domingo, enero 28, 2024

Un poema de Julia Díaz, Mayra Giménez y Gisella Rivas

Kartoner@s

Hoy te voy a dejar momentos
por los q pasamos lxs kartonerxs
hoy voy más kon la pura y cruda realidad
de esos momentos de mierda
q tenemos q aguantar
Uno labura de lo q puede
y hay veces en las q no hay elección
Me ha tokado kartonear
en un auto enganchado a un tráiler
y tracción a sangre
(karro y kaballo)
exigiendo a un pobre animal
a q kada vez q veo algo amenazante
q korra
y pareciera q lo hace
por nuestras vidas
Y pienso así por pensar
si será q se da kuenta de q algo sí o sí
tenemos q kargar...
Otros van
en kamiones y kamionetas
kolgados komo monos de un árbol
por q no hay lugar
y las prioridad es laburar...
Otros tiran de un karro a mano imaginando
q korren la maratón caminando kilómetros y kilómetros
todos kon ojos de alkón
poniendo a full todos los sentidos
cruzando de provincia a kapital
y volviendo de kapital a provincia
haciendo lo mismo una y otra vez
komo si fuese
un církulo vicioso
del cual no podés salir
Y no
la verdad
la mayoría de las veces no podés salir
una vez q arrankás
ya está, listo, fue
sos un ciruja
no importa q tanto te esfuerces
siempre vas a terminar donde empezaste
Te mentiría si te digo
q el cien por ciento
de la gente
nos trata bien
kuando nos cruza.
No, ni ahí!
Es komo si lleváramos una marka de nacimiento en la frente
q dice "putiame q aká estoy kartonero soy"
Ahí es donde todo me deskoncierta.
Digo
pero la puta madre
si laburo es por q laburo
es laburo
no jodamos.
Q me preferís drogada
en una eskina? Choriando
y rompiéndote la kabeza para ir al tranza?
Dejándote deskalzo
y sin celu
por q no se me kanta el orto ir a laburar y es más fácil robar?
NO... parece joda
pero no lo es...
Las kosas q nos gritan...
Negro de mierda
¡Andá a laburar!
Kabeza y la koncha de tu madre,
dejá de revolver la basura, gil...
La kulpa de q estés cirujiando
es de la konchuda de tu mamá
q no te mandó a estudiar
seguro debe estar chupando pijas por ahí,
metiéndole los kuernos a tu papá
Eso es lo más suave
q recuerdo
El diccionario no me alkanza para seguir.
Y si sos mina
mucho peor
nunka falta el pelotudo
q pasa ofreciéndote diez mangos
para q le chupes la pija
literal
y los porteros de los edificios igual
nunka falta
el q te kiere dar
kartón a kambio de algo
¿Y los kabecitas
y negros de mierda
somos nosotros?
No sé... tendríamos q volver a repensar
todo de nuevo
Ojo...
tampoco nunka falta
la gente buena
esa q te llama kon buena onda
y hasta te ayuda a kargar las kosas
O esa q te dice
q aká la vuelta
tiraron un kolchón
fijate si te sirve kapo
La q te invita
un vaso de agua
o un par de galletitas
O esa q pasa y te deja una bolsita kon un jugo
y un sanguchito
O esa q tan solo te saluda kon un
buenos días
buenas tardes
buenas noches
Esa gente
te llena el korazón
Te hace dar kuenta
q no sos invisible
Te hace entender
q tenés q seguir
sin importar qué.





Julia Díaz, Gisella Rivas y Mayra Giménez
Orgullo kartonerx
Belleza y Felicidad Fiorito, 2022

domingo, enero 21, 2024

Tres poemas de Abigael Bohórquez

Oh travestis casi perfectos de los carnavalitos,
oh vedettes culimpinados de los gimnasios,
oh locorronas de las sacristías,
oh pobrecitos de aldea
apedreados por el vecindario,
cercados por los perros,
ahorcados y quemados en la noche sin tregua;
oh Rubén de la eterna noche de mi desconsuelo
bebiendo, tronándotelas, de a soledad,
soportando una esposa que no pediste,
echando paliacate con el lechero,
en sartén con el velador, pinicuchado,
de a rápido;
oh Alejandro malvada
vistiéndote de madrota
porque estabas re feo,
oh damas caballeros de la fosa común:
por ellos supe, de niño
lo que quiere decir ese mote quemante,
palabra lapidaria
que escuché muchas veces por la vida
y que aún zumba el tímpano:
entremedio,
lucisombra,
cachagranizo,
leandro;
por eso sé que
ahora sé
qué canto.





Slogan

Y, fue que, un día, el BUEN vecino
estrenó la película, como un trigal en llamas:
AIDS IS COMING / AIDS IS HERE;
y uno ya no volvió a poder ser
la familia de hierba de Walt Whitman:
--¿me celebro a mí mismo y me canto a
mí mismo?--
because to die for AIDS is different
from what any supposed.
Sobrevino el terror,
the happy birthday of dear DEATH TRACY;
uno
entonces,
enamorado todavía de las cosas oscuras
tornó a mirar a su izquierda, a su derecha,
detrás, al frente,
queriendo ver espejos donde tocar un rostro fértil;
pero llegó algo que vino enemistando,
desapartando y no es igual la vida:
because to die for AIDS is different
from what any supposed;
y devino el horror impenitente
de que éramos muriendo o vamos a morir
o estamos muertos
y obstinados: dead-drunk
rock,
dead-end
rock,
deadfall
rock,
deadly gone world
rock,
o yeah,
but to die for AIDS is different
y ai'nos vamos, carnal
haciéndonos poquitos,
esfúmate, pass bye
no chingues, puta muerte,
but to die for AIDS is different,
like to spit to olden olden God,
rock
rock
rock'n rolling
a pesar de aquel día.

Porque hubo días hasta la desvergüenza,
donde fuimos tan lúbricos
                       tan móviles
                       tan fértiles
                       tan plácidos
                       tan flácidos
                       tan sórdidos,
presuntos dueños del amor intemporal;
porque hubo días en los que fuimos
aquella mano que buscaba,
y aquella otra mano que daba sobresaltos,
y aquella breve mirada solándula y promiscua,
porque todo estaba tiempo de la pasión,
y convivimos la cintura del canto,
y no conocíamos piedras en el camino;
pero hubo días en los que fuimos
los únicos culpables
de esta vieja batalla
recientemente concluida,
en la que no diré que te he perdido
para siempre,
sino que yo te amaba
y he muerto.





Retratos

Este era Lesbia Roberto.
Quería ser estrella como Lola Beltrán.
Era muy jovencito cuando le revelaron
que estaba muerto de
"qué vergüenza de la familia";
fue cuando vivió para ya no contarlo
y se hizo rico sintiéndose Mae West
en su bar de Los Ángeles,
asediado de pochos, de negros,
de narcos salvadoreños,
de muerte.
Hasta que dio con Ella.

Este era Pájara Gustavo.
Fue profesor de educación primaria
y tuvo el alma de cristal (soplado),
por eso lo corrieron de trabajar;
hizo versitos, coronas para muertos,
valses para quinceaños;
rezaba novenarios,
hablaba solo con la Virgen María,
se le apareció El Diablo,
y una mañana
lo descubrieron tieso, con el alma trizada,
en libertad de alcohol y de tabaco,
amoratada pájara tucana,
alma de Dios,
salvada de sin amor, de sin calor
humano. Ni divino.

Este era Daniel L'amour:
trabajaba el grabado con escasa fortuna;
padeció bajo el poder terrible de Olga Guillot
y Concha de Villarreal, dos ángeles hermanos;
como amiguísimo era un padre, Tatena,
se las partía por uno
o con uno cuando no había más.
Compró un lote silvestre
porque siempre anheló levantar una casa,
para que los amigos fuéramos a seguirla
el sinfín de semana;
leal a su muerte, frustrado,
ahora ocupa un lote bajo tierra,
y sus amigos, en pleno seguimiento
sin Tatena La Morgue,
muerto en la peda augusta,
de rabia,
un sinfín de semana.

Esta era Sarito:
no el criado de Rosalina
la novia puertorriqueña de Juan Ramón,
sino esta hombrembra de picapleitos
y promotora de "vencidas",
mujer de pelo en pecho,
cantante de ranchero
que a las mujeres más bonitas se llevaba,
y éstas, sus compinches:
Odilón, Isabel de los Ángeles,
Mi General Zeta, Feyamira,
la fanfarronería, el splendor
de old mexican movie,
con señas muy visibles de varones,
con ostentosos entrecejos de soldados rasos,
con cicatrices de haber ido a trabajos forzados,
con alebrestos de Juan Tenorio de jaripeo,
ásperas oropéndolas de la "madriza"
nacidas para perder.
Se les dijo bien claro: Pelotón, marcha atrás;
pero tomaron sus mazos, sus cascos,
sus cadenas, sus bragueros,
sus áspides,
y partieron al Frente,
dejando novias llorando,
llorando
la despedísima.

Este fue Braulio Ayeres
que, de noche a la mañana,
contrajo, de raíz,
magnolias de consunción,
que consiguió ver despojos
de haber dado fragancia,
impávidos rescoldos de haber pasado por el fuego
y de no haberse hecho santo,
constancia de no haber sido
como pudo ser
su personaje inolvidable,
pavesas de haberse dado holgadamente
a la desventurada,
indicios de que una vez probó,
delicuescentemente,
la miel sobrada del amor,
pruebas irrefutables de mala suerte
y mala muerte
en la tenebra del hospital.

Estos eran Bartolito, don Chuy, Lolo,
Estrellita de Enero,
decadentes mariquitas de lonchería,
chapeaditos de escarnio,
viejérrimos,
siseando de placer
a los hombres que venían del mar
de las pizcas.

Estos eran Leticia, Salomón, la Yetis,
alebrestados jotitos de prostíbulo,
añorando la muerte piernasarriba
de las putas,
mordisqueando sus sombras,
sus curvas, sus cosméticos,
imitando sus zafios cadereos,
copiando en los espejos
sus miradas afroides,
espiando por las rendijas de los muros de Jericó
la brutal ceremonia,
desafanándose de calentura y extorsión
en las braguetas de la policía.

Estos eran Chiquita y Juan Manuel,
modelitos de oficina,
acicalándose en el baño de damas;
y Apolonia: la chic,
Pola Negri de arrabal, atragantada
de morder su nariz donde atracaba
el velero mayor de la comarca.

Este era Jesús, el revelado:
tuvo diez hijos a la luz pública
era pastor de evangelizaciones,
pero de noche
era Herodías, Dalila, Semínaris, Artarté,
y danzaba entre velos y címbalos y coros de mancebos
que palmeaban mucha ropa pelos pelos
aleluya aleluya
en la iglesia sodómica.
Este era yo, perplejo:
zurcía, bordaba, jugaba con muñecas,
cantaba, amargo, descreído de Dios.





Abigael Bohórquez
Poesida y otros poemas homoeróticos
Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2019

domingo, enero 14, 2024

Cuatro poemas de Roxana Crisólogo Correa


Me he enamorado del chico que conduce el tractor
para remover la nieve

no le veo la cara
de eso se trata el amor
es suficiente que conduzca algo tan monstruoso como este juguete
para remolcar la luz
me basta que conduzca este temblor bajo mis pies

buscando entre la nieve la suave mirada del cemento
la nieve que empiezo a rellenar con mis caprichos de ramas
con mis recuerdos sin hojas

un trazo de su ojo izquierdo hacia una casa de hormigas







Me mecía en una hamaca en una orilla
de una frontera a otra
uno de los tantos ríos San Juan que se repiten en el mapa de la evangelización

los mosquitos nos obligaban a cubrirnos el rostro con abanicos hojas de plátano
los mosquitos eran el aire que caminaba a pie juntillas para no perderse pero también su ausencia
todos esperaban su turno siguiendo la fila deshilachada por el sol
las paredes blancas las paredes negras
alas doradas insectos que liberaban sus sombras en el metano que arrastran los motores
lanchas que aparcan unas tras otras llenas de gente

un sueño tropical
todos lo tenemos     dice el guardián
respetando la ley y las distancias reafirmándose de un sobresalto en su lugar
para que nadie crea que en sueños ha estado en otro lado

aquí nada se mueve de su sitio
acomoda su uniforme a un cuerpo que luce con desgano

solo las lianas escapan de los controles de seguridad
se toman de las manos como si intentaran estrangularse
son como hermanas     dice el guardián
succionando el néctar de algo que arrancó de un árbol

la naturaleza es así

los suecos son más prácticos se abanican con sus largos dedos el momento que no avanza
sacan el aire de su escondite y lo echan a andar

le digo que quiero tomarme fotografías junto a esas grandes hojas que flotan
en el río como elefantes
que imagino que soy un pez raya que electriza que espanta bañistas
o un gran lenguado que se deja montar

quisiera decir que esto se parece a Tumbes pero mejor no
nadie conoce Tumbes
les podría sonar a golpe a tumbos a tumbar
estos son los insumos de la poesía

espero la lancha que nos llevará a la otra orilla
en creole tiene nombre de algo mal escrito en inglés
anoto: aceite contra mosquitos
una refri para que el guardián de vez en cuando se moje la garganta con cervezas heladitas
con los suecos mi entrada a la reserva ecológica está asegurada







Si el Perú es un país rico
con tanto potencial para inspirar retruécanos
por qué la mayoría de peruanos dice que son pobres
y su volumen de voz es más bien bajo

hacer poesía de la riqueza y riqueza de la poesía
me obliga a adjetivar lo que con dificultad escucho
buscando el petróleo de lo que se acaba
el mercurio que con falsedad brilla y perfora las manos

hacer poesía de los ricos campos de espárragos
que se llevan toda el agua
de los campesinos sin agua
para que quienes recorremos con ansiedad el supermercado
en busca de espárragos del Perú
tengamos en nuestras mesas espárragos del Perú

escribo de un campo que debo llenar de campesinos felices
que viven del fruto de su trabajo

para hacer poesía del Jardín Escolar Nº 744
sin agua
            ellos no se comen los espárragos
para hacer poesía que sea homenaje verbigracia onomatopeya
para hacer ciencia y lenguaje de la poesía
y venerar más trozos de yeso que se hacen ¡zas!
para hacer historia que no termine con sed
y hablar de las derrotas que son negociaciones a medias

para contar la historia del reverso de la página
para hablar de los héroes mirándolos de perfil
para hacernos los locos
y no hablar de los niños como angelitos ajenos del mundo
y decir que te cuidarán desde el cielo
y que la muerte no es el final del túnel
y las que murieron se sacrificaron
para que nosotras estemos aquí
y que la tierra arrulla y alimenta a todos sus hijos por igual

para escribir agroexportadora sin golpearme la cabeza contra el timón
del tractor y respirar
levantar el plástico
evitando las matemáticas de la repartición
necesito expulsar de algunas palabras su función adulona
subir el volumen     la voz
aplacar la ira de la forma







Una ciudad se forma de los restos de viejas ciudades
una ciudad es el saldo de una ciudad más grande
que se comió a otra ciudad

los científicos y los politólogos juntan los pedacitos
para darle a la historia un sentido épico
y lo que flota en la burbuja
lo que quedó en lagunas de aceite
el río atigrado de codos y pies
es el mapa que define
raciones de agua     tiempo de vida

la tintura del petróleo provoca lesiones cromáticas
puedo ver con claridad la sangre
de los animales que aprendí a degollar en mi niñez
y mi hermana echaba al jardín para que todo vuelva a crecer
y así la cadena de la vida nunca se rompa

una ciudad     si te fijas
el vecindario es como un pastel mal cortado
los hijos de la vecina con la música a todo volumen
los hijos de los africanos no son africanos     no insistas
son solo hijos
cada uno cuestiona desde su burbuja
la mía monolingüe hétero
dos cabezas piensan mejor que una
no caves más
encontrarás las malas artes las raíces
la pureza la escisión las guerras
también la poesía








Roxana Crisólogo Correa
Dónde dejar tanto ruido
Álbum del Universo Bakterial, 2023

domingo, enero 07, 2024

Cuatro poemas de Thomas Merton

Monjes trapenses trabajando

Ahora todas nuestras serretas entonan canciones sacras en este universo de madera
donde los robles se disparan como armas de fuego, y caen cual cataratas,
expandiendo su griterío entre las verdes espesuras del bosque.

Acércate, Jesús, a través de estas hileras de árboles,
y nos hallarás todavía adorándote en estas iglesias al aire libre,
cantando este otro Oficio con nuestras herramientas.
Con todo, instruye a tus hijos en el ajetreo del monte,
y permite que un rayito de sol alivie nuestras mentes
y nuestros arduos estudios.

Cuando el paso del tiempo dore el grano de los campos
azotando el sol en nuestras regiones,
ven a nosotros, Jesús, a través de los trigales
cuando nuestros dos tractores vengan a segarlos:
esparce alguna suave ráfaga de viento sobre la tierra de nuestro espíritu,
refresca los espacios donde nuestras oraciones se tornan cosechadoras,
y apaga nuestra sed, Cielo, con tus ríos de agua viva.





El río Ohio-Louisville

No es posible oír la algarabía de la ciudad
debido al gran silencio
de este lento fluir del río, sereno como el aire.

Ni el puente elevado, ni el tren que avanza sigilosamente,
ni los filos de las torres de alta tensión
batiendo al sol,
ni los cables suspendidos en el cielo;
ni el motor fuera de borda
blasfemando en la vehemente distancia como un crustáceo,
ni los gritos férreos de los hombres:
nada se escucha,
solo el discurrir callado y majestuoso del río.

Los trenes circulan durante el verano mudos como de papel,
y en la central eléctrica, la canción de la dinamo
es tan sutil como el algodón.
Toda vida es más apacible que la hierba
sobre la que levemente reposan,
como blancos pájaros yacentes,
las ropas de los bañistas.

Únicamente donde los nadadores flotan como caimanes,
y con ojos tan oscuros como la creosota
escudriñan las malvadas pasiones,
solo allí algo se percibe:
la fina voz salada de la violencia
que se lamenta, como un mosquito, en su hirviente sangre.





El lector

Señor, cuando el reloj da las campanadas
revelando la hora con frío estaño
y me veo encapuchado en este púlpito
esperando a que aparezcan los monjes,
contemplo los quesos rojos, y los tazones
todos rebosantes de leche en hileras sobre las mesas.

Mi lámpara está iluminada
(la encendí para leer
con una cadenilla tintineante).

Y los frailes descienden por el claustro
con hábitos ondulantes como el mar.
No los veo, pero escucho sus olas.

Es invierno, y mis manos se disponen
a repasar las páginas de los santos:
y a los árboles que tu luna ha congelado en las ventanas
mi lengua ha de cantar tu Escritura.

Entonces los hermanos se detienen en el escalón
(ante mí, que estoy en este púlpito
y ante Ti, que estás en tu crucifijo)
y bautizan con perlitas de agua las yemas de sus dedos,
perlas más pequeñas que este salmo mío.





Atardecer: conferencia telefónica

Esta noche al oscurecer
veinte pájaros cantores
ninguno de los cuales podría nombrar
resplandecen como rubíes
sobre el tendido eléctrico
ahora la luna está en lo alto
y ellos volaron

Pero un pájaro carpintero
todavía hace más solitaria la gélida oscuridad
puesto que estoy sin ti
y soy incapaz de olvidarlo

Te encuentras a doscientas millas de mí
con personas que apenas puedo imaginar
puedes incluso haberte marchado
a otro país donde el lenguaje del amor
nunca ha sido pronunciado

Tu voz en la sombra
tiembla de pena
¿Pero qué podemos hacer? Hemos sido escindidos
y el verdadero amor
algunas veces se convierte
en celebración de la agonía

La media luna en el cielo se dibuja
vivimos exiliados en lugares ignotos
y extraña es la casa
para los desconsolados

Nunca digáis que amamos
solo porque el amor es dulce
¿Qué tiene de dulce esta amarga
separación? Es la muerte
es el reino infernal
somos dos mitades deambulando
en dos mundos errantes

La media luna adorna la bóveda celeste
abandonamos el teléfono
ya ni siquiera el amor
susurra a través de los cables
que conectan con esa ciudad imposible

Qué triste parece el amor
cuando incluso nuestros sollozos
enmudecen.




Thomas Merton
Oh, corazón ardiente. Poemas de amor y disidencia
Edición y traducción: Sonia Petisco
Trotta, 2015

jueves, diciembre 21, 2023

Cuatro poemas de Gladys González

Mi abuelo nos contaba que cuando era niño vio al diablo

Dice que lo vio cuando iba caminando con su hermana por un potrero, cuando Santiago era mitad ciudad y mitad chacra.

Un hombre alto,
muy blanco,
con sombrero de copa,
la voz grave
y los ojos rojos.

Les sonreía.

Mi abuelo soñó con el diablo hasta su vejez.

Peleaba con él, gritaba y se despertaba de pie, lleno de sudor.

El diablo quería llevárselo.

El diablo merodeaba por la casa.

Con el pasar de los años
todas lo vimos.





Una vez con mi prima nos comimos un kilo de naranjas, que estaban en el frutero de la mesa del comedor

Mi abuela nos gritó horrorizada y nos pusimos a llorar asustadas,
mirando las naranjas vacías. Culpables de algo desconocido y prohibido.

Entendí, muchos años después,
que eran el postre para siete personas de toda una semana.

Una naranja por día.

Nunca pude dejar de imaginar en esa cáscara porosa
y fragante toda la pobreza que conllevaba.

Todo el sacrificio.

Lo triste que debió haber estado al ver las naranjas partidas,
el aroma tan dulce en el comedor.

Las naranjas y lo esquivo de nuestra pobreza.

Mientras nosotras jugábamos a ponernos esas mitades
huecas y blancas en la boca
como una sonrisa falsa.

Una mueca, una dictadura.





Mi bisabuelo materno murió atragantado con un trozo de carne caliente durante una Navidad

Comenzó a hincharse, a ponerse azul, las luces intermitentes del árbol de Pascua se reflejaban pálidas en su rostro. Le golpeaban la espalda, le apretaban el esternón, como un último abrazo, que fracturaba las costillas, mientras rezaban el Credo, el Ave María.

Mandaron al hijo del vecino para que corriera a la panadería y llamara a una ambulancia. Lo sacaron con una sábana en camilla.

En el pasaje, las niñas mostraban sus muñecas de lana y trapo, hacían círculos con una estrellita encendida que tiraba chispas, y los muchachos mayores reventaban petardos, saltarinas de colores, encendían bengalas.

Era la historia clásica de las fiestas familiares, en las que siempre hubo discusiones, gestos de desagrado, intentos por mantener una unidad sanguínea, llantos, culpa, cinismo, entre los cubiertos pulidos, las gaseosas y el vino.

Nunca pude dejar de imaginar esa escena al tragar pastillas para el asma, para poder respirar, al pasar por una carnicería, al comer carne guisada.

Alcohol, secretos, alta tensión, odio, asfixia, desaparición y muerte.

Cosas de familia.





Mi abuelo nos contaba en las vacaciones que durante el golpe militar, al irse de la imprenta del Congreso, que estaba en el subterráneo, no comprendió el paisaje que veía

No había vereda, o calle, el suelo era un mosaico de muertos, puestos en diversas posiciones como un rompecabezas de coágulos, vísceras, manos atadas a la espalda, piernas sobre piernas.

Dice que se acordó de cuando era niño y trabajaba como cargador y limpiador en el matadero de Franklin.

Tomó la decisión de caminar entre los muertos,
saltándolos,
de puntillas,
hasta llegar a su casa de noche.

En el río Mapocho flotaban los cuerpos.

Sangre y militares.
Sangre y balazos.
Sangre y gritos.

Tantos gritos que no entendía de dónde provenían.

Gritos que ya no eran humanos,
gritos que quedaron para siempre en su cabeza,
en el río, en el agua, en la calle,
en la piedra de los edificios,
en la corteza de los árboles,
en las escamas de la piel,
que pasan de generación en generación.

Un aullido,
un tinnitus,
voces que se legaron en las células,
una muerte prematura.

Sangre y llanto.

Sangre y ventanas que se cerraban con postigos. Los cuerpos agachados en el piso esquivando las balas.

Todo olía a yodo, pasaron meses para que dejara de sentir ese olor.





Gladys González
Ruido blanco
Ediciones Libros del Cardo, 2022

jueves, diciembre 07, 2023

Tres poemas de Alkaíd Marino

Pinsky en Los Simpson

Lisa Simpson va a la universidad,
y escucha a Robert Pinsky
                              recitar el poema.

Lento salterio, otoñal gaviota zalamera:
Basho y sus amigos salen a mirar la luna,
en verano, un arcoíris de gasolina en los charcos...

Liam menciona a Basho, y me habla
de aquel haiku que escribió hace unos días.

El gato duerme
sobre la barda gris;
sueño de otoño.

Una caricatura dibuja el poema.
Así el sueño del gato,
el amor que siento por mi hijo.





Sam's

No me gusta ir al Sam's. Hasta hace unos años,
yo retozaba en el fango de una idea más simple
y conformista; recorría los estrechos pasillos de tiendas
menos elevadas.

Mi esposa afirma que economiza. Me habla de marcas y precios.

Me habla de cómo rinden ciertas cosas.
Mientras mira la etiqueta
de una botella enorme de vinagre de manzana, me acaricia la cabeza.
Yo no tomo vinagre de manzana, pero ella dice que es saludable.
No sé si ella lo toma,
o si lo usó en el pollo de aquel día, como dijo.

Frente a los refrigeradores de cortes finos,
pienso en el vecino que me pidió prestados doscientos pesos.
Me explicó por qué los necesitaba.
No le creí. Le enseñé los bolsillos vacíos.
Yo necesito el precio de cierto tipo de consuelo
el día de hoy. No hay nadie
en el departamento de vinos y licores.

No me gusta ir al Sam's.





Escalera

A mi padre

Cuando era niño,
disfrutaba de oler libros viejos:
papá vendía cosas usadas en los mercados,
y yo siempre le ayudaba a poner su puesto.

Me gustaba oler mucho Las uvas y el viento.
¿La poesía tiene aroma?
Y no sólo me gustaba olerlo.
También a veces lo leía.

No entendí por qué Neruda
recargaba las palabras como escaleras:
escaleras anchas, escaleras delgadas.
¿Bajar? ¿Subir? Copiaré estos poemas
para componerlos, pensaba.




Alkaíd Marino
La delgada costumbre de lo vulnerable
Editorial Praxis, 2023

martes, noviembre 21, 2023

Cinco poemas de Berta García Faet


Niños que roban / situacionismo teen

Cuando eras pre-adolescente
tu alias para el Messenger era NOVALIS
(el poeta alemán del primer romanticismo,
el de En las húmedas fresas que brotan de lo oscuro).

Cuando yo tenía trece cadetes años
me hacía llamar KENZA
(Kenza: la muchacha marroquí que me gustó un verano).

Ya adultos, ya tenebrosamente adultos,
nos hemos confesado lo que en su día fue inconfesable,

y nos hemos reído fantaseando con un encuentro transhistórico
entre un Novalis que se escapa de casa para ver a una novia
y una Kenza que salva al mundo con pancartas en árabe
gracias a diccionarios online que no conjugan.

Diez años después, ya mal que bien adultos,
decimos por primera vez que somos mal que bien adultos,
y nos hemos confesado lo que en su día fue inconfesable:

abrazamos al Yo del Ser-Amado-Cuando-Era-Tierno-Púber
De-Hombros-Desiguales-Y-Exaltación-Dramática,
tan lejos de sí que se siente su Tú:
¡con qué facilidad tan inconsciente
--casi dan ganas de insultarnos--
nos exponíamos!

Abrazamos al Yo-Tú, sin embargo, de cerca:
un destello
simétrico, y otro, y otro, asimétrico.

La idea es que esto no ha acabado:
diez años después de este poema,
quién sabe qué nombres habremos usurpado
para nombrar lo mismito.







Gatito vámonos pa'el siglo trece
pa'que mi bokella rece

pa'que se despierte
el brazo del santito y me peine

los cabellos pa'bajarme
de los cerros de mis penas
y me vengue


gatito vámonos pa'el siglo trece
pa'que mi bokella rece

pa'que su diente le pida a la virgencita
de las ratoncelas
un salto de gata
una torre pa'tirarme
los cabellos pa'bajarme
y por ellos deslizarme
como niebla
y relente


gatito vámonos pa'el siglo trece
trece maravedíes
trece gatitos
trece preguntas pa'que mi bokella rece
y por la girola veo que se mece
el deambuleo
de mi ronroneo
y veó que mi bokella crece

pa'que se despierte
una fe y su crisis y me peine

pa'que se despierte
una fe y su crisis y me lleve

de la mano
aún sangrando del santito y me peine

los cabellos pa'bajarme
los cabellos pa'bajarme
no sé a dónde
y me vengue


gatito vámonos pa'el siglo trece
pa'que mi bokella rece un blús

pa'que se despierte el tú
de la sangre de mi hambre y me peine

un salto de gata
una ratoncela pa'mi alma
una torre pa'tirar por áhi mis cabelluelos
y bajarme y deslizarme en los colores déllos
blús
como niebla y relente y que me vengue
ya sin aire
no sé adónde
quién o qué no lo sé p'ro que me vengue

el blús sabrá

dios proveerá

niebla o quizás


el blús sabrá

dios volverá

pa'que mi bokella rece
su rocío de una noche
y que undíaunsiglohoy me encuentre

dios volverá
pa'que mi bokella rece







Oye qué edad tienes? Pareces una mujer

oye qué edad tienes? pareces una mujer

soy una o dos mujeres
de pinchosas piruetas

deseas cuerpos? cabellos negros? renglones
esbeltos
suculentos?
frutas
redundantemente sexuales?

la excursionista
festecha a mi llevadadelamano cruz
que, por estrecheces que han sufrido sus exuberancias
y por rara y por nerd,
quiere ser atea y los domingos
habla de los sábados
             porque el tiempo, que preocupaba a ricoeur,
es más raro que un perro verde,
que un perro verde chartreuse

mis saludos holaaa eooo holaaa ilusionados
ventanamente como la felicidad
se encaraman al derrame;
porque siempre digo "holaaa" cuando nazco
y siempre digo "a pasar buena noche, familia"

oye qué edad tienes? pareces un corcel

soy uno o dos corceles
y una centaurea

soy la excursión soy la fiesta

deseas movimiento?

what can you do with your own historicity
baby
and what can you do with mine?

sí, deseo

la menta piperita
mar rosa
el cauro, que el cauro hincha mi corazón

señoritas divinas
siempre con novio...!
y hombres con pecas y un suéter...!

palabras claroscuras

huir por (a causa de) la lluvia
por (a través de) la lluvia







Casa giratoria

en el mundo normal
para girar
necesitarías
un eje

pero en el mundo de paul klee y del color coral
las casas giratorias
no tienen eje
tienen perfume

tienen razón los perfumes y yo soy la chica de las pitayas
recorro la ciudad buscando pitayas
no tengo eje

cazo pitayas acumulo pitayas
las almaceno en el zaquizamí de la casa giratoria
del mundo de paul klee
no tengo eje
tengo añicos de perfume

vivo como bandida
salteadora de caminos
no giro sobre mi eje
giro sobre mi limbo
giro
sobre mi filo
vivo
en el zaquizamí
de la casa giratoria en el mundo de paul klee
y de la fe

tienen razón los perfumes y yo soy la chica de las pitayas
y el giro es un amago de magia
el color es una puerta

el sol parnasiano de paul klee
que es el sol impresionista de claude monet
es el sol que vine a ver
y me quedé

amanezco, existo y anochezco en el zaquizamí
de la casa giratoria
en el mundo de paul klee
acabo exhausta después de rodar por la ciudad
como esférica sed
buscando puertas

en el mundo normal
para girar
necesitarías
un eje

pero yo soy una bandida de ejes
y vosotros salteáis los caminos
y yo soy una ladrona de ejes
y vosotros sois bellos: abrid las puertas

tienen razón los perfumes y yo soy la chica de las pitayas
no sé si tengo alma

y no sé qué hago
en el zaquizamí acaparando pitayas
espolvoreando pitayas con añicos de perfume

y no sé qué hago
y no sé qué hago en el mundo normal
y no sé qué hago
y no sé qué hago en el mundo







Novela del cura y la señorita (fragmento)

8

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
"estoy en el centro" y que qué pena

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no sé regatear un balón sólo encalarlo
en la iglesia adyacente
al patio
del recreo y que qué pena

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no logro sostener entre mis manos
el largo aliento de la perla y que qué pena

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no soy lo suficientemente sufí
ni maleante
no me aceptan
en el grupito esos niños
porque no hago trizas ni las perlas ni las vidrieras

a la pregunta de por qué no escribo novela
respondo
no soy una trompeta ojalá lo fuera y fuera
comparada
a la risa de los niños
malos después de armar alguna
metáfora o armar alguna
buena
. . . .
. . . .







Berta García Faet
Corazonada
La Bella Versovia, 2023

martes, noviembre 14, 2023

Cuatro poemas de Xitlalitl Rodríguez Mendoza


Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío
Juan Gelman

Mi camino es el mismo que el del panadero
el del afilador
el de la secretaria
y ahora me lleva
a la tarde.
Harto ya
seguramente
de mi croar sin rumbo
un día me llevó
a un supermercado.
Allí estaba Juan Gelman
sosteniendo un frasquito
transparente
como el mal que estaba a punto
de quebrarle el cuerpo.
Con la voz rota
de quien ha practicado
su debut en el Bar Chapala
y lo arruinó, le dije
Maestro.
Él sonrió y me preguntó:
¿Vos también escribís?
El lugar estaba a reventar de huesos.
Una lágrima arrojada al escenario
dio las gracias
y ambas salimos corriendo
a alcanzar el camino,
quien se quedó mirando
hacia la noche
mientras pensaba y a ésta
qué mosca le picó.





Resulta que al vidrio le ha dado
por amarme.
Un día estuve en una calle de Berlín.
Al transitarla, una ventana
estalló como un fresno de lluvia
sobre mi cabeza.
Me sentí bendecida.
Hágase en mí
según tu palabra.
Yo venía de haber tirado
una lámpara de lava
en una juguetería.
Contra todo pronóstico
el tubo explotó
en la alfombra
y compradores
y empleados
se incendiaron un momento
como si nunca
se hubiera quebrado algo
en Alemania.
Yo los vi, divertida,
y pagué, menos divertida,
16 euros con las manos
astilladas por los copos
de la tarde.
Geraldine metió la Luna
a un barecito y la estrelló
contra el techo,
nos devolvió algo
de su cara oculta.
Cuando volví a casa,
los 126 tragaluces protestaron
y descendió
su aliento de nube
condensada
como granizo
en mi escritorio.
Incluso dejaron
una hiedra
suspendida.
Hoy rompí la pantalla
del celular al tirarla
sobre la banqueta.
Dio en un punto
estratégico.
La foto donde salimos
tú y yo haciendo radio
parece de pronto vieja
y doblada
y a punto
de desaparecer
como si estuviéramos
transmitiendo
con voz rota
la noticia sobre
un satélite
que explotó
tras su despegue,
pero en realidad
esa imagen
sigue intacta a diferencia
del Centenario.





Constelaciones familiares

A Joven Club Werther y HCAN

Mamá sala la comida
con granos de mar en forma de cruz
para bendecirla.
Papá le amarra pañuelos rojos
a los árboles frutales
para que no se eclipsen.
La abuela
reza padres nuestros
como tiempo de cocción.
Mi tía D
tapa su vaso de unicel
para no beberse
el espíritu
de sus primas,
las monjas.
El sacristán de la parroquia
se emborracha
con vino de consagrar.

H es
colaboracionista
de los duendes:
les siembra monedas
en los helechos
y les sirve agua
en tapas de garrafón;
evita usar ropa con bolsillos.

El pozo del patio
echa lumbre
por las noches
y enciende
el cigarro que alguien volteó
en el rincón más oscuro
de la cajetilla
junto a un deseo mal perfilado,
mientras se consumía
          solo
en el humo concéntrico
de la solastalgia,
ahogado bajo esa ola de espuma solar
que nos mira morir
abrazados
a la tierra
sin ningún ritual
escuela
o divisa que valga.





Ablar komo eskribimos.
Eskribir como ablamos.
Alberto M. Brambila, director del
Orto-gráfiko y tío de Velvet Brambila

Kerida Belbet,
fue tu tío kien lo dijo
pero tú lo sabes mejor ke nadie:
eredaste esa virtud
i la música.
Toka algo en lo ke ago
llin and toniks.
O pongo Oeisis,
Alanis, De Kranberris...
tú eskoje.
Si de algo importa,
llo también creo ke abría
ke serle kaso.
Aora todos disen que lo choteamos,
ke lo kemamos.
Ke sólo ellos podían aserlo:
berlo, apresiarlo.
Pero, kerida, cuántas beses
emos pasado tarde i tarde
entre el umo apretado
de un futuro ke se insendia
ablando
ablando
ablando
al sentro de una mesita blanka
ke recién pintaste
y ke flota al borde
komo una perla apenas
sumerjida
o komo eskirla del último tablón
sin rumbo ni biento
ke espera bolar igual
ke esas ojas
en los puestos de periódiko:
las kosas komo son.
Kuántas beses no emos kaído
de risa
o de miedo
o de un dolor
mui grande
asta doblarnos
sin poder
respirar
porke
ni modo ke no
si somos
bien chistosas.





Xitlalitl Rodríguez Mendoza
Poesía morosa. Prositas de amor contra el SAT
Ícaro Ediciones, 2022

martes, noviembre 07, 2023

Seis poemas de Rafael-José Díaz

No sueles llevar zapatos adecuados, pues nunca sales a nada en concreto, y cuando, sin querer, a medida que la visión se reduce con el anochecer, hundes el mocasín o el náutico en el fango, sientes cómo te sube por el cuerpo una sensación viscosa, como si no fueran únicamente el pie y el zapato lo que se te ha hundido en el fango, sino el cuerpo entero, incluso las partes medulares del cuerpo, que se estremecen entonces con una mezcla de gozo y repugnancia, dando paso a un estado de ánimo idóneo para el proceso de seguir avanzando hacia el interior del bosque a través de los surcos dejados en el suelo encharcado por un vehículo que salió acaso huyendo de una emboscada, un derrumbe, una alucinación.





La tarde colgaba allí de las ramas como si fuera un juego de abalorios. Abalorios de color esmeralda, bisutería de moho que se retorcía entre los aparatosos ramajes y que tintineaba cuando pasaba una de esas ráfagas que nos estremecían y nos hacían subirnos los cuellos de los suéteres. Era una tarde de fantasía, una tarde dentro de un cofre, una tarde que había sido sacada de un cofre escondido dentro de un baúl, bajo un juego limpísimo de sábanas, un baúl arrinconado en un trastero al que nadie subía, y allí estábamos nosotros, flotando entre los ramajes que, como colgajos de la tarde, brillaban de un modo casi imperceptible, pues eran tantas las capas y los cierres y las puertas que los habían preservado desde hacía tanto tiempo que llegar hasta el corazón de todo aquello resultaba casi imposible.





En este paisaje mental podrías deshacerte de gran parte de lo que fuiste. Lo que fuiste y no necesitas. Lo que fuiste y no sabes. Lo que fuiste y no cede. Lo que fuiste y no fuiste. Podrías traer a este vertedero situado en lo alto de una montaña los cachivaches que abarrotan una memoria abrumadoramente desintegrada. En cada partícula, en cada fragmento de partícula, se acumulan piezas inservibles que fueron depositadas allí quizá con la esperanza de reconstruir algún día una armazón que sostuviera el nuevo cuerpo que nunca se formó, la memoria futura de lo que ibas a ser y no necesitabas. Lo que ibas a ser y no sabías. Lo que ibas a ser y no cedió. Lo que ibas a ser y no fuiste. Este paisaje mental es el lugar perfecto para abandonarlo todo. Aquí pueden pudrirse juntos, irrecuperables, lo que fuiste y lo que ibas a ser.





Desciende, a lo lejos, un avión hacia la pista de aterrizaje. Lo miramos un momento entre las aberturas que dejan los árboles entre las partes más altas de sus copas y creemos poder tocarlo con las manos. Pero las manos están ocupadas. Mientras la mirada se despliega un instante en dirección al cielo atravesado por el aeroplano, las manos trabajan silenciosas en rebajar tensiones, anudar nudillos, tejer lazos fugaces, excitar zonas erógenas. En el barro y en el cielo todo es igual de efímero, y lo mismo que una vez que el avión pose sus ruedas en la pista el vuelo habrá terminado, las manos obrarán el final del deseo en cuanto el orgasmo deposite sus fluidos excitantes en la piel tersa del vientre o de los muslos.





Los troncos cortados surgen como setas gigantescas en medio del bosque. No es fácil imaginar por qué los cortan, casi a ras del suelo. Por qué esos árboles ya no están y otros muchos sí. Son como huellas de pisadas, pero al revés: como si alguien pisara desde el interior de la tierra y esas plataformas fueran la revelación de un mundo sumergido e inverso al nuestro. Son los rastros del vértigo de quien camina debajo de nosotros y se hunde en el barro dócil y se tambalea. Pisadas de gigantes ctónicos que afloran en el bosque por el que nosotros, seres minúsculos, revoloteamos como mariposas sin alas. Entre las grietas de esos troncos cortados anidan los milpiés y, si nos limpiamos el barro del calzado en el filo de la corteza, se enroscan histéricos en una espiral. Al cabo de unos segundos, se desenroscan y surcan el barro dejado sobre el tronco.





Todas las veces que fuiste recordaste aquella primera, cuando aún no conocías la montaña y llegaste a ella como se llega a los sitios que de verdad importan, por un golpe de azar, en una compañía fortuita, una noche cuyo recuerdo apenas dibuja el vaho de unos cuerpos en el cristal de un coche y las luces repartidas por la llanura allá abajo. Desde ese día, sin saberlo, algo te vinculó a la montaña, pero, como si supieras que el futuro te depararía momentos no siempre tan gratificantes como aquel, te alejaste de ella, la olvidaste, encapsulaste aquel instante de comunión con el vaho y el cristal, igual que otros muchos recuerdos encapsulados e inservibles, como si lo arrojaras a un vertedero. Sin embargo, conservó algún tipo de luz invisible que irradiaba a lo lejos, cuando pasabas por la carretera que bordea la montaña y, al mirar hacia arriba, sentías la punzada de un nombre borrado, un cuerpo olvidado, el vaho en el cristal.





Rafael-José Díaz
La montaña de barro
El sastre de Apollinaire, 2023

sábado, octubre 28, 2023

Tres poemas de Paula Jiménez España

El viaje

En la selva, esa noche
había tomado el jugo de una planta
más amargo que el vino y concentrado
como una medicina o un veneno
y al rato de beber, supe
que era yo la que trepaba ante mis ojos
mientras otros cantaban
que era yo
la que subía como una enredadera
por el tronco de un árbol
y era yo la que después bajaba
y más tarde subía
todas las veces necesarias, o sea
durante el tiempo total de mi vida.
Es difícil contarles
el empeño con que abrazaba esa corteza
clavándole las uñas que la descascaraban.
Mis garras eran fuertes como las de los gatos
pero al caer me hice liviana, y repté
sedosa por la tierra.
Era la madrugada
cuando cedió su efecto esa bebida
y me dormí.
Por muchos días
las imágenes de aquella noche
quedaron en mi corazón
lo hicieron dulce como los duraznos
que brotan en la rama y se deshacen
en la boca sagrada de la vida
después de cada invierno.





Música

En un cartón pintado
hacía sonar las negras
y las blancas del piano
bajo la sombra
de un olivo, por un rato
olvidado
del estruondoso cielo
de la guerra. En las cajas
de los parlantes viejos
del cine de mi pueblo
vibraba la canción
de los dos gallos que decía
si es que yo miento
que el cantar que yo canto
lo borre el viento.
Del otro lado
de sus párpados fruncidos
el camarada
imaginaba un teatro lleno,
la emoción en las caras
de la gente, el calor
de los aplausos.
Tu milagro
se le parece, hija.
Para mí también sos ese pianista
que en estos días amargos
del claustro me hace libre
con un pequeño, extraordinario
xilofón de juguete.





Librería El sol

¿Quién, además de mí,
te está extrañando?
Si Franchko ahora con vos
baila la polka en el salón
de los ancestros varsovianos.
¿Te habrá llamado
Vilma? ¿Te habrá dicho
cuando te vio llegar Hermana
no lamentes el mundo que dejaste?
En medio de la guerra, partisanos
como peces pegados a la proa
huyeron de las orcas del Atlántico
y en el vaivén del agua,
respiraron
una marca de lápiz
en el mapa. Se llamaba Caseros
la tierra prometida, en honor
a la batalla que acabó
en el exilio de Juan Manuel de Rosas
(se fue derecho
al continente donde ustedes
nacieron en los años
de la desgracia ardiente, como estos).
Pero era un barrio: un barrio.
Una esquina estratégica
donde ofertar cuadernos
a los chicos que entraban a la escuela.
Yo te recuerdo a vos, muñeca eslava
y lo recuerdo a Franchko, con su gesto
de mesura y simultánea simpatía
hablando en voz bajita del trazado
de un Faber o un Staedtler
con la paciencia lunga de la gente
que se la pasa
bien con su trabajo. Del otro lado
del mostrador vidriado de Librería El sol
un universo vasto de compases, escuadras,
portaminas y un microscopio negro
que me hizo dudar la vocación
cuando junté moneda tras moneda
y lo llevé a mi casa.
¿Y quién de ustedes dos
sera que me vendió la pluma Scheaffer
esa tarde de muerte de tan fría
para que asome
su rayito de tinta en el renglón
una poesía?





Paula Jiménez España
El cielo de Tushita
Salta el Pez, 2022

sábado, octubre 21, 2023

Cuatro poemas de Daniel Bencomo

Nuevas condiciones para el aterrizaje

La saliva del dragón de Komodo
el neón de la bacteria
en la mordida
en la saliva
del dragón de Komodo
no mata.

Es un mito.
La mordida desgarra
puede carburar como sierra.

La fuerza del veneno
explota bajo el ruido
de un helicóptero de emergencias.

Invade los ojos
con su iris movedizo.





Las áreas de descanso en la cabeza de Gamoneda

Yeguas fecundas en la fosforescencia.
Yeguas de un azul muy óseo.

En otra falla de intensidad.
En la señal de alarma.

¿Es un colmillo magenta
o un láser que reta al láser alfa
para robarle su sitio?

Yeguas fecundas en la fosforescencia.
Yeguas abiertas por lo alcalino inminente.

De cabo a cabo de su relincho.

En la señal que todo el edificio roba.

La crin de una lluvia
de alta radioactividad.





Northern Lights

Se trata de grabar este canto
por medios digitales o mnemotécnicos
como un fuselaje varado
en el desierto de Sonora:
¿Cómo se hilvana el sonido
más allá
de su reparar por el tímpano?

Hay marabuntas
sobre el límite sanguíneo
del horizonte del cuerpo
y mucho sahuaro
bajo el sol de la memoria.

El equipo de producción
ha caído en un trance
y apenas queda el recurso
de un motor de emergencia:
yo y el lenguaje entran a escena
uno y otro consagrados
a la luz que desciende
de una toma POV.

Doblemos versos mientras tanto
como origamis de animales extintos.
Un píxel del objeto se disloca: migrantes,
coyotes, percusiones, ocultas mercancías
reconfiguran el montaje.





Ojo sin faro

Vivo al pie de este cerro
que es una copia pirata de Mullholland Drive.

La casaca de un equipo de ligas inferiores
cuelga al sol desde hace días.

Jugamos en segunda
dimensión del ojo
todos los domingos:

una pupila sin faro, en fornicio consigo
como un radar que emana
y detecta
a las ratas que silban, sibilas
más allá de la publicidad.





Daniel Bencomo
Komodo
Herring Publishers, 2023

sábado, octubre 14, 2023

Cinco poemas de Leandro Llull

Azul, fugaz, marina

Y si tuvieras que elegir
entre la mariposa y su sombra,
¿a cuál atraparías?

La primera
blanda y pesada, de seda
se desliza entre las olas del limonero,

la otra
nada en las paredes,
azul, fugaz, marina;

son alas de dos mundos,
planos agitados ante vos al mediodía

como si la noche
pudiera estar y no verse.





Bandada

Había llovido.

Yo miraba la bandada
retorcerse y expandirse
como una bandera
en las cintas de azul profundo.

Veía, negras, las palabras
volar desde tu voz
en el silencio.





Calistemo

Era primavera. Yo leía
bajo el calistemo y él
soltaba sobre mí
una cascada de semillas.

Todo ocurría tan rápido
dentro de esa lluvia,
que me sentía latiendo
en el cuerpo de un haiku.

Las largas cortinas del árbol
todavía velan la sombra
del hombre-pájaro en su jaula.





Derrumbe en el club de pescadores

Íbamos a ver los atardeceres, la luna blanca
como una madonna en el cielo celeste,
el humo ascendiendo con su velo.

Vi las mesas, los bancos partidos
como una campana, escuché tu voz.

Todo eso
que se había perdido entre los años
y ya era irremediable.





Baño de luna

Fue salir al patio con la perra
y ver detrás de la pared
la sombra blanca inundando
el damero de baldosas.

Podríamos haber dicho «es la luna»,
su gran círculo encaramado en el cielo,
pero lo que había era una sábana
liviana como la de los cuerpos que se salvan

y no queríamos pisarla.





Leandro Llull
Luna del cazador
Bajo la Luna, 2023

sábado, octubre 07, 2023

Tres poemas de Andrea Alzati

Tinnitus

tengo una duda enorme
una segunda cabeza junto a la cabeza
una duda que silba y ruge y resopla adentro en mi oído
mi duda suena como agua corriendo
o el sonido del mar dentro de una concha marina es mi duda

a la hora de comer alimento dos bocas
la mía con una fila de dientes arriba y abajo
y la boca de mi duda hambrienta
diez filas de dientes arriba
diez filas de dientes abajo

a la hora de salir, un sombrero para mi cabeza
y para mi duda uno de copa que le cubra la frente
con su grandísimo y pronunciado ceño fruncido
y que todas sus orejas
con las que me escucha decir mis palabras
tintineo cascabel miniatura
queden a resguardo del sol





Cosecha de una osamenta
(3. Voz en off)

hambre desinteresada
en recoger moras salvajes
otoño en un país frío
y comerlas mirando un cielo ajeno
oyendo una lengua sonido solamente

hambre exacta
la tabla y el cuchillo sobre la mesa
para picar una manzana, cortes precisos
y comerla mirando la íntima pared de la cocina
oyendo plegarias en lengua materna

hambre acontecimiento
un higo tomado de la higuera única
se espera en ritual su madurez durante días
el higo es en sí mismo una plegaria
concédeme tener hambre al momento de comerte

hambre prescindible
una bolsa de plástico con un kilo de manzanas importadas
brillan pulcras en los estantes del supermercado
hambre de tenis de goma y agujetas nuevas





Cosecha de una osamenta
(Interior - Cuerpo. Día)

ahí adentro en mi corazón
mi esqueleto blanco
purísimo de once años
monta una bicicleta color púrpura
frente a un cielo azul mezclilla

da vueltas mi esqueleto de once años,
montado en una bicicleta color púrpura,
da vueltas alrededor de mi esqueleto de veintiún años

mi esqueleto blanco
purísimo de veintiún años
pela un huevo duro
mientras mira a mi esqueleto de once años
dar vueltas a su alrededor
montado sobre una bicicleta púrpura

los pedazos de cascarón caen a los pies de todos mis esqueletos





Andrea Alzati
Recen por mí
Dharma Books, 2023

jueves, septiembre 21, 2023

Tres poemas de Alan Talevi

Juego de pelota maya

la Copa América termina:
Messi erró su penal
pasan generaciones
se diluye la sangre
chirla aguachenta

el equipo ganador
camina al sacrificio. Todos sonríen: serán
punto de luz en un cielo regado.

Tu semilla falló, la sangre
está aguada y no
te hiciste estrella ni hay para vos
parcela en el cielo.

Fue el último partido de la Copa
los mayas llamaban al rey
"hombre verdadero".
No hay estrella sin nombre y Messi
erró el penal





Presagio

Agarra la botella de fernet
que anoche trajeron sus amigas
y se va a casa de los padres.

Vista a trasluz
la superficie del líquido en el vaso
forma un anillo de azafrán
como una alianza
que se encuentra o se pierde
según el ángulo de la luz con que se mira





Loop

Te habían echado del trabajo.
Mirábamos vidrieras
preguntábamos precios
-ropa, juguetes-
todo era caro, exiguo y potente.
En la panza llevabas una niña.
Le hice una lista de canciones, ¿te acordás?

Nunca lo dije:
cuando me asomaba al futuro nos veía a los tres bailando.
Ella tenía tu pelo turco,
los mismos densos bucles
en tirabuzón de cuando te conocí
y por primera vez yo
no era yo y bailaba
entregado, sin vergüenza.





Alan Talevi
Histéresis
Hemisferio Derecho Ediciones, 2022

jueves, septiembre 14, 2023

Dos poemas de Ósip Mandelstam


Se me dio un cuerpo – ¿quién
me dice para qué? Es sólo mío, sólo él.

La alegría apacible: poder respirar, vivir.
¿A quién darle las gracias?

Debo ser el jardinero, debo ser también la flor.
Aquí en el calabozo del mundo no estoy solo.

El cristal de la eternidad exhala
mi aliento, mi calor.

El dibujo en el cristal, la letra:
no la lees, no la reconoces.

Aunque el vaho desaparezca pronto,
el delicado dibujo permanece.

1909

[Traducción de Patricia Gola a partir de la versión en alemán de Paul Celan]





Se me dio un cuerpo – ¿qué hacer
con él, tan entero y tan mío?

¿A quién agradecer, díganme,
por la apacible alegría de respirar y vivir?

Soy el jardinero y soy también la flor,
en el calabozo del mundo no estoy solo.

Sobre el cristal de la eternidad
se ha posado mi aliento, mi calor.

Impreso sobre él queda el trazo,
hoy ya irreconocible.

Que corra el lodo del momento,
el trazo amado no será suprimido.

1909

[Traducción de Patricia Gola y Mariya Nikíforova a partir del poema original en ruso]





El paso de los caballos, lento, medido,
luz de faroles, no mucha.
Me conducen extraños. Bien saben
a dónde, a qué destino.

Soy cuidado, estoy a gusto,
trato de dormir, me congelo.
Hacia el haz de luz, hacia la estrella
giran – ¡cómo suena!

La cabeza se mueve, la siento arder.
La mano extraña, su hielo suave.
Allí la oscura silueta, los pinos,
de los que nada sé.

1911

[Traducción de Patricia Gola a partir de la versión en alemán de Paul Celan]





¡Qué lentos van los caballos,
qué poco fuego en los faroles!
Gente extraña sin duda sabe
hacia dónde me lleva.

Y yo me confío a sus cuidados.
Tengo frío, quiero dormir;
una sacudida al momento de doblar
me lanza al rayo de una estrella.

El balanceo de la cabeza caliente
y el tierno hielo de una mano ajena,
la silueta de los oscuros pinos,
nunca antes vistos por mí.

1911

[Traducción de Patricia Gola y Mariya Nikíforova a partir del poema original en ruso]





Envíos
Ósip Mandelstam
Edición trilingüe
Traducción del ruso al alemán: Paul Celan
Traducción del alemán al español: Patricia Gola
Traducción del ruso al español: Patricia Gola y Mariya Nikíforova
Alción, 2022

jueves, septiembre 07, 2023

Dos poemas de Alfonso D'Aquino

Cifra

Dos alacranes / dentro de un frasco / giran en vano
sin encontrarse

Cuando oscurece / se desperezan / cruzan el cuerpo
sus pinzas prensan

Punza su prisa / sus candelabros / iluminados
rayan el vidrio

Tienen doblados / los aguijones / fingen que duermen
lo que no comen

Un sello negro / rubrica el vidrio / el otro es fuego
de rojos cirios

Entrelazada / cruz de venenos / de animal ciego
y alacrán güero

Brilla la luna / dentro del frasco / fina escritura
de torvos rasgos





Plantas carnívoras

...the seely fly...
Thom Gunn

I

Hablamos de las plantas insectívoras carnívoras
Silene muscipula comemoscas
Más pensadas que vistas mas deseadas
Dioneas de dobles hojas y cuatro labios rojos
Más soñadas que vistas mas deseadas
Nepentas o trompetas que me llaman del fondo de la sombra falsas mentas

En cada lóbulo del limbo una fila de denticulaciones agudas
Droseras de miel aceda y agrio rocío
Y en su cara superior pelos secretores siempre verdes
La materia viscosa sombría disuelve en los labios la mosca mentida
Más deseada que vista presentida

Lenta dulce mente dulce menta dulce muerte



II

Ve los ansiosos movimientos de la mosca
en torno de la flor
y el giro voluptuoso de su imagen
antes de su precipitación inminente
en el agua mortal
de la translúcida copa de la nepenta

Como una diminuta perra en brama
entre los labios violáceos de una hoja
atraída por el néctar producido por la planta
y la embriaguez en la que cae una tras otra

Ve su prisa malsana
esa ansiedad de insecto por morir disolviéndose
entre los labios de la flor vibrante

Ya en el abismo mismo de su cáliz
desde antes de caer
                                 su sombra dentro
su silueta lenta
y en sus alas inmóviles
                                       ese brillo inefable
en el que se deleita



III

Oscuras plantas que emiten reflejos destellantes

Drosera pinguicula
hojas que atraen a sus víctimas
con la revelación de su naturaleza divina

Sarracenia purpurea en la belleza
sutil efluvio de una música embriagante
de acordes ominosos y ritmos opresivos
que desatan el baile

                                  En ellas rezuma
un fuego subterráneo
convertido en íntimo rocío
que atrae a estas bestias minúsculas
al pantano del sueño y el olvido

Y los salvajes insectos
                                     en el pálido verde de las hojas
luchan contra su sombra
y la devoran

                      En el pétalo que sabe
la mosca se sabe mosca



IIII

A flor de flor
la mosca labio a labio
se disuelve

Y en la piel de la flor
las patas se le pegan forcejea
se yergue
                abre y cierra los párpados
cae de espaldas
                         se pierde

Y en la piel de la flor
alas sueltas y uñas
restan signos y rastros
y enceguecidamente
sobresalta
                 y su cabeza rota
cae
         al ver-
de ensueño
del inframundo verde



V

Esta es
la colección de
insectos
              de cada día

Al interior de las flores
de rocío
              las moscas
de lirio

Siniestros
                 caracteres
a lo largo del tallo
donde la dulzura
                            del animal
y la crueldad
de la translúcida flor
otorgan flexión
y movimiento
                        a cada rasgo

Nitrógeno nutriente
uña a uña
                los ojos
tras el vaso
diente en diente





Alfonso D'Aquino
Nostalgia de Sirio
Ediciones Odradek, 2023

lunes, agosto 07, 2023

Cuatro improvisaciones de Arturo Carrera y Gerardo Jorge


"Con las manos vacías"

El trabajo de la historia y la gestión de la cultura adocenan, borran los desvíos, otorgan títulos e incluyen en la "marranada", jerarquizan incluso a suicidas, marginales y desertores, presentan como estrategia lo que no lo era; pero Williams escribió en una notita para Paterson que su libro era

     "una contestación al Griego y al Latín con las manos vacías".

     Presentar un poema con una expresión así, propia de una comida o de una chanza, "con las manos vacías" como quien dice "¡no vengan con las manos vacías, eh!" o "¡de acá no se va nadie con las manos vacías!", es ya un reverso de aquella política. El médico de pueblo se quejaba de las exhibiciones eruditas, del culto a la antigüedad en la poesía moderna cosmopolita, y quería más bien penetrar en qué era ser "americanos", evocar una presencia, recrear la inteligencia de una tierra brotada de poemas-flores, de asfódelos, crisantemos y cosas concretas como botellas y carretillas arrojadas sobre el campo o en el fondo de una casa.

     Como si dijéramos: plantear una concepción del poema desde la desposesión. Flores que rápido mueren, la imagen de las manos, su vacancia, nos recuerda el comienzo y también la reacción frente a algo que amamos, pero se escapa.

     Y sin embargo, más allá de todo tesoro, de toda acumulación, esas manos vacías también son capaces de incluir el mundo y la historia. Porque los cargan en los callos, en las líneas, porque lo soportan, es cierto: pero sobre todo por su franca disponibilidad:

     contestar con las manos vacías, como quien da una poesía-mano, es ser capaz por eso mismo de ir al encuentro, de asir lo que haya, de abrazar algo ignorado.





"Estética de momento límite"

Hay poemas que ofrecen su estética de momento límite; de a momentos, como sucede ahora, advertimos que estamos escribiendo en un momento límite; y que los poemas tienen algo que le falta a la lengua; tienen esa mínima parte de acción que refuerza a tientas nuestro apoderamiento de la realidad en este mundo. De manera que, con un mismo movimiento de helicoide que sube o baja o se deshace, entrega en la luz, ciegamente, imagen por imagen, eso que nos retira a cada instante del mundo: esa parte de la lengua que se exilia en el misterio de las hablas y que le falta al misterio de cada uno. Pero también nos estrella contra otro dominio del lenguaje. Ya no la "poesía" entre comillas sino su pérdida; ya no el saber sino los incontables sujetos; ya no la palabra sino su rumor en el agua:

     poética de quien disuelve su cuerpo en la lucha ultrapolítica, en el sitio poco esperanzado de la revolución y el compromiso.

     ...en un tiempo de amortajamientos, el poema nos quita las mordazas;

     en un tiempo de vendettareivindica para la poesía ese aspecto que debería volver a situarla en los fundamentos de la humanidad:

     único vínculo crítico entre el ser humano y su entorno.

     Poesía más en su acción, en su Arte de la Vida, que en su inacción de vida poética en incierta potencia: la de la literatura que se jacta de sí misma, vanidosa.

     Para cada lector, para cada adolescente de provincia, para cada perdido prójimo, ubicuo y sin embargo siempre presente, la lectura de poemas ofrece un "antes" y un "después", o lo que es más misterioso: efectos que preceden a las causas.





"Apoyar el oído,"

estar atento, disponible: pero apoyar incluso como auscultando algo, en ese punto donde la escucha deviene tacto, de tan cercana. Donde el código se pierde y a la vez se encuentra.

     De apoyar el oído se trataba. Eso decía Leónidas. Otro poeta de su galaxia, Zelarayán, decía que "salían cositas" al hacerlo: gritos, ridiculeces, creaciones del habla, objetos encontrados, condensaciones de vida en el lenguaje que son una y otra vez el material y recuerdan la relación del poema con la lengua viva, su operación sobre ella. Incluso un poeta alejado de los bares, de las calles, del idioma y del ánimo de estos, escribió que debía "conocer el habla del lugar", hablando del poeta moderno.

     Pero no la simple copia, no la imitación de rasgos característicos, no el coloquialismo ni el costumbrismo ni ningún otro "ismo", sino la atención para la maravilla del hecho social, del genio anónimo del "inventalenguas", como llamó Haroldo al pueblo. Invención sólo accesible en la mixtura, en la distorsión, en la escucha amoral y desprejuiciada.

     Apoyar, apoyar el oído, pero para escuchar ruido también, el lado vedado de la materia verbal y sonora, negado por el control y la significación, por los diques del uso y del impacto. Escuchar un tiempo, una época, un "río subterráneo", pero escuchar también el eco, el cuerpo de las palabras, su vacilar entre sentido y sonido: lo que sobra en lo que se dice y pasa.

     Y abrirse a la multiplicidad de las escuchas, a un arte de la escucha, a un repertorio de maneras de escuchar: una escucha atenta y otra "profunda" (como la que teorizó Pauline Oliveros), una escucha casual o distraída, y otra minuciosa, casi de investigación:

     oteo y entrevista, noticia y confidencia: nombres, técnicas para una recolección que responde a una pasión insistente: la curiosidad por el tesoro siempre esquivo de la historia y los sentidos.

     Y una señal más, de alerta y liberación: que no se trata sólo de hablar o decir, que no siempre se trata de las palabras "propias"; que palabras y sonidos son "segundos" y los ruidos vienen bajando por una cascada de clases, de ciudades, de migrantes, de acontecimientos y también de sílabas e historias a los que atender, por los que dejarse atravesar, para darles y darse un nuevo aliento.





"Útiles, quiero decir,

fuera de los museos", escribe John Cage sobre las obras de Joyce, Duchamp y Satie que lo han acompañado a lo largo de su vida, que no quedaron con el tiempo reducidas a la condición de "arte". "Todo el resto se ha convertido en arte", insiste, y el arte --en tanto esfera, institución o mundo separado-- no importa, porque pertenece a una mentalidad superada, a una vivencia que le ha quitado influencia y sentido.

     Quiere decir Cage que es útil el arte, o que el arte es un útil, una herramienta, porque cambia la percepción y enseña a estar atentos, y empuja a experiencias de la verdad. Es cierto: hay que abandonar la persecución de un efecto para eso, habitar un desencuadre constitutivo, que equivale a libertad para imaginar. ¿Pero no es acaso esa gratuidad, esa "suspensión" que le corresponde como al sueño, no es su operación irreductible a lo inmediato lo que permite que acciones llamadas "poesía" devengan --eventual, duraderamente-- mapas, cartas de navegación, puntos de referencia para un comportamiento, estructuras de la mirada, o incluso entretenimiento, juego en un sentido arcaico y social? En una época que parece desgarrar nuestros cuerpos, su misma inserción en el espacio, ¿no es una técnica que insiste en la presencia?

     Poema útil, entonces, poema utensilio, sacado poema de contexto para un uso "no permitido", como gran parte de nuestros géneros y técnicas del saber precisan hoy ese movimiento; poema asa, poema ariete, poema muestra pedestre de un idioma para hablar, de una sintaxis, inalámbrica técnica para reponer lo lejano. Lugar de trámite para asuntos que ningún método puede abordar, poema no igual a su condición de cosa, poema sin identidad, poema resistente a la genuina reducción instrumental del fetiche y la "autonomía", poema vehículo de un proyecto de ser.





Arturo Carrera y Gerardo Jorge
Polvera de las enciclopedias
Mansalva, 2023