martes, febrero 21, 2023

Cuatro poemas de Patricia Gola


se hunde el remo
en aguas apacibles
vuela la grulla
en un cielo combado
sola en el lago sereno
de la vida mía







un lapacho
un lapacho
un lapacho
y una hondonada
una hondonada
una hondonada
y un río
detrás del lapacho
de la hondonada
         del camino
un camino recorrido en días de infancia
un lapacho
               un tronco oscuro
un río al fondo
         y una isla al fondo de ese río
y un camino desandado
una bajada
     una bajada
               al final del camino








tengo una planta
que florea en la primavera

pero no sé muy bien
cómo cuidarla

busca la luz
el aire frío la tierra húmeda

pero no sé muy bien
cómo cuidarla

sus hojas púrpuras
se abren
como pañuelos
con la insistente luz de la mañana

pero no sé muy bien
cómo cuidarla

tengo una oxalis regnellii atropurpurea
         sus bulbos tiernos
                         duermen tres
                         cuatro semanas

pero no sé muy bien
   cómo cuidarla







lo gutural en ti
alud
lo oscuro
lo pantano en ti
lo remoto
ese hervidero
de renacuajos
un deslizarse de víboras
bajo la tierra trémula
esa lengua
viperina en ti
dúctil
esa lengua que escarbo en mí
a través tuyo
escarabajo
de otras edades
esporas
de otras eras geológicas
yo habité la tierra
entre marasmos
y glaciares
vi nacer montañas
islas
cometas
en un deambular
por parajes vacíos
y por fuegos
unos a punto de extinción
otros volcanes
derramando en mí sus lavas
saliéndose de madre
y volviendo a su cauce
como la carne de un río

hablé lenguas
y me acerqué a otros cuerpos
geografías
humus llagas de la tierra
cicatrices

oh danza feliz
tamborileos
encuentros súbitos
fugaces
en que fui rodeada y rodeé
asediada y asedié
fagocitada y fagocité
y vuelta al fango
a la mezcla
la argamasa
masa madre
y habiendo accedido al uno
volví acaso a la dura división







Patricia Gola
secreta matriz
Alción, 2021

martes, febrero 14, 2023

Cuatro poemas de Fabio Morábito


¿Qué importa más: un diente o un poema?
¿Es peor perder un buen poema o perder un diente?
¿Aceptarías perder un diente
por cada buen poema que escribes?
¿Llevarías tan lejos tu amor por los poemas?
Imagina el estado de tu boca,
engullendo sin sabor, casi sin masticar,
la comida,
y no poder besar ni reír.
Pero es más deprimente que escribas
como un desdentado,
con versos que no muerden.
Como los dientes, que trabajan en común
pero duelen solos,
que no haya una palabra de tus versos
que no sepa a lo que escribas,
ni un verso que, escogido a ciegas,
no venga apalabrado.






Cansados de mi padre y de su amigo,
hartos de verlos jugar tenis,
fuimos a ver qué había
atrás de la barrera de los árboles.
Mi hermano al frente y yo siguiéndolo.
Nos deslumbró el rectángulo de césped
de la cancha
en medio del verano más tedioso.
Lejos del mar y los amigos,
ese milagro, ¡ese partido
de rojos y azules, ya empezado!
¿Hay más colores además del rojo,
del azul y el verde?
No he vuelto a ver un juego
de futbol así,
sentado en la tribuna con mi hermano.
¿A quién le vas?, me dijo.
¿Y tú?, le dije.
A los azules, dijo, ¿y tú?
A los azules, dije.
Qué novedad, me dijo.
Él siempre al frente y yo siguiéndolo.
No he vuelto a ver más rojos
contra azules,
no he vuelto a ver el rojo y el azul
como esa tarde sobre el césped,
no he vuelto a ver ningún color
junto a mi hermano.






Tronco,
tú supiste desoír
mientras crecías
el llamado de las hojas,
que sólo necesitan una rama
para salir a lucirse.

Cuánto depende
de tu viaje de madera
en busca de un verde soñado,
sin saber si las hojas
se iban a abrir allá,
donde querías llegar.

Cuánto depende a veces
de saber taparse los oídos
y seguir de largo, como tú,
desoyendo las salidas a la mano.

Por ti la sombra fue posible
y con la sombra
pudimos avanzar
siguiendo a nuestros guías, los árboles.






Qué días aquellos
del Teatro del Absurdo,
leyendo a Adamov, Ionesco y Beckett,
sin escribir un solo verso y sin amigos,
excepto la Cantante calva
y el Rey se muere,
más solo que Estragón y Vladimir,
yendo a Cholula, a Pátzcuaro, a Janitzio,
los viajes en camión de madrugada,
mis idas para conocer el tedio y conocerme,
a un paso de volverme absurdo yo también,
qué poco conocí de todo,
pero qué gusto de estar solo
con Adamov, Ionesco y Beckett,
cuando podía leer en cualquier sitio,
casi dormir en cualquier prado,
con mi sombrío estuche de guitarra a cuestas,
mi novia muda de madera de Paracho,
y aquellas pobres mieles de provincia
--alguna sosa artesanía purépecha,
una cajita de dulces poblanos--
que le traía a la mamma,
que nunca conoció Tlaxcala.
No volverán los días
en busca de una estatua, de un portal, de un labio,
ni tú, Teatro del Absurdo,
que habría tenido que llamarse Teatro de la Espera,
espera de Godot o Dulcinea,
porque sus inventores fueron Don Quijote y Sancho,
nunca volví a reírme como entonces,
la risa junto con la rabia
y del enfado otra vez la risa,
nunca mejor poesía que muchos versos,
que mucha gente y muchos besos,
cuando podía leer en cualquier sitio,
casi dormir en cualquier prado.






Fabio Morábito
A cada cual su cielo
Era, 2022

martes, febrero 07, 2023

Cinco poemas de Raciel Quirino


¿Qué extrañas de esta vida?

El pitufo de felpa
que me amenazaba
con un cuchillo
por las noches.

Los mensajes ocultos
en los LP
reproducidos
en sentido contrario.

Los tatuajes que se pegan
con saliva
y tienen droga.

La bola ocho
que decía nuestro futuro.

Tu padre en silencio,
sin moverse ni pronunciar
palabra durante horas,
como un abducido.





¿Qué fue lo último que viste en vida?

Inscripciones en meteoritos.

Ataúdes de pequeños seres
venidos de otro mundo
en los roquedales de Edimburgo.

Copos de nieve
grandes como platos de café
en Nashville el 24 de enero
de 1851.

Lluvia de ranas en Birmingham
el 30 de junio de 1724.

Un iceberg volante
que cayó en pedazos sobre Ruán
el 5 de julio de 1872.

Carracas de viajeros celestes
a 8000 metros
en el cielo de Palermo
el 30 de octubre de 1919.





¿Hay vida en otros planetas?

En el desierto de San Luis Potosí, los ancianos hablaron de luces que vuelan ordenadamente sobre las faldas de la Sierra de Catorce, por donde comenzaba a brotar el híkuri. Una viejita hacía el desayuno mientras nos enterraba en la mente bolas de fuego que giraban sobre las gobernadoras y el polvo aplanado en la oscuridad del cielo. No supe si en verdad era una nave aquella luz que pasó girando mientras guardaba silencio frente a la fogata después de comer peyote. Lo cierto es que cazamos botones rojos de cactus para comer la mañana siguiente y nos adelantamos costeando las sombras que se desprendían de las montañas, ansiosos de percibir el cielo en el polvo levantado por el paso violento de la Bestia junto a la carretera.





¿Se encuentran bien mis seres queridos?

Mi padre me llevaba
al museo de historia natural
para ver el esqueleto
del diplodocus carnegii

(estaban los osos polares
y los tigres disecados,
una gran sala
vacía y oscura).

En esa época
quería desenterrar cráneos
en planicies resplandecientes,

pensaba en espinazos enormes,
en la soledad
bajo el impacto
de un meteorito
con más energía
que cien millones
de bombas atómicas.





¿Estoy con la persona correcta?

Soy un turista con árboles amarillos
y escarabajos gigantes en la memoria.
Un requinto con cabeza de pato.
Un perro de agua muy solo,
negro y brillante, en medio del pueblo.
Nunca aprendí a tocar la jarana
ni la quijada de burro.
Nunca hablarán de mí los ancianos
que beben cuando anochece.
Pero te escribiré sobre la vez
que me arrojé al río
para demostrarte que sabía nadar,
porque estabas sentada en la orilla
y me mirabas.





Raciel Quirino
Ouija
La Máquina Infernal/El Astillero Libros, 2019

sábado, enero 28, 2023

Siete poemas de Tatiana Lipkes


sylacauga alabama 1954 una tarde despejada ann tomaba su siesta sobre un sillón de la sala de su casa un pedazo de roca negra dos veces más grande que un puño entró por el techo rebotó sobre una radio y le cayó encima pensar en cuánta gente ha vivido a lo largo de la historia la marca del meteorito iba del muslo a la cadera del lado izquierdo y tenía la forma de una gran hoja seca





de los libros de horas miles de manuscritos sobreviven en uno de ellos un dibujo un mono vestido de médico curando a un búho falsos creyentes de la edad media recitar hora tras hora tras hora sin pausas si logras contar las nueve estrellas más brillantes del cielo durante nueve noches pedirás un deseo no conozco a nadie que lo haya logrado





una de las dagas encontradas en la tumba del rey tutankamón proviene del espacio exterior la combinación de hierro níquel cobalto es casi idéntica a la de un meteorito es casi imposible la calma simultánea de todos ni siquiera el animal que vive en el techo está tranquilo en las inscripciones de los templos egipcios se refieren a las dagas como estrellas





un área vacía al fondo de un camino en un bosque de carolina del norte un anillo polvoso en donde no crece ni una pequeña hierba los objetos desaparecen en las cocinas también hay islas los habitantes aseguran que todas las noches el demonio da vueltas y baila mientras piensa su próximo plan nadie ni los animales se atreven a pisar el círculo





lo único que existe de las amonitas es su figura incrustada en piedras dos elementos juntos por accidente depredadoras se desplazaban por mares cálidos poco profundos su fina estructura en forma de tubo se extendía hasta las cámaras internas para bombear y lanzar a presión el aire por al agua luego una extinción masiva




patrones geométricos en los campos de la noche a la mañana confesaron haber hecho más de doscientos círculos de cultivos con cuerdas y tablones nadie adivinó cuántas alubias había en la botella seiscientos setenta y ocho caímos en la trampa el verano pasado apareció una medusa de ciento ochenta metros de cebada la gente hace cosas extrañas





este miércoles en utqiagvik antes barrow alaska el sol salió treinta y cuatro minutos por última vez en dos meses ahora aquí allá necesitamos zapatos para el exterior y para el interior habrá mil quinientas ochenta y seis horas de oscuridad las noches polares duran hasta que el sol roza ligeramente el horizonte suponemos nada se detiene





Tatiana Lipkes
A pesar de todo
Juan de la Cosa, 2022

sábado, enero 21, 2023

Cuatro poemas de Iván Palacios Ocaña

Entre marzo y abril

Yo también quisiera ser el albañil
que baila en el andamio
junto a las jacarandas.






Naturaleza muerta

¡Echemos abajo la estación del tren!
Los Saicos

1

Propaganda para clases de inglés,
tickets del oxxo, servilletas
y kleenex sucios, recibos de teléfono.
El bosque del que vino mi papel, ahora en la basura
es pequeño, blanco, sin matices: indiferente
a los cambios de estación.

2

Al parecer nos gusta que la naturaleza tenga forma de mueble,
lavadora o foco: nos hace sentir especiales
ser los únicos mamíferos con talento
para convertir el mundo en chatarra.






Julia

Comparten la mejor parte
de su lunch en el recreo,
se cuentan historias de terror
y se regalan dulces. Los días de frío
ella usa un Labello rojo
que él imagina con sabor a cereza.
Tienen entre 7 y 8 años.
Es 1999 o el 2000. Uno de esos días
están en clase y comienza a temblar.
Es la primera vez que tiembla
en sus vidas. Algunos se esconden
bajo los pupitres. Otros se quedan
en el marco de la puerta.
Mientras todos gritan,
él le aprieta la mano,
ella lo abraza
y dejan de llorar.






Homenaje a Ernesto Cardenal por sus 90 años

Una vez escuché a Ernesto Cardenal leer en Bellas Artes.
El poeta parecía una nube
con forma de santo.
Recuerdo algunas cosas que dijo: "la gravedad es amor,
ningún átomo quiere estar solo"
y también: "me vale verga la muerte".
Se veía cansado, no lo saludé, ni quise acercarme;
pensé que si la materia es eterna, en algunos años,
cuando la Tierra se desbarate
(porque el Sol será una estrella demente y homicida)
nuestros electrones orbitarán el mismo núcleo,
o seremos la misma luz.
Y así con todo.






Iván Palacios Ocaña
Cosas inútiles y otros poemas
UNAM, 2018

sábado, enero 14, 2023

Siete poemas de William Carlos Williams

Poema de Jersey

vista de árboles de invierno
frente
a un árbol

en primer plano
donde
junto a la nieve recién

caída
yacen 6 leños listos
para el fuego





El mundo reducido a una imagen reconocible

a punto de curarme de una enfermedad
hubo una lámina
probablemente japonesa
que me atrapó por completo

una imagen absurda
excepto porque era lo único que yo podía reconocer
la pared cobró vida para mí en esa lámina
y yo me aferré a ella como una mosca





Los chismosos

Bloqueando la acera de modo
que tuvimos que rodearlos
3 viejos cuidadosamente
peinados y perfumados
recién salidos del barbero
como en una caricatura de Daumier
reflejando estos tiempos estaban
discutiendo con acento extranjero
uno con la mano rodeando
la oreja para no perder
palabra de las nuevas de Rusia
sobre un avistamiento
de la cara oculta
de la luna





Ejercicio No. 2

La chimenea metálica
de la estufa de mi vecina
me saluda entre las hojas nuevas

es una casa pequeña
adyacente a la mía, que es más grande
en 3 años he llegado a saber

muchas cosas de aquella señora
anciana como yo mismo
nos saludamos

a través de los setos
mi esposa le regala flores
nunca nos hemos visitado



Lirios

una explosión tal de lirios
que habiendo bajado
al desayuno

buscamos por las
habitaciones
aquel

olor dulcísimo y al
principio no pudimos
descubrir su

origen entonces un azul
como del mar
llegó

sorprendiéndonos de entre
aquellos pétalos como
trompetas





Canción

Preferiría leer un relato
sobre un remoto
pantano en Carolina donde

la garza blanca cría
protegida de los
cazadores alcanzable solo a través

de unos troncos medio hundidos
un lugar de difícil acceso las hembras
construyendo sus nidos

bajo el calor sofocante los machos
esplendorosos en el cortejo
que atestiguar

cómo su ancha pelvis
la vuelve torpe en la
huida...

pero he olvidado la belleza
que no es sino un bálsamo
cuando nuestro tiempo

se ha consumido ¡y las aflicciones
nos llevan
a comer del mismo plato!





Poema

al recibir una postal
largamente esperada
de un poeta al que quiero
pero

de quien disiento
en cuanto
a la técnica poética
moderna

me emocionó mucho
saber
de él si
bien aún no

concede el punto
y ni siquiera es
consciente de lo que implica
no importa

su estilo
tiene otras virtudes
particulares
que me fascinan





William Carlos Williams
Poesía reunida
Traducción: Juan Antonio Montiel
Lumen, 2017.

sábado, enero 07, 2023

Cuatro poemas de Cayre Alfaro Fonseca


Poema novelado. Capítulo I

Este poema sueña
con ser el número uno
en los rankings
de ventas.
El poema piensa
en estrategias
de marketing
y no en escritura.
Antes de pensar
en la escritura
piensa en el contrato
editorial, los comentarios
de contratapa y agenda
entrevistas y presentaciones.

Por las noches mira
mejor dicho contempla
las estrellas
y pide consejo.
Una estrella pop
le dice cómo hablar,
cómo ver, cómo sentir.
Claro, sencillo y
directo. Luego le regala
un cupón de descuento
para un cambio de look.





Poema publicitario

Este poema es un sueño.
Estás dormido.
Por favor, despierta.





Traducción
(primera versión, auspiciada por John Travolta)

Este poema es una mala traducción
de una parte de Grease,
canción de Frankie Valli.
Solo que la palabra Grease será
reemplazada por la palabra fiesta:
fiesta es la palabra,
tiene un ritmo, tiene un significado.
Fiesta es el tiempo, el lugar, el movimiento.
Fiesta es la forma en que nos sentimos.
Podría reemplazar fiesta por la palabra
poesía, pero sería un ejercicio solemne.
Prefiero el poema fiestero.





Diálogo
(obra teatral breve)

A: ¿Esto es un poema?
B: No creo.
A: Mejor así.

TELÓN





Cayre Alfaro Fonseca
Quince minutos de receso
Personaje Secundario/El Laboratorio, 2022.

miércoles, diciembre 07, 2022

Seis poetas mapuche

Una bandada de miles de diucas,
tencas y ñankues
surca el cielo
esparciendo el llamado
del kull kull.

La melodía penetra
como un suave silbido del sur
en los desnudos cuerpos
de Caupolicán y sus hermanos.

(Rayen Kvyeh)






Zvgun

Aquí en la tierra
hablamos todos:
las aves
los animales
las aguas.
Silba como el viento la culebra
cuando viene el tiempo de lluvia
y el silbar es su palabra.

Hay tiempo en que las ziukas
hablan cantando al amanecer
CHOLLPIZ, CHOLLPIW!
Es el tiempo en que el MAPU brota
rayo a rayo hacia el Sol...
y hay que levantarse para saludarlo.

En el mismo tiempo de reproducción
las ranas cantan en coro de noche
y la luna en menguante
abre cascarones
en los escasos pajonales
que van quedando.

Hay otros que siempre hablan llorando
como el MAYKOÑO
KUKU, KUKU EM...
así es su idioma.
Para conversar con su abuela paterna.

Los gakiñ dicen:
GAK GAK
GAK GAK
como recién nacidos llorando.
Daban ganas de escarbar
en el barro del pantano
pero cuando se buscan
se meten más adentro de la tierra
o se cambian de lugar.

Cuando niñas lo intentamos con mi hermana.
Y mis pewmas en la noche
fueron solo pesadillas
SE ENOJARON...
ESO NO SE HACE!
dijo mi madre.
Si se dejaran ver
sería PERIMONTUN.

También hay animales
que se ríen en su idioma
como los perros
y caballos.
Mi Guardián salta y corre
agarra su olla o un palo
se ríe
nos habla en su propio zugun
cuando volvemos a la casa
o si llega algún conocido.
Pero llora
cuando ve al WEKUFV EN LAS NOCHES
y cuando siente que viene el Nvyvn
con grado a terremoto;
entonces la gente se levanta y sale,
se sienta en el suelo agarrada a la tierra
le habla al temblor
IÑCHE TA FANEN,
FANEN
FANEN
FANEN
FANEN
FANEN
yo soy pesada
pesada
pesada
pesada
pesada
pesada.

¿Y el AGUA?
¡Oh el agua!
Tiene un idioma único
habla cantadito
una melodía en las mañanas
al mediodía otra
y en las tardes
otra diferente
hay que escucharla no más
para saber qué dice.

Así es la vida en mi MAPU.
En la lógica occidental
cualquiera me diría eso se llama Sonido.
Pero desde que somos CHE
siempre fue así y será
ZVGUN.

(María Teresa Panchillo)






A las salmoneras de Futa Wapi Chilwe

Se apagaron
las velas de la ciudad
y se descolgaron de sus paredes
la gran dama... la muerte
mientras en el aire estallaron
una bala
dos balas
tres balas
y así
las playas de Chilwe
recibirán en su vientre
a los lobos marinos
más allá del sol
más allá de la luna
los otros deberán refugiarse
en el corazón indomable.

(Karla Guaquín)






Todos los ancianos
ya se han dormido
pero en mis sueños
hoy, yo los despierto.

(María Huenuñir Antihuala)






Atardecer en el río

Una garza blanca
desafía la tarde.
Su figura inmóvil
desborda el horizonte.
El último rayo de luz
huye sigiloso por el río.
La tierra respira hondo
para seguir viviendo.

(Maribel Mora Curriao)






Ruka

Aquí en medio de los fierros
crece la totora.

Crece, se empina
cual águila buscando su carne
en este bosque de polvo
sin miedo y con epew en los labios.

Aquí el círculo azul guarda su espíritu
y se aprecia la planicie gris de la ciudad.

Los choique vuelven a nidar
el pangue a su manada.
Nacen nuestros hijos.

Santiago de Chile
habitado por mapuche desde siempre.

Antiguamente el Mapocho sonreía
y la ruka descansaba en sus orillas.

(Eliana Pulquillanca Nahuelpán)






Kümedungun/Kümewirin. Antología poética de mujeres mapuche (siglos XX-XXI)
Maribel Mora Curriao y Fernanda Moraga García (editoras)
LOM Ediciones, 2016.

lunes, noviembre 28, 2022

Cuatro poemas de Augusto Carrasco

 🏠

Primero de secundaria - sección A

en 1992 era difícil
decir "presente"

"pasado" es una cosa que sucedió en 1992

«Por desgracia, solo hay una palabra en la mayoría de los idiomas para denotar la historia(1), (el conjunto de los hechos históricos) y la historia(2) (un conjunto de proposiciones históricas). Cualquier historia(2) es una reconstrucción cargada de teoría y de valor, de la historia(1)».*

"futuro"
esa idea que rumiábamos todos
mientras tarjábamos
los lápices

muertos de frío.

*LAKATOS, Irme. (1987) Historia de la ciencia y sus reconstrucciones racionales. Madrid: Editorial Tecnos S.A.






Galaxia

Los espíritus de la TV
transforman una cultura decadente
en Mumm-ra, el inmortal

millones de animales domesticados frente al tembloroso estambre
lejía de blanco sépalo construye democracia en sus venas

preñada digitalmente
la culpa
se elabora con oro, plata, cobre
& cartílagos
largos
como resaca de pituquito recién coloreado

egoístas
como el (los) beso(s) partido(s) del(a) amante bipolar
son los dogmas
de una fe que mueve montañas

particularmente la retama
se hace presente
a pesar del silencio transnacional.






Yanahuara

Te odia

aquello que te ama

piensa en ti

te piensa

hace sueños

hace meses

que te odia

te sueña

elabora una lista

de cosas

que te odian

te aman.






Spartium junceum

Facinerosos de la noche
y sus malas artes gilean

por trazar el gran plano de la columna vertebral
de aquí hacia allá (señalando con un dedo hacia arriba)
sus glóbulos blancos destrozaron un valle de eucaliptos y rosas

la soledad teje una talega de huaynos en el quiosco
recordando al hijo que fue brigadier escolar

en otros lugares del país las noticias son cremolada de mango
aquí, entre las costillas del terremoto, brota el arcoíris

crece hermosa agricultura de alveolos y poemas
exagerada torrente de amor amenaza

a través de quinientos años de zodiaco
sobrevive la criatura de totora

si me preguntas por la revolución
te diré que vuela, que se fue volando

su lenta raíz atraviesa la vía láctea
encuentra una vanguardia en el corazón de sagitario

nos queda pensar lejos
como el viento que planifica su tristeza sobre los cerros

en tu pecho se condensa el cariño
no permitas que la fiebre ponga a hervir esas nubes

ya te dije que los perros florecen
sin culpas florecen en la noche los perros

el mar (que mira desde la ventana)
brilla por su ausencia el mar
si tuviera que buscarlo
iría contento
con paso chévere y contando
-disimuladamente-
las monedas
que recogí del huerto de mi abuelo

no tengo suerte con el amor que ofrecen las discotecas
pero tengo un terrenito cerca de tu corazón
y un grafiti con tu nombre en la comisaría

y coloreo la distancia hacia tu complicado retablo de madera gastada
camino largo
como enredadera que sostiene el esqueleto de tu pueblo

ANTE PRIVATIZACIÓN DE LA GENERACIÓN ELÉCTRICA
EL 3 DE JUNIO DE 2002
EL FRENTE AMPLIO CÍVICO DE AREQUIPA
INICIA UNA HUELGA DE HAMBRE

para que germine el boxeador que llevas dentro
luciérnagas aletean sobre la partitura del desierto

parece que el mar entero se condensa
en las rojas malaguas de nuestra bandera salada

tiempos difíciles
los gatos exhiben sus medallas en los mercados
exhiben sin lujo
su colección de feriados

los mineros
con aquel brillo perforado en la cabeza
cantan
y la tuberculosis bebe los fuegos artificiales patrocinados por cualquier iglesia

y tarde muy tarde
el sol realiza un extraño color
que se curva hacia un acantilado
de doscientas millas submarinas

la represión estaciona tanques
sobre la falda de la chica de diecinueve años que buscaba a su padre
quedará su nombre en las calles como prueba de la lluvia

ahora ha salido una luna acaramelada
los ambulantes de la calle encienden sus naves con mucha prisa
el universo crece sin necesidad de democracia

caminas despacio y pensando hacia arriba
recordando al astronauta polifónico que vagaba por el barrio selvalegrino
si pudieras escribirle una canción
con el poco amor que recogiste de tu jardín, lejos de la mina

sin embargo te llama el aroma de las verduras limpias
la dieta simple de la mujer que sin promesas te cuida

compruebas que es de noche y el cabello como la economía se cae
entiendes que todo el cuerpo llora
y la digestión concentra el sueño en los viajeros que desean volver a casa
en la ruta familiar de la UH-6805 - Gráficos / San Luis / Gráficos

para despertar de esta pesadilla te pones tu disfraz de profeta
y das un aplauso (dando un aplauso)

BIENAVENTURADOS LOS INÉDITOS
PORQUE DE ELLOS SERÁ
EL REINO DE LA POESÍA

y en el final de los tiempos
yo le pido a usted que siga investigando
cómo plantear en este poema millones de días de lucha de clases

Qollari / Inkarri / Pachamama / Wiracocha /
alucinado cóndor / puma soberano / cautelosa serpiente

háblenme del poder
de aquello que anhelan las flores
cuando la mano del hombre las toca

ustedes que en sueños se elevan sobre el mundo
saben que el viento refleja siempre lo que somos

un niño y una niña tomados de la mano
sus pétalos amarillos

abren una puerta.






Augusto Carrasco
R.D.
Aletheia/El Pasto Verde Records, 2022.

martes, noviembre 01, 2022

Tres poemas de Gladys González

Encuadre

detener la mirada
y ver
por la ventana
del bus
una brizna de hierba
creciendo
en una canaleta blanca
de plástico

fijar esa imagen
y sentirse dichoso

un rayo de sol
y el viento leve
iluminan el encuadre





Confidencias

tengo por escritorio
el esqueleto de una cama de madera
duermo en un colchón viejo
sobre las tablas del piso
y despierto en las mañanas
con deseos de que el invierno
pase pronto
para recostarme en la playa
bajo el sol
con los ojos cerrados
sintiendo el calor de la brisa

esta semana
solo hubo dinero
para comprar leche en polvo
avena y café

esta semana
hubo tiempo
para mirar por horas
el mar golpeando el cemento de la costanera
a los perros ladrar a los autos
que cruzan la calle del hospital
para regresar
a la habitación que arriendo
y lavar un poco de ropa
ordenar el pequeño escritorio
junto al sonido de la gotera
cayendo en el tarro de pintura





Fuente de soda Chile

servilletas troqueladas
con la palabra bienvenidos
en una caja abollada
de lata roja
una máquina registradora
sin aceitar
las sandalias
de la mesera haitiana
en invierno
las monedas que caen
en el tarro del ciego
que canta
y toca la guitarra
con el rostro quemado
por el sol
la cadena hechiza del baño
la gotera
de la cañería
una toalla vieja
como trapero
seca el agua
que cae
sobre la baldosa

una carcajada
el olor de las frituras
como una nube
gris y pasajera
sobre los rostros concentrados
en el partido de fútbol
de provincia

el paño húmedo
sobre los espejos
que deja de memoria
una estela de hebras amarillas
una aldea y un huracán
en Ca-Ira

una pelea en la calle
una prostituta y un cliente ansioso

un traficante
y un auto que espera en la calle
con el motor encendido

una mujer cae de su silla
y se golpea la cabeza
con un cenicero
de concha de mar
lleno de colillas

un buzo
con el pómulo sangrante
carga un saco de malla
con juguetes
para venderlos en la feria

los privados
completos
y cerrados
con una cortina

un voluntario del Ejército de Salvación
pide donaciones para el albergue
mirando el futuro
de la imagen
de la fuente de soda
con distancia

una niña vendedora de flores
toma una gaseosa
un anciano
se la lleva de la mano
mientras todos observan
mordiéndose el labio
y mirando en el suelo
el reflejo de su raíz arrancada
hasta que se pierden
en el callejón

las luces
de los hoteles
se reflejan
sobre la vitrina
de la comida
de apariencia plástica

un perro duerme bajo la mesa

alguien deja unas monedas
de propina
sobre la barra





Gladys González
Pequeñas cosas. Poesía reunida (2004-2018)
Libros del Cardo, 2019

viernes, octubre 21, 2022

Tres poemas de Sebastián Díaz Barriga


A partir de MSP

a veces la vida
es algo así
como un automóvil sin motor
perdido en una calle
a punto de explotar

nadie sabe de dónde vino
o si se trata
     de un mensaje
del espacio exterior

un mensaje
que alguien
-como dios
o el cartero-
dejó para ti
(una mañana
de domingo)





El recuerdo de Bella se envuelve
sobre papel, es la cubierta de un bocadillo
para los días de trabajo

su cuerpo era el mejor truco de magia:
en vez de palomas o conejos
aparecía merengues
     y duraznos en almíbar
de sus hombros colgaba
     todo lo que el mundo
años más tarde,
me habría de quitar:
una enorme colección de canicas,
el reloj de colores que no marcaba la hora
las tardes en hamaca
     de cara al cielo
mientras las preocupaciones se proyectaban
en la vieja televisión de nadie,
porque permanecía sola
     sobre la sala
por pura costumbre,
(como para vencer al silencio
y también a la soledad).
muerta mi abuela
la televisión se apagó,
descolgaron hamacas,
cubrieron colchones,
la enterraron un martes.
fue entonces que descubrí el truco
y el artefacto de la vida;
el sombrero de doble fondo
-en donde mi abuela se perdió para siempre-
había dejado de funcionar
     cualquier tarde de agosto.
han pasado 33 años.
las palomas todavía me hacen llorar.





Sin separarnos más

soñé que la hija de Palito Ortega me amaba
en pretérito simple
en pretérito imperfecto
soñé que la hija de Palito Ortega me besaba
con su boca de insistente tabaco argentino
orgánico
anaranjado
cultivado por los trabajadores de Palito
en Río Toro
los que de día se pinchan
/e intoxican
manos y ojos
hasta el cansancio
/y unos pasos más adelante
los que de noche sueñan
con las piernas flaquitas de Rosario:
ese par de piernas
capaces de seducir
a toda la división tabacalera
de la provincia de Salta
(y unos pasos más adelante)
soñé que mi alma podía entrar
a través de sus incisivos
/centrales:
permanentes
superiores
soñé que Rosario me amaba
con la completa verbosa redondez de sus
palabras y boca
(que no es boca en donde anida
oscura
la palestra
sino boca
de quien ama
/lentamente
/levemente
sobre el tacto oculto
de los rincones y los días)





Sebastián Díaz Barriga
Nada del otro mundo
UNAM, 2022

sábado, octubre 01, 2022

Cuatro poemas de Alejandra Arreola

las redes
deben ser holgadas
porque las ramas pesan
los frutos pesan
y estamos cuidando
que no se rompan
incluso
hemos reforzado con lazos
las ramas que cargan
las flores más gruesas

se nos ha ido el día
haciendo amarres
en contradecir
lo que reclama
la tierra






reconocer la tristeza
en plantas y flores
es fundamental,
reconocer
la hoja triste;
reconocer la tristeza
en las plantas
es la única forma de saber
si falta sol o sobra el agua
entre las medallas rastreras
es necesario
reconocer la tristeza

la obscenidad del mundo:
las imágenes muestran
demasiado júbilo






la belleza es aterradora
y te arrojas a ella
diafragma más profundo

me sigue al baño
sin hablar
ah
i feel love
riffs de wah wahs
i feel love
staccatto
i feel love
platillos motorik
i feel love
baterías zoom-pah-ah
i
      feel
                    love






tatuado en el brazo izquierdo
un payaso
tirándose un pedo
un payaso
tirándose
del noveno piso

algo
sin sentido

los payasos
soñamos con gas caliente
calor
el circo vacío
brazos entumidos
de dar aplausos
a perritos de globo
con globos en las nalgas
y nalgas que estallan

los payasos
saltamos del edificio






Alejandra Arreola
Nombre de fantasía
Herring Publishers, 2021

miércoles, septiembre 28, 2022

Tres poemas de Elena Anníbali


prueba del alce llaman a un test de seguridad en el que
vehículos maniobran en un zig zag furioso emulando
situaciones peligrosas: aparición
de animales grandes o pequeños
en ruta, osos fantasmales,
ciertos pájaros de ojos luminiscentes,
espíritus
de los caminos, árboles
que caen por rayos

en el movimiento, los autos, sobre todo
aquellos de gran porte, deben mantener
el equilibrio de, al menos,
dos ruedas: si el conductor
es inhábil o el alce se
espanta y sale corriendo
hacia el auto,
todos mueren
si el alce queda quieto, pero
el conductor enloquece, viendo
en sus ojos, algo que no ha
visto nadie, salvo
el espíritu de las carreteras,
todos mueren

si el conductor, en cambio,
atropella al alce, y el alce
muere, su espíritu
entra en el cuerpo del conductor
para, definitivamente,
hacer derrapar al vehículo
en un vuelo insólito
inacabable, en el que
el tiempo se retuerce
sobre el tiempo y
todos mueren





en Resistencia, gendarmes en el aeropuerto
en la calle, en
el hotel, me rozan
la espalda, me piden
identificación, tarjeta
verde, razones
para estar allí

en la ruta, gendarmes en la ruta
por qué, cuándo,
una mancha de aceite
en el cielo, en
la estación de servicio gendarmes

retiro mis chicles, cigarrillos
aunque no fume, café
para hacer tiempo
me miran
me preguntan: acá,
una mujer sola, ¿por qué?
estoy aterrada de
mi tiempo estoy aterrada
de mi especie

salgo afuera encandilada:
la mancha de aceite
ha caído, los ojos
de los gendarmes
brillan

brillan





estamos de vacaciones, y sin embargo nada
ha cesado: tenemos hambre, sed,
tristeza, cualquier elemento
la puede despertar

fuimos al mar helado en Madryn, la sal,
el sol portentoso, la familia Kanter
y su extraña forma de socializar;
unos lazos de convivencia
anticuados, eficientes,
y desde allí Altares
no paramos

nos reconocíamos
con los otros viajeros
en la piel ardida, la sed,
la mirada huidiza de los que quieren
verse, hablarse, calcular
los kilómetros recorridos
por la cantidad de barro
en las llantas
por el apuro en llegar, el cansancio
de los chicos en las butacas
traseras, sudorosos,
mamaderas de Coca-Cola
agua con hielo, leche
hedionda

nadie dice, todos
diligentes, llenando
los tanques, mirando
el vibrato del sol
afantasmando las rutas
el eco
de los precipicios
en los huesitos
la ardiente vegetación





Elena Anníbali
El viaje
Salta el Pez Ediciones, 2022

miércoles, septiembre 14, 2022

Cuatro poemas de Draupadí de Mora

echados en la arena
contemplamos la vejez en cueros
algunos tienen parejas jóvenes
con hilos dentales
otras
se enfrentan al mar
con la sola fiereza de sus brazos flácidos
parecen cascarillas de nuez
azotadas por el oleaje

una viejita lucha por entrar al mar
el agua la arroja playa adentro
me distrae el vuelo de un pájaro
cuando miro
cruzó la frontera de las olas
y es apenas un punto oscuro     a lo lejos





recuerdo
interiores de casas
señoras recostadas en hamacas
calor y mosquitos
bardas de tecorral
mujeres que abrazan con olor a humo

el suelo es de tierra pisada
hay un pastel blanco sobre la mesa
habitaciones oscuras
pocas ventanas
la gente me parece demasiado seria
o melancólica

hace frío en las casas llenas de plantas
junto al río
o la barranca





recuerdo
de niña escribía
para mi madre para las tías
a mi hermana nunca le escribí nada
a papá tampoco
escribía a prisa entre el claxon y el café
sobre perros
tortugas
cumpleaños de abuelas

un día murió la más gorda de las perras
la más perra gris de todas
ese poema     al fin     nos incluía a todos
deseaba que estuviésemos muertos
como ella

fue la única vez que escribí
poesía comprometida





recuerdo
los mapas de national geographic
brillantes
incomprensibles
áfrica era café
américa verde
europa amarilla

si los desdoblabas
no los volvías a doblar
jamás





Draupadí de Mora
Obeliscos
Dharma Books, 2021

miércoles, septiembre 07, 2022

Cuatro poemas de Roger Santiváñez

Tinta mojada

Poema 4

Perfecto asolador dentro de la música
Estás soñando, guitarrista
Dejaste tu sonrisa en una hipodérmica
Rasgueo infinito de adicto, susurro,
Pasos silenciosos pavorosos de seguir
O cruzar las orillas
Tus manos de enebro circulan y suenan

Pocos descubren en noches inertes
Al salvaje violeta cabello de muchacha
Arrastrando las horas en tu amplio jardín
De quietud irreversible oh muerte

Perfecto asolador
Llegó hasta tu sombra
La cálida y triste
Última canción de una aguja
Hacedor silencioso y vago, de bares invisibles
Tocando en el fondo, enloquecido y único,
En la forma de tu guitarra acariciaste
El sacrificio, amargo





Poema 5

He organizado mi soledad
De tal manera
Que ni la hierba

Claire:
Me sucedió tu cuerpo
Me sucedió tu visita
Siempre por sobre los acantilados
Y no recuerdo la oscuridad
La bella oscuridad
Que aún nos propusimos
Ser mudos, incoherentes
Tomar las hojas muertas
No fue un sueño

Qué poco estuvo tu cintura
Acariciada por la sombra
Nos acercamos al silencio
Sin entender los senderos en los parques
--otra vez los dibujos de un jardinero--
Claire, mis juguetes
El fucsia de tu chompa,
No hubimos de hacer caso a los semáforos





Tinta seca

Poema 2

Mi primo se casó
Y en sus ojos el sabor del alcohol,
Su cuarto todavía huele a amor
A muchacha desnuda.
La cama no habla
Y mi primo fuma un cigarro
Un corazón crespo
Sobre la noche
Y en el vientre de las minas
Mi primo busca una muchacha,
Como en el tiempo del verano
Las avenidas y la soledad de
Los night-clubs
Sabor de limón, baile caliente.
Ha venido cierta gente al matrimonio
Pero él no comprende
Qué hace aquí esa turba,
Efectivamente solo quieren mirarlo
Y observar el peinado de la novia.
La noche es etílica, los cisnes de plástico.
Ninguna muchacha
Cerebro dónde te vas
Mi primo dice
Que se va a quedar calvo





Poema 4

Los aviones en la pista del aeropuerto
Van soñando los senos de la más
Hermosa flight hostess
He llegado al aeropuerto y no
Supe quién era yo entre las lunas
Los vidrios más rotos que hube de amar
Para llegar al aeropuerto
Es fácil estar en hierba
Porque el viento que a algunos
Poetas jode y a otros no, a mí
Me da frío simplemente
O me place sentirlo en setiembre
Llegar al final de la fiesta
Es lo que siempre escribo en mis
Poemas y la soledad de las
Noches las voy arreglando con
Dibujos para muchachas pitos
Esperar en el aeropuerto cansa
Y las horas caben en un avión
Que nunca empieza a cantar
Permaneciendo desnudo y frágil
Con mil posibilidades de desolación
Pero los aviones son corazón
Y también otros brazos en mis brazos
Unas horas de alegría, un altoparlante,
Pistas más amplias, una voz estereotipada





Roger Santiváñez
Something going
Personaje Secundario, 2020

jueves, septiembre 01, 2022

Cuatro poemas de Tania Carrera

2012

Vi la muerte en la carretera,
esa misma noche me visitó en un sueño
y en un sueño decidí llevarme a toda la familia,
descendencia incluida, como parca.
Fue una imaginación piadosa
pero nunca se la conté a mi madre en la infancia.

Mi madre y yo sabemos que si en el autobús ponen 2012,
protagonizada por John Cusack,
el camino va a ser largo.
Bloqueos en la caseta, un gran accidente,
qué sé yo.
180 minutos en lugar de 120, mínimo.
Imagínate además que esto sucede aún en el 2018.

El chiste es morir todos al mismo tiempo.
Lo más cercano al paraíso.
Si la película va a negros,
hemos de regresar a nuestras cavidades.
Así se devastó el imposible,
para ingresar la cinta y reproducir
                                                       la muerte.

El presente es como 2012,
un argumento mediocre con una producción monumental.
Un chiste malo y muy largo del que fingimos reírnos
para no llorar en la oficina.





Espectros

Se me apareció el zodiaco una noche
al cambiar la posición de la cama.
Una simple rotación
y se abrió el espacio,
tanto que llegó un sueño protegido.
Se recostaron junto a mí los animales,
y el fuego y el agua;
y adentro del adentro, el aire
jugaba con el silencio.
Mi cuerpo sembrado en la planta alta de un minúsculo
hogar.

No sé nada sobre los símbolos,
pero me oriento al detenerme a organizar mis cosas.
La gravedad es absoluta.
Como un perrito giro y concilio,
finjo creer en otras fuerzas, me arrullo
para rendirme con estilo.





Patitos

Aquí va otra piedra desde la orilla.
A ver si rasura el agua
                                                           una vez,
tal vez,
y luego se hunde.
Apenas una lápida,
se perderá a pocos metros.
Lanzo una piedra.
En el espejo una piedra
es una masa definitiva:
el lastre de los estancado,
el arrojo
                                                           otra vez
¿y qué?
También se hunde.

Y viene la fantasía de la flecha:
ha caído en el centro,
el centro de su único blanco
porque en el fondo una piedra
es el peso de un solo puño.

Una piedra hacia el más allá
donde crece la lama que no me toca.
Y mientras se está yendo:
si el ángulo es correcto,
si el viento afecta las probabilidades,
si el temblor de mi brazo no definió la trayectoria,
si la piedra es ovalada o circular,
si la piedra tenía que ser ovalada o circular,
si lo que acabo de lanzar es un tabique,
si desconozco el mito,
si continúo desconociendo el mito,
si, a pesar de arrojarme, nunca conoceré el mito,
que me garantice
que mi piedra rasurará el agua
                                                           una vez
                                                                              y dos,
tal vez,
porque si llega a tres
ya sería demasiado.





La formación (fragmentos)

Si te enfermas de saber muy chico
te crecen desiguales los significados.

A medio proceso, la intemperie
te tuerce la boca.
Ni para atrás ni para delante:
hecho bocado,
palabras rengas, dichos,
bolo vagido, bolo,
lengua larga.

Si te enfermas de un saber muy chico: pantomima.
Pura rima brilla en la cáscara.
Verbo mimado,
pasitos tiernos en suela blanda
y hasta la tumba vuelta
y vuelta en el espejito pulido, idiota.

No quiero decirlo,
pero te lo dije:
que te iban a salir chuecos,
unos más largo que el otro,
otro muy pálido,
la mayoría para dentro.

*

La palabra formación
en esta escuela
significa tomar distancia.





Tania Carrera
Gruta
Herring Publishers, 2022

miércoles, agosto 24, 2022

Diez poemas de Beatriz Vignoli

3 a. m.

Lavaderos automáticos desiertos
donde son siempre las tres de la mañana.
Bajo el zumbido del tubo fluorescente
el viejo sereno de la funeraria
dormita en la silla.
Afiches desgarrados.
En la vidriera, los maniquíes quietos,
en cartulinas los precios de las telas.
Un perro silencioso como un hombre
husmea en la basura.
Sobre las franjas negras y amarillas
del estacionamiento
alguien ha escrito, con aerosol,
un nombre.





Los tipitos del Messenger

a Robyn Hitchcock

El frío nos convierte en cosas azules;
cosas un poco redondas, cosas pensativas, cosas grises.

Perlas de colores en una propaganda de shampú,
un soldadito perdido en el jardín, dos muñecos que giran.

Empezamos anotando frases en papelitos
y así seguimos, la mano más vacilante que antes.

¿Qué te hace pensar que el tiempo está derrotándose?
¿Cómo serías si no pensaras así?

En algún lugar del mundo hay un pedazo de luz que es mío.
A veces lo recuerdo; a veces me lo encuentro.





Mersault

No mataré por agua.
No beberé tan caro.

O sí, mataré al guardia.
Tiraré de los pétalos
de esta flor de plomo.

Me deberé la vida.
Matarlo. Él o yo.
¿Hay diferencia?

Yo tiraré. Y dirán:
"Ahí va el animal,
el que mató por sed".

No tiraré. Y dirán:
"Así murió el cobarde,
por compasión suicida".

No tiraré.
Seré el más despreciado.

O tiraré.
Seré yo el que desprecia.

Mas no me gustará poder beber.
Será un agua de muerte. Nadie vuelve
de esta tristeza.





Paris, Texas

El padre mira
su reflejo en el vidrio:
toda la luz que cae
fuera de su sombra
no es su imagen,
no es su hijo,
no es la sombra del pelo de su hijo
que está detrás del vidrio
jugando a que no existe:
—¡Mira, papá,
no existo! y si viajara
más rápido que la velocidad de la luz
tu mirada no me alcanzaría nunca
y yo sería
entonces
como una estrella que está fuera del espacio
—dice
el hijo—
como una estrella que está fuera del espacio.





Surf

Te has sentado en la esquina
donde alguien puso mesas,
sillas de plástico.

Necesitabas ver toda esta luz.
Hubieras sido un pintor impresionista
de nacer en otro siglo, en otra clase.

Te gusta mirar a los skaters,
esos surfistas de tierra que pasan con luz verde
y logran que parezca un océano de asfalto.

Estás solo. Desde que volviste de allá, andas solo.
Vas por fuera del mundo como un ángel,
vos, que mataste.





Vikingos en el bingo

Denegado nos estaba el acceso a lo real,
toda crisis era interna, todo cambio era mental.
Mas la mano hizo contacto con el mundo: ¡un continente,
un continente nuevo descubrimos!
Hartos de la mezquina clemencia impasible del azar
agarramos y empezamos a agarrar, a agarrar, a agarrar...
¡Tengamos, hermanos, tengamos! ¡A saquear!
¡La representación ha muerto! ¡Viva la voluntad!
Si quieren figuritas,
¡que nos filmen y fricen las imágenes!





Monólogo de la gringa

Con desprecio se mira a quien se aferra a lo suyo:
la paz de la llanura, el animal que engorda,
la piala que lo tiene a su pesar.

Es tan grande el deseo de perderlo todo,
ser el autito blanco en la tsunami,
ser parte de algo inmenso.

Con desprecio me miran: no creo en la catástrofe,
vuelvo sobre la traza del edificio antiguo,
pongo un ladrillo nuevo en el hueco de tierra

que dejó el anterior. Reconstruyo en la ruina,
rehago la tapera. Recupero el trazado.
Con desprecio me miran, ellos los del abismo

desde la vastedad de la devastación.
Nómades de la ola, cómo aman la muerte,
el prestigio del mal. Pero no hay viento,

les digo yo. No hay viento.
La vida no es tan larga.
El lobo no vendrá.





Popper

Se la dimos al que nos la chupaba,
pagamos la caricia de su lengua.
Un videogame de carne,
un hoyo prieto más donde abrigarse.
La ponemos ahí donde podemos.
Una boca sin nombre,
tan llena que no juzga.
De rodillas bebió el aire de otro mundo.
La escena es la del rancho de campaña:
tres hombres solos y alrededor el viento.
Tres hombres solos y alrededor el viento,
esa paliza eterna sin culpable,
ese grito sin cuerpo.
Acabamos los cuatro,
cada uno en su espejo.
Una boca sin nombre.
No preguntamos ni nos importó.





Liso Santa Fe

Ah, cuando éramos jóvenes y pobres,
sentados a la orilla del tiempo como indios pescadores
pasábamos la vida buscando una cerveza
y otra vida tomándola.

Andábamos de noche, componíamos
versos en el teléfono.
Veíamos poesía en todas partes:
en la zarpa de oso de la retroexcavadora
en pleno bulevar,
en los carteles: "Liso a 5 pesos".
Todo nos bendecía y nos amaba.

Luchamos ahora contra nuestros nervios
que antes nos sostenían
y ya se han vuelto extraños.
Corremos con el tiempo sin alcanzarlo nunca
mientras los nuevos indios pescadores
sentados en su orilla, ven poesía
en la forma que han tomado nuestros brazos
cansados de rodar.





Bella Vista, enero de 2016

Clubes de barrio, flores atigradas
abiertas a la edad acumulada del verano;
yo que vine a este mundo para ver este mismo atardecer
no quedaré en el gris de los ojos del husky
ni en ese cielo por el que me deslizo hacia todo el olvido.

No quedará nada de esta felicidad
que ya recuerdo, como si ya se hubiese ido.





Beatriz Vignoli
Viernes. Poesía reunida (1979-2021)
Ediciones Nebliplateada, 2022.

domingo, agosto 14, 2022

Cuatro poemas de Leandro Llull

Cazador de elefantes

En una carta de 1882,
Rimbaud le preguntó a un tal Monsieur Device
si existían armas para cazar elefantes,
y le solicitó que le enviara apenas pudiese
dos como prueba y, más tarde, una docena.
También le pedía datos sobre el calibre,
las balas, los venenos.
Tras leerla me dije que yo jamás podría
matar a esa montaña gris,
cortar el pergamino de su piel
o traficar con sus colmillos.
Prefiero el desmalezamiento,
esa tarea de la vida y de su socia, la muerte.
Nada más es cuestión de esperar
a que el destino común de los huesos se cumpla
y la carne sea polvo en los caminos.





Huesos

¿Te acordás del monstruo
que unos pibes encontraron
cerca de la rompiente y las aguas vivas?
Ardía negro y perlado un palo
señalando aquel hallazgo y la gente
se amontonaba para verlo.
Pero solamente había una marca,
la intriga y la sorpresa soportando
el embate de la espuma.
Un hueso, dijiste. Un fósil
de alguna criatura milenaria
en la orilla del mar. Blando,
efervescente, irradiaba su latido
y rodeaba con un pecho de medusa
los maravillados años
igual que la sal sobre la piel
cuando nos quedamos encallados
a secarnos en la arena.





Números

Con la luz apagada y una pata menos en los lentes
mi vieja saca cuentas para ganarle a la inflación.
Tengo cinco años, el mundo
es una cocina oscura y una mujer
tentando que las cosas entren en sus números.
Las cifras se ocupan de la impotencia y de la falta
y ella pega tickets, hace sumas
en los márgenes, glosa y adjunta las notas
garabateadas en retazos.
Siendo una de esas bocas destinadas
a salvarse por la maravilla del guarismo,
empiezo a entender que las verdades
son un pequeño tajo de sol
en la habitación ensombrecida
donde una mujer se desvive
para que la matemática sea,
como Descartes quiso,
un arma que descompone,
y al final, nos une.





Holydays

Cierro los ojos. Las cotorras gritan,
el aire peina la enramada;
hay pasos de niños sobre la tierra,
y tacuaras piando, benteveos, jilgueros,
palomas. Un auto ruge a lo lejos;
el crepitar de las brasas, el búho;
notas blancas crecidas junto al heladero.
El tiempo, el espacio quedan sometidos.
Acaricio lo eterno de las duraciones
y pruebo el vacío de no saber
dónde está el principio, dónde el final.
Abro los ojos. El sol me ordena,
la luz esculpe su mensaje
al otro lado, sobre los pinos.





Leandro Llull
La vida sin centro
Salta el Pez Ediciones,  2022.

lunes, agosto 01, 2022

Tres poemas de Mirko Lauer

Latas

Ya son un peligro las pasas secas de los panetones
                          Del 2017.
Estas latas las podría abrir si no mirara tanto
Las fechas de vencimiento.
Hay normas para todo esto:
Hallazgos lozanos en enero pueden presentar
Tóxicos colores en julio,
Sorpresa de gusanos en agosto,
Un diciembre de violentos venenos.
Engañosas, irresponsables, peligrosas
                          Bombas gastronómicas.





Eludir el espléndido ceramio

Su arte alegra la vista, en minucioso detalle.
Pero aun así no se deja conocer.
Verdugos y víctimas igual de locos
Detrás del vidrio. En unos minutos
El hombre hará la oferta. La veo venir,
Adornada con explicaciones.
Mi mirada exageradamente fija
Es una endecha por todos esos cuerpos
Mortalmente blandos y calatos.

Su dudoso argumento de venta
Es señalarme cuántas manos amputadas
Y atadas en macabros racimos hay,
Sus dedos reventados como flores.
Ante eso solo puedo responder
Que piezas excepcionales como esta
A menudo pueden ser falsificaciones.
El hombre contraataca como un verdugo:
Más detalles sobre la escena.

La vitrina charolada disimula, un poco,
Las atrocidades de esta violenta cultura.
Pero los alaridos de la masacre
Serán más evidentes e incómodos
Apenas el precio aparezca sobre la mesa.
Voy a decir: ¿Por qué ese salvajismo?
¿Por qué en tantos desentierros aparecen
Las osamentas de 29 perros?

Ya sé que la venta está a punto de naufragar.
El hombre fracasa cuando me pregunto
Si a esta edad necesito otro ceramio
Costoso como un traje de Savile Row
Para salir a tomar prisioneros modernos.
Además ya puedo oír las cóncavas voces
De los celosos amigos conocedores:
Huacos como este hay miles,
                       ¿Cuánto le has pagado?





Tiresias

Estamos a un tamalito de pollo
De un tenebroso universo paralelo.
Las dos arqueólogas logran prender los aceites
Colocados para recibir a los visitantes,
                  Que ahora son ellas.
Han venido a desvestirla y bautizarla
Para su nueva vida.
Al final se quedan con momia Elena.
                  Su nombre de artista.

                  No se le ve vieja ni saqueada,
Y eso es lo más interesante.
Por siglos a su aposento
Solo han entrado los ladrones.
Casa en el tiempo (como en casa en el aire).
Dejaron poco: unas canastas de picnic,
                             O eso parecen,
Y un tazón colmado de ceniza.

                  Extrañamente no hay oro.
Le chorrean por todas partes
Pesadas escamas de una tristeza reseca.
Los huesos son de color galleta
Tostada por el tiempo.
Despide el olor de las flores secas,
Que hacen un largo cojín debajo de ella.
El frugal vestido de una pieza
Sugiere mucho, todo inexplicable.

Por alguna razón las arqueólogas
Prefieren trasladarla desnuda al museo,
Donde la esperan otro aposento y los forenses.
De los músculos quedan las nalgas
Delgadas y alargadas como dos dientes de ajo.
No hay tetas por ninguna parte.
Desvestida resultó ser un hombre, más flaco
De lo que la ropa sugería.
Por el correoso pergamino que fue una espalda,
Diminutas viñetas de cangrejos azules,
Fácil escarabajos egipcios.
Las arqueólogas discuten: sacerdotisa, brujo.
Poco después aparecen los fotógrafos.





Mirko Lauer
Las arqueólogas
Álbum del Universo Bakterial, 2021.