martes, julio 28, 2015

Cuatro poemas de Sonia Scarabelli


El dibujo

Papá querido, hay cosas
que no se dicen pero a veces
sí que hacemos nuestra pequeña lista
de la desolación, nuestra pequeña lista
de la alegría,
y las colgamos de la pared como al dibujo
de las vidas que quisimos y tuvimos
y de las vidas que no quisimos y tuvimos,
entonces, todo lo que en el corazón sangra y sonríe
brilla sereno por un instante
con esa claridad de las cosas exteriores,
con esa gracia distinta, liviana
que tiene siempre lo que está afuera.



El regreso

¿Me conversás a mí, hablás conmigo
desde ahí donde estás bien quietito entre las hojas?
¿Sos el pajarito escondido entre las ramas?,
¿la lagartija tan hermosa, casi transparente
que apareció en la pared de la cocina?
¿Esta chicharra que canta y canta
y que nadie sabe de dónde salió al final del verano?
¿Te hacés la lombriz que pongo en el anzuelo
para pescar mojarras, carnadita de fritanga?
¿Me conversás a mí,
me hablás a mí más tierno que la tierra?
¿Estás de nuevo acá como yo creo,
de vuelta en todo?



Lombriz

Ahora de golpe me acuerdo
de cuando escarbábamos para sacar lombrices.
Las cañitas minúsculas de mojarrear
paradas en el patio contra alguna pared
y los preparativos para el día de pesca.
Y sobre todo,
esa humedad de la tierra por adentro,
toda viva por adentro:
los bichitos que andan bajo las piedras del cantero,
vuelve la luz debajo de las hojas,
el olor como de humus ya casi me marea,
y llega este recuerdo de haber estado ahí,
casi como otra piedra
o una lombriz.



O sos una lechuza...

Papá, yo ahora creo que vos
también sos una lechuza
como esa que encontramos
parada sobre el poste,
y después eran tres sobre el travesaño,
en el arco del potrero.
Todo visto a la luz muy tímida
de un foco de la calle,
aunque seguro la vista
no nos engañó.
Es cierto que nunca
las volvimos a encontrar
--pasamos de nuevo varias veces
a la misma hora y todo--.
Entonces me acordé
de cuando yo era chica
y me enseñaron el misterio
de la divina trinidad.
Pero ahora prefiero
creer en las cosas que veo:
el cielo azul, las hojas verdes,
el sol, la luna,
la lechuza que sos vos
cuando pasás volando.



Sonia Scarabelli
El arte de silbar
Bajo la luna, 2014.

martes, julio 21, 2015

Cuatro poemas de Björn Kuhligk


En el refugio Roda di Vaèl

Bebíamos aguardiente en la penumbra
con el cocinero, él trajo el bastón de senderismo,
grabado,  del sacerdote dormido
y nos explicó las estrellas, de la cocina caía
una franja de luz, a través de la correa del bastón
debíamos mirar hacia arriba
oíamos el espacio, oíamos nada. 



Vacaciones en Canadá

En la luz última, los fusiles
en posición, yacíamos profundo
en el bosque, por detrás de nosotros
tres ciervos en la caja de la pick up rentada
la mirada de uno titubeaba en los binoculares
entonces escuchamos ramas quebrarse y
observamos, cómo desde un costado
un cerdo corría hacia nosotros, en la espalda
una flecha oscilante, de las de 20 dólares.



Vino de hielo

para Max Czollek

Pienso aquí, en un día jueves
en una cervecería libre de periódicos
en la calma, que no es, sería una
posibilidad describir la calma,
extraerse de la calma

tampoco es que alguien con el dedo
apunte a las uvas congeladas y diga
vea usted, surgidas de la nada
tampoco es que nosotros cosechemos de todo,
todo como se debería

me levanto, cinco y media, entre las vides
el cielo se amotina, luego pizco
lo que hay por pizcar, vea usted eso
uno debería de conservar algo en la mano
quién sabe qué, nadie sabe para dónde, partimos.




Adiós

para Angela Sanmann

A lo lejos industria (y cuánta) y
a la izquierda un sendero, allá uno iría
en las raíces boga un río
y superficies de nieve y coníferas
atomizadas, una montaña, oh, una montaña
y afiladores de nubes con alto dentado
e industria (y cuánta), entonces nieve
entonces lluvia, luego caballos junto al río
a la derecha un sendero, allá uno iría, y
mineral y nieve y mineral blanco
en el hotel saludamos a Dios
y a su Virgen, disculpas, está bien
y que Guy Helmingler no quiera
tomar cerveza de sabores, está bien, y que uno
en esta economía, como alguno bien
dijo, no quisiera estar pintado
en la pared, oh, Justísimo, protégenos
de megalomanías y convalecencia, a la izquierda
un camino, a la derecha un camino, está bien.



Björn Kuhligk
La calma entre el cero y el uno
Traducción: Daniel Bencomo
Bonobos, 2015.

martes, julio 14, 2015

Cinco poemas de Coral Bracho


Pizzería

Casi todos
los que trabajan
en los plantíos de jitomate
son mexicanos;
y casi todos prefieren
la pizza blanca.



Festejo deportivo

Oscuras parvadas cruzan
en el atardecer, hacia el este.
De ahí viene la música:
el tambor, la trompeta,
las sirenas de los carros
de policía, los gritos de asombro; y hacia allá
va el traqueteo
de una pick-up rosada, como el cielo
y las nubes.



Reacción en cadena

Aquellos burros abandonados
en sus ranchos por los dueños que huyeron
de la violencia y de la muerte en México cruzan
la frontera
y han puesto en riesgo el equilibrio
de la reserva Big Bend.
Los guardabosques los matan a tiros y han
desatado
oleadas
de indignación. Un burro, dicen, es como un gato
o un perro. ¿Por qué no matan, mejor,
a los feos jabalís?



En una playa tranquila

Como tiburones a través de una playa tranquila
pasan los camiones de carga
y dan la vuelta
antes de que termine el jardín.



Son todos de una misma materia

A esta hora el cielo, el techo de la casa y el margen
de las puertas son todos de una misma materia,
brillante y tenue,
que se cuela entre el espeso follaje
y rodea a los grillos.




Coral Bracho
Marfa, Texas
Era, 2015.

martes, julio 07, 2015

Las golondrinas


                    vuelven

antes se van

para volver

          a su     a su

rutina

          de golondrinas

                          volver

rutina

mas si uno

                  se va

si uno        uno

volver

          no sé     no sé

ellas

          nunca se van

pero uno se va

               y volver

no sé    no sé

no es golondrina

                        uno

no sé qué es

uno

      para volver

           no sé

                qué es



Hugo Gola
Filtraciones
Fondo de Cultura Económica, 2004.