español, a cierto infatuado extranjero que se lo preguntaba desdeñosamente, sirve para hacer todo lo que hacen los que no lo son, y además, versos.

"Con este criterio, que es e verdadero, ¿por qué sorprenderse de que Shakespeare haya ganado dinero y de que Víctor Hugo haya muerto rico?

"De Shakespeare se afirma que desde niño comprendió el valor del oro, porque su padre, que fue rico en un principio, se arruinó después. Durante su agitada existencia, que no careció de borrascas, compraba y vendía sucesivamente tierras, valiéndose para ello de las sumas que ganaba con sus producciones. Se calcula que el precio de venta de cada obra suya era de 150 a 275 francos, siendo ciento el de cada una de las obras reformadas que vendía. Se calcula, asimismo, que las 19 comedias y tragedias que escribió desde 1951 a 1599, le produjeron como 500 francos anuales cada una. Como los empresarios se oponían ala impresión de las obras de teatro que habían pagado, por el recelo de los plagios, en una época en que la propiedad literaria no estaba debidamente garantizada, pocas piezas e Shakespeare se imprimieron durante su vida; pero, en cambio, sus derechos de autor, --si así podían llamarse entonces-- le valieron hasta 5,000 francos al año, en tiempos en que el dinero valía cuatro o cinco veces más que hoy.

"En cuanto a Víctor Hugo, harto reciente es su historia para que digamos cómo labró su riqueza".

Entendámonos, pues; los poetas, encontrando que el aplauso, el renombre, eran más tentadores que la fortuna, han solido ser negligentes o desdeñosos para el negocio, resolviendo en otra forma el problema de la dicha personal; pero esto, que se debe a deliberada voluntad (no de otra suerte que la elección de la Santa Pobreza hecha por los místicos), nunca significó impotencia, como cree el vulgo, para los números. También los números son una armonía.

¿No se llamaron, por ventura, números los versos antiguos? Así, pues, cuando la felicidad se compraba con un noble gesto, con un armonioso verso; cuando las mujeres amaban las justas gayas, los floridos torneos, el poeta pagaba con belleza, con ideal, con ensueño.

Hoy ciertas satisfacciones sólo pueden obtenerse con oro, el poeta baja de su trono de dios indiferente y lo conquista.

Y entiéndase que cuantas veces he dicho poeta no he pretendido designar tan sólo al que hace versos, sino a todo aquel que en prosa o en verso ha acertado a expresar el ideal de la raza, la hondura de la emoción ambiente o su propia hondura y su propio ideal.


___________________


La incompatibilidad de la matemática con el talento poético y literario es falsa: la han propalado aquellos enemigos de los poetas a quienes no les fue posible emularlos.

Por tanto, a la pregunta de si el arte y la literatura atraviesan en este momento una crisis, consecuencia del triunfo desenfrenado del dinero, hay que contestar tal vez que sí; pero a la pregunta de si las preocupaciones mercantiles rebajan y oscurecen el ideal de los trabajadores intelectuales, hay que contestar desde luego que no.



Amado Nervo
La lengua y la literatura
Editorial Calomino, 1946.

martes, mayo 28, 2013

Dos poemas de Carlito Azevedo


Monodrama (fragmento)



pues vos todavía sos el absoluto-terrestre
la mejor patinadora
bajo la luna roja de los veranos de aquí

deslizándote por la pista
en busca de los vientos gigantes
de los veranos de aquí



Chica con xilofón y flores en la Telegraph Av.

Cuando ella
tan increíblemente linda
como decías
escribía los poemas que escribía
y yo entiendo que no tomáramos en serio los poemas que ella
tan increíblemente linda
escribía
sacando de adentro de una bolsa ácida con pins coloridos y motivos op
los lápices de colores más chicos que vimos en toda la vida
para improvisar
en cualquier momento y en cualquier superficie
los poemas que ella escribía
nosotros decíamos que no había nada allí
más allá de lo pintoresco,
nada de nada
por lo menos para dos jóvenes de más de treinta años
sorbiendo café entre desesperanza y risas explosivas
yendo y viniendo de países destruidos diversamente
y equilibrando entre los dedos
las monedas contadas
y el fin del amor
y con deseos contrarios y confusos
de desplazamiento
e invisibilidad
pero reflejados en el espejo de un café en Berkeley
y teniendo sí probablemente toda la razón
en decir que no había nada en absoluto allí
cuando ella escribía los poemas
siempre los mismos
que ella escribía con aquellos dedos que nos impresionaban
llenos de anillos de piedra bruta
y aquellos ojos
rematados
ojos verde rana
no había nada allí
a no ser tal vez un hombre
siempre el mismo
que reencontraba finalmente a una joven
siempre la misma
y decía soy yo
y siempre un revuelo de tan increíblemente fantásticas flores repetía sí ves es él
y al fin de cuentas una
siempre la misma
chica concordaba sí sí sos vos mismo y todos tus collares
sólo para después volver a perderse el uno del otro
como en una especie de mágico revuelo
y eso sí había
en todos
en absolutamente todos los poemas de ella
tan increíblemente linda sí
y allá se van diez
o trece años
y yo simplemente nunca
los/la
logré olvidar.



Carlito Azevedo
Monodrama
Traducción y prólogo: Florencia Garramuño
Corregidor, 2009.

martes, mayo 21, 2013

Dos poemas de William Butler Yeats

Plegaria por la vejez

Guárdeme Dios del pensamiento
que el hombre piensa con la mente sola;
para cantar una canción perenne
hay que pensarla
en la más honda médula del hueso.

De todo aquello que asegura
loor a la prudencia de los viejos.
¡Ah, quién soy yo para temer el riesgo
de que me llamen loco, en aras
de una canción!

Rezo --pues la moda es efímera
y vuelven a privar las oraciones--
porque los años, aunque muera viejo,
me conserven la cálida apariencia
de un insensato,
                           de un apasionado.



Política

En nuestro tiempo el destino del hombre se significa en términos políticos.
Thomas Mann

¿Cómo podré, mientras aquella
muchacha sigue de por medio,
concentrarme
en la vital política de Roma,
o en la de España, o en la rusa?
He aquí, con todo, un hombre de gran mundo,
que sabe lo que habla,
y allí tenéis a un buen político,
cuyas vastas lecturas y razones
son eminentes:
tal vez cuanto ellos dicen es verdad,
acerca de la guerra y las alarmas bélicas.
¡Mas, ay, qué diera yo por ser de nuevo joven
y poder estrecharla entre mis brazos!



William Butler Yeats
Traducción: Jaime García Terrés
Tomado de El surco y la brasa
Selección y prólogo: Marco Antonio Montes de Oca y Ana Luisa Vega
Fondo de Cultura Económica, 1974.

martes, mayo 14, 2013

Tres poemas de Juan Carlos Flores


Ardillas

Las ardillas juegan sobre el árbol indiferentes a nosotros/ los que venimos para admirar a las ardillas/ porque necesitamos algo en qué depositar nuestra capacidad de admiración/ las ardillas juegan sobre el árbol indiferentes a nosotros/ los que venimos para admirar a las ardillas/ porque necesitamos algo en qué depositar nuestra capacidad de admiración/ sí somos hombres hermosos y somos seres deformes/ las ardillas juegan sobre el árbol indiferentes a nosotros/



Antílopes

He soñado con antílopes: sobre el plano policromático se desplazaban y eran felices y eran libres. Yo que con frecuencia tengo las atroces pesadillas de vulgar novela policíaca y escribo para hacer más tenue, más llevadero el horror de vivir, puesto que entre mis pesadillas y lo real hay un vínculo. He soñado con antílopes: sobre el plano policromático se desplazaban y eran felices y eran libres.


Patinadores

"los patinadores cruzan rápido sobre el asfalto y desaparecen con la misma velocidad con que aparecen". (las patinetas se fabrican en serie y no se diferencian las unas de las otras, las personas se fabrican según método antiguo antes del nacimiento de la industria y son muy diferentes las unas de las otras). "los patinadores cruzan rápido sobre el asfalto y desaparecen con la misma velocidad con que aparecen". (grupo, no pertenezco a ningún grupo y no me reconozco en ningún grupo, mi verdadero y único amigo es dios ausente, la sensación de soledad se haría más intensa si yo saliera a caminar y me detuviera frente a la iglesia tamaño caracol). "los patinadores cruzan rápido sobre el asfalto y desaparecen con la misma velocidad con que aparecen".



Juan Carlos Flores
Mandorla. Nueva escritura de las Américas, no. 14, 2011.

martes, mayo 07, 2013

Seis poemas de Róger Santiváñez


Primera muerte

     Mi nombre es Nenfas.
Vivo en Pachitea. Mi suegra todo el día
me dice serrano. Regreso de traer algarroba
y ella me grita serrano.

     Esta tarde
frente a un viejo algarrobo donde a veces
lloro mi desdicha o me alegro el corazón
con las soñas y los chilalos diré déjame
algarrobo tu sombra para que yo pueda
colgarme tranquilo y ya no me digan más
serrano y me verá róger santiváñez
a los 12 años y 13 años después él cantará
con la soledad que yo le entregué
esa noche de verano cuando me vio ahorcado
y en la arena aún correteaban
las iguanas.



Diabla García

La chica más linda. No puedo recordar su nombre pero sí su uniforme del Lourdes, azul profundo y la insignia dorada, igual a su pelo adolescente. Belleza de una muchacha a los quince años, al costado de mi casa. Contemplarla subiendo al ómnibus de su colegio, guardar cada una de sus frases -piezas de oro- en el fulgor de un atardecer en los vidrios de Santa Isabel. Vivía ella en su reino de pureza e inocencia, antes de la Reforma Agraria. Reinaba con la suave delicadeza de quien se sabe perfecta. En malla negra -a la vera del jardín- despachaba a su pretendientes, jóvenes audaces con los ojos verdes. Hubo sábados de rock y muchachos convertidos en Jim Morrison para ella. Recuerdo a Gonzalo Higueras deslumbrando con una blanca guitarra eléctrica, la noche más bacán de la última primavera. La ola instantánea de la Reforma clausuró ese paraíso. Sentí la pena en el corazón de mi vecina. Su hermosura inasible -ansiedad de los conquistadores- marchó a la Argentina. Piura perdió su prístina tersura intocada. Yo era un niño todavía/todavía la recuerdo: coqueta y esquiva. No se la agarró nadie.



Las cosas

Cuando pasa el botellero gritando
por los objetos que recoge, yo
vengo a sentarme en el garage.
Desde allí imagino el fuego en
la plancha de carbón de antaño.
Era bonita en la antesala
de la puerta del postigo.
¿En qué tarde como ésta
fue a perderse en el olvido?
Las cosas de mi madre, budas,
elefantes, y el aroma del jazmín.
Su espíritu reina todavía
entre los muebles de esta casa
y es su música Regresa, Only you
un éxtasis de viento en su jardín.



La lata china

Aún conserva el fino aroma del té.
Increíble su constancia en una esquina
de la vieja cocina de mi madre.
A través de los años y los viajes
la he visto inmóvil en su sitio,
encima del lejano aparador
en la casa de Junín 381, muerta
niñez y pubertad infinita aquí
en Santa Isabel de nuevo la alacena,
el lavadero y la esquina con su lata.
Nadie la usa. Olvidada permanece y
es roja y es negra y es dorada.
La miro diariamente y no entiendo
qué hace allí embadurnada de tiempo.
No he podido tocarla, quizá si la abro
brote un genio oriental
el espíritu de este fino atardecer,
su dueña original.



Alejandro / el tío

Alguna vez lo vi en una esquina
alto y su uniforme
                             Los ojos azules me llevaron
a estadios brillantes
                                Sorbía un vaso de cerveza
me buscaba palabras en el diccionario
                                                             o reíamos

Su bondad limpió mi corazón
largas temporadas con nosotros
viejos atardeceres melancólicos
                                                   y compartió mi soledad
Gran belleza y en sus
rudas manos acariciando
                                        cantaba la chiroca

En la mañana fue adelgazando
                                                 sobrio, duro
(Los pasillos de los hospitales son tan fríos)
Se lo llevaron
                           Aprendí
que los geranios habían sido regados por él.



Eucaristía (fragmento)

Sólo para tu carita de estambre que se
Revienta en millares de hojas esparcidas
Extraños sueños siniestros

Me hicieron doler pero reconocer que
El dolor político no es otro tema de
Mi canción nunca me metí en la trinchera

Me fui hui huyendo como dijo Heraud
Aunque él sí murió por nosostros
Soy hinostroziano no creo

En las guerras no creo en nadie soy
Un lumpen maldita la hora en que hablé
Con un lumpen no soy un lumpen soy




Róger Santiváñez
Dolores Morales de Santiváñez
Hipocampo/Asalto al cielo, 2006.

domingo, abril 14, 2013

Dos poemas de Lawrence Ferlinghetti


México insurgente

En el abrasador desierto seco
        donde el sol es dios y dios traga vida
el gran dios sol desciende
        engrudando varios carteles rojos
                en paredes de adobe

y después caen
                sobre el horizonte
        "con la llamarada de un alto horno"
y los carteles se destiñen amarillos
                caen en la oscuridad
        dejando solamente sombras a fin de probar
                que una revolución más ha pasado



Manifiesto populista

Poetas, salgan de sus armarios,
abran sus ventanas, abran sus puertas,
han estado hibernando demasiado tiempo
en sus mundillos cerrados.
Desciendan, desciendan
de sus Russian Hills, de sus Telegraph Hills,
sus Beacon Hills y sus Chapel Hills,
de los Montes Análogos y de Montparnasses,
bajen de sus estribaciones y montañas,
salgas de sus tepees y de sus domos.
Los árboles siguen cayendo
y nosotros no vamos ya a los bosques.
No tenemos tiempo para sentarnos allí
mientras un hombre incendia su propia casa
para rostizar un puerco.
No más cantos de Hare Krishna
mientras arde Roma.
San Francisco se quema,
el Moscú de Mayakovsky quema
los combustibles fósiles de la vida.
La Noche y el Caballo se acercan
devorando luz, calor y fuerza
y las nubes llevan pantalones.
No son tiempos para que el artista se esconda
en las alturas, más allá, detrás de la escena,
indiferente, emparejándose las uñas,
refinándose hasta perder la existencia.
No es tiempo para nuestros pequeños juegos literarios,
no es tiempo para nuestras paranoias e hipocondrías,
no es tiempo para tener y detestar,
es tiempo sólo para la luz y el amor.
Hemos visto a las mejores cabezas de nuestra generación
desplomarse de aburrimiento
en las lecturas de poemas.
La poesía no es una sociedad secreta,
tampoco es un templo.
Las palabras secretas y los cánticos ya no sirven.
La hora de los cantos om ha terminado,
el tiempo de la intensidad ha llegado,
es tiempo de entusiasmarse y de regocijarse
del cercano fin
de la sociedad industrial,
dañina para la tierra y el hombre.
Es tiempo de mirar hacia delante
en completa posición de loto
con los ojos bien abiertos,
es tiempo ya de abrir la boca
con un nuevo discurso,
es tiempo de comunicarse con todos
los seres sensibles,
todos ustedes "Poetas de las ciudades"
colgados en museos, incuyéndome a mí,
poetas que escriben poemas acerca de la poesía,
todos ustedes poetas de lenguajes muertos y deconstruccionistas,
todos ustedes poetas de talleres
en el corazón rural de América,
ustedes los Ezra Pound caseros,
todos ustedes poetas excéntricos y alucinados,
poetas concretos pre-acentuados,
poetas cunnilingus,
todos ustedes poetas de excusados públicos
que gruñe con grafitis,
todos ustedes libertinos del metro
que nunca se han columpiado de abedules,
ustedes los maestros del haiku de aserradero
en las Siberias norteamericanas,
ustedes los irrealistas sin visión,
ustedes los superrealistas que se ocultan a sí mismos,
ustedes los visionarios de recámara,
los agitopropagandistas de clóset,
ustedes los poetas Groucho-marxistas
y camaradas de la clase acomodada
que se la pasan acostados todo el día
y hablan de la clase trabajadora proletaria,
ustedes los católicos anarquistas de la poesía,
ustedes los Montañeses Negros de la poesía,
ustedes los Brahamanes de Boston y bucólicos de Bolinas,
ustedes madres sobreprotectoras de la poesía,
ustedes los hermanos zen de la poesía,
ustedes amantes suicidas de la poesía,
ustedes profesores velludos de la poesía,
ustedes los reseñadores de la poesía
que se beben la sangre del poeta,
ustedes los Policías de la poesía:
dónde están los niños salvajes de Whitman,
dónde las grandes voces haciéndose oír
con ese sentimiento de dulzura y sublimidad,
dónde la nueva gran perspectiva,
la nueva visión del mundo,
la gran canción profética
de la inmensa tierra
y de todo lo que en ella canta,
y nuestra relación con ella.
Poetas, desciendan
una vez más a las calles del mundo
y abran los ojos y las mentes
con el antiguo regocijo visual,
aclaren su voz y hablen firmemente.
La poesía ha muerto, viva la poesía
de ojos terribles y fuerza de búfalo.
No esperan a la Revolución
o ésta se irá sin ustedes,
dejen de tartamudear y exprésense
con una nueva poesía abierta
con un nuevo recubrimiento público comunosensual
con otros niveles subjetivos
u otros niveles subversivos,
con un diapasón en el oído interno
para golpear bajo la superficie.
Canten de su propio y dulce yo
y sin embargo profieran la palabra en masa
para llevar al público
a lugares más encumbrados
que a los que otras ruedas puedan llevarlo
La poesía aún desciende de los cielos
a las calles todavía abiertas.
No se le han levantado aún barricadas,
y las calles todavía se animan de rostros,
de bellos hombres y mujeres que caminan por allí,
aún hay criaturas adorables por dondequiera,
y en los ojos de todos el secreto de todos,
aún sigue enterrado,
los hijos salvajes de Whitman aún duermen allí,
despierten y salgan a caminar al aire libre.

Febrero 1975,
San Francisco



Lawrence Ferlinghetti
Una tribu de savajes improvisando a las puertas del infierno. Antología beat.
Compilación y traducción: John Burns y Rubén Medina
Aldus, 2012.

jueves, marzo 28, 2013

El joven parco

Doch Abraxas bring' ich selten!
Hier soll meist das Fratzenhafte,
Das ein düstrer Wahnsinn schaffte,
Für das Allerhöchste gelten.


Aficionado al infierno de Dante, sucumbí hace tiempo a un ofrecimiento de José Emilio Pacheco: "un descenso a las cloacas del hampa infraliteraria" (Proceso, núm. 760). El guía era poco prometedor, ciertamente, pero nunca acaba uno de escarmentar.

El recorrido resultó algo largo y aún más tedioso. Se lo aseguro a Pacheco: ni por un instante pongo en duda que jamás le haya pedido a nadie que escriba sobre él. Asimismo --aunque sólo fuese por simplificar las cosas--, estoy dispuesto a aceptar que son exactos los demás datos de impresionante precisión que aporta en contra de dos o tres afirmaciones de José de la Colina. Pues bien, con todo ello, debo decirle a Pacheco que sus "cloacas del hampa infraliteraria" no pasaron de ser una gansada.

Pienso que, a fuerza de afanarse para desempeñar el estrafalario (y provechoso) papel que ha asumido, Pacheco perdió, hace mucho y entre otras cosas, el sentido de las proporciones. No en balde viene habitando, por años y décadas ya, un mundillo donde a los horrores innumerables de la realidad, conocidos de oídas, se suma una retórica tan sin... inhibiciones que se convierte --volveremos al asunto-- en una especie de picaresca nueva.

Cubierto por su cascarón fabricado con una listeza que nadie discute, Pacheco no está acostumbrado a ser puesto en tela de juicio. Chorreando modestia, rechaza copiosamente entrevistas, ayuna, se da golpes de pecho en singular y en plural, etc. Es de sobra sabido. Ahora bien, aunque el disfraz de víctima resulta de rigor para su imagen, sin embargo el ser tratado mal --aun en ínfima escala-- es algo que lo desconcierta, lo aloca, y ¿qué pasa? Pues que el pobrecillo --no el pobrecillo que él cultiva sino el que de veras es-- finge horrorizarse, finge hacer un esfuerzo sobrehumano --esas disculpas tan suyas--, finge como lo finge todo desde larguísimo tiempo atrás. Los espectadores, patidifusos, poco a poco van dejándose impresionar menos.

Lo que aquí escribo son exabruptos de verdulera, ya se está viendo. La razón es clara: el testimonio de la verdulera es indispensable para caracterizar de una buena vez a cierta beata negruzca que se escurre mañana y tarde frente al puesto de legumbres, con un misal henchido de paráfrasis del reverendo Cardenal y de engendros titulados "Viendo llover en Ravena después de saber que Mella usaba suspensorio". Esta grosería es asimismo conveniente a fin de que desciendan las águilas vengadoras de la izquierda, con las monsergas sabidas de sobra. Me acusarán de erigirme en juez y negar dictatorialmente derechos, cuando sólo empiezo a llamar las cosas por sus nombres. Dirán que no consigo dialectificacionalizar mi teoremática --y en efecto, ni lo intento. Hablarán mucho, mucho de odios y envidias donde no hay sino asco y más asco. Superarán al señor Taiboi, cuando denominó "placer de matar" a la elemental repulsión de quienes estamos hartos de que el boletín informativo de una especie de funeraria cursilona pase por alta literatura. En fin, ¡que los enjambres del Bien me acosen sin cuartel! Sé que son buenos chicos en el fondo, como yo. Sé también que quien con rojuelos se mete...

¿Qué me ha hecho José Emilio Pacheco? Dos cosas. La primera, lo que le hace a todo el mundo: agraviarlo con su enfermiza fascinación ante la sangre, la muerte y el horror. Pacheco simula no comprender que sus contorsiones y demagogia estomagante pueden constituir, muy directamente, ofensas e insultos, y hasta calumnias, para quienes (midiendo nuestras palabras) lo llamamos a él fariseo, confiando en que los lectores aportarán sabrosos adjetivos.

Es verdad que sólo algunas veces me asomo a su "Inventario": cuando corre por nuestras cloacas el rumor de que nuestro Prócer acaba de poner otro huevo cúbico, o cuando raramente hojeo Proceso. En tales casos, además, casi nunca acabo ninguna de esas aportaciones a la cultura; siempre encuentro refritos de obras gringas, hechos por un pasmarote.

Pero declaré que dos cosas me dolían. Diré todo. Estoy muy enojado con Pacheco porque... me ningunea. Me ninguneó gachamente en su monografía de Proceso sobre la injuria, la calumnia y la impunidá. No que esperara yo ser mencionado por mi nombre, pero, carajo... ¡siquiera algún aprecio a mi arrojo! Releamos al maestro: "Nunca en la historia del periodismo mexicano... ninguna publicación ha dedicado tres notas al intento de demoler a un libro y a su autor." Creámoslo, pues Pacheco es rico en esos tesoros de información (cuántas hemorroides padecía Juan de Dios Peza, cuántas reseñas suscitó la Oda secular guadalupana). Pacheco está repasando ataques de la cloaca infraliteraria, pero calla que desde allí, desde el semanario de Novedades, y con riesgo de mi vida, por supuesto, yo defendí a José Emilio Pacheco, pese a que, como se ve, lo aprecio poco. Es que me nació del alma: ¡dos gorilazos aporreando a un pacífico mico de noche! (Cyclopes; a Potos yo lo llamo "martucha"). Me cegó la justicia y escribí unos renglones, no por breves menos vehementes, defendiendo a Oacheco contra, cuando menos, un infundio. Al vil ataque doble del 13 de agosto del 89 siguió, el 27, mi defensa, y el Maestro, gracias a su erudición antes mencionada, lo sabe. Ni un guiño de simpatía. Mejor disolver mi despecho en un poco de historia.

En 1974 llegué a la conclusión de que consagrar, por ejemplo, una página entera a imprimir: "Aunque renazca el sol/ los días no vuelven" sólo podía significar una tomadura de pelo o una ofuscación completa del sentido del ridículo. Durante un decenio opté por lo natural, o sea olvidar la existencia de aquello. A mediados de los ochenta me cayó entre manos un librito de Pacheco que me limité a hojear --única cosa que desde entonces he logrado hacer con otros tres o cuatro suyos. Supe igualmente de la existencia de los "Inventarios". No sólo esto: fue grande mi asombro al ir descubriendo que Pacheco se había transformado en una inexplicable paradigma de calidad humana, cívica y hasta literaria.

Las razones de este fenómeno, del auge de esta leyenda, no son de orden literario (bastaría con preguntar su opinión a cualquier lector en estado de inocencia). Son por fuerza razones que sólo los sociólogos, si sirvieran para algo, podrían esclarecer. Los demás, por supuesto, debemos limitarnos a admirar. No creo que Pacheco planeara en detalle su progresión. Nadie habría podido hacerlo. Sin embargo, el hecho es que, gracias a una limitación congénita de su manera de captar las cosas, gracias a la carecia de todo lo que implique flexibilidad, soltura, sonrisa, impulso, imaginación, el joven escritor, tal vez sin proponerse tanto, vio de pronto su obra literaria remolcada, como una arcaica máquina de coser de pedal, cuadrilonga y con ruedecitas, por una multitud cretina deficiente en héroes (sin los cuales la vida poco vale).

Por desabrido y relamido, Pacheco estuvo que ni pintado para el caso. Otro factor, sin embargo, fue esencial en aquella transfiguración: la izquierdosidad, por supuesto. Elemental prudencia suya, el asumirla, pero Pacheco supo magistralmente evitar un grado incómodo de compromiso, sin dejar de contentar a las bandas que arrastraban felices el oxidado cachivache de su poesía y su moralina, rumbo a la lucha final tan esperada todavía. Supo contentar y, a intervalos oportunos, propinar papirotazos de pesimismo impresionante. No hay cosa que el proletariado agradezca más -- y hace subir, de paso, el termómetro moral.

La actitud de José Emilio Pacheco fue relevando a un perito en manejar la estupidez humana (concretamente, la de cierto México en el último veintenio). Primero, un gelatinoso lamento cultillo al morir el Chegüevara (y Pacheco, casualmente en vuelo hacia Europa). Acto seguido, un gesto amargo de desencanto ante lo incorregible de la humanidad. Pausa, y una pirueta de "artista" pretendidamente deslumbrado, a pesar de todo, por cualquier simpleza que haga murmurar a los profanos: "Él sí es sensible y profundo." Entonces, una mueca de dolor, unas palabras farfulladas con rabia: Escribo en una máquina Remington Rand... (y sí, escribía en ella; como también cobraba y cobra en dólares). Finalmente, la cómica trasposición romanoide: ¿Has visto, oh Pasíbula, la chequera de Lucio Calpurnio Bestia? (Y el profano coro: "Cuán culto, qué barbaridad.") En fin, el grotesco hecho existe. Pérez Gay tiene razón en afirmar que hay Pacheco para rato. Sólo que...

Sólo que ya no serán las cosas tan cómodas como antes. Empieza a verse claro que aquello de creer "que/ (contra la abrumadora evidencia)/ los nietos de los nietos de nuestros nietos/ conocerán la sociedad perfecta" representa un vergonzoso ardid de pícaro para dar gusto a la marxetería dominante, sin abandonar el pretendido tormento de intelectual a quien hasta lo que no prueba le hace daño. Quiere que se persuada bien la gente: mientras le bolean los zapatos en un aeropuerto internacional, Pacheco solloza por alguna iniquidad cometida en el Congo: aunque pasee, no es ningún simple turista. Quiere que nadie dude: si jamás se suma a ninguna manifestación dispersada a tiros, él puede ser excusad: es porque ayer cayó en cama al enterarse de las condiciones de vida de los andamaneses. En resumen, una existencia picaresca, de puro timo. De un género que, hoy, permite vivir bastante a gusto.

Pues bien, decíamos, ya es menos así. Hace cinco años habrían sido inconcebibles estas frases de los últimos meses (de autores y lugares distintos, y ninguna aparecida en el semanario de Novedades): "Sus errores no sólo provienen de una cada vez más alarmante falta de autocrítica." "El 'problema', así, no es la moral sino el abuso de la moral, la moralina", "prisionero de una retórica facilona y farisaica", "sus pésimos poemas, sus discurso entre ruinas, empobrecido a fuerza de catástrofes, su falso trasfondo moral..."

Como se ve, José de la Colina no es el único que --según Pacheco y sin otro síntoma que el no soportar a Pacheco-- "aborrece la compasión por las víctimas..., la protesta contra la violencia, la miseria, la contaminación". Basta de lógicas de monja. Rechazar el modus operandi y los partos de Pacheco no por fuerza significa que seamos tan, pero de veras tan perversos.

Empieza a llover en la milpita de este Grande Hombre. Seguirá lloviendo. Cuando fallezca, en hedor de santurronidad, los discursos serán notablemente distintos de como los debió de imaginar en 1968, cuando el joven parco, ataviado de primera comunión, proclamaba que "un lapso de la historia ha termiando", lucidez idéntica a la del personaje de cierto viejo chiste: "Ha comenzado la guerra de los Treinta Años.."

Hoy en día, ¿cómo responde a esta higiene mental el ganglio cerebroide de José Emilio Pacheco? Mal, hay que reconocerlo. Mal. Allá él. Repite, cacareando: "Los sinvergüenzas no quedarán impunes." ¡Los caraduras tampoco, puedo asegurárselo! ¿Hay Pacheco para rato? Procuremos entonces, cuando menos, que le resulte un mal rato.



Gerardo Deniz
Anticuerpos
Ediciones Sin Nombre-Juan Pablos, 1998.

Cinco textos de Gerardo Deniz acerca de José Emilio Pacheco:
http://www.scribd.com/doc/132835979/Cinco-textos-de-Gerardo-Deniz-acerca-de-Jose-Emilio-Pacheco

jueves, marzo 21, 2013

Acerca de la crítica


1

No creo que todo el mundo exista con el fin de terminar en un libro (Mallarmé), aunque la idea, estoy de acuerdo, es excitante.

Sí creo, en cambio, que todo libro existente eventualmente desaparecerá.

Como resultado de una catástrofe final o victimizados por la tecnología o por un proceso de auto-aniquiliación, no lo sé. Pero desaparecerán.

No veo razón para el lamento. Veo aquí un incentivo para ubicar a los libros dentro de la categoría de organismos vivos. Así que es natural que crezcan, se multipliquen, cambien de color, enfermen y, eventualmente, mueran.

En este momento somos testigos de la fase fina de este proceso. Figurativa y literalmente, las bibliotecas son cementerios de libros.

¿Qué son los best-sellers de pasta blanda si no cenizas, sombras, humo? Todo best-seller testifica el hecho de que el fuego del lenguaje (en sus formas literarias) se ha extinguido.


2

Pero en lo que toca a nosotros, estamos vivos y bien.

Todavía tenemos colores y ojos para verlos, sistemas lógicos, signos, proyectores de cine, pistas de baile, cadenas de televisión, alfabetos manuales y mucho más.

Hasta donde sé, únicamente los artistas están celebrando la muerte de los libros. Es difícil de creer, pero es cierto, a nadie más parece importarle.

Sólo los artistas están dando su merecido adiós a los libros, con cantos, iconos, aceites sagrados, rituales, cohetes; en fin, todo lo usual en estos casos.

Otras personas (por ejemplo, los escritores, lectores y todos los intermediarios entre unos y otros) simulan no ver, oír u oler. Las estadísticas no gozan de alta estima como materiales de lectura en estos círculos.

¿Y qué tal en la educación? Todo ocurre, como antaño, casi exclusivamente por medio de libros. Mientras tanto, afuera, en las calles, se aclaman los peores best-sellers.


3

Pero esta no es la historia de los buenos escritores versus los malos escritores, editores de calidad versus editores de basura, lectores inteligentes versus lectores idiotas.

El único tema real de nuestra historia es este objeto más bien pequeño, usualmente rectangular, multicolor y de peso ligero: el libro, los libros. Los encontramos aquí y allá entre nosotros, viviendo sus vidas, cambiando, objetos de todo tipo de manipulaciones y modificaciones en manos de cualquiera que se cruce con ellos.

Los artistas han tenido esta intuición: los libros son propiedad común. Pertenecen a todos y cada uno de nosotros. Varios siglos de vida común entre hombres y libros  han dejado su marca en ambos loados. Los hombres aprendieron a leer y luego se aburrieron. Los libros aprendieron que no durarían para siempre y comenzaron a moverse.

Los libros se convirtieron en territorio para el juego, abiertos a cualquiera dispuesto a tomar parte de él. Muy pronto los libros se volvieron multicolores, su geometría se diversificó, los textos impresos comenzaron a bailar e incluso hicieron su salida, las páginas devinieron transparentes, materiales distintos del papel se exploraron y conquistaron.

Aquellos que gustan de la historia dicen que todo esto comenzó en los tardíos años cincuenta, y se responsabiliza a los poetas concretos del primer golpe mortal.

Pero, por supuesto, todo esto comenzó mucho antes. Sólo para mencionar un ejemplo, los futuristas y constructivistas ya habían estado activos en este campo algunas décadas antes. Y cuando dices esto en voz alta, no pasa mucho tiempo antes de que alguien interrumpa y recuerde los manuscritos medievales, las inscripciones romanas o la escritura jeroglífica.


4

Veo esta evolución formal de la siguiente manera:

a) Lenguaje escrito en bloques más bien sólidos: PROSA. Todas las unidades visuales (letras, puntuación, espacios) se distribuyen uniformemente, creando un patrón regular blanco y negro sobre la página. [La distinción entre narración y diálogo representa la primera ruptura importante en el cuerpo del texto.]

b) Rarefacción del lenguaje: POESIA.  Las palabras se volvieron escasas, cada una proclamando y defendiendo su propia identidad. La mitad del espacio permanece en blanco. El texto y el espacio desocupado mantienen un delicado balance. Nuestras emociones se despiertan por esta precariedad. [El verso libre redescubre y repuebla la baldía vastedad de la página.]

c) Flotando en un espacio enrarecido, algunos elementos (letras, palabras) coagulan: POESIA CONCRETA. El lenguaje pierde su uniformidad. Las letras están, desde ahora, sujetas a las leyes (la arbitrariedad) de la atracción y el rechazo. El lenguaje carece de transparencia. Las letras pueden ser pintadas con cualquier color. [La exposición a la variación de tamaño, forma y color conduce, a final de cuentas, a una carencia total de identidad. Las letras se mezclan con imágenes. Nace la poesía visual.]

d) Una vez que la primacía del lenguaje visual se ha roto, cualquier sistema de signos puede poblar el libro: OBRAS-LIBRO. Los artistas, músicos y gente ordinaria los toman por asalto. A partir de ahora, el libro tendrá sentido por su carácter en entidad física. La intrusión de signos heterogéneos en la página queda relacionada con un conocimiento más hondo de la naturaleza estructural del libro como un todo. [Lo que en fases anteriores e esta evolución no parecían ser sino sueños alocados --libros en blanco, libros en negro, libros ilegibles, etcétera-- más tarde demuestra ser fácil de emprender por los artistas y fácil de aceptar por el público.]



5

Prefiero detenerme aquí. En el momento en que la bestia ha muerto. Luego llegaron las hienas de todo tipo y no quiero ocuparme de ellas.

La actividad editorial se diversificó. Se organizaron festivales y conferencias. Los museos enriquecieron sus colecciones.

Los libros alcanzaron estatus de superestrellas. Fueron colocados bajo los reflectores. La audiencia del arte se mantuvo sentada a la expectativa de algo que tenía que ser sensacional.

Pero en la escena de arte los libros probaron ser, en su mayor parte, pobres actores. Bastante pequeños, se dañan fácilmente al ser manipulados, más bien difíciles de exhibir, pobremente distribuidos, y todo lo demás.

Únicamente los artistas ingenuos creyeron realmente, y sólo por un corto tiempo, que las mejores armas de los libros eran su "falta de pretensión" y su carácter "democrático".

Al final, el libro de artista probó ser nada más, nada menos, que un producto artístico.



6

Estoy feliz con las actuales actividades diversificadas en el campo del libro, siempre y cuando se obtengan nuevas visiones.

No veo por qué tengamos que escuchar una y otra vez los nombres Dieter Rot, Edward Ruscha, Andy Warhol, etcétera. Y, por favor, les ruego, no mencionen a D . . . p.

Creo, y soy feliz al creerlo, que alguien en Etiopía, Paraguay o Corea está haciendo o ha hecho obras maravillosas (y no porque haya visto una). Estoy convencido de que la capacidad humana para la creación es más amplia, alta y profunda de lo que los especialistas del arte quieren hacernos creer.

Sólo los museos y los coleccionistas (y me refiero específicamente a los museos y los coleccionistas en los países más ricos, muy conocidos por sus perspectivas imperialistas acerca de la geografía y la historia de la cultura) pueden tener un interés en identificar, fechar y registrar las supuestas diez mejores obras en un campo dado.

Lo que más me gusta de los libros es que hay demasiados. Por lo tanto, nunca puedo estar seguro de que los he visto todos ni, en consecuencia, de que sé cuáles son los mejores.

Créanme, no digo esto a la ligera. Estoy contradiciéndome de modo consciente después de haber llegado a la conclusión de que, o debo cerrar la boca para siempre, o debo contradecirme.



7

Comencé a hacer obras-libro en 1971, inmediatamente después de haberme dado cuenta de que ya había muchos libros en el mundo.

 Había escuchado que las (mayores) bibliotecas estaban llenas de libros que nadie había abierto o solicitado.

Sabía por propia experiencia que el contenido de un libro --el lenguaje-- es engañoso y puede ser aburrido.

Era entonces necesario, concluí, terminar con los libros. Pero esto, en bien de la coherencia, tenía que hacerse por medio de libros.

Mi propósito fue crear libros que fueran tan intensos en el uso del espacio y tiempo disponibles que todos los demás libros parecieran superficiales y sin sentido.

De arranque, los libros tenían que liberarse a sí mismos de la literatura. Luego, tenían que liberarse de las letras.

A partir de ese momento, consideré a cualquiera que no leyera libros como mi aliado y a cualquiera que escribiera libros como mi enemigo.


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Pero reservé mi amor más profundo por quien activamente estuviera involucrado en la lucha contra el enemigo en común.

No importa que no sepa que está peleando, no importa siquiera que reconozca la existencia de un enemigo.

La única cosa importante es que esté creando libros que vuelvan obsoletos los estándares del enemigo: su arma.

Tales libros --obras-libro-- alcanzan este fin por medio de su coherencia interna, el impacto de sus contenidos, su comprensión de la naturaleza secuencial del libro, su conciencia del ritmo de "lectura", el rechazo del lenguaje lineal.

Cuando tales libros finalmente existan, y cuando su existencia sea reconocida, entonces tendremos el derecho a decir: "¡Hemos ganado!"

¡Hemos ganado! ¿No es así?



Ulises Carrión
El arte nuevo de hacer libros
Edición: Juan J. Agius
Traducción: Heriberto Yépez
Tumbona Ediciones, 2012.

Este texto fue escrito para el panel "Critical Issues for Artists´ Books" dentro de la Artists´ Books Conference, que tuvo lugar en el Centro de Ciencia e Ingeniería de la Universidad de Boston en abril de 1985. Apareció publicado por primera vez en Quant aux livres / On Books (1997 y 2008).

jueves, marzo 14, 2013

La comparación con música es perfectible por los pájaros


primero la historia mundana
el arco de la acción
el realismo y su constelación de efectos
como pájaros no repetidos en la biografía


§


la comparación con música es perfectible por los pájaros
pero del lenguaje del paraíso
de las aves del que sigue a la traducción
qué piensas, o del supuesto
entretejido de trama y detalle


§


la tercera persona no nos llevó a la transparencia
ni el tajo que divide áreas de pájaros
de otras terrestres, insistiendo: así pasó.
la primera persona no nos llevó a la transparencia


§


la descripción de los objetos fue el cielo del siglo, dicen,
-y si el cielo no termina ahí
y si nos equivocamos todos y la lírica
vuelve como acto de verdadero realismo?


§


montañas lejanas al mismo tiempo y próximas
a lo largo de esa indeterminación nos movemos

sobre particularidades alisadas
algunas más prominentes que otras

las vacas pastan sobre el lenguaje
el lugar común del pasto


§


polen es metafísica en este pueblo
su impronta en las partículas
caminamos llevados por la promesa de la urbanística,
"su tema recurrente", decimos


§


el gran afuera, espeso,
el poema emancipado de la labor
aunque es sus límites
sobre esta instancia la constelación entera
entre hechos y helechos repartidos



Hugo García Manríquez
Tierra Adentro, no. 179-180, diciembre de 2012-marzo de 2013.

jueves, marzo 07, 2013

Tres poemas de Rodrigo Flores Sánchez

Bella epístola a manera de presentación

My dearest:
Lo que de tu amor en mí habita:
. . . quiero cogerte.
Experiencia directa.
Decirte hola para matar el tiempo.
. . . Habitarte para ocultarme, bonita.
. . . Cogerte.
Decirle:
ocúltate bajo la falda.
Decir
que espejo es experiencia.
Y todo ello
-aunque es demasiado-
ocurre mientras mi bota golpea
contra la puerta,
contra la pared,
como tardío acontecimiento
o apostilla temprana de lo que no
. . . sucederá.
Amor observa el triángulo que forman
la puerta que va y viene,
el quicio donde la luz termina
y mi sombra tras la bota que se
. . . desplaza.
Espero en la habitación a que amor
. . . rime detrás de la puerta franca.

Tanta experiencia
acabará por ocultarnos,
de tan liviana,
como biombo japonés.

No molestar por favor. No
repitas tus recursos por favor.
Sé de desear matarme
y sé de la hipocresía de no hacerlo
y sonreír en el sarcasmo de
. . . desearte.
Género tragicómico afectado.

Mientras piso la alfombra
para asegurarme de que no dije nada,
sé que mi cuerpo tiene algo de no
. . . tenerte,
oh Maligna,
Sincerely yours, El Sr. Desollado.



contrabiográfico
Arenal/2009

Acabo de ver el letrero que dice:
Se saca cascajo.
Las letras en la puerta de la camioneta.

Las letras rojas titilan y clavan.
Y yo voy dando vueltas.
Doy vueltas a las palabras.

Se saca cascajo de mi boca,
podría decir.
Se saca cascajo.
¿De dónde se saca?,
me pregunto.
La camioneta sale
de la casa.
Avanza.
Creo que sacó cascajo de la casa.
Y yo repito.
La camioneta
con letras rojas
en la portezuela
saca cascajo.
Eso hace porque eso dice.
Presente del indicativo.

Me saca de mí,
me sacó de mí el letrero,
más que nada el sonido reiterándose.
El sonido del letrero
me sacó de mí
para escucharme decir:
se saca cascajo.
Me sacó a mí para decirme
que de cascajo en la cabeza
voy lleno,
vengo lleno
de cascajo.

Quieren sacarme el cascajo
pero yo no quiero.
Estoy bien.
No quiero que me saquen de mí.
Que mejor
venga
la camioneta.



contrabiográfico
Señales/2008

Una cierta marca de sentido,
están manchados mis pantalones de sentido,
con salsa roja,
con marca de muerte,
como comer pepinos en tupperware,
tal vez sopa de lentejas,
chile relleno de picadillo,
así me marcan los acontecimientos,
las fracturas, las iras,
algunos pusilánimes
próximos a mí, a ti,
se me abastecen con bocados,
se me nutren con amor,
se me alimentan con fe para no creer,
la alarma suena toda la noche,
es cuando los asaltantes
llevan mi cabeza a la tabla de picar
y la pican, la pican en la noche,
escucho las alarmas, nos asaltan
cuando dormimos, sin saberlo
nos decimos malas palabras,
había una amenaza,
los intrusos penetran nuestra morada
y se activa el detector de movimiento,
¿aún sonará el tuu ruu tuu ruu?,
con las hordas me nacen marcas
en la noche de cuchillos,
en la rabia,
se me activan las marcas de sentido,
de rigor,
marcas de salsa en los pantalones,
busco mis marcas de humanidad responsable,
las marcas genitales de que soy señor,
las marcas corporales
por perderlo todo,
las marcas en los nudillos
del buceo en rumbos universitarios.
Soy oblicuo.



Rodrigo Flores Sánchez
Tianguis
Almadía, 2013.

jueves, febrero 28, 2013

Tres poemas de Vasko Popa

Las semillas

Uno siembra a otro
Lo siembra en su cabeza
Apisona bien la tierra

Espera que brote la semilla

La semilla le vacía la cabeza
La convierte en ratonera
Los ratones roen la semilla

Allí quedan muertos

En la cabeza vacía se aloja el viento
Y procrea brisas multicolores



2

Escucha tú monstruo
Quítate el pañuelo blanco
Nos conocemos

Contigo cuando éramos niños
Se sorbía de la misma taza

Se dormía en el mismo lecho
Contigo puñal de mirada aviesa

Se caminaba por un mundo tortuoso
Contigo serpiente en acecho

Oye hipócrita
Quítate el pañuelo blanco
Para qué mentirnos



Consejo y medio

Antes de morir querido vecino
Hay que dormir bien

Me aconseja mi conocido
Vagabundo del parque cercano

Y no se levanta del banco
Donde reposa hasta hartarse



Vasko Popa
Poesía
Traducción: Juan Octavio Prenz
Fondo de Cultura Econónima, 1985.

jueves, febrero 21, 2013

Fragmentos de una conversación con George Oppen

Citando a Rezy, también, "Queríamos ser nosotros mismos entre los escombros", lo que nos mantuvo a medias dentro, y a medias fuera del activismo político. Ese verso es para mí uno de los versos poderosos en poesía. "La viga que permanece entre los escombros", recitábamos esa línea una y otra vez para nosotros mismos, y queríamos ser nosotros mismos, entre los escombros, y eran escombros o faltaba poco para que lo fueran. Estaba muy cerca la catástrofe, ya sabe, no sólo cerca sino que era una catástrofe mundial, la guerra.

[...]

Significa que reconocíamos no saber lo suficiente sobre la poesía que se escribía; la poesía que nosotros habíamos escrito. Cuando la crisis ocurrió supimos que no sabíamos nada de lo que pasaba en el mundo, y entendimos que debíamos averiguarlo, entonces fue una exploración poética al mismo tiempo, actos de conciencia, la sensación de que uno valora una cosa o la otra. Y pensé que la mayoría de los poetas no sabían acerca del mundo como vida --por lo tanto abandondé sin problemas a un montón de amigos poéticos. (Risas)

[...]

Lo que rompió nuestra amistad fue cuando Louis Zukofsky quiso saber si prefería mi trabajo antes que el suyo. Y luego quería saber exactamente cuáles eran mis reservas hacia su trabajo. Y, bajo bastante presión, dije que pensaba que usaba la oscuridad en la escritura como táctica, lo que no era una cosa agradable de decir, y ese fue el fin de nuestra amistad.

[...]

No sé qué tan sincero era. Eso fue cuando Pound visitó los EEUU, y Jay Laughlin había dispuesto que grupos pequeños hablaran con Pound. Nos encontramos en la oficina de Jay --ese era nuestro grupo-- él quería mantener los grupos reducidos, de forma que no se divulgara la noticia de que Pound estaba por ahí, libre, o cosas por el estilo que podrían crear problemas. Y esperamos a que Pound llegara y charlar; finalmente Pound llegó con Olga y se sentó en completo silencio y todos se pusieron nerviosos y comenzaron a hablar, y Jay en un momento de inspiración dijo "Ezra, muéstrale a George tu nuevo libro". Y Pound con voz sepulcral dijo, "¿Cómo puedo saber que le interesa?" Usted sabe perfectamente lo que eso quiere decir. Entonces me puse de pie y caminé hacia él, extendí mi mano y dije "Me interesa" --un gesto muy dramático-- y Pound se puso de pie en el acto, estábamos muy cerca, y Pound comenzó a llorar, y me eché a llorar también. Después nos fuimos a casa. Nadie pudo hablar, así que nos fuimos a casa, imposible comprenderlo.



George Oppen
Fragmentos de la entrevista "Poesía y política: una conversación con George y Mary Oppen", realizada por Burton Hatlen y Tom Mandel.
Tomado de George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas.
Selección y traducción: Kurt Folch.
Universidad Diego Portales, 2012.

jueves, febrero 14, 2013

Tres poemas de Bárbara Belloc


Me despido por anticipado de los requisitos mínimos para ser una
estrella de rock: la cara de un adolescente, una rebeldía, una buena pose.
Quiero salir de la caverna. Sin resoplidos. Sin grandes gestos. Sin un
[hacha.
En la mañana fría, la nieve todavía sin hollar, espesa y rápida como humo
[blanco
de almendras. Ese misterio debajo de los pies, y el instinto que tarde o
[temprano,
como Héspero, vuelve todo a su red.


*


La oscilación del precio del petróleo no es materia poética.
Las consecuencias biológicas del empleo de glifosato no son materia
[poética.
La explotación intensiva de un monocultivo durante un prolongado período
[de
tiempo en un suelo no renovado no es materia poética.
La perpetuación de un sistema de estímulo a la actividad agrícola nacional
basado en el subsidio a la siembra de especies con mayor demanda
[externa y/
o industrial no es materia poética.
Si no hay espacio público no hay política.
El combustible motor en la elaboración de bienes de consumo masivos
degrada como el contaminante con mayor efecto residual. La investigación
[y
el desarrollo de formas de producción de energía no devastadoras no es
materia poética.
Si la opinión general se reduce al discurso de los medios, no hay memoria.
El día que la lírica recupere su flor será coronada la reina de Marte.


*


Naturalista

Jamás comprendí tu ecosistema, aunque lo amé o creí amarlo. Una
laguna bordeada de esteros y yo asomándome a las aguas, para ver
¿qué? Los filos irisados de una mole de laja por los que no corre una
gota. Las listas de procedimientos científicamente aceptables, requisitos
mínimos para un experimento de esta clase: observar, colectar, estudiar,
comparar, sacar conclusiones. Y ni un solo día pude ponerme el traje de
neoprene, alejarme nadando.



Bárbara Belloc
Andinista
Gog y Magog, 2009.