Cuando el poema se vuelve impertinente,
Borrarlo con la manga. Luego leer la mancha
Como el fondo de una taza de café.
Un vaticinio antes que una conclusión,
Es decir, mejor no sacar cuentas.
Los poemas fuera de control
Buscan la fuerza de una perfección
Rara vez es posible,
Y nos arrancan trozos cada vez más grandes.
¿Darle manotazos a eso desde el inconsciente?
Nada puede detener una real inspiración
Que cruza la memoria sin reparos
Destruyéndolo todo.
Uno vive gracias
A poemas detenidos a tiempo,
Inmóviles como suicidas en duda,
Si siguen asustando hay que retirarles
Unas cuantas palabras decisivas.
Todo menos darles de comer
Las frías lonjas de algún dolor secreto.
Hay algunas noches excepcionales
En que escribo poemas que me insultan.
Igual son borrados con la manga,
Pero un ataque no es una impertinencia.
El poema está en guerra,
Sus hábiles garras se transportan
En afilados silencios hacia mi alma.
Hay el peligro de poetizar el descuido:
Se termina publicando cicatrices
O poemas uniformados de pies a cabeza.
Iris nocturno
Cuando Hipólito Unanue levantó la vista esa navidad
Y se vio observado por un ojo desde el oscuro cielo,
Comprendió que sería indispensable informar
Sobre "un iris nocturno en Cañete"
En el Mercurio peruano del enero siguiente.
En ese mismo impulso empiezan a confluir
A lo largo de los decenios científicos o bobos,
El asteroide #7, luego un posible ovni,
Una esquiva aparición religiosa,
O un cuerpo griego en picada pronto un cadáver,
Como en el híbrido momento Breughel-Auden,
Y su bólido perfumado por la sorpresa.
Ese año del verano solo tuvimos
La claridad de la bóveda en diciembre,
Sobre la columnata de la mansión de Arona.
Era moderno
Notar cosas nunca vistas en las alturas,
Aunque no todas se entendieran del todo.
Aquel caluroso 25 hubiera caído muy bien
El ojo de vidrio de Baltasar.
Hoy en la aridez de Chilca,
Un arenal con higueras, a minutos de Cañete,
Ya falta espacio para el aterrizaje
De objetos voladores no identificados,
Y el cielo hierve de satélites chatarra.
El ensayo del sabio Unanue sobre el iris
Efectivamente apareció,
Pero no entró en detalles.
Mirko Lauer
Chifa de Lambayeque
Personaje Secundario, 2024
viernes, marzo 21, 2025
Dos poemas de Mirko Lauer
viernes, febrero 21, 2025
Tres fragmentos de un poema de Lucrecio
El fin del mundo
Mas, para no seguir demorándote con promesas, considera, en primer lugar, los mares, las tierras y el cielo; son tres materias, tres cuerpos, Memmio, tres formas completamente distintas y tres texturas; pues bien, un solo día las hará perecer, y esta mole y fábrica del mundo se derrumbará después de estar en pie tantos años. Y no se me oculta cuán nueva y sorprendente es la idea de que hayan de perecer la tierra y el cielo, y cuán difícil me será convencerte con mis palabras; como sucede siempre que haces oír a los hombres cosas hasta entonces no oídas, sin que puedas exponerlas ante los ojos ni situarlas al alcance de la mano; pues ésta es la vía más recta y segura para llevar la confianza hasta el corazón de los hombres y los recintos de su mente. Hablaré, sin embargo. Quizá la realidad misma dará fe de mis dichos, y tú mismo verás cómo espantosos terremotos hacen en un momento caer el mundo en ruinas; lo cual desvíe lejos de nosotros la fortuna que todo lo rige, y sea la razón, y no los hechos, lo que te convenza de que el universo puede derrumbarse, vencido, con horrísono fragor.
Lucrecio
De rerum natura. De la naturaleza
Traducción: Eduard Valentí Fiol
Acantilado, 2012
martes, enero 28, 2025
Cinco poemas de Mercedes Roffé
A veces
Se dice cuando
no siempre se puede algo
un hábito o costumbre
no muy frecuente
no de todos los días
–tampoco nunca
Se dice cuando de vez en cuando algo
como sentirse triste o solo o feliz o hermosa
sucede como decir cada tanto
un día sí dos no
un día sí tres no
pero no regularmente
no cada dos días
ni cada tres
ni todos los sábados
ni los jueves
ni dos de cada cuatro viernes
sino por ejemplo un viernes
y luego no
y luego, dos semanas o tres más tarde
otra vez
y luego no –cinco días o seis o quince
y luego sí
Suele también suceder
que llegamos a olvidar por un tiempo algo
a alguien
y de pronto lo vemos, pensamos, lo tenemos o recordamos
o echamos
otra vez de menos
después de un tiempo
y después de un tiempo otra vez
y otra vez después de cierto tiempo
O se dice a propósito
de algo que sucede
por lo general en el alma
como un ritmo
o con un cierto ritmo
que por lo general ignoramos
que, más bien, reconocemos
cada vez
y cuando recordamos que cada tanto aparece
que ya van varias veces que aparece y lo reconocemos
entonces decimos que sucede
cada cierto tiempo
cada cierta medida
de un tiempo que desconocemos
como querer cantar o enamorarse
como sucede la lluvia
a veces
Situación con teléfonos
Situación para romper un hechizo
Acuéstate
–boca arriba
como si fueras a morir
o a darte a luz.
Remonta
la cuesta de los años
en lo oscuro.
Llega al umbral
traspásalo / sumérgete
en la honda, estrecha, escala del olvido.
Dime qué ves.
Enfréntalo / enfréntate
a quien eras antes aun de la memoria.
¿Te reconoces?
Continúa.
Sí, reconoces ahora el camino
que te ha traído hasta aquí.
Su nitidez lo delata
–un sueño azul que se proyecta en la pantalla
azul del tiempo
y va cobrando sentido.
¿Te ves?
Pregúntale por qué y acéptala
–cualquiera sea la respuesta.
–He venido a decirte adiós –responde.
No digas más que eso
sin saña
sin violencia
sin rencor alguno.
Intentará retenerte
volver a responder lo que ya sabes
lo que ya le has oído
quizás de otra manera.
Baja los ojos y crea
–con la mirada solo–
–un surco de tierra húmeda y cenizas.
Verás alzarse un fuego
una pared de fuego
–un fuego frío–
entre tú y tu fracaso.
Despídete.
Dale la espalda.
Vuelve a tomar el camino
–el mismo:
el sueño azul sobre el azul del tiempo.
Remonta los peldaños de la escala honda, estrecha.
Llega al umbral
traspásalo y desciende
la pendiente oscura de los años.
Vuelve a tu cuerpo
¿sientes? –un dolor en el vientre o en el pecho
como si algo de ti te hubiese sido arrancado
te anuncia que has vencido.
El dolor se irá
tú quedarás contigo.
(La memoria del hueco
te seguirá adonde vayas.)
Canción de las niñas bobas
(Codex Calixtinus)
una ronda
una ronda de niñas
cansadas
desaliñadas
una ronda de niñas tristes
*
un recreo de niñas juiciosas
hacendosas
un canto de obediencia y buena
educación
buenas
maneras
*
las niñas repiten la letra
iiiiiii
las niñas repiten la
ooooooo
luego unas sostienen la
mmmmm
como el pedal de un harmonio
mientras las otras pasean
*
parece que les dijeron
que se callen
que canten
muy bajito
como en enaguas
*
–me gusta la libertad
–dice una, poniendo cara de pájaro
y abriendo mucho los brazos
–a mí también
–dice otra
y se encierra en su cuarto
*
hay dos insoportables
y su voz es más aguda
que las otras
*
–¿te acuerdas de la copista?
la que derramó la tinta
sobre tu vestido
–no
*
una ronda
una ronda de niñas exhaustas
desangradas
un recreo de sombras
deslizándose
en ángulo
por la pared
La Conférence des oiseaux
(M. Levinas)
ópera
como agua
como pulirse de rocas
pebbles : cailloux :
unas con otras
–contra otras
y un
narrador
como aquel cuando chicos
–Pedro y el lobo–
que tanto miedo nos daba
–no el lobo:
el narrador
Mercedes Roffé
La ópera fantasma
Vaso Roto, 2012
martes, enero 14, 2025
Tres poemas de Inger Christensen
Medusas
La tristeza de las nubes. Una luz ya invernal.
Y los últimos soles varados del verano
como medusas azuladas en la playa.
Las pongo en la mano viscosas frías,
sostengo un sol flácido bajo el cielo --
y el esperma se desliza entre los dedos tiesos.
Observo la estructura dividida al azar,
una unidad enigmática de ojos y genitales
y la escucha de otros sistemas solares.
¿Otra vez lloras? Así de distraídos estamos.
Añoramos ser de nuevo idénticos,
vagar como soles y genitales ardientes
sobre el cielo antes de que todo oscurezca.
Pero el avance de las nubes ya se detiene.
Las medusas azulean heladas y pequeñas.
Se abre a la fuga del verano.
Sostengo un sol flácido bajo el cielo:
oh conservar su fértil calor un invierno.
Blue Poles
Esta noche comienza la ausencia
a alejarse más allá y los sueños
qué sabemos de los sueños
saltos metálicos Jackson Pollock
plata fluyendo Jackson Pollock
miro al otro lado del mar
veo a lo lejos el paseo que diste tú
atravieso el lejano pacífico azul
falos y Moloch marcan los pasos de mi mirada
hacia lo desconocido
¿hacia lo desconocido?
¿estamos en el mundo antes o después?
¿somos o no fuerzas magnéticas?
seré yo quien tú confirmas:
génesis mujer sueño que comienza
a ir más allá esta noche
a llegar más allá esta noche
saltos metálicos Jackson Pollock
plata fluyendo Jackson Pollock
por encima del mar azul
Encuentro (III)
Inger Christensen
Luz. Hierba
Traducción: Daniel Sancosmed Masiá
Sexto Piso, 2021
sábado, diciembre 21, 2024
Dos poemas de Jorge Eduardo Eielson
sábado, diciembre 07, 2024
Tres poemas de Ileana Garma
jueves, noviembre 21, 2024
Cuatro poetas afroamericanos del siglo XX
Los muelles y el puerto y los barcos me parecen
amores lascivos porque odio. No me arrepiento
de tener el corazón como lo tengo, veo la ciudad
a través de una niebla que al igual que yo no pide
perdón ni lo concede. En los íntimos recovecos
de mi corazón abrigo esta forma plena de odiar
que es la más perfecta Pasión, la que me permite
cargar como corresponde este gran sentimiento.
Las masas por ahora no se bajan de los trenes.
Y el mundo de los blancos es un asco como ellos.
decir que no estamos dispuestos a ser el que vuelve.
Lo que es mío nunca, nunca, nunca ha sido tuyo.
Nunca hemos sido ni jamás seremos como ellos.
(Claude Mckay)
Esos domingos de invierno
Mi padre también se levanta temprano los domingos
y se ponía la ropa en ese frío negro que llegaba a ser azul,
después con el dolor de sus manos rajadas
por el clima del trabajo durante la semana encendía
esos fuegos que estaban apagados. Nadie nunca le dio las gracias.
Yo despertaba escuchando las astillas del frío, quebrándose.
Cuando los cuartos se habían calentado, nos llamaba,
y despacio me vestía y me levantaba,
atemorizado por la ira crónica de ese hogar.
Hablándole con indiferencia,
él, que había expulsado el frío
y le había sacado brillo a mis mejores zapatos.
¿Cómo iba a saber, cómo podría haber sabido
lo austeras y solitarias que serían el amor y sus oficinas?
(Robert Hayden)
Cuadro
El chico negro y el chico blanco,
El esplendor del día dorado,
El orgullo de la noche azabache.
Persianas abajo, el oscuro tipo observa,
Y aquí el tipo hermoso habla,
Indignados de que esos dos se atrevan
Al unísono a esa caminata.
Indiferentes a la palabra y la mirada
Ellos siguen, y no se sorprenden
De que un rayo brillante como espada
Del trueno el sendero enciende.
(Countee Cullen)
La vie c'est la vie
Me siento en tardes de verano
Quiescente en el parque a tu lado
Y calma observo dorar del sol los rayos
De la corteza del árbol su entintado.
O bien peleando las ardillas miro
Jugueteando en la hierba del camino;
Mientras tanto yo marco tu voz
Quebrada de amor y de dolor.
Conozco a una mujer que podría dar
Su chance en el cielo por tener mi lugar;
Por ver la luz del amor en tus ojos,
¡El brillo del amor en tu rostro!
Y un hombre cuya más mínima palabra
Incendiaría el frío de mi sangre;
Satisfacer la más ligera de sus llamadas
Es lo que el deseo de mi vida vale.
Pero él no lo haría por mí, ni yo
Por ti. Ni tú por ella. Cómo no:
El mundo está lleno de bromas como esta.
No desearía otra cosa que estar muerta.
(Jessie Redmon Fauset)
Citizens: poesía afroamericana del siglo XX
Traducción y prólogo: Cristian Gómez
Cuatro Triángulos, 2024
jueves, noviembre 07, 2024
Cinco poemas de Iván Ortega
lunes, octubre 21, 2024
Tres poemas de Augusto de Campos
lunes, octubre 14, 2024
Cuatro poemas de Eduardo Milán
suelta el ovillo, gato
desobedece, desobedécete