Lauerdale (fragmento)
Lauerdale. Es lindo este lugar
Me placen los parques del barrio obrero.
Ver a las camaradas repartiendo volantes
para la marcha contra el presidente
y contra el alcalde. También descubro
mi extraña soledad. Mi oscuro no hacer
nada. Esta canción de rebeldía,
leída más allá de los árboles y del
policeman dirigiendo el tránsito
desde su caseta en medio de la
encrucijada. Los tejados tipo england
dejan una alfombra para los pájaros
marrones posados como un don del
Señor. Lauerdale mi barrio favorito.
Eucaristía (fragmento)
Vox Dei allegrum -dijo Pound
En el arte de la poesía en la noche
Nosotros elevamos un cántico hacia ti
Para ser quechuas o sea bien
Llamas en llamas se incendia mi país
4 paredes albicantes de su celda Vallejo
Y en el rocío
De la familia en la madrugada se
Confundió reconociendo
A los vecinos y notarios públicos que diga
Púbicos tus bellos versos leídos en el
Recital de tu Velvet Undergound
Triángulo isósceles
Rompe los vidrios a qué te sabe tu té
Dime si anochece en ti rompe los vidrios
Compré galletas rosadas para tu mejor
Amanecer pero no volviste a sonreír
Eso ya fue otro sino ¿Cómo te llamas?
Nunca te has llamado frente a la ciudad
De Lima rompe el mar y hallas
Nombres diseminados por la playa
Es que allí fue el amor el acto más
Lindo de la noche en un Volkswagen
Nosotros tres yo ella & ella nada
Existe solo las olas los vidrios rotos
Camotal
1
Adolescente en jumper salida
Del tren de las seis a Lima
Hermosura difícil de alcanzar
Siempre al borde de la mar azul
Nunca le des la espalda fue el
Consejo mil años después en Yacila
Entre cholos bolicheras & el alisio
Que a Alicia dejó senos al aire
Memorias chiquitas de las playas
Donde Madre me mimaba con
Azul fulgor de nueva ropa'e baño
Volver a su Callao deseo eterno
Vivir en la mar sabrosura de
Pintura más refresca & pactada
En la nada de un poema & en
La rada en que fallece la gaviota
2
Jamás se dio el regreso murió
En otro cielo más travieso
& el desierto supo de percebes
Corales caracoles estrellas
Invocadas fui llevado a conocer
Su Puerto mas no fue Constitución
Sino el Nuevo Puerto de la yerba
Reunida con Jimmy a la volada
Hendrix a todo volumen en la radio
& el auto sometido a redada policial
Qué belleza de la mar hirviendo
& todo el movimiento de la Brava
Oh Chucuito salvó a mi hermano
En los tiempos de la polio incurable
Pero a mí quién me salva
Del recuerdo de este camotal.
Ringo
Metálicas guitarras se alzan pasando
Moluscos sobre el palacio submarino
Hechizo de Ringo & su jardín o su asesino
Tractor por un traspié premonitorio allí
Donde la harina de pescado nos dejó sin
Consultorio rock que se desmaya &
Se queda dormido para siempre dorados
Besos que Elizabeth nunca consiguió
Con su uniforme punk la más solitaria
Hembra montada en una sopa de choros
Tu mano buscando el fierro curvo
Surcar avenidas madrugadoras cerradas
Epifanios sumergidos con la pura luz
De su tristeza no hubo moderación en
El desmadre inclina el surtidor franco
Duelo
Roberts Pool Crepúsculos (fragmento)
Se va la luz se va la forma
Amada solo el azul inmóvil
Se queda arriba se torna
Celeste sin que nadie se dé
Cuenta ahora es albo humo
O un estudio de plata
Un reburbujear semejando hielo
Seco en la lejanía desvaída &
Vuelta a crear la rosa más tierna
Por un instante desbordado de
Perlas en la tersa piel ingrávida
Perfección solar cuya belleza me
Ensimisma & se desaparece
Sea Isle (fragmento)
Hi! Me dijo una sirena niña
Echada en su tabla roja deslizán
Dose sonriente on the silk-screen
O trastocada por el refrescante dulzor
Hasta la húmeda arena perfectamente
Impresa tu silueta forma de un racimo ciprés
Nadie como tú para ser dibujada en el poema
Bañada por la verde transparencia recuerdo de
Pamela dejándose la truza metida en el misterio
Redondo como el mundo en que agonizo
Mirando el pulcro reflejo en tus hombros
Del sol que sin roche te acaricia
Inolvidable sinrazón marcando oleajes
De ternura desasida íntimo deseo
Perdido en la tristeza del ardiente mediodía
Campos de Penn, desde un Greyhound
Última visión preñada de amor
Regalo cerrado entre árboles crecientes
Es dulce tu pasión primera adoles
Cencia temprana que otorga
Adoración altar con pétalos elaborado
Por ti fulge el sol de un día pirro
Donde el cielo conquista nubes francas
Acaso en el ocaso pulcras frases baña
Das por súbita lluvia tropical & al
Arco iris invita esparcido e intactas
Risas de muchachas suenan como espuma
Que el viento nos dejara en su ola redimida
Bosques esmaltados de seres azulísimos
Hasta su fondo llega el poema & llora
Con todo lo que ya se fue de una vez &
Para siempre
Roger Santiváñez
Sagrado. Poesía reunida 2004-2016
Peisa, 2016.
martes, septiembre 08, 2020
Ocho poemas de Roger Santiváñez
martes, septiembre 01, 2020
Tres poetas japonesas
A la Tierra
Aunque cantan desde millones de años,
los pájaros no han completado aún sus cantos.
Aunque crecen desde millones de años,
los árboles no han hallado aún el cabo de su cielo.
¡Oh, la tierra, la tierra!
¿Cómo puedes extinguir el fuego de tu horno?
Alegremente alzan sus manos y voces,
los niños están en clase.
(Shinkawa Kazue)
Mañana en el pueblo del puerto
La mañana en el pueblo del puerto de Almería
comienza
en las mujeres, que van de prisa al mercado
cargando sobre la cabeza
los canastos desbordantes de mangos.
Las caderas poderosas
envolviendo el mundo,
surgen de la oscuridad abriendo el alba.
Los estorninos dormidos en las ramas
repentinamente se depiertan
y el árbol es ya una bóveda de trinos.
El pueblo del puerto
es ya un cielo inmenso donde resuena
la voz del Dios solar.
Ahora
ya no encuentro
el trino de los pájaros
ni el poder de las caderas femeninas
que tanto sacudieron mis sueños.
(Tamura Satoko)
Solsticio de verano
Noche de solsticio de verano: col, cebolla, lechuga,
las cosas que inesperadamente se muestran aquí y
allá en mi cocina.
Las cuezo todas.
Dentro de la olla transparente sin cesar
ruidosamente clamorean, de cerca las observo,
qué son, una cierta gente muy menuda
al canto de brillante oscuridad.
Una de ellas es una gris anciana esfumada
que hace rechinar un molinillo de pimienta,
diciéndole a un esfumado niño: Búscame
mi cucharita de estaño.
El niño camina por el oscuro piso,
con los ojos saltones.
No hay cuchara.
Una aún más delgada y esfumada tía
desliza un cuchillo
sobre el lomo de un pescado.
Una cara de pescado gotea en el fondo de una cuba.
Se desvanece.
No hay cara, murmura la tía; no puedo ver una cara
en parte alguna.
Sirvo en los platos la ruidosa sopa de la noche
de solsticio estival.
El cuento, dejado a medias, ha concluido.
Ya no hay nadie aquí. Juntos se han ido por
el extractor de aire.
Se ha ido a algún sitio diferente, digo,
a una cocina cerca del amanecer a encontrar
una cara y una cuchara.
(Koyanagui Reiko)
El rumor del origen. Antología general de la literatura japonesa
Selección y notas: Javier Sologuren
Pontificia Universidad Católica del Perú, 1993.
martes, agosto 25, 2020
Dos poemas de Daisy Zamora
La mesera
Cómo creía entonces que de verdad
para algo me serviría el físico.
Morena y delgadita
sólo por mí venían los montones de clientes
desde Managua y Los Pueblos,
ya no se diga los que entraban
de aquí de Masaya.
Me tocaban las nalgas y tenía
ofertas al escoger:
De amorcito para arriba me trataban.
Claro que me acuerdo de vos, Castillito;
desde que te fuiste a México a estudiar
siempre pedía a los amigos
razón tuya.
Ya ves, cómo me tienen los muchachos:
gorda, cansada y varicosa.
Ni estoy tan vieja
pero así son las cosas de la vida.
La mesera más linda del "Mini-16 Rojo"
y de qué me sirvió.
El vendedor de cocos
De la fila de acacias junto al adoquinado
el hombre siempre escoge la misma sombra.
Cada día es el rito vaciar el carretón,
separar los cocos, y al filo del machete
ir pelando cada coco hasta dejar
la blanca esfera de carne descubierta.
La mujer los ofrece
de dos en dos o tres en cada brazo,
sorteando buses,
saltando entre motocicletas y taxis;
pendiente del semáforo
para pegar carrera a recoger más cocos.
Desde lejos, la blancura de los cocos brilla
como los cráneos de los setenta y cinco niños místikos
muertos por la guardia somocista en Apayal:
WAN LUHPIA AL KRA NABI BA TI KAIA SA
(Muerte a los asesinos de nuestros hijos)
gritaban sus madres.
Los hijos del vendedor de cocos
desayunan un coco en la mañana
y almuerzan un coco a medio día
bajo la acacia circuncidada de cáscaras.
TAWAN ASLA TAKS, TAWAN ASLA TAKS,
(PUEBLO ÚNETE, PUEBLO ÚNETE)
GRITABAN LAS MADRES,
BAILA WALA WINA, BALAYA APIA
BAILA WALA WINA, BALAYA APIA
BAILA WALA WINA, BALAYA APIA
(DEL OTRO LADO, NO PASARÁN).
Daisy Zamora
Flor y canto. Antología de poesía nicaragüense
Selección: Ernesto Cardenal
Centro Nicaragüense de Escritores, 2006.
martes, agosto 18, 2020
Vigilia (fragmentos)
Ganas de comerse el mundo se decía cuando había mundo y ganas y largas filas de alimentos antes de que se pudran llevarlos a la boca la tuya antes de que se pudra o la que encuentres al alcance nada de almacenes nada de silos
aunque se anuncie tormenta aunque vientos de guerra amenacen
y voces aconsejen guardar para los tiempos de escasez vacas flacas decían esa carne la he probado también esbelta con su disfraz de hueso mondo y otros frutos me he llevado a la boca el lado luminoso de los frutos y su interior y las semillas muy lejos las escupo para que no germinen en mí
cadenas en mí
Conté seis árboles un conjunto colores alineados en un cuadro violeta florecen los colores florecen
mis ojos violeta contra el fondo verde no la belleza más simple y más terrible es esto sin epifanía
el paisaje infinito su distracción mis ojos siempre en vilo verdes o violeta o lo que estaba antes del verde y del violeta
un brillo una sombra o lo que estaba antes del brillo
y de la sombra
sin medida donde el número seis es otra sílaba otro golpeteo no más árboles o árbol distinción
perdida como perdido se va todo borrando contra el fondo
hoy gris pero ese gris también se perderá
Museo lugar público donde los gritos no son gritos lugar público donde lo público se separa de lo público la colección privada el reino de las musas no la colección privada de lo público
No concluyo nada ni el paisaje concluye ayer vi unas nubes tan bajas y veloces que un grupo de gaviotas en vano las seguía graznaban o lo que sea ese chillido que hacen no la música la música concluye un anhelo de forma la apaga y así no vive no penetra en el canto del ave ni en la continuidad del paisaje
Al final de la tarde un campo de luciérnagas y la noche que cargan pequeña noche inmensa noche planetaria y en ese alumbramiento restos de otras vidas peces
a la orilla del lago trozos de piel escamas
una nueva textura de esqueletos y marcas en la arena un
campo que se apaga y se enciende que se apaga y
se enciende que se enciende y alumbra lo que no es
mío ni son mis luces
lo que se me aparece
Tanta paz sembrada había en el cementerio que supe sus huesos por toda la tierra que extendí beatífico que esparcí
qué lecturas qué códigos de una figura que presiento inmensa un ángel o nube con forma de ángel
Aíslo los sentidos tengo el sabor de la almendra en lo alto del paladar y el tono oscuro del chocolate y un vino que los mezcla aíslo la imagen de la calle la tienda de regalos a la izquierda la pequeña imprenta y el comedor donde se sientan al azar los fines de semana he oído que la comida es buena la barra semioscura y el licor que da brillo a las cosas a la derecha una vieja oficina de correos y en época de fiestas una estampilla conmemorativa que adhiero a esta postal
Juan Manuel Portillo
Vigilia
Salto de Mata, 2020.
martes, agosto 11, 2020
Taxonomía
A la manera de las pinturas de castas
de Juan Rodríguez Juárez, c. 1715
1. De español y de india produce mestizo
El lienzo es un cielo plomizo
tras ellos, cargado
con palabras, con letras doradas que inscriben
la ecuación de la sangre
esto más esto es igual a esto, como si fuera
un contrato con la naturaleza, o
un rótulo de un museo,
etnográfico, preciso. Observa
cómo la mano del padre, debajo
de su corona de encaje,
acaricia la cabeza de su hija;
ella es casi tan blanca
como él, calidad. Mira
en el broche de su cuello,
cómo la puntilla enmarca su rostro.
Es una niña, sostenida
sobre el hombro izquierdo del sirviente,
atada a él
por una cincha, por un pañuelo azul sencillo
anudado a su garganta.
Si el padre, con la mano
en su cráneo, adivina,
como lo hace el fisonomista,
los misterios
de su naturaleza, prolijos,
legibles en su carne clara,
en el suave rizo de su pelo;
no podemos saberlo: es tan dulce
la forma en que la contempla.
La madre, mirándolo
de soslayo,
con un pañuelo en la cabeza
blanco como la cara del hombre,
con su peluca empolvada, hace un gesto
con una mano, la forma
de la letra C. Mira,
parece decir,
lo que hemos hecho.
El sirviente, que todavía es un niño, estira
el cuello, vuelve su cara
hacia todos ellos. Él es oscuro
como la historia, es el origen de la palabra
nativo: el peso de la sangre,
una dueña pálida sobre su espalda.
2. De español y negra produce mulato
Sin embargo, los siglos no han apagado
la aspereza de la expresión del niño.
Si hay alguna luz dentro de él, no resplandece
en la pintura que sostiene su cara
de perfil --con la frente redonda, los ojos
casi cerrados bajo una ceja poblada--.
Aunque dentro, el padre del chico permanece de pie
con su abrigo y su sombrero. Como si acabara de llegar,
o se estuviera marchando. Lo vemos
ausente, liándose un cigarrillo, miope,
sus párpados trazados frente al niño
pasan delante de él. En la cocina,
la madre del niño se retuerce, vigilante,
con el cuello girado sobre su espina dorsal, rojos abalorios
unidos a su garganta como un collar de sangre,
su cara es tan negra que casi desaparece
en el lienzo, en la pared oscura en la que
contemplamos las palabras que los nombran.
¿Cómo podemos interpretar todo esto?
Cambiar las palabras que hay sobre sus cabezas,
poner algo más en lugar del niño,
una mesa, quizás, sobre la que el hombre pueda dejar
el sombrero, o un perro al que honrar con
la bendición de su tacto, y la historia
cambia. El niño es un palimpsesto de la pintura,
capas de color, la historia lo representa
con el más perfecto matiz intermedio.
Antes de esto él no era nada: un lienzo
en blanco, antes que la imagen o la palabra, antes
de que la última pincelada lo fijara para siempre en su lugar.
3. De español y mestiza produce castiza
¿Cómo no ver
en este gesto
la mentalidad
de la colonia?
En los brazos de la madre,
la niña, colgada
de sus entrañas
la oscura cuna
de la sangre mezclada
(llamémosla México)
se vuelve hacia el padre,
alcanzándole
como de regreso a España,
a la promesa de la alquimia
de la sangre, tres simples pasos
hacia la pureza:
de un español y un indio,
un mestizo;
de un mestizo y un español,
un castizo;
de un castizo y un español,
un español.
La vemos aquí,
una generación después,
casi resbalándose
del cuidadoso abrazo de su madre.
4. El libro de castas
Llamémoslo el catálogo
de sangres mixtas, o
el libro de nada:
ni español, ni blanco, sino
mulato torna-atrás (o
tente en el aire) y
la morisca, el lobo, el chino,
zambo, albino y
el no-te-entiendo, el
"I don't understand you".
La guía de la colonia,
el registro de cada nacimiento cruzado,
es la tipología de la mancha,
de la pintura, la tacha, la mota mancillada:
lo que puede ser purificado,
y lo que no, el negro destino
de Canaán. Parece
un chiste verde: ¿cómo llamas
a ese espacio entre
las oscuras geografías del sexo?
Llamémoslo la mancha: como en
No es ni lo uno ni lo otro,
ilícito y todavía hoy nombrando
lo que hay en medio. Entre
sus padres, la niña,
la mulata torna-atrás,
no puede escapar de su abrazo,
del tríptico que hace sus cuerpos
en la pintura, en la sangre: su nombre
está escrito en el Libro
de castas --todos sus iguales están como ella
cautivos de una palabra--.
Natasha Trethewey
Versión en español: Nieves García Prados
Tomado de Antología de poetas laureados estadounidenses (1937-2018)
Selección, prólogo y mayor parte de las traducciones: Luis Alberto Ambroggio
Vaso Roto, 2019.
martes, agosto 04, 2020
Cinco poemas de Jaime Luis Huenún
martes, julio 28, 2020
Cinco poemas de Louise Glück
martes, julio 21, 2020
Nueve poetas tamiles
Versiones en español para Nueva Provenza: Inti García Santamaría
martes, julio 14, 2020
Cuatro poemas de A.M. Pires Cabral
martes, julio 07, 2020
Cuatro poemas de Jack Spicer
domingo, junio 28, 2020
Cinco poemas de Beatriz Vignoli
El pino
Apagué los motores
y anduve a la deriva
¿cuántos años anduve
a la deriva, el motor apagado, ni
impulso ni gobierno, sin dirección?
Me recuerdo leyendo neones
a la vera de avenidas
desiertas. ¿Cómo pudo
nevarme encima todo este cansancio?
¿Cómo pudo acumularse, quedar ahí toda la vida?
Sacudo la cabeza como un pino. La nieve
no se va.
Escrito en la mesa de luz de un hotel * * * *
Por vergüenza de ser
pobre, me pasé media vida
escondiéndome
de mis amigos, no fuese que
murmuraran;
ahora ellos están
muriéndose
de todas esas enfermedades nuevas,
raras,
ahora sí
los abrazo, pero ya no irradian
calor, sus caras están grises
—quiero decir, de un gris
oscuro— y ya no queda nada
de todo lo felices y geniales
que íbamos a ser.
Función de la lírica
Mi padre agonizaba
en un sanatorio con TV por cable.
Puse el canal de ópera
para amortiguar sus alaridos constantes.
Justo cuando Rigoletto abraza el cadáver
de su hija, debí tenerlo al viejo
para que no se cayera de la cama:
la doble simetría de la escena
me la volvió soportable.
Solocalm
Al fin la luz del sol
se ha librado de ti
y da en una pared
y eso es el mundo.
Al fin el tiempo acá
se ha venido a vivir
y no hay gloria en los días
sólo calma
donde las cosas ya no sueñan con ser arte
donde las cubeteras no aguardan una cámara
y el tango del champagne
fluye de cumpleaños sencillito
y no hay infinitos libros, solamente este
y libre de vanidad la ceniza de los años
ya flota sin odiarte;
ya nadie calca nada del televisor,
para qué.
La caída
Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.
Soy, del ángulo recto
solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.
Beatriz Vignoli
Viernes
Bajo la Luna Nueva, 2001.
domingo, junio 21, 2020
Nueve poemas de Juan Carlos Flores
Pequeño Calibán
domingo, junio 14, 2020
Siete poemas de Antonia Pozzi
Ofrenda para una tumba
Desde lo alto me señalaste,
un poco afuera de la franja de las casas en ruinas,
un punto negro de cipreses
—a través del azul encendido—
que custodian
los mármoles blancos del cementerio.
Pensé en la tumba
que nunca había visto
y en ese instante pensé en ponerle,
con la flor en la mano y el corazón tembloroso,
la luz viva de los claveles rojos.
Acostarme
Ahora la suave aniquilación
de nadar bocarriba
con el sol en la cara
y la mente penetrada de rojo
a través de los párpados cerrados.
Esta noche, sobre la cama, en la misma postura,
la ilusión cándida
de beber
—con las pupilas dilatadas—
el alma blanca de la noche.
Inocencia
Bajo tanto sol
en una barca estrecha
la alegría
de sentir contra mis rodillas
la desnudez pura de un niño
y el ebrio tormento de incubar en la sangre
lo que él ignora.
Noche de abril
Palpita la luna suavemente
detrás del vidrio
de mi jarrón de prímulas:
sin verla la pienso también
como una gran prímula
asombrada
—sola—
en el prado azul del cielo.
Pudor
Si alguna de mis pobres palabras
te gusta
y me lo dices
aunque sea sólo con los ojos
yo me abro
en una sonrisa santa
pero tiemblo
como una madre joven y pequeña
que todavía se sonroja
cuando un transeúnte le dice
que su bebé es hermoso.
No tener un Dios
no tener una tumba
no tener ninguna certeza:
tan sólo cosas vivas que se escapan.
Estar sin ayer
estar sin mañana
y estar en la nada
—ayuda—
para la miseria
que no tiene fin.
Las hermanas
Si dudas todavía, te diré
que para mí nuestro cariño
es como un ramo de flores púrpuras
llevadas por la noche
a una habitación que entristecía.
Antonia Pozzi
Parole
Mondadori, 1939.
Traducción: Roberto Bernal
Versiones inéditas cedidas por el traductor para Nueva Provenza
domingo, junio 07, 2020
Diario: cómo mejorar el mundo (sólo se conseguirá empeorarlo) (fragmentos)
VI.
Dicen que la música totalmente determinada y
la música indeterminada suenan igual. Yo
visité a Hamada. Levantándose
del torno, dijo No me interesan los
resultados: sólo seguir adelante. El arte
está en camino de llegar a lo suyo: la vida.
El lago es indefinido. La tierra que lo
rodea descansa sobre él oscureciendo su forma, forma
que necesita permanecer no revelada. Cantada.
"Mundo flotante." Lluvia, cortina que impide ver más allá de la
superficie del lago barrida por el viento: segundo aspecto
(hay otros, me dice, uno con
neblina ascendente). Ayer era quietud
y reflejos, grupos de burbujas. Un
jardín americano: agua, no arena,
vegetación, no piedras. Truenos.
Sin proponérmelo, estoy yendo de lago
en lago. Airesalado. Lago Salado.
XX. ¿Qué es un dibujo?
Ya nadie lo sabe. ¿Algo
que no requiere que se espere uno a que se seque
mientras lo está haciendo?
¿Algo sobre papel? El director de museo
dijo (Tobey, Schwitters) "Es una
cuestión de énfasis." Día de dar gracias.
Arte. Plan de transportes (a la larga totalmente
gratuitos, los vehículos reconocidos
como lo que son: extensiones de cada ser humano
y de su equipaje): las distancias cortas
carísimas (tomar taxi por una cuadra
es un lujo), los viajes largos baratísimos
(cruzar continentes, océanos). ¿Y el efecto del
video-teléfono sobre los viajes? ¿Qué nos
quedemos en casa, satisfechos como dioses de la
impresión que daremos de
estar en todas partes al mismo tiempo?
XXIX. POBLACIÓN.
El arte ha borrado la diferencia entre el
arte y la vida. Ahora hay que dejar que la vida
borre la diferencia entre la vida y el arte.
La vida que propone Fuller es arte: ciencia
de diseño total, inventario de recursos
mundiales (si hay existencias suficientes
de cobre ya procesado, volver a usarlo, no extraer más:
hacer lo mismo con las ideas). El mundo
necesita que lo organicen. Será como vivir una
pintura de Johns: las Barras y las
Estrellas serán los servicios, nuestras vidas
cotidianas las pinceladas. McLuhan: El trabajo
es obsoleto. ¿Por qué? El trabajo es
una entrega parcial a una actividad. Ahora la actividad
es necesariamente entrega total (piénsese en
el trabajo de los artistas, trabajo que no tiene que ver
con la ganancia). ¿Por qué entrega total?
Electrónica. ¿Por qué todo-al-mismo-tiempo?
Así somos nosotros-son las cosas. Yathabhutam.
En donde hay un antecedente de
organización (arte), introducir el desorden.
En donde hay un antecedente de
desorganización (sociedad mundial),
introducir orden. Entre estas directivas
no hay mayor oposición que
entre la montaña y el clima
primaveral. ¿Cómo puedes creer esto cuando
crees aquello? ¿Y cómo no?
Larga vida.
LVIII. (La música lo ha dejado
perfectamente claro: tenemos todo el tiempo
del mundo. Lo que antes nos tomábamos tímidamente
ocho minutos en tocar ahora lo extendemos
a una hora. Personas que creen que no
estamos haciendo nada platican con nosotros mientras
tocamos.) La conferencia de Suzuki sobre Yu,
el principio del no-conocimiento, un
no-conocimiento que jamás ha de convertirse en conocimiento.
Hacia el final se rio suavemente,
sin expresar autosatisfacción, y
dijo: "¿No es chistoso? ¡Hago todo un viaje
desde el Japón para explicarles algo
que por su propia naturaleza es
inexplicable!" Un compositor, que ya no
dispone los sonidos dentro de una pieza de música, sino que simplemente
facilita una empresa. Usando un
teléfono, localiza materiales,
servicios, consigue el dinero necesario para
pagarlos.
LXXX. Antiguo
decreto imperial chino: ¡Quemen los
libros! Para obtener los libros que no han
sido escritos todavía, prohibir la lectura de los que están en los
libreros. El fuego reemplaza al polvo
produciendo cenizas benéficas. Intentamos
la conversación (entre ingenieros y artistas).
Descubrimos que no funcionaba. Al último
momento, nuestras profundas diferencias
(¿distintas actitudes respecto del tiempo?)
impedían el funcionamiento. Lo que cambió
las cosas, volvió posible la conversación,
produjo cooperación, devolvió
el deseo de seguir adelante, etc.,
fueron las cosas, las cosas mudas e inanimadas (una vez
en nuestras manos generaban pensamiento,
lenguaje, acción). Digamos que se pueda
organizar una serie de conferencias de las grandes potencias sobre la guerra.
Exigir que las conferencias sean públicas, se transmitan por televisión,
vía satélite, utilizar todos los recursos posibles. Aumentar su
frecuencia. De una manera o de otra
hacer que el juego sea visible (que se vean movidas) y lo pueden ver
tal como es los que tengan tiempo e
interés en observarlo.
John Cage
Del lunes en un año
Traducción: Isabel Fraire
Alias, 2018.