martes, mayo 14, 2013

Tres poemas de Juan Carlos Flores


Ardillas

Las ardillas juegan sobre el árbol indiferentes a nosotros/ los que venimos para admirar a las ardillas/ porque necesitamos algo en qué depositar nuestra capacidad de admiración/ las ardillas juegan sobre el árbol indiferentes a nosotros/ los que venimos para admirar a las ardillas/ porque necesitamos algo en qué depositar nuestra capacidad de admiración/ sí somos hombres hermosos y somos seres deformes/ las ardillas juegan sobre el árbol indiferentes a nosotros/



Antílopes

He soñado con antílopes: sobre el plano policromático se desplazaban y eran felices y eran libres. Yo que con frecuencia tengo las atroces pesadillas de vulgar novela policíaca y escribo para hacer más tenue, más llevadero el horror de vivir, puesto que entre mis pesadillas y lo real hay un vínculo. He soñado con antílopes: sobre el plano policromático se desplazaban y eran felices y eran libres.


Patinadores

"los patinadores cruzan rápido sobre el asfalto y desaparecen con la misma velocidad con que aparecen". (las patinetas se fabrican en serie y no se diferencian las unas de las otras, las personas se fabrican según método antiguo antes del nacimiento de la industria y son muy diferentes las unas de las otras). "los patinadores cruzan rápido sobre el asfalto y desaparecen con la misma velocidad con que aparecen". (grupo, no pertenezco a ningún grupo y no me reconozco en ningún grupo, mi verdadero y único amigo es dios ausente, la sensación de soledad se haría más intensa si yo saliera a caminar y me detuviera frente a la iglesia tamaño caracol). "los patinadores cruzan rápido sobre el asfalto y desaparecen con la misma velocidad con que aparecen".



Juan Carlos Flores
Mandorla. Nueva escritura de las Américas, no. 14, 2011.

martes, mayo 07, 2013

Seis poemas de Róger Santiváñez


Primera muerte

     Mi nombre es Nenfas.
Vivo en Pachitea. Mi suegra todo el día
me dice serrano. Regreso de traer algarroba
y ella me grita serrano.

     Esta tarde
frente a un viejo algarrobo donde a veces
lloro mi desdicha o me alegro el corazón
con las soñas y los chilalos diré déjame
algarrobo tu sombra para que yo pueda
colgarme tranquilo y ya no me digan más
serrano y me verá róger santiváñez
a los 12 años y 13 años después él cantará
con la soledad que yo le entregué
esa noche de verano cuando me vio ahorcado
y en la arena aún correteaban
las iguanas.



Diabla García

La chica más linda. No puedo recordar su nombre pero sí su uniforme del Lourdes, azul profundo y la insignia dorada, igual a su pelo adolescente. Belleza de una muchacha a los quince años, al costado de mi casa. Contemplarla subiendo al ómnibus de su colegio, guardar cada una de sus frases -piezas de oro- en el fulgor de un atardecer en los vidrios de Santa Isabel. Vivía ella en su reino de pureza e inocencia, antes de la Reforma Agraria. Reinaba con la suave delicadeza de quien se sabe perfecta. En malla negra -a la vera del jardín- despachaba a su pretendientes, jóvenes audaces con los ojos verdes. Hubo sábados de rock y muchachos convertidos en Jim Morrison para ella. Recuerdo a Gonzalo Higueras deslumbrando con una blanca guitarra eléctrica, la noche más bacán de la última primavera. La ola instantánea de la Reforma clausuró ese paraíso. Sentí la pena en el corazón de mi vecina. Su hermosura inasible -ansiedad de los conquistadores- marchó a la Argentina. Piura perdió su prístina tersura intocada. Yo era un niño todavía/todavía la recuerdo: coqueta y esquiva. No se la agarró nadie.



Las cosas

Cuando pasa el botellero gritando
por los objetos que recoge, yo
vengo a sentarme en el garage.
Desde allí imagino el fuego en
la plancha de carbón de antaño.
Era bonita en la antesala
de la puerta del postigo.
¿En qué tarde como ésta
fue a perderse en el olvido?
Las cosas de mi madre, budas,
elefantes, y el aroma del jazmín.
Su espíritu reina todavía
entre los muebles de esta casa
y es su música Regresa, Only you
un éxtasis de viento en su jardín.



La lata china

Aún conserva el fino aroma del té.
Increíble su constancia en una esquina
de la vieja cocina de mi madre.
A través de los años y los viajes
la he visto inmóvil en su sitio,
encima del lejano aparador
en la casa de Junín 381, muerta
niñez y pubertad infinita aquí
en Santa Isabel de nuevo la alacena,
el lavadero y la esquina con su lata.
Nadie la usa. Olvidada permanece y
es roja y es negra y es dorada.
La miro diariamente y no entiendo
qué hace allí embadurnada de tiempo.
No he podido tocarla, quizá si la abro
brote un genio oriental
el espíritu de este fino atardecer,
su dueña original.



Alejandro / el tío

Alguna vez lo vi en una esquina
alto y su uniforme
                             Los ojos azules me llevaron
a estadios brillantes
                                Sorbía un vaso de cerveza
me buscaba palabras en el diccionario
                                                             o reíamos

Su bondad limpió mi corazón
largas temporadas con nosotros
viejos atardeceres melancólicos
                                                   y compartió mi soledad
Gran belleza y en sus
rudas manos acariciando
                                        cantaba la chiroca

En la mañana fue adelgazando
                                                 sobrio, duro
(Los pasillos de los hospitales son tan fríos)
Se lo llevaron
                           Aprendí
que los geranios habían sido regados por él.



Eucaristía (fragmento)

Sólo para tu carita de estambre que se
Revienta en millares de hojas esparcidas
Extraños sueños siniestros

Me hicieron doler pero reconocer que
El dolor político no es otro tema de
Mi canción nunca me metí en la trinchera

Me fui hui huyendo como dijo Heraud
Aunque él sí murió por nosostros
Soy hinostroziano no creo

En las guerras no creo en nadie soy
Un lumpen maldita la hora en que hablé
Con un lumpen no soy un lumpen soy




Róger Santiváñez
Dolores Morales de Santiváñez
Hipocampo/Asalto al cielo, 2006.

domingo, abril 14, 2013

Dos poemas de Lawrence Ferlinghetti


México insurgente

En el abrasador desierto seco
        donde el sol es dios y dios traga vida
el gran dios sol desciende
        engrudando varios carteles rojos
                en paredes de adobe

y después caen
                sobre el horizonte
        "con la llamarada de un alto horno"
y los carteles se destiñen amarillos
                caen en la oscuridad
        dejando solamente sombras a fin de probar
                que una revolución más ha pasado



Manifiesto populista

Poetas, salgan de sus armarios,
abran sus ventanas, abran sus puertas,
han estado hibernando demasiado tiempo
en sus mundillos cerrados.
Desciendan, desciendan
de sus Russian Hills, de sus Telegraph Hills,
sus Beacon Hills y sus Chapel Hills,
de los Montes Análogos y de Montparnasses,
bajen de sus estribaciones y montañas,
salgas de sus tepees y de sus domos.
Los árboles siguen cayendo
y nosotros no vamos ya a los bosques.
No tenemos tiempo para sentarnos allí
mientras un hombre incendia su propia casa
para rostizar un puerco.
No más cantos de Hare Krishna
mientras arde Roma.
San Francisco se quema,
el Moscú de Mayakovsky quema
los combustibles fósiles de la vida.
La Noche y el Caballo se acercan
devorando luz, calor y fuerza
y las nubes llevan pantalones.
No son tiempos para que el artista se esconda
en las alturas, más allá, detrás de la escena,
indiferente, emparejándose las uñas,
refinándose hasta perder la existencia.
No es tiempo para nuestros pequeños juegos literarios,
no es tiempo para nuestras paranoias e hipocondrías,
no es tiempo para tener y detestar,
es tiempo sólo para la luz y el amor.
Hemos visto a las mejores cabezas de nuestra generación
desplomarse de aburrimiento
en las lecturas de poemas.
La poesía no es una sociedad secreta,
tampoco es un templo.
Las palabras secretas y los cánticos ya no sirven.
La hora de los cantos om ha terminado,
el tiempo de la intensidad ha llegado,
es tiempo de entusiasmarse y de regocijarse
del cercano fin
de la sociedad industrial,
dañina para la tierra y el hombre.
Es tiempo de mirar hacia delante
en completa posición de loto
con los ojos bien abiertos,
es tiempo ya de abrir la boca
con un nuevo discurso,
es tiempo de comunicarse con todos
los seres sensibles,
todos ustedes "Poetas de las ciudades"
colgados en museos, incuyéndome a mí,
poetas que escriben poemas acerca de la poesía,
todos ustedes poetas de lenguajes muertos y deconstruccionistas,
todos ustedes poetas de talleres
en el corazón rural de América,
ustedes los Ezra Pound caseros,
todos ustedes poetas excéntricos y alucinados,
poetas concretos pre-acentuados,
poetas cunnilingus,
todos ustedes poetas de excusados públicos
que gruñe con grafitis,
todos ustedes libertinos del metro
que nunca se han columpiado de abedules,
ustedes los maestros del haiku de aserradero
en las Siberias norteamericanas,
ustedes los irrealistas sin visión,
ustedes los superrealistas que se ocultan a sí mismos,
ustedes los visionarios de recámara,
los agitopropagandistas de clóset,
ustedes los poetas Groucho-marxistas
y camaradas de la clase acomodada
que se la pasan acostados todo el día
y hablan de la clase trabajadora proletaria,
ustedes los católicos anarquistas de la poesía,
ustedes los Montañeses Negros de la poesía,
ustedes los Brahamanes de Boston y bucólicos de Bolinas,
ustedes madres sobreprotectoras de la poesía,
ustedes los hermanos zen de la poesía,
ustedes amantes suicidas de la poesía,
ustedes profesores velludos de la poesía,
ustedes los reseñadores de la poesía
que se beben la sangre del poeta,
ustedes los Policías de la poesía:
dónde están los niños salvajes de Whitman,
dónde las grandes voces haciéndose oír
con ese sentimiento de dulzura y sublimidad,
dónde la nueva gran perspectiva,
la nueva visión del mundo,
la gran canción profética
de la inmensa tierra
y de todo lo que en ella canta,
y nuestra relación con ella.
Poetas, desciendan
una vez más a las calles del mundo
y abran los ojos y las mentes
con el antiguo regocijo visual,
aclaren su voz y hablen firmemente.
La poesía ha muerto, viva la poesía
de ojos terribles y fuerza de búfalo.
No esperan a la Revolución
o ésta se irá sin ustedes,
dejen de tartamudear y exprésense
con una nueva poesía abierta
con un nuevo recubrimiento público comunosensual
con otros niveles subjetivos
u otros niveles subversivos,
con un diapasón en el oído interno
para golpear bajo la superficie.
Canten de su propio y dulce yo
y sin embargo profieran la palabra en masa
para llevar al público
a lugares más encumbrados
que a los que otras ruedas puedan llevarlo
La poesía aún desciende de los cielos
a las calles todavía abiertas.
No se le han levantado aún barricadas,
y las calles todavía se animan de rostros,
de bellos hombres y mujeres que caminan por allí,
aún hay criaturas adorables por dondequiera,
y en los ojos de todos el secreto de todos,
aún sigue enterrado,
los hijos salvajes de Whitman aún duermen allí,
despierten y salgan a caminar al aire libre.

Febrero 1975,
San Francisco



Lawrence Ferlinghetti
Una tribu de savajes improvisando a las puertas del infierno. Antología beat.
Compilación y traducción: John Burns y Rubén Medina
Aldus, 2012.

jueves, marzo 28, 2013

El joven parco

Doch Abraxas bring' ich selten!
Hier soll meist das Fratzenhafte,
Das ein düstrer Wahnsinn schaffte,
Für das Allerhöchste gelten.


Aficionado al infierno de Dante, sucumbí hace tiempo a un ofrecimiento de José Emilio Pacheco: "un descenso a las cloacas del hampa infraliteraria" (Proceso, núm. 760). El guía era poco prometedor, ciertamente, pero nunca acaba uno de escarmentar.

El recorrido resultó algo largo y aún más tedioso. Se lo aseguro a Pacheco: ni por un instante pongo en duda que jamás le haya pedido a nadie que escriba sobre él. Asimismo --aunque sólo fuese por simplificar las cosas--, estoy dispuesto a aceptar que son exactos los demás datos de impresionante precisión que aporta en contra de dos o tres afirmaciones de José de la Colina. Pues bien, con todo ello, debo decirle a Pacheco que sus "cloacas del hampa infraliteraria" no pasaron de ser una gansada.

Pienso que, a fuerza de afanarse para desempeñar el estrafalario (y provechoso) papel que ha asumido, Pacheco perdió, hace mucho y entre otras cosas, el sentido de las proporciones. No en balde viene habitando, por años y décadas ya, un mundillo donde a los horrores innumerables de la realidad, conocidos de oídas, se suma una retórica tan sin... inhibiciones que se convierte --volveremos al asunto-- en una especie de picaresca nueva.

Cubierto por su cascarón fabricado con una listeza que nadie discute, Pacheco no está acostumbrado a ser puesto en tela de juicio. Chorreando modestia, rechaza copiosamente entrevistas, ayuna, se da golpes de pecho en singular y en plural, etc. Es de sobra sabido. Ahora bien, aunque el disfraz de víctima resulta de rigor para su imagen, sin embargo el ser tratado mal --aun en ínfima escala-- es algo que lo desconcierta, lo aloca, y ¿qué pasa? Pues que el pobrecillo --no el pobrecillo que él cultiva sino el que de veras es-- finge horrorizarse, finge hacer un esfuerzo sobrehumano --esas disculpas tan suyas--, finge como lo finge todo desde larguísimo tiempo atrás. Los espectadores, patidifusos, poco a poco van dejándose impresionar menos.

Lo que aquí escribo son exabruptos de verdulera, ya se está viendo. La razón es clara: el testimonio de la verdulera es indispensable para caracterizar de una buena vez a cierta beata negruzca que se escurre mañana y tarde frente al puesto de legumbres, con un misal henchido de paráfrasis del reverendo Cardenal y de engendros titulados "Viendo llover en Ravena después de saber que Mella usaba suspensorio". Esta grosería es asimismo conveniente a fin de que desciendan las águilas vengadoras de la izquierda, con las monsergas sabidas de sobra. Me acusarán de erigirme en juez y negar dictatorialmente derechos, cuando sólo empiezo a llamar las cosas por sus nombres. Dirán que no consigo dialectificacionalizar mi teoremática --y en efecto, ni lo intento. Hablarán mucho, mucho de odios y envidias donde no hay sino asco y más asco. Superarán al señor Taiboi, cuando denominó "placer de matar" a la elemental repulsión de quienes estamos hartos de que el boletín informativo de una especie de funeraria cursilona pase por alta literatura. En fin, ¡que los enjambres del Bien me acosen sin cuartel! Sé que son buenos chicos en el fondo, como yo. Sé también que quien con rojuelos se mete...

¿Qué me ha hecho José Emilio Pacheco? Dos cosas. La primera, lo que le hace a todo el mundo: agraviarlo con su enfermiza fascinación ante la sangre, la muerte y el horror. Pacheco simula no comprender que sus contorsiones y demagogia estomagante pueden constituir, muy directamente, ofensas e insultos, y hasta calumnias, para quienes (midiendo nuestras palabras) lo llamamos a él fariseo, confiando en que los lectores aportarán sabrosos adjetivos.

Es verdad que sólo algunas veces me asomo a su "Inventario": cuando corre por nuestras cloacas el rumor de que nuestro Prócer acaba de poner otro huevo cúbico, o cuando raramente hojeo Proceso. En tales casos, además, casi nunca acabo ninguna de esas aportaciones a la cultura; siempre encuentro refritos de obras gringas, hechos por un pasmarote.

Pero declaré que dos cosas me dolían. Diré todo. Estoy muy enojado con Pacheco porque... me ningunea. Me ninguneó gachamente en su monografía de Proceso sobre la injuria, la calumnia y la impunidá. No que esperara yo ser mencionado por mi nombre, pero, carajo... ¡siquiera algún aprecio a mi arrojo! Releamos al maestro: "Nunca en la historia del periodismo mexicano... ninguna publicación ha dedicado tres notas al intento de demoler a un libro y a su autor." Creámoslo, pues Pacheco es rico en esos tesoros de información (cuántas hemorroides padecía Juan de Dios Peza, cuántas reseñas suscitó la Oda secular guadalupana). Pacheco está repasando ataques de la cloaca infraliteraria, pero calla que desde allí, desde el semanario de Novedades, y con riesgo de mi vida, por supuesto, yo defendí a José Emilio Pacheco, pese a que, como se ve, lo aprecio poco. Es que me nació del alma: ¡dos gorilazos aporreando a un pacífico mico de noche! (Cyclopes; a Potos yo lo llamo "martucha"). Me cegó la justicia y escribí unos renglones, no por breves menos vehementes, defendiendo a Oacheco contra, cuando menos, un infundio. Al vil ataque doble del 13 de agosto del 89 siguió, el 27, mi defensa, y el Maestro, gracias a su erudición antes mencionada, lo sabe. Ni un guiño de simpatía. Mejor disolver mi despecho en un poco de historia.

En 1974 llegué a la conclusión de que consagrar, por ejemplo, una página entera a imprimir: "Aunque renazca el sol/ los días no vuelven" sólo podía significar una tomadura de pelo o una ofuscación completa del sentido del ridículo. Durante un decenio opté por lo natural, o sea olvidar la existencia de aquello. A mediados de los ochenta me cayó entre manos un librito de Pacheco que me limité a hojear --única cosa que desde entonces he logrado hacer con otros tres o cuatro suyos. Supe igualmente de la existencia de los "Inventarios". No sólo esto: fue grande mi asombro al ir descubriend que Pacheco se había transformado en una inexplicable paradigma de calidad humana, cívica y hasta literaria.

Las razones de este fenómeno, del auge de esta leyenda, no son de orden literario (bastaría con preguntar su opinión a cualquier lector en estado de inocencia). Son por fuerza razones que sólo los sociólogos, si sirvieran para algo, podrían esclarecer. Los demás, por supuesto, debemos limitarnos a admirar. No creo que Pacheco planeara en detalle su progresión. Nadie habría podido hacerlo. Sin embargo, el hecho es que, gracias a una limitación congénita de su manera de captar las cosas, gracias a la carecia de todo lo que implique flexibilidad, soltura, sonrisa, impulso, imaginación, el joven escritor, tal vez sin proponerse tanto, vio de pronto su obra literaria remolcada, como una arcaica máquina de coser de pedal, cuadrilonga y con ruedecitas, por una multitud cretina deficiente en héroes (sin los cuales la vida poco vale).

Por desabrido y relamido, Pacheco estuvo que ni pintado para el caso. Otro factor, sin embargo, fue esencial en aquella transfiguración: la izquierdosidad, por supuesto. Elemental prudencia suya, el asumirla, pero Pacheco supo magistralmente evitar un grado incómodo de compromiso, sin dejar de contentar a las bandas que arrastraban felices el oxidado cachivache de su poesía y su moralina, rumbo a la lucha final tan esperada todavía. Supo contentar y, a intervalos oportunos, propinar papirotazos de pesimismo impresionante. No hay cosa que el proletariado agradezca más -- y hace subir, de paso, el termómetro moral.

La actiud de José Emilio Pacheco fue relevando a un perito en manejar la estupidez humana (concretamente, la de cierto México en el último veintenio). Primero, un gelatinoso lamento cultillo al morir el Chegüevara (y Pacheco, casualmente en vuelo hacia Europa). Acto seguido, un gesto amargo de desencanto ante lo incorregible de la humanidad. Pausa, y una pirueta de "artista" pretendidamente deslumbrado,  a pesar de todo, por cualquier simpleza que haga murmurar a los profanos: "Él sí es sensible y profundo." Entonces, una mueca de dolor, unas palabras farfulladas con rabia: Escribo en una máquina Remington Rand... (y sí, escribía en ella; como también cobraba y cobra en dólares). Finalmente, la cómica trasposición romanoide: ¿Has visto, oh Pasíbula, la chequera de Lucio Calpurnio Bestia? (Y el profano coro: "Cuán culto, qué barbaridad.") En fin, el grotesco hecho existe. Pérez Gay tiene razón en afirmar que hay Pacheco para rato. Sólo que...

Sólo que ya no serán las cosas tan cómodas como antes. Empieza a verse claro que aquello de creer "que/ (contra la abrumadora evidencia)/ los nietos de los nietos de nuestros nietos/ conocerán la sociedad perfecta" representa un vergonzoso ardid de pícaro para dar gusto a la marxetería dominante, sin abandonar el pretendido tormento de intelectual a quien hasta lo que no prueba le hace daño. Quiere que se persuada bien la gente: mientras le bolean los zapatos en un aeropuerto internacional, Pacheco solloza por alguna iniquidad cometida en el Congo: aunque pasee, no es ningún simple turista. Quiere que nadie dude: si jamás se suma a ninguna manifestación dispersada a tiros, él puede ser excusad: es porque ayer cayó en cama al enterarse de las condiciones de vida de los andamaneses. En resumen, una existencia picaresca, de puro timo. De un género que, hoy, permite vivir bastante a gusto.

Pues bien, decíamos, ya es menos así. Hace cinco años habrían sido inconcebibles estas frases de los últimos meses (de autores y lugares distintos, y ninguna aparecida en el semanario de Novceedades): "Sus errores no sólo provienen de una cada vez más alarmante falta de autocrítica." "El 'problema', así, no es la moral sino el abuso de la moral, la moralina", "prisionero de una retórica facilona y farisaica", "sus pésimos poemas, sus discurso entre ruinas, empobrecido a fuerza de catástrofes, su falso trasfondo moral..."

Como se ve, José de la Colina no es el único que --según Pacheco y sin otro síntoma que el no soportar a Pacheco-- "aborrece la compasión por las víctimas..., la protesta contra la violencia, la miseria, la contaminación". Basta de lógicas de monja. Rechazar el modus operandi y los partos de Pacheco no por fuerza significa que seamos tan, pero de veras tan perversos.

Empieza a llover en la milpita de este Grande Hombre. Seguirá lloviendo. Cuando fallezca, en hedor de santurronidad, los discursos serán notablemente distintos de como los debió de imaginar en 1968, cuando el joven parco, ataviado de primera comunión, proclamaba que "un lapso de la historia ha termiando", lucidez idéntica a la del personaje de cierto viejo chiste: "Ha comenzado la guerra de los Treinta Años.."

Hoy en día, ¿cómo responde a esta higiene mental el ganglio cerebroide de José Emilio Pacheco? Mal, hay que reconocerlo. Mal. Allá él. Repite, cacareando: "Los sinvergüenzas no quedarán impunes." ¡Los caraduras tampoco, puedo asegurárselo! ¿Hay Pacheco para rato? Procuremos entonces, cuando menos, que le resulte un mal rato.



Gerardo Deniz
Anticuerpos
Ediciones Sin Nombre-Juan Pablos, 1998.

Cinco textos de Gerardo Deniz acerca de José Emilio Pacheco:
http://www.scribd.com/doc/132835979/Cinco-textos-de-Gerardo-Deniz-acerca-de-Jose-Emilio-Pacheco

jueves, marzo 21, 2013

Acerca de la crítica


1

No creo que todo el mundo exista con el fin de terminar en un libro (Mallarmé), aunque la idea, estoy de acuerdo, es excitante.

Sí creo, en cambio, que todo libro existente eventualmente desaparecerá.

Como resultado de una catástrofe final o victimizados por la tecnología o por un proceso de auto-aniquiliación, no lo sé. Pero desaparecerán.

No veo razón para el lamento. Veo aquí un incentivo para ubicar a los libros dentro de la categoría de organismos vivos. Así que es natural que crezcan, se multipliquen, cambien de color, enfermen y, eventualmente, mueran.

En este momento somos testigos de la fase fina de este proceso. Figurativa y literalmente, las bibliotecas son cementerios de libros.

¿Qué son los best-sellers de pasta blanda si no cenizas, sombras, humo? Todo best-seller testifica el hecho de que el fuego del lenguaje (en sus formas literarias) se ha extinguido.


2

Pero en lo que toca a nosotros, estamos vivos y bien.

Todavía tenemos colores y ojos para verlos, sistemas lógicos, signos, proyectores de cine, pistas de baile, cadenas de televisión, alfabetos manuales y mucho más.

Hasta donde sé, únicamente los artistas están celebrando la muerte de los libros. Es difícil de creer, pero es cierto, a nadie más parece importarle.

Sólo los artistas están dando su merecido adiós a los libros, con cantos, iconos, aceites sagrados, rituales, cohetes; en fin, todo lo usual en estos casos.

Otras personas (por ejemplo, los escritores, lectores y todos los intermediarios entre unos y otros) simulan no ver, oír u oler. Las estadísticas no gozan de alta estima como materiales de lectura en estos círculos.

¿Y qué tal en la educación? Todo ocurre, como antaño, casi exclusivamente por medio de libros. Mientras tanto, afuera, en las calles, se aclaman los peores best-sellers.


3

Pero esta no es la historia de los buenos escritores versus los malos escritores, editores de calidad versus editores de basura, lectores inteligentes versus lectores idiotas.

El único tema real de nuestra historia es este objeto más bien pequeño, usualmente rectangular, multicolor y de peso ligero: el libro, los libros. Los encontramos aquí y allá entre nosotros, viviendo sus vidas, cambiando, objetos de todo tipo de manipulaciones y modificaciones en manos de cualquiera que se cruce con ellos.

Los artistas han tenido esta intuición: los libros son propiedad común. Pertenecen a todos y cada uno de nosotros. Varios siglos de vida común entre hombres y libros  han dejado su marca en ambos loados. Los hombres aprendieron a leer y luego se aburrieron. Los libros aprendieron que no durarían para siempre y comenzaron a moverse.

Los libros se convirtieron en territorio para el juego, abiertos a cualquiera dispuesto a tomar parte de él. Muy pronto los libros se volvieron multicolores, su geometría se diversificó, los textos impresos comenzaron a bailar e incluso hicieron su salida, las páginas devinieron transparentes, materiales distintos del papel se exploraron y conquistaron.

Aquellos que gustan de la historia dicen que todo esto comenzó en los tardíos años cincuenta, y se responsabiliza a los poetas concretos del primer golpe mortal.

Pero, por supuesto, todo esto comenzó mucho antes. Sólo para mencionar un ejemplo, los futuristas y constructivistas ya habían estado activos en este campo algunas décadas antes. Y cuando dices esto en voz alta, no pasa mucho tiempo antes de que alguien interrumpa y recuerde los manuscritos medievales, las inscripciones romanas o la escritura jeroglífica.


4

Veo esta evolución formal de la siguiente manera:

a) Lenguaje escrito en bloques más bien sólidos: PROSA. Todas las unidades visuales (letras, puntuación, espacios) se distribuyen uniformemente, creando un patrón regular blanco y negro sobre la página. [La distinción entre narración y diálogo representa la primera ruptura importante en el cuerpo del texto.]

b) Rarefacción del lenguaje: POESIA.  Las palabras se volvieron escasas, cada una proclamando y defendiendo su propia identidad. La mitad del espacio permanece en blanco. El texto y el espacio desocupado mantienen un delicado balance. Nuestras emociones se despiertan por esta precariedad. [El verso libre redescubre y repuebla la baldía vastedad de la página.]

c) Flotando en un espacio enrarecido, algunos elementos (letras, palabras) coagulan: POESIA CONCRETA. El lenguaje pierde su uniformidad. Las letras están, desde ahora, sujetas a las leyes (la arbitrariedad) de la atracción y el rechazo. El lenguaje carece de transparencia. Las letras pueden ser pintadas con cualquier color. [La exposición a la variación de tamaño, forma y color conduce, a final de cuentas, a una carencia total de identidad. Las letras se mezclan con imágenes. Nace la poesía visual.]

d) Una vez que la primacía del lenguaje visual se ha roto, cualquier sistema de signos puede poblar el libro: OBRAS-LIBRO. Los artistas, músicos y gente ordinaria los toman por asalto. A partir de ahora, el libro tendrá sentido por su carácter en entidad física. La intrusión de signos heterogéneos en la página queda relacionada con un conocimiento más hondo de la naturaleza estructural del libro como un todo. [Lo que en fases anteriores e esta evolución no parecían ser sino sueños alocados --libros en blanco, libros en negro, libros ilegibles, etcétera-- más tarde demuestra ser fácil de emprender por los artistas y fácil de aceptar por el público.]



5

Prefiero detenerme aquí. En el momento en que la bestia ha muerto. Luego llegaron las hienas de todo tipo y no quiero ocuparme de ellas.

La actividad editorial se diversificó. Se organizaron festivales y conferencias. Los museos enriquecieron sus colecciones.

Los libros alcanzaron estatus de superestrellas. Fueron colocados bajo los reflectores. La audiencia del arte se mantuvo sentada a la expectativa de algo que tenía que ser sensacional.

Pero en la escena de arte los libros probaron ser, en su mayor parte, pobres actores. Bastante pequeños, se dañan fácilmente al ser manipulados, más bien difíciles de exhibir, pobremente distribuidos, y todo lo demás.

Únicamente los artistas ingenuos creyeron realmente, y sólo por un corto tiempo, que las mejores armas de los libros eran su "falta de pretensión" y su carácter "democrático".

Al final, el libro de artista probó ser nada más, nada menos, que un producto artístico.



6

Estoy feliz con las actuales actividades diversificadas en el campo del libro, siempre y cuando se obtengan nuevas visiones.

No veo por qué tengamos que escuchar una y otra vez los nombres Dieter Rot, Edward Ruscha, Andy Warhol, etcétera. Y, por favor, les ruego, no mencionen a D . . . p.

Creo, y soy feliz al creerlo, que alguien en Etiopía, Paraguay o Corea está haciendo o ha hecho obras maravillosas (y no porque haya visto una). Estoy convencido de que la capacidad humana para la creación es más amplia, alta y profunda de lo que los especialistas del arte quieren hacernos creer.

Sólo los museos y los coleccionistas (y me refiero específicamente a los museos y los coleccionistas en los países más ricos, muy conocidos por sus perspectivas imperialistas acerca de la geografía y la historia de la cultura) pueden tener un interés en identificar, fechar y registrar las supuestas diez mejores obras en un campo dado.

Lo que más me gusta de los libros es que hay demasiados. Por lo tanto, nunca puedo estar seguro de que los he visto todos ni, en consecuencia, de que sé cuáles son los mejores.

Créanme, no digo esto a la ligera. Estoy contradiciéndome de modo consciente después de haber llegado a la conclusión de que, o debo cerrar la boca para siempre, o debo contradecirme.



7

Comencé a hacer obras-libro en 1971, inmediatamente después de haberme dado cuenta de que ya había muchos libros en el mundo.

 Había escuchado que las (mayores) bibliotecas estaban llenas de libros que nadie había abierto o solicitado.

Sabía por propia experiencia que el contenido de un libro --el lenguaje-- es engañoso y puede ser aburrido.

Era entonces necesario, concluí, terminar con los libros. Pero esto, en bien de la coherencia, tenía que hacerse por medio de libros.

Mi propósito fue crear libros que fueran tan intensos en el uso del espacio y tiempo disponibles que todos los demás libros parecieran superficiales y sin sentido.

De arranque, los libros tenían que liberarse a sí mismos de la literatura. Luego, tenían que liberarse de las letras.

A partir de ese momento, consideré a cualquiera que no leyera libros como mi aliado y a cualquiera que escribiera libros como mi enemigo.


8

Pero reservé mi amor más profundo por quien activamente estuviera involucrado en la lucha contra el enemigo en común.

No importa que no sepa que está peleando, no importa siquiera que reconozca la existencia de un enemigo.

La única cosa importante es que esté creando libros que vuelvan obsoletos los estándares del enemigo: su arma.

Tales libros --obras-libro-- alcanzan este fin por medio de su coherencia interna, el impacto de sus contenidos, su comprensión de la naturaleza secuencial del libro, su conciencia del ritmo de "lectura", el rechazo del lenguaje lineal.

Cuando tales libros finalmente existan, y cuando su existencia sea reconocida, entonces tendremos el derecho a decir: "¡Hemos ganado!"

¡Hemos ganado! ¿No es así?



Ulises Carrión
El arte nuevo de hacer libros
Edición: Juan J. Agius
Traducción: Heriberto Yépez
Tumbona Ediciones, 2012.

Este texto fue escrito para el panel "Critical Issues for Artists´ Books" dentro de la Artists´ Books Conference, que tuvo lugar en el Centro de Ciencia e Ingeniería de la Universidad de Boston en abril de 1985. Apareció publicado por primera vez en Quant aux livres / On Books (1997 y 2008).

jueves, marzo 14, 2013

La comparación con música es perfectible por los pájaros


primero la historia mundana
el arco de la acción
el realismo y su constelación de efectos
como pájaros no repetidos en la biografía


§


la comparación con música es perfectible por los pájaros
pero del lenguaje del paraíso
de las aves del que sigue a la traducción
qué piensas, o del supuesto
entretejido de trama y detalle


§


la tercera persona no nos llevó a la transparencia
ni el tajo que divide áreas de pájaros
de otras terrestres, insistiendo: así pasó.
la primera persona no nos llevó a la transparencia


§


la descripción de los objetos fue el cielo del siglo, dicen,
-y si el cielo no termina ahí
y si nos equivocamos todos y la lírica
vuelve como acto de verdadero realismo?


§


montañas lejanas al mismo tiempo y próximas
a lo largo de esa indeterminación nos movemos

sobre particularidades alisadas
algunas más prominentes que otras

las vacas pastan sobre el lenguaje
el lugar común del pasto


§


polen es metafísica en este pueblo
su impronta en las partículas
caminamos llevados por la promesa de la urbanística,
"su tema recurrente", decimos


§


el gran afuera, espeso,
el poema emancipado de la labor
aunque es sus límites
sobre esta instancia la constelación entera
entre hechos y helechos repartidos



Hugo García Manríquez
Tierra Adentro, no. 179-180, diciembre de 2012-marzo de 2013.

jueves, marzo 07, 2013

Tres poemas de Rodrigo Flores Sánchez

Bella epístola a manera de presentación

My dearest:
Lo que de tu amor en mí habita:
. . . quiero cogerte.
Experiencia directa.
Decirte hola para matar el tiempo.
. . . Habitarte para ocultarme, bonita.
. . . Cogerte.
Decirle:
ocúltate bajo la falda.
Decir
que espejo es experiencia.
Y todo ello
-aunque es demasiado-
ocurre mientras mi bota golpea
contra la puerta,
contra la pared,
como tardío acontecimiento
o apostilla temprana de lo que no
. . . sucederá.
Amor observa el triángulo que forman
la puerta que va y viene,
el quicio donde la luz termina
y mi sombra tras la bota que se
. . . desplaza.
Espero en la habitación a que amor
. . . rime detrás de la puerta franca.

Tanta experiencia
acabará por ocultarnos,
de tan liviana,
como biombo japonés.

No molestar por favor. No
repitas tus recursos por favor.
Sé de desear matarme
y sé de la hipocresía de no hacerlo
y sonreír en el sarcasmo de
. . . desearte.
Género tragicómico afectado.

Mientras piso la alfombra
para asegurarme de que no dije nada,
sé que mi cuerpo tiene algo de no
. . . tenerte,
oh Maligna,
Sincerely yours, El Sr. Desollado.



contrabiográfico
Arenal/2009

Acabo de ver el letrero que dice:
Se saca cascajo.
Las letras en la puerta de la camioneta.

Las letras rojas titilan y clavan.
Y yo voy dando vueltas.
Doy vueltas a las palabras.

Se saca cascajo de mi boca,
podría decir.
Se saca cascajo.
¿De dónde se saca?,
me pregunto.
La camioneta sale
de la casa.
Avanza.
Creo que sacó cascajo de la casa.
Y yo repito.
La camioneta
con letras rojas
en la portezuela
saca cascajo.
Eso hace porque eso dice.
Presente del indicativo.

Me saca de mí,
me sacó de mí el letrero,
más que nada el sonido reiterándose.
El sonido del letrero
me sacó de mí
para escucharme decir:
se saca cascajo.
Me sacó a mí para decirme
que de cascajo en la cabeza
voy lleno,
vengo lleno
de cascajo.

Quieren sacarme el cascajo
pero yo no quiero.
Estoy bien.
No quiero que me saquen de mí.
Que mejor
venga
la camioneta.



contrabiográfico
Señales/2008

Una cierta marca de sentido,
están manchados mis pantalones de sentido,
con salsa roja,
con marca de muerte,
como comer pepinos en tupperware,
tal vez sopa de lentejas,
chile relleno de picadillo,
así me marcan los acontecimientos,
las fracturas, las iras,
algunos pusilánimes
próximos a mí, a ti,
se me abastecen con bocados,
se me nutren con amor,
se me alimentan con fe para no creer,
la alarma suena toda la noche,
es cuando los asaltantes
llevan mi cabeza a la tabla de picar
y la pican, la pican en la noche,
escucho las alarmas, nos asaltan
cuando dormimos, sin saberlo
nos decimos malas palabras,
había una amenaza,
los intrusos penetran nuestra morada
y se activa el detector de movimiento,
¿aún sonará el tuu ruu tuu ruu?,
con las hordas me nacen marcas
en la noche de cuchillos,
en la rabia,
se me activan las marcas de sentido,
de rigor,
marcas de salsa en los pantalones,
busco mis marcas de humanidad responsable,
las marcas genitales de que soy señor,
las marcas corporales
por perderlo todo,
las marcas en los nudillos
del buceo en rumbos universitarios.
Soy oblicuo.



Rodrigo Flores Sánchez
Tianguis
Almadía, 2013.

jueves, febrero 28, 2013

Tres poemas de Vasko Popa

Las semillas

Uno siembra a otro
Lo siembra en su cabeza
Apisona bien la tierra

Espera que brote la semilla

La semilla le vacía la cabeza
La convierte en ratonera
Los ratones roen la semilla

Allí quedan muertos

En la cabeza vacía se aloja el viento
Y procrea brisas multicolores



2

Escucha tú monstruo
Quítate el pañuelo blanco
Nos conocemos

Contigo cuando éramos niños
Se sorbía de la misma taza

Se dormía en el mismo lecho
Contigo puñal de mirada aviesa

Se caminaba por un mundo tortuoso
Contigo serpiente en acecho

Oye hipócrita
Quítate el pañuelo blanco
Para qué mentirnos



Consejo y medio

Antes de morir querido vecino
Hay que dormir bien

Me aconseja mi conocido
Vagabundo del parque cercano

Y no se levanta del banco
Donde reposa hasta hartarse



Vasko Popa
Poesía
Traducción: Juan Octavio Prenz
Fondo de Cultura Econónima, 1985.

jueves, febrero 21, 2013

Fragmentos de una conversación con George Oppen

Citando a Rezy, también, "Queríamos ser nosotros mismos entre los escombros", lo que nos mantuvo a medias dentro, y a medias fuera del activismo político. Ese verso es para mí uno de los versos poderosos en poesía. "La viga que permanece entre los escombros", recitábamos esa línea una y otra vez para nosotros mismos, y queríamos ser nosotros mismos, entre los escombros, y eran escombros o faltaba poco para que lo fueran. Estaba muy cerca la catástrofe, ya sabe, no sólo cerca sino que era una catástrofe mundial, la guerra.

[...]

Significa que reconocíamos no saber lo suficiente sobre la poesía que se escribía; la poesía que nosotros habíamos escrito. Cuando la crisis ocurrió supimos que no sabíamos nada de lo que pasaba en el mundo, y entendimos que debíamos averiguarlo, entonces fue una exploración poética al mismo tiempo, actos de conciencia, la sensación de que uno valora una cosa o la otra. Y pensé que la mayoría de los poetas no sabían acerca del mundo como vida --por lo tanto abandondé sin problemas a un montón de amigos poéticos. (Risas)

[...]

Lo que rompió nuestra amistad fue cuando Louis Zukofsky quiso saber si prefería mi trabajo antes que el suyo. Y luego quería saber exactamente cuáles eran mis reservas hacia su trabajo. Y, bajo bastante presión, dije que pensaba que usaba la oscuridad en la escritura como táctica, lo que no era una cosa agradable de decir, y ese fue el fin de nuestra amistad.

[...]

No sé qué tan sincero era. Eso fue cuando Pound visitó los EEUU, y Jay Laughlin había dispuesto que grupos pequeños hablaran con Pound. Nos encontramos en la oficina de Jay --ese era nuestro grupo-- él quería mantener los grupos reducidos, de forma que no se divulgara la noticia de que Pound estaba por ahí, libre, o cosas por el estilo que podrían crear problemas. Y esperamos a que Pound llegara y charlar; finalmente Pound llegó con Olga y se sentó en completo silencio y todos se pusieron nerviosos y comenzaron a hablar, y Jay en un momento de inspiración dijo "Ezra, muéstrale a George tu nuevo libro". Y Pound con voz sepulcral dijo, "¿Cómo puedo saber que le interesa?" Usted sabe perfectamente lo que eso quiere decir. Entonces me puse de pie y caminé hacia él, extendí mi mano y dije "Me interesa" --un gesto muy dramático-- y Pound se puso de pie en el acto, estábamos muy cerca, y Pound comenzó a llorar, y me eché a llorar también. Después nos fuimos a casa. Nadie pudo hablar, así que nos fuimos a casa, imposible comprenderlo.



George Oppen
Fragmentos de la entrevista "Poesía y política: una conversación con George y Mary Oppen", realizada por Burton Hatlen y Tom Mandel.
Tomado de George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas.
Selección y traducción: Kurt Folch.
Universidad Diego Portales, 2012.

jueves, febrero 14, 2013

Tres poemas de Bárbara Belloc


Me despido por anticipado de los requisitos mínimos para ser una
estrella de rock: la cara de un adolescente, una rebeldía, una buena pose.
Quiero salir de la caverna. Sin resoplidos. Sin grandes gestos. Sin un
[hacha.
En la mañana fría, la nieve todavía sin hollar, espesa y rápida como humo
[blanco
de almendras. Ese misterio debajo de los pies, y el instinto que tarde o
[temprano,
como Héspero, vuelve todo a su red.


*


La oscilación del precio del petróleo no es materia poética.
Las consecuencias biológicas del empleo de glifosato no son materia
[poética.
La explotación intensiva de un monocultivo durante un prolongado período
[de
tiempo en un suelo no renovado no es materia poética.
La perpetuación de un sistema de estímulo a la actividad agrícola nacional
basado en el subsidio a la siembra de especies con mayor demanda
[externa y/
o industrial no es materia poética.
Si no hay espacio público no hay política.
El combustible motor en la elaboración de bienes de consumo masivos
degrada como el contaminante con mayor efecto residual. La investigación
[y
el desarrollo de formas de producción de energía no devastadoras no es
materia poética.
Si la opinión general se reduce al discurso de los medios, no hay memoria.
El día que la lírica recupere su flor será coronada la reina de Marte.


*


Naturalista

Jamás comprendí tu ecosistema, aunque lo amé o creí amarlo. Una
laguna bordeada de esteros y yo asomándome a las aguas, para ver
¿qué? Los filos irisados de una mole de laja por los que no corre una
gota. Las listas de procedimientos científicamente aceptables, requisitos
mínimos para un experimento de esta clase: observar, colectar, estudiar,
comparar, sacar conclusiones. Y ni un solo día pude ponerme el traje de
neoprene, alejarme nadando.



Bárbara Belloc
Andinista
Gog y Magog, 2009.

jueves, febrero 07, 2013

Tres poemas de Luis Eduardo García

Antídoto contra postales multicolor y comerciales costosos

Desconfía de los fondos que carezcan de un par de aves
 . . reventadas o
algunos árboles secos
pocas cosas
más absurdas que las figuras sonrosadas delante
 . . de un atardecer casi amarillo.

La naturaleza puede parecer impresionante con tres
 . . ó cuatro filtros encima
con tres ó cuatro
millones de tomas con tecnología de punta:
modelos petrificadas con senos suculentos
enormes animales de felpa
algo parece estar oculto entre todo ese azul
verdoso

pero en realidad ahí no hay nada.



De cómo encontró una vía rápida para llegar al infierno desde una lectura de poemas

Explica el texto y lo arruina.
Explica que su explicación no daña en forma alguna
 . . la autonomía de su texto y lo arruina aun más.
Explica que hay algo inasible que ha quedado intacto
 . . y vuelve a arruinarlo.
Explica que en realidad nunca ha sido bueno para
 . . "traducir" lo inasible y lo arruina de nuevo.
Explica que se retira de la poesía porque lo inasible
 . . es una mierda cruel y lo arruina.
Explica que probablemente les será difícil comprender
 . . su decisión y lo arruina nuevamente.
Explica que de ninguna manera cree que todos
 . . los presentes son un alud de retrasados y lo arruina
 . . más todavía.
Explica que no quiso meter el dedo en el ojo de la única
 . . reportera en la sala y lo arruina.
 Explica que no fue su intención romper la tráquea
 . . del compañero poeta de al lado y lo arruina otra vez.

Explica que el fuego está demasiado alto para su piel
. . delicada y lo arruina por completo.



Imitador de Marcel Duchamp versus Imitador de Dios / el vacío (lucha en jaula, versión simplificada)

A. C.
Vísceras de cerdo sobre un sofá italiano.
P.
Un relámpago.



Luis Eduardo García
Dos estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz
Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012.

lunes, enero 28, 2013

Jorge Eduardo Eielson. La vida como obra de arte

Conocí a Eielson en una terraza miraflorina con vista al recién inaugurado Óvalo Pacífico, hace mil años. Debió ser por el 67, bajo Los Beatles, en una cena-buffet que dieron para agasajarlo luego de su gran exposición en el IAC, en casa de un famoso coleccionista judío, a su paso por Lima pues por entonces residía en París. La exposición había sido un éxito, se había vendido varios cuadros, la crítica era consagratoria, y esto había vuelto a poner en el calendario su rica y discutida dualidad: ¿Era Eielson más poeta que pintor? ¿O más pintor que poeta?... Pregunta insidiosa si la hay, porque como poeta nadie lo discutía...

No sé quién tuvo la excelente idea de invitarnos, tal vez el crítico Juan Acha, quien auspiciaba a las vanguardias desde las páginas de El Comercio, el caso es que inesperadamente terminamos en la cena, nosotros, "los inquietos jóvenes poetas" que ya habíamos publicado una antología-manifiesto de la generación, bajo el nombre de Los nuevos, que había causado mucho revuelo. No recuerdo si estábamos todos, pero sí Mirko Lauer, Toño Cisneros, Julio Ortega y creo que Lucho Hernández... Alguien nos presentó en la terraza y los jóvenes poetas lo rodeamos. Eielson era un hombre menudo, ágil, desenvuelto, con una cortesía irónica y distante, vestido con la elegancia informal del pintor, y con un trato que evidenciaba mucho mundo. Todos éramos grandes admiradores de su poesía, estábamos felices de conocerlo, para todos nosotros era un maestro, y nadie entendía por qué había reemplazado la máquina de escribir por la brocha del pintor, la cuartilla por el lienzo, la idea por el color, y a algunos nos parecía una deserción cuando no una traición. En fin, cuando los jóvenes logramos acorralarlo en la terraza, arrancándolo a esa tira de viejos que lo tenían acaparado, sentí que había en el aire una pregunta incómoda, que alguien tenía que formular, y ese alguien, tal vez fui yo mismo, le preguntó a Eielson por qué había cambiado la poesía por la pintura. Hubo un silencio expectante, una carraspera nerviosa, y él aclaró sencillamente que se trataba de espacios diferentes, y no dijo nada más... Eso no respondió satisfactoriamente a mi pregunta, pero no insistí, y más bien nos tomamos unos tragos, y él andaba fascinado con el Desierto limeño que está "aquicito nomás", a alcance de tu mano. Mirko conocía mejor el tema, porque por entonces ya era un tremendo surfer y luego ambos estuvieron yendo a Lomo de Corvina y a la playa del Regatas...

En fin, esa noche le conté que pronto viajaba a París con mi mujer que era francesa, y Jorge Eduardo me dijo que lo llame cuando pase por allí y me dio su teléfono, sin imaginar que a los pocos meses yo ya estaría llamándolo desde la mismísima Ciudad Luz, y que esos meses serían además los de Mayo 68, mismo Comuna de París... Quedamos pues en vernos en un cafecito de la Mutualité, cerca de donde vivía con su pareja, el barbudo sardo Michele, que cultivaba su notable parecido con el musculoso Brutus, eterno rival de Popeye...

Al rato ya me estaba paseando por el Barrio Latino con Jorge Eduardo y Michele, que me contaban miles de anécdotas sobre París, pintores y poetas, pasando de café en café, de bar en bar, en ese ambiente eléctrico del Mayo francés, donde los príncipes eran los estudiantes pelucones, sucios, rotosos, marihuaneros, pacifistas, que se paseaban con guitarras y saxofones y de pronto lanzaban discursos airados contra la burguesía, porque querían cambiar el mundo ellos también... Como yo diera una propina a un clochard que me caía simpático, Jorge me dijo: "No son tan simpáticos" y procedió a contarme la historia del gran Samuel Beckett a quien, borracho de ron, unos clochards malvados habían empapado en ron, y le habían prendido un fósforo... Se salvó echándose al Sena, que está a la mano para casos como este, y pasamos de un bar a otro, de un tema a otro, porque Eielson había conocido a ese músico gringo loco de John Cage, y a varios de los beats como Ferlinghetti, que había visitado City Light Books, y Burroughs, que había estado en el Perú y lo cuenta en unas cartas —porque nunca estaba anocheciendo y siempre estaba amaneciendo en aquel mes de mayo florido— y en "Chez Georges" que estaba atendido por un argentino, encontré un silencio estratégico en la conversación, y le clavé mi misil nuevamente: "¿Por qué dejaste la poesía por la pintura?", que estaba lleno de sobreentendidos. Y esta vez sí Eielson se dio la pena de contestarme, y dijo: "Porque el Tiempo es muerte, y el Espacio es vida", que me dejó pensativo durante largos años...

Eielson me invitó a pasar por su taller, que visité a los pocos días y me impresionó como a un provinciano, porque tenía el piso de tablones todo pintado de blanco, que formaba un paralelepípedo con los muros que subían al techo y también estaban pintados de blanco hasta las vigas, llenos de coloridos cuadros de Eielson, de Michele y muchos otros, y te daba la impresión de estar en una película de Fellini, y olía a incienso con música repetitiva de Terry Riley o de La Monte Young, y uno se sentía en un ambiente raro y exquisito, con gente en general europea o gringa, marchands, coleccionistas, periodistas de revistas de arte, pintores de vanguardia, y unos personajes de la fauna parisina, que te hacían parpadear... Jorge Eduardo se afanaba en la cocina, al servicio de sus invitados, preparando un plato italiano sobrio y magnífico, no sé, un caviar de berenjenas o unas lonjas de prosciutto di Parma, un queso camembert o un chèvre de esos sublimes que no se encuentran sino en París. Y los vinos... era un hombre del Renacimiento este pata, estaba en todas.

Y de súbito me di cuenta que Eielson no vivía como poeta, sino como pintor. Yo no conocía a ningún poeta que viviera así, con esa gracia, con esa sabiduría, rodeado de tantos talentos diferentes... Casi todos los poetas que yo conocía eran una manga de borrachos que vivían en los bares, que desayunaban, almorzaban, y cenaban en El Palermo, por ejemplo, y habitaban pisos feos, cuartuchos polvorientos, hoteluchos miserables como los que frecuentó César Vallejo durante los 15 años que vivió en París. En Lima los poetas no vivían como Eielson, sino como adocenados clasemedieros con súper bibliotecas, o directamente como misios y cachueleros. Contrariamente a ellos, Eielson desplegaba el gran arte de vivir, que es común entre artistas, pero que es rarísimo entre poetas, y sobre todo peruanos, que desde Vallejo no han hecho sino izar bandera de miserabilismo, y viven de cualquier manera, creyendo que el refinamiento con que tratan a la lengua los exime de cualquier otro...

Por otro lado el tipo de pintura en la que estaba inmerso Eielson estaba pasando por un momento interesantísimo, que era la muerte de los ismos que la habían tironeado y sacudido durante el último siglo, dentro de una intensa reflexión de críticos, filósofos, pintores, y era ahora, más que nunca "cosa mentale" como había definido Leonardo. Y Eielson se colocaba en el centro de la reflexión con la pintura no objetual o conceptual, que había exhibido en la Galería  Yvon Lambert en 1968. En alguna entrevista dijo que su vida era su verdadera obra maestra, y yo lo creo firmemente. Antes estuvo cercano a Lucio Fontana y sus cuadros lacerados, a Piero Manzoni y sus ampolletas de "sangre de artista", pero ahora se dejaba ganar por algo más sensual, más irónico como las instalaciones y los juegos de Fluxus, y sus "intervenciones" enla realidad, como aquel evento en el Metro de París, en que Eielson, Hastings y Yvonne von Mollendorf repartieron bocaditos y gaseosas gratuitas a los sorprendidos viajeros. Por aquellos tiempos había dejado de hacer "pintura pintada", y ni siquiera continuaba su serie de "Quipus" que siempre fue muy afortunada y nunca le faltaba comprador para ellos. Había mucho de poesía en todo aquello, pero cada vez que nos veíamos, hablábamos casi exclusivamente de pintura, como si ambos no fuéramos poetas, o precisamente por ello.

Un día Jorge Eduardo invitó a todos los amigos peruanos de París a la inauguración de su nuevo taller de pintura en un pueblito cercano del valle de la Chevreuse que se llamaba, creo, Gif-sur-Yvette. Todos asistimos, con gran curiosidad, porque el taller era un regalo a Jorge Eduardo de su mecenas, el conde ruso Paul Tolstoi, nieto del gran León, quien se había comprado una inmensa masía para habitarla con su mujer e hijo por nacer, pues acababa de casarse y fundar una familia, pero además había mandado restaurar toda una ala de la vieja finca para convertirla en un gran taller de artista, con techos muy altos, loggia, dormitorio, baño, etc. Era un regalo sensacional, pero frío, y más bien helado, porque no había suficiente calefacción para tan grande espacio, y el calor se diluía por el techo, el frío humedecía las paredes. ¿Y ahí iban a habitar Jorge y Michele, los dos solos lejos de París y sus socialidades? Nosotros no lo creímos posible, porque ambos estaban acostumbrados a vivir en las grandes ciudades, París, Milán, Nueva York, pero en el ajo y nunca en la periferia. Y efectivamente tuvimos razón, porque a raíz de esto, Jorge Eduardo tuvo una pelea espantosa con su protector, se dijeron zamba canuta, y rompieron palitos para siempre, al cabo de 7 años de sólida amistad y de un importante apoyo económico que le permitió a Eielson adelantarse por los senderos de la vanguardias sin preocuparse por vender su obra. Poco después Jorge se regresó a Milán con Michele, y a partir de entonces sólo nos vimos en sus esporádicas visitas a París, y luego a Lima, cuando hube regresado a mi país.

La última vez que hablé con él fue por teléfono, Lima-Milán. Me habían encargado invitarlo a un congreso literario en Cajamarca, como huésped de honor. Respondió con voz confidencial y quebradiza que en este mismo momento estaba a la cabecera de su amigo Michele, que se consumía derrotado por el cáncer, y no podía abandonarlo ni un solo instante, como no lo había hecho durante los últimos 40 años... Me excusé por mi impertinencia y le dije adiós al amigo, a los dos amigos que finalmente bien poco se sobrevivieron el uno a otro, como suele ocurrirles a las viejas parejas que se aman...


Rodolfo Hinostroza
Pararrayos de Dios. Crónicas de poetas
Tribal, 2012.

lunes, enero 21, 2013

No hay taxis libres


Es malo no saber a dónde ir.

Usas las calles como un abrigo.
Ciertas casas son amigas, ciertas casas
ya no pueden ser visitadas.
Los viejos amores rondan en los portones; tras las ventanas
las mujeres envejecen. El abandono florece.

Has rechazado numerosas invitaciones,
dejado teléfonos sin contestar, dicho "No"
a los pocos que te necesitaban.
Varado en la isla que inventaste
has arrojado mensajes, nostalgias.

Qué inútil es saber que donde quieres ir
no es un lugar concreto.
Los trenes no te llevarán ahí,
los autobuses rojos pasan ligeros sin detenerse.

No hay taxis libres.


Brian Patten
Traducción: Óscar Muciño
Mula Blanca, no. 4, Invierno 2012.
http://mulablanca.com/mx/

lunes, enero 14, 2013

No adorarás Londres/Nueva York/París


Conozco a menudo aspirantes a escritores de lugares apartados que creen que las personas que viven en las capitales de los medios de comunicación tienen, sobre el arte,  alguna información interna especial que ellos no poseen. Leen las páginas de críticas literarias, ven programas sobre arte en televisión para averiguar qué es importante, qué es el arte en realidad, qué debería preocupar a los intelectuales. El provinciano suele ser una persona inteligente y dotada que acaba por adoptar la idea de algún periodista o académico de mucha labia sobre lo que constituye la excelencia literaria, y traiciona su talento imitando a retrasados mentales que sólo tienen talento para medrar.

Aunque vivas en el quinto infierno, no hay razón para sentirte aislado. Si posees una buena colección de ediciones en rústica de grandes escritores y no dejas de releerlos, tienes acceso a más secretos de la literatura que todos los farsantes de la cultura que marcan el tono en las grandes ciudades. Conozco a un destacado crítico de Nueva York que no ha leído a Tolstoi y además está orgulloso de ello. No hay que perder tiempo, por lo tanto, preocupándote por lo que está de moda, el tema idóneo, el estilo idóneo o qué clase de cosas ganan los premios. Cualquier persona que haya tenido éxito en la literatura, lo ha conseguido en sus propios términos.


Stephen Vizinczey
"Los diez mandamientos de un escritor"
Traducción: ¿?
Tomado de Decálogos, mandamientos, credos, consejos y preceptos para oficiantes de la escritura.
Compilador: Carlos López
Praxis, 2006.

viernes, enero 04, 2013

Dos poemas de José Molina

.
diles que no me chinguen

vendrán más pitos a
adornar los monos de toledo

un ejército de monos que jugaban felices
con sus pitos
y sus nueces

a masturbarse en las paredes
de recintos coloniales
restaurados

escurriendo semen por los acabados

inflados de gloria
sobre los cuetes de
la calenda

habría que entender los gemidos
que los excitan

gemidos de cabildeo y botella
vacía de mezcal

la aridez del coito en una tierra baldía

mientras los monos suben y bajan
en sus maromas perpetuas
eyaculando tinta sobre las
ruinas y grietas

de una masa que se olvida 




tiró partido de mi abuso

que el día acabe con
la nicotina de tus dedos

eso no es secreto

un par de luces que condecoran
el teibol ibargüengoitia

y adentro
hay cadáveres

un telón de fondo
para cualquier ciudad
en su estación más violenta

las rosas lampiñas
que habrán hecho todo
el recorrido hasta tijuana

para entender de una buena vez
que sí los hay

de hecho hasta en venta

díselo a tus padres
en este cielo precioso

diles que la banda siguió tocando
y los vatos más locos
pisteando y

que tú también eras rosa
o flor o azucena

serán delirios
en la noción de nación

y negación de todo tránsito

¿crees que habrá aire bajo los escombros?

vamos a contarle una historia
a esta narración
una fábula de color de cielo

vamos a pistear algo de diesel
un poco de plomo algo de pan
digerir el letargo de las asociaciones

busquemos la ong del octavo día
o al ombudsman de la reencarnación
en el pecado de la esperanza

rosa del teibol
privado de las emociones




José Molina
Símbolos patrios
Libros del perro negro, 2012.

viernes, diciembre 21, 2012

Quince incas / Doce estrofas de comentario a la inexistencia a partir del kamel-trot inkaiko (circa 1930)

.
Quince incas frappé bailan en puntas sobre una loza de bakelita: 1929-1989;
giran a velocidad de mapamundi,
glissando sobre irregulares trombosis y aneurismas.
Sus hidráulicos párpados de violonceleta
envuelven chulpas rodantes sacrificadas a la diosa Germania,
como collas con frankensteines en los talles y ese torpe kikirikí de las valkirias.

Camafeos brillantes soles en un bosque hiperbóreo,
románticos cripto-alemanes,
padres míos enterrados en el país de la imaginación,
bajo un monte de tibias derruidas
con los dedos artríticos entre anillos de coloratura,
que avanzan hacia el abismo eviscerando grandes maletines.

Al centro de cada frente una piedra pulida por la benevolencia,
quince incas de cuarzo bajo marcas de trineos en la nieve,
arropados con la doblada bandera de lo inexistente,
famélicos o hartos, según la inclinación del miocardio,
tensos de siglo en siglo como un cable helicoidal
a través de abismos góticos que estrangulan la luz del Apurímac.

Sobre ese vacío a cuatro colores quince incas un romance con la soledad,
la ópera que fue escrita sin libreto,
para que todos cantemos a capella,
socios en el secreto perturbable de la marginación: sueño en una noche,
en medio del verano. Hombres y mujeres lampiños con deslumbrantes brazaletes
corren del norte al sur como gacelas.

Quince incas han extraviado el anillo de plomo de los nibelungos, digamos.
Las raíces de mi perplejidad flotan ahí: sueño que sueño
en una noche en medio del verano, que me columpio en un verdor sobresaltado,
burro cansado de la espera que es la experiencia,
con las ideas filosóficas que mi corazón todavía no contiene
pero elabora ya entre las afiladas plumas de rojos edredones.

Así comprendo el peso del desempelo en sus coturnos, sus collages de vándalos
son relámpagos líricos en un slalom de seda, construidos por padres
desde lo que ignoramos acerca de ellos, el baile enmascarado de la historia
sobre la pradera de agua donde cada 24 horas en un vómito de oro
el sol y la luna son canjeados bajo su río de leche,
y aumentan cada minuto el peso de los Keros sobre la galaxia.

Incas imperdonados que bajan en trineo a la tristeza de las lejanas pascuas,
de pieles suaves por la grasa de ganso,
o por la voz de un italiano opalescente, como un viento temblorero,
mágico y ambiguo como la medianoche,
rodeado de gnomas chinescas de pies aletargados,
y de un burro que rumia entre las estrellas, cargado de alfalfa para centauros.

A través de las estepas que angostan sus pesas y medallas
o de todo aquello contra lo que se rebela el forro tejido de mi corazón,
pasan patinando retazos de ñusta sanguinolenta, altas astas de pathos rilkeano,
como el insólito Inca prefiriendo morir
al grito de «Ho jo to jo, heiaha»: inexistencia y experiencia
hacen brotar de la huaca una pasta rosa, espuma del Índico en la madrugada.

Rodean sus corazones sondas y venas que nadie puede diferenciar,
racimos de pedrones exactos como caballos blancos de Viena,
confundidos con la turba de revoluciones cada vez más alejadas:
Incas derribados por el verano perpendicular al trópico
sobre los sofás de mi cansancio eslavo soberano
en la mañana llena de nombres griegos que rematan en poulos.

De todos me interesan los Incas que no fueron,
que rascan mi palma con mensajes confusos que no dejan duda,
y colocan frutadas mitades ante los espejos,
mientras la rueda de fuego que ilumina la kermesse del futuro
los acerca y los aleja de la noche cuyo río de tinta
colma las tazas iridiscentes de la media mañana.

Veo a quince incas trans-celosías. La paraca
no logra limpiar de sus ceños una sequedad de trueno molido.
En el equivalente mental de una ilusión óptica en la redondez del tiempo,
supongo que me protegen de serpientes y estallidos.
Tallo morosos cristalinos que me asombran. A través del vidrio pongo la mano al fuego,
y sufro por ellos las torturas laicas de un pensador pagano: los comprendo.

Y ahora el fin de la canción Natural:
shimmi shimmi sacha sacha shimmi shimmi sacha sacha. Artificial:
shimmi sacha sacha shimmi sacha shimmi sacha sacha sacha shimmi.
Natural: sacha sacha shimmi shimmi sacha sacha. Artificial:
sacha, shimmi,
sacha.

P. D. 1996. Sobre el blutpachacuti de Guzmán,
no hay desenlace, pero no hay final.
Yo pasé ese año explorando halucinatory Incas.
Las líneas entre la spiedras nunca se encontraron.


Mirko Lauer
Trópical cantante
Ediciones El Virrey, 2000. 

viernes, diciembre 14, 2012

Madres no dejen que sus niños se conviertan en poetas (fragmentos)

.
Los grandes poemas de la historia, como Aullido de Allen Ginsberg o El segundo advenimiento de Yeats y Hojas de hierba de Walt Whitman, entre otros, tuvieron profundos efectos en la gente cuando fueron escritos, cambiaron radicalmente la cultura y, cuando eso se obtuvo, fueron retirados a los museos de la poesía, como Rembrandts y Picassos en museos de arte, convirténdose en historia. Pero los grandes poemas se siguen escribiendo sin cesar, transformándose. No se puede evitar que los grandes poemas lleguen.

[...]

A los poetas se les pide leer los poemas, es parte de su trabajo. El sonido de las palabras y sus cualidades musicales son parte del poema. Con los años aprendí a interpretar. No me formé como músico, ni como actor, y no muchos poetas en aquellos años lo hacían, así que tuve que inventármelo, y así es cómo he trabajado con la respiración y el tono, y ensayado infinitas veces hasta la perfección. Desde 1963 hasta el presente, 2011, casi cincuenta años después, todavía estoy aprendiendo a interpretar poemas.

[...]

Al ser un poeta asumes un voto de pobreza. A los poetas nunca se les paga. Es parte del oficio, no es malo ni bueno, es como es. Lo extraño del asunto es que a los poetas nunca se les ha pagado en todas las culturas, en todas las civilizaciones, en toda la historia desde el principio de los tiempos. Es curioso. Lo he investigado: en la antigua India y en la China, en Egipto, y en la Europa ocidental, el poeta era un marginal, el bufón, y decía los que nadie más se atrevía a decir. En nuestro tiempo, incluso William Burroughs y Allen Ginsberg ganaron una cantidad muy modesta de dinero para lo enormemente famosos que fueron. Los poemas no son una mercancía, como lo es el arte. Una vez que sabes las reglas del juego, es una alegría ser poeta. Dado que no hay nada que perder, puedes asumir todos los riesgos que quieras.


John Giorno
Me he resignado a quedarme aquí
Traducción: Martín Rodríguez-Gaona
Lustra Editores, 2011.

viernes, diciembre 07, 2012

Fragmento de una entrevista a Décio Pignatari

La poca presencia cuantitativa de la poesía concreta en la prensa y en obras publicadas, hoy, ¿no está favoreciendo el retorno de la “poesía del adormecimiento”? 

Es verdad que no se ve presencia de ningún tipo de poesía, señal de que se está desvaneciendo lo que llamamos tradicionalmente poesía. Esto me parece muy bueno. La poesía concreta tiene poco que ver con las nociones literarias de la poesía y la literatura. Hace casi medio siglo, en su estudio sobre Camões, Ezra Pound ya decía esto mismo: la poesía está del lado de la música, de la pintura, de la escultura – no es literatura. Lo que, ciertamente, provoca cierto alivio en todos los críticos, profesores y lectores del sistema. Hoy, para mí, la poesía está en los fundamentos del lenguaje en relación con los medios masivos de comunicación y en la compresión de la información (información sintética, digerida, enlatada). El diario, el semanario, los anuncios – lenguajes nuevos, poesía, para las masas. Televisión, cine, radio. Y el libro, todavía. Los topos regresan siempre, confiados en el carácter perene del sistema literario. Cosa aburrida, la literatura – llana, plana, una burla. ¿Te refieres a algunos autores de la generación del 45 que amenazan con volver? Desfile crepuscular de zombis. ¿Viste aquella columna de Ledo Ivo en la revista Manchete? La revalorización del soneto y de Coelho Neto. En realidad, ¡como conquistas del 45! País generoso, éste. ¡Todo es posible! El insulto a Oswald de Andrade es típico – esos marioandradinos… Oswald siempre los disfrutó. Y los disfruta ahora. Admitir que aquel payaso, inculto, chiflado, fuera un genio de la poesía, de la prosa, del pensamiento bruto, de la militancia y de la vida – muy duro. Recuerdo una historia que Volpi cuenta. El Estado Mayor de los ejércitos papalinos ítalo-austriacos reunidos en la montaña, sobre un cañón, por donde debería pasar el pueblo en lucha, desharrapado, de Garibaldi. Por la obviedad estratégica, Garibaldi tenía que pasar por allí. Estaban trazando planos de combate, cuando un general un poco más italiano se acordó: Ma aquello no conosce estratégia... Ci pensi sbaglia strada – e fa ofessa a noi! Oswald no tenía estrategia: erró el camino y colapsó todo el sistema. 


Décio Pignatari 
Contracomunicaçao 
Editora Perspectiva, 1971.
Atelié Editorial, 2004.
Traducción del portugués para Nueva Provenza: Inti García Santamaría

miércoles, noviembre 28, 2012

La Magdalena de Proust

.
Alguien ha entregado
a mi pequeña hija una caja
con viejas fichas de póker para ponerlas en juego.
Hoy la recibo de ella
al sentarme en el escritorio,
agobiado por mi cerebro. Es roja.
Sobre la cubierta el dibujo
de la cabeza de un alce y las letras
B.P.O.E.- es una ficha
de la taberna del Alce en un pequeño pueblo. La arrojo
ociosamente al aire y luego la agarro
como a una moneda para hacer algún truco
que divierta a mi pequeña hija.
Repentinamente todo resbala apartándose hacia un costado.
Veo a mi padre
haciendo exactamente lo mismo,
silbando «Beautiful dreamer».
Su aliento penetrante
a whisky y tabaco. Y puedo
escucharlo mientras vuelve a casa borracho,
desde la Taberna del Alce en Elkhart,
Indiana, bamboleándose contra las sillas
en la oscuridad. Y puedo verlo
morir a causa de una cirrosis
en el hígado, úlceras
estomacales y neumonía.
O, como él decía en su lecho de muerte,
a causa de cartas arrugadas, whisky genuino,
tardíos caballos y veloces mujeres.


Kenneth Rexroth
Traducción: Armando Roa
Tomado de Covers. 36 poetas en lengua inglesa.
Uqbar Editores, 2010.

miércoles, noviembre 14, 2012

Tres poemas de Mario Montalbetti

.
Poema en homenaje al V Congreso Nacional de Filosofía del Lenguaje, Huampaní 26-28 de junio del 2010

¿cuál es la diferencia entre una vaca y el lenguaje?

una vaca
¿qué es una vaca?

una vaca pace al lado del camino

el camino da un rodeo
y lleva hasta el granero

la vaca cruza el camino
sin rodeos

el lenguaje no puede hacer eso




Jacinto Lara

visito lugares en los que han muerto diez
dieciocho personas al fondo de un barranco

lugares en los que ha aparecido la virgen
entre las cuerdas de una tramoya

lugares en los que han marchado mineros
hacia una laguna

me pongo a pensar en lo que ha pasado
le doy un mordisco a una pera que he traído
envuelta en un pañuelo

no hallo enseñanza
debo haber llegado en mal momento

regreso a casa y abandono uno a uno
los disfraces que he heredado: mamífero
peruano católico educado blanco humano

los dejo ordenados sobre la cama
como ropa recién planchada y doblada

en la cocina los canarios que cantan
son demasiado amarillos o demasiado largos

señales evidentes de que éste es un lugar
en el que no ha pasado nada

y que nadie vio




Introducción a la metafísica

¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?
Tal vez sea una pregunta arbitraria. Tal vez no.
Pero ésa es la pregunta que los peruanos nos hacemos

a lo largo de nuestro pasaje histórico por el tiempo.
«¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber peruanos?»
Algunos nunca se hacen la pregunta, pero la pregunta

está ahí. Algunos la cambian por otra: «¿Por qué adoramos
al felino en lugar de no adorar al felino?» pero no es lo mismo.
La pregunta, la primera pregunta, es «¿Por qué hay

peruanos en lugar de no haber peruanos?». No todos
nos hemos hecho la pregunta pero todos hemos sido
tocados por la pregunta en algún momento de nuestras

vidas, sin saber exactamente de qué se trata. En momentos
de gran desesperación, por ejemplo, cuando vemos cómicos
en televisión, cuando escuchamos hablar a las autoridades

políticas, militares, sobre todo a las eclesiásticas, cuando
asistimos a un partido de fútbol, cuando leemos los diarios,
cuando el sentido de las cosas se oscurece verdaderamente,

entonces surge la pregunta «¿Por qué hay peruanos en lugar
de no haber peruanos?». La pregunta tal vez suene una sola vez
en nuestras vidas, como el tañido de una campana que luego

desaparece, pero todos la reconocen. Por eso, en el fondo,
se trata de una pregunta gozosa. Cuando la hacemos todo
a nuestro alrededor se transforma, todo se vuelve más fácil

de entender. «¿Por qué hay peruanos en lugar de no haber
peruanos?» Ésta es la pregunta que se repite, ésa es la pregunta
que nos acompaña, la pregunta que llevamos con nosotros

como quien lleva un atado de ajos a la cocina. Ningún
peruano sabe la respuesta. Pero la pregunta nos permite
comer, hablar, y tener algo que contarle a nuestros hijos.




Mario Montalbetti
Apolo cupisnique
Paracaídas Editores, 2012.