sábado, julio 14, 2007

Dos poemas de José Carlos Yrigoyen

Los nombres de los que en mis brazos estuvieron
no son ya un recuerdo malo, una imagen de culpa.
Cristian. Santiago. Renzo. En el asiento trasero
del auto abandonado de aquel arenal, los esperaba
con las piernas descubiertas, con esas palabras
aprendidas de mis libros para nuestros encuentros,
dichas en voz alta, para que pudieran entenderme,
en el fondo del asiento, maquillado como un muerto.
Sus nombres ya no me producen remordimientos,
solamente la duda esa que sentimos todos,
si alguna vez fui para ellos una chica en serio.



Dime si hay despertar más terrible
que el de quien al alba se encamina tras la memoria;
cuando paseábamos por las calles abrazados,
sin inquietarnos, y esos largos besos
en una calle desierta rodeados por el brillo del mediodía
eran nuestro gran emblema de complicidad.
Pero triste es saber ya pasados esos días de placer
y ahora, desandando, reconocer estos lugares
apenas como el decorado de una despedida.



José Carlos Yrigoyen
Los días y las noches de José Carlos Yrigoyen
Álbum del Universo Bakterial, 2005.

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